Historia y Arqueologia Marítima

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Grandes Veleros y Cruceros de Lujo - Por el Capitán Gösta Sjögren

2 - Un Mozo pequeño y un Velero Grande

Introduccion Un mozo pequeño y un velero grande Primer Viaje
Sidney y Chile-Tsunami Cruce del Cabo de Hornos y Fin viaje Los Transatlanticos
La Guerra Cruz Roja Escolar en NY
Los 7 años en Bs Aires Un Crucero de Lujo Petroleros
La Divina Una escapada en Peru Epílogo

UN MOZO PEQUEÑO Y UN VELERO GRANDE

Evidentemente nací con mucha sal en la sangre. Eso no tenia nada de extraño: tanto mi padre como mis abuelos y sus antepasados eran marinos.

Los cinco hermanos de izq. a derecha: Pelle, Erik, Anders, Gösta y Karl-Axel.  Todos fueron al mar – uno tras el otro.

Eramos cinco hermanos en nuestra familia y todos nos hicimos al mar, uno tras otro. lvli madre me ha contado que cuando fui lo suficientemente grande para poder expresarme, solía gorjear que tenia ganas de llegar a ser gabarrero, y cuando aprendi a leer, devoraba libros que trataban de piratas o algo  parecido. Algo mayor, me pasaba las horas libres que teniamosc en la escuela, admirando en el puerto los buques y sus distintas banderas. Los recuerdos mas deliciosos de mi niñez son las raras ocasiones en que mi padre hacia escala en Gotemburgo, donde vivíamos, con su buque y me permitia dormir algunas noches - completamente solo - en su buque, en su camarote y en su litera. 

Quizá pueda parecer que estos detalles no vienen a cuento, pero para mi tienen una importancia profunda. En aquellos dias la vida en la mar era muy dura. Para soportarla y gozarla era necesario tener una devoción profunda. Yo la tenia ... 

Por fin Ilegó el dia tan deseado, el dia que mis padres me permitieron hacerme marinero. Era en el año 1.922, un dia lindo de verano. Tenia entonces dieciseis años. Me alisté como mozo de cubierta en la fragata "Manhem" de tres palos y un desplazamiento de 2.500 toneladas. Nunca he olvidado como me sentía cuando subi las escaleras que me conducían a bordo del buque - era una rara sensación de dicha y miedo. El buque se encontraba en dique flotante y, por ello la altura de los palos con su multitud de vergas parecia espantosa. Tambien me infundió susto el sin fin de cabos del aparejo porque, según los libros que había leido, era de vital importancia saber la función de cada uno y, en una noche oscura dar con el cabo deseado,

Buque escuela s/v Manhem

Fué un consuelo y me hizo mucho bien que los siete muchachos de mi edad, que se enrolasen a la vez que yo, parecian tan desorientados como yo mismo. Alguien nos indicó nuestro alojamiento: una chupeta, es decir, una caseta situada hacia la popa. Todo era de hierro, la gruesa puerta que la clausuraba tenía una arreglo muy complicado para atranclarla y su umbral era altísimo, los cuatro ojos de buey tenían el vidrio muy grueso y eran pequeñisimos. En el techo habia una trampilla, que más tarde se demostró ser la única comunicación posible entre la cubierta y nuestro alojamiento en maltiempo. Evidentemente todo estaba construido para resistir las fuerzas elementeles. 

 

Las dimensiones de la caseta eran unos seis metros de largo por tres y medio de ancho. La altura tenía dos metros. Estaba dividido en dos partes por una mampara de madera, en la parte de proa estaban nuestras literas y en la parte de popa se encontraban a un lado el comedor, y al otro, separado por un pasadizo muy estrecho, el camarote del cocinero. La distribución del alojamiento era muy sencilla: cuatro literas vacias con fondos de madera a cada lado, un tablero fijo entre las literas y a lo largo de la mampara de proa, y al lado opuesto un arreglo para poner ropas. Dos bancos fijos, y una especie de linterna de petróleo colgada en el techo completaban la sencilla distribución del alojamiento. Lasuperficie del piso libre tendria unos dos metros cuadrados - no mucho para las actividades de ocho muchachos.

El lugar de comer, dos por dos m2, era igualmente modesto: una tabla de madera fijada entre las dos mamparas, dos banquillos, uno a cada lado de Ia tabla y fijos al suelo, un estante largo en la mampara y unas cajitas de tiro bajo la tabla, lo necesario para los cubiertos etc. Tambien habia habia una lampara en el techo, pero fuera de ésta ni una cucharilla. En cada lado de la tatbla habia lugar para cuatro, de forma que si alguien llegaba tarde y el banquillo mas cercano a la entrada estaba compelto, uno de los acomodados tenia que levantarse para dejarlo reptar por debajo de la tabla hasta su asiento.

Y alli estuvimos loc ocho mozos, bastante desorientados, contemplando el lugar que seria nuestra nueva casa durante los dos próximos años. De repente un hombre grandote entró en la caseta. Al día siguiente supimos que era el contramaestre. Sin duda parecíamos horrorizados cuando nos contemplo, uno tras otro, con un disgusto profundo. Despues de sus inquisitivas miradas nos dió instrucciones breves con voz de trueno: temporalmente utilizaríamos cualquiera de las literas, marcando cada uno la litera elegida con los efectos perconales, despues bajaríamos a tierra para hacer nuestras compras. 

Nos dió la dirección de una tienda especializada en equipos para marineros, donde podíamos comprar desde ropa para las literas y botas hasta platos esmaltados, cuchillas, tazones etc, y  que el capitán pagaría nuestras cuentas. Terminó diciéndonos que volviéramos con nuestras compras para pasar la noche abordo, que nos despertarian a las seis y media, estando nuestra primera comida abordo lista para recogerla en la cocina, y se fué el contramaestre tan rápido como vino. 

Nos sentimos como reyes durante las compras, las primeras que hicimos nunca estuvimos completamente solos - pero nos sentimos mucho menos complacidos más tarde, cuando tuvimos que trabajar varios meses sin sueldo para reembolsar nuestras extravagancias y caprichosas compras. Nuestro sueldo mensual era de 550 pesetas, segun el cambio actual. (1984)

Mientras el buque estaba en el astillero las velas se guardaben en su panol bajo la popa, y comenzamos a sacarlas y envergarlas en sus propias vergas, Los ocho mozos fuimos repartidos entre los demás tripulantes, todos con práctica en su quehacer. La primera hora allá en lo alto, a más de sesenta metros sobre la tierra, me infundió un terrible terror, y durante unos instantes eché de menos a mi namá y a la tierra firme. Las grandes gruas abajo en el astillero parecian juguetes, y las personas eran como pequeñas hormigas. Me costó trabajo adaptarme a las nuevas circunstancies. El trabajar con ambas manos en una verga sin pie firme parecía acrobacia para mi, pero los marineros amablemente me aconsejaron evitar el mirar para abajo y a no tener nunca confianza. 

Con estos primeros consejos bien apuntados en la memoria todo iba de bien en mejor. Acabado mi trabajo, al tiempo que el dia agotaba sus últimas luces, trepé en la arboladura como un monito, sin ningún miedo y gozando profundamente cada minuto. Por la noche, nos sentiamos tan cansados los ocho mozos queue, después de la comida, nos echamos en las literas con las ropas puestas y dormimos profundamente hasta las seis y media del dia siguiente.

Los dias pasaban rapidamente y de repente todo estaba listo para salir para Hudiksvall, un puerto pequeño en el nordeste de Suecia, donde cargariamos tablas cepilladas con destino a Sydney en Australia. En aquellos días sabia que nuestra tripulación consistia en los siguientes veinticuatro hombres: capitán, primer y segundo oficial, contramaestre, velero, carpintero, cuatro marineros de primera clase y cuatro de segunda, ocho mozos de cubierta, mayordomo y cocinero.  

Ni el capitán ni los oficíales usaban uniforme. El capitán tenia unos cincuenta años y era muy apreciado. El primer oficial tenia más años, era un grandote como el contramaestre, y fuerte como un oso, pero era evidente que nunca llegaria a ser capitán por su brutalidad. El segundo oficial tenia unos treinta años, era amable, y de buen aspecto, aunque era joven, llevaba muchos años navegando en veleros. El más viejo abordo era el velero con sus setenta años. Tenia el cuerpo torcido de reumatismo pero siempre parecia contento.

El viaje a Hudiksvall transcurria agradablemente, y todas las horas libres me las pasaba familiarizándome con la cabulleria del buque. A los pocos días Ilegamos a las fueras de la estrecha entrada al puerto de Hudiksvall, el práctico embarcó y un remolcador vino al costado. El capitán rechazó el remolque, y por este hecho se produjo una disputa animada entre él y el practico, que argumentaba que nunca ningún velero del tamaño del nuestro había entrado sin remolcador, y declinó toda resposabilidad. A lo que nuestro capitán respondió, que esa seria su primera vez que lo hacia en ese puerto, pero que según la carta, no habia dificultades para entrar navegando a vela con el viento encontrandose a su favor. Dió comienzo una navegación digna de ser recordada: 

Antes de entrar, se dividió toda la tripulación en pequeños grupos colocándose en los lugares mas estratégicos, es decir al lado de las distintas brazas, escotas etc.y al timón se apostó nuestro mejor timonel. Hicimos un semicírculo elegante, y poco a poco se llenaron las velas de nuevo. Con buena marcha nos acercamos a la entrada. El capitán y el práctico, ahora amigos, se encontraban uno a cada lado del timonel que maniobraba con su enorme rueda. El primero y el segundo offcial tenian sus puestos en el puente entre la popa y el castillo y sobre los techos de las dos casetas tenian una buena vista general de los grupos apostados en la cubierta.El capitán dió sus órdenes al '' primero", que se encontrabs más cerca de él, este las repitió al "segundo" más a proa, por medio de sus respectivas bocinas. Los dos, en sus respectivos turnos, daban las órdenes a los distintos grupos, a la vez que comprobaban que las órdenes eran ejecutadas rápidamente y del mejor modo posible.

El archipiélago de Hudiksvall tiene varios islotes y escollos entre los cuales el pasaje es estrecho y tortuoso. En esos momentos, todos, aún los mozos, entendiamos la necesidad de navegar con casi todas las velas puestas: la buena marcha era la condición para reducir la deriva a lo menos posible. En lo absorbente de la navegación, dimos rienda suelta a nuestros sentimientos, cantando salomas apropiadas para las distintas maniobras de vela; durante toda la entrada. Al llegar a nuestro anclaje indicado, ante la ciudad, todos subimos como monos juguetones al aparejo para sujetar las velas.

La hora pasado resultó significativa para todos los que navegábamos con el capitán por primera vez. Era el principio de una fé absoluta en su habilidad, una convicción que permaneceria inalterable durante nuestra travesía juntos. Pocos minutos despues del anclaje, una embarcación vino al costado con unos periodistas que entrevistaron al capitan, y al día siguiente salió en la prinera página del diario local una gran foto del buque entrando en el puerto, y un amplio articulo sobre esta pieza de maestría, gracias a lo cual la gente de la ciudad nos demostraba mucha amabilidad, y los jóvenes nos hicimos muy populares entre las chicas. (Ya habiamos aprendido andar con el tipico balanceo de los marineros con muchos años pasados en altamar). 

A la mañana siguiente llegaron con un remolcador las dos primeras barcazas cargadas con las planchas que debíamos transportar a Sidney y fueron amarradas hacia el centro deI buque, una a cada lado, En aquellos tiempos, en la mayoria de los veleros, los trabajos de carga lo realizaban los propios tripulantes, y así ocurria en nuestro buque. El "Primero" nos dividió en grupos con distintas tareas, las cuales conservamos durante las seis semaman que duró la carga. Junto con tres otros mozos, a mi me mandó a la barcaza de estribor y los otro cuatro a la de babor. Además, destinó a ocho marineros a la bodega, situándolos cuatro a cada lado. En las barcazas siempre cubiertas, venía un empleado del despósito en cada una para cuidar la descarga, y en la bodega habia siempre dos empleadoas, uno a cada lado, para dar consejos. Como no tenianos recursos mecánicos a bordo, toda la carga se hizo a mano. A cada lado del buque habia una abertura pequeña en el casco, por la que pasabamos las planchas directamente de las barcazas a la bodega, donde las estibaban los marineros. Nuestro trabajo en las barcazas era tan monótono que poco a poco llegamos a realizarlo dormitando, y gracias a ello podiamos gozar de mas horas nocturnas en tierra. En esta parte del mundo, no muy lejos del circulo polar, en verano el sol se esconde debajo del horizonte muy pocas horas, y no se nos ocurria volver a bordo para acostarnos hasta la madrugada.

Eran muy raras las veces que teniamos dinero, pero siempre nos divertiamos mucho. Nos invitaban a bailes, a comidas en las casas de nuestras chicas, y a varias otras cosas. Cuando digo "nosotros" quiero decir nosotros los mozos.  Los marineros del buque nos consideraban nenes y era una bajeza para su dignidad tratarse con los mozos cuando estabamos en tierra. 

El capitán nos permitió invitar a las chicas a bordo para bailar unas pocas horas los domingos por la tarde, a pesar de la indignación muy evidente del primer oficial. La musica de un gramófono y una parte de la cubierta para bailar, era lo único que nosotros podiamos ofrecer a las chicas. Ellas traían consigo lo demás: café, panecillos, limonadas etc. iComo nos divertíamos! 

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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