Historia y Arqueologia Marítima

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Grandes Veleros y Cruceros de Lujo - Por el Capitán Gösta Sjögren

4- Sidney,  Chile y el Tsunami

Introduccion Un mozo pequeño y un velero grande Primer Viaje
Sidney y Chile-Tsunami Cruce del Cabo de Hornos y Fin viaje Los Transatlanticos
La Guerra Cruz Roja Escolar en NY
Los 7 años en Bs Aires Un Crucero de Lujo Petroleros
La Divina Garbo Una aventura en Peru Epílogo
Cargando en Sidney

Otra vez nos encontramos navegando, pero la distancia corta hasta Newcastle, al norte de Sidney. Allí cargamos carbón para Callao, en Perú y desde allí fuimos a la isla de Pescadores, situada a unas treinta millas en las afueras de la costa peruana, para cargar guano. Nuestro buque fué uno de los últimos en este tráfico y quizás sean de interés unas impresiones de allá.

La carga del guano

Anclamos a unos mil metros en las afueras de nuestra isleta. Esta estaba totalmente cubierta de una gruesa capa de guano. La carga se efectuó por medio d elanchas abiertas, cada una remada por dos peones, más uno a popa maniobrando con un remo larguísimo. Cada  lancha llevaba unos cien sacos que pesaban mas o menos setenta kilos. Los peones, indios o mestizos analfabetos, nos explicaron con ademanes que todos los que trabajaban en la isleta eran hombres, en número de unos treinta, que estaban empleados en etapas de seis meses y que la única comunicacion con tierra firme era un vaporcito que venía cada dos meses con provisiones.

Una isla guanera, las zonas oscuras son concentraciones de pájaros, millones de ellos.

Nos contaron tambien que nunca carecían de trabajo, cuando había quitado el guano de una de las islas, los trasladaban a otra que permanecía intacta hacia muchos años. Los peones de las lanchas eran muy amables y enseguida nos hicimos amigos.

El primer domingo que pasamos allá, nos buscaron con un bote y fuimos juntos a la isleta. El único desembarcadero de la isla era una caleta rodeada por rocas verticales contra las cuales las marejadas rompían continuamente con un fragor tan familiar - y sonoro - para nosotros. En medio de la caleta habia un cabo tensado entre las rocas y fijado horizontalmente a la misma altura que las marejadas más altas, a lo largo del cual se bamboleaban varias cuerdas. A un lado de la caleta, cerca de la roca, colgaba una escala de cuerdas de unos diez metros de largo. Mientras uno de nuestros nuevos amigos mantenía el bote en posición, subimos uno tras otro por medio de la escala, esperando siempre el momento propicio, es decir, cuando el bote era levantado poor una marea alta. Nuestro amigo se quedó en el bote para cuidarlo mientras estábamos en tierra.

Allá arriba, entre las cimas de las rocas y justamente encima del cabo arriba mencionado, habia un cable transportador. Los sacos llenos de guano, en pilas de ocho, se trasladaban hasta la mitad del cable y desde allá se los arriaba hacia la Iancha que esperaba para transportarlos, siempre guardando bién el momento propicio para aterrizarlos en ésta.  No habia lugar nada más que para una lancha a la vez, y la tripulación, eran tres personas, tenian una tarea muy dura para mantener la lancha en posición por medio de las cuerdas sujetas en el cabo horizontal más bajo. Las lanchas vacias tenían que esperar su turno de carga fuera de la caleta. 

Los peones y capataces vivian muy frugalmente en sus tiendas, cada una de estas habitada por varias personas, y levantadas dírectamente sobre el guano que les servia de suelo. Casi nunca Ilovia, y no tenian mas  agua que la que el vaporcito les traían. Por ello no usaban el agua para otra cosa que no fuese beber o cocinar. A pesar de todo parecían muy contentos y alegres. Como no habia otra cosa que ver en la isleta, que no fueran pajaros y guano, regresamos pronto a bordo, Como en Suecia, cargamos el buque nosotros mismos. Nos colocaron a los ocho mozos en las lanchas, cuatro en cada una, y a cuatro marineros en la escotilla abordo. Cuando atracaron las lanchas al costado del buque, una a cada lado, los tres peones en ellas tuvieron un duro trabajo cuidando sus lanchas en la marejada alta, mientras los mozos poníamos los sacos en los lazos. Por medio del pequeño motor de explosión del buque con capacidad de levantar seis de estos sacos a la vez, se trasladaban a la escotilla, donde los marineros abrian los sacos y los vaciaban en la bodega, devolviendo los sacos vacios a la lancha. Los veleros tenian una sola bodega, que se extendia a todo lo largo de la parte recta del buque. Nuestro buque tenia cuatro escotillas y para mantener calados iguales, se cargaban sólo tres o cuatro días por cada escotilla. 

Nuestro trabajo en la lancha era fácil y monotono. Al contrario que en las lanchas que se utilizaron en Hudiksvall, aqui eran abiertas,  por ello siempre teniamos que mostrar gran actividad  para satisfacerle al primer oficial. El trabajo de los marineros era mucho peor que la nuestra. De abrir y vaciar los sacos en las bodegas, les envolvia siempre unaa densa niebla de guano, desde la mañana hasta por la noche. Quizás parezca raro, pero no se consideraba conforne con la posición social de un marinero trabajar en una lancha. El sistema de castas se mantenia bien a bordo. Un buen ejemplo de ello era que, hasta navegando cuando varios halaban en una misma soga, el marinero más practicado tenia su sitio propio junto al aparejo, y por turno los demas. Si se precisaba refuerzo, los que iban a ayudar se ponian en un lugar según sus grados y los subordinados se movian por detrás. Cuando trabajábamos en lo alta, nuestro lugar era en el extremo de la verga, y el de los marineros hacia el centro. Todo esto nos parecia muy natural. 

A medida que cargábamos se iban formando pirámides de la carga en la bodega bajo las respectivas escotillas, y cada dos dias por la noche, cuando terminábamos el trabajo en las lanchas, tuvimos que nivelar éstas.

Las primeras semanas no nos desanimamos demasiado porque habia bastante lugar en la bodega. Pero según se iba llenando resultaba más dificultosa nuestra tarea, la consistencia del guano variaba segun su colocación en capas. La capa superior, expuesta siempre al fuerte sol, era como polvo, mientras que las capas bajas eran compactas y el guano a veces estaba húmedo. Entre el guano encontrabamos cádaveres de pájaros, etc, en distintos estados de putrefacción. El guano es de un peso liviano, por lo que por mucho que se llenase todo al volumen de la bodega, faltaba carga para utilizar toda la capacidad de peso del buque, es decir, cada tonelada de guano que podiamos forzar dentro de la bodega, significaba una tonelada más de flete para el armador.

Este úItimo trabajo, de trasladar el guano hasta los rincones mas remotos de la bodega, significaba un verdadero infierno para los ocho mozos que lo efectuamos. Por falta de espacio teniamos que trabajar de rodillas con nuestras palas. Habia alacranes escondidos entre los cadáveres, y para protogernos contra éstos y las infecciones, nos cubrimos hasta los manos con prendas. Trabajábamos bañados en sudor y el polvo del guano formaba una máscara rarisima en nuestras caras. Nos Iloraban los ojos debido al amoniáco que evaporaba del guano, y nos hacía casi imposible la respiración en los espacios muy estrechos. En estas ocasiones el primer oficial estaba siempre en la escotilla más cercana del lugar donde trabajábamos, y cuando alguno de nosotros se arrastraba hasta la escotilla para respirar un poco de aire, enseguida le recordaba que estaba allá para trabajar y no para que descansase. Bien, por fin parecía contento el primero, y ordenó cuatro lanchas extras para llenar los úItimos focos que se habian formado en el centro de las escotillas. 

Durante nuestra estancia en la isla, la tarea más anhelada era la de "sereno". Estas guardias, divididas entre los ocho mozos, eran desde las seis de la noche hasta las seis de la mañana. Empezamos con limpiar la cubierta, poner las luces de buque fondeado, etc, Acabado esto comenzó un trabajo muy raro: catapultar pájaros al aire. De seguro esto necesita una explicación. Al amanecer los pájaros de la isla salian a la mar en grupos compactos como nubes de tormenta para buscar comida, y regresaban caida la noche.

Se puede apreciar la densidad de la poblacion de pájaros.

 Entre ellos siempre habie los que llegaban tarde, quizás "jovenes" que se habian entretenido divirtiéndose, y a su regreso, ya negra le noche, chocaban contra la multitudl de alambres, etc.de nuestro aparejo, y caian en la cubierta sin poder remontar el vuela. Se balanceaban como viejos marineros, siempre hacia la popa, lugar donde vivían los oficiales, metiendo mucha bulla con sus patas y voces. Para que estos pájaros no les turbasen el sueño, el primero dió una orden corriente al "sereno: dejar la cubierta libre de pájaros. Para efectuarla teníaimos que coger a los pájaros, uno por uno, y lanzarlos al aire para que pudiesen continuar su vuelo hasta la isla. Utilizabamos unas horas cada noche para este trabajo. Unos dias antes de nuestra salida Ilegó el vaporcito con provisiones para los empleados de la isla. Ancló entre nosotros y la tierra, donde eran menos escarpadas las rocas. Primero descargaron en las lanchas viveres, agua potable, forraje, etc. Terminado esto descargaron a los animales vacas, terneros y carneros. Lo hicieron de forma forzosa y cruel, pero de forma eficaz: Se aparejó una soga sin fin entre el vapor y la tierra, amarraban al animal a la soga y lo empujaban al mar. Los peones desde la tierra tiraban del pobre animal por entre las marejadas, resultando heridos varios de ellos al arrastrarlos hacta tierra adentro. La descarga tardó unas horas y acabada, el vaporcito levó anclas y se alejó.

Un Tsunami

En vísperas de nuestra salida, ocurrió una grave calamidad. Fué durante un lindo dia, en el que como siempre trabajabámos en las lanchas. De repente la voz del primero se oyó como un trueno: ique se alejen las lanchas del costado! iTodo el mundo listo en la. cubierta!  Felizmente habia visto una ola gigantesca que se acercaba hacia nosotros con gran rapidez. Pocos minutes después, el buque se levantó de una manera alarmante sobre la ola y provocó una tirantez enorme de la cadena del ancla. En ese preciso momento el primero ordenó a los marineros alistados en el castillo de proa, que aflojaran o dejaran caer poco a poco la cadena, usando el cabrestante como freno. La primera ola fué seguida por otras dos, pero éstas fueron menos alarmantes. Las maniobras durante esos minutos resultaron apasionantes. Bien acabadas éstas, hicimos volver a las lanchas y continuamos nuestro trabajo como si no hubiera ocurrido nada. 

Nuestra admiración por el primer oficial era más profunda cuando, con toda calma dirigió las maniobras durante esos criticos momentos. Ante nuestros ojos, su gloria recobró el brillo que no se le veia desde "el asunto del alquitrán". Quizá habia una relación entre ésto, y el hecho que no volvió a castigarnos nunca más. Menos suerte tuvo la bric-barca alemana "Lemkenhaven" de cuatro palos, que ancló no muy lejos de nosotros unos dias antes de este incidente para esperar su turno de carga. Cuando ellos vieron la primera ola, era demasiado tarde para hacer algo. Su cadena de ancla se rompió de un tirón, y  la nave se estrelló contra las rocas de la isla. Tres marineros resultaron heridos y fueron trasladados a Callao en un bote de vela. Nunca llegué a saber lo que fué del "Lemkenhaven", porque salimos poco después de incidente. 

Asl salir, los que regresaron del Callao nos contaron que las olas fueron debidas a una gran erupcion en el fondo del mar, y que habían causado muchos estragos en este puerto y a lo largo de la costa.

Al llegar a Londres, unos cuatro meses después, nos dijeron que estas olas se habian registrado en los institutos oceanográficos, después de haber recorrido la larga distancia desde Perú, pasando por Cabo de Hornos, hasta el norte de Europa.

La época de este tráfico de guano terminó a la vez que desaparecieron los grandes veleros de los siete mares.. La causa de ésto es evidente: nosotros necesitamos seis semanas para cargar. Esta para un vapor, con sus enormes gastos de explotación, sería imposible de realizar. En cambio de guano, se carga salitre en los puertos modernos de Chile y en los ultimos tiempos se estan utilizando fertilizantes artificiales.

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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