Historia y Arqueologia Marítima

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Grandes Veleros y Cruceros de Lujo - Por el Capitán Gösta Sjögren

6- Los Transatlánticos

Introduccion Un mozo pequeño y un velero grande Primer Viaje
Sidney y Chile-Tsunami Cruce del Cabo de Hornos y Fin viaje Los Transatlanticos
La Guerra Cruz Roja Escolar en NY
Los 7 años en Bs Aires Un Crucero de Lujo Petroleros
La Divina Garbo Una aventura en Peru Epílogo

De por si, los siguientes diecises años en los transatlanticos no tienen nada que ver con ninguna época terminada. El motivo de incluir un resumen de estos años en mi relato, es por tener relación con mi naciente interés por el idioma español.

El SS Sumatra

Después de dos años, pasados mis exámenes en la escuela marítima, entré directamente de tercer oficial en el "Sumatra", el mismo  carguero en el que habia navigado antes como marinero. 

Gösta, orgulloso 3:er oficial en el s/s SUMATRA

Navegaba en éste dos viajes de ida y vuelta al Lejano Oriente, es decir dos años, cuando me pasaron a otra sucursal de la misma compañia. Esta administraba los tres únicos transatlánticos de Suecia. Tenian un tamano entre las 15.000 y 25.000 toneladss. Los dos más grandes yY de reciente construccion, tenian capacidad para 1.500 pasajeros, divididos en tres clases. La intención original de estos buques era mantenerlos a los tres en la ruta entre Gotemburgo y Nueva York. La competencia del tráfico aéreo, sin embargo, iba intensificándonse cada vea más, y para compensar la pérdida de pasajeros en la ruta regular de la companía, al igual que la mayoria de las demás de la misma categoría, emplearon sus buques en cruceros durante ciertas temporadas.

Gösta y el hermano menor Anders juntos en el m/s KUNGSHOLM

Un puesto de oficial en esta companía era ideal. Los sueldos eran casi el doble, comparados con los de nuestros colegas en los cargueros. También eran muy apreciadas las listas de las salidas exactas, arregladas con varios meses de anterioridad. Por encontrarme recién casado, era una gran satisfacción saber mis salidas y  regresos. Esto, junto a la agradable vida que se tenia en estos transatlánticos, hacia que los oficiales se pasasen toda su vida activa en estos, por lo que era muy lenta la promocion, que se basaba en la antiguedad de servicio. 

S/S Kungsholm

Ningún oficial habia llegado a ser capitán en estos buques con menos de veinticinco años de servicio. En mi graduación de oficial, aprendi a respetar bien algunas circunstancias que se dan en el Atlántico Norte. Sobre todo en el invierno, que hay varios tenporales con mar muy gruesa. Un guardia en el puente en tales circunstancias es poco agradable cuando Ia temperatura esta varios grados bajo cero y en una nevisca de proa se reduce la visibilidad hasta nada. A menudo la disciplina en los transatlánticos era más rigurosa de lo necesario, considerando que entre nosotros los oficiales de guardia habian los que tenian hasta veine años de servicio en esta compania . Una orden permanente era, por ejemplo, quedarnos inmóviles en una ala abierta del puente toda la guardia estando reducida la visibilidad, y en la regibn de los icebergs. Pasearse de un lado a otro en el ala, embotaria nuestra atención - según el capitán. En estas ocasiones, siempre habia dos oficiales, más el capitán o el primer oficial en la caseta del timón. Con frecuencia estas cuatro horas de guardia resultaban demasiado duras: las crestas inundaban las alas y convertían rápidamente nuestras prendas en corazas de hielo.

Acabada la guardia teniamos que deshelarnos sobre una calefacción, para poder desabrocharnos el traje de agua. Bien recalentados, por fin podíamos fumarnos el primer cigarrilo y entregarnos a la comida. Una compensacion nunca superada por las horas de guardia! El menú del día ofrecía una gran variedad de manjares deliciosos a la eleccion de cada uno. Se servia con un camarero hábil, con un pulcro uniforme.

El comedor era espacioso y agradable, tenia una larga mesa con lugar para varios invitados, fuera de los diez oficiales que comíamos allí. En dos de las esquinas había grupos de butacas, cada una con su correspondiente mesita, donde tomábamos el café, jugabamos a las cartas, etc. Vivíamos como en un hotel de cinco estrellas. Las paredes estaban cubiertas de madera preciosa bien lustrada, una gruesa alfombra cubría todo el suelo, habia varios puntos luninosos de cristal bien trabajados, cuadros lindos, etc.

Frente al comedor y comunicándose con éste por medio de una abertura en la pared, que desaparecía cuando se cerraba con una puerta a tal fin, estaba la despenza, un lugar de gran importancia. Aquí había, entre muchas otras cosas, una gran heladera, un armario calentador, una estufa electrica, un elevador pequeño que se comunicaba directamente con la cocina, un teléfono, armarios con todos los utensilios para las comidas y tertulias nocturnas, etc. etc.

De este lugar se ocupaba un mozo durante todo el día que expedia los pedidos del camarero a la cocina, ponía los platos en la abertura donde nos lo traía el camarero. Toda la vajilla se depositaba nuevamente en la cocina después de las comidas. El camarero y el mozo tenian que quedarse allí durante todo el día, comían en la despenza y entre los varios servicios, tenían asignada la limpieza de aquel lugar. Un mozo especial cuidaba de nuestros camarotes, que se encontraban alrededor del comedor - todos muy elegantes. Antes de acabar el trabajo del día, el mozo de la despensa llenaba la heladera con bocadillos para los que teníamos guardia aquella noche.

Este sitio es publicado por Carlos Mey -  - Martínez - Argentina

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