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El Almirante de la U.S.
Navy Harrry Trent ha escrito mucho sobre el conflicto de Malvinas,
especialmente en Proceedings, la revista de la US Navy. Visito varias veces
Argentina como Comandante del Atlantico Sur (R.Hermelo)
Malvinas: un
caso de estudio
Análisis crítico del Conflicto de Malvinas. Abarca cronológicamente desde
los incidentes previos hasta la finalización de la batalla por Puerto
Argentino. Estratégicamente comprende los niveles de estrategia general,
militar y operacional. El análisis considera los conceptos de la operación
desde la óptica de cada bando.
En el Hemisferio
Sur, se lo llama Conflicto de Malvinas; en América del Norte y Europa,
Conflicto del Atlántico Sur. Los británicos lo llaman "Guerra del Atlántico
Sur".
En la Universidad de Defensa Nacional de los EE.UU. donde dicto el Curso
Final para generales y almirantes recientemente promovidos, nosotros
enseñamos, entre otros temas, dos casos dignos de especial estudio: uno es
el de la crisis de Grenada, la que estudiamos y discutimos porque, aunque
los EE.UU. triunfaron y lograron sus objetivos, nuestros militares
cometieron muchos errores y la operación pudo haberse realizado en forma más
satisfactoria.
Muchos de mis alumnos participaron en los combates en Grenada y por eso
ellos tienden a justificarse en base a razonamientos dictados por la emoción
y están propensos a interpretar o racionalizar decisiones según criterios
que, vistos retrospectivamente, no fueron los mejores.
Por eso enseñamos un segundo caso de estudio, en un evento político-militar
en que los EE.UU. fueron sólo observadores y no participantes. (En
lo cual diferimos, ya que EEUU le dio soporte logistico, material e
inteligencia al Reino Unido - Nota del webmaster)
Este segundo caso es el Conflicto de Malvinas. Este conflicto rico en
decisiones político-militares y lleno de errores y cálculos equivocados en
ambos bandos, provee una excelente oportunidad para que nuestros generales y
almirantes examinen una compleja construcción diplomática y comprueben cómo
los factores políticos, algunos de los cuales aún pasan desapercibidos,
causaron el fracaso del proceso diplomático dando por resultado la guerra.
Es también posible examinar un período de desarrollo de un conflicto durante
el cual un bando actuaba todavía según las reglas para el manejo de crisis,
mientras el otro ya estaba en guerra, fenómeno político-militar éste nunca
acaecido antes en la moderna historia militar.
Este segundo caso brinda una oportunidad a los generales y almirantes
norteamericanos que justamente examinan las ventajas de las organizaciones
conjuntas de defensa, para observar la nueva estructura de comando conjunto
argentina, que en la práctica fue conjunta sólo de nombre.
En este caso hubo también lecciones para el Congreso de los EE.UU., útiles
para la aprobación de la organización de defensa de nuestro país. Y el
conflicto también fue una oportunidad para verificar el impacto de la suerte
en el resultado de una guerra.
-¿Hubieran sido diferentes los resultados, si la televisión británica no
hubiera comunicado erróneamente la zarpada de dos de sus submarinos
nucleares desde Gibraltar hacia las cercanías de las Islas Georgias del Sur
el 26 de Marzo? -¿Hubieran sido diferentes los resultados, si el viento y el
mar no hubieran estado en calma el 1 ° de Mayo?
-¿Hubieran los resultados sido diferentes, si las 14 bombas que, penetraron
en los cascos de buques de guerra británicos sin explotar, hubieran
explotado?
-¿Hubiera el resultado sido diferente si los torpedos Telefunken argentinos
hubieran funcionado como debían?
-¿Hubieran los mismos ingleses reaccionado usando su fuerza militar si no
hubieran habido huelgas en las minas de carbón de Gran Bretaña?
Y finalmente el conflicto provee la oportunidad con el beneficio de un
análisis retrospectivo, para examinar el impacto de algunas decisiones como
el fracaso argentino en prolongar la pista de Puerto Argentino para que
pudieran operar los A4 y Mirage; el no empleo de buques de carga para
transportar artillería pesada y helicópteros a las Islas entre el 2 y el 12
de Abril; la división de las fuerzas de Ejército argentino entre las Islas
Soledad Gran Malvina la decisión argentina de no explotar la crítica
vulnerabilidad en Fitz Roy y Bluff Cove y la decisión británica de atacar al
Crucero "General Belgrano".
Analizamos el curso que la guerra terrestre pudo haber tenido si las fuerzas
de Gran Malvina hubieran estado en San Carlos, forzando en consecuencia a
los británicos a establecer su cabeza de playa en Gran Malvina en lugar de
Soledad, porque esto es lo que ellos hubieran hecho.
Mi ventajosa ubicación durante el conflicto fue la de Comandante en Jefe de
la Flota del Atlántico de los EE.UU. y Comandante Supremo de la OTAN en
Atlántico.
En ese cargo yo no tenía rol que no fuera el de observador de un conflicto
que enfrentaba a dos preciados amigos.
Como mi amigo Horacio Fisher, en aquel entonces oficial de enlace argentino
en mi Estado Mayor nos podrá decir, nosotros no recibíamos mucha información
sobre el curso de la guerra en mi Comando de Norforlk.
Nuestras apreciaciones allí previeron la victoria argentina hasta las
semanas finales de la lucha, puesto que ignorábamos algunas de las
decisiones cruciales, cuya adopción hiciera que nuestro pronóstico fuera
erróneo.
Lo que voy a compartir con Uds. es mi personal visión del Conflicto de
Malvinas, producto de meses de estudio de informes y registros y de
entrevistas con los principales jefes de ambos bandos. Estos estudios,
resultaron difíciles porque los informes y entrevistas reflejaban
conflictivas percepciones sobre lo ocurrido antes y durante algunos eventos
políticos y militares críticos. Ello, en sí mismo instructivo, ya que
refleja muy correctamente el sentido de la expresión "niebla de guerra". En
mis estudios, yo he tenido libre acceso a los líderes argentinos y
británicos, a documentos y a análisis realizados luego del conflicto.
Mientras yo relato este doloroso episodio de la historia, ustedes
mentalmente podrán ir analizando en qué medida cada contrincante adhirió a
los principios militares de objetivo, ofensiva, masa, maniobra, simplicidad,
seguridad, sorpresa, economía de la fuerza y unidad de comando.
Mientras el estudio completo comprende la cronología de todos los hechos, de
acuerdo con los registros de ambos bandos, las primeras bases para análisis
por los alumnos están constituidas por una serie de ensayos que he escrito
concretando los diversos aspectos del conflicto, incluyendo: el preludio
diplomático; el derrumbe de la disuasión resultante de percepciones de la
política de defensa británica posterior a la Segunda Guerra Mundial; el
reconocimiento del problema y la planificación inicial de ambos bandos y el
incidente Davidoff.
Entendiendo el problema
Si los sucesivos gobiernos argentinos han podido haber considerado el uso de
la fuerza militar como un ingrediente o en sustitución de los medios
diplomáticos para recuperar la soberanía sobre las Malvinas, esas acciones
fueron desalentadas por la percepción de las capacidades militares
británicas y por la decisión británica de usar esas capacidades para
defender sus intereses.
En ningún momento previo al envío de fuerzas militares argentinas a Puerto
Argentino el 2 de Abril de 1982, la Junta pensó que los británicos iban a
responder con la fuerza militar.
Ni tampoco en ningún momento previo o durante el conflicto de Malvinas, los
jefes militares argentinos creyeron que la Argentina podía prevalecer en una
confrontación militar con Gran Bretaña.
Estas dos creencias dominaron el proceso de toma de decisiones de la
conducción política y militar argentina antes y durante el conflicto.
El conflicto fue el resultado de décadas persistente determinación de la
parte argentina para recuperar la soberanía sobre las Islas Malvinas y de
persistente determinación de los sucesivos gobiernos británicos de respaldar
la autodeterminación de los habitantes de esas Islas. Esas actitudes se
mantuvieron balanceadas durante muchos años, por una confluencia
personalidades, y de aptitudes políticas ambos bandos); la habilidad de la
Falkland Islands Company para influir sobre las decisiones políticas en
Londres y una cambiante percepción poder militar británico y del interés
nacional británico, formaron la base de las decisión en ambos bandos que
dieron por resultado conflicto.
Agreguemos a esto el desgaste del Partido Conservador que estaba en el poder
en Gran Bretaña, el creciente descontento laboral ese país, una sensación de
amenaza de muerte en el ánimo de los jefes de la marina británica y el
escenario estaba preparado para el intrincado esquema de decisiones que
siguió.
Aproximadamente mil vidas se perdieron en el conflicto, casi una por cada
dos habitantes de las Islas. Treinta buques de combate y apoyo fueron
hundidos o averiados y ciento treinta y ocho aviones destruidos o
capturados. Los "intereses" de los habitantes de las islas fueron
exitosamente defendidos por los británicos y los esfuerzos argentinos para
recuperar soberanía sobre las islas fracasaron.
La marina británica recuperó su importancia a los ojos de los dirigentes
políticos de ese país y los militares argentinos fueron reemplazados por un
gobierno civil.
La mayor parte de los textos y tratados relacionados con la soberanía en
Malvinas, dedican cientos de páginas a los ciento cincuenta años de puja
diplomática. Los argentinos dan mucha importancia a cada paso de ese proceso
y profesan gran fe en la diplomacia, pero advierten un claro encadenamiento
entre las capacidades militares y la misma. Están convencidos de que la
capacidad militar puede dar un "pequeño empujón con el codo" a la diplomacia
dentro de ciertos límites y sin cruzar el umbral de la guerra.
Los británicos son, por otra parte, los maestros mundiales del proceso
diplomático y del uso de la fuerza militar en el clásico estilo
clausewitziano, como una extensión de1 proceso político por otros medios,
haya sido o no cruzado el umbral de la guerra.
La conducción argentina durante el conflicto , expresó el punto de vista de
que la Argentina tiene demasiada historia como para no tomar decisiones. En
los EE.UU. y Gran Bretaña decimos que uno comienza su historia con cada
guerra. Eso hace las contabilidades y las tomas de decisiones más sencillas.
No tiene importancia sí estos puntos de vista argentinos son históricamente
correctos o no. Lo que cuenta es que esos criterios tuvieron un profundo
impacto en las decisiones argentinas durante el preludio del conflicto.
De particular interés para los militares profesionales es la brecha entre
las premisas en que basaron sus decisiones los gobernantes británicos por un
lado y las que usaron para basar las suyas los argentinos por el otro. Entre
la ocupación de las islas el 2 de abril y el hundimiento del Belgrano, el 2
de Mayo, las autoridades argentinas actuaron en la convicción de que estaban
envueltas en el manejo de una crisis diplomática. Los británicos lo hicieron
en la convicción de que estaban en guerra.
El objetivo político argentino era "una solución diplomática para recuperar
la soberanía sobre las islas". Los objetivos británicos, "defender los
intereses de los residentes en las islas y castigar la agresión".
Se puede afirmar que Argentina perdió la guerra entre el 2 y 12 de Abril,
cuando no aprovechó la oportunidad que tenía para emplear buques de carga en
el transporte de artillería pesada y helicópteros para sus fuerzas de
ocupación y equipo pesado para el movimiento de tierra que hubiera permitido
al personal en la isla prolongar la pista de Puerto Argentino para que
pudieran operar sus A4 y Mirage. La indecisión basada en el preconcepto
argentino de que era imposible derrotar a los británicos en un conflicto
armado, fue el elemento dominante en el resultado final.
El incidente Davidoff
El incidente Davidoff es crucial para el análisis o examen del conflicto de
Malvinas. El representa el arrancador de guerra o como dijo el almirante
Anaya el detonador. Es importante porque las percepciones del incidente
Davidoff hechas después de la guerra, en Gran Bretaña y Argentina son
completamente diferentes. Esto es lo que yo creo que ocurrió:
En septiembre de 1979, Constantino Sergio Davidoff firmó contrato con una
compañía escocesa por el que se le transferían el equipo e instalaciones de
cuatro factorías de ballenas en Leith, islas Georgias del Sur.
Este contrato le daba derecho para mover el metal de chatarra de la isla
hasta marzo de 1983.
Las autoridades de las Islas Malvinas fueron informadas de ese contrato en
agosto de 1980.
El Convenio sobre Comunicaciones de 1971 permitía los viajes entre las
Malvinas y Argentina usando solamente una tarjeta blanca, pero recordemos
que en respuesta a la Resolución 1514 de las Naciones Unidas, los británicos
inscribieron Georgias del Sur como una colonia separada de las Malvinas y
gobernada directamente desde Gran Bretaña, administrada por el gobierno de
Malvinas sólo por razones de conveniencia.
Recordemos también que la Argentina rechazó la demanda de status de colonia
para Georgias del Sur sosteniendo que al igual que Malvinas habían
pertenecido siempre a Argentina por lo que no podían ser colonias de nadie.
El problema surgió cuando Davidoff visitó Leith por primera vez para
inspeccionar las instalaciones que había adquirido y debía retirar, dado su
valor como chatarra.
Los británicos en Puerto Stanley sostuvieron que nadie podía desembarcar en
Georgias del Sur sin antes haber obtenido permiso en la base de British
Antartic Survey en Grytviken, también en Georgia del Sur, donde los
pasaportes serian solicitados para su sellado. Los argentinos sostuvieron
que bastaba con la "tarjeta blanca" para entrar y salir cuando quisieran de
acuerdo con lo establecido en el Acuerdo de 1971.
Hay muchas preguntas sin contestación referidas al momento, autenticidad y
notificación a la Argentina de que Gran Bretaña reclamaba la designación de
Georgias del Sur como una colonia separada, pero alcanza con decir que los
dos países vieron la situación según diferente luz.
Es también curioso que Gran Bretaña eligiera para dar comienzo a rigurosos
procedimientos en relación con las visitas a Georgias del Sur, justamente el
momento en que ella se beneficiaba financieramente de los irrestrictos
viajes permitidos por la tarjeta blanca.
El incidente comenzó formalmente cuando Davidoff dejó Buenos Aires en el
rompehielos Almirante Irizar que había contratado y arribó a Leith el 20 de
diciembre de 1981. Habiendo informado a la embajada británica en Buenos
Aires de sus intenciones, viajó directamente a Leith sin detenerse en
Grytviken para obtener permiso, probablemente ignorando el requisito de
hacerlo y luego regresó a Argentina.
El Gobernador Hunt de las Islas Malvinas aparentemente se enteró de la
visita por informes de que el rompehielos Almirante Irizar se encontraba en
Stromness Bay y por informes de gente de Grytviken de que alguien había
estado en Leith.
Parece probable que la embajada británica en Buenos Aires no informara a
Hunt.
Hunt presionó solicitando un accionar con Davidoff por haber éste
desconocido las normas, pero recibió directivas de Londres de no empezar con
problemas.
El embajador británico protestó al Gobierno argentino por este incidente el
3 de febrero, advirtiendo que esto no debía repetirse. La protesta fue
rechazada el 18 de febrero.
Davidoff se disculpó en la embajada británica por las dificultades que había
causado y solicitó directivas detalladas sobre la manera adecuada de
regresar a Georgias del Sur a desmantelar las instalaciones. La embajada
preguntó al Gobernador Hunt. Este no respondió hasta después de la partida
de Davidoff el 11 de marzo, luego de notificar formalmente en la embajada
británica que 41 personas estaban embarcadas en el Bahía Buen Suceso, un
buque argentino de aprovisionamiento antártico. Todo lo concerniente le
debió haber sido informado antes del desembarco en Leith el 19 de marzo,
dejando una vez más de lado a Grytviken. Los operarios izaron la bandera
argentina.
Los detonadores de la guerra: El punto de vista
argentino
Las autoridades argentinas describen los sucesos del 19 de marzo de 1982
como "el detonador". Aunque esos eventos en Georgias del Sur estuvieron
lejos de forzar el episodio militar clave, a partir del cual no había otra
salida sino la guerra, y consecuentemente no se encuentran en la categoría
de un arrancador de la guerra, el 19 de marzo fue ciertamente la piedra de
toque de una serie de confrontaciones en cascada y de decisiones
político-militares que crearon el escenario para que la guerra comenzara.
La reacción británica por el incidente Davidoff motivó una modificación de
la planificación argentina.
El mensaje del British Antartic Survey en Georgias del Sur informando que
"los argentinos han desembarcado" polarizó la reacción británica en Londres.
En Buenos Aires, la Junta comenzó a estudiar la posibilidad de ocupar las
Islas Malvinas y Georgias antes de que los británicos pudieran reforzarlas.
El vicealmirante Lombardo recibió órdenes de preparar urgentemente la
operación Malvinas. Hubo órdenes y contraórdenes.
El HMS Endurance fue destacado a las Georgias del Sur por el gobierno
británico para retirar a los trabajadores argentinos.
Los británicos no estaban informados de la cancelación del plan argentino de
incluir personal militar en el legítimo proyecto de Davidoff, pero sí fueron
informados de la orden del Comandante de Operaciones Navales argentino de
que dos fragatas interceptaran el HMS Endurance si éste evacuaba a los
civiles argentinos, pero no de la cancelación de esa orden por las
autoridades políticas argentinas quienes temían una confrontación militar.
El personal argentino del Grupo Alfa, que había sido originalmente concebido
para participar en el plan de explotaciones de Davidoff, fue destacado ahora
a Georgias a medida que los eventos se fueran desarrollando y desembarcaron
allí el 24 del ARA Bahía Paraíso.
Un pequeño enfriamiento se produjo el 25 de marzo cuando Gran Bretaña tomó
conocimiento de la presencia del ARA Bahía Paraíso y autorizó su permanencia
hasta el 28 de marzo. Mientras esto ocurría, Davidoff entregaba una
explicación de su operación a la embajada británica.
El detonante fue el anuncio del hecho por la TV británica (que luego se
probó era erróneo) de que dos submarinos nucleares habían zarpado de
Gibraltar para el Atlántico Sur. Las autoridades argentinas tomaron como
cierta esa información. No deseando comprometerse en un desembarco frente a
una amenaza de submarinos nucleares británicos contra sus fuerzas navales,
calcularon la primera fecha de arribo posible de los submarinos. Estaban
convencidos de que a partir de ese momento seguirían destacados allí por
varios años. Inclusive las autoridades argentinas no deben haber estado
informadas ni siquiera sobre el momento en que la zarpada se hubo
concretado.
El apoyo de la opinión pública argentina para lo que había sido percibido
como una válida operación comercial bajo los términos del Acuerdo de
Comunicaciones de 1971 presentó un cuadro de fuerte interés nacional.
argentino contra un interés británico percibido como en disminución. En un
esquema mental de "ahora o nunca" la Junta dispuso la ejecución de la
operación Malvinas, estableciendo como día D el 2 de abril de 1982.
Operación Rosario
La ocupación de Puerto Argentino el 2 de abril sin derramamiento de sangre
británica fue una operación ejemplar.
Bien planeada e impecablemente ejecutada. Los 700 Infantes de Marina y l00
integrantes de Fuerzas Especiales, desembarcaron, lograron sus objetivos y
se reembarcaron a medida que fueron reemplazados por fuerzas de ocupación
del Ejército.
La Fuerza de Tarea Naval, proveyó tanto el transporte anfibio como el apoyo
naval.
Yo no trato la operación Rosario en este estudio porque ella fue impecable.
Los eventos que vienen a continuación y la falta de un planeamiento militar
conceptual para el desarrollo posterior son de interés para mis alumnos. Dos
viñetas:
1°- En la tarde del 2 de abril, la Fuerza Aérea Argentina en Malvinas, negó
autorización para aterrizar a un F28 conduciendo al comandante de la
aviación naval. El avión aterrizó finalmente luego de una espera de 45
minutos.
2°- La Fuerza Aérea Argentina solicitó el 2 de abril que el Estado Mayor
Conjunto hiciera transportar inmediatamente por mar a las islas planchas de
aluminio para alargar la pista y ampliar la playa de estacionamiento para
aviones en operación.
Actuación de las autoridades argentinas responsables del
transporte
Y así comienza la historia de las dificultades argentinas para efectivizar
la cooperación entre sus Fuerzas Armadas. El incidente de la autorización
para que aterrizara el comandante de la aviación naval en Puerto Argentino,
marcó el comienzo de lo que luego se convertiría un serio problema. El
transporte marítimo de los elementos para la pista puso en evidencia la
incapacidad para establecer adecuadas prioridades para el apoyo logístico de
las islas.
La Junta Militar había desarrollado a esa altura de los acontecimientos la
preocupación de que el reaprovisionamiento de Malvinas iba a representar un
serio peligro para lo que ellos esperaban iba a ser una solución diplomática
del problema, porque desde que los submarinos británicos llegaran a la zona,
cualquier buque mercante en ruta hacia las islas podría ser un blanco.
Ese blanco podría ser atacado y con el ataque vendría la confrontación
armada que querían evitar.
Por eso el reaprovisionamiento debía limitarse a lo posible con los pocos
buques que la Argentina pudiera cargar y hacer llegar antes de la fecha
estimada del arribo de los submarinos.
Era entonces de crucial importancia dar alta prioridad tanto a la provisión
de artillería como a la de apoyo de movilidad en las islas, o proveyendo las
planchas para construir las pistas y el equipo pesado para movimiento de
tierra necesario para su posterior colocación. Las planchas solas eran
inútiles.
La incapacidad para dar prioridad adecuada a las cargas y usar al máximo la
capacidad disponible de esos pocos buques fue una falla fatal y tuvo
profundo impacto tanto en la guerra marítima como en la terrestre. Y Uds.
podrán notar que el vuelco a una participación activa de los EE.UU. en el
conflicto se produce cuando ya es imposible que se efectúe la prolongación
de la pista de Puerto Argentino.
Los detonadores de la guerra - El punto de vista
británico
Al ocurrir el incidente de Islas Georgias del Sur, el secretario de estado
británico para la Defensa, John Nott, el jefe del estado mayor de Defensa,
almirante Sir Terrance Lewin y el comandante de la flota, almirante Sir John
Fieldhouse estaban en Colorado Springs, participando en la reunión del Grupo
de Planeamiento Nuclear de la NATO, de la que yo también participaba.
Al profundizarse la crisis, estos jefes clave se dispersaron: el almirante
Lewin se trasladó a Nueva Zelandia, el almirante Fieldhouse al Mediterráneo
y John Nott a Europa. Durante los diez días de ausencia de estos jefes, el
Reino Unido había aumentado la apuesta argentina.
Habían sucedido demostraciones en las calles argentinas y el hecho de que
existía una extendida presencia argentina en Thule y Sandwich del Sur era de
público conocimiento en Londres.
La ocupación argentina se concretó un viernes. El Gabinete Británico de
Guerra con las ausencias señaladas habían fijado como objetivo: "Lograr el
retiro de las fuerzas argentinas y restaurar la administración británica en
las islas".
Que en Gran Bretaña existían varaduras políticas, económicas y militares,
fue reconocido.
El lunes el Gabinete de Guerra dispuso la partida de la Fuerza de Tareas
Británica, así es que zarpó esa flota y se contrataron los buques mercantes,
que fueron retirados de su actividad comercial, aunque aún se ignoraba la
magnitud del esfuerzo que se iba a necesitar.
El gobierno había previamente completado su concepto de la operación:
"desalentar y rechazar".
Esto constituyó la única base de la respuesta inicial.
La estrategia naval argentina
En Buenos Aires, las autoridades navales establecían su estrategia:
-La interdicción con portaaviones de la zona de las líneas de comunicaciones
marítimas, fue considerada y descartada.
- El uso de buques en puerto en Malvinas como baterías móviles, fue
considerado y descartado también.
- En definitiva se resolvió emplear el concepto de "Flota en Potencia" y
conscientes como estaban de la necesidad de conservar una capacidad naval en
reserva, como defensa ante una posible agresión chilena de postguerra, la
conducción argentina decidió no comprometer sus fuerzas en batallas navales
frontales y llevar una guerra de desgaste lo que a la postre demostró ser la
decisión más atinada.
- La mayor esperanza de la Armada Argentina era dañar la Fuerza de
Desembarco británica. La idea era atacar durante los desembarcos y aferrar a
los británicos mientras su libertad de maniobra estaba limitada por esas
operaciones.
- Se agregaba a la preocupación argentina sobre la supervivencia, la
generada por la afirmación del almirante Hayward de la Marina de los EE.UU.
en el sentido de que los satélites eran aptos para mostrar en todo momento
la ubicación de la flota argentina.
La estrategia naval británica
En Londres las autoridades navales planificaron en forma conjunta una
estrategia compuesta por cuatro fases, en forma de permitir un adecuado
dimensionamiento de sus fuerzas:
- La Primera Fase comenzó el 12 de abril cuando, los submarinos nucleares de
ataque llegaron para efectuar patrullados antisuperficie al oeste de las
Islas con la Misión primaria de hacer cumplir la Zona de Exclusión.
- La Segunda Fase se inició el 22 de abril con el arribo de las unidades de
superficie y duró hasta el desembarco en San Carlos el 21 de mayo. La misión
era establecer superioridad aérea y en el mar en preparación para el
desembarco. Esta fase se podría describir mejor llamándola de "guerra en el
mar". Durante el período, las Georgias del Sur fueron retomadas y el ARA
Belgrano, HMS Sheffield y B/m Isla de los Estados, hundidos.
- La Tercera Fase comenzó con el desembarco el 21 de mayo y continuó hasta
el 30 de ese mes, con el objetiva de establecer una cabeza de playa, apoyar
a los tropas en tierra y protegerlas de ataques aéreos. Los HMS Ardent,
Antelope, Coventry y el B/m Atlantic Conveyor ingleses y el B/m Río
Carcarañá fueron hundidos durante esta fase.
- La Fase Final comenzó el 30 de mayo y continuó hasta e1 cese de las
hostilidades. La misión para esta fase fue de apoyo a la guerra terrestre y
protección de las líneas de comunicaciones marítimas. El buque de desembarco
HMS Galahad fue hundido en ese período.
El hundimiento del ARA Belgrano
Al comando de la Flota Argentina el 1 de mayo, el vicealmirante Lombardo
tenia pensado una operación que esperaba sirviera para distraer de su misión
a la flota británica, la que según informes de inteligencia argentina, era
el apoyo de un desembarco en Malvinas ese mismo día.
Su idea era llegar desde el norte con el Grupo de Tareas del ARA 25 de Mayo,
hasta el límite de la Zona de Exclusión y con el Grupo de Tareas del ARA
Belgrano desde el sur, también fuera de zona de exclusión, en un movimiento
de pinzas que obligaría a la Fuerza de Tarea británica a abandonar el apoyo
a la operación de desembarco.
Cuando el ARA 25 de Mayo se preparaba para el ataque contra la Fuerza de
Tareas británica, los vientos se convirtieron en calma.
Por motivos técnicos, el ARA 25 de Mayo tenía su velocidad reducida a 15
nudos.
El pronóstico meteorológico preveía calmas durante las siguientes 24 horas,
lo que forzó a descargar tres de las cuatro bombas que llevan los A4,
quedando sólo una por avión.
Las dudas sobre los resultados de un ataque con tan escasa carga de bombas y
el informe de que los ingleses no habían desembarcado como se esperaba,
determinaron la orden de poner ambos Grupos de Tareas rumbo hacia el oeste.
El ARA Belgrano había navegado contorneando la zona de exclusión y hacia el
este y luego norte entre las Islas Malvinas y Georgias del Sur, para
distraer la atención de la flota británica del desembarco y el 25 de Mayo.
Mientras tanto, advirtiendo un muy real riesgo para sus fuerzas, el
almirante Woodward solicitó y luego recibió autorización de Londres, para
atacar el ARA Belgrano fuera de la zona marítima de exclusión para
neutralizar este riesgo.
En el momento en que el HMS Conqueror atacó y hundió el ARA Belgrano, el
crucero argentino llevaba catorce horas con rumbo al oeste.
Con el hundimiento del ARA Belgrano terminaron todas las esperanzas de una
solución diplomática y comenzó la guerra en el mar.
Zonas de Exclusión Marítima y otras restricciones a
la libre navegación
El concepto de Zona Marítima de Exclusión como la impuesta por los
británicos durante el conflicto no es nuevo ni bien entendido por todos los
dirigentes militares y políticos. Los pro y contra del uso de un "cordón
sanitario" han sido debatidos en la NATO por años. Esos términos y similares
de "Zona Marítima de Defensa" han sido sujetos a exámenes legales y análisis
por parte de militares. Y hay significativos desacuerdos entre los abogados
sobre si una zona marítima de exclusión es legal, de acuerdo con el derecho
internacional así como también hay desacuerdo sobre su valor táctico y
estratégico.
Declaratoria en su naturaleza, como son sus primos lejanos el Bloqueo y la
Cuarentena, la Zona debe ser anunciada en términos de límites geográficos,
fecha de efectivización y tipo y nacionalidad de los buques y aviones a los
que se aplica.
El bloqueo, un término militar más tradicional y con sólida base en el
derecho internacional, se define normalmente como la acción de guerra
dispuesta para evitar que buques de todas las naciones entren o dejen áreas
específicas bajo control de un enemigo.
Las expresiones bloqueo pacífico y cuarentena han evolucionado de las leyes
de bloqueo.
La más clara distinción entre ellas y el clásico bloqueo es que ellas no han
sido previstas como acto de guerra y que no se han previsto acciones
militares salvo el caso en que el Estado contra el que las acciones fueran
impuestas prefiera resistirse.
El término cuarentena se hizo conocer en octubre de 1962 cuando el
presidente de los EE.UU., proclamó una estricta cuarentena de todo equipo
militar ofensivo embarcado con destino a Cuba.
Directivas argentinas para la acción
Las directivas argentinas para la acción derivaban de la errónea esperanza
mantenida por la Junta de obtener una solución diplomática.
La directiva para la ocupación de Malvinas el 2 de abril establecía "no
derramar sangre británica ni dañar propiedad británica".
Entre el 2 y 30 de abril, las directivas fueron "hacer fuego sólo si se es
atacado". Cuando los comandantes operativos fueron observados por la Junta
por haber dado órdenes que violaban esta directiva, esas órdenes fueron
anuladas. Un ejemplo fue la revocación por la Junta de la orden del
comandante de operaciones navales a los ARA Drummond y ARA Granville de
interceptar al Endurance si éste sacaba a los trabajadores de Georgias del
Sur.
Otro ejemplo es el retiro de autorización para utilizar sus armas al
Submarino ARA San Luis cuando se le ordenó ingresar en la zona de exclusión.
El ARA San Luis patrulló en la zona de exclusión desde el 20 al 30 de abril
sin autorización para usar sus armas.
La autorización para empleo de las armas fue dada a las fuerzas argentinas
el 30 de abril. En esa oportunidad se informó a las fuerzas argentinas que
cualquier buque en la zona de exclusión debía ser considerado británico.
Esta orden no tuvo en cuenta el hecho de que había pesqueros rusos en la
zona de exclusión.
La autoridad de decisión sobre directivas para la acción fue tan
vigorosamente retenida en los más altos niveles políticos en Argentina como
lo fue en el Reino Unido.
Directivas británicas para la acción: La estructura
política en Londres
El Gabinete de Guerra creó un Comité de Directivas para la Acción integrado
por oficiales que debían efectuar previsiones y dotar a los comandantes con
las directivas que necesitaban, en forma que pudieran ser perfectamente
entendidas.
Este comité se reunía todos los días a 1800 horas y se planteaba preguntas
como las autorizaciones que debían ser concedidas en el momento en que la
Fuerza de Tareas cruzara el ecuador; qué aprobación previa debían recibir
los aviones de patrullaje marítimo de largo alcance para el caso de
encuentro con fuerzas argentinas.
Las decisiones de este comité siempre fueron aprobadas porque ellos se
adelantaron a los acontecimientos.
La zona marítima de exclusión definió un área en la que los comandantes de
buques británicos y los pilotos podían atacar. Era esa un área en que el
comando argentino sabía que sus unidades iban a ser atacadas. Esa zona
proveyó o por lo menos así pensaron, a los comandantes británicos, de un
área de amortiguamiento suficientemente profunda como para evitar sorpresas
tácticas a los buques de la Fuerza de Tareas, desprovistos de aviones de
reconocimiento táctico basados en buques y de aviones de alta performance.
El paso siguiente en la evolución de las disposiciones para la acción y la
zona marítima de exclusión fue el decreto de una Zona Total de Exclusión el
30 de abril.
Una complicación se produjo el 23 de abril cuando la orden de libre uso de
las armas fue dada. Esto se aplicaba en todas partes, contra cualquier
fuerza que se supusiera significaba un peligro. Una advertencia de que había
sido dada la orden de libre uso de las armas fue difundida en ese momento.
La zona marítima de exclusión permaneció sin modificaciones.
En la escena del conflicto, las directivas para la acción británica
contenían una lista de reglas numeradas que cubrían las situaciones
previsibles, descripciones de blancos y zona en la que la regla era
aplicable. Las reglas -y había muchas- fueron hechas efectivas en forma
selectiva en tiempo y lugar de acuerdo con lo que aconsejaba la situación
política y militar.
El propósito fundamental de las directivas para la acción era proveer
información política y militar a los comandantes en el teatro de
operaciones, con normas establecidas cuando correspondía una política de
mantenimiento de status quo o una política de desescalada o de escalada. Las
directivas numeradas no dejaban de tener ambigüedades y frecuentemente
requerían interpretación vía satélite. La definición de "intención hostil"
en vista de la existencia de armas que requerían rápida reacción, tales como
el Exocet creó problemas que fueron en definitiva resueltos definiendo como
"intento hostil" la mera presencia física de una plataforma argentina.
Los británicos también modificaron las disposiciones para la acción
autorizando atacar cualquier contacto submarino no previsto como amigo,
operando en las proximidades de la fuerza propia.
Crucial para la estructuración y ejecución de las directivas para la acción
fueron las 200 Millas náuticas de la zona de exclusión que los británicos
declararon en torno de las Islas Malvinas y Georgias y Sandwich del Sur.
Dentro de las zonas hubo muy pocas restricciones.
La estructuración y cambios en las directivas para la acción fueron
hermética y centralizadamente controladas desde White Hall.
Los cambios normalmente requirieron coordinación entre las fuerzas de
tierra, mar y aire y aprobación a nivel ministerial.
Hubo procedimientos expeditivos para cambios urgentes como el que permitió
el ataque al ARA Belgrano fuera de la zona de exclusión.
La guerra en el mar
El conflicto de Malvinas incluye la primera verdadera confrontación naval
desde la campaña del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial.
El precio cobrado por la Fuerza Aérea Argentina y la Aviación Naval durante
la guerra en el mar, incluye los destructores británicos HMS Sheffield y
Coventry; las fragatas HMS Ardent y Antelope; el buque de desembarco HMS Sir
Galahad y el buque mercante Atlantic Conveyor.
A estos hay que agregar 2 destructores británicos, catorce fragatas y dos
buques de desembarco dañados durante el conflicto, todos ellos por ataques
aéreos argentinos con bombas, misiles cohetes y cañones, excepto el
destroyer Glamorgan que fue dañado por un misil Exocet lanzado desde tierra.
37 aviones británicos fueron perdidos por causas diversas.
Las catorce bombas sin explotar en los cascos de buques británicos pudieron
fácilmente hacer que las pérdidas de buques fueran el doble si las espoletas
hubieran sido correctamente graduadas.
Los británicos emplearon virtualmente toda arma submarina existente en la
Fuerza de Tareas en falsos contactos submarinos.
A la Fuerza de Tareas británica le faltó defensa en profundidad. Ellos no
tuvieron la clase de apoyo que la cubierta de un portaaviones grande puede
proveer con sus aviones embarcados de reconocimiento táctico y de alerta
temprana. Se vieron forzados a confiar por otra parte en pequeños, y baratos
buques de combate cuyo inferior armamento los hacía más vulnerables que
grandes, bien acorazados buques cuya única contra es su elevado precio.
Nosotros tendemos a pensar sobre la campaña naval de Malvinas sólo en
términos de pérdidas de unidades y del impacto que esas pérdidas produjeron
en el resultado final. Para una nación que observe los hechos atentamente,
existe también una discusión adicional. La guerra naval en Malvinas incluye
también:
- El primer empleo de misiles crucero modernos contra buques de una marina
de primera categoría.
- La primera oportunidad desde la Segunda Guerra Mundial, en que sostenidos
ataques aéreos fueron hechos contra una fuerza naval.
- El primer uso en combate de submarinos de propulsión nuclear.
- El primer uso de que se tenga noticias de aviones de decolaje y aterrizaje
vertical/corto en combate.
- Una pequeña fuerza de submarinos de propulsión diesel-eléctrica argentina,
produjo una enorme preocupación a las autoridades navales británicas y
determinó por lo menos en la misma medida que la amenaza aérea, la
conducción de las operaciones navales británicas, causando el gasto de una
gran cantidad de armas antisubmarinas.
- Una igualmente pequeña fuerza de submarinos nucleares de ataque británico
determinó las decisiones de los jefes navales argentinos y mantuvo las
unidades de superficie argentinas en aguas protegidas contra esta amenaza.
Asimismo determinó algunas de las primeras decisiones políticas hechas al
comienzo de las hostilidades.
Selección del lugar del desembarco
A partir de la zarpada de la Flota hacia Malvinas, una de las principales
decisiones que enfrentaron los responsables de la planificación fue la
determinación del lugar para efectuar el asalto inicial. El pensamiento
británico sobre el lugar y oportunidad para efectuar el primer desembarco de
la campaña, era guiado por muchas consideraciones. Algunas de las más
importantes eran:
- Conveniencia política La percepción por parte del Gobierno británico de la
necesidad de entrar en combate con los argentinos para apaciguar a la
opinión pública británica ansiosa de acción.
- La proximidad del invierno en el hemisferio sur, con su cortejo de
problemas ambientales.
- El efecto en el adiestramiento moral y estado físico general de la fuerzas
terrestres sujetas a prolongadas estadías en tierra, soportando las ya duras
condiciones climáticas.
- Los problemas logísticos previsibles para el mantenimiento por un
prolongado período a una gran fuerza terrestre en operaciones.
- Los problemas de transporte para desplazar una gran fuerza terrestre y su
apoyo a cualquiera distancia sobre el áspero terreno en Malvinas.
- La falta de informes de inteligencia sobre la moral y adiestramiento de
los soldados argentinos en Malvinas.
- Por fin, los estados mayores británicos debieron decidir entre dos
conceptos diametralmente opuestos para la conducción del asalto inicial a
Malvinas; llevar a cabo un desembarco en fuerza, mediante un ataque masivo
con todos los recursos disponibles efectuando esa audaz operación en el
mismo Puerto Argentino, o en sus proximidades, tan cerca como para que el
objetivo principal de la campaña pudiera ser atacado en forma inmediata por
las fuerzas terrestres o llevar a cabo un desembarco más o menos
administrativo en un lugar no defendido, suficientemente alejado de Puerto
Argentino como para que los argentinos tuvieran dificultad para utilizar sus
propias fuerzas terrestres ubicadas principalmente en Puerto Argentino, para
atacar la frágil cabeza de playa.
Los sitios considerados por los británicos como potencialmente aptos para el
asalto inicial fueron:
- Stevely Bay-Gran Malvina: El más alejado del objetivo y el menos sujeto a
posibles contraataques argentinos con fuerzas terrestres. En algún momento
se analizó la posibilidad de construir allí una pista de aterrizaje para
reemplazar a los portaaviones.
- San Carlos-Isla Soledad: Más cercano al objetivo y aún en una ubicación
que dificultaba el contraataque argentino.
- Bluff Cove-Isla Soledad: Todavía más cercano, pero también más al alcance
de un contraataque argentino.
- Berkeley Sound-Isla Soledad: Más próximo aún a Puerto Argentino, pero
también tan al alcance que un contraataque de fuerzas terrestres argentinas
era casi seguro.
- Puerto Argentino-Isla Soledad: Rechazado casi inmediatamente por los
riesgos que llevaba implícito.
En principio se convino en efectuar el desembarco en un lugar donde no fuera
a encontrarse resistencia inicial. El plan de las Fuerzas bajo el comando de
brigadier general Julian Thompson consistiría en la consolidación de la
cabeza de playa, a la espera de que sus efectivos de incrementaran con el
aporte de unidades en viaje desde Gran Bretaña. A partir de la llegada de
esos refuerzos, el comando de toda la operación terrestre sería asumido por
el mayor general Jeremy Moore.
Los pro y contras que analizaron los planificadores cuando seleccionaron San
Carlos como punto inicial de desembarco fueron:
- La protección que las aguas restringidas del fondeadero ofrecían contra
submarinos.
- La protección natural que las tierras altas de los alrededores ofrecían a
los buques de desembarco contra ataques aéreos y su excelente capacidad
potencial para ubicar baterías antiaéreas de misiles Rapier.
- Los informes. de inteligencia indicaban falta de presencia enemiga en el
área a no ser la de poco frecuentes patrullas.
- Los informes de los SBS (Special Boat Squadron - unidades especiales para
incursiones en costas enemigas) indicaban la ausencia de minas en las playas
y falta de actividad de minado en el mar vecino.
- La demora que podía esperarse en la respuesta por parte de las fuerzas
argentinas, dada la distancia, aproximadamente cincuenta millas de terreno
abrupto, desde Puerto Argentino.
- La distancia y terreno abrupto entre el lugar de desembarco y el objetivo
principal, Puerto Argentino, que tendría que ser atravesado de algún modo
por las fuerzas terrestres.
- La proximidad de una fuerte guarnición argentina en Goose Green a trece
millas del lugar y hacia el sur.
- La falta de playas adecuadas para desembarcar grandes cantidades de
hombres y equipos.
- La proximidad de tierras altas en el contorno que podían ser usadas por el
enemigo ventajosamente para repeler y desalojar a las fuerzas de desembarco.
- Aunque no había sido verificado por las patrullas SBS, la posibilidad de
que los argentinos hubieran o tuvieran la intención de minar los accesos
marítimos del lugar, dado su obvia aptitud para el desembarco. (Por lo menos
en la mente de los planificadores británicos, esto era obvio. Ahora sabemos
que los planificadores argentinos en un estudio previo al conflicto, habían
considerado imposible que se usara exitosamente el lugar para efectuar un
desembarco anfibio).
Estrategia general terrestre argentina
La estrategia terrestre argentina fue explicada luego del conflicto por el
comandante de Malvinas, diciendo:
- El primero y principal objetivo militar era Puerto Argentino. Era la pieza
clave de la campaña, porque allí estaba asentado el poder político, era el
asiento de la mayor parte de la población y allí estaban ubicados el
principal puerto y aeropuerto.
- El concepto inicial de la operación, fue defender Puerto Argentino de
ataques directos con el aeródromo y los aviones.
- La segunda fase fue erigir defensas con un asalto anfibio directo. Tres
batallones adoptaron un dispositivo para rechazar ataques de el sur y otros
tres para defender el norte y el oeste.
- Con respecto a ataques del oeste, el perímetro defensivo fue determinado
no sólo por el terreno sino también teniendo en cuenta la dificultad para
mantener emplazamientos de tropas distantes, dado lo limitado de los
elementos de movilidad disponibles.
- Había puntos altos que dominaban la parte interior del perímetro, los que
debieron ocuparse y defenderse, pero había mejores puntos altos más
alejados, que aún así podían también dominar el interior del perímetro, pero
los comandantes de las fuerzas terrestres consideraron que disponían de la
movilidad necesaria para ocupar y mantener esos puntos más distantes con el
personal y medios a su alcance.
- Este plan, probablemente desalentó a los británicos de efectuar un asalto
helitransportado a Puerto Argentino y es muy posible que ocurriera otro
tanto con el proyecto de efectuar un asalto anfibio directo en ese lugar.
Esto dio tiempo a las fuerzas terrestres argentinas para reforzar y ajustar
sus defensas por que los británicos tuvieron que buscar otro lugar para
desembarcar.
El tiempo ganado por esta disposición de las fuerzas en Puerto Argentino, no
fue aprovechado, porque los dirigentes políticos en Buenos Aires no pudieron
lograr una solución política para evitar la guerra. La conducción de las
fuerzas terrestres argentinas, cree que de este modo dio a la conducción
política quince días adicionales para encontrar la deseada solución
diplomática. El aspecto negativo de esto es que la Junta a pesar de lo
ocurrido con el ARA Belgrano y la HMS Sheffield, continuó pensando
fundamentalmente en una solución negociada como opuesta al desarrollo de la
estrategia militar. Los jefes militares vieron el hundimiento del ARA
Belgrano y la HMS Sheffield como el punto de no retorno de la guerra. La
dirigencia política, en cambio, pensaba que el "intercambio de sangre"
ofrecía una oportunidad para reabrir negociaciones.
En el enfoque que de ello hacía el Ejército, este estado de espíritu de
parte de la Junta restringía la acción y privaba a la fuerza terrestre, de
sus principales armas, sobre todo, el poder aéreo.
Las fuerzas navales británicas rodearon las islas y condujeron una guerra de
desgaste contra las fuerzas terrestres argentinas, mientras se preparaban
para efectuar el desembarco. Desembarcaron con sus fuerzas de desembarco
intactas. Los jefes del Ejército creen que esto ocurrió por que las
autoridades políticas en Buenos Aires retuvieron a la Fuerza Aérea y a la
Armada impidiéndoles actuar con toda su capacidad. El Ejército piensa que si
la Armada y Fuerza Aérea hubieran persistido en sus ataques contra los
transportes navales y portaaviones, el 30 de mayo, lo que ocurrió luego pudo
ser diferente. Pero el ataque llegó sumamente tarde. La cabeza de playa
había sido formada y las tropas británicas se movían con total libertad
Cuando los británicos desembarcaron, el Ejército comenzó a considerar la
modificación de sus posiciones defensivas, reforzando las que defendían a
Puerto Argentino de ataques desde el oeste. Este realineamiento de las
fuerzas comenzó cinco días tarde.
Fueron reforzadas las posiciones del oeste con armas, pero fue imposible
desplazarlas más al oeste por limitaciones de movilidad y distancia. Se
intentó cubrir la distancia entre Puerto Argentino y San Carlos con
patrullas de comandos, pero cuando esta decisión fue tomada, los británicos
habían ocupado las posiciones altas exteriores.
Los comandos combatieron en varias oportunidades con mucha eficiencia, pero
no pudieron disminuir en forma significativa el ritmo del avance.
Mucho antes de que el primer soldado británico pusiera el pie en San Carlos,
se habían adoptado decisiones y habían ocurrido cosas que influenciaron y en
algún modo dictaron el curso de los acontecimientos y el resultado del
conflicto.
El sector argentino
El plan argentino de invasión, había sido concebido enteramente como una
corta y pacífica ocupación de las Malvinas por una relativamente pequeña
fuerza, no como sostenidas operaciones de una gran fuerza, preparándose para
y últimamente comprometida en combate.
El Operativo Rosario fue planeado e inicialmente ejecutado como una
"invasión diplomática". Como un aguijón de las atascadas negociaciones con
los británicos sobre la soberanía de las Islas. La Operación nunca fue
intentada como operación de combate.
La reacción británica ante la invasión que consistió en la rápida formación
y envío de una gran fuerza de tarea naval, incluyendo unidades de asalto
anfibio, fue inicialmente imprevista por los argentinos.
La reacción argentina ante la idea de que se debería combatir con los
británicos en Malvinas, fue un refuerzo en gran escala de las islas, una
alternativa que el plan original no preveía y que originó una pesadilla
logística para el sistema de aprovisionamiento argentino, que probablemente
hubiera afrontado dificultades teniendo que apoyar la operación inicial de
muy inferiores alcances.
La situación logística argentina en Malvinas fue aún empeorada por la
decisión del Comité Militar de no usar buques para el refuerzo o
reequipamiento después del 10 de abril, como resultado de la declaración de
la zona marítima de exclusión por los británicos a partir del 12 de abril.
Esta decisión forzó a los argentinos a descansar totalmente en el transporte
aéreo y el posible usando buques pesqueros.
Frontera con Chile
Aún con los problemas logísticos señalados previamente, la fuerza argentina
que había sido reunida y encargada de la defensa de Malvinas, pudo haber
estado integrada por tropas mejor entrenadas y equipadas de no haber
retenido Argentina mucha de su tropa más eficiente en el continente. Esta
decisión se explica diciendo que era militarmente prudente conservar esas
tropas a retaguardia como reserva contra un posible ataque a Argentina por
Chile.
La Fuerza argentina convocada con el plan original y usada en la fase
inicial del conflicto era suficiente para una "invasión diplomática" de
corta duración. Inicialmente sin amenaza militar británica presente en el
teatro, el concepto básico argentino pareció ser poner un suficiente número
de cuerpos con uniforme militar en las islas, para demostrar que el
territorio estaba bajo control argentino y de ese modo forzar la herrumbrada
rueda de la diplomacia a comenzar a girar de nuevo. Infortunadamente para
los argentinos, cuando el peligro británico de hecho se materializó, su
pensamiento no cambió y sus esfuerzos para reforzar las islas de cara al
peligro fueron nuevamente una extensión del concepto original: por ejemplo,
más cuerpos para reforzar la ilusión de control, para acicatear una solución
diplomática de la situación.
Los argentinos admiten que en ningún momento durante la planificación de la
invasión de Malvinas ellos pensaron que podían vencer si los británicos
decidían pelear por ellas. Infortunadamente este preconcepto prevaleció
influyendo en las decisiones y en la capacidad militar argentina lo largo
del conflicto.
La defensa
estática
El concepto básico argentino para la defensa de las Islas Malvinas parece
reflejar el mencionado preconcepto. El plan no preveía una agresiva campaña
terrestre para combatir y rechazar fuerzas británicas de invasión,
cualquiera fuera el lugar en que hubieran desembarcado. En vez de ello, la
defensa argentina de las Malvinas se basaba en una serie de puntos fuertes
estáticos alrededor de Puerto Argentino, los que se esperaba habrían de
parecer tan formidables que los británicos no intentarían la invasión; si
invadían, no intentarían hacerlo en las proximidades de Puerto Argentino; y
si los británicos desembarcaban en cualquier lugar de las islas, ellos iban
a optar por una solución diplomática antes de intentar atacar Puerto
Argentino.
Siguiendo la línea de este concepto defensivo, los argentinos a lo largo de
todo el conflicto concentraron casi todas sus fuerzas terrestres alrededor
de Puerto Argentino y simplemente esperaron que el ataque británico llegara.
Nunca hubo ningún serio intento de la parte argentina para salir de sus
atrincheradas posiciones y ganar la iniciativa en la guerra terrestre al
enemigo.
La guerra terrestre - El lado británico
Los ingleses también tuvieron problemas y afrontaron algunas difíciles
decisiones antes de la real invasión de las Malvinas en San Carlos.
Aunque el deterioro de la situación en el Atlántico Sur había sido seguida
de cerca por los británicos la invasión de Malvinas fue una verdadera
sorpresa. No es posible poner en duda que los británicos demostraron gran
ingenio y resolución al juntar una Fuerza de Tareas de treinta y seis buques
y hacerla zarpar rumbo a Malvinas dos días después de la invasión.
No obstante, dado lo apresurado de su partida, los buques de la Fuerza de
Desembarco no fueron cargados tácticamente en Gran Bretaña, por lo que los
elementos no pudieron ser desembarcados en el orden adecuado, según eran
requeridos por la Fuerza de Desembarco cuando esta hizo pie en tierra.
Esta situación fue rectificada en alguna medida mientras la fuerza estuvo
demorada en Isla Ascensión embarcando equipos adicionales e inventariando
los que ya tenían. Este período fue también usado para hacer algún
reordenamiento en las bodegas para facilitar la descarga en el área de
combate. De cualquier modo, no hay duda de que la descarga de los buques
demoró el aprovisionamiento de equipo en tierra en el área de desembarco de
San Carlos.
El desembarco en San Carlos
A pesar de todas las dudas en la elección del lugar de desembarco y la
preocupación por la multitud de cosas que podían ir mal, el desembarco
británico en San Carlos, fue completamente sin incidentes en términos de
transporte de tropa a tierra.
La Fuerza de Tarea Anfibia británica se aproximó y arribó al área del
objetivo sin ser detectada, con la ayuda de la cobertura dada por la
oscuridad, pobres condiciones meteorológicas y operaciones de diversión
llevadas a cabo en Goose Green, Fanning Head y otros lugares en la Isla
Soledad.
Las tropas británicas desembarcaron en las primeras horas del 21 de mayo, no
encontraron resistencia de tropas terrestres argentinas y pudieron moverse
sin demora a las posiciones defensivas previstas alrededor del área. A
medida que el tiempo pasaba, la amenaza argentina prevista para el
desembarco, nunca se materializó. La batalla militar que se combatió en San
Carlos pasó a ser entre las Fuerza Aérea y la Aviación Naval argentinas y
los buques de la Fuerza de Tareas Anfibia. Para su frustración, las fuerzas
británicas en tierra, se vieron obligadas a cumplir el rol de espectadores
de estas acciones. Mientras esperaban las órdenes para seguir avanzando, los
principales enemigos enfrentados por las fuerzas de asalto en tierra, fueron
el medio ambiente, el pobre apoyo logístico y el aburrimiento.
Aunque no tomaban parte directamente de la batalla aire-mar que se
desarrollaba en San Carlos, las fuerzas en tierra fueron de todos modos
afectadas por el resultado de esta acción. El primer día de asalto a San
Carlos los británicos perdieron una fragata y recibieron daño en otras
cuatro por ataques aéreos. Durante los días que siguieron al desembarco las
pérdidas británicas en buques continuaron a alarmante promedio.
Enfrentados a la amenaza aérea argentina, los británicos se vieron forzados
a cambiar su Plan Logístico Básico, para apoyar a la fuerza de tierra,
pasando de un concepto basado en depósitos a flote a otro de desembarco
masivo de equipos a tierra. Este cambio de planes estaba asociado con la
posibilidad de mover los buques solamente de noche y el grave error en la
estimación de los helicópteros necesarios para transportar equipos por lo
que el crecimiento de la logística en tierra se produjo con dolorosa
lentitud. Un percance casi fatal para el progreso de la campaña en tierra
fue la pérdida el 25 de Mayo, del Atlantic Conveyor que transportaba tres
helicópteros Chinook cuya gran capacidad de carga era vital para el
cumplimiento oportuno de los planes logísticos y operativos. Esta pérdida
significó una más pesada carga para los helicópteros remanentes que
terminaron siendo casi totalmente empleados para el transporte de equipos
durante el resto de conflicto.
Plan británico de maniobra
Notable por su ausencia en la planificación del desembarco en San Carlos
fueron las consideraciones y discusión de lo que esa fuerza terrestre debía
hacer cuando estuviera en tierra.
La operación era un plan de desembarco no una campaña terrestre.
Como alguien graciosamente señaló, se asumía que una vez en tierra, las
fuerzas simplemente avanzarían y vencerían.
Tal vez sea más propio decir que los británicos fuera consciente o
inconscientemente, esperaban que los argentinos reaccionarían rápidamente
para oponerse al desembarco con fuerzas terrestres y que el uso de las
fuerzas británicas en tierra, iba a ser en mayor o menor grado guiado por lo
menos en el corto plazo, por las acciones y reacciones defensivas requeridas
durante esta confrontación.
Cuando la oposición argentina al desembarco no se concretó, los británicos
se vieron como perdidos con respecto a lo que debían hacer con sus fuerzas
terrestres.
Goose Green
Con pérdidas de buques y aviones en aumento el acrecentamiento de la
logística en San Carlos continuó a ritmo de serpiente, mientras los buques
transportando refuerzos se hallaban aún demasiado distantes como para
garantizar una fuerte acometida contra Puerto Argentino.
En esa circunstancia, el Parlamento Británico percibió que la opinión
pública reclamaba una rápida victoria terrestre para justificar la creciente
pérdida de buques en el conflicto de Malvinas.
Esta percepción finalmente determinó la decisión política de atacar la
guarnición argentina de Goose Green. Esta decisión fue un claro ejemplo del
accionar de políticos que se supone no desean conducir desde atrás la
guerra, pero que son incapaces de contener sus frustraciones políticas
motivadas en este caso por la inacción de las fuerzas desembarcadas en San
Carlos. El ataque a Goose Green se produjo como resultado de la necesidad
política de atacar y derrotar a los argentinos en algún lugar, lo antes
posible. El hecho de que Goose Green era un objetivo estratégico y
tácticamente irrelevante para el resultado general de la campaña de
reocupación de las Malvinas, se consideró no pertinente.
La batalla en sí produjo dos hechos que en sí produjo dos hechos que
interesa señalar:
Previo al ataque a Goose Green la BBC informó la peligrosa aproximación de
tropas británicas a ese lugar. De ello resultó el refuerzo del área por los
argentinos antes del ataque. Este es un ejemplo del creciente problema que
plantea la necesidad de reconciliar el rol de los medios masivos de
información y sus necesidades de capacidad para informar instantáneamente,
con los requerimientos de secreto que siempre han demandado las operaciones
militares.
La rendición de las tropas argentinas en Goose Green se produjo justamente
cuando el jefe británico se consideraba en el límite de su capacidad para
seguir combatiendo.
El avance hacia Monte Kent
El avance sin oposición de los británicos desde San Carlos hasta las
proximidades de Puerto Argentino, a cincuenta millas de distancia, merece
ser señalado sólo por la temeridad con que estos afrontaron esa travesía a
pie, sobre terreno rugoso y bajo terribles condiciones meteorológicas. La
falta de movilidad como para satisfacer las requerimientos logísticos y
tácticos simultáneamente, determinó que el avance se hiciera a pie o que no
fuera posible hacerlo.
El planeamiento que se había hecho para la ofensiva terrestre, estaba basado
en la idea de que el avance de la fuerza debía cumplirse mediante saltos de
rana, utilizando helicópteros para mover tropas y equipos sobre el difícil
terreno. La imprevista alta demanda de los escasos helicópteros disponibles,
para efectuar tan sólo el aprovisionamiento de las tropas y la pérdida de
los tres grandes Chinooks en el Atlantic Conveyor, hizo tomar rápida
conciencia de que el avance hacia Puerto Argentino debía efectuarse por
otros medios.
El desembarco en Fitzroy (Bluff Cove)
Al arribo de los refuerzos (Quinta Brigada) a Malvinas, los británicos
enfrentaron la decisión de su oportuna utilización para el avance hacia
Puerto Argentino.
Las dos alternativas básicas eran conservarlos embarcados como una reserva
para apoyar cuando fuera conveniente a las fuerzas que estaban ya operando,
o usarlas en un segundo desembarco, fuera al noreste y suroeste de Puerto
Argentino, a fin de abrir un segundo eje de avance sobre el objetivo. Dada
la falta de recursos, principalmente armas antiaéreas para apoyar un segundo
desembarco, esta idea fue inicialmente rechazada y elementos de la Quinta
Brigada comenzaron a ser desembarcados en San Carlos el 1° de junio.
Como frecuentemente ocurre en las guerras, imprevistos eventos guiaron la
subsiguiente toma de decisión para el empleo de la Quinta Brigada: el plan
tentativo era que elementos de la Quinta Brigada se trasladaran de San
Carlos a Fitzroy vía Goose Green para formar la punta de lanza más al sur
del avance final sobre Puerto Argentino desde esa posición. En un principio
se había pensado que el movimiento inicial hasta Goose Green podría ser
hecho con helicópteros, pero ello como se comprobó en seguida, resultó
imposible porque la totalidad del puente aéreo disponible era requerido para
apoyar la Tercera Brigada de Comandos, que en ese momento se movía hacia
Monte Kent y Puerto Argentino desde el oeste noroeste.
En lo que puede calificarse como un arrojado movimiento o también como una
grave demostración de irresponsabilidad, elementos del Segundo Batallón de
Paracaidistas que se mantenía en descanso en Goose Green luego de la batalla
que allí se realizara, se desplazaron en helicópteros británicos obtenidos
mediante un golpe de mano hasta Fitzroy e hicieron allí un desembarco sin
oposición en las últimas horas del 1° de junio. Esto enfrentó a los
planificadores británicos con una espada de dos filos. Por una parte la
posición de Fitzroy obtenida sin bajas representaba un significativo salto
hacia el objetivo final. Por otra parte, el Segundo Batallón estaba ahora
expuesto a ataques enemigos o bombardeo a millas del más cercano apoyo
británico. La idea de consolidar la posición del 2 Batallón de paracaidistas
en Fitzroy guió el pensamiento durante los días subsiguientes.
Enfrentados con insuficiente apoyo de helicópteros para mover el resto de la
Quinta Brigada sobre el abrupto suelo entre San Carlos y Fitzroy, y con el
requerimiento de reforzar la posición británica en Fitzroy lo antes posible,
a disgusto, los planificadores decidieron recurrir a un movimiento por mar.
Así la duda británica sobre la conveniencia o no de efectuar un segundo
desembarco, había sido disipada por el curso de los acontecimientos.
El intento de desembarco en Fitzroy se convirtió en un desastre. La
operación se realizó utilizando sólo buques auxiliares de desembarco sin
apoyó antiaéreo o de comando y control de unidades navales principales. La
coordinación con las fuerzas ya ubicadas en Fitzroy fue inexistente. En la
tarde del 8 de junio el LSD Sir Galahad sin protección antiaérea, fue
atacado por la aviación argentina mientras desembarcaba tropas, en la Bahía
de Fitzroy, lo que significó la pérdida de 51 hombres.
Fitzroy desde la perspectiva argentina
Desde el punto de vista argentino, el análisis de Fitzroy se centró sobre el
tema de por qué las fuerzas argentinas de tierra no aprovecharon las
ventajas que les daba el exitoso ataque aéreo contra las fuerzas británicas
en Bluff Cove y Fitzroy y contraatacaran.
Los jefes militares argentinos en Malvinas, racionalizaron su decisión de no
efectuar ese ataque, diciendo que Bluff Cove estaba a 16 km. hacia el
suroeste. Una avanzada de tropas británicas se hallaba entre Puerto
Argentino y Bluff Cove. El Ejército argentino en Malvinas contaba sólo con
artillería de 105 mm con alcance de 10 a 12 Km. Había dos o tres piezas de
155 con alcance de 20 Km., pero eran insuficientes para apoyar una acción a
16 Km. de la base de Puerto Argentino. Hubiese sido necesario retirar un
batallón de la defensa de Puerto Argentino y esa unidad hubiera sido atacada
por las fuerzas británicas de cobertura, mientras enfrentaban al batallón
que desembarcaba. Por último, el batallón ubicado como para efectuar ese
movimiento, hubiera sido el 5° de Infantería de Marina una unidad de elite
que hubiera debido dejar su posición clave en la cima de Tumbledown
Mountain.
La verdad es que por dos veces la victoria pendió de un hilo, en Goose Green
y en Bluff Cove y los argentinos no supieron cortar ese hilo.
El asalto final a Puerto Argentino
Los británicos estaban ahora en posición para montar la fase final del
ataque a Puerto Argentino.
Enfrentaban 33 grupos de soldados enemigos totalizando 8400 hombres,
equipados con cañones pesados y amplio amunicionamiento, atrincherados en
posiciones que venían fortificando desde hacía seis semanas.
A pesar de que los argentinos habían sido pasivos hasta este momento, la
perspectiva de tener que atacar con limitaciones de medios de movilidad y ni
remotamente en capacidad como la que se supone debe poseerse para atacar en
fuerza a un enemigo bien armado y atrincherado, distaba mucho de ser
atractiva.
Los británicos iniciaron su avance sobre Puerto Argentino con una serie de
ataques nocturnos el 11 de junio, contra los montes Longdon, Harriet y Two
Sisters, que componían la siguiente línea de alturas entre las posiciones
británicas y Puerto Argentino.
Alguna firme resistencia se encontró durante los ataques a los montes
Harriet y Two Sisters, pero los británicos pudieron conquistar esas
posiciones con mínimas pérdidas. El ataque a Monte Longdon encontró mucho
mayor resistencia y los objetivos fueron alcanzados luego de feroz lucha y
con muchas bajas. Luego se supo que Monte Longdon había sido defendido por
una unidad de primer orden de Infantería de Marina que irónicamente había
sido colocada inicialmente en esa posición por que los jefes de Ejército no
la habían computado como unidad de primera línea. El plan original preveía
mantener a los Infantes de Marina en reserva para la defensa de Puerto
Argentino de ataques británicos desde el mar. Aunque los británicos nunca
atacaron desde el mar, esa unidad nunca fue desplazada de esa posición
inicial al oeste de Puerto Argentino.
La fase final del ataque británico comenzó al atardecer del 13 de junio con
ataques nocturnos en la línea de colinas ubicadas en las proximidades y al
oeste de Puerto Argentino. Los objetivos iniciales fueron Wireless Ridge y
Tumbledown Mountains. Dada la superioridad de fuego británico y una defensa
menos que decidida, Wireless Ridge sucumbió rápidamente. Pero Tumbledown
Mountain cayó sólo luego de fieros combates que demostraron una vez más la
indiscutible calidad del soldado argentino y la incapacidad de los
británicos para prever esa clase de resistencia en alguna determinada
acción.
Poco después de que los británicos tuvieron éxito en la toma de Two Sisters,
corrió la voz en la mañana del 14 de junio de que los argentinos estaban en
retirada hacia Puerto Argentino.
Efectividad de la organización de la Junta
Argentina
Una serie de viñetas demuestran el poco éxito de la Junta en su función:
- A lo largo de la guerra en el mar, la Armada Argentina fue advertida de
vuelos no coordinados de la Fuerza Aérea.
- La Fuerza Aérea se negó a informar al Comandante del Teatro vicealmirante
Lombardo, sus avistajes y contactos.
- Las Fuerzas Conjuntas en Malvinas no pudieron ejercer control aéreo sobre
los aviones de la Fuerza Aérea volando sobre las islas o en sus
proximidades.
- La Fuerza Aérea envió 10 aviones Pucará a Malvinas sin consultar al
Comando de Teatro.
- El Comandante de las Fuerzas del Ejército en Malvinas hacía caso omiso del
Gobernador y recibía órdenes del Jefe del Estado Mayor de Ejército en Buenos
Aires.
- Cuando la Armada Argentina tenía dificultad en la obtención de datos
posicionales del HMS Invencible, tuvo que "invadir" la central de
Información de Combate en Puerto Argentino para descubrir que el personal de
Fuerza Aérea que manejaba el CIC, borraba la derrota seguida por los aviones
británicos luego de cada ataque aéreo. El personal naval comenzó a conservar
la información sobre el recorrido de cada raid, y así logró determinar por
donde aparecerían todos ellos sobre el horizonte. Fue a partir de ese tipo
de análisis, que pudieron describir una especie de "banana geográfica" que
definía la probable posición de los portaaviones. Esta fue la metodología
"ad hoc" que permitió a la Armada lanzar el ataque que dio por resultado el
hundimiento del Atlantic Conveyor.
- En general los ataques aéreos contra la Fuerza de Tarea británica lanzados
desde tierra, fueron dispuestos y partieron desde el continente sin la
necesaria coordinación con los comandos argentinos en las islas, ni con las
fuerzas a las que la aviación basada allí estaba apoyando.
- Lo mismo cabe decir con respecto a los escasos raids que fueron lanzados
contra las cabezas de playa británicas. La Fuerza Aérea Argentina afirmó al
comenzar las acciones: "Si la Flota Británica aparece , nosotros podemos
destruirla: esta mentalidad dominó su acción a lo largo de todo el
conflicto.
Interpretación argentina de la reacción de EE.UU.
+Los dirigentes políticos argentinos en sus cálculos de riesgos estaban
firmemente convencidos de que en la eventualidad de un conflicto entre
Argentina y Gran Bretaña, los EE.UU. iban a mantener una posición neutral.
Nunca esperaron que los EE.UU. los apoyara pero previeron una postura
neutra.
A este respecto, su evaluación histórica se apoya demasiado en la
experiencia de Suez y no suficientemente en mas significativas lecciones
derivadas de los mutuos intereses políticos y militares de EE.UU. y Gran
Bretaña. El almirante Anaya citó como evidencia de la` previsible
neutralidad de EE.UU. la impresionable sucesión de visitas a Argentina en
1981, de comandantes militares y de políticos con rol clave en la política
de EE.UU., como demostración del desarrollo de intereses comunes entre
EE.UU. y Argentina.
Cuando EE.UU. se inclinó hacia Gran Bretaña la única forma racional en que
esto pudo ser comprendido por Argentina fue la teoría de la "manipulación".
Los participantes en esta maniobra eran el gobierno conservador de Gran
Bretaña, la Royal Navy y el Departamento de Estado.
Los argentinos estaban convencidos de que Gran Bretaña quería la guerra. Y
la querían para distraer la atención del Partido Laborista, de las huelgas
de las minas de carbón y de la declinante confianza en el gobierno
conservador. La Royal Navy, ellos pensaban, quería la guerra para
restablecer la confianza británica de su rol como defensora de los intereses
británicos a lo largo del mundo y para contrarrestar la reducción del rol y
dimensión de la Flota.
Y creían que los británicos habían sido capaces de seducir al Departamento
de Estado de los EE.UU. para que los apoyara en esa manipulación.
Conclusión
El conflicto de Malvinas, brinda muchas lecciones políticas y militares, no
sólo para los participantes sino también para otras naciones que deben
mantener fuerzas terrestres navales y aéreas para defender sus intereses y
respaldar sus objetivos políticos:
- Los submarinos nucleares son excelente elemento de combate, pero no
cumplen bien la función de presencia naval en tiempo de paz.
- La fuerzas de superficie son esenciales para la proyección de fuerzas
anfibias, pero deben tener los medios para defenderse contra submarinos
modernos y modernos misiles y aviones.
- La aviación táctica con base en tierra empleada en la conducción de una
campaña naval, debe ser adiestrada rutinariamente en el uso de armamentos y
tácticas contra fuerzas navales.
- Las debilidades enemigas deben ser explotadas cada vez que se las detecte,
aunque los planes militares deban modificarse para ello. Cuando la suerte
del adversario pende de un hilo, lo más fácil para vencer es cortar ese
hilo.
- La logística gana o pierde.
- Las Marinas no ganan guerras, pero la falta de una marina adecuada puede
hacer perder la guerra. La Royal Navy no ganó el conflicto de Malvinas, pero
pudo haber sido la causa de que Gran Bretaña lo perdiera. El Ejército
Británico ganó, para Gran Bretaña el conflicto de Malvinas y lo hizo con y
sólo con el apoyo de la Royal Navy.
- Un bien integrado Poder Aéreo es esencial tanto para el Ejército como para
las Fuerzas Navales.
- El Poder Aéreo no se compone sólo de bombardeos o aviones de ataque, o de
cazas e interceptores, o de aviones de contramedidas electrónicas. Es una
mezcla de todos. El que no lo comprenda así, no ha entendido ni las
lecciones de la Segunda Guerra Mundial, ni las de Malvinas.
- La capacidad de los ejércitos, marinas y fuerzas aéreas para operar en
conjunto es el "sine qua non" de la guerra.
- Los comandos militares responsables, deben tener diálogo fluido con las
autoridades políticas y asesorarlas y las autoridades políticas deben
escucharlos aunque no necesariamente seguir sus consejos.
- Es crucial que las autoridades políticas informen a los dirigentes
militares de aquellos objetivos políticos que se persigue lograr, mediante
el uso de la fuerza militar.
- Comando efectivo, control y comunicaciones son las herramientas
fundamentales que permiten a las autoridades militares y a las autoridades
políticas trabajar en armonía.
- Y finalmente en esta era tecnológica, los militares deben conocer sus
armas. Pericia y coraje no son suficientes. El extremo puntiagudo de la
lanza, son las armas, sean estas misiles, bombas, torpedos, granadas de mano
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