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El VIGILANT, uno de los últimos veleros comerciales
de alta mar que se construyeron en la costa del Pacífico, era un
gallardo schooner de cinco palos. Fue construido en 1920 en el
astillero de George F. Matthews en Hoquiam, estado de Washington, para
la firma E.K. Wood Lumber Company.
Este velero de 244 pies no sólo llegó a ser famoso,
sino que el astillero que lo creó era ya conocido en todo el mundo por
los muchos hermosos veleros que había construido en años anteriores.
George F. Matthews lo adquirió en 1906 a Hitchings & Joyce, pero
originalmente lo había establecido su padre Peter Matthews. En los
ocho años previos había sido operado por George H. Hitchings y John
Joyce.
En abril de 1920 zarpó en su viaje inicial de Grays
Harbor para Sidney y regresó a Puget Sound vía Newcastle y Honolulu.
En un segundo viaje zarpó de Port Angeles a Adelaide con madera y
regresó con 2.540 toneladas de carbón a San Francisco. El tercer viaje
fue de Bellingham a El Callao y a su regreso, en junio de 1922, fue
destinado al comercio costero.
El 29 de mayo de 1923, haciendo mucha agua, fue
remolcado hasta San Pedro por el schooner a vapor CASCADE. Había
chocado con un objeto sumergido 40 millas afuera de Ventura,
California.
Fue reparado y zarpó a Bellingham a tomar un
cargamento para El Callao. En junio de 1924 regresó a Puget Sound
donde fue dejado en reserva por falta de flete. En 1926 la firma City
Mill Company de Honolulu se interesó por el VIGILANT, lo puso en
servicio para el acarreo de madera de Puget Sound a Hawaii, en cuyo
trayecto estableció un envidiable récord.
El primer Capitán que se asignó al VIGILANT no fue
otro que Matt Peasley, el personaje de la serie de novelas CAPPY RICKS
de Peter B. Kyne. Lo sucedió otro Capitán destacado, Charles Mellberg.
El bitácora del buque indica que en 1932 llegó a
Hawaii en compañía del schooner de cuatro palos COMMODORE que también
hacia el tráfico de las islas. Estas dos naves competían a veces en
velocidad y la prensa se deleitaba describiendo la carrera en
coloridos términos. El VIGILANT, de mayor tamaño y con más superficie
de velamen, era considerado el más veloz, si bien el COMMODORE
contendía con él de igual a igual y era un hermoso velero moderno.
En un viaje en 1932 el VIGILANT cumplió una rápida
travesía de retorno en sólo 13 días de Honolulu a Cape Flattery. Desde
este punto fue remolcado a Bellingham donde se preparó para tomar otro
cargamento de madera.
En 1936 se le instaló un nuevo juego de mástiles:
palos reales de 110 pies y masteleros de 60 pies. En 1940 fue comprado
a buen precio por la Canadian Transport Company. Se le rebautizó CITY
OF ALBERNI y, con bandera canadiense, fue puesto al mando de otro
capitán intrépido, John D. Vosper, un veterano marino que había
prestado servicios en numerosos veleros, naves mercantes y barcos de
pasajeros. Vosper se enamoró perdidamente del CITY OF ALBERNI. A
comienzos del verano de 1940, previo reacondicionamiento, el buque fue
cargado con 1.650.000 pies de madera de la Columbia Británica con
destino a Sydney, Australia. El viaje demoraba 71 días de Cape
Flattery a Sydney Heads, pero el buque sufrió una demora adicional
cerca de este último punto debido al mal tiempo. Primero se acumularon
densos nubarrones hacia el sur y, justo al anochecer, se encontraron
con un violento chubasco del sur. Antes de que pudieran tomar rizos y
virar, el viento rifó las velas y dañó los aparejos. Con vientos
contrarios y calmas, demoraron otros ocho días antes de que pudieran
llegar a su destino y obtener remolque para dirigirse al fondeadero.
Vosper dijo que nunca antes había visto tirar tan fuerte la corriente
del sur en las alturas de Nueva Gales del Sur.
Después de descargar en Snail’s Bay, el CITY OF
ALBERNI debió cargar azúcar en Latoka, Fidji, para Vancouver. Al
arribar a la entrada exterior del puerto se encontraron con otro
problema. El rumbo a través de la angosta boca entre las rocas era más
o menos al noreste. Con los vientos alisios predominantes – más o
menos del este sureste – se podría pasar apenas dejando muy poco
resguardo. No había remolcador disponible y todas las ayudas a la
navegación se encontraban inoperantes debido a las restricciones de
tiempos de guerra. Ardua tarea era maniobrar el gran velero y llevarlo
hasta dentro de la bahía dependiendo sólo del viento, pero Vosper era
un hábil navegante. Sudando la gota gorda logró entrar la nave hasta
la tranquila rada, justo cuando los nativos estaban mostrando las
señales de navegación que mostraban la entrada.
Con la ayuda de una embarcación nativa el CITY OF
ALBERNI embarcó 1.500 toneladas de azúcar en sacos y zarpó para
Vancouver donde llegó 51 días después.
El Capitán Vosper estuvo durante tres años y medio
al mando del CITY OF ALBERNI, pero al final de ese período se vió
forzado a interrumpir un viaje a Durban, Sudáfrica, cuando la nave
recibió severo castigo en un temporal en latitud 41º S y debió
dirigirse a Valparaíso haciendo mucha agua. A raíz de la consiguiente
inspección se resolvió cancelar el viaje en vista de que no existían
facilidades para una adecuada reparación en Chile.
El Capitán Vosper y la tripulación recibieron su
paga y el schooner fue vendido a armadores chilenos y rebautizado
CÓNDOR. A ello se siguió un juicio contra los anteriores propietarios
en el cual el juez Sidney Smith, que había sido hombre de mar, se
abocó al caso con gran interés personal. La querella la entabló Hunt
Leuchars Hepburn Ltd. de la Columbia Británica, que eran los
propietarios del buque e implicaba la suma de US$55.000 por el
cargamento de madera. El juez dictaminó que la firma de Durban debía
recibir una compensación de los armadores proporcional al precio que
se obtuvo por la carga cuando el CITY OF ALBERNI fue abandonado en
Valparaíso en 1943.
Mucho después, en diciembre de 1945, el CÓNDOR zarpó
de Valparaíso con arroz destinado a El Pireo, Grecia, bajo el mando
del Capitán chileno Raúl Bennewitz. En el trayecto el buque sufrió
daños debido a la mar y gran parte de la carga se mojó. Esto requirió
poner rumbo a Montevideo donde se vendió la parte del cargamento que
pudo rescatarse. El CÓNDOR fue reparado y dotado de un nuevo juego de
velas antes de seguir su viaje para cargar en Bahía Blanca, pero en
este trayecto tuvo un incendio a bordo y quedó destruido.
Nota: Según información proporcionada por el Capitán
Bennewitz a su amigo Aníbal Oyarzún, el CÓNDOR sufrió daños en el
cruce del Cabo de Hornos (tal vez por no haber sido adecuadamente
reparado) y, no pudiendo recalar a Puerto Stanley, llegó a Montevideo
donde, después de vender el arroz, zarpó a Bahía Blanca a tomar un
cargamento de trigo. En este puerto se encontró sometido a fuertes
balances hasta de 40º producidos por el encuentro de la marea oceánica
con la fluvial, los que ocasionaron la caída de unas baterías que se
encontraban sobre la caseta de la radio y que, a su vez, provocaron un
gran cortocircuito que derivó en un incendio que no pudo ser
controlado..
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