Historia y Arqueología Marítima

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Fuente: Revista GUARDACOSTA- N° 05  Año 1965    Autor: E.V.Malone de NAUTICAL MAGAZINE Traducción y revisión '' por el Pref. Insp. (R.E.) Armando J. Rago

La costumbre de lanzar al mar botellas con un mensaje en su interior, ha sido practicada durante siglos por los marinos de todo el mundo, en la confianza de que estas vitreas misivas habrían de ser recogidas en algún lejano destino y fueran tal vez el medio de comenzar una amistad. En verdad, una atmósfera algo romántica y misteriosa siempre envolvió la idea de consignar a las" olas una botella de whisky, por cuanto el que la enviaba nunca sabía si ésta habría de ser descubierta alguna vez o si él o la que la hallara se tomaría la molestia de responder al mensaje; esto, sin contar con las dificultades y aún imposibilidades que creaba la incógnita de la nacionalidad de quien la encontrara.

Aunque su práctica fue conocida en la fraseología corriente como el "Correo de Botellas", nunca existió sin embargo, un servicio oficial de tal naturaleza, dado que, como es obvio, las corrientes y mareas eran y son aún muy variables y poco dignas de confianza como para asegurar una entrega rápida y eficaz.

No obstante, en otro aspecto ha probado ser un método útil para determinar la velocidad de los vientos y corrientes oceánicas, por cuya razón los oceanógrafos de las principales potencias mundiales, explotando tales informaciones, han logrado confeccionar un sistema especial de cartas marítimas que ha resultado ser de muy valiosa ayuda para la navegación, pues permite a los buques evitar las corrientes en contra y aprovechar las favorables.

Desde que Inglaterra emprendió por primera vez esta tarea en el año 1802, sus investigadores científicos han realizado experimentos marítimos de este orden en forma repetida y sistemática. Durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, no menos de 3.500 botellas fueron puestas a flote en una sola oportunidad en el Mar del Norte, de las cuales únicamente 572 fueron devueltas a sus expedidores.

Con el fin de estimular la cooperación de aquellos que encuentran las botellas, es una práctica establecida la de incluir un pedido en tal sentido redactado en no menos de 8 idiomas y otorgar una pequeña suma de dinero en concepto de recompensa si bien deben descontarse todas aquellas que la corriente las transporta hacia una costa solitaria, o las que se rompen o hacen agua y se hunden en las profundidades del mar.

Como precaución contra este alto porcentaje de pérdidas debido a roturas y otras causas, se utilizan también artefactos de madera o de metal. A esta categoría pertenecían los flotadores de madera con su parte superior de plástico color naranja que fueron lanzados desde el buque oceanógrafico "SCOTT" por los Laboratorios Científicos de la Marina de Guerra de Gran Bretaña, dentro del "Canal Norte" en Gales, en el mes de mayo de 1963, con el propósito de, seguir las corrientes profundas existentes entre Escocia e Irlanda del Norte. Cada artefacto llevaba un rótulo con su numeración y un volante en el que se ofrecía una recompensa de, media corona por su rescate.

Una suma más suculenta —10 dólares— era el premio otorgado hace siete años por los dirigentes de una asociación norteamericana destinada a la práctica de la vida al aire libre, por cada flotador de cobre, que les fuera devuelto de aquellos que lanzaran al río Chickamauga, en el Estado de Tennessee. Cada uno llevaba en su interior una moneda de plata que, tintineaba en su trayecto hacia el río Mississippi, a través del Ohic confiándose que desde allí, alguno llegarían hasta el Golfo de Méxicc para luego, ayudados por la corriente seguir viaje hacia Europa Occidental.

Otro esfuerzo realizado por aficionados, esta vez a cargo de la Escuela Secundaria de Harrison, Ohio, en los Estados Unidos de Norteamérica, tuvo lugar en el mes de enero de 1951 cuando sus alumnos obtuvieron lo servicios del Capitán J. W Anderson del buque "UNITED STATES", para que por cuenta de éstos lanzara a mar a mitad de camino de su travesía transatlántica unas 80 botellas que se esperaba habrían de llegar a la costas del Noroeste de Irlanda, Escocia o Noruega, o alternativamente, las playas inglesas sobre el Canal, el oeste de Francia o África, según fueran arrastradas por la corriente de bifurcación norte o sud del Gulf Stream; sin excluir la posibilidad de su retorno a las Indias Occidentales donde comienzan las corrientes de Golfo.

Oficialmente, los Estados Unido juegan un papel importante en el programa mundial para la confección de Cartas Marítimas. Gracias a la ingenuidad del ilustre Benjamíi Franklin, en ese entonces Director General de Correos de las Colonias Norteamericanas se preparó en el siglo XVIII una carta marítima que ha variado muy poco con relación a los tiempos actuales. Resulta interesante narrar las causas que le dieron orígen. Como Franklin suponía que la razón de que los buques ingleses tardaran menos que los norteamericanos en realizar el cruce del Atlántico debía atribuirse a la corriente del Gulf Stream, decidió hacer levantar un plano de su curso para lo cual utilizando el conocimiento de los Capitanes de buques balleneros yankees compiló una carta de navegación que posteriormente fue cuidadosamente verificada por medio de botellas selladas.

Cuando hace aproximadamente un siglo la marina de guerra inglesa proveyó una cantidad de botellas para que sus oficiales las lanzaran al mar la Armada de los Estados Unidos se apresuró a seguir igual temperamento, incluyéndose en su interior volantes impresos con instrucciones sobre el modo de llenar el formulario con la información necesaria.

En lo que respecta a Rusia, si bien sus actividades no son del todo conocidas, el hallazgo de un flotador de madera llegado a las playas inglesas en los primeros meses de 1959 y que había sido despachado desde Murmansk, asegura su casi segura contribución en esta materia.

Las Cartas Marítimas bien detalladas resultan particularmente valiosas después de cada guerra, pues contribuyen a localizar minas que a la deriva han irrumpido en las más importantes vías navegables. A este respecto, sólo 7 semanas después del armisticio de la Primera Guerra Mundial, el Príncipe Alberto de Monaco, un hábil oceanógrafo, realizó un detallado estudio realizado con botellas en beneficio de los Capitanes de buques que navegaban las aguas europeas.

Análogamente, después de la Segunda Guerra Mundial fueron empleadas en el Pacífico, cartas marítimas preparadas previamente, por norteamericanos y japoneses, para distinguir las vías navegables "verdes" (seguras) de las "rojas" (peligrosas). En realidad, durante el año 1955 fueron lanzadas en estas aguas unas 12.000 botellas desde embarcaciones del Instituto Scripps de Oceanografía, con el propósito de levantar cartas de lo que se supone debe ser una vasta red de pequeñas corrientes, y aunque se presume que eventualmente sólo se lograrán localizar unas 300, este número habrá de resultar suficiente para el fin que se persigue.

Aunque son prácticamente remotas las posibilidades de éxito en el envío de un mensaje de S.O.S. por medio de botellas, se registran algunos ejemplos de antecedentes favorables. Durante su viaje a Nueva Orleáns, en 1875, la tripulación del buque canadiense "Lennie" se amotinó en la Bahía de Vizcaya y luego de asesinar a todos sus oficiales, decidió zarpar rumbo a Grecia. Habiéndole perdonado la vida al contramaestre, un belga de nombre Van Hoydek, con el objeto de que se hiciera cargo de la navegación, este condujo al buque muy próximo a las costas francesas, asegurándoles que estaban frente a España mientras que, disimuladamente, lanzaba por la borda varias botellas con mensajes de S.O.S., una de las cuales fue recogida más tarde, en las costas de Les Sables d'Olonne. Inmediatamente fue enviado un pequeño navio de guerra al lugar de los sucesos a fin de que trajera a los piratas para rendir cuentas. Luego de ser juzgados en Londres, cuatro de ellos fueron ahorcados por sus delitos, mientras que por su "honrada y valiente" conducta, el belga fue obsequiado por los armadores con un cheque de 50 libras.

En otra oportunidad, en 1935, una barca china con pasajeros fue capturada por piratas en el río Yantze con la intención de desembarcar los pasajeros en una caleta solitaria a fin de reclamar por ellos el pago de un rescate. Haciéndose cargo de la situación, uno de los tripulantes lanzó una botella al agua pidiendo auxilio, la que fue recogida al poco tiempo por una cañonera que se encontraba en las proximidades. El resultado fue que los piratas fueron dominados y los pasajeros puestos en libertad.

Algo diferente aunque igualmente útil fue el mensaje hallado por un buque que navegaba con destino a Australia en el que se contaba la odisea de seis hombres abandonados en una isla desierta del Pacífico y cuyo reclamo fue respondido inmediatamente por su Capitán dirigiéndose a toda máquina para rescatarlos.

Notable, entre aquellos mensajes en botellas hallados postumamente, fue aquél lanzado por Colón durante su último viaje. Igualmente notable debe considerarse el caso de aquel marino japonés llamado Matsoyama, quien acompañado por cuarenta y cuatro camaradas partió en 1784 en una expedición destinada a la búsqueda de un tesoro y el buque que los conducía naufragó y toda su tripulación debió morir de hambre en un arrecife de coral. Antes de alcanzar tan triste fin su jefe logró grabar una concisa relación de sus penurias sobre delgadas tiras de madera que luego introdujo en una botella cuyo destino confió a las olas. No fue sino hasta el año 1936 que este mensaje de S.O.S. fue desenterrado por un campesino en una playa solitaria de la aldea japonesa de Hiratatemura, lugar donde había nacido el Capitán del malhadado buque.

Otro tardío S.O.S. se relaciona con el buque "Huronian", que desapareció misteriosamente con toda su tripulación en un mar calmo durante el mes de febrero de 1902. Debieron transcurrir cinco años antes de que este mensaje fuera descubierto dentro de una botella que las olas arrojaron a la costa de Irlanda del Norte: "El Huronian se está hundiendo rápidamente por exceso de carga. Escora pronunciada. Adiós. Besos a mi madre y mis hermanas. Charles Mc Fell. Engrasador". Los armadores del buque verificaron la identidad del tripulante que enviaba el mensaje y sus parientes la confirmaron al reconocer la letra en el escrito que les estaba destinado.

En la actualidad, estos casos misteriosos se dan afortunadamente en pocas oportunidades y distanciados entre sí, gracias al uso que los marinos hacen de la radiotelegrafía, para dicha de todos aquellos que se encuentran en peligro.

En el Estado de Maine, en los EE. UU. de Norteamérica, un grupo de muchachos descubrió en el año 1944, restos de un naufragio que fue identificado por expertos navales como pertenecientes al destructor "Beatty" de la marina de ese país, torpedeado a considerable distancia de Gibraltar el 6 de noviembre de 1943. Bien escondida entre los restos fue hallada una botella que contenía un pedido urgente de auxilio. Otro extraño lugar para hallazgos de, mensajes de esta naturaleza fue el interior de un tiburón cazado por un pescador italiano en el Golfo de Genova, casi 4 años después de haber sido lanzado por Luis le Clerku, de Niza, Francia, en el que hacía saber que se encontraba a la deriva de un pequeño bote, sin esperanza de salvación y solicitaba se diera conocimiento a sus familiares.

Una amenaza en estos casos, resultaron ser siempre aquellos pretendidos chistosos que fueron responsables del envío de mensajes falsos. El "Titanic", el "Lusitania", el "Waratah", buque de línea de 16.000 toneladas que se hundió fuera de Sud África en el año 1909, el "Hampshire", crucero en el cual se ahogó Lord Kitchener y el Buque Escuela Alemán "Pamir", fueron todos víctimas de graciosos. De esta clase era el muchacho de 18 años que recientemente lanzo al agua en el Canal de la Mancha un falso S.O.S. y fue descubierto y multado por su mala conducta.

Los pescadores tienen buenos motivos para estar agradecidos a las botellas utilizadas por los hombres de ciencia, por cuanto les procura datos respecto a las corrientes existentes en las principales zonas pesqueras, asi como la posición de los cardúmenes del bacalao y la merluza. La Junta Escocesa de Pesca fue la primera e iniciar en 1894 las investigaciones para la obtención de los datos enunciados en primer término, lanzando con tal objeto en el Mar del Norte 2074 botellas además de 1479 flotadores. En cuanto al segundo propósito, las botellas son utilizadas para marcar el lugar donde se hallan los huevos, pues flotan con ellos mientras viajan hacia el mar.

Otro medio para el que se usa en forma reiterada, es para combatir la contaminación de las costas inglesas por el lodo que sueltan los buques-tanques que navegan por sus proximidades. El aceite crudo que éstos transportan, deja un residuo pegajoso como si fuese alquitrán, del que deben librarse. Si lo sueltan en mar abierto, esta masa desagradable flota en la superficie y es llevada por alguna corriente hacia la costa, donde contamina la arena, los guijarros y las rocas, sin contar las manchas de rápida adhesión que provocan en el cuerpo humano y casi imposible de quitar de las toallas y vestimentas. Lenta pero seguramente, las playas están siendo contaminadas, particularmente aquellas de Europa Occidental, razón por la cual los oceanógrafos ingleses están realizando por medio de las botellas, intensivos estudios en las aguas próximas y alejadas de ese, país, a fin de determinar la existencia de zonas de seguridad en puertos, que permita sin temores el estancamiento de la substancia de que se trata.

El "Correo de Botellas" ha sido también utilizado con diferentes finalidades. Es difícil decir si es una forma digna de confianza para distribuir propaganda, pero la verdad es que hace más de 150 años fue utilizado por el poeta inglés P. B. Shelley, intentando reformar el mundo por medio de botellas conteniendo poemas en su interior, y cuyo esfuerzo fue perpetuado en un soneto titulado "Al lanzar algunas botellas llenas de sabiduría en el Canal de la Mancha", que confiadamente comenzaba:

Embarcaciones de medicina celestial!

Quiera la brisa

Mecer auspiciosamente vuestras

formas verde oscuras

hacia la costa...

Más recientemente, poco después de estallar la Segunda Guerra Mundial, un borrachín reformado, un tal George Phillips, de Washington, EE. UU. de Norteamérica, conocido por el apodo de "El predicador de la botella" tuvo resultados frondodos por este medio. Durante 20 años, unas 15.000 botellas de cerveza, vino y otras bebidas alcohólicas transportaron hacia costas alejadas citas bíblicas manuscritas y en la actualidad se vanagloria de haber recibido más de 1.400 respuestas procedentes de unos 40 países, la mayoría de las cuales prometen arrepentimiento por sus pecados.

La Unión Cristiana Irlandesa de los Buenos Propósitos, con sede en Belfast, también cree que éste es un buen medio para la divulgación del Evangelio, para lo cual usa especialmente botellas de salsa en razón de su mayor dureza. Su cruzada fue particularmente activa durante el año 1950 y el Reverendo D. J. Alien informa que mensualmente son lanzadas más de 1.000 botellas a la deriva y se reciben respuestas de unas 250 de ellas, desde países tan alejados como Escandinavia, Norte de Europa (incluso dos países detrás de la cortina de hierro), México y Terranova, certificando haber obtenido auxilio espiritual y solicitando se le envíen copias de las Sagradas Escrituras, uno de cuyos textos es, precisamente, bien apropiado cuando dice: "Lanza tu pan hacia las aguas para que así te pueda volver durante muchos días".

Una manera muy rara de publicitar el Irish Sweepstakes (carrera especial de caballos que se realiza en las Islas Británicas) fue adoptada por sus organizadores en el año 1936, al contratar un buque para que se encargara de lanzar al agua miles de botellas en forma de pez que llevaban en caracteres sobresalientes la siguiente inscripción: "Buena suerte en el Irish Sweepstakes". Estos recipientes de forma curiosa llevaban en su interior volantes impresos en tres idiomas por los que se informaba que aquel que los hallare "tenía derecho a una botella de la bebida que eligiera en el bar de su localidad y una invitación para que brindara por su buena suerte en la carrera". Casi inmediatamente reclamaron la recompensa 77 personas que habían hallado dichos recipientes en las costas de Devón y Cornwall, lugares que posteriormente y durante varias semanas, se vieron colmados de multitud de personas que se dedicaban a esa búsqueda. Dos años después, un paseante localizó uno de los envases en una playa de Nueva York y fue recompensado con una botella de whisky en el restaurante de Jack Dempsey, famoso campeón mundial de box de todos los pesos. Otro reclamo provino de Ayrshire, Gran Bretaña, y se efectuó 8 años después. La última en ser recuperada según se tiene noticia, fue hallada en las costas de Kent, en el mismo país en octubre de 1954.

En forma similar y para celebrar en 1958 su 120° aniversario, una gran tienda de Sydney, Australia, lanzó a las aguas gran cantidad de botellas conteniendo valores al cobro por una cantidad aproximada de 5.700 libras australianas. Lo último que se supo de ellas es de que se dirigían rumbo al S. E. desde Australia hasta el Cabo de Hornos.

¿Quién es el campeón de los lanzadores de botellas? Probablemente lo sea el capitán de un buque que consignó a las olas unas 10.000 unidades, el 10 % de las cuales se estima habrán recorrido unas 10.000 millas. Hay varios contendientes por el título de Campeón en esta maratón, siendo el más probable reclamante el Dr. W. S Bruce, jefe de la expedición escocesa a la Antártida efectuada durante los años 1902 a 1904, quien el 12 de diciembre de 1903, lanzó al agua una botella a la altura de Tierra del Fuego, a unos 34°58' S de latitud y 57°32' W de longitud, que fue recién hallado en 1952 en las dunas arenosas próximas a la desembocadura del río Rangitaiky en Nueva Zelandia, después de completar un viaje de 10.000 millas. Un hecho interesante resulta ser el de que muchas de, las otras botellas despachadas por la expedición alcanzaron las costas de Victoria, Australia, con lo que demostraron que la mínima velocidad de deriva de W a E en el Altántico Sur era entre 5 y 10 nudos diarios.

Con respecto a la botella que. haya permanecido sin ser descubierta durante el, período más prolongado de tiempo, se gana el premio la que fuera enviada en 1750 desde a bordo del barco "Brethren of the Coast", incendiado en mitad del Atlántico, por la que se daba cuenta de ese trágico destino y que recién fue hallada hace pocos años en Jamaica.

En una breve exposición como la que se hace, sólo se puede mencionar en detalle un pequeño número de "mensajes embotellados". Entre ellos, se encuentran aquellos que contenían una propuesta de matrimonio, un testamento, la noticia del nacimiento de una criatura y hasta una salchicha. Sin duda alguna, el más grande museo de esta clase que haya en existencia, es el museo sobre el Correo Oceánico; situado 'en Hamburgo, en el Instituto Hidrográfico Alemán, donde están debidamente conservadas, caso por caso, las historias de más de 600 botellas que fueron sacudidas por las olas del océano en el transcurso de los años.

 

  

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