Historia y Arqueología Marítima

HOME GUAYANA FRANCESA - COLONIA PENITENCIARIA. INDICE ART. REVISTA GUARDACOSTA

Fuente: Revista GUARDACOSTA- N°   Año 19    Autor:

Los primeros asentamientos franceses en la Guayana datan de 1624 con la fundación de Sinamaria, y de Cayena en 1635 y muchos caseríos cuyos habitantes se dedicaban a la tala de la caoba y a la recolección de la pimienta silvestre, que dio su nombre a la capital de la colonia (Cayena). Casi un siglo y medio después, en 1763, durante el reinado de Luis XV (1710- 1774), se trasladaron a la Guayana alrededor de 13.000 colonos provenientes del Canadá, dominio que Francia había perdido a raíz de la guerra de los 7 años con Inglaterra. Esta masiva inmigración se vio afectada, desde que arribó a la nueva tierra, por una terrible epidemia de fiebre amarilla que mató a casi 12.000 colonos.

Los sobrevivientes se refugiaron en un grupo de islas situadas en el Atlántico a 19 kilómetros de la costa, y a 55 Km de Cayena, a las que llamaron Islas de la salud.

Las tres islas que configuran el pequeño archipiélago fueron bautizadas de la siguiente manera: a la mayor se la llamó La Real en homenaje a Luis XV, la que le seguía en extensión fue nombrada San José, en honor del Santo Patrono de la colonización y la más pequeña como Del Diablo, porque los sobrevivientes atribuyeron al maligno la furia que despliega el mar en el angosto canal que la separa de La Real.

En 1794 el gobierno surgido de la Revolución de 1789, que destronó a Luis XVI, acuciado por apremiantes dificultades económicas y jaqueado militarmente por casi todas las monarquías europeas, decidió desactivar las colonias penitenciarias de la Nueva Caledonia, en el Océano Indico, y puso sus ojos en la Guayana, mucho más próxima a la metrópoli y por lo tanto más viable desde el aspecto financiero. En 1795 desde la fortaleza de Saint Martín du Re partió el primer contingente de prisioneros hacia América.

Los reclusos eran en su mayoría delincuentes de extrema peligrosidad, con prolongadas sentencias a trabajos forzados. A la caída de Napoleón, y luego de dilatadas disputas diplomáticas y militares con Inglaterra, Holanda y Portugal, se llegó a un acuerdo, y en 1817 se firmó el tratado por el cual Francia logró el reconocimiento de la posesión de lo que es actualmente su colonia de las Guayanas. La colonia penitenciaria siguió funcionando con un pequeño número de reclusos que vivían en un estado de semilibertad hasta 1852, año en que Napoleón III decretó su habilitación en las condiciones que existió hasta 1937, año en que fue suprimida. Primitivamente la administración penitenciaria se estableció en La Real, pero pocos años después, en 1857 aproximadamente, fue trasladada definitivamente a Cayena, lugar en que permaneció hasta su desaparición.

El territorio penitenciario se ubicó en terrenos adyacentes a Saint Laurent du Maroní, sobre el río Maroní, que hace de frontera natural con la Guayana Holandesa (actual Surinam) frente a la población de Albina, pero había además campamentos de forzados alrededor de casi todos los asentamientos de población. En las Islas de la Salud se confinaba a los condenados de mala conducta, llamados en la jerga carcelaria "INCOS" (de incorregibles); éstos eran recluidos en La Real.

En Saint Joseph estaban las temibles celdas de confinamiento solitario, que entre nosotros hizo famosas Adolfo Bioy Casares en su inolvidable novela "Plan de evasión"; en tanto, y a pesar que la imaginación popular une a la Isla del Diablo a lo más tenebroso del penal, ésta estaba destinada a la reclusión de presos políticos. El primer habitante de la Isla del Diablo, que vivió en soledad desde 1893 a 1898, fue el capitán Louis Dreyfus, que había sido injustamente condenado por traición a la patria; quienes lo siguieron, calculados entre 18 y 20 hasta la clausura del penal, también fueron prisioneros políticos.

Los forzados eran concentrados para su deportación en la prisión de Saint Martín du Re, la lúgubre fortaleza en las proximidades de La Rochelle donde los mosqueteros de Luis XIII rechazaron al Duque de Buckingham; posteriormente eran embarcados en un buque prisión rumbo a América.

Los dos últimos buques prisión que cumplieron el servicio fueron el "La Loire", torpedeado por los alemanes en 1916, y el "La Martiniere", hasta 1937.

Estas naves poseían en sus bodegas varios calabozos con capacidad para 90 hombres cada uno, en condiciones de total hacinamiento.

Al llegar a Saint Laurent du Maroní, los forzados eran uniformados con trajes a rayas rojas y blancas y suecos de madera, pasaban unos meses encerrados en barracones y posteriormente eran enviados a trabajar a los campamentos de la selva.

La labor principal que efectuaban era la tala de árboles, aunque también construían caminos, desmontaban la selva y recogían pimienta silvestre. La pésima alimentación que recibían estaba en proporción con el trabajo realizado. La mala conducta les significaba el traslado a la terrible Barraca Roja de La Real. Fugarse exponía al evadido a los peligros de la selva, las ciénagas costeras y los tiburones cebados con carne humana (los cadáveres de los presos eran arrojados al mar con éste propósito); si lograban alcanzar la Guayana Holandesa y eran capturados, se los devolvía a prisión. Amén de todos estos peligros debían enfrentarse con bandas de cazadores de evadidos que cobraban recompensa por las capturas. Ser recapturado tras una evasión conducía al reo ante el Tribunal Marítime Special, donde era condenado a las horrorosas celdas de confinamiento solitario de la Saint Joseph, llamadas "la guillotina seca". Las condenas variaban de seis meses a cinco años de confinamiento, si fuera reincidente y tuviera mala conducta; el herir de gravedad o matar a un guardia se castigaba con la muerte. Pocos de los condenados a confinamiento solitario retornaban al continente; la mayoría, al término de su pena, eran confinados con los "incos" en La Real, donde la fuga resultaba prácticamente imposible.

Una idea aproximada de las condiciones de vida en la colonia la dan las estadísticas: de los 700 forzados que arribaban por año, 400 morían en los primeros 12 meses de su estadía. Hoy lo relatado forma parte de la leyenda negra del hombre; desde 1968 funciona el Centro Espacial de Kouru de la Agencia Espacial Europea, que da ocupación a 10.000 personas. Cayena fue adquiriendo un perfil moderno, y las explotaciones de maderas, piedras preciosas y pimienta han elevado notablemente las condiciones de vida. Las viejas instalaciones carcelarias son hoy museos y centros de atracción turística.

Bibliografía:

La guillotina seca-Rene Belbenoit - EdAlfa Argentina i 972

Plan de Evasión - Adolfo Bioy Casares - EMECE 1974

Papillon - Henil Chamere - EMECE I 970

 

  

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