Historia y Arqueología Marítima

HOME Apuntes para UNA HISTORIA DE LA INDUSTRIA NAVAL INDICE ART. REVISTA GUARDACOSTA

Fuente: Revista GUARDACOSTA- N°   Año 19    Autor:José Pugliese

Primeros barcos construidos en el país * El primer genovés llegado a nuestro suelo * Influencia del Gral. Belgrano en nuestra marina * Primeros astilleros boquenses * La Maestranza del Almte. Brown * Rivadavia y Sarmiento en nuestra navegación * Primer vapor de transporte en el país * Hilario Ascasubi y su amor al mar * Primer buque de bandera argentina que zarpó de nuestro puerto * Primer buque construido en Corrientes.

Aún no está definitoriamente aclarado el lugar exacto de la Primera Fundación de Buenos Aires, pero obran en nuestro poder datos de fuentes fidedignas que confirman, casi fehacientemente, que don Pedro de Mendoza levantó las primeras chozas de la fundación en los altos de las barrancas del actual Parque Lezama y que, al sur, a la vera del Riachuelo de los Navios, es decir, en la actual Boca del Riachuelo, se asentaron las huestes que lo acompañaban (soldadesca, mujeres, gente de maestranza, artesanos, etc.).

Primeros barcos construidos en el país

Que luego, allí mismo, en ese Riachuelo tan hermanado a los quehaceres boquenses, y que bien lo denominara Enrique Larreta, "padre mitológico de la ciudad", donde se construyeron y fueron botadas las dos primeras naves construidas en el país: "La Buena Ventura" y la "Buena Nueva" que fueron mandadas construir por Domingo de Irala, durante la primera fundación de Buenos Aires y tan seguros y confiados estaban de su sólida construcción, que una de esas naves fue despachada para Castilla. Con esta experiencia, la inquietud aventurera de los fundadores fue instada a descubrir nuevos horizontes, y se empezó a remontar el río Paraná y así llegaron hasta las actuales Santa Fe y Asunción. Este trajinar marinero por sendas fluviales desconocidas, provocaron más de un encontronazo con troncos semihundidos o toscas no visibles, con el consiguiente deterioro y rumbos en la estructura de las naves, motivando el empleo de los llamados "carpinteros de ribera", elementos valiosísimos en toda la gesta de las fundaciones y conquistas, siendo esta incipiente actividad la precursora de toda una industria naval, que con el correr del tiempo floreció en todo el curso de nuestro río.

El primer genovés que nos visita

A esos improvisados "carpinteros de ribera", confió León Pancaldo, primer genovés llegado a estas playas, el arreglo de su nave "La Pancalda" que había encallado en el Riachuelo y que traía a su bordo la primera importación de mercaderías para nuestro país. Sucedió este hecho en el año 1538. Pancaldo tenía permiso de la Casa de Contratación de Cádiz y debía (de acuerdo a las reales disposiciones) llevar su mercancía primero al Perú, para luego ser distribuidas en Buenos Aires. Se componía el cargamento de sedas, tejidos, ropas, paños, calzados, vinos, aceites, etc. Pancaldo había hecho un arreglo con el gobernador (en ese tiempo de Buenos Aires), capitán Ruiz Galán, para vender sus mercaderías a los pobladores y a crédito. .. Dos años después fallece León Pancaldo sin cobrar las deudas. . .

Influencia del Gral. Belgrano en nuestra marina

Corresponde, antes de entrar en materia, rendir homenaje al doctor Manuel Belgrano, el insigne creador de nuestra enseña patria, quien tuvo la palabra inicial y un neto sentido de lo que significa el mar para el progreso de los hombres. A él se debe la creación de la Primera Escuela de Náutica, y que fuera fundada cuando era Secretario del Consulado. El primer director de esa flamante Escuela, Don Pedro Cervino, al iniciar el primer curso, el 11 de noviembre de 1799, dijo en su discurso inaugural lo que significaría y de qué fibra debía ser el temple del marino egresado en esa escuela. Sus predicciones augúrales dieron la pauta de la grandeza y de la moral que debía poseer el marino argentino. Estas palabras premonitorias motivan para que España prohibiera el funcionamiento de la novel Academia de náutica, porque será, argüyeron: "un foco de subversión". Algunos de aquellos alumnos actuarían luego con verdadera valentía y denuedo en las guerras de la independencia y en la defensa de Buenos Aires cuando las invasiones inglesas.

Pero la noble idea del general Belgrano germinó potencialmente. La primera palabra estaba dicha y la misma se hizo raíz en el sentir del pueblo.

Primeros Astilleros boquenses

La Boca del Riachuelo escuchó, con más detenimiento que nadie, la voz del mar, porque fue en esa zona sureña, que en el año 1803 un digno vasco-francés, don Miguel Pons, trajo, aparte de su amor y fe a estas tierras, las virtudes de su profesión de herrero naval y se instaló en la Vuelta de Rocha, donde comenzó a desarrollar su labor, siete años antes de la Revolución de Mayo!

Aquel pequeño taller progresó a pasos agigantados y en franco tren de evolución se ubica en la "boca de la Boca", allí mismo donde el Riachuelo desemboca en el Río de la Plata y construye, posteriormente, los dos primeros barcos con casco de hierro —hazaña industrial para esa época— que fueron botados en la ribera sur del Riachuelo, tan lleno de sugerencias y nobles iniciativas boquenses.

Manuel Pons fue un avezado técnico naval, un gran constructor náutico que dirigió personalmente todas las tareas y estaba siempre alerta a las modernas innovaciones que se producían en la industria. Entre él y don Miguel Pons, especializado en calderería, dieron impulso a su astillero, que fue el más antiguo de la Boca.

En 1907 contaba con 150 operarios, entre caldereros, maestros de hacha, calafates y carpinteros de ribera. Fue precisamente en ese año que se construyeron las chatas "Mitre" y luego la "Fanny" y es en 1910 que sale de sus instalaciones la chata Cormorán .

Primer barco de bandera argentina que zarpa en el país

Acotemos mientras tanto, que de las riberas boquenses zarpa el primer barco de bandera argentina, precisamente llamado "La Rosa Argentina". Hilario Ascasubi y su amor al mar."La Rosa Argentina" zarpa de la Boca en el año 1819 y a su bordo viajará un joven de 12 años, Hilario Ascasubi, nuestro gran poeta gaucho, autor entre otros de su famoso "'Santos Vega". Ascasubi era un asiduo frecuentador del puerto boquenses que en el año 1857 estaba poblado de mástiles de los barcos a vela, cuya industrialización se desarrollaba, pujante, en ambas márgenes del río.

Ascasubi adoraba el mar, reiteramos, y no eran pocas las veces que de "motu propio" tomaba una lancha y se lanzaba a navegar por todo el curso del Riachuelo y también por el Río de la Plata, con desesperación de sus familiares, que muchas veces lo vinieron a sustraer de sus correrías náuticas. . .

Industriales navales de la primera hora

El industrial genovés Tomás Amigo tenía su astillero en la Vuelta de Rocha desde 1825. En 1850, bota los dos primeros buques a vela, de neta construcción local: "El Africano" y "El Pirata", que fueron luego gallardos representantes de nuestra industria y sus velámenes surcaron los ríos de la Plata, el Paraná arriba y fondearon en las agitadas costas del Brasil. Tomás Amigo se dio el placer, el 26 de setiembre de 1869 de botar un pequeño pailebot, que llamó "Juan Primero". Esta nave navegó durante años por todos los ríos del país. A comienzo del siglo, fue transformado en pontón. Cuando cumplió su ciclo, lo dejaron semihundido, como tantos otros, en el cementerio de barcos, en Avellaneda, al lado del puente Pueyrredón.

Los que llegaron a verlo, aseguran que su construcción era típicamente genovesa, de Varezze. Su casco grueso a proa y delgado a popa —ahora se le denominaría de líneas aerodinámicas— le permitía un desplazamiento más rápido en el agua.

La carencia de ferrocarriles y otros medios de transporte, monopolizaba esta industria que estaba en manos de avezados maestros en la tarea. Integraban el grupo de industriales pioneros de la construcción naval: 44 nativos de la ciudad de Varezze, son sus nombres: Tomas Amigo, José Craviotto, Ángel Baglietto, Ángel Amigo, Bartolomé Guastavino, Jerónimo Costa, José Ratto, Lorenzo Bal-dassano, José Amigo, Lorenzo Baglietto, Gabriel Baldassano, Lorenzo Oderigo, Jacinto Craviotto, Ángel Ghigliazza, Andrés Scala, Sanitago Savignone, Lorenzo Baglietto, Antonio Comogli, Carlos Ferro, Bartolomé Ghiagliazza, Luis Bozzo, Agustín Guastavino, Lorenzo Timón, Domingo Baldassano, José Accinelli, Nicolás Quartino, José Quartino, Francisco Costa, Santiago Tassaia, Sebastián Patrone, Sebastián Lavesin, Sebastián Limasin, Antonio Sachetti, Lorenzo Sachetti, Giglio Paroco, Juan Bachin, Miguel Bevilacqua, Miguel Nizardo, Esteban Molfino, Bernardo Fassio, José Rossi y Santiago Scala.

Treinta y uno eran naturales de Genova y sus riberas: Sebastián Cichero, José Badaracco, Esteban Badaracco, Miguel Moltero, Francisco Terrile, todos de la ciudad de Rocco; José y Domingo Parodi, Lorenzo Coda y Agustín Coda de la ciudad de Pra; Sebastián Fabiano y Pedro Oderigo, de la ciudad de Voltri; Bartolomé Solari y Juan Cassícia, de la ciudad de Genova; Carlos Sanguinetti, de la ciudad de Pegli; Nicolás Fava, de la ciudad de Savona; Santiago Magranegro, de San Remo; José Ciassone, de Arenzano; Manuel Gardella, de la ciudad de Sturla; Spiro y Mario Ungaro, de Palermo, Sicilia.

Fragata Hércules: carenado, acuarela de E, Bigger

Ocho eran naturales de España: Sebastián Verga, Miguel Pons, Agustín Pérez, Francisco López, Gabriel Dader, José Prat, José Ferreyra y José Castañera. Tres argentinos: Juan Villarino, Santiago Lambroschini y Manuel Benso. Un portugués: José Ferreyra.

De esa pléyade de hombres, enraizan las principales familias de la Boca, que ofrendaron ai país sus mejores afanes promoviendo la grandeza de sus instituciones y aportando iniciativas cordiales, que al calor de su apoyo sembraron en la Boca acciones sociales, culturales y artísticas, que enriquecieron el acervo espiritual del país.

La Maestranza del Almte. Brown

Recordemos, porque cabe, la brillante acción de la Maestranza, que el almirante don Guillermo Brown tenía instalada en la Vuelta de Rocha, en la que sus obreros, la mayoría genoveses, pertrecharon las naves que enfrentaron gloriosamente al Imperio del Brasil, en 1826, y que nos dieron libertad a uruguayos y argentinos. La Maestranza fue muy querida por el rubio almirante a la que siempre se allegaba a caballo, desde su casaquinta de la actual calle Martín García, para constatar la pericia artesanal de aquellos obreros genoveses que la integraban. Hoy, la Vuelta de Rocha, por ese motivo, Lugar Histórico, nos emociona, como a los viejos marinos, que en la Plazoleta "Vuelta de Rocha" (más conocida en el barrio por la 'Plaza de los Suspiros") evocan todo un pasado contemplando el monolito que la recuerda, mientras trasiegan recuerdos y evocan sus andanzas a bordo, por ríos y mares del mundo. Pero así como los boquenses pusieron el hombro, cuando causas guerreras lo requirieron, no se descuidó nunca el anhelo de propender al progreso del comercio y la industria naval aportando los medios que transportaran los frutos del país.

El emplazamiento de los Astilleros

Los astilleros de la Boca, estaban instalados en todo el tramo que va desde la Vuelta de Rocha, hasta la calle Daniel Cerri, desde el Riachuelo cambia de dirección en su curso. Entre la Vuelta de Rocha y la salida al Río de la Plata amarraban las embarcaciones de carga para cuya comodidad se instalaron las vías del ferrocarril, que pasaba por la curva que es actualmente la calle "Caminito". Esto sucedía en el año 1860.

Había en 1856 ochocientos barcos de cabotaje argentinos y en 1857 hubo un movimiento de 2144 buques entrados y 1887 salidos de bandera argentina.

Los astilleros de Marshall, en 1867, ya habían construido 7 barcos a vapor. Era tanto el incremento dado por los genoveses a la navegación en 1876, que dio motivos más que suficientes para que se iniciaran las obras del puerto de Buenos Aires y poder embarcar y descargar convenientemente los productos en los barcos, que ellos construían y hacían navegar.

El puerto de Buenos Aires fue un sueño de Rivadavia que recién se concretó 50 años después de que la proyectase en 1823. En el antiguo lugar donde se hallaban los astilleros, ahora desaparecidos para facilitar la construcción del muelle, la calle que pasaba por casi el centro de ellos, llamada hoy Coronel Salvadores, fue nominada en 1879, aún en vida el procer, con el nombre de Sarmiento.

Rivadavia y Sarmiento en la fiesta naviera

No podemos pasar por alto, en esta sucinta crónica relativa a las actividades náuticas, a los geniales estadistas que además de Belgrano tuvieron la clara visión de la importancia que tiene la navegación en el desenvolvimiento económico y social de una nación. Domingo F. Sarmiento comprendió en su tiempo la significación primordial que tienen las actividades en los mares, ríos y puertos, para el progreso de los pueblos. En sus escritos de los años 1842 al 49, así nos lo evidencia palmariamente y además informa en su libro: '"Campaña del Ejército Grande", de un vapor "Blanco"', el primero de transporte que surcara las aguas de nuestros ríos. En este mismo buque, a la caida de Rozas, llegaron a su bordo los desterrados argentinos, entre ellos Alsina y que al atracar en nuestro puerto lucía una ancha faja celeste pintada a todo lo largo de su eslora.

Bernardino Rivadavia, con su magnífica visión del porvenir, intuyó la evolución futura de la navegación en nuestros ríos y en su oportunidad profetizó: "Europa, continúa, nos pondrá el remo en las manos, nos remolcará ría arriba, hasta que hayamos adquirido el gusto de la navegación"'. Además comisionó al genovés Nicolás Descalzi para que indagara e investigara sobre la posible navegabilidad de los ríos, entre ellos el Bermejo, desde Bolivia hasta su desembocadura en el río Paraguay.

La navegación por los ríos interiores fue emprendida, como dejamos dicho, por Rivadavia en 1826, para ser anulada por Rosas en 1835. Fue Sarmiento, quien en 1869 la reanudara y volvió a decaer en 1943.

Astilleros y su funcionamiento

En el año 1880, funcionaban en la ribera: 17 astilleros que aumentan en 1888 a 26. trabajándose activamente en la reparación de buques argentinos y extranjeros, en la construcción de chatas, pontones, pailebots, etc.

Merecen aquellos pioneros extranjeros, sin duda. el agradecimiento cabal de todos, porque tuvieron fe en esta tierra que los cobijara amorosamente e iniciaron nuevas generaciones de argentinos. Algunos nombres de aquellos visionarios, son historia pura en la industria naval. Evoquemos a los Pons, primeros entre los primeros, a José Cruz Badaracco. instalados desde 1854 sobre P. de Mendoza, entre Daniel Cerri y Cdle. Carbonari, en la misma curva que forma el Riachuelo y que aún hoy se le conoce por la "Vuelta de Badaracco". En este astillero, cuando se inició la guerra contra el Paraguay, túvose necesidad de "tirar a tierra" al vapor "Pavón", cuyas dimensiones eran grandes y resultaba dificultosa esa tarea, por lo que dieran lugar a que se instalara el primer varadero que se conoció en nuestra ribera.

Mencionaremos también, porque es hacer justicia, los nombres patriarcales de don Buenaventura Arturo Lucich. que cuando se iniciaron los trabajos del gran puerto Madero, hoy orgulloso puerto de la Capital, Lucich íue contratado desde Cardiff, por la empresa constructora y colaboró valiosamente con los ingenieros a cuyo cargo estuvo la colosal obra. Finalizado su contrato, se afincó en el país e instala su astillero. Cuando se percata que rutinariamente a un barco de gran calado se le traía a tierra, se le tumbaba primero de babor para calafatearlo y luego se hacía lo mismo de estribor, Lucich rompió con esos sistemas caducos e implantó el primer dique de carena en la ribera y con él posibilitó la reparación de grandes barcos extranjeros que encontraron en nuestro país las más adelantadas normas para un eficiente trabajo.

Digamos de otros, como don Ángel Baglietto, Sebastián Cichero, el ingeniero Tomás Marjoribanks, Carlos Ferro, Juan Pedretti, Carlos Ghioldi y tantos otros, cuya enumeración total sería muy extensa pero justiciera, que forman la aureola de un pasado digno y grandioso, que permitió la solidificación de los cimientos de nuestra actual industria naval. Esos pioneros, con sus astilleros, dieron jerarquía a la zona ribereña y una personalidad irreversible, como barrio de vida propia.

Siguiendo con el curso de los pasados acontecimientos, mencionaremos los nombres de renombrados astilleros del pretérito: el de Badaracco, que luego pasó a ser de la empresa Mihanovich; "La Platense" y el "Explatense", el de Constantino Devoto, que estaba frente al de Califano, el de Gardella, hoy de Ryan, el de Revello, Penco, Wolden.. .

Todo un glosario de trabajos, de esperanzas, de luchas cruentas, pero realizadas con fe, con ahinco, con amor a los hombres y al suelo que les dio calor de hogar.

Ellos, verdaderos líderes de arraigadas convicciones de futuro, hicieron patria y además hicieron factibles las motivaciones de la Segunda Fundación de Buenos Aires, porque las directivas de Don Juan de Garay eran las de "buscar una puerta a la tierra" para proyectarse al mar, fuente imponderable de ingreso y egreso de toda cultura y civilización.

Un barco construido totalmente en Corrientes . . .

No puede quedar fuera de los primeros intentos de la industria naval en el país, el importante aporte llevado a cabo en la provincia de Corrientes por el marino francés Alfonso Girot, que con otros connacionales y británicos llegaron a nuestro país, para pedirle, al entonces gobernador de Buenos Aires, Juan M. de Rozas, desistiera de llevar adelante sus propósitos de hacer cumplir el decreto por el cual se obligaba solamente a los que no eran ingleses, cumplir con las milicias. Este intento, digno de comentarlo en extenso, que se llamó el bloqueo de Buenos Aires y que tenía su raíz en la circunstancia apuntada, una vez aclarados los hechos, hizo que muchos de los "bloqueadores" se afincaran en nuestro suelo. Girot fue uno de ellos y resolvió radicarse en la provincia de Corrientes. Allí instala un astillero, "uno de los más completos de América del Sur", al decir del periódico "El Uruguay", de fecha 15 de abril de 1855, y hay —continúa informando— "una máquina de vapor de bastante fuerza que impulsa a su vez a varias máquinas de serrar maderas, que la cortan a bastante velocidad". También comenta el aludido diario, la eficacia de los tornos para pulir y tornear metales, así como el aventador de un gran horno de fundición. . .

Girot resuelve construir un buque a vapor y no ceja en su empeño de dar cima a este anhelo. Pasan dos años, estamos en 1857, justo el 13 de setiembre, se bota en el "puerto" de Corrientes, al recién bautizado vapor de Girot, que se llama "General Urquiza". Este lanzamiento se realizó al caer la tarde de ese día. El buque botado medía 88 ''cuartas" de largo y 12 de manga. estaba forrado de cedro paraguayo. En cuanto a las máquinas, todas, pero todas las piezas, habían sido construidas en el astillero del inquieto francés Girot. Tenía, además, dos cámaras, una a popa y otra a proa y la fuerza de su motor era de 12 caballos que le permitiría desarrollar una velocidad de 12 millas por hora. Fue un barco armado en Corrientes, sin ninguna pieza o repuesto traido del extranjero. "La Opinión", periódico del 3 de mayo de 1857, dice en una entusiasta y justificada crónica : ". . . es el primero construido con material local en las Repúblicas del Sur".

Apadrinaron a ese buque el gobernador de Corrientes, Pujol y el general Justo J. Urquiza. Este último no pudo a último momento asistir a la ceremonia, pero supo del éxito del buque de Girot y lo vio atracar en el puerto de su provincia y batió palmas entusiastamente en su crucero inicial, tanto o más que nosotros que nos-sentimos felices al constatar el poder de voluntad de los hombres que no trepidan en cumplir sus anhelos, como todos aquellos que dieron forma a los caminos del mar y posibilitaron los medios que hicieran factibles su tránsito.

  

Este sitio es publicado por la Fundacion Histarmar - Argentina

Direccion de e-mail: info@histarmar.com.ar