Historia y Arqueología Marítima

HOME LA INUNDACIÓN DEL  '77 INDICE ART. REVISTA GUARDACOSTA

 

Fuente: Revista GUARDACOSTA- N°   Año 19    Autor:Ricardo E. Polo

El régimen de crecidas del Alto Paraná está definido por un breve período de aguas altas que comprende los meses de enero a abril y un período prolongado de bajante que abarca de mayo a diciembre \

El origen de las crecidas se verifica en la región de Guayrá, en Brasil, y como consecuencia de las precipitaciones pluviales en épocas que por razones naturales y periódicas, caracterizan a esa zona subtropical.

Este fenómeno natural, previsto por otra parte, no constituye sino una alternativa más de la lucha por la supervivencia del hombre. Sin embargo, en alguna oportunidad en que las previsiones no alcanzan frente a la fuerza de los elementos, éstos, desatados en su poder, enfrentan al hombre como si la Providencia lo expusiera a una demostración de su voluntad contra la adversidad.

Así ocurre cuando crece el Alto Paraná y el caudal avasallante de sus aguas comienza a inundar la cuenca hidrográfica que desemboca en el Río de la Plata. No vamos a señalar las razones o explicaciones de este fenómeno. Ni siquiera vamos a mencionar las posibilidades técnicas que podrían impedir que la crecida de las aguas en todo su trayecto desencadenen tragedias y estragos como lo hacen cada vez que se llega a la dolorosa puesta en marcha de los operativos «Inundación».

A bordo de embarcaciones apropiadas para el momento que se vivía, integrantes de nuestra Institución se adentran en sectores de difícil navegación, en procura e rescatar pobladores afectados por la inundación

d.

Contando con elementos versátiles, tal el caso del helicóptero, la Prefectura Naval Argentina desarrolla su actividad a lo largo de más de 12.500 km. de litoral marítimo y fluvial. En el caso de la puesta en marcha del Plan de Inundaciones, estas modernas naves aéreas prestan singulares servicios.

Sin embargo, vamos a mencionar la tarea ardua, paciente, patriótica también, que se lleva a cabo cuando se decide iniciar las tareas preventivas y operativas que tienen que realizarse para poner a salvo a los hombres y a sus pertenencias. Ya en diciembre de 1976 a lo largo de todo su curso el Paraná mostraba evidentes signos de crecer en forma anormal, razón por la cual la Prefectura Naval Argentina, a través de las Prefecturas de Zona del Alto Paraná, Paraná Superior y Paraguay y Bajo Paraná, siguió cuidadosamente los detalles de la crecida.

En todas sus dependencias subordinadas las Prefecturas de Zona mencionadas dispusieron patrullajes fluviales, ajusTando los detalles técnicos y operativos del «Plan de Inundaciones» en sus dos etapas «Alerta» y «Evacuación», para el caso de que fuera necesario ponerlo en vigencia. A mediados de enero ya se había hecho evidente que la inundación de muchas zonas de influencia de las aguas del Paraná habría de ser realmente seria, pues aquellas crecían paulatinamente. Sin embargo, los picos más altos registrados en esta particular crecida se dieron durante el mes de febrero, sin hallar desprevenidas a las poblaciones y teniendo, además, medios disponibles para las evacuaciones y salvamentos, dispuestos y organizados por la Prefectura Naval mancomunadamente con las Juntas de Defensa Civil y organismos estatales de cada jurisdicción.

Por ejemplo, al registrarse en el higrómetro de la ciudad de Corrientes los 6,53 metros comenzó el Plan de Inundación hasta el 28 de febrero, en que las aguas se estabilizaron. Durante ese período fueron evacuados pobladores en número de 140, atendidos en dependencias del Ministerio de Bienestar Social de Corrientes y en la Escuela Nacional N° 207. Las aguas del Paraná alcanzaron los 7,12 metros el 13 de febrero y desde allí en más comenzaron a descender paulatinamente. Los patrullajes por las zonas afectadas fueron constantes, registrándose casos de heridos a los que hubo que trasladar a centros asistenciales.

La acción de la Prefectura es siempre recordada par los pobladores ribereños. Tal es el caso de esta fotografía tomada el 25 de agosto de 1965 en Santo Tomé, oportunidad en que, como consecuencia de una inundación del río Uruguay, se debió acudir en ayuda de una familia brasileña en acto de confraternidad.

Este singular grabado muestra a personal de nuestra Institución durante esta inundación, socorriendo a pobladores de Barranqueras. Es interesante señalar el mimetismo del hombre cuando debe sobreponerse a los avatares de la naturaleza.

Pero la acción solidaria de los hombres de la Prefectura, ¿llega a sus conciudadanos sólo en horas de adversidad por causa de la naturaleza? . . . Esa pregunta tiene respuesta negativa, y a diario, testimonio manifestado en la ayuda a los pobladores de las islas entrerrianas.

En Posadas, donde las aguas del Paraná crecen vertiginosamente, la Prefectura debió evacuar de su jurisdicción islas y costas, a más de dos mil personas. Otros pobladores, que habitan en zonas invadidas por las aguas, debieron ser evacuados por las juntas de defensa civil y las municipalidades.

Hay que tener en cuenta que en Iguazú la altura del Paraná alcanzó los 28,20 metros, la segunda más alta en lo que va de este siglo. Señalemos, además, que en «Presidente Epitacio», Estado de San Pablo, Brasil, ocho poblaciones estaban aisladas como consecuencia del caudal del Río Iguazú.

«Presidente Epitacio» tiene una importancia fundamental, sirviendo de cuello de botella regulador de la gran cuenca amazónica, para luego volcar su caudal en la cuenca del Plata. Es menester recordar que en 1966, cuando^ en Puerto Iguazú la marca superaba los 30 metros y en Barranqueras se llegaba a 7,63 metros, en «Puerto Epitacio» se registraba una altura superior a los 8 metros, mientras que en esta oportunidad, 1977, las aguas treparon a los 9,47 metros, constituyéndose, como hemos dicho, en la segunda marca máxima en lo que va del siglo.

Sin embargo resultó difícil, durante esta emergencia, efectuar comparaciones por el propio régimen irregular del Paraná, el que en la mayoría de los casos depende de sus tributarios, de las grandes lluvias y obviamente en la actualidad, mirando hacia el sur, de las represas construidas en su curso superior. Sólo podemos decir, a fuer de información, que ya para el 8 de febrero de 1977 en la Amazonia, región brasileña de Alto Tocantis, las autoridades de Belén informaban que 15,000 personas habían quedado sin techo. En nuestro territorio la situación no fue tan grave, pero sí las precauciones fueron adoptadas con celeridad y eficacia. Sería oneroso enumerar todas y cada una de las acciones que en cada dependencia jurisdiccional de la Prefectura se llevaron a cabo durante esta emergencia. Sin embargo intentaremos, en alguna medida, reconstruir el panorama, destacando algunos hechos significativos.

PASO DE LA PATRIA

En esta población, donde tiene asiento la Subprefectura de Paso de la Patria, en Corrientes, el fenómeno hidrológico tuvo sus picos más altos entre el 19 y el 28 de febrero. Las tareas a las que se abocó la Unidad fueron las de comenzar por un censo de la población; determinar la cota de las calles costeras a fin de establecer las zonas críticas y llegar a construir la barrera de retención. Hubo que evacuar a pobladores y mediante la utilización de embarcaciones de cierto porte, fue necesario trasladar cerca de 500 cabezas de ganado que se hallaban en peligro en la Isla del Cerrito (Chaco).

Cabe señalar que dicha dependencia resultó afectada seriamente, pudiéndose advertir el fenómeno a través de las notas gráficas obtenidas.

RECONQUISTA

El 17 de febrero el Río Paraná había desbordado el muelle del puerto local. Existían ya alrededor de 250 personas evacuadas y alojadas en dependencias de la Administración General de Puertos y en viviendas de emergencia. Afortunadamente no hubo que lamentar víctimas. Sin embargo, un episodio significativo fue protagonizado por el Oficial Auxiliar Miguel Ángel Tedesco, quien junto con el Teniente Moriondo, Jefe del Centro del Grupo de Supervivencia de la base aérea y dos soldados, zarpó a bordo de la lancha Pira Avivé rumbo al paraje denominado El Cocal, en el que se hallaban numerosas personas dispuestas a ser evacuadas. Arribaron al lugar y los pobladores se negaron a ir a Reconquista, optando por trasladarse a un paraje denominado Las Garzas. Hasta allí, el problema solidario no tuvo alternativas de mayor interés. Pero fue al retornar cuando debieron enfrentarse a contingencias inesperadas. La enorme cantidad de camalotes y la agresiva corriente de las aguas pusieron en peligro la embarcación. Luego de casi quince horas de navegar, incluso porque se realizaba en pleno monte, debieron anclar en una laguna aledaña. Tardaron en regresar 23 horas. Veintitrés horas de tensión, pues fue extraordinaria la cantidad de reptiles e insectos que se encontraron en toda su ruta. Asimismo, debieron realizarse defensas en los puentes sobre el arroyo San Javier, camino al puerto de Reconquista y trabajos similares en el puente sobre el arroyo Saladillo Dulce en la ruta provincial 72 S, al Oeste de Colonia Teresa y en los ubicados sobre el arroyo Leyes.

No obstante, la altura máxima alcanzada por el Paraná en esta ciudad fue 6 metros, 89 centímetros menor que la registrada el 4 de marzo de 1966.

BERMEJO

En Puerto Bermejo se realizaron constantes patrullajes debiéndose socorrer a pobladores y evacuar al ganado en lugares en que las aguas avanzaron peligrosamente. Así fue posible determinar filtraciones en las defensas construidas y evitar robos en viviendas evacuadas, pues hubo denuncias alertando a las autoridades. El 22 de febrero comenzaron a descender las aguas, con el consiguiente alivio de la población local.

PILCOMAYO

También en Pilcomayo, a orillas del Río Paraguay, cuya crecida comenzó en los primeros días de enero, las autoridades de la Subprefectura local procedieron a la evacuación de 70 pobladores de las zonas bajas al alcanzar las aguas una altura de 5,07 mts.; los damnificados fueron alojados en la Escuela de Frontera N9 11.. Por medio de las embarcaciones patrulleras de esa Subprefectura, en coordinación con las autoridades municipales y sanitarias, fueron distribuidos medicamentos y alimentos. Asimismo transportaron médicos del Hospital Rural de Clorinda, quienes vacunaron y examinaron a los pobladores y en especial a las criaturas, impartiendo instrucciones y consejos sanitarios.

Como siempre ocurre durante estos acontecimientos, la anécdota se convierte en realidad y ésta en lección. Si bien las plantaciones ubicadas en lugares vulnerados por las aguas fueron totalmente dañadas, no se observó clima de desazón alguno entre los lugareños. Este fue el concepto que ellos enunciaron: «Es algo a lo que están propensos nuestros hogares y cultivos cuando se desatan fenómenos de esta naturaleza. Ahora hay que empezar de nuevo... y manos a la obra».

En ei puert de barranqueras fue posible advertir el febril movimiento necesario para trasladar a pobladores y sus pertenencias a lugares aptos para aguardar el cese del avance de las aguas. Nuestros hombres no escatimaron esfuerzos, junto a las autoridades de Defensa Civil, para dar solución a afligentes problemas ciudadanos.

BARRANQUERAS

Tal vez los habitantes de las grandes ciudades desconocen las formas de vida de quienes habitan remotos puntos de nuestra geografía litoraleña. Las islas entrerrianas anidan en su seno a muchos pobladores a quienes las instituciones provinciales, de bien público y la Prefectura ayudan cotidianamente y, aún más, cuando la naturaleza propia de sus contornos los ponen en dificultades.

El avance de las aguas provocó dos víctimas. El hecho ocurrió en Colonia Tacuarí del Palmar a siete kilómetros al sudoeste del balneario El Paranacito. Dos hermanos, Bartolomé y Catalino Sosa, de 26 y 20 años de edad, respectivamente, iban a caballo como es habitual en ellos, en busca de hacienda que se hallaba en peligro en Loma Pora.

Pese a su experiencia, la violencia del agua hizo que cayeran de sus cabalgaduras siendo arrastrados río abajo. El Oficial Principal Carlos Rodolfo Gatti, al mando de una lancha de la Prefectura, comenzó la búsqueda de los restos, pero luego de varias horas de navegación debió desistir ante la enorme cantidad de camalotes que obstruían el paso en la entrada del riacho Arazá.

Fue por esa razón que se debió apelar a un helicóptero de la Dirección de Defensa Civil, a bordo del cual, su piloto, el Oficial Principal Gatti y un baqueano, comenzaron la búsqueda. Patrullada una extensa zona y luego de variadas alternativas fueron hallados los cadáveres, siendo la operación de rescate sumamente difícil. Para lograr el propósito fue necesario aterrizar en una zona alta, cerca de unos ranchos. Desde allí, con ayuda de algunos pobladores, en botes hasta el lugar en el que se hallaban los cuerpos. Posteriormente, ubicados en bolsas de plástico, ambos hermanos fueron trasladados hasta el aeropuerto de Resistencia, y entregados a sus atribuladas esposas. Este caso, que sin constituir de por sí un acontecimiento, fue uno de los muchos que se suceden en épocas difíciles, concitó la solidaria colaboración de numerosas personas que prestaron su apoyo humilde y generoso procurando brindar apoyo moral y material a la multi-facética tarea de los hombres de Prefectura.

FORMOSA

Ante la crecida del Río Paraguay, que alcanzó su mayor altitud el 10 de febrero con una marca de 6.09 mts., debieron ser evacuadas 274 personas, las que fueron alojadas en galpones y vagones del ferrocarril. El área de Salud Pública y Asistencia Social de esta Provincia, realizó una tarea encomiable en procura de conservar el estado sanitario de quienes debieron alejarse de sus hogares.

La tarea desarrollada por la Unidad de Prefectura consistió en constantes patrullajes fluviales y terrestres no sólo para el auxilio de pobladores sino para prevenir y reprimir el pillaje en los sectores evacuados.

El grabado es elocuente de por sí. Aun cuando no haya puntos de referencia substanciales, bajo las aguas se encuentra la totalidad del muelle de la Sub-prefectura de Paso de la Patria.

Precisamente, en el aspecto de la seguridad la Prefectura de Formosa contribuyó con su apoyo a visitadores sociales y personal de Migraciones que realizaron censos en villas de emergencia inundables, ante un Plan del gobierno de la provincia para su erradicación. También se estableció un estrecho vínculo con las autoridades de la Dirección de Defensa Civil y de la Municipalidad, suministrándoles información hidrográfica de las zonas del Alto Paraná y Alto Paraguay, Paraná medio y Bajo Paraná. Mencionemos también que del dispensario médico de Banco Marina fue necesario evacuar medicamentos y trasladar latas de leche en polvo hasta la isla 25 de Mayo mediante el uso de embarcaciones de la Prefectura.

CORRIENTES Y SANTA FE

Si como referencia de este avatar de la naturaleza leemos los periódicos locales, podremos tener una noción de la magnitud de la creciente a través de la palabra escrita: «Angustiosos momentos pasan cerca de cinco mil personas —cifra oficialmente suministrada por la Prefectura Naval Argentina— que en realidad son muchos más —en su mayoría niños— si se tiene en cuenta que gran cantidad de pobladores isleños y ribereños fueron auxiliados por juntas de defensa civil o abandonaron sus habituales lugares de residencia por sus propios medios. Los pronósticos consignan que dentro de siete días la onda de crecida llegará a Corrientes ...» (EL LITORAL, 18-2-77.)

Si seguimos atentamente la crónica nos informamos que «Un nuevo aumento del nivel del río y la caída de intensas precipitaciones contribuyeron a agravar la situación en la ciudad de Santa Fe y sus alrededores donde el avance de las aguas desborda como consecuencia de la creciente del Paraná y sus principales afluentes han creado una difícil situación en varios sectores...Entretanto, así como lo menciona EL LITORAL, en Corrientes se aguardaba para esa fecha un aumento inusitado del caudal hídrico.

Simultáneamente el panorama general no dejaba de ser alarmante. Al norte de la provincia de Santa Fe seguían anegadas miles de hectáreas de campo y continuaba la amenaza a numerosos centros poblados a los que el mal tiempo contribuía a elevar las dificultades que sufrían sus habitantes soportando los efectos de la inundación desde hacía un mes.Para el 18 de febrero ya se habían evacuado más de 840 familias en ese sector.

Retornando a Corrientes, las dificultades se hacían cada vez mayores ya que a la creciente del Río Paraná se sumaba un fuerte temporal que azotaba las regiones ribereñas del norte que llegó a registrar la caída de 77 milímetros de agua.

Ya desde el 19 de febrero la Prefectura de Zona del Paraná Superior y Paraguay adoptó todas las medidas a su alcance para paliar la situación. Al marcar ese día el hidrómetro local 6.53 mts. ya se habían dispuesto intensos patrullajes por las zonas más afectadas por el fenómeno. En establecimientos escolares eran asistidos los pobladores evacuados, quienes se hallaban a cargo del Ministerio de Bienestar Social de la Provincia. Sería reiterativo enumerar las comisiones del servicio que el personal de la Prefectura debió realizar en procura de aliviar la situación de los pobladores ribereños afectados.

Durante casi un mes, en febrero, el personal todo debió extremar sus horarios y demostrar cotidianamente su preparación física y moral en el cumplimiento de la función. Todo el despliegue operativo propio de estas situaciones, como el ingenio necesario para solucionar las eventuales contingencias, no hizo más que demostrar la capacidad profesional de nuestros hombres, incluso más allá de la función específica, reconocido esto no solamente por los pobladores sino por las autoridades.

Sin embargo, pese a las más pesimistas previsiones el 28 de febrero, cuando las aguas habían alcanzado en la ciudad de Corrientes una altura que apenas sobrepasó los 7.12 mts. las aguas comenzaron su lenta declinación, mientras la onda seguía su inexorable avance destructor como queriendo integrarse con soberbia al abrazo gigante del Río de la Plata.

LAS AGUAS BAJAN TURBIAS .. .

Retomando un poco el hilo de nuestro relato, retornemos a Santa Fe donde las intensas precipitaciones provocaban el anegamiento de numerosas viviendas, sobre todo en el área de Barranquita Oeste cuyos pobladores debieron ser auxiliados por bomberos. La situación se agravó por la circunstancia de que las bocas de desagote de ese sector se hallaban virtualmente cegadas por las fuertes crecidas del Río Salado.

Aun cuando esta inundación, la que dará en llamarse la del 77, ha ha sido de gran significación, este grabado muestra los estragos causados en agosto de 1965 por las aguas del río Uruguay en el Destacamento Vanguardia y dependencias de la Sub-prefectura de Santo Tomé, prácticamente cubiertas hasta su techo

Por otra parte, la Prefectura de Zona del Alto Uruguay y la del Bajo Uruguay también desplegaban operativos de prevención en algunos casos mientras en otros procedía a auxiliar a pobladores, puesto que el Río Uruguay que se hallaba en estado de creciente a partir de Monte Caseros hasta su desembocadura y comenzaba a causar problemas. Así fue como se aplicó el plan de evacuaciones en Concordia, primera ciudad mesopotámica de este curso de agua en la que debió aplicarse la medida desde el comienzo de la emergencia.

Sin embargo en esta oportunidad el Río Uruguay no constituyó por su crecida gran problema como en otras ocasiones. El fenómeno fue rápido y de escaso peligro, no obstante lo cual, las autoridades de la Prefectura adoptaron todas las medidas tendientes a evitar males mayores. La situación general era, a esta altura, postrimerías de febrero, de bajante en el Río Paraguay desde Puerto Pilcomayo hasta Formosa inclusive y en cambio crecía desde ese lugar hasta su desembocadura en el Paraná.

Pero, lentamente, la onda se diluía, con su carga de troncos, sedimentos, camalotes en busca del Río de la Plata. Las aguas llegaron, entonces, hasta Buenos Aires.

Trajeron su insólita carga de camalotes que cubrieron varios kilómetros en los canales de acceso, que concitaron la curiosidad de un vasto número de ciudadanos que vieron cubierta su cuota de asombro cotidiana a través de los medios de difusión. A bordo de esas embarcaciones que la naturaleza provee y origina en nuestro litoral, también hicieron su turístico viaje muchas especies animales. Víboras, arañas y hasta algún jabalí con ambiciones pueblerinas.

Y aunque no hayan concitado mucho más que curiosidad, tal vez lograron despertar en la mente de algunos compatriotas radicados en las grandes ciudades, protegidos por la seguridad del progreso tecnológico y los medios adecuados, la conciencia de que muchos de sus hermanos radicados en otras geografías, en otros contornos productivos, en otras comarcas de particular encanto y colorido, padecían la alternativa de una lucha desigual entre sus posibilidades de supervivencia y el factor amenazante y devastador de la naturaleza desencadenada en una inundación de vastas proporciones.

Aspecto en que se encontraba la Subprefectura de Paso de la Patria durante la inundación.

Esa conciencia, probablemente, les haya hecho conocer alternativas singulares y que no por repetidas menos peligrosas. Porque aunque este salpicado informe sobre una inundación que tal vez se conozca como «la del 77» y que se va a diluir como ocurre con todas las informaciones que nos llegan en este vertiginoso siglo, no constituya un meduloso y minucioso estudio burocrático, al menos intenta señalar que a través de un curso extenso, uno de los más extensos del mundo, de un río, el Paraná, en el que desembocan las aguas del Pilcomayo y el Paraguay y que todos ellos junto al Uruguay forman la cuenca del Plata, existe una abigarrada población litoraleña a la que acompañan los hombres de la Prefectura Naval Argentina.

Y amalgamados en esa estrecha relación del hombre-naturaleza, del hombre-ambiente, los representantes de la Autoridad Naval no sólo ejercen las funciones específicas relacionadas con la seguridad de la navegación o los trámites administrativos que involucran a la legislación que los abarca, sino que también, en una simbiosis maravillosa saben despojarse de la reglamentación y vestirse el traje de la solidaridad, con la seguridad y ceguera del que lo da todo sin pedir nada.

Y en la absoluta conciencia de que no sólo es un hecho cierto, sino también una costumbre cotidiana.

  

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