Historia y Arqueología Marítima

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EXPEDICION KOTA MAMA II

INDICE ART. REVISTA GUARDACOSTA

Fuente: Revista GUARDACOSTA- N°   Año 19    Autor:Oficial Ppal. Fabio Javier Stricci

En sucesivas expediciones sobre la cuenca del río Nilo, en Egipto, el coronel John Blashford Snell descubrió, en catacumbas egipcias, la existencia de productos precolombinos originarios de América del Sur, como parte de los objetos que acompañaban a los muertos en su pasaje hacia el más allá.

La similitud de estos objetos con los de la tribu aimará (etnia indígena que habita en las proximidades del lago Titicaca, en Bolivia), hizo que planteara la posibilidad de que los indios aimarás, en embarcaciones construidas por ellos hayan podido navegar, a través de los ríos de la Cuenca del Plata y, posteriormente, cruzar el océano Atlántico.

Con esa finalidad se concibió el Proyecto Kota Mama, que, a posteriori, se convirtió en expedición.

Este proyecto, que desde sus inicios contó con el amplio apoyo de la comunidad científica internacional a través del Scientific Exploration Society y del Explorers Club, fue declarado de interés nacional en Bolivia y Paraguay, contando dentro de su comisión como Vicepresidentes Honorarios a distinguidas figuras de la esfera política internacional de los países intervinientes, entre ellos, los embajadores de Argentina, Bolivia y Paraguay ante el Reino Unido, sus pares británicos ante los mencionados países, y en el orden local, fueron distinguidos con dichas vicepresidencias el prefecto mayor Luis Osear Zunino, jefe del Departamento Deporte Náutico de la Prefectura Naval Argentina y el licenciado Adrián Giménez Hutton, presidente del Capítulo Argentino del Explorer's Club.

Un paso importante fue la conformación del cuerpo expedicionario, el que más allá de sus fines específicos tenía previsto realizar tareas humanitarias en las proximidades de "El Pantanal" boliviano-brasilero y en las zonas .carenciadas del río Paraguay, por lo que se convocó a arqueólogos, espeleólogos y antropólogos, en la faz expedicionaria, y a médicos, odontólogos y biólogos en la faz asistencial.

La expedición propiamente dicha se dividió en tres fases, de las que ya se cumplieron dos. La primera consistió en la construcción de balsas similares a las que se utilizaban para navegar el lago Titicaca, para continuar desde allí hasta el lago Poopó, próximo "El Pantanal".

A partir de ahí se inició la fase dos, en la que se construyeron dos balsas de totora con la finalidad de navegar desde Puerto Guijarrot (Bolivia) hasta el Río de la Plata, etapa ésta de la que formé parte a partir del puerto de Corrientes, en que embarqué el 21 de septiembre pasado.

Difícil es expresar con palabras lo que sentí al observar por primera vez las embarcaciones "Kota Mama'", que en lengua aimará significa Madre del Lago y a su lado a la "Viracocha", Dios de Dioses, en la misma lengua.

La primera, una embarcación de junco, de trece metros de eslora y trece toneladas de peso, con un mascarón de proa que semejaba la cabeza de un jaguar y la segunda, similar a la primera, pero de seis metros de eslora y algo más de una tonelada de peso, ambas amarradas al buque boliviano "Puerto Guijarro", una chata motorizada de la empresa Cinco Bacia S.A., arrendada por la Armada Boliviana como buque de apoyo a la expedición.

La tripulación de las balsas se encontraba conformada casi en su totalidad por miembros del Reino Unido, excepto Erik Catari (el constructor de balsas) y los bahameños Pedro Cartwright y Geoff Tomlinson, ambos estudiantes de biología.

Por otro lado, el "Puerto Guijarro" al mando del teniente de fragata de la Armada Boliviana Fernando Vaca Vaca, transportaba como pasajeros al resto de la expedición que alternó como tripulantes tanto en la "Kota Mama" como en la "Viracocha".

El miércoles 22 de septiembre a las 7, largamos amarras del puerto de Corrientes, aguas abajo con destino a Buenos Aires, con una brisa constante del norte, por lo que de inmediato se izaron las velas de ambas embarcaciones.

Éstas, íntegramente construidas en totora, se encontraban arboladas con velas cuadradas, pudiendo la Viracocha izar una vela del tipo latina, con lo que mejoraba sus prestaciones para navegar vientos del través.

A partir de allí comenzó, según los propios expedicionarios, una nueva aventura, porque navegaron dentro de un sistema que alberga un tráfico comercial muy importante.

El equipamiento básico de la Kota Mama consistía en una ecosonda, un GPS portátil, y un equipo de VHF.

En el orden de maniobra y gobierno, por construcción, la embarcación lleva dos timones a popa y dado la dificultad que presenta la vela cuadra para navegar, se contaba con un motor fuera de borda de 15 HP, hecho firme en un falso espejo sobre la banda de estribor y con una embarcación inflable equipada con otro motor fuera de borda de 25 HP, que eventualmente oficiaba de empujador.

Los días de navegación se fueron sucediendo sin mayores inconvenientes, tocado los puertos de Goya, Hernandarias, Paraná, Diamante, Rosario, San Nicolás, Zarate y Campana, donde fuimos visitados por numerosas personas, hasta arribara Tigre el 8 de octubre a las 16.

La embarcaciones demostraron ser de construcción segura y soportaron sin inconvenientes fuertes tormentas en aguas del Paraná, a punto tal que continuaron navegando, incluso cuando las embarcaciones de porte no lo podían hacer; todo esto gracias a la enorme flotabilidad de la totora y su sistema de construcción carente de longitudinales rígidos, que las hace flexibles y permeables al dibujo de la onda del río.

La experiencia ganada a lo largo de la navegación en la "Kota Mama" debe separarse en dos partes. Por un lado la profesional, por el hecho de haber navegado como se hizo en el principio de los tiempos, el de haber trabajado en interrelación con uniformados del Reino Unido, con lo que esto representa para nuestro país, luego de tantos hechos históricos que nos enfrentaron, y de observarlos trabajar y comparar que nosotros, en la Prefectura Naval Argentina, hablamos el mismo idioma en la faz logística y operativa, salvando las distancias de tareas específicas distintas.

La faz personal por otra parte, se vio enriquecida con un grupo que desde un primer momento me hizo sentir parte de ellos, dándome la responsabilidad de llevar esa primitiva embarcación hasta Tigre.

Sería ingrato no agradecer a las distintas Dependencias operativas en las que amarramos, y a todas y cada una de las Estaciones Costeras que exhibieron el profesionalismo de esperar ante una expedición que, todos los días, vía Internet, publicaba sus logros en el Daily Telegraph de Londres y la National Geographic. Igualmente, es de destacar la colaboración del licenciado Adrián Giménez Hutton, quien me transmitió su experiencia anterior de haber formado parte de las actividades que la expedición realizó en las cuevas próximas a Villami (Paraguay).

Sólo queda esperar que en el año 2000, la Expedición Kota Mama III zarpe desde Buenos Aires con destino a Sudáfrica, para dar por comprobada o no la teoría de que los indios aimarás pudieron haber comerciado con el África.

  

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