Historia y Arqueología Marítima

HOME MISTERIO EN EL ATLÁNTICO SUD INDICE ART. REVISTA GUARDACOSTA

Fuente: Revista GUARDACOSTA- N°08   Año 1966    Autor: por Jorge M.  Montañez Santiago

Quien observe una carta marina del Atlántico Sud, verá una extensa zona, comprendida entre los paralelos 42°S y 48° S y los meridianos 30° y 50° W, que carece de sondaje. Verá también que las profundidades próximas, son del orden de las 2.500 a 3.000 brazas (4.500 a 5.400 metros).

En el sector occidental de esta región oceánica, más cercana a nuestras costas que a las de cualquier otra nación, han ocurrido a lo largo de los tres últimos siglos, ciertos acontecimientos que en conjunto, determinan el tema de este artículo. Tan sugestiva como el enigma en sí, resultaría la relación que el misterio parece haber tenido en nuestro pasado. La observación de la carta señala que la región de referencia es muy profunda; sin embargo hay en ella unos extraños bajofondos, insólitos en ese fondo marino. Fuera de las rutas actuales, esas aguas permanecen sin tránsito marítimo, que fue desviado por la apertura del Canal de Panamá en 1914.

El tiempo ha vuelto a tender un manto de soledad, el misterio continuará como tal hasta que se produzca un nuevo acto, tal vez final. Sigamos ahora, por orden de ocurrencia, los actos y actores que participan en la lenta trama que tiene por escenario una región oceánica de 5.000 metros de profundidad. La acción comienza hace tres siglos cuando, en 1675, el navegante francés La Roche denunció haber descubierto una extensa isla en el Atlántico Sud, describiéndola como "una isla grande y agradable, poseyendo un buen puerto en las proximidades de su parte Este".

Después de la denuncia de La Roche, se desarrolla el segundo acto durante siglo y medio de búsqueda de la famosa Isla Grande. Afanosamente compite Francia y Gran Bretaña, lanzadas ambas en procura de posesiones coloniales y estratégicas. Numerosos navegantes de una y otra nación, entre ellos Halley, La Perouse, Colnett y Vancouver, recorrieron la región en que La Roche había señalado la existencia de la isla: 459 de latitud Sud y una longitud incierta entre los 37° y los 50° W.

Fracaso tras fracaso, la fama y leyenda de la isla se trasformaron en mal recuerdo hacia el presunto descubridor. En el mejor de los casos, los más benévolos opinaron que La Roche había confundido como isla a algún promontorio avanzado de la costa de la América del Sud, posiblemente nuestro cabo Dos Bahías, cuya latitud es de 45° S.

No obstante, las naciones marítimas continuaron señalando en sus cartas a esta famosa Isla Grande. El tercer acto se manifiesta con la tenaz búsqueda realizada por el Capitán británico Dott, en los años 1824 y 1825, con resultado negativo. Entonces sí, se dio definitivamente por no existente y la Isla Grande desaparece de la cartografía náutica mundial. Aparentemente aquí ha terminado todo.

De lo actuado pueden deducirse tres alternativas:

1—  La Roche mintió.

2 — La Roche fue confundido.

3 — La Roche no mintió.

La primera premisa, aun cuando es posible considerarla un "bluff" estratégico, no la tendremos en cuenta sino como última instancia. La segunda es poco probable. Una lejana observación del occidente, podría tal vez explicarla; pero esta posibilidad debe descartarse ante la descripción de La Roche... "poseyendo un buen puerto en las proximidades de su parte Este" Razonable cabe admitir que tal descripción solo es lógica en un marino si el puerto ha sido experimentado o reconocido de cerca.

Resulta más agradable considerar la tercera alternativa, a pesar de ser desconcertante. Si La Roche vio una isla que no fue reavistada jamás, cabe suponer que la misma se hundió en el lecho del océano. Si el cataclismo ocurrió y la masa insular no ha dejado vestigios, no habría reivindicación para el infortunado descubridor.

Pero, si algún resto de la isla, o del volcán o volcanes desencadenantes, yacen a poca profundidad, ellos serían testimonio de la convulsión tan inoportuna para La Roche. La consideración expuesta es posible. Si algún día fueran localizados, la más antigua y agobiada sombra de este drama, descansaría en paz. Pero el telón no ha caído definitivamente. La acción se reinicia un siglo después.

Durante la búsqueda del Capitán Dott, se había producido un hecho que en esa época no tuvo mayor trascendencia. Es recién en nuestros días cuando €se acontecimiento adquiere significación por concordancia con otros aconteceres, producidos a principios de este siglo. En el Hydrographic Department del Almirantazgo Británico, se conserva una antigua carta en la que están trazadas las derrotas seguidas por el Capitán Dott, tras la isla perdida. En esa carta hay marcado un punto que corresponde a Lat. 44° 00' S. Long. 47° 34' W, en el que el Capitán Dott anotó "APARICIÓN DE UN MANCHÓN DE ALGAS".

Con el antecedente referido, comienza el cuarto acto en el que entra en escena un importante personaje. Es este el Capitán Davidsen, que lo hace involuntariamente. Entró y se retiró de la escena, posiblemente sin enterarse siquiera, de la importancia del papel desempeñado. Porque a su buque, el vapor "Subra", le tocaría hallar casualmente lo que tal vez sea clave del misterio.

Transcribimos una anotación del Capitán Davidsen, en el Libro de Navegación del Vapor "Subra", matrícula del puerto de Leith:

Partí de Buenos Aires el 17 de enero de 1920 con destino a las Georgias del Sur.

El martes 21 de enero de 1920, con viento WNW, brisa fresca y atmósfera clara, rumbo al SE medio S, velocidad 9 nudos. A las 10 horas de la mañana vi algas recto a proa. Ordené caer a babor de manera de evitar que la corredera fuera enganchada por las algas.

Dejé las algas por estribor a una distancia de alrededor de 50 brazas (90 metros). Pude ver que las algas estaban fijas al fondo, en forma circular, se veía el fondo en el interior del círculo, que he estimado de un diámetro próximo a las 100 brazas (180 metros).

Como en esos momentos el mar estaba calmo, no había rompientes. He supuesto que debía haber una pequeña profundidad, porque se veía nítidamente el fondo, profundidad de alrededor de 8 a 10 brazas (15 a 18 metros). Tomé la latitud y la longitud: 43°57'S -47°28'W.

C. M. Davidsen Capitán del vapor Subra

Esta novedad fue incorporada a las cartas del Almirantazgo Británico por el Notice to Mariners N9 1605/ 1920. Desde entonces figura un sondaje de 8 brazas rodeado de algas y leyenda: ("Subra" denunciado 1920) (P D). El quinto acto ocurre a fines del mismo año. En noviembre de 1920 el Sr. L. C. A. Allaice, Master del buque francés "Plitvice" denunció dos bajofondos Lat. 44°00'S. Long. 50°54'W: 49 brazas (88 metros).  Lat. 44°12'S. Long. 49° 45'W: 30 brazas (54 metros).

Cuatro años después, en 1924, el Sr. Conor O'Brien informó que había pasado con su yate "Saoirse" por un punto estimado en Lat. 43°21'S. Long. 46°12'W, donde existía una decoloración del agua presentando el aspecto de algas submarinas. El no había pasado sobre la posición misma a causa del fuerte mar imperante, pero estimó que la profundidad sobre las algas podría ser de alrededor de 5 brazas (9 metros). La longitud dada sólo era aproximada. El Sr. O'Brien desempeña, también involuntariamente, el sexto episodio.

En 1926 el buque Hidrográfico RRS "Discovery" obtuvo un sondaje de 2.986 brazas (5.461 metros) en Lat. 43°20'S y Long. 46°01'W, concretando el séptimo y último acto conocido hasta ahora.

Lentamente ha caído el telón, dejando la escena en las condiciones que se han graneado en la carta agregada. En la misma puede apreciarse que el área de distribución de las diferentes denuncias concurren hacia un foco que se aproxima al área presumible de situación de la Isla Grande de La Roche. No cabe dudar "a priori", de la veracidad de cada una de las denuncias, sino considerarlas con los márgenes de error de procedimiento, instrumental y circunstanciales.

Resumiendo

La anotación del Capitán Dott evidencia que buscando la isla, navegó las aguas donde vio un manchón de algas, al que no prestó mayor atención, posiblemente porque su objetivo era una gran isla y no bajofondos.

El Capitán Davidsen, a cuatro días de abandonar Buenos Aires con rumbo a Georgias del Sud, halla a su proa un manchón de algas que sitúa, en inmejorables condiciones de mar y tiempo, en una situación astronómica que solo difiere de la señalada por el Capitán Dott en cuatro millas de longitud. La descripción que efectúa es muy parecida a la que correspondería a un cráter sumergido a poca profundidad y cubierto de algas.

El Master Allaice denuncia dos bajofondos que resultan prácticamente en la misma latitud de las denuncias anteriores.

El Sr. Conor O'Brien denuncia un manchón de algas en una posición que estima dista 36 millas en latitud y 76 millas en longitud de la del Capitán Davidsen.

El Discovery halla un sondaje de 5.461 metros a 11 millas de la posición dada por el Sr. O'Brien. Pero, independientemente de otras consideraciones, debe recordarse que esa posición era sólo estimada. Su importancia radica en ser una tercera observación de manchón de algas.

En todo caso, se trate de un solo manchón, o existan más de uno en la región, lo único que puede afirmarse sin duda alguna es que, si hay algas fijas, ellas están sobre bajo-fondos. ¿Son ellas los testigos de La Roche?

El último acto se cumplió hace cuarenta años. No sabemos si los vestigios atisbados han permanecido inmutables o se han hundido definitivamente. Como no sabemos si algún día volverá a emerger la Isla Grande. El enigma de la Isla Grande subsiste pendiente de solución geográfica e histórica.

Más acá del interés geofísico y de la verdad histórica, esa misteriosa isla, o su leyenda, estuvo relacionada con un hecho que nos toca de cerca y es candente a nuestro orgullo. Recordemos que el último intento de Gran Bretaña en búsqueda de la Isla Grande, lo realizó el Capitán Dott en los años de 1824 y 1825. Es precisamente en esos años de 1824 y 1825, cuando el Almirantazgo Británico planeó y preparó la famosa expedición hidrográfica a la América del Sud, cumplida en 1826 a 1836 con las goletas "Adventure" y "Beagle" en dos etapas que fueron mandadas por los Capitanes Parker King y Fitz Roy, respectivamente.

La intensa búsqueda del Capitán Dott y la expedición Hidrográfica, demuestran el interés estratégico del Almirantazgo Británico en el Atlántico Sud. Es evidente que ese interés estratégico no se limita al buen conocimiento hidrográfico, sino que debía extenderse a la posesión, de bases. Si la legendaria Isla Grande hubiera existido sobre las aguas ¿habría satisfecho las necesidades estratégicas de Gran Bretaña? En tal caso ¿habría ocupado las Malvinas?

Los interrogantes son lógicos, las respuestas se diluyen en el pasado. Pero hay una notable relación entre la Isla Grande y las Malvinas, establecida por actos de la Gran Bretaña. A un siglo del presunto hallazgo de La Roche, después de infructuosas búsquedas, Gran Bretaña ocupó a las Malvinas que debió reintegrar a España en 1774. Luego de la exhaustiva búsqueda del Capitán Dott, ocupó a la Isla Soledad, a expensas nuestras. Puede establecerse como hipótesis, que la no existencia de la Isla Grande significó la pérdida de las Malvinas. He aquí la sugestiva relación que ese extraño lugar oceánico, ha tenido con hecho tan importante para los argentinos.

Hemos asistido a una visión del pasado, reuniendo acontecimientos ocurridos a través de tres siglos, a lo que hemos ligado como antecedentes y consecuentes. Al generoso lector, que nos acompañó hasta ese imaginario teatro, lo retenemos un momento más, antes de despedirnos. Necesito confiarle, nada más que como ocurrencia, que nuevamente sombras furtivas parecen rondar en el Atlántico Sud. Desatada la imaginación, atribuyendo a la técnica actual se atreve a imaginar que a 4 dias de navegación, 1 hora de jet y pocos minutos de cohete, es posible que. ..

Sería una triste paradoja que, así como en el pasado, la no existencia de la Isla Grande significó la pérdida de las Malvinas, hoy o mañana, los restos tan bien escondidos y tan estratégicamente situados de la fabulosa isla, sirvan de bases de control del Atlántico Sud y amenaza a nuestro territorio.

¿Fantasía? Hasta pronto, amigo.

Bibliografía

Carta británica 2202 B. Fichas Históricas de la Oficina Hidrográfica Internacional. Recopilación del Servicio de Hidrografía Naval.

 

  

Este sitio es publicado por la Fundacion Histarmar - Argentina

Direccion de e-mail: info@histarmar.com.ar