Historia y Arqueologia Marítima

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ORlGENES DEL CANAL SAN FERNANDO

Planta del canal y pueblo de San Fernando de Buena Vista, antes partido de Las Conchas, según "el plano catastral y parcelario de las suertes de tierra y pertenencias de propietarios situados sobre el Río de la Plata".

El original es un dibujo anónimo a pluma y acuarela policroma, conservado en el Archivo de la Dirección de Geodesia, Catastro y Mapa de la Provincia de Buenos Aires. Dada su técnica se lo puede suponer obra de don José María Manso, autor de otros planos de los años 1810 a 1817. Obsérvese la boca del canal obturada con una barra por embaucamiento natural.

Copia del contrato de 1878 entre los Sres, Hyde, Barber y Wells para la explotacion del Dique de San Fernando (PDF 2 MB)

 

Fuente: A bordo del «Cerrazón» por Alfredo L. Taullará- Publicado en la revista Neptunia, 1944

Es sumamente halagüeño el importante incremento que ha tomado de un tiempo a esta parte el yachting en San Fernando. Allí tienen asiento numerosos e importantes clubs náuticos escalonados a orillas del Río Lujan.

Su desarrollo es incesante y progresivo, año tras año aumenta la importancia de sus edificios sociales y crece el número de embarcaciones inscriptas haciéndose necesario formar nuevas dársenas y canales artificiales para dar cabida y fondeadero a los muchos yachts recientemente botados. Creo interesante relatar cual fué el primer canal de San Fernando «dragado a brazo y pala» hace muchos años en la época del virreinato, cuando aun nadie soñaba con el futuro destino de esta zona ribereña.

La costa estaba desguarnecida, no había refugios naturales para la flota de cabotaje y la marejada del sudeste llegaba más adentro gue hoy día, debido a la menor cantidad de islas; el Delta se esfumaba a la altura del Abra Vieja en una sucesión de bancos y juncales gue con el tiempo habían de progresar en su lenta pero constante formación, dando origen a las islas que actualmente bordean las márgenes de los arroyos Pajarito, Dentudo, etc. Fué a raíz de una terrible creciente (tan destructora como la que sufrimos a principios de este año) cuando en Junio de 1805 desapareció arrasado por el ímpetu de las aguas el pueblito y puerto de las Conchas, situado hasta ese momento sobre el río del mismo nombre.

Las humildes casitas, el rancherío circundante, la capilla; todo desapareció bajo las aguas y cuando la onda se retiró a su cauce normal, dejó un triste saldo de ruinas y gente ahogada. Deseando evitar una repetición de los nefastos sucesos, el virrey Sobremonte dispuso la prohibición de reedificar el pueblo destruido en lugar tan anegadizo, inutilizar ese puerto y crear otro más próximo a Buenos Aires, sobre terreno más alto, en la loma de «Punta Gorda» (hoy San Fernando), a indicación de los técnicos consultados, presididos por el ingeniero don Eustaquio Gianini, a la sazón capitán de navio de la Real Armada.

Don Eustaquio estableció la demarcación de la nueva villa y proyectó la construcción de un canal para ser usado como puerto, debido a la ausencia de accidentes geográficos naturales (ensenada, bahía o riacho) apropiados a tal destino en el paraje elegido. Allí tendrían puerto seguro las embarcaciones gue llegaban del Paraguay y lograrían desembarcar casi al pie de la barranca, evitando los inconvenientes gue en el destruido puerto de Las Conchas causaron las inundaciones.

El 1.° de Febrero de 1806, se trasladó el virrey Sobremonte al futuro emplazamiento de la nueva villa, con una pomposa comitiva, como gustaba hacer para mayor brillo de sus actos oficiales. La distancia tan corta hoy, parecía enorme en esa época; los caminos, transitables únicamente durante el buen tiempo, se recorrían con lentos carruajes y carretones o a caballo. Se alojó, haciendo posta, en la chacra de los Martínez en la «Punta Chica» y al día siguiente, hechas las ceremonías de estilo, fué colocada la piedra fundamental para el nuevo templo. Por la tarde recorrió el virrey y su séquito todas las barrancas y terrenos bajos y la línea trazada para construir el canal y la zanja de desagüe que lo continuaba, aprobando los planos diseñados por el Ing. Giannini y dando el mismo Sobremonte comienzo a los trabajos, sacando la primer palada de tierra del Canal San Fernando, así llamado en recuerdo y homenaje a! príncipe español.

Murallón de ladrillo sobre la ribera Este del canal de San Fernando, construido en substitución de la anterior tablestacado de madera, para prevenir el desmoronamiento de la orilla y facilitar el movimiento portuario de las goletas y balandros de cabotaje interior, que hacían el tráfico por los ríos Paraná, Uruguay y Rio de la Plata.

El ayudante mayor Carlos Belgrano, fué nombrado Comandante Militar de la nueva Villa de San Fernando de Buena Vista y director de las obras de su Canal, repartiéndose como merced o en venta, solares y terrenos para huertas, chacras o quintas a los nuevos pobladores, que en un principio sumaron un total de trescientas cuatro personas.

Apenas iniciadas las obras y esbozada su traza, debieron  suspenderse a raíz de las invasiones inglesas de Junio de 1806, pero exitosamente rechazado el enemigo invasor, purgaron su fracasada tentativa trabajando como prisioneros de guerra en la excavación del canal. Alcanzaron a remover 387 varas de largo por 2 de ancho y 1/3 de profundidad y cuando los británicos soldados de la casaca roja se repatriaron, correspondió a los indios la prosecución de las tareas de ahondarlo y abrir su boca, con lo que quedó en la mayor parte de la entrada con 24 varas de ancho y 1 de hondo. La primer embarcación que penetró en el flamante Canal de San Fernando, fué el bote de Marcos Sampayo, quien desembarcó allí su carga de postes de ñandubay.

Así las cosas, llegó el año 1820 y con él, un bravo temporal en el mes de Agosto que forzó el paso de las aguas por el Río Tigre y cegó el antiguo cauce del río Las Conchas, anulándolo definitivamente como puerto de cabotaje.

También los vecinos de San Fernando soportaron las consecuencias de la inundación que se llevó el puente construido sobre la zanja de desagüe que prolongaba la línea recta del canal y por donde pasaba el tráfico del único camino que lo unía con las poblaciones del norte. Volvió a cegarse la entrada o boca del canal y como se trabajaba en la remoción de la arena que cerraba su barra, las embarcaciones de cabotaje prefirieron guarecerse de las sudestadas y hacer sus operaciones de carga y descarga en el vecino arroyo Gaetán.

Paseos y calles arboladas bordeaban el canal de San Fernando, iniciada su excavación en las postrimerías del virreynato por el Marqué de Sobremonte y continuada por los soldados prisioneros de las invasiones inglesas. En 1880 el número de corralones, almacenes navales y otros negocios era ya apreciable en cantidad e importancia. Varias carretas tiradas por yuntas de bueyes llevaban y traían la carga de los veleros.

En 1827 reciben las paralizadas operaciones un nuevo impulso del presidente Ber-nardino Rivadavia quien nombró administrador de las obras del canal a don Mariano Díaz, con el modesto sueldo de $ 50.— mensuales y con el encargo de que los gastos de la obra se cubran de la marca común de hacienda y de los derechos del Canal y de corrales de San Fernando.

Con tan menguados recursos la vida del canal languidecía; en 1830 se formó una comisión de vecinos para inyectarle nueva vida y continuar los trabajos pero a los siete años, cesa por falta de recursos. En 1848 el Juez de Paz Sr. Reyes supo arbitrar los medios de obtener los escurridizos recursos pecuniarios en cantidad suficiente para proseguir la canalización y construyó un paseo público en la ribera derecha, plantó árboles, colocó bancos, faroles, alambrado y hasta dispuso que los días festivos tocase allí una banda de música. Se estaba en plena época rosista. La dictadura adornaba todas sus obras de color rojo: bancos, faroles, músicos.

Pero con la caída de Rosas las cosas no mejoraron mucho, que digamos, para nuestro canal. Creada la Municipalidad local en 1854 siguió en el mismo estado en que se hallaba antes, hasta que poco después los vecinos, principalmente interesados en la vida que daba a sus negocios el comercio a través de este puerto fluvial, formaron una comisión que dispuso el revestimiento de una buena parte del canal con grandes vigas y tablones y tablestacado destinada a evitar el desmoronamiento de las orillas.

Recién en 1876, el ingeniero Sr. Huergo, director entonces de las obras de este canal, dirije la construcción del dique de San Fernando, donde se carenaban los fondos de los primitivos barcos a rueda, según puede verse en una de las fotos adjuntas, cedidas por el Sr. Ángel Lires Giraldes, experto piloto del «Retintín C. S. F.».

Operación de instalar una chimenea en un barco a ruedas, en gradas, en el primitivo dique de carena construido en la extremidad Sud del canal San Fernando, bajo la dirección del ingeniero Sr. Huergo, director de las obras del canal en 1876.

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