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Historia del Tigre y Rio Las Conchas

Plano del Puerto y Pueblo de Las Conchas, trabajo probablemente realizado por don José María Manso entre los años 1806-1808 o 1817.

Forma parte de un gran "Plano Catastral y parcelario de las Suertes de Tierra y pertenencias de Propietarios situadas en el Río de la Plata".

Por ALFREDO L. TAULLARD - Publicado en la revista Neptunia de 1944

Una incursion en FFCC hacia el Norte hasta Tigre en 1869.  Historia Neptunia 1944 Fotos A.G.N.
Puerto de Frutos Muelle Internacional Estacion Fluvial
Historia(Pag.webTigre)  Datos principales Tigre Antiguo
Dr. ALFREDO LUIS TAULLARD. Médico legista, políglota, historiador, cartógrafo y veterano yachtman que colabora en NEPTUNIA desde hace diez años. Sus artículos escritos ''a bordo del Cerrazón" versan especialmente sobre temas de historia y trabajos de cartografía. Ha publicado numerosos cuarterones de ríos y arroyos y reseñas históricas de puertos de yachting. En la GUIA NÁUTICA publicó sus dibujos de luces de posición y navegación y un planisferio celeste. El año pasado fué Vice-comodoro del Club Universitario de Buenos Aires. - N. de la D.

COMO colaboración a este número de "NEPTUNIA" creí oportuno historiar sucintamente el pasado del Tigre y río Las Conchas, enfocándolo del punto de vista que puede interesar al turista y al deportista que ejercita la navegación de placer, y considerando este lugar como uno de los más conspicuos en la práctica del deporte náutico por haberse iniciado allí el yachting argentino conservando siempre gran importancia como centro de remo.

Las fotografías publicadas son una atención del yachtman señor Ángel Lires Guiraldes.

Al costado del muelle de la estación Tigre atracaban en 1880 numerosas embarcaciones de cabotaje fluvial y también barcos de ultramar tal como el majestuoso bergantín amarrado al fondo. Vaporcitos y botes a remo hacían el servicio de transporte local.

Hace cuatro siglos, antes de la época de la conquista, este hermoso paraje del Delta estaba habitado por indígenas de la raza guaraní, que vagaban libremente, casi dispersos, en pequeña cantidad y agrupados en tribus poco numerosas. Las tierras eran muy feraces y hallaban sustento sin gran pena ni esfuerzo, evitando el contacto con los querandíes, raza vecina, guerrera y pendenciera. Cuando los conquistadores españoles se extendieron por estas tierras no les opusieron real resistencia y así pudieron ser fácilmente reducidos debido a su carácter manso y sin mayor dificultad fueron asimilados por los europeos, perdjendo al poco tiempo sus hábitos naturales y adquiriendo en cambio las costumbres de la civilización invasora. El último cacique que tuvo en este sitio sus tolderías se llamó Carupá, cuyo nombre se perpetuó en un paso del río Las Conchas, ubicado cerca del establecimiento que perteneció otrora al señor Pacheco.

En 1584 don Juan de Garay, segundo fundador de Buenos Aires, se había reservado aquí en ocasión del repartimiento de tierras entre los primeros pobladores una "suerte de estancia" o "chácara e tierras en el río Las Conchas, la cual contiene una casa tapiada para cubrirse y una yunta de bueyes y una carreta vieja, la cual dicha chácara tiene al presente sembrada para coger esta cosecha siete fanegas de trigo y tres almudez de maíz, una silla de caballo, etc.. . ." En la época de Garay el valor de la tierra fué aquí ínfimo, una legua de este partido valía de 40 a 70 pesos plata o se cambiaba por un caballo, por una prenda de vestir, de donde aquello de "tanta tierra por tan poca plata".

Atraídos por estos primitivos establecimientos, los querandíes empezaron a darles guerra, considerándolos sus enemigos, usurpadores de su suelo y fué necesario establecer una guardia permanente en Las Conchas a modo de destacamento militar para contener en especial a la tribu de indios guacumbies (denominación que significa "oreja de ciervo" y nombre del jefe de la tribu). Esta guardia podría tal vez considerarse como la primera población local.

Alrededor de este primitivo destacamento militar se fueron agrupando familias que crearon poco a poco e insensiblemente el núcleo originario de la población.

En 1600 se establecieron sobre la corriente del río Las Conchas las primeras tahonas para moler trigo. El capitán Tristán de Tejeda construyó el primer molino en Las Conchas pero después de cierto tiempo lo dejó abandonado yéndose a Córdoba. El 1° de Junio de 1609 se le notificó por orden del Cabildo que si dentro de 12 meses no habilita el molino para trabajar quedaba anulada la concesión y sería anulada por la comuna. Finalmente quedó a favor de ésta, pues no había otro sitio aparente para construir molinos. Al año siguiente Hernandarias hizo concesión de la estancia a la Compañía de Jesús y queda así explicada la razón del nombre que conservó la tierra sobre el río Las Conchas o sea estancia "El Molino" de los Jesuítas.

En 1614 se reforzó la primera guardia militar para contener las incursiones no ya de los querandies sino de las tropas portuguesas de la Colonia del Sacramento que llegaban de la Banda Oriental. La guardia era entonces un piquete de caballería que vigilaba la costa y mantenía el orden público. Los portugueses, dueños del Brasil y gran parte del actual Uruguay, salían de la Colonia con contrabando para las Conchas y costas inmediatas a la ciudad de Buenos Aires. La Colonia constituía un permanente paso de contrabando fomentado por las severas imposiciones de aislamiento que ordenaba la madre patria prohibiendo con draconianas medidas el comercio, la entrada y salida de mercaderías y de hombres con el pretexto de que estas colonias eran "país sano y abundante y que sus pobladores podían pasarse sin vender sus frutos".

En 1630 se instalaron en Las Conchas 60 vecinos vascos y andaluces para comerciar cueros, sebo y productos del Paraguay y de la Colonia y con esta misma fecha se erigió la primera capilla bajo la adoración de San Martín Obispo, pues las primeras misas hubo de oficiarlas un vasco religioso de la orden de San Francisco llamado Fray Francisco Goytía bajo la vela de un barco de los que fondeaban en el río de Las Conchas, después se dispuso de una capilla construida en adobe, ubicada en las inmediaciones de la antigua casa de Sagastume.

En 1635 se constituía este paraje en "pago" o "partido" que tomó su nombre del río las Conchas, a su vez así denominado por la abundancia de "conchillas" que contenía su lecho.

Aun persistían las depredaciones de los salvajes, que no habían sido subyugados e invadían en temibles malones las nuevas poblaciones. En 1738 el feroz cacique Congapol sublevó a los indios guacumbíes y pampas quiénes reunidos en lejanas tierras asaltaron y arrasaron, saqueando a numerosas poblaciones, incluso a las Conchas de donde se llevaron como botín muchas familias cautivas y el ganado hasta entonces criado a costa de sacrificios. A pesar de lo cual volvió a poblarse con gente más prevenida y mejor pertrechada de armas y pólvora; así es como corriendo el año 1744 había aquí 740 habitantes cuya principal ocupación era la labranza de huertas donde cultivaban sandías, melones y zapallos. También se ocupaban de cortar leña y cultivar algunos frutales tales como durazno, naranja y limones, todo lo cual era vendido en los mercados de Buenos Aires, excepcionalmente se enviaba pescado, pero no siempre, debido a las dificultades y lentitud en las comunicaciones. Como puerto importaba carnes saladas, cuerambres y maderas del Paraguay, Misiones, Corrientes y Santa Fe.

Cuenta Concolorcovo en su libro titulado "Lazarillo de los Viejos Caminantes - 1733" refiriéndose a los montes de duraznos de Las Conchas y a la abundancia de leñas en rajas que de allí se acarreaba hasta Buenos Aires, que la madera de durazno y de tala servía para leña "de que carecía en extremo la ciudad, sirviéndose por lo común de cardos del que abunda en la campaña con notable fastidio de los cocineros, que toleraban su humo".

En 1760 los frailes franciscanos edificaron la primer capilla y 14 años más tarde se la substituyó por una iglesia erigida en la margen del río Las Conchas bajo la adoración de la Inmaculada Concepción del Puerto de "Santa María de Las Conchas". El templo tenía un aspecto muy similar al que hoy día existe en el Tigre.

Sus muros eran de adobe y el techo de dos aguas con tejas a la española, ostentaba en su frente sobre el molinete una cruz y a un costado un pequeño campanario sostenido por gruesas vigas del Paraguay; se conservó hasta 1820 en que se desplomó con el terrible temporal de aquel año.

Al finalizar el siglo xvni el pueblo de Las Conchas se encontraba en pleno apogeo comercial y el tráfico marítimo era importante en relación a la época. En 1790 el Virrey Arredondo ordenaba al comandante de Las Conchas, capitán de milicias don Pedro Villarino, que los barcos que habitualmente fondeaban en este puerto trajesen piedras de las canteras de la isla Martín García para empedrar con ella las calles de la ciudad de Buenos Aires, prosiguiendo así la obra del Virrey Vértiz que la había iniciado diez años antes. Por convenio entre los lancheros de este puerto todo buque de cierto tonelaje debía hacer por lo menos un viaje anual a la Isla Martín García trayendo piedra granítica de sus canteras. En el puerto de Las Conchas surgían las embarcaciones reales, faluchos para vigilancia de contrabandistas y algunos ventrudos bergantines de la marina española en estado de reparación o simple recorrida.

Los barcos que hacían el viaje al Paraguay eran embarcaciones de diseño eminentemente fluvial y por consiguiente poco aptas para navegar en las aguas abiertas del Río de la Plata, casi un verdadero mar por su extensión ; así es como para evitar los riesgos de un pampero o una sudestada los marinos del Paraguay, Corrientes y Misiones desembarcaban en este puerto seguro y también el más próximo a la ciudad. Eran tan numerosos los buques, balsas y jangadas, que ya entonces funcionaban aquí nueve aserraderos que proveían de tirantes y tablones a un aserradero lgcal y a la ciudad de Buenos Aires.

El día 2 de junio de 1805 sopló un persiste viento N.W. que ocasionó una acentuada bajante en esta parte del río y los días 5 y 6 viró al S.E. en forma tan intensa que originó una colosal creciente, inundando todo el Delta del Paraná y la ribera de Buenos Aires, derribó aquí muchas casas y casi todos los ranchos, arrojó sobre la costa a más de 30 embarcaciones de todo porte, algunas embicaron a 1.500 varas de la costa, los perjuicios en Las Conchas ascendieron a 8.000 pesos (de los de esa época) ; lo más recio del temporal duró cinco horas consecutivas del día 6 con viento huracanado.

"No había hombre por anciano que sea — decía una crónica de la época— que se acuerde de una creciente semejante a ésta en que ha subido el agua cinco pies y ocho pulgadas más que la mayor señalada; y como a ésta se agregó el recio viento del S.E. se siguieron incalculables daños quedando todo en horroroso y lastimoso aspecto".

Por el contrario el 17 de septiembre de 1810 hubo una enorme bajante. El río frente a Buenos Aires se retiró dos leguas dejando extensos bancos en seco.

A raíz de esta inundación, el virrey Sobremonte encargó a los capitanes don Eustaquio Gianini y Santiago de Liniers la traza de un nuevo puerto en lugar con tierras altas para que las poblaciones no corriere los riesgos de la creciente y se eligió La Punta (actualmente San Fernando) para excavar allí un canal. Presentaron estos señores su proyecto en el "Plano que comprende el río de Las Conchas, él puerto de este nombre, los terrenos adyacentes hasta el alto de La Punta, como igualmente el proyecto del nuevo canal, mudando la madre del río, según se demuestra". Inmediatamente se procedió al traslado de las familias de Las Conchas a la Punta Gorda (como también se le llamaba) permutándoseles las tierras bajas por estas más altas, fundándose el nuevo pueblo de San Fernando de la Buena Vista. En el número 233 de Neptunia (diciembre de 1940) nos hemos ya ocupado de este episodio en un artículo titulado, "Orígenes del canal San Fernando".

Con la emigración de la población hacia el nuevo pueblo de San Fernando, la importancia de Las Conchas, fué decayendo acentuadamente y los pocos edificios que resistieron a los estragos de la corriente tomaron un lamentable aspecto ruinoso. Las casas de material eran muy escasas, entre otras se destacaba la de Carbajal (luego de Jorge) donde según fué dicho y repetido, se detuvo algunas horas Liniers en 1806 por lo cual se le dio su nombre a la calle donde estaba ubicada.

En la actual calle Liniers aun quedan escasos vestigios de la edificación colonial donde habitaban las familias de los oficiales de la Comandancia de Marina.

Por allí se levantaba la primitiva capilla que sirvió de cementerio del lugar y donde fueron sepultados algunos oficiales de la armada heridos en las invasiones inglesas. Entre ellos el heroico teniente Cándido de Lasala. La hermosa casa propiedad de las señoritas de Irigoyen, construida en 1782 con riendas de muro a muro en habitaciones y corredores y donde la señora del Capitán de Navio Juan Gutiérrez de la Concha refugió su atribulada viudez a la curiosidad bonaerense. La no menos típica casa de enfrente calle de por medio con guardapolvo de medio punto y puerta de entrada a 90° y el rancho con techo de tejas que una tradición del lugar llama de Liniers. Sobre la calle Liniers subsiste todavía la vieja quinta "El palacio de la vidriera", apodo con que se distinguía esta casa por ser la única que se permitía ostentar el lujo de una ventana de vidrio (hoy pertenece a la sucesión de doña D. Sánchez de Jorge). Fué en esta quinta donde Liniers, como ya dijimos, permaneció aproximadamente un día y medio estudiando el plan de reconquista de Buenos Aires y reorganizando su ejército y donde según sus manifestaciones quedó el mejor recuerdo de su vida. Acaso ese gran secreto del cual hablara Liniers se ha de encontrar todavía entre las viejas paredes de "El palacio de la vidriera".

Era la época de las invasiones inglesas: en el puerto de Las Conchas desembarcaba el ejército reconquistador de Buenos Aires, llegado a bordo de una flotilla que venía desde la Colonia al mando de Don Juan Gutiérrez de la Concha y compuesta de seis zumacas y goletas, seis cañoneras del Rey, tres lanchas particulares y diez transportes, tripulados por 800 marinos y 100 soldados de la compañía y otros más hasta completar 1710 plazas con los milicianos.

La travesía desde la Colonia a esta costa se efectuó sin inconveniente grave, aunque con bastante labor por la sudestada y los chubascos. Parte de la flotilla extravió el rumbo en la oscuridad, teniendo que fondear sin saberlo a inmediación de una fragata enemiga. Al salir la luna zarparon las naves y rectificaron su rumbo, amaneciendo a la vista de Buenos Aires y de la escuadra inglesa. Arreciando la sudestada, Linieres resolvió desembarcar en Las Conchas y no ya en Olivos como se había determinado. Allí fondeó el 14 de agosto de 1806 a las 9 horas, realizándose inmediatamente el desembarco de tropas y artillerías e incorporándose los marineros disponibles de la flotilla entre los que se contaban unos 73 del corsario francés Mordeille y unos 300 españoles de los buques, los vecinos cedieron caballos y una hora más tarde emprendían la marcha hacia Buenos Aires. Al llegar a Retiro, Liniers en persona para probar un cañón recién montado apuntó sucesivamente a una lancha cañonera y a una fragata enemiga, con tan raro acierto que, después de dar en el casco de la primera, cortó con el segundo tiro el peñol de su mesana donde tremolaba la bandera enemiga que cayó al agua.

Llegamos a la época independiente, en 1810, siendo comandante de Las Conchas el Teniente Coronel Carlos Belgrano, cuando se prohibe el tráfico de pequeños barcos en el puerto de Las Vacas (hoy Carmelo) por oposición a las autoridades españolas de Montevideo.

Los marinos españoles dominaban aún en el Río de la Plata y desembarcaban frecuentemente en Las Conchas y otros pueblos ribereños del Paraná saqueándolos, atacaban el puerto, apresaban las embarcaciones allí surtos y muy a menudo las quemaban. Para anular estos males el General San Martín partió con dos escuadrones de Granaderos y les dio alcance en San Lorenzo venciéndolos (3-II-1813).

Tan frecuentes ataques redujo el número de pobladores de Las Conchas a sólo 70 familias entre pescadores, labradores y fruteros. Tambien se organizó la defensa con el famoso regimiento de Colorados de Las Conchas cuyo nombre proviene de que vestían uniforme azul y como distintivo el peto de la C&S3.CR color "colorado". Adquirieron renombre en las luchas de la Independencia, luego contra el Imperio del Brasil, pero sobre todo se distinguieron con su jefe el teniente José María Vilela en la batalla de Ituzaingó. De este regimiento de Las Conchas se decía que "cada vecino era un soldado y cada soldado era un héroe". Hace tres años (3 de octubre de 1941) se recordó el centenario del fallecimiento del coronel José M. Vilela ante el monumento que perpetúa la memoria del procer en el Tigre, calle Lavalle y avenida España.

En septiembre de 1812 se iniciaron los trabajos cartográficos de estos parajes, levantándose el plano topográfico del Coronel de Ingenieros Pedro Andrés García que lleva fecha 30 enero 1813 aun cuando es probable que el plano publicado en este número de Neptunia sea anterior a este en uno o dos años.

Según puede observarse en el plano de Gianini de 1805 y en el atribuido a Manso de 1811 (aprox.) el río Tigre no pasaba de ser un pequeño arroyito o cañadón. El río Las Conchas era entonces un puerto del tráfico fluvial al Paraguay, que circulaba por el canal de la Espera (más caudaloso que hoy día). "Hay recuerdos de viejos cronistas de las antiguas carabelas navegando en el arroyo de este nombre (Carabelas) y en el canal del Capitán, el arroyo Toledo y la isla Valencia".

Los españoles durante la lucha contra los ingleses y para cerrarles el paso cegaron el Espera con un buque que echaron a pique obstruyendo el antiguo canal de comercio con el Paraguay. Rivadavia proyectó en 1822 dragar el río Carapachay para facilitar el acceso de buques del Paraguay que por el Paraná de Las Palmas debían alcanzar al puerto de Las Conchas, pero faltaron capitales para financiarlo, (así como también fracasó el proyecto del canal de circunvalación de la ciudad de Buenos Aires canalizando y vinculando el Riachuelo con el río Las Conchas).

El nombre del río Espera se originó de que allí "esperaban" las embarcaciones viento propicio o que al contrario amainase. Este constituía así punto de estadía presentando el delicioso espectáculo de tres canales llenos de buques que iban y venían, no siendo raro encontrar 30 a la vista con sus velas desplegadas entre los árboles. Otro lugar de reunión era la desembocadura del Rama Negra en el Abra Nueva; el primero servía para la navegación aguas arriba y por el otro venían de ordinario los buques de bajada. El puerto sobre el río Las Conchas tenía suficiente agua para admitir durante las crecidas del Plata también a las embarcaciones del tráfico costero, que con los temporales del S.E. abandonaban la rada de Buenos Aires para buscar en él un refugio. Se requería, sin embargo, suma práctica para llegar a su boca, porque era preciso pasar por los canalizos sin balizar que surcaban el gran banco de la Playa Honda, cuyo braceaje era muy irregular cerca de la costa de San Isidro donde había una gran poza de 18 pies de agua, para llegar a la cual se requería igualmente práctica.

En agosto de 1820 sobrevino un espantoso ciclón con una gran creciente que destruyó el pueblo casi totalmente, pereciendo ahogadas 90 personas. Un barco se hundió atravesado en el río Las Conchas y el agua con las avenidas de las bajantes se abrió paso en esta fecha por el arroyito Tigre aumentando su profundidad y anchura que hasta entonces no tenía más de 600 metros de largo. Con esto el pueblo de Las Conchas quedó rodeado como una isla. Con el cataclismo se destruyó el puerto de Las Conchas y comenzó a cegarse su cauce para embarcaciones de cierto calado. La correntada fué atroz arrasando con casi todas las construcciones, incluso la iglesia construida a fines del siglo XVII. Considerando lo expuesto que era este paraje a semejantes riesgos se prohibió poblar el lugar o habitar en él, sin embargo, más pudo el afecto al terruño y poco a poco volvieron los vecinos sobrevivientes a reparar sus casas y levantar un nuevo templo que duró hasta 1880. Era una construcción con techo a dos aguas, con tejas a la española, paredes de barro y dos aleros laterales que formaban sendos corredores a ambos costados.

La capilla de Las Conchas que duró 60 años hasta 1880, era una construcción con techo a dos aguas, con tejas a la española, paredes de barro y dos aleros laterales que formaban sendos corredores a ambos costados.

Al año siguiente de la mentada inundación se decretó puerto del partido al río Tigre en fecha 16 de noviembre, mudando allí su fondeadero los barcos que antes lo hacían en el río Las Conchas. En esa época ya funcionaba el puerto en el Canal San Fernando y se iniciaron los litigios por cuestiones de límites entre ambos partidos en cuya ocasión fué nombrado el alcalde de primer voto Don Mariano Alurralde, entre otros, como comisionado para demarcar las jurisdicciones territoriales entre los vecinos de San Fernando y Las Conchas ya que ambos pretendían la exclusiva explotación del canal. Este atraía numerosas embarcaciones y su activo comercio favorecía a la comuna en muchas formas. Finalmente se hizo una partición salomónica para contentar a las dos partes litigantes.

Buque de ruedas en seco en el dique de carena instalado en la cabecera sud del canal San Fernando. Año 1876. Este canal fué motivo de un largo litigio jurisdiccional entre los partidos de San Fernando y Las Conchas. La excavación del canal se inició durante el virreynato del marqués de Sobremonte.

Así llegamos a la época de Rozas, durante la cual funcionó aquí ocasionalmente un apostadero naval: el hecho más original fué la llegada del primer barco a rueda perteneciente a nuestra marina de guerra en el año 1850, llamado "La Merced" (ex Carlota, de anterior matrícula brasileña), había sido transformado de mercante a buque de guerra.

Años antes, ya en 1825 había llegado al Río de la Plata el primer buque a vapor que se llamaba "Druid", era un mercante que hizo el tráfico durante corto lapso entre Buenos Aires y Montevideo.

Cuando fué necesario carenar a "La Merced" se la envió al apostadero del Tigre pero en el trayecto varó yéndose a pique a pesar del buen tiempo reinante porque su casco estaba en pésimo estado.

Entonces Rozas ordenó que fuera remolcado de su varadura durante una bajante por 200 caballos de sangre y hueso, ya que sus caballos de vapor no servían para sacarlo del atolladero. Se lo repasó como mejor se pudo, instaláronse dos buenos cañones de cierre a percusión y se le repasó la máquina a vapor, asunto complejo en aquel tiempo y que se complicó más aún con la muerte repentina del primer maquinista, el excelente John Wilkes. mientras trabajaba en la cala del vapor. El barco volvió al agua recién en octubre de 1851 y zarpó en enero de 1852 rumbo a la rada de Buenos Aires donde tomó el mando Somellera.

Cuando llegó el año 1854 había en el Tigre 960 habitantes que vivían en 24 casas y 166 ranchos. En 1861 se inauguró la primer escuela local sita próximo al canal San Fernando al lado del puente del canal y que se denominó Escuela Central, asistiendo a la inauguración dos célebres pobladores del delta: Sarmiento y Marcos Sastre. El nombre del río Tigre se originó de la abundancia otrora de estos animales que tenían sus guardias por aquí y al efecto escribió Sarmiento en 1857 que "en la semana pasada ha tenido el buen humor una tigra de traer a sus cachorros a pasear por las calles de Las Conchas. Sintióla un vecino desde la cama, pues el paseo era a la claridad de la luna, a hora excusada, por los gemidos de unos cuantos perritos que salieron, sin duda, a reconocer los extraños huéspedes y acaso a chancear con los pintados cachorrillos. Halláronse por los alrededores los cráneos pelados de los perritos que habían servido de regalada cena a la fiera. Ningún otro encuentro deplorable hubo que lamentar encontrándose el rastro de la felina familia que había regresado al Rincón de López, su guarida. Las Conchas suele ser teatro de sucesos de este género".

Un antiguo vecino de la localidad don Juan Milberg los cazaba en su residencia de "El Rincón" con trampas. En cuanto al arroyo Cambao, recuerda a un cazador de tigres que vivía allí y que se llamaba Juan M. Rojas y por sobrenombre el "cambao" por la forma de sus piernas; para cazarlos se ayudaba de enormes perros tigreros.

En 1864 llegó al Tigre el primer tren de pasajeros inaugurado por el Presidente General Mitre, y los señores E. Nouguier y Cía obtuvieron por ley del Congreso en 1887 la concesión conocida por "Ferrocarriles Pobladores" los que partiendo del barrio Belgrano terminaban en Las Conchas. Esta concesión la compró el ferrocarril de Buenos Aires y Rosario y su línea costeaba la ribera partiendo de la estación Central cerca de la Plaza de Mayo.

El puerto del Tigre se instaló en el muelle próximo a la estación Tigre sobre el río del mismo nombre y su caudal permitió en ese tiempo el atraque de barcos de cabotaje en todas las épocas del año y también a veces naves de ultramar.

Vista general del puerto del Tigre instalado en el muelle próximo a la estación Tigre sobre el río del mismo' nombre cuando su caudal permitía el atraque de barcos de cabotaje en todas las épocas del año y también a veces naves de ultramar.

En 1867 los habitantes del Tigre sufrieron la consecuencia de la terrible epidemia del cólera. En cambio durante la fiebre amarilla del 71 que asoló a Buenos Aires, muchísimas familias porteñas se refugiaron en este pueblo e islas del Delta escapando al contagio del mal.

En 1876 se construyó sobre el río Lujan, por el ingeniero Huergo, un dique de atraque y el primer dique de carena.

Los Talleres de Marina datan de la presidencia de Sarmiento, destinados a reparaciones de la flota de guerra adquirida en el extranjero. Se instalaron cuatro grandes galpones : taller, depósito y escuela de aprendices mecánicos. Al año siguiente, el 4 de octubre ocurrió la catástrofe del "Fulminante"; ésta era una nave auxiliar que servía de laboratorio y fábrica de torpedos y guardaba por consiguiente a su bordo, gran cantidad de explosivos. El incendio se produjo a las 12 horas hallándose anclado en el Tigre, en las vecindades del arroyo que hoy lleva su nombre, Fulminante, el barco y una chata amarrada a su costado cargada de pólvora y algodón-pólvora; nueve minutos más tarde el buque era una hoguera; parte de la tripulación pudo alejarse ilesa después- de intentar vanamente de sofocar el fuego, pero catorce hombres tuvieron menos suerte, muriendo once de ellos, mientras tres restantes sufrían gravísimas heridas. La definitiva explosión de la santabárbara se produjo cinco horas más tarde, a las 17 horas, ya desde antes las familias del pueblo habían evacuado el Tigre, dejando las puertas y ventanas de sus casas abiertas para amenguar las consecuencias de la explosión inminente. El siniestro fué terrible, pero pudo ser peor de no haber concurrido abnegadamente un guardiamarina de la cañonera "Constitución", que alejó del "Fulminante" a una chata que tenía 2500 kilogramos de pólvora. A pesar de las precauciones adoptadas grandes trozos de hierro del casco del "Fulminante" fueron a dar hasta cerca de 500 metros de distancia sobre los techos de varias casas; un trozo de hierro se clavó una vara en el suelo a 25 cuadras. Muchas casillas y ranchos se derribaron y varias embarcaciones sufrieron serias averías. A principios de este siglo el casco emergría en las bajantes cerca de la boca del río Tigre.

El río Tigre aguas arriba. En medio del cauce una chata cargada hasta la borda desciende lentamente navegando a vela. Vista tomada alrededor del año 1880.

En 1884 funcionó el primer teléfono que ligaba al Tigre con la capital, instalado en los Depósitos de Marina.

En uno de los pabellones de los Talleres Nacionales de Marina se creará muy en breve el anexo al Museo Naval, a fin de que pueda exhibirse en él parte de las colecciones que no tienen cabida en el Centro Naval.

En 1883 levantó su primer edificio en el Tigre el Yacht Club Argentino, habilitando un local flotante que se llamó "Dunskey". Le siguió el Tigre Sailing Club, institución a la que se debe gran parte de las iniciativas tendientes al fomento de la navegación de placer, entre ellas la introducción de la primera serie de barcos de la clase "colleen" en 1897, al traer cuatro de ellos de Irlanda, donde este tipo de embarcación había sido substituido por otros de características más modernas.

El Yacht Club Argentino utilizó primeramente para la navegación de pequeños barcos el río Lujan hasta las proximidades del arroyo Pajarito hasta que años más tarde se trasladó al puerto de la capital para impulsar al yachting en pleno río, donde hoy día surcan sus aguas un enjambre de barcos inscriptos en numerosos clubs náuticos.

Pintoresco puente levadizo que cruzaba el río Tigre antes de doblar el primer codo. Para levantarlo debían accionarse a brazo cuatro molinetes que enrollaban las cuatro riendas de cadena abriéndose asi las dos planchadas de la parte central del puentecito.

 

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