Historia y Arqueología Marítima

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LAS RUTAS DEL NITRATO Y EL GUANO DE SUD AMERICA

Vida en Tierra y a bordo

Gavieros en la mayor, Garthsnaid en Hornos

Por Carlos Mey, Marzo del 2010

La Costa Oeste, como la llamaban (W.C.S.A. o West Coast of South America) dejo muchas memorias a los marinos del siglo XIX, buenas y malas, tragicas y hasta cómicas. La Costa Oeste, con sus empinadas y secas laderas derritiendose por el sol, con el polvo hasta los tobillos y moscas por todos lados, con sus casuchas olorosas de adobe en angostas callejuelas y sus fondeaderos sin viento pero con mares de fondo, tienen un glamour propio.

El poema The Coast (La Costa) de R.H. Aitkin, dice:

 

Stretching due South the Equator

Swept by a mountainous swell.

Mixture of pampa and jungle,

where gringoes and centipedes dwell,

Cursed by all manners of fevers,

Hotter and drier than hell

                                         Is the Coast.

 

Seaports where life is a burden

Menaced by typhoid and stinks,

Home of the "down and the outer",

Of dreary beachcombers and "ginks",

Where the only diversions for gringoes

Are loving, and gambling and drinks

                                         On the Coast.

 

Days when the mercury rises

To ninety and nine in the shade,

Ev´nings when landscape and ocean,

In crimson and gold are arrayed,

Nights when the heavenly ceiling

With glittering stardust´s inlaid

                                        On the Coast.

 

Al recien llegado la costa desde Guayaquil hasta Coronel le parecia horrible y olvidada de Dios, una costa donde los hombres caminaban con miedo y las mujeres, detras de sus bares, escuchaban inconscientemente por el temido terremoto. En los viejos tiempos era un refugio para los buques y hombres ya gastados y cansados, que preferian la playa a la cubierta y los tiempos tranquilos y sin apuro de los trópicos a la vida dura de las zonas de climas mas frios.

Muchos marineros tambien sucumbieron a las peligrosas atracciones de la Costa Oeste y, luego de desertar de su buque, se quedaron a vivir en Iquique o Callao como un vendedor de Pisco, dueño de una pension o de un local bailable (fandango), eso si tenia la energia y fuerza mental para resistir las atracciones de ser un linyera de playa. Los habitantes de la costa en ese siglo podian ser: el aristócrata peruano o chileno con su gran estilo y orgulloso de su sangre española, el pobre indio y los muchos mulatos o mezclas de razas. A los que se debia agregar el gringo y el linyera. Las armadas de guerra de Chile y Peru tenian muchos desertores de buques europeos y americanos, y estos salvajes marinos eran los mejores en un combate, pero el terror de los policias cuando bajan a tierra con sus dolares.

Pero su paga en general estaba siempre demorada y no la entregaba asi nomás, hasta que la morocha Juanita o la gritona Dolores desde Main Hill,, Valpo (Valparaíso) le daba un ultimatum al pagador del buque. Pero cuando los botes con los marinos de permiso llegaban a tierra, incluso a estas señoritas les costaba trabajo competir con el aguardiente, el anisado y el pisco, que costaba una chaucha (20 ctvs) la botella, esto era una atraccion que pocos viejos marinos  podian rehusar. Los dias de permiso generalmente terminaban en el calabozo. Sería dificil contar cuántos gringos sin un peso quedaban en el muelle de Valparaiso o acampaban entre las pilas de bolsas de la plaza de la  Aduana de Iquique.

Una cancion marinera estaba de moda entonces:

 

I stood on the bales at midnight

                 As the plaza clock struck the hour,

And the moon rose o´er Iquique

        Behid the Custom´s tower.

 

As I heard the waters breaking

Against the landing pier

A flood of thoughts came o´er me

And neatly brought a tear.

 

How often, oh! how often,

In the days that had gone by

I had hid midst the bales at midnight

And heard the police pass by.

 

How often, oh! how often,

In the days that had gone by

I had lain on the bales at twilight

and seen old Jimmy go by.

 

How often, oh! how often,

I had wish that a tidal wave

would bear him away on its bosom

And find him a watery grave

 

For my tongue was dry and restless

And my pockets full of care,

And the burden on my liver

Semm´d greater than it could bear,

 

But hospitable Iquique

On the bales gives lodging free,

And my only loss to skippers

Throws its shadow over me.

 

Yet whenever I cross the plaza

And see the captains there,

I remember, begorrah! the ocean,

My home for many a year.

 

Ashore for ever? Nay, never,

So long as this life does last,

So long as this heart has passions

I must go before the mast.

 

But Harvey with his broken finger,

"Happy Jack" with his classical nose,

Neither´s the friend of the singer

Who´s just related his woes.

   

Los nombres mencionados en esta cancion eran de los dueños de diferentes pensiones de marineros. Se decia en un momento que la Costa Oeste era reconocida por la falta de escrúpulos de los dueños de las pensiones, sus linyeras de playa (conocidos como beachcombers), y de sus mariscos - aun lo es hoy por sus mariscos!!!-  En esos dias no habia muchos hombres y toda la costa eran los dominios de los pajaros y de los peces. En alguna pequeña caleta, con el agua transparente como un vidrio, no se podia ver el fondo por la cantidad de peces mientras que en el cielo millones de pajaros de todo tipo volaban en bandadas tan grandes que tapaban el sol.

La vida de estos marinos era dura, poca paga, muchas veces mala y poca comida, oficiales dictatoriales y todo tipo de sacrificios, y eso si llegaban vivos a dar la vuelta del Cabo de Hornos. Cuando salian del puerto de origen, su contrato especificaba que era por todo el viaje, ida y vuelta. Pero muchas veces las condiciones eran tan insoportables que desertaban en el primer puerto a que llegaban, generalmente Valparaíso. Por supuesto el capitan denunciaba ésto y la policia lo buscaba, por lo que tenian que esconderse lo mejor que podian hasta que zarpara su buque. Entonces no le quedaban mas alternativas que buscar otro buque (siempre habia capitanes deseosos de tomar un buen marino), quedarse a trabajar en algun lado en el puerto, o volverse un beachcomber, o linyera de playa. Hay historias de marineros que escaparon y con grandes sacrificios llegaron a otro puerto en el norte de Chile - imagínense viajar a pie por esos desiertos-, solo para que los tome la policia y los devuelva a su buque.

Con la excepcion de los buques franceses, la vida a bordo era muy dura. En el caso de los buques franceses los marinos eran considerados reservistas, por lo que estaba muy bien estipulado sus condiciones de trabajo y vida, que eran excelentes en comparacion con los demás. Poco hay en la literatura inglesa sobre ellos - siempre fue el enemigo de Inglaterra, después de todo - pero en los casos en que marinos británicos pudieron embarcar en buques franceses, contaron lo maravillados que estaban de su tratamiento. Era raro que un buque frances necesitase marinos en algun puerto. A menos que haya sido por enfermedad o accidente, los marinos franceses jamas abandonaban sus buques, ya que estaban bien pagos, mejor alimentados y habia educacion, orden y respeto entre ellos y sus oficiales. Nunca se escuchaban casos de escorbuto, (falta de vitamina C) por ejemplo y sus buques eran de una calidad y habitabilidad superiores a los demas.

En los de otras nacionalidades, el asunto era diferente. No todos eran asi, pero en la mayoria de los casos el capitan respondia ante el armador por la economia del buque y ahorrar significaba darles lo minimo de comer, cobrar precios horrendos por lo que los marinos podian comprar a bordo (que substituía en parte la falta de alimentacion normal) y tratarlos poco menos que como animales. Muchas veces las esposas de los capitanes viajaban con ellos (y aun sus hijos) dado que estaban meses y años a bordo. En muchos casos la esposa se convertia en la madre de todos, ayudandolos, enseñandoles, cuidando de sus enfermedades y accidentes; pero cuidado si les tocaba una regañona que estuviera a cargo de la despensa, les contaba cada cucharada de azucar que se servian, carne solo en dias especiales y siempre la misma comida horrible, con galletas llenas de gusanos.

Los mejores ejemplos de la vida a bordo estaban en los archivos de las sociedades de Cap Horniers, como la L´Amicale International des Capitaines au long cours cap-hoerniers en Saint Malo. Alli uno puede leer la vida a bordo, escrita por sus propias manos. Aqui hay un tesoro de detalles como la duracion de viajes, datos de los oficiales y marineros, incidentes durante el viaje, tormentas, etc. En momentos de peligro las peleas internas se dejaban de lado y nadie disputaba la supremacia del capitán. Aun si el capitan comia pollo y los tripulantes grasa, cuando venia la tormenta todos eran iguales, estaban en cubierta 48 horas sin descanso si era necesario, todo por igual. La gratitud hacia el capitan se hacia ver al final del viaje, cuando cobraban, muchas veces le dejaban pequeños regalos al capitan, como un baston hecho con huesos de tiburon y un pico de albatros, o un modelo del barco en madera. Cuando se referian a un barco, siempre se hacia con el nombre del capitan: "fui marinero abordo del Faure, Capitain Stéphan", o "fui oficial a bordo del Antonin bajo el Capitain Lécocq".

En la actualidad se habla mucho de las tradiciones con respecto a los albatros, algunos dicen que no se los toca ya que son las almas de viejos marinos desaparecidos, pero en el siglo XIX no pareceria que se tomaba esto en cuenta. Son muchas las historias de la pesca en el mar y la pesca en el cielo, ya que se le lanzaban al aire a los pajaros marinos, en especial a los albatros, pedazos de comida con un anzuelo  una traba para el pico.

   

 

 

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