Historia y Arqueología Marítima

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Reseña Histórica del Yachting en Nuestra País

Local Tigre del Y.C.A. en el año 1906. Obsérvese al costado los galpones donde actualmente está el Museo Naval y que era el Arsenal de Marina

 

Publicado en NEPTUNIA 1944

Esta pequeña reseña histórica del yachting en el río de la Plata ha sido escrita al correr de la pluma y bajo la tiranía del tiempo y del espacio. En los veinticuatro tomos de la colección de NEPTUNIA, que abarcan un número igual de años, está completa la historia del yachting y nosotros hemos hecho un resumen de la misma, pero salteando muchas cosas que nos dio pena pasar por alto. Es por ello que nuestros lectores no pueden culparnos del todo por esto, y lo decimos porque estamos oyendo a muchos comentar: ¿Cómo no está el barco tal?, ¿cómo no lo nombran a fulano?, ¿y la obra de tal club? Nosotros lo lamentamos más que los lectores, porque revisando la colección de recuerdos del señor Landívar hemos visto daguerrotipos y fotografías que sentimos en el alma no poder publicar, por todo lo cual pedimos nuevamente disculpas, y para conformar a todos, a partir del número de enero próximo, iremos publicando de acuerdo con la fecha de fundación la historia de cada club de yachting y remo.

A fines del siglo pasado nuestro yachting empezó tímidamente a aventurarse en las aguas del río de la Plata y el entusiasmo por él fué creciendo a medida que la progresiva desaparición del temor al agua atrajo a la juventud a las actividades de la vida marinera.

Fué un grupo de cinco personas que se reunieron el día 2 de julio del año 1883, para fundar el Yacht Club Nacional y ya en el acta de nacimiento no les gustó el nombre y quedó en definitiva el de Yacht Club Argentino. En dicha nota se empieza así:

YACHT CLUB ARGENTINO

Yacht Club Nacional y dice: los copropietarios del ARIEL A... L... C... S... G..., han convenido en formar una asociación con el fin de fomentar y generalizar el gusto por la navegación a vela, y a continuación se establecían las condiciones generales. La cuota mensual era de cien pesos. El local del Club se instalaría en la Boca del Riachuelo, se solicitaría del gobierno el uso de una bandera especial y cuando tuvieran fondos se invertirían en la adquisición de "otra embarcación" por lo menos igual al Ariel. Y así quedó fundado el actual club, siendo su primera comisión directiva "los nueve visionarios de la leyenda" Aguirre, K i n c h , Castro, Penard, Peña Salas, Wilding Kehlstedt y Gainza.

El 13 de abril de 1892 se le otorgaba la personalidad jurídica. Fué el primer club de yachting que se fundó en Sud América. Habilitó un local flotante en el Tigre ese mismo año denominándolo Dunskey.

El primer local (casa flotante) del Yacht Club Argentino en el Tigre ("Dunskey")

En el año 1903, el Y. C. A. resolvió trasladar desde el Tigre su casa flotante Dunskey para vararla sobre el terreno que el Superior Gobierno de la Nación le había concedido precariamente en el costado S.E. de la Dársena Sud. Perseguía con esta medida, no sólo proveer de un local al fondeadero más concurrido, sino también economizar los gastos anuales que demandaba la conservación del casco.

La casa fué varada sobre el terreno y luego levantada sobre pilotes a una altura que permitía la formación de un galpón o especie de subsuelo debajo mismo del fondo del casco que no fué desarmado. Con esa obra y algunas otras mejoras en el confort, pudieron los socios después de mucho clamar tener un local modesto, pero apropiado y muy simpático donde poder desvestirse, bañarse, depositar los enseres de a bordo, almorzar y dormir en cómodas cuchetas.

Las finanzas del Club después de estas erogaciones andaban exhaustas, los sueldos del escaso personal — 2 marineros $ 180 en total— se abonaban halando enérgicamente de la cuerda de las entradas a fin de cobrar los pesos que permitieran cubrir los gastos mensuales. En tal situación no era posible extralimitarse en otras mejoras necesarias de urgente terminación porque no había fondos.

Una de estas mejoras era la formación de un embarcadero, pues el acceso a la casa ascendiendo por un talud rústico era sumamente difícil, aparte de que tratándose de tierra de rellenamiento muy deleznable, más de un socio se desbarrancó cuando casi había llegado a la cima. Si a esta molestia agregamos la del barro resbaladizo que se formaba con la humedad y las lluvias y los sinnúmeros de inconvenientes que se encontraban en el trayecto desde la Plaza de Mayo, cuando no había tranvías eléctricos, ni automóviles, que repetidas veces obligaban a hacer el camino a pie, se imaginarán nuestros lectores, los yachtsman del presente, que a veces se quejan porque el auto no entra al club, que era necesario tener fuego náutico en el corazón para no abandonar el deporte.

Bien, el embarcadero y pequeño muelle de tablazón de pino de tea fué proyectado y para empezarlo era necesario formarle frente con tablones de 1 1/2 por 6 y estos tablones en número de tres costaban un dineral ¡ $ 150 m/n.!, suma cuya inversión inducía a reflexionar porque así no más no se hacía un gasto de tal importancia.

A propósito de esta pobreza franciscana ya se había comenzado a hablar sobre la posibilidad de obtener del H. Congreso de la Nación una subvención de $ 5.000 m/n., suma que serviría para dar un empujón a las mejoras que el club reclamaba, asunto que fué tratado por la C. D., en cuyo seno existía siempre un representante de los socios extranjeros. En ese tiempo lo era el señor Geo H. Weyand de nacionalidad estadounidense, quien al enterarse de lo que se estaba tratando, no volvió de su sorpresa, expresando que peticiones de tal naturaleza no las habría podido concebir nunca en su país. Allí —dijo— no prosperan esos asuntos, porque las instituciones particulares no conseguirían dinero del H. Congreso desde que éste en ningún caso se los concedería; agregando que él por su parte también pensaba de esa manera porque consideraba que el progreso debía basarse sobre los esfuerzos propios.

Por el voto de la mayoría se aprobó el proyecto, y razones poderosas hicieron ingresar en Tesorería los pesos 5.000 m/n., que sirvieron para aumentar la flota e introducir algunas mejoras entre las que figuró el muelle y embarcadero que permitiría el acesso cómodo al local de la Dársena Sud.

HORTENSIO AGUIRRE  Fundador

Primer presidente del Yacht Club Argentino

ROBERTO H. KINCH

Fundador Primer vicepresidente

MANUEL DE GAINZA  Fundador

Primer secretario

     
 
Cap. de fragata MANUEL GARCÍA MANSILLA Fundador

Segundo presidente

ADRIÁN PENARD - Fundador

Primer tesorero

 

La reproducción fotográfica de parte del muelle, muestra también el varadero que así quedó formado, donde se ven comenzando por la izquierda, —pero ya en 1908—, al Maca, Chajá y Hermes y a la derecha la rambla del Club de Regatas La Marina. Esta fotografía muestra también las visibles diferencias entre las plantas de cubiertas del Chajá y del Hermes a pesar de ser ambos de la clase de 36 pies de rating, fórmula que regía entonces.

Hemos querido desenterrar del olvido este recuerdo porque es verdaderamente grato tener presente los tesoneros esfuerzos iniciales que contribuyeron a que la prestigiosa asociación ocupe hoy el lugar destacado que su importancia le da dentro del yachting.

En cuanto a los socios anteriores de 1896, uno solo continúa aún actuando. El señor Celesto Fernández Blanco. La biografía del distinguido yachtman es toda una serie de triunfos y cargos honrosos, logrados en buena ley en ese noble deporte. El señor Fernández Blanco, inició sus primeras armas en el Sena allá por el año 1881, corriendo durante quince años más de seiscientas regatas. En 1886 aceptó la invitación de su amigo, el capitán Miguel Vucassovich, para acompañarlo a bordo del vapor Eolo cuando vino del Clyde (Escocia) a Buenos Aires. Aprovechó este viaje para perfeccionarse en la navegación de altura, recibiendo lecciones prácticas de los capitanes Vucassovich y Mac Lean.

Amarradero del Y.C.A. en la Dársena Sud, en el año 1903. En primer plano el Pingüín.

Con motivo de este viaje a Buenos Aires en 1886, se hizo socio del Yacht Club Argentino. En Francia fué también socio fundador de la Unión des Yachts Francais y miembro del Yacht Club de France, de cuyas sociedades, como del Cercle de la Voile de París, Societé des Regates du Havre, etc. posee una colección de medallas ganadas en regatas de "amateurs".

A su vuelta a la patria, en 1898, empezó a hacer vida activa en el Y. C. A., del que fué nombrado vicecomodoro en dos períodos —1902 a 1906—. Fué en esta época que hizo traer para el club los yachts Nemo y Maca de la clase "Solent One Desing" y el "24 pies" Phalarope.

Fernández Blanco ha sido el traductor y adaptador de los reglamentos de regatas de la Yacht Racing Association y Unión Internacional de Yachting de Carrera. En 1908, con motivo de haber traído el consocio señor Suárez el yacht de 12 metros de clase internacional Ráfaga, hizo venir para su amigo, el señor Alberto de Barv, en ese momento vicecomodoro del club, el célebre yacht escocés de la misma clase Mouchette, barco que ha obtenido y aún obtiene muchos éxitos.

El yate "Dafne", que con el "Doris" fué una de las dos primeras embarcaciones para crucero que tuvo la entidad decana del yachting.A la izquierda, casilla del Buenos Aires Rowing Club y, al fondo, el primer local del Yacht Club Argentino, en la dársena Sud.

En 1910, hizo venir el "8 metros" Folly, dibujado y construido por el célebre arquitecto Charles Nicholson, constructor del último Shamrock, con el que corrió muchas regatas durante varios años. Entre los premios que tiene ganados con este yacht y otros, se encuentra una copa de la Royal Yacht Squadron, la Copa del Centenario (1810-1910), una Jockey Club y muchas medallas.  El señor Fernández Blanco salió para Europa en mayo de 1923, para participar en varias regatas de Inglaterra y Escocia, a bordo del yate "Nyria", embarcación que compitió con el "Britannia" del Rey Jorge.

Su actuación en Inglaterra fué encomiada por todos los yachtsmen del país por ser fuera de duda merecedora de todo elogio. El Yacht Club Argentino, lo designó delegado del Club en París a la VIIIa Olimpiada- Tributado este pequeño homenaje a nuestro decano del yachting prosigamos con los recuerdos.

El "Rambler" cúter piloto que hizo cruceros a Montevideo y Punta del Este, tripulado por Jorge A. Kimball y Enrique Wildin.

Grupo de personas disponiéndose a embarcarse en un aviso de la armada para presenciar una regata en Dársena Sur, en el año 1901.

El "Venturita", sloop de construcción norteamericana, propiedad del señor E. Newton.

El "Varuna", velero de 80 toneladas (1904), en el que los Mulhall navegaron muchas veces hasta el extremo sur del país. Se halla actualmente desmantelado en San Fernando.

El primer yate de tonelaje elevado que fué inscripto en la matrícula del Y. C. A. y ocupó amarras en su fondeadero de la Dársena Sud, se llamó "Varuna". Era este yate un cúter de más de 60 toneladas, dibujado por el célebre arquitecto naval inglés Geo Watson y sus propietarios fueron los hermanos Mulhall asociados a la institución nombrada. Con el "Varuna" los señores Mulhall realizaron muchos cruceros de alta mar y tomaron parte en sinnúmero de regatas, estas últimas con poco é_xito debido al excesivo calado del "Varuna" para correr en las aguas del triángulo delimitado. Los cruceros de alta mar del cúter "Varuna" se extendían generalmente hacia la costa Sud, llegando hasta las inmediaciones de la Península Valdez y estas excursiones de placer, eran tanto más meritorias como arriesgadas porque se realizaban en época de un balizamiento e iluminación imperfecta. A pesar de estos peligros el "Varuna" no sufrió accidentes de mar, no obstante haber tenido que capear temporales que lo alejaban cientos de millas de la costa.

Entre uno de sus asiduos tripulantes contábase el almirante Daniel de Solier, profesional de nuestra Marina de Guerra que llevaba en su corazón el fuego de la pasión por el mar. El almirante de Solier embarcábase y se hacía a la mar por su propia voluntad cuando las necesidades del servicio se lo permitían y así fué que, ya viejo y enfermo, falleció repentinamente a bordo del "Varuna" durante un crucero frente a las costas uruguayas de Maldonado, mientras el yate avanzaba majestuoso con mar bastante picada. Su cuerpo cayó al agua, pero pudo ser felizmente recogido.

Como en este mundo todo tiene su fin, así también el "Varuna" ha terminado su vida de navegación y descansa completamente deshecho en un zanjón sobre la margen derecha del río Lujan, frente al recreo de la isla María Luisa. Ilustramos con una fotografía del magnífico cúter que cruzó mares y triunfó de las tormentas.

Al Yacht Club Argentino le siguió los pasos el Tigre Sailing Club, institución a la que se debe en gran parte de las iniciativas tendientes al fomento de la navegación de placer, entre ellas la introducción de la primera serie de barcos de clase —los colleens —en 1897, al traer cuatro de ellos de Irlanda, donde ese tipo de embarcación había sido sustituido por otros de características más modernas. A esta clase que tuvo buen éxito y mantiene aún las simpatías de los aficionados, siguió la de los tres "solent ona desing", traídos por el Yacht Club Argentino en 1903, con los nombres de Polaris, Nemo, y Maca, aun en actividad que se encuentran actualmente en el apostadero de la entidad en Mar del Plata. El Nemo y el Maca fueron construidos por White en los años 1898 y 1903, respectivamente, los trámites para traerlos al país corrieron por cuenta del Y. C. Argentino.

El Yacht Club Argentino utilizó primeramente para la navegación de pequeños barcos el río Lujan hasta las proximidades de la desembocadura del arroyo Pajarito. Años más tarde, instaló un apostadero en la cabecera noroeste del dique 4, en el puerto, de donde pasó después a la dársena sur. Allí levantó su primer local en tierra, en forma provisional, el que reemplazó luego por la casa flotante del Tigre, que fué ubicada en tierra sobre la margen oriental, frente a su amarradero situado en la margen occidental. Y así, mientras el Yacht Club Argentino trataba de impulsar el yachting en pleno río, con un triángulo que tomaba dos boyas del canal sur, el Tigre Sailing Club lo hacía en la costa norte, dedicándose preferentemente a la práctica de la navegación en "colleens", clase que había introducido. Los barcos de crucero "Dafne" y "Doris", fueron las primeras embarcaciones del Yacht Club Argentino, que reemplazó luego, en 1903, con los "solent one design". Como animadores de todas estas actividades, en sus orígenes sajonas, destacaron su personalidad : en el Tigre Sailing Club, Guillermo Mackern, muchos años comodoro de la entidad, y en el club decano, un grupo constituido por Alejandro Castro, Manuel García Mansilla, Roberto Kirch, Manuel Quintana (hijo), Enrique Wilding, Amando Williams, Guillermo J. Nunes y Daniel y Edmundo Mackinlay.

En el año 1904 se votó la autorización para abrir un crédito bancario cuyo importe se invertiría en la adquisición de algunos nuevos yates. Llevada la operación a feliz término, la C. D. decidió adquirir dos yates de la clase "solent one desing" y uno de la clase de 24 pies de rating. Estudiadas las propuestas de venta presentadas por intermedio del delegado del club en Inglaterra, señor Carlos Livingston, fueron aceptadas las correspondientes al Nenio, Maca y Phalarope, embarcaciones que llegaron al país en los primeros meses del año 1905. Estos yates que fueron comprados ya usados, pasaron al varadero del club donde recibieron las recorridas de estilo, para dejarlos en condiciones de navegación. Se adquirieron elementos náuticos del Rambler que estaba en desarme, para terminar la palamenta de los dos primeros. El Phalarope no los necesitaba porque era un yate de carrera. Cinco años después arribaron siempre de Gran Bretaña loa. primeros barcos de "rating" —entonces medidos en pies —que se denominaron "Hermes" y "Chajá", ambos de 36 pies. Este último aún navega.

Constituida la Unión Internacional de Yachting de Carrera, en 1908 el "rating" pasó a ser en metros y entonces fueron traídos siempre del mismo origen, el Rana (hoy Relmu), de 6 metros; los ocho metros Folly y Endrick y el Martha, que aún sigue en actividad con su mismo nombre y actúa todavía en los grandes cruceros bajo la mano experta de su timonel Julio Sieburger, que es el único diez metros que haya navegado en nuestras aguas. Completaron esa serie los "doce metros" "Mouchette", "Ráfaga" y "Alachie".

La primera clase argentina, construida en el país, la creó el Yacht Club Río de la Plata en 1916, con una serie de diez barquitos de 2 pies de calado denominados 'Numerales", de los cuales uno, el "Fiaca", sigue en navegación. Este mismo club, merced a la iniciativa de un constructor irlandés que visitó el país y que hizo diseñar un modelo por el arquitecto inglés Milne, introdujo la clase Río de la Plata, indudablemente el mejor barco de tipo local creado para el estuario.

Cuatro embarcaciones de este tipo, "Aurora", "Brisa", "Delta" y "Euro", llegaron al país en 1908, traídas por el Yacht Club Río de la Plata. Y en 1914 se construyeron por primera vez en país barcos de este tipo en los talleres de ese club, el "Céfiro" y el "Febo", con lo que tomó impulso la construcción de barcos de placer. Al Club Náutico Belgrano cupo, mucho después, la creación de la clase argentina de 4,50 metros.

El "Hermes", 36 pies de la primera fórmula internacional, traído al país en 1906 para el señor Pablo Suárez.

Paralelamente a estos progresos locales, fueron introduciéndose clases internacionales y algunas de carácter regional, cuyos rastros evidencian aún la homogeneidad de tipos que puede observarse en la costa norte, desde el. modesto y grácil "snipe" a los grandes veleros que actúan en las regatas abiertas.

Después de estos esfuerzos progresivos surgió, en 1904, el Club Náutico Belgrano; en 1907, el Náutico Buchardo; en 1908, el Yacht Club Río de la Plata, y en 1910, el Náutico San Isidro, todos los cuales fueron, con los dos anteriores existentes, la base de la creación de la flota de navegación de placer que posee el país.

Terminada la guerra del año 14, por iniciativa del Yacht Club Argentino se trajeron al país diez barcos de la clase francesa de 8,50 metros, de los cuales todavía navega el Bumerang.

En el año 1922 Landívar echó las bases para crear la Federación Argentina de Yachting, que es hoy una hermosa realidad, institución de camaradería y de mejoramiento deportivo, que se halla en plena labor de su vasta y magnífica obra y reúne ya bajo los pliegues de su bandera a clubs. En sus principios fué integrada por los siguientes clubs: Sailing, Belgrano Buchardo Río de la Plata, San Isidro y San Pedro.

''Mouchette", barco de la clase internacional de 12 metros, traído al pais en 1908.

Seis de los diez "Numerales", primera clase argentina, construidos por el Yacht Club Río de la Plata en 1916. Subsiste uno todavía, el "Fiaca"

       

       

Los primeros "Río de la Plata", clase creada por el ingeniero Milne, después de estudiar las características de nuestro río, llegan a Buenos Aires a bordo de un carguero. El "Aurora", "Brisa", "Delta" y "Euro", construidos en Carrickfergus (Inglaterra).

El Yacht Club Argentino patrocinó y quedó fundada la Unión Nacional de Yates de Carrera, que fue reconocida en forma oficial por la Confederación y el Comité Olímpico, para transformarse después en la actual Federación Argentina de Yachting ere Carrera que cobija a trece club-o afiliados y veintidós clubs adherentes y que familiarmente se la conoce como FAYC.

En el año 1924 llegaron al país cinco barcos traídos siempre por el Yacht Club y construidos en Inglaterra los "West Solent One Design". Por esos años llegaron también los yates Leonor, Etra, Delphis y Balilla y en continua renovación de barcos el Yacht Club Argentino hace venir de Norte América, los "Cinco metros", que todavía admiramos sobre las aguas del Plata. Juan Carlos Huergo trae una yola olímpica que sirvió de modelo para constuir varias más en el Club Náutico San Isidro. El mismo club hace traer los "stars" Paralelamente a este desarrollo del yachting, creció el afán por construir barcos y como desde muy viejos tiempos el marino fué a la vez artista, casi todo el pasado de la navegación ha sido legado a través del dibujo, de la pintura y de la escultura en forma de obras de arte ejecutadas por marinos.

Son famosos también los trabajos en marfil, madera y hueso que los hombres de mar de la primera navegación construyeron en el castillete con útiles rudimentarios aprovechando las escasas horas de descanso después de las guardias en las largas cruzadas del océano.

El hombre de mar contemporáneo también es artista por instinto, existe en él una pronunciada inclinación a reproducir en una u otra forma la realidad de las fantásticas impresiones que graba en su imaginación el océano en sus múltiples modalidades y en dónde él con su buque es el sujeto.

Esta característica que ha permitido conocer la arquitectura naval primitiva, las costumbres marinas, las faces de las guerras navales y el organismo del comercio marítimo hasta en los detalles más insignificantes, no es solamente un privilegio del profesional, sino que por rara coincidencia comprende casi sin excepción a toda persona que tiene entusiasmo por el mar y los asuntos que de él derivan.

El ''Edelweiss" al fondo y el "Limbo" delante, fondeados frente al canal San Fernando.

El "Etra", clase 8 mts., propiedad de Don Nicanor Salas Chaves.

Una prueba del entusiasmo de la época la encontraremos en el "Océano", barco tipo "Sea Beard". Se empezó a construir en el año 1908 bajo la antigua casilla del Club Náutico Buchardo, de allí se llevó remolcado al arroyo Maldonado por la lancha "Iguazú", construida a su vez en la calle Pueyrredón entre Tucumán y Lavalle, por los señores A. y B. Milhas, Juan Ángel y Alberto Juncosa y Carlos Corradi. Constructores y propietarios del "Océano" eran Antonio Porri, Mauricio Coustard y Carlos Corradi. De Maldonado fué llevado al Yacht Club Río de la Plata, iniciando sus cruceros el 24 de mayo de 1910.

Vienen al caso estas ligeras consideraciones porque ellas confirman lo que en breves palabras acabamos de expresar, cuando vemos y comprobamos que se construyen modelos de toda clase de barcos por profesionales y conocidos aficionados a la navegación de placer, como por ejemplo Carlos y Martín Ezcurra, Hilario J. Fernández. Benito de la Riega y Germán Frers, establecidos en locales para dedicarse a reproducir, en escala pequeña, los buques veleros de mayor renombre por sus hazañas marineras, dentro de un ambiente donde se respira ese temperamento artístico que caracteriza al apasionado por el mar. Estos cinco yachts-man dedican sus ratos de ocio a la labor de construir y aparejar cáscelo, terminándolos con el más puro estilo de su época y en un acabado de mano de obra que revela el dominio de la materia donde tampoco falta el ojo técnico que comprueba la exactitud del plano previamente confeccionado y calculado de acuerdo con los principios de su arte.

Este afán fué el origen natural de muchos técnicos argentinos que aparecieron con buenos dibujos, que se agregaron a los buenos técnicos extranjeros que construían barcos. La industria naval en esta rama de la marina comenzó a prosperar y los yates que al principio se construyeron en forma empírica, sobre la base del medio block sin cálculo técnico alguno, pero que habían demostrado buenas cualidades marineras porque sus esqueletos eran parientes muy cercanos de los importados, dieron paso a los barcos trazados, no a fuerza de hachuela, sino siguiendo las líneas de un plano donde se volcaba la inteligencia de un técnico o arquitecto naval.

Un taller de aficionados

A fines del año 1920 se inician los encuentros entre uruguayos y argentinos, que es base de una hermandad que podríamos titular "los hermanos de la escota" porque estamos unidos por vigorosos lazos afectivos y con los que nos sentimos identificados en una hermandad que nada puede romper.

Llegan al país los primeros "22 metros", la famosa clase sueca que tuviera tanto éxito en su país. En 1931 cruza el Atlántico por primera vez un yate con la bandera argentina al tope El Ingrid, tripulado por: Martin Ezcurra, Ricardo Copercoles, Arturo Llosa, Arturo de la Serna. Un aplauso merecieron en las páginas de Neptunio, estos animosos tripulantes del yate Ingrid, llegados a nuestro puerto el 23 de agosto después de afrontar con éxito todos los peligros, dificultades e incomodidades del largo viaje a través del Atlántico. Este fué en los anales de nuestro yachting, el primer caso de un viaje de ultramar con un barco argentino y tripulación argentina.

  

La tripulación del "Ingrid". De izq. a derecha: Arturo Llosa, Martín Ezcurra y Arturo de la Serna.

La opinión pública supo valorar justamente la hazaña del Ingrid, recibiendo triunfalmente a los intrépidos nautas, que se ganaron así en buena ley su patente de pilotos de altura. Salidos de Cowes, la iniciación del viaje fué un temporal que los obligó a meterse en Falmouth. Las escalas sucesivas, sin mayores contratiempos, fueron luego Vigo, Sevilla, Las Palmas, Río de Janeiro y Montevideo. En el Janeiro se estuvieron un mes arreglando el barco para la última travesía, y que fué borrascosa lo mismo que el comienzo. Llegaron a Buenos Aires con toda suerte, desde que el viaje había sido preparado con verdadero sentido náutico.

En 1932 Vito Dumas, el heroico Vito Dumas, al que sentimos un gran placer en no escatimarle nuestro elogio y admiración aplicándole la palabra heroico, en su Legh zarpa de Arcachon (Francia) y llega al río de la Plata en una magnífica travesía, que lo destaca como uno de los mejores navegantes sólitarios, siendo recibido triunfalmente en nuestro puerto, donde el pueblo argentino se volcó en multitud abigarrada para aplaudirlo.

La llegada de Vito Dumas con el Legh en 1932

Hilando recuerdos, nos viene a la mente que en ese mismo año se corre la primer regata a Mar del Plata, que gana Germán Frers con el Fjord II.

Esta regata se ha convertido en la prueba máxima del yachting argentino y demuestra que los marinos de las mansas aguas del Delta de hace veinticinco años se han convertido en lobitos de mar listos a mayores empresa; que requieran valor, serenidad, abnegación y con los cuales puede ya contarse como elementos auxiliares de nuestras flotas mercantes y de guerra.

Es en ese año también que Hugo F. Stunz, su hermano y tres acompañantes traen el Achermar desde Europa, en una navegación que termina "sin novedad", que es lo máximo que puede pedirse para esta clase de travesía.

Y ya no es uno ni dos, son varios los pequeños barcos que cortan las inmensas aguas azules, jugueteando con las olas y las toninas. Es nuevamente el Ingrid, el Lejos, el Alejandro, el Martín Fierro, el Achernar, el Delfín, el Gipsy, el Eolo, el Martha y muchos otros que se nos atropellan en el pensamiento, sin poder distinguir cual es el más marinero y valiente. El tiempo sigue su marcha, como dicen en el cine y en estos diez últimos años las regatas se organizan mejor, la lista de los clubs náuticos crece y la lista de regatistas se agranda.

Los regatistas exigen a los constructores mejores barcos y éstos superándose siempre para satisfacerlos y en una honesta competencia profesional dan mejores cascos y cuando se piensa que en 1893 se resolvió comprar barcos en Europa y que en la actualidad estamos a la par de los mejores constructores mundiales, no podemos dejar de sentirnos orgullosos.

Dumas, al llegar a Montevideo, con el comodoro Don Julio Ayala, del Y.CU.

Los tres tripulantes del "Kristian", Gustavo A. Scheffler, Raúl E. Beguiristain y Manuel Blanco Amores, con el cónsul argentino en Recife, a bordo de ese barco.

Esta es obra exclusiva de los aficionados, como ha ocurrido con el adelanto de la radiotelegrafía, ciencia e n que los aficionados fueron dando la chispa  sagrada a los técnicos que aprovecharon la experiencia y el entusiasmo aportado por ellos.

Y así salieron un día de los talleres de Manuel M. Campos y Germán Frers, el Gips'y y el Fjord, el Vega y el Delfín, los Grumetes, las balleneras, los batitus, los cuatro cincuenta, que son la gloria de grandes y chicos y que preparan navegantes que algún día, estamos convencidos abrirán las rutas del mar a todos los habitantes de nuestro país.

En 1942-1943, se cumple la proeza máxima del yachting mundial y nuestro Vito Dumas, el heroico Vito Dumas, en su Legh II da la vuelta al mundo solo, por mares en los que nunca un ser humano se atrevió a efectuar viajes de esa naturaleza y que significan una proeza, hechos en buques de gran tonelaje y con muchos tripulantes, por las sorpresas que puede ofrecer, y para que lo que decimos no parezca una fantasía de admiración, recordemos el Kovenhavn, sepultado con oficiales, tripulantes y cuarenta cadetes en las misteriosas olas de los cuarenta bramadores.

El "Quivolgo" que llegó navegando de Chile piloteado por su propietario. Navega en la actualidad con el nombre de ''Lorna".

El "Achernar", piloteado por Hugo F. Stunz, partió de Holanda, llegando a Bs. Aires "sin novedad".

La acción del Yacht Club Argentino ha sido el motivo fundamental del desarrollo del Yachting en el país. Su acción en materia de deporte náutico se ha extendido fuera de la capital donde tiene su sede principal, estableciendo locales en el Tigre para los motoristas y en Mar del Plata, donde se encuentran los Solent One Design a disposición de los socios.

Una numerosa flota hace llamear el conocido gallardete del Y.C.A., yates, yates auxiliares, y cruceros a motor y embarcaciones entre las cuales figuran algunos barcos de verdadera importancia por su tonelaje y características sobresalientes.

El "Mary" Jane", barco del navegante solitario Al Hansen arribó a Bs. Aires el día domingo 18 de febrero de 1934 a las 9 hs., procedente de Bergen (Noruega). Montó el Cabo de Hornos y al sur de Chile se perdió entre las brumas del océano Pacífico, no dejando rastros, pasando su desaparición a constituir otro de los misterios del mar.

El "Henriette", llegó a Bs. Aires el 22 de diciembre del año 1937, procedente de Norteamérica y enarbolando el gallardete del Norfolk Yacht Club, dando la vuelta al mundo.

Vito Dumas el día de la partida para realizar su triunfal vuelta al mundo.

LA SONRISA TRIUNFAL DEL VENCEDOR DE LOS MARES

Los años han pasado, el yachting se ha desarrollado asombrosamente, los clubs que lo practican han aumentado en calidad y cantidad de asociados y el porvenir se presenta claro y diáfano, con la firme dirección de hombres que han reunido vasta experiencia en este sector tan importante de lo que constituye la marina de un país.

El local del Y.C.A. en Dársena Norte

El actual local del Y.C.A en Tigre

El "Alejandro", activo participante en regatas crucero, que bajo la experta dirección del timonel Dr. Lóizaga y la "timonela" Doña Lina, ha cosechado laureles y glorias por mares y ríos.

A continuación, presentamos algunas de las clases que compiten en el río de la Plata

Clase Colleens Clase Río de la Plata (Guayra)
Un 6 metros clase internacional Un 22 metros clase sueca
Un 5 metros clase internacional El "Gypsy III" clase austral
Los ''U" clase nacional uruguaya Clase argentina 4,50 metros
Clase argentina Quilmes Clase internacional snipe

Julio Ch. Sieburger, prestigiosa figura del yachting, regatista notable, que presidió durante muchos años la F.A.Y.C. En su persona tributamos un homenaje a todos los yachtsmen y regatistas. Lo colocamos aquí porque sabemos que su figura se sentirá cómoda entre los barcos que constituyen un noble afán en su vida.

          

Clase Grumete                                                                           Clase Y P F

Yola olímpica

 

 

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