Historia y Arqueologia Marítima

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Björn Landström

Buques mercantes Griegos

A lo largo del siglo VIII a. de J. C. los griegos empezaron a dedicarse al comercio marítimo en mayor escala y pronto hicieron mucha competencia a los fenicios, fundando colonias en el sur de Italia y Sicilia, norte de África y costas del mar Negro. El país progresó y la población aumentó tanto que debieron importar grano de los países lindantes con el mar Negro e Italia, creciendo todavía más el tráfico mercantil. Fue un período de gran actividad para los astilleros griegos y fenicios, y podemos suponer que navegaban por el Mediterráneo buques de muy distintos tipos y tamaños. Los artistas, sin embargo, raramente deseaban representar tan prosaicos objetos como éstos, y mientras han llegado a nosotros ciertas imágenes de naves de guerra griegas, son pocas aquellas que se refieren a barcos mercantes. Un vaso, ahora en el British Museum (70), muestra la nave de Ulises como mixta de guerra y mercante, y una embarcación en otro vaso (71) tiene similar aspecto, aunque más rústico.

Es posible y hasta probable que cuando se efectuaron viajes más largos, donde se corría el riesgo de ataques de piratas u otros enemigos, fuese adoptada esta combinación de nave de guerra y mercante armada de espolón, y tripulación relativamente numerosa, capaz de bogar y combatir. Quizá lo que parece un espolón sea un tajamar que mejorara las cualidades náuticas del barco, o tal vez ambas cosas. Una incisión hallada en el muelle de Ütica, cerca de Cartago, se cree que representa una nave mercante fenicia del 300 a. de J. C; tiene la misma combinación de espolón y tajamar, con ojos en la proa como las naves griegas, pero parece arbolar al menos dos palos (72).

El comercio también era practicado en aguas abrigadas, en las aguas metropolitanas entre islas, donde era más fácil y sencillo navegar con tripulaciones reducidas. La mejor figura de un mercante griego (74) lo muestra en la mar con la vela aferrada. No se aprecian remos y por ello podemos suponer que sólo se bogaba cuando no había viento. Tiene una proa curiosa, casi como la proa de un clíper, y si no fuera también casi exactamente la misma proa que se ve hoy en los pesqueros sicilianos y malteses (73), nos resultaría muy difícil interpretar la imagen. La parte saliente de la proa es una pieza aparte que fue clavada tal vez con el propósito de elevar sobre el agua los ojos que todo lo ven. Al igual que las embarcaciones costeras griegas de hoy, tiene una amurada alta. Parece como si toda la cubierta estuviere llena de carga hasta la amurada, pero un puente o corredor desde el timón hasta la proa permitía el libre paso por encima de la carga en cubierta.

 

 

 

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