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Unos cuantos años atrás, en una de nuestras recorridas por
la Feria de Tristán Narvaja encontramos un libro que nos llamó la
atención, se trataba de: “La Guinea Española” por El Abate Mendo (M.M.P.)
(Dr. Manuel Monfort), impreso en Montevideo por El Siglo Ilustrado en
1901, donde se detalla en casi cuatrocientas páginas con ilustraciones,
la colonización y los problemas de España para mantener esa enjuta y
magra posesión de no más de 28.000 km2., ante los embates de otras
potencias. Dos años más tarde
dimos con otro: “Guinea, Macías, la ley del Silencio” de Ramón García
Domínguez. Y por último: “Historia y Tragedia de Guinea Ecuatorial” por
Donato Ndongo Bidyogo.
En todos ellos aparece el Conde de Argelejo, partiendo de Montevideo en
1778, a fin de tomar posesión de esos territorios del Golfo de Guinea.
Comentando con nuestro presidente y amigo el C/N don Juan José Fernández
Parés, el interés y la curiosidad que nos habían producido estos hechos
casi olvidados y desconocidos por nosotros, él, que sí tenía una idea de
ellos, nos dirigió al amigo académico Dr. Daniel Castagnin, quien al
igual que nosotros incursiona domingo a domingo por la mencionada feria
y nos comentó que allí había encontrado un libro referente al tema, cuyo
título es: “El Brigadier Conde de Argelejo y su Expedición Militar a
Fernando Poo en 1778” por Manuel Cencillo de Pineda; obra sobre la cual
basamos la parte medular de la exposición, gracias a la gentileza del
Dr. Castagnin que nos la facilitó, para tomar con su autorización una
fotocopia.
Por el tratado de El Pardo del 11 de marzo de 1778, entre los reinos de
España y Portugal, que confirmó el polémico acuerdo de San Ildefonso del
1º de octubre de 1777, España obtuvo de Portugal por cláusula secreta,
territorios en el Golfo de Guinea en Africa, tras la gloriosa
intervención en Brasil y en el Plata, antes de finalizar la mitad de
1777, de la expedición del luego Capitán General de los Reales Ejércitos
don Pedro de Ceballos, Primer Virrey del Río de la Plata.
Dichos territorios del Golfo de Guinea lo constituían las islas de
Fernando Poo (hoy Bioko) y Annobon (hoy Pagalu) de un poco más de 2000
km2. y la posibilidad de comerciar con la costa frente a las islas,
desde el Cabo Formoso hasta el Cabo López, de donde España solamente
logró colonizar más adelante la actual Guinea Ecuatorial hasta 1968 (más
o menos unos 28.000 km2. como adelantamos, con las islas citadas y las
cercanas de Corisco y Elobey). Como curiosidad les recuerdo que antes de
esa fecha el amigo de la Academia, General Auditor don José R. Cervera
Pery, historiador naval español, estuvo destinado en los referidos
territorios, según lo que nos comentó. Asimismo recordamos que varios
uruguayos vivieron luego de la independencia, que tuvo lugar el 1968, en
ese convulsionado país como consultores de organismos internacionales,
entre ellos el Ingeniero Aristóbulo Ortega, su esposa Carolina García
Lagos y dos de sus hijos; el señor Alfredo Castelli; y los esposos Juan
Ashfield y Carmen Shuster
La expedición que comandó Ceballos, la componían nueve mil hombres que
llegaron a América desde Cádiz, en noventa y tres barcos mercantes
escoltados por una escuadra constituída de seis navíos de línea, siete
fragatas, un chambequín (jabeque de tres palos con aparejo de fragata),
dos paquebotes (embarcación análoga al bergantín, que es de dos palos,
aunque de líneas menos finas), un bergantín, dos bombardas (buques de
dos palos), una saetía armada (embarcación latina de tres palos), una
urca (embarcación grande de transporte, muy ancha en el centro) y dos
brulotes (que como saben eran barcos cargados con materias inflamables
para incendiar los buques enemigos). Escuadra que estaba al mando del
Tte.Gral. de la Real Armada, don Francisco Javier de Tilly y García de
Paredes, Marqués de Casa Tilly, quien por un corto tiempo se estableció
en Montevideo, ya sede del Apostadero Naval Español; luego alcanzó la
jerarquía de Capitán General de la Real Armada. Había asistido a la
campaña de Orán en 1733, como Alférez de Fragata, practicó el corso con
gran pericia y heroísmo desde 1735 a 1767, en que fue ascendido Jefe de
Escuadra. A su regreso a España desde América fue promovido a Capitán
General del Departamento de Cádiz. En 1794 obtuvo en propiedad el grado
de Capitán General de la Armada, nació en 1711 y falleció en 1795. Era
descendiente del Conde don Diego García de Paredes, uno de los mas
famosos comandantes del Gran Capitán don Gonzalo Fernández de Córdoba.
Quizá haya sido el marino español de más alto rango que estuvo
instalado en el Apostadero Naval de Montevideo, el cual en ese tiempo
era comandado por el Capitán de Navío don Juan Antonio Camino.
En el contingente que vino a América figuraba el Regimiento de Sevilla,
cuyo Jefe era el Coronel Felipe de los Santos Toro, VII Conde de
Argelejo, a quién se le confió el mando de una de las cuatro brigadas
que se organizaron y más adelante cuando se tuvo conocimiento del
Acuerdo de San Ildefonso, la dirección de la expedición para tomar
posesión de los territorios del Golfo de Guinea, habiendo ascendido a la
jerarquía de Brigadier.
El Virrey Ceballos al enterarse de las órdenes e instrucciones para la
toma de las aludidas islas, que la Corte de España le envió por medio
del Comandante de Marina don José Varela y Ulloa, quien había arribado
procedente de Cádiz a Montevideo el 2 de febrero de 1778 y el 16 del
mismo mes a Buenos Aires, como Capitán de la fragata SANTA CATALINA,
designó al Brigadier Conde de Argelejo, que estaba basado en Montevideo
al frente de su Regimiento, como Director de la nueva expedición y
primer Jefe Militar de las islas, nombrando como su segundo al
Teniente.Coronel de Artillería don Joaquín Primo de Rivera (bisabuelo
del Capitán General Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, segundo Marqués
de Estella, dictador de España en los años veinte del siglo pasado).
La expedición que salió de Montevideo estuvo compuesta por ciento veinte
soldados voluntarios con sus oficiales, veintidós cañones y su
correspondiente munición y abastecimientos necesarios para quince meses.
Todo fue embarcado en las fragatas SANTA CATALINA y NUESTRA SEÑORA DE LA
SOLEDAD y en el paquebote SANTIAGO. La fragata SOLEDAD había arribado a
Montevideo desde El Ferrol al mando del Capitán don Ramón Copete el 15
de febrero de 1778 con un duplicado de las órdenes que trajo Varela y
Ulloa y el mandato para el Marqués de Casa Tilly de que regresara a la
mayor brevedad a España con la escuadra y el ejército. El paquebote
SANTIAGO formaba parte de la escuadra y estaba al mando del Teniente de
Navío don José de Grandellana.
Se puso al mando de la flotilla a Varela y Ulloa, joven y distinguido
marino y cartógrafo gallego, al que se le deben numerosos trabajos de
hidrografía y la situación exacta de la Isla de Santa Catalina en
Brasil, así como las del Golfo de Guinea y de los puertos del Río de la
Plata; más adelante alcanzó el cargo de Jefe de la Escuadra Real de la
Armada. En 1782 regresó al Río de la Plata, comisionado para realizar la
demarcación de los límites de las posesiones españolas y portuguesas en
América del Sur. Estaba emparentado con el célebre marino y sabio
español don Antonio de Ulloa, contemporáneo suyo, muy recordable entre
los aviadores y aeronautas por el círculo de arco iris que lleva su
nombre y que se ve en las nubes con la imagen del avión en su centro, en
ciertas circunstancias cuando se vuela sobre un manto nuboso.
No fue fácil conseguir los abastecimientos necesarios para la expedición
a pesar de la actividad que desplegó el Conde de Argelejo y sus
subalternos, en esos momentos la pequeña plaza de la ciudad de
Montevideo y también Buenos Aires, estaban saturados de tropas y
tripulaciones de las naves mercantes y de la Armada y, del Ejército de
Ceballos. Las dotaciones de las dos fragatas y el paquebote fueron
completadas por el Apostadero de Montevideo, que ya en esos momentos
estaba bajo la comandancia del Capitán de Navío Gabriel Guerra y
Mendoza. A semejanza del segundo viaje de Colón, este grupo de hombres
iba pertrechado y provisto de armas, municiones y víveres, además de
semillas, herramientas y operarios, pues también intentaba efectuar una
tarea colonizadora.
Vencidos por completo los obstáculos, el 16 de abril de 1778 quedaron
listas las naves, con todo el personal y elementos a bordo a fin de
comenzar la navegación hacia el Golfo de Guinea.
El 17 de abril, 225 años atrás, levó anclas e izó velas desde Montevideo
la flotilla al mando del Comandante de Marina José Varela y Ulloa, con
destino a las costas del Africa Occidental, teniendo como primer escala
la Isla de Príncipe, que hoy forma parte de la República Democrática de
Santo Tomé y Príncipe, en ese entonces sede del Gobernador portugués de
las islas del Golfo de Guinea.
El Conde de Argelejo anotó en un diario los acontecimientos que se
fueron sucediendo desde su salida de Montevideo hasta la llegada a
Fernando Poo. Por ese documento se puede saber que al otro día de la
partida, la flotilla ya se encontraba fuera del Río de la Plata,
cubriendo su derrota sin novedad hasta el 5 de mayo, cuando la fragata
SOLEDAD comunicó que el Ministro de Hacienda de la expedición, Oficial
Real Vicente de Recaurte, se encontraba muy enfermo, falleciendo el día
8, a cuya muerte siguió la de un hombre de mar, también en la SOLEDAD,
que cayó al agua durante un temporal.
La fragata SANTA CATALINA, en la cual iba el Conde de Argelejo, era un
típico buque de esa categoría en la Flota del Rey, con su arboladura
inconfundible de tres mástiles, pero solo armado con 26 cañones;
normalmente en las marinas francesa e inglesa llevaban un mínimo de 32
cañones en una o dos cubiertas o baterías corridas.
La aparición de las fragatas alrededor del año 1650, fue un paso
adelante en la arquitectura naval, su desarrollo continuó hasta mediados
del siglo XIX. A fines del siglo XVIII desde el punto de vista militar
la fragata era al navío de línea, lo que hasta la Segunda Guerra
Mundial, el crucero lo era al acorazado. En un artículo que conservamos
del Dr. Juan Oribe Stemmer, publicado en el diario El País de enero de
1993: “Sobre Galeones y Tesoros”, nuestro Miembro de Número Fundador nos
informa de la evolución del arte de diseñar y construir embarcaciones en
la carrera de indias, con la desaparición de la carabela, la carraca y
el ocaso del galeón, para dejar paso al navío y sobre todo a la fragata.
Lo que cambió muy poco desde el siglo XVI hasta principios del XIX fue
la vida abordo, tanto para los hombres de mar como para los pasajeros,
quienes compartían todas las vicisitudes, incomodidades y peligros de la
navegación en esas naves de no más de 600 o 700 toneladas. En un
interesante libro del historiador y ensayista mexicano José Luis
Martínez: “Pasajeros de Indias” se puede apreciar como eran los viajes
transatlánticos en el siglo XVI; y, en otro artículo del Dr. Oribe
Stemmer, que también conservamos: “Hombres de Mar”, publicado en enero
de 1992, nos da una pauta de la alimentación en aquellos largos viajes a
vela. Todo lo cual es aplicable al cruce transatlántico que nos ocupa,
entre Montevideo y el Golfo de Guinea.
La navegación se desarrolló sin otras novedades dignas de mención, más
que las naturales para cada singladura. El hecho, entre otras cosas, es
que la flotilla se mantuvo unida durante todo el trayecto y el 29 de
junio de 1778, dos meses y doce días de la partida de Montevideo, las
tres naves dieron fondo ante el poblado principal de la Isla Príncipe,
primera etapa de la expedición.
La entrega de las islas por parte de los portugueses estuvo llena de
inconvenientes, complicaciones y dilataciones, por lo cual el paquebote
SANTIAGO fue enviado a España con el objeto de dar cuenta de las
novedades y demoras en la toma de posesión de los territorios. El Conde
de Argelejo recién pudo tomar posesión de Fernando Poo, el 24 de octubre
de 1778, pues el Comisario portugués Frey Luis Cayetano de Castro llegó
el 4 de octubre de 1778 en la fragata “Nuestra Señora de Gracia”. Luego
de finalizada la ceremonia en Fernando Poo, el Conde en la fragata SANTA
CATALINA se dirigió hacia la Isla de Annobon. El 4 de noviembre entraron
en la Isla Santo Tomé a fin de repostar víveres, reanudaron el viaje el
10 de noviembre con rumbo a Annobon; cuatro días mas tarde, el 14 de
noviembre de 1778 falleció el Conde de Argelejo en la SANTA CATALINA
posiblemente víctima de la malaria.
La expedición pasó al mando del Teniente Coronel Joaquín Primo de Rivera
el 16 de noviembre, quién se encontraba a bordo de la SOLEDAD. El 19 de
noviembre Primo de Rivera no logró tomar posesión de Annobon ante la
hostilidad de los habitantes de la isla. El 3 de diciembre las dos
fragatas españolas anclaron en la rada de Santo Tomé, donde se instaló.
Primo de Rivera con la expedición, ya mermada por las enfermedades y
accidentes. El 19 de diciembre de 1778 la SANTA CATALINA emprendió
navegación hacia España al mando de su comandante, quedando en Santo
Tomé la SOLEDAD y el grupo expedicionario a la espera de órdenes de la
metrópoli. Espera que habría de durar casi un año.
Luego España trató de mantener al grupo expedicionario, enviando
abastecimiento, dinero y refuerzos desde Canarias, en diferentes naves
del Rey y otras arrendadas en las Islas Canarias, como el navío del
comercio de Tenerife SANTIAGO (que no era el paquebote del mismo nombre
que comandaba el Teniente de Navío Grandellana).
A principios de diciembre de 1779 el Tte.Cnel. Primo de Rivera toma la
decisión de establecerse con su expedición en Fernando Poo,
instalándose al sur este de la isla en la bahía de la Concepción, donde
levantaron un poblado. El traslado se efectuó en la nave del comercio
SANTIAGO y otras embarcaciones menores.
El clima ecuatorial, las enfermedades y la falta de recursos fueron
menguando la disponibilidad de la gente, hasta tal punto que Primo de
Rivera se quedó sin oficiales. Para colmo de males el personal de tropa
se amotinó y decidió por medio de su líder, un sargento, abandonar el
poblado en el SANTIAGO con sanos y enfermos, entre los primeros su
Tte.Cnel. Primo de Rivera que fue detenido. Arribaron el 16 de noviembre
de 1780 a Santo Tomé, donde Primo de Rivera fue restituido a su cargo,
juzgándose a los culpables.
En esos tiempos España estaba en guerra con Inglaterra (1779-1783), lo
cual dificultaba las comunicaciones, no ya con España, sino con las
Islas Canarias. Por causa de dicha guerra la fragata NUESTRA SEÑORA DE
LA SOLEDAD en viaje a la metrópoli con novedades y solicitudes de la
expedición, fue apresada por los ingleses.
Finalmente, por segunda vez después de más de un año de hospitalidad
portuguesa en Santo Tomé, el 30 de diciembre de 1781 el Teniente Coronel
Primo de Rivera y 25 hombres que perduraban de la expedición del Conde
de Argelejo, más 19 hombres, 6 mujeres, 7 niños y 24 negros de los
refuerzos venidos de Canarias, dejan la isla lusitana hacia Bahía, en
Brasil, con destino final Montevideo en la nave SANTIAGO al mando del
Teniente de Fragata Casimiro de Lamadrid y en la fragata de Portugal al
servicio de España NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN. Arribaron a Bahía el 24 de
febrero de 1782, donde hubo que reparar los dos buques, trabajos que
llevaron casi un año, terminados, se hicieron a la vela hacia Montevideo
el 10 de enero de 1783, puerto al que llegaron el 11 y 12 de febrero de
1783.
De esta manera terminó la expedición del Conde de Argelejo que había
partido de nuestra ciudad casi cinco años antes. Recién a mediados del
próximo siglo XIX España recuperó esas islas. El fracaso de esta primera
expedición repercutió negativamente en la Madre Patria y sus gobiernos
hicieron lo posible por silenciar el hecho, ignorando durante años esas
posesiones. Sobre ella el Almirante don Luis Carrero Blanco, Ministro
Sub Secretario de la Presidencia dijo ante el pleno de las Cortes
Españolas en 1968, en ocasión de la aprobación de la Ley de Bases del
Gobierno Autónomo de Guinea Ecuatorial: “.... la retirada de
Primo de Rivera fue por causa de la insalubridad de esos territorios,
debido a la malaria, la fiebre amarilla, la lepra, la enfermedad del
sueño y la tuberculosis ....”.
Además agregamos que
el Brigadier Conde de Argelejo era un hombre metódico y estudioso, en
los tres meses que permaneció con su expedición en la Isla Príncipe a la
espera del Comisario portugués, se consagró a recoger Noticias sobre el
estado y condiciones de las islas que tenía que recibir, llegando a la
conclusión que Portugal en los tres siglos de dominación, nunca las
había poblado y, que a España no le produciría beneficios, pues todo lo
que podría exigirse de ellas sería menor al dispendio que le costaría
mantenerlas con decoro. Juicio que a nuestro entender fue real y
verdadero, pues aún hoy en día España tiene problemas con la República
de Guinea Ecuatorial, que arrastra desde la época en que se decidió
transformar aquellos territorios en colonia.
Para finalizar, creemos que el hecho histórico relatado, el cual partió
y regresó desde y al Apostadero Naval de Montevideo, revestía la
suficiente importancia como para rescatarlo del olvido y quizá
investigarlo en forma más exhaustiva en todo lo relativo a su
preparación y disolución.
BIBLIOGRAFÍA
-
“La Guinea Española” por El Abate Mendo. Montevideo 1901
-
“Guinea-Macias, La Ley del Silencio” por Ramón García Domínguez.
Barcelona 1977
-
“Historia y Tragedia de Guinea Ecuatorial” por Donato Ndongo
Bidyogo. Madrid 1977
-
“El Brigadier Conde de Argelejo y su expedición a Fernando Poo en
1778” por Manuel Cencillo de Pineda. Madrid 1948
-
“Historia de la Dominación Española en el Uruguay” por Francisco
Bauzá. Montevideo 1929
-
“Enciclopedia del Mar” por Antonio Ribera. Barcelona 1959
-
“La Marina, Antica e Moderna” por Giorgio Molli. Genova 1906
-
“Esbozo Biográfico de los Comandantes del Apostadero de
Montevideo” por Alejandro N. Bertocchi
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