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En el siglo XIX recalaron en el puerto de Montevideo varias expediciones
marítimas provenientes de países anglosajones y germánicos (1). Muchas
de ellas dejaron crónicas de interés histórico, sociológico,
costumbrista, arquitectónico, etc.
Las expediciones provenientes de los países anglosajones
persiguieron propósitos heterogéneos: investigaciones oceanográficas y
zoológicas, como la del CHALLENGER (1876) (2), recaladas para
aprovisionamiento en el curso de viajes “alrededor del mundo” como la
del velero SUNBEAM (1876) (3) y viajes con motivos de exploración
geográfica de la Antártida y de caza de ballenas y focas, como la que se
comenta en el presente trabajo.
Probablemente, la causa de que algunas expediciones
expediciones anglosajonas que recalaron en Montevideo en el siglo XIX no
hayan sido mencionadas en la historiografía marítima nacional –como el
presente viaje- radique en dificultades de acceso a las crónicas
originales conservadas en bibliotecas europeas (4).
Es el caso del presente relato de esta expedición,
escrito en idioma inglés, recogido en la Biblioteca de la Oficina
Federal de Navegación Marítima e Hidrografía (“Bundesamt für
Seeschiffahrt und Hydrographie”) de Hamburgo.
No se descarta que la abundancia de crónicas éditas de
expediciones marítimas británicas del siblo XIX se relacionen con el
beneficio económico que recibían los autores –capitanes de los buques-
por su venta. Así lo expresaba el hidrógrafo español Felipe Bauzá
(1764-1834) exiliado en Londres entre 1823 y 1834 relatando en una carta
que: “no se publica nada por si… todas las obras aun las costeadas por
el gobierno son en beneficio de los capitanes que las han hecho (…) (5).
RESEÑA BIOGRÁFICA DE JAMES WEDDELL (1784-1834)
(6).
Nacido en Ostend en agosto 24, 1787, era hijo de un
tapicero de Lanakshire (Escocia) afincado en Londres. En 1805 realizó
varios viajes a las Indias Occidentales a bordo de un barco mercante.
Estuvo en prisión en la fragata RAINBOW por insubordinación y motín. En
1810 era nombrado capitán de la FIREFLY. A pesar de su escasa educación.
Su amor por la lectura le produjo una buena formación cultural.
El comandante del “brig” AVON –luego Almirante de la
flota británica- Sir George Rose Sartorius expresó en 1839 un juicio
laudatorio sobre Weddell manifestando que era “one of the most
efficient and trustworthy officers I have met with in the couse of my
professional life (…uno de los oficiales más eficientes y de confianza
con quien me he encontrado en el curso de mi vida profesional…)
Entre 1819 y 1821 realizó un viaje a las recientemente
descubiertas islas Shetland del Sur buscando pieles de focas, no dejando
crónica al respecto. Su segundo viaje – el que se comenta en el presente
trabajo- se describe más adelante. En su honor, se bautizó con su
nombre, “Leptonychotes weddellii” a una de las especies de focas objeto
de caza (7). En 1829 regresaba de Buenos Aires donde
había desembarcado en una misión comercial con una “carta de
presentación para (Guillermo) Brown, Almirante y Vice-presidente”.
En el curso de un tercer viaje, en julio de 1829 hubo de
abandonar la JANE -por hacer cuatro pies de agua por hora en los dos
meses anteriores- lo que le causó su ruina financiera. Debió embarcarse
como pasajero en el “schooner” SWALLOW, destinado a Plymouth. Esta
embarcación naufragó cerca de la isla de Pico en las islas Azores en 11
de julio del año citado. Parte de la tripulación se posesionó del único
bote abandonado al resto de la tripulación, debiendo Weddell atarse a
una roca para sobrevivir siendo rescatado posteriormente a través de las
rompientes y perdiéndose doscientas páginas de sus manuscritos
autógrafos.
En 1830 abandonó Londres como capitán del buque mercante
ELIZA en 342 toneladas destinado a Tasmania y Nueva Gales del Sur.
El escritor William Jerdan en su “Autobiography”
(Londres, 1853) menciona que Weddell “se sentía más atraído por su
ambición de seguir sus brillantes aventuras navales que por recoger los
frutos de su industria comercial en las embarcaciones confiadas a su
comando”, (…”more wrapped up in the ambition to follow up his brilliant
naval adventures than to look out for and reslise the fruits of
commercial industry in the ships entrusted to his command").
Físicamente era descrito en 1838 por su retratista P.G.
Dodd como dueño de un físico corpulento, de talla alta, cara de rasgos
decididos, cabello negro, cejas pobladas, de carácter enérgico y de
conversación cautivante. Gozaba de una excelente relación con su
tripulación que lo seguía incondicionalmente.
Falleció en Londres en la depresión y pobreza en
setiembre 9,. 1834 a la edad de 47 años.
LA SEGUNDA EXPEDICIÓN
ANTÁRTICA DE JAMES WEDDELL
La finalidad de esta expedición desarrollada entre 1822 y 1824,
comandada por James Weddell, se hallaba claramente explicitada en el
texto de la crónica: “ our adventure was for procuring Fur –seal
skins…”, (“…nuestra aventura era para la obtención de pieles de focas
peleteras…”).
El título de la crónica de esta expedición dirigida
al Polo Sur informa sobre algunos de los lugares geográficos visitados:
“A Voyage towards the South Pole performed in the years 1822-24,
containing an examination of the Antarctic Sea to the seventy-fourth de
gree of latitude and a visit to Tierra del Fuego with a particular
account of the inhabitants, to which is added much useful information
on the coasting navigation of Cape Horn, and the adjacent lands, with
charts of harbours, etc. by James Weddell Esq. Master of the Royal
Navy.” (“Viaje al Polo Sur efectuado en los años
1822-24 incluyendo un examen del Mar Antártico y una visita a Tierra
del Fuego con una particular referencia a los habitantes, a lo que se
agrega mucha información útil de la navegación costera del cabo de
Hornos y las tierras adyacentes, con cartas de puertos, etc. por James
Weddell Capitán de la Armada Real”). Longman,
Hurst, Rees, Orme, Brown, and Green.
8vo. London
1825.
Las embarcaciones de la expedición eran el “brig” (8)
JANE de 160 toneladas –proveniente de Leith- con una tripulación de
veintidós oficiales y marineros, comandada por James Weddell y el
“cutter” BEAUFOY-de Londres- de 65 toneladas, al mando de Matthew
Brisbane, con una tripulación de trece hombres (8) y provisiones para
dos años.
Levaron anclas en setiembre 17 de 1822, cruzaron el
Ecuador en noviembre 7 de 1822 y pasaron por Madeira, Funchal, Islas de
Cabo Verde y Santa Elena, dirigiéndose a las Islas Malvinas adonde llegó
en diciembre 19. Durante el viaje observaron un gran número de petreles
y ballenas negras.
Exploró el entonces desconocido –y luego llamado en su
honor- Mar de Weddell, brazo del Oc éano Suratlántico, las islas
Malvinas, el cabo de Hornos, las islas Shetland del Sur , Georg ias del
Sur y Orcadas del Sur adonde llegó el 13 de enero de 1823. Alcanzó la
latitud sur de 74° 15’ en febrero 20, 1823, no alcanzada anteriormente
por ninguna expedición(9).
La exploración de las islas Shetland del Sur originó la
denominación de los diversos accidentes geográficos de éstas con los
nombres de algunos de los capitanes bajo cuyo mando había viajado
Weddelll tales como “estrecho de Boyd “, “estrecho de Duff” e isla
Sartorius”. El “Mar de Weddell” en la Antártida recuerda su nombre (10).
De regreso a Europa recaló en Montevideo en abril de
1823 –ciudad entonces ocupada por el Imperio del Brasil- donde fue
atendido por la empresa naviera Stewart McCall y Co. y el cónsul
británico Thomas Hood.
Con la colaboración del comodoro Murray Maxwell de la
estación británica, se revisaron los barcos de la expedición, ocupándose
de sus reparaciones los carpinteros del buque inglés BRITON, finalizadas
en mayo 4. Regresó a Inglaterra en 1824.
Presentamos una reseña de la crónica sobre Montevideo que dejó la
expedición, omitiendo la noticia relativa a la historia de la ciudad
(traducción) del autor; el tema del párrafo se anuncia entre
paréntesis):
(La ciudad de Montevideo)
Montevideo es una ciudad amurallada situada sobre la costa norte del río
(de la) Plata, alrededor de setenta millas de su entrada. La ciudad fue
tomada en 1823 de los portugueses, por los imperialistas brasileños, que
actualmente la ocupan. El actual Gobernador militar General Le Core
parece ser una persona calculada para mejorar las circunstancias del
país, pero la experiencia de las frecuentes invasiones y revoluciones de
los últimos veinte años impide a los habitantes ocuparse de cualquier
cosa que no pueda ser transformada rápidamente en dinero; por esto casas
con magníficas plantas no se terminan y se permite a muchas situadas
varias millas fuera de las murallas permanecer en estado de ruina
causada por la desolación de la guerra.
Muchas de las calles se hallan en tal mal estado que
casi no son transitables. En su totalidad se presenta el deterioro
acumulado por una serie de años agitados por casi perpetuas luchas
civiles y extranjeras.
Los ricos, como es de esperar, viven holgadamente sin
ser ofensivamente orgullosos o cruelmente severos, como patrones. La
clase laboral de la gente, no son notables por su industria siendo más
bien adictos al ocio y a la ebriedad. El trabajo en tres días en la
semana, por la baratura de las provisiones es suficiente para
mantenerlos los cuatro días restantes en la borrachera y la disipación.
No hay casi ningún europeo, por industrioso que sea, que no caiga en
esta ociosidad.
Los guachos (sic), o campesinos, que vienen
ocasionalmente a la ciudad, son personas de elevada estatura y tez
rubicunda. No se considera la clase de hombres más honesta y quizás han
cometido más asesinatos que cualquiera.
Las señoras de Monte Video miden generalmente algo
por debajo de la estatura media y con propensión a ser robustas. La
costumbre de calzar zapatos pequeños las han vuelto torpes de los pies:
pero la belleza de sus rostros compensan ampliamente dicha deformidad.
El contorno de sus rostros es lo que puede llamarse griego con tez
bastante cetrina como para suprimir la rubicundez corriente; y sus
expresivos ojos negros junto a su simple elegancia, no fracasan en
volverlas interesantes.
Los curas de este lugar parecen estar perdiendo
autoridad y es conspicua la pobreza de sus iglesias. El esplendor que
solía presentar la estructura interior de sus santuarios en esta parte
del globo está ahora disminuido casi a las paredes desnudas.
(El Puerto)
Debo hacer notar que ofrece poco reparo desde el sur al oeste y es tan
poco profundo que no es nada conveniente.
Un navío que cale doce o trece pies está raramente a flote en lo que
puede llamarse el puerto, aunque el fondo es de barro sobre el que se
apoya la embarcación sin recibir daño, pero , a veces, si se halla
atravesado en el puerto cuando sopla el pampero, es sacudido por estos
huracanes que si no son dañinos, por lo menos inconvenientes.
(Los vientos, la hidrografía del Río de la Plata, los
bajos)
Estos vientos que soplan desde el sudoeste a través a través de una
llanura que casi llega hasta el pie de los Andes, adquieren tal fuerza
que caen sobre el Río de la Plata y el puerto de Monte Video, que
requieren las mejores anclas y cables para asegurar los buques.
Los varios y peligrosos bajos que se hallan en este río causan que las
navegaciones a Buenos Ayres sean peligrosas. Muchos comandantes de
buques que entran con un viento suave, a menudo prosiguen sin un piloto
y cuando han llegado a la vecindad del peligro, el viento se vuelve
contrario y el tiempo irregular y al no estar familiarizados con las
corrientes, encallan sus barcos. Las boyas a menudo se han desplazado o
desprendido y uno queda desprovisto de referencias. Los bancos se han
desplazado y ni la profundidad del río ni el conjunto de las corrientes
son conocidos; todas estas inseguridades contribuyen a dificultar mismo
a aquellos con una amplia experiencia en esta ruta. Durante mi estadía
en Monte Video dos navíos se perdieron totalmente en el río; y uno hace
un mes o seis semanas naufragó con la pérdida de varias vidas en una
manera desgraciada dado que murieron sobre una balsa empujada por la
dirección del viento y la corriente.
(Necesidad de mejorar el faro del Cerro)
Sobre el monte de Monte Video, la linterna que se enciende de noche es
tan débil que apenas se ve para el anclaje del puerto; por tanto tiene
poca utilidad; pero si estuviera colocada en la Isla de Flores y
adecuadamente vigilada, sería una guía para los barcos que pasan en una
oscura noche.
(Los pilotos)
Pilotos ingleses y americanos pueden obtenerse en
Monte Video, pero reciben tan poco estímulo que nunca salen al mar para
buscar los buques.
El puerto de Maldonado sería conveniente para una
estación de pilotos al estar cerca de la derrota y por carecer de
bancos.
(La conmemoración del cumpleaños de Su Majestad
británica).
Los comerciantes británicos forman un grupo
respetable. Estos caballeros nunca omiten la celebración del aniversario
del cumpleaños de su Majestad Británica con una cena. Tuve la fortuna de
ser invitado a esta fiesta anual. El grupo, cerca de cincuenta personas,
se sentó a las seis. Se hallaban presentes Sir Murray Maxwell, el cónsul
británico y varios oficiales españoles y portugueses de alto rango,
civiles y militares. A las ocho se
retiró el mantel y se brindó por la salud de su Majestad el rey Jorge
Cuarto. A esto la banda portuguesa que se hallaba situada en el patio,
inició la música de “Dios salve al Rey” y en el mismo momento la fragata
Briton disparó una cantidad de cohetes y ejecutó un saludo real. La
coincidencia de estos hechos, que habían sido bien arreglados
previamente, fue tan precisa que el efecto fue admirable. La banda
portuguesa había aprendido la música de “Rule Britannia” que tocaron con
gran energía y las copas llenas circularon para apropiados brindis.
Los caballeros españoles, para expresar su total
desdén por los bienes mundanos, comenzaron a romper los platos y vasos,
como si carecieran de valor. Cada brindis era acompañado por el
sacrificio de estos artículos y un anciano español era notable por
reunir dos platos de postre y arrojarlos por sobre su hombro, a lo cual
Sir Murray Maxwell comentó jocosamente que la palabra “Plate” (el nombre
del río) debía derivar del utensilio de mesa de ese nombre, por el
evidente placer que causaba su destrucción. A medida que avanzaba la
noche el grupo regresó a sus casas y yo a la
mía.
En mayo 4 soltaron amarras y prosiguieron a Falmouth,
Reino Unido.
NOTAS
(1)
BAUZÁ, Carlos A:. “Expediciones marítimas germánicas que
recalaron en Montevideo en el siglo XIX. I. El puerto de Montevideo en
1884. Un relato de la expedición de la corbeta austrohúngara ‘AURORA’ y
su recalada en Montevideo en 1889”. Revista Naval (Montevideo) julio
1995, págs. 111-117.
BAUZÁ, Carlos A.: “Expediciones marítimas germánicas
que recalaron en Montevideo en el siglo XIX. II. La expedición del
geógrafo austrohúngaro Wilhelm Kreuth en 1889”. Trabajo leído en la
Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial. Montevideo, diciembre
4, 2003; en prensa.
BAUZÁ, Carlos A:. “Expediciones marítimas germánicas que recalaron en
Montevideo en el siglo XIX. III. La recalada en Montevideo de la
cañonera austrohúngara ALBATROS en 1886”; en prensa.
(2)
“The cruise of her Majesty’s ship “Challenger”. Voyages over may seas.
Scenes in many lands. By W.J.J. Spry, R.N. with map and illustrations”.
London, Sampson Low, Marsto, Searle & Rivington, 1876.
Véase LINKLATER, Eric: “El viaje del Challenger”. Ediciones del Serbal.
Grafos S.A., Barcelona, 1982. También véase BAUZÁ, Carlos A.:
“Expediciones marítimas anglosajonas del Río de la Plata en el siglo XIX.
II. El velero inglés “HMS CHALLENGER” en Montevideo (1876)”. Revista
Naval (Montevideo)”, en prensa.
(3)
BAUZÁ, Carlos A.: “Expediciones marítimas anglosajonas al Río de
la Plata en el siglo XIX. I. El velero SUNBEAM en Montevideo (1876)”.
Revista Naval (Montevideo); año X, número 34 (Setiembre 1999); págs.
53-58.
(4)
Debe recordarse sobre todo en las últimas décadas del siglo XIX
se realizaron numerosas expediciones al Polo Sur. En dicho período
cronológico se conocen 16 viajes al continente antártico provenientes de
9 países. Salvo |