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En la madrugada del 1º de Setiembre de 1939 poderosas fuerzas alemanas
atraviesan la frontera polaca iniciándose la Segunda Guerra Mundial del
Siglo Pasado. En ese momento se encontraban en el Puerto de Montevideo
los barcos italianos “Adamello” y “Fausto”, y los dinamarqueses “Isaura”
y Christian Sass”.
Con el objetivo de aliviar las deficiencias de aprovisionamiento que
afectaban la economía nacional el gobierno uruguayo decide requisarlos
en Setiembre de 1941. El “Adamello” pasa al Uruguay con el nombre
“Montevideo”. El mismo es reparado y a principios de 1942 se halla
listo para hacerse a la mar con la carga que le sea asignada.
El carguero de 5.785 toneladas brutas de desplazamiento, construido en
1920 se puso al comando del expediente Capitán de Fragata José Rodríguez
Varela (que había sido Comandante del crucero “Uruguay” durante varios
años). Los Oficiales de cubierta eran: Primer Oficial Piloto Mercante
Fermín Raparaz, Segundo Oficial Teniente de Navío José P. Natero, Tercer
Oficial Piloto Mercante Ernesto Michaelsson Nuñez, Cuarto Oficial
(Telegrafista) Orosimbio Machado. El Jefe de Máquinas era el Capitán de
Corbeta Magiorino Bianchi, Primer Maquinista Melchor Martínez, Segundo
Maquinista Dante Marega, Tercer Maquinista José López, Cuarto Maquinista
Laureano Arroyo. El resto de la tripulación, de 36 hombres eran civiles
y retirados de la Armada Nacional totalizando un total de 46
tripulantes.
En los primeros días de Febrero de 1942 sus bodegas son cargadas con
cereales, carnes congeladas, cueros y fertilizantes. A su regreso
debería cargar 1.000 Ton. de papel para diarios y 2.000 Ton. de hierro
para la construcción.
Se dispone a partir rumbo a Estados Unidos (New York) haciéndose a la
mar a las 18:00 horas del 09 de Febrero de 1942. El buque navega
lentamente por un borde de América rumbo al Norte costeando las costas
de Brasil hacia el Atlántico Norte, recalando en Pernambuco (Brasil) y
pone proa al puerto de Saint Thomas (Islas Vírgenes). El día 05 de Marzo
después de casi un mes de navegación, sin inconvenientes, el buque
arriba al citado puerto, en el Mar Caribe, con la finalidad de
abastecerse de carbón. Allí la tripulación recibe la información de los
peligros que los acecharan y los hundimientos recientemente acaecidos
como consecuencia de los ataques de submarinos alemanes.
El Capitán del buque pide ordenes a Uruguay (Montevideo) describiendo
los peligros que los acechan pero al no recibir respuesta, en el día y
hora señalada por el telegrama enviado decide hacerse a la mar.
El “Montevideo” con el Pabellón de la Patria desplegado avanza en la
inmensidad del Atlántico Norte en procura del puerto norteamericano de
New York. Se ha dictado una nueva norma de navegación. Durante las horas
del día el buque marcha en zig-zag (variar el rumbo por lapsos
prefijados para confundir al enemigo) y por la noche se hace a bordo una
oscuridad absoluta, habiéndose prohibido hasta fumar en cubierta con el
propósito de disimular la presencia del buque.
La noche del sábado 07 de Marzo los tripulantes Hermenegildo Suarez Rao
y Juan Pedro Suárez, que se encontraban en cubierta en la Proa
distinguieron nítidamente grandes reflejos a larga distancia. Eran
reflejos de explosiones. Luego se supo que a esa misma hora y en el
lugar indicado por los tripulantes nombrados un submarino alemán había
torpedeado y hundido a un carguero holandés. Se dio la voz de alarma y
de inmediato todos los tripulantes vistieron sus sacos de agua y se
colocaron los salvavidas individuales. Varias veces por día la
tripulación hace zafarrancho de abandono de buque dirigidos por el
Comandante de la Unidad, también repitieron esta maniobra en la noche
pues era criterio unánime que el ataque del submarino alemán se
produciría en la oscuridad. Aquella noche del Sábado 07 de Marzo la
tripulación no estaba tranquila a causa de las explosiones observadas
antes mencionadas.
La mañana del Domingo 08 de Marzo era hermosa. Se ordenó que el buque
navegara a toda maquina, con la secreta esperanza de encontrar un buque
de guerra norteamericano para que los escoltase y protegiera. Con la
proximidad de la noche, aumento la intranquilidad de la tripulación pero
no sucedió ningún ataque.
El día 09 de Marzo de 1942 por la mañana se avisto una mancha negruzca
que desapareció rápidamente, a las 4 de la tarde, mucho más cerca,
emerge nuevamente, ahora no hay duda que es un submarino; el Capitán
Rodríguez Varela ordena maquina avante forzada, se intensifica el
zigzagueo y se reitera la orden de oscuridad absoluta a bordo y la
prohibición de fumar en cubierta.
En el reloj del cuarto de derrota las agujas marcaban las 19 horas y 25
minutos cuando explotó el torpedo del submarino alemán en plena noche en
latitud 29º35´Norte y longitud 69º13´Oeste. Al recibir el tremendo
impacto en la bodega número 2 el buque se escoro rápidamente alrededor
de 35 grados del lado de estribor pero paulatinamente volvió a su
estabilidad al mismo tiempo que caía sobre su cubierta una gran tromba
de agua que destruyó todo a su paso. Simultáneamente a todo esto cayó
la cofa y yacía inerte sobre la cubierta el vigía, el mas joven de los
tripulantes y embarcado en Montevideo, a último momento, el grumete
Atiliano José González. Fue la primera víctima. Luego lo siguieron el
Mayordomo Pedro Baigorri y el Cocinero José Conde violentamente
arrastrados por la tromba marina que los golpeó violentamente contra los
guinches falleciendo ambos de inmediato. También fallecieron a causa del
impacto del torpedo y posterior inundación del buque un Marinero de
cubierta y 9 Marineros de Máquinas.
El torpedeamiento sorprendió al Capitán del buque en el puente de mando
y este al apreciar la situación del barco (y la inutilidad de todo
intento de resistencia al no llevar ningún tipo de armamento) ordenó que
la tripulación concurriera de inmediato a sus respectivos lugares en las
embarcaciones de salvataje. El escoramiento del buque a estribor
destruyó los botes y las balsas de esa banda y como consecuencia todo
los sobrevivientes ocuparon los lugares sobre las embarcaciones de
babor, en la más completa oscuridad muy disciplinadamente como era
posible ante tan difícil situación lo que permitió un número alto de
sobrevivientes, solamente alumbrados por la linterna salvadora del
Tercer Oficial Piloto Mercante Ernesto Michaelsson.
En el bote se embarcaron 28 tripulantes incluyendo al Capitán de la nave
y en una balsa 4 tripulantes incluyendo al Cuarto Oficial (Telegrafista)
Orosimbio Machado. La balsa en el agua estaba amarrada por un cabo al
“Montevideo” ya agonizante pero el Marinero Juan Pedro Suárez, con gran
esfuerzo, corto ese amarre que era fatal y la balsa se fue a la deriva
con sus 4 tripulantes y el “Montevideo” se hundió suavemente como no
queriendo llevarse a su tumba líquida a esta balsa y sus tripulantes,
al irse el buque a pique, que además fue impactado por certeros tiros de
cañón del submarino alemán produciendo su hundimiento definitivo.
El Piloto Mercante Ernesto Michaelsson que tanto ayudó con su linterna
a los náufragos al quedar el buque sin luz en el medio de la oscuridad
no saltó al agua a pesar de los desesperados gritos de sus compañeros y
finalmente se le vio apoyado en la borda, iluminado por su propia
linterna, hundiéndose con su querido buque; algo muy grande ocurrió en
aquellos momentos en el alma del valiente hombre de mar, llevándose
consigo el secreto de su fatalista indiferencia ante la muerte;
completando así los 14 tripulantes fallecidos a bordo del buque.
Volviendo los náufragos el bote navegó a vela ayudado por la acción
discontinua de los remos debido a las débiles fuerzas de los
sobrevivientes durante 6 días y 6 noches consumiendo los escasos víveres
de emergencia y cuando estos escaseaban apareció en el horizonte el
buque mercante holandés “Tealamon” que los rescató y los condujo al
Puerto de Jeremie (República de Haití) donde fueron tratados
amablemente y transportados los náufragos uruguayos y noruegos (también
víctimas de un submarino alemán) a Puerto Príncipe Capital de la citada
República a excepción de los marineros lesionados Cabrillana y Silveira
que quedaron hospitalizados en Jerémie para su definitiva curación y
posterior traslado a la Capital de la Isla.
Ahora, retornaremos al relato de la odisea de los 4 tripulantes de la
balsa salvavidas, sin provisiones ni agua dulce se mantenían comiendo
algas marinas, pescado crudo y chupaban, valga la expresión no muy
académica, los botones de sus ropas para saciar la sed, además del
peligro de los tiburones que los acechaban continuamente. La embarcación
iba al garete empujada por las olas y el viento ya que no tenían fuerzas
para remar en los dos primeros días del naufragio. Al tercer día
juntaron fuerzas de flaqueza y decidieron remar hacia la costa luego de
estudiar los puntos cardinales. Tuvieron suerte con la ruta elegida
porque se encontraron con el buque norteamericano de guerra “Explorer”
que se dirigía para la costa. Habían pasado 5 días y 5 noches hasta que
los encontró el buque antes mencionado. Dos días después desembarcaron
en Puerto España (actual República de Trinidad y Tobago), en el Isla de
Trinidad.
Salvado los 32 sobrevivientes ahora era necesario juntarlos para
transportarlos a Montevideo. Por cuenta de nuestro Gobierno un avión de
Pan American Airways transportó a los 4 tripulantes que se encontraban
en Puerto Príncipe (República de Haití) a Puerto España (Trinidad)
donde se encontraban los 28 tripulantes. Allí los 32 hombres se
encontraban todos juntos, por vez primera, desde el hundimiento.
Alegrías y tristezas.
Alegrías por el reencuentro de todos los camaradas sobrevivientes,
tristezas por tener la certeza, de los fallecidos en el mar que eran 14;
que junto a los 32 sobrevivientes formaba la dotación de 46 hombres.
Allí en Puerto España esperaron varios días para que algún buque los
condujera a sus hogares. En esa larga espera llegaron diarios de
Montevideo en los cuales había noticias del naufragio. Era como tener en
las manos, de estos sacrificados hombres, un pedazo de nuestra patria a
través de los periódicos. Se enteraron que el Gobierno uruguayo
dispondrá la incautación del mercante alemán “Tacoma” para reparar la
perdida del “Montevideo”.
Por fin, tras tantos días interminables de espera, el buque
de pasajeros español “Cabo de Hornos” los embarcó a todos. La
tripulación como el pasaje fueron muy atentos y cordiales con los
uruguayos. Es justo destacar el gesto honorable de la Compañía Ibarra,
armadora del buque, que no cobró voluntariamente el costo de los pasajes
a pesar de haber tenido que abandonar su derrota habitual para ir a
recogerlos a Puerto España. El buque zarpó de este puerto y atracó en
San Salvador, Bahía (Brasil) para dejar pasajeros, pero no fue permitido
el descenso de los pasajeros en tránsito. Después zarpó rumbo a Río de
Janeiro siendo allí recibidos por las Autoridades Diplomáticas y por el
Agregado Naval acreditados de Uruguay en Brasil. Además el barco español
transportaba de regreso a los tripulantes del carguero de Brasil
“Paranaiba” que fue hundido por un submarino alemán lo cual hizo que un
numeroso público presenciara el arribo del barco español. En Río de
Janeiro los uruguayos pudieron bajar a tierra por un día y presenciar
las bellezas de la ciudad carioca. Se sintieron como ya estar muy cerca
de casa lo cual aumentó la ansiedad de reencontrarse con sus seres
queridos. El buque largo amarras a medianoche y arribo al otro día a
última hora para dejar pasajeros en el gran Puerto de Santos y zarpar
enseguida.
Tras pocos días de navegación el buque se acerca a Montevideo y antes de
arribar empiezan a despedirse de todos, en especial, del Comandante del
“Cabo de Hornos” y del Capellán de abordo que ofició la misa en memoria
de los que no sobrevivieron.
Al arribar a Montevideo el Domingo 17 de Mayo de 1942, en una gris tarde
otoñal, el buque español fondea en el antepuerto y los sobrevivientes
son transbordados al remolcador “Lavalleja” para trasladarlos al muelle
donde les esperan para darles una calurosa bienvenida mas de 30.000
personas. A las 22:00 horas el remolcador atraca a muros. El primero en
descender es el Comandante del buque Capitán de Fragata José Rodríguez
Varela seguido por los demás sobrevivientes los cuales se retiran del
Puerto abrazados por familiares y victoreados por el público en la
alegría general de los que volvieron sanos y salvos.
La parte triste, muy triste; silenciosos vestidos enteramente de negro,
según la costumbre de aquellos años, permanecen en un rincón los
familiares de los tripulantes desaparecidos. Su esperanza fue más fuerte
que todo y llegaron hasta el Puerto en la duda que las informaciones
sean equivocadas y que “EL” regresara para estrecharlo en sus brazos.
Son las 23:00 horas y no queda nadie en el Puerto. Un Oficial comunica a
los dolientes que todos habían desembarcado. Y aquellas palabras son
como una pesada lapida puesta sobre las almas que aún tenían esperanza.
CONCLUSIONES
A la luz del tema desarrollado se pueden sintetizar las siguientes
conclusiones:
El B/M “Montevideo” zarpó de Montevideo rumbo a New York (Estados
Unidos) en un viaje peligroso. Si bien Uruguay había roto relaciones con
los países del Eje (Alemania, Italia y Japón ); permanecía neutral en el
conflicto mundial. Confiando en que se cumpliría las normas
internacionales, suscritas por Alemania, las que prohibían el ataque a
barcos mercantes de naciones no beligerantes; pero el buque uruguayo iba
a un Puerto de un País que estaba en guerra con Alemania.
El Comandante del buque Capitán de Fragata José Rodríguez Varela
comunicó desde las Islas Vírgenes (donde el buque se encontraba atracado
a muros) a Uruguay el peligro inminente de un ataque submarino a su
buque si se hacia a la mar, pero no recibió respuesta en el día y hora
fijada por el mensaje enviado a nuestro país. En la soledad del mando
decidió zarpar de Saint Thomas (Islas Vírgenes) y cumplir su cometido de
entregar su carga en New York con la secreta esperanza de no ser
atacado navegando en solitario.
En el hundimiento del buque el 08 de Mayo de 1942, por un submarino
alemán, demostró que hombres entre 19 y 46 años tuvieron un
comportamiento excelente que de haber ocurrido lo contrario hubiera
implicado una tragedia mayor que la ocurrida ya que sólo se ahogaron los
tripulantes que fallecieron por el impacto del torpedo o por las
consecuencias del mismo, a excepción del Tercer Oficial Piloto Mercante
Ernesto Michaelsson que después de ayudar, con su linterna en la
oscuridad de la noche a los náufragos, prefirió hundirse con su barco.
El espíritu de unión que ligó a todos los tripulantes durante años
posteriores a la Guerra, el orgullo por haber pertenecido a esa
Dotación e identificando como héroes a los que cayeron nos hace
necesario saber más y conocer a estas trascendentes acciones humanas que
seguramente no hacen sólo a una región o un país, sino al misterio del
alma y del corazón.
BIBLIOGRAFÍA
Ø
Armada Nacional. Estudio Histórico Biográfico: 1977. Teniente de Navío
(R) Homero Martínez Montero.
Club Naval, Montevideo, Uruguay.
Ø
Precursores del Uruguay Marítimo: 1993. Publicado por la Liga Marítima
Uruguaya. Montevideo. Uruguay.
Ø
Revista Naval: 2000. Club Naval, Montevideo, Uruguay.
Ø
El “Montevideo” Víctima de los piratas nazis. 1942. Editorial
“Noticias”, Montevideo, Uruguay.
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