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El poder de España se iba debilitando. La herética Flandes, contra la
cual Felipe II arrojó sus más bravos tercios y en cuya guerra gastó
parte del oro y la plata de América se escapaba de las manos de su
sucesor Felipe III. En 1609 se vio obligado a firmar un pacto con los
rebeldes, en el cual convenían una tregua de 12 años. Una de las
cláusulas de este pacto establecía que “los estados de Holanda y sus
sujetos no pueden ejecutar tráfico algunos sin expreso consentimiento de
dicho señor rey de España”. Esta cláusula impedía al comercio y a la
marina holandesa expandirse por América. Al no poder comerciar con
legalidad se dispusieron, violando la tegua, ir al Asia y pasar por
América como piratas, por orden del príncipe de Orange, gobernante de
Holanda.
La Compañía de Indias Orientales, poderosa asociación naviera, obtuvo la
exclusividad para cruzar el Estrecho de Magallanes. Con ese motivo
equipó una flota de seis robustos barcos, bien tripulados y dio sumando
al Almirante holandés Jorge de Spilbergen, y zarpó del puerto de Texel
el 08 de Agosto de 1614.
La flota holandesa puso rumbo al África y luego zarpó hacia Brasil,
teniendo escaramuzas con los portugueses en ambos lugares. Los espías
que la corte española tenía en los Países Bajos habían comunicado la
salida de la expedición al virrey del Perú, el cual alistó una flota,
que recorrió el Pacífico meses antes de la entrada de los holandeses y
regresó a El Callao, convencido de que era una falsa alarma.
En febrero de 1615 recala en Río Gallegos y luego desembarca en la Isla
Grande de la llamada Tierra del Fuego, que se hallaba al Sur del
Estrecho, cazan avestruces y descubren un gran río de agua fresca,
bordeado de arbustos y zarzamoras. Al hallar nativos intercambian
abalorios (cuentas de vidrio y adornos varios) por pieles. Con otros
indígenas tuvieron enfrentamientos y perdieron dos marineros. Dicen
haber visto fueguinos gigantes y enanos de dos pies de alto, todos
vistosamente ataviados.
El Almirante había tenido que realizar ejecuciones, con su gente
sublevada, antes de entrar al Estrecho.
El 08 de Marzo de 1615 con vientos favorables entran al estrecho de
Magallanes, luego de varias tentativas frustradas. Una de las naves
menores apartada por los vientos aprovechó esta circunstancia para dar
vuelta y retornar al Atlántico. El 06 de Mayo la escuadrilla de cinco
naves navegaba en las aguas del Océano Pacífico.
En las islas de Mocha y Santa María, en el Sur de Chile , Spilbergen
trató con los aborígenes, cambió cuchillos, hachas y cuentas de vidrio a
cambio de víveres frescos. Intenta atacar Concepción y Valparaíso, pero
es rechazado debido a una fuerte oposición de sus defensores.
Navegando hacia el Norte de Chile ataca el Concón, donde los esperaba
una fuerte defensa de 700 hombres, la mayoría enviados desde Santiago.
El navío San Agustín que estaba listo a zarpar, cargado de mercaderías
rumbo al Callao fue hundido precipitadamente por los propios defensores
ante el peligro que los holandeses se apoderaran de su cargamento.
Spilbergen desembarcó con 200 hombres y una pieza de artillerías, pero
fue rechazados por sus defensores: los españoles incendiaron sus casas,
mientras los holandeses prendían fuego las restantes, pero hubo más
destrozos y gritos que víctimas, y aprovechando la bruma del atardecer,
el pirata holandés decidió reembarcarse para embestir cuanto antes las
fortificaciones de El Callao.
En Junio, la flota holandesa se encontraba navegando frente
a la costa peruana. La Armada Española salió del puerto de El Callao en
busca de la holandesa, la componían seis barcos, de cualquier manera, el
número de barcos era mayor a la Holandesa, que sólo tenía cinco de
superior calidad y con una avezada tripulación.
La escuadra española era comandaba por Don Rodrigo de Mendoza, joven
sobrino del Virrey, y llevando como segundo al veterano y expediente
marino Don Pedro Álvarez del Pulgar. La formación holandesa era compacta
y unida, mientras que la española estaban sus navíos dispersos por orden
de su comandante que no oyó los consejos de del Pulgar que eran que
tuviera prudencia y que formara las naves en orden de batalla compacto.
Al caer la noche ambas escuadras se avistaron, los buques holandeses se
hallaban engalanados como para una fiesta, con pavesadas, flámulas y
gallardetes, ostentando los pintorescos nombres: GRAN SOL ,GRAN LUNA,
EOLO, MOVETA Y ESTRELLA MATINAL.
El joven comandante español tomó la iniciativa, desoyendo por segunda
vez la voz de su segundo comandante de la escuadra, el cual aconsejaba
como hemos dicho realizar un ataque en formación compacta. Y como
consecuencia a las nueve de la noche la JESÚS MARÍA (que llevaba a bordo
a Rodrigo de Mendoza y la Santa Ana, al mando de del Pulgar seguido por
el patache ROSARIO, embistieron a las cinco fuertes y bien armadas naves
del pirata. A los primeros intercambios de cañonazos se hunde el
ROSARIO, mientras los otros tres buques españoles permanecían dispersos
y alejados del combate. Los holandeses iluminaron sus barcos, hicieron
tocar los Pífanos en medio del combate, y los españoles respondieron con
sus clarines. La batalla entraba en su parte crucial: el sonido de las
cajas de guerra, las voces de mando, los gritos de los combatientes y
los gemidos de los moribundos presentaban una escena fantasmagórica en
la oscura noche.
De pronto, en el fragor del combate calmó el viento, no se distinguían
unas naves de otras, pero seguían los disparos de cañón de manera
continua, y por error la JESÚS MARÍA soltó una andanada mortífera sobre
la SANTA ANA, que le produjo grandes daños. La holandesa MOVETA sufrió
daños de los cañones españoles y fue socorrida con una lancha cargada de
marinos al mando de Spelbergen, pero el buque holandés creyéndola
española la hecho a pique, mientras victoriosos gritaban: ¡Orange!,
¡Orange!.
Rodrigo de Mendoza intentó abordar la nave del Almirante holandés, pero
sufrió tanto el fuego de sus cañones y mosquetería que su tripulación
mermada no pude realizar el abordaje. Saltaron al barco holandés cinco
tripulantes y cuatro fueron muertos, el único que estaba vivo, con
enorme valor, herido, consiguió apoderarse del estandarte holandés,
saltar al agua y nadar hasta su barco; éste héroe se llamaba Martín
Flores. Al levantarse nuevamente viento la capitana española pudo
alejarse de la holandesa y salir del área de batalla, y quedó sólo la
SANTA ANA, al comando de Pedro Álvarez del Pulgar que se negó a rendirse
recibiendo el ataque de los cinco barcos holandeses, hasta que se hundió
salvándose con vida sólo cuatro tripulantes .Álvarez del Pulgar eligió
hundirse con su barco antes que rendirse al enemigo, no aceptando la
propuesta de Spelbergen.
El Conde de la Granja, autor del cronicón rimado “Vida de Santa Rosa
de Lima” le canta:
A esta ocasión, llamado del ruido
por la otra parte, el Espilberghen llega;
salvarse ofrece, dándose a partido,
al oír el clamor del que se anega:
Antes muerto, responde, que rendido,
El Almirante, y sus cañones juega,
pudiendo en ellos, de su abierta roca,
disparar todo el mar por cada boca.
Este relato pertenece a los holandeses, que no escatimaron elogios para
Álvarez del Pulgar.
Al parecer participó en este combate Catalina de Erauso, la monja
alférez, que con tres tripulantes más se salvó a nado en el hundimiento
del SANTA ANA. Ésta singular mujer combatió durante 18 años en Chile y
Perú disfrazada de hombre, bajo el nombre de Alonso Díaz Ramírez de
Durán.
Fue la primera vez que los holandeses alcanzaron una victoria tan
completa de los españoles en esta parte del mundo, aunque es de rigor
decir que las embarcaciones españolas se alistaron a toda prisa
nombrándose capitanes y con las embarcaciones de comercio se improvisaba
una armada.
La victoria holandesa tuvo la virtud de templar más el ánimos de los
osados marinos, y hacerles ver lo endeble del poderío de sus antiguos
dominadores, lo cual fue el germen de nuevas expediciones por el
Estrecho de Magallanes.
Después de su triunfo, Spilbergen intentó atacar El Callao, pero lo
halló fuertemente defendido.
Desembarcaron en Paita el 08 de Agosto de 1615 incendiaron el pueblo,
casi apresan el rico cargamento de un bajel que consiguió huir en el que
iba Antonio de Morga, Presidente de la Audiencia de Quito.
Los holandeses ponen rumbo a hacia el puerto de
Acapulco, pero desde Junio de 1615 el Virrey de Nueva España, Marqués de
Guadalcázar, ordenó al Alcalde Mayor de Acapulco que fortaleciera las
defensas del puerto con trincheras y cañones. Un destacamento de
caballeros se unió voluntariamente para combatir con decisión al
enemigo.
En la mañana del 11 de Octubre de 1615 la flota holandesa penetra
descaradamente en la Bahía de Acapulco, anclando sus navíos después de
mediodía. Fueron recibidos con una salva de cañonazos que causaron poco
efecto. Los holandeses estaban decididos a destruir el pueblo, si era
preciso, pues necesitaban agua y alimentos.
Al fin se declaró una tregua y embarcaron Pedro Álvarez y Francisco
Méndez, quienes habían servido en Flandes, por lo que conocían el idioma
holandés. Spilbergen ofreció a cambio de las muy necesitadas provisiones
liberar a los prisioneros que había hecho en las costas del Perú. Se
llegó a un acuerdo y curiosamente durante una semana Acapulco se
convirtió en un animado centro de reunión entre Holandeses y Españoles.
El Comandante Militar de Acapulco fue recibido a bordo con honores y una
formación de marinos perfectamente uniformados, mientras que el joven
hijo de Spilbergen pasaba el día con el Alcalde Mayor del puerto.
Previsoriamente el Almirante holandés mandó a hacer un plano del puerto.
El Virrey, temiendo que se apresara el Galeón de Manila que venía desde
allí cargado con marfiles, sedas y valiosos productos de Oriente, envió
instrucciones a Sebastián Vizcaíno con 400 hombres para proteger los
puertos de Navidad y Zalahua, y el Gobernador de Nueva Vizcaya mandó
otro destacamento a la costa de Sinaloa, bajo las órdenes de Villalba,
quien tenía instrucciones precisas de evitar desembarcos enemigos. El
galeón llegó a puertos mejicanos sin ser apresado por sus enemigos.
Después de zarpar de Acapulco abastecido abundantemente de aguas y
alimentos se apodera en alta mar del barco perlero San Francisco,
cambiando el nombre de la nave por el de Perel (perla).
Llega al puerto de Zalahua , en la costa de Colima, ataca esta ciudad
sin que las fuerzas del virreinato pudieran impedirlo. Después fondea
en la agradable bahía del puerto de Navidad donde reposa su tripulación
por cinco días y se abastece de agua y alimentos frescos.
El Almirante holandés decide dejar las aguas de Nueva España y pone
rumbo hacia el oeste y después de una larga travesía llega a la isla de
Java donde se encuentra con el navío holandés Concordia mandado por
Jacobo Le Maire, que había descubierto el Estrecho que lleva su nombre
entre la Isla Grande de la Tierra del Fuego y la Isla de los Estados.
Allí su tripulación descansa y se abastece de agua y víveres frescos. La
isla de Java junto con las islas Molucas, Sumatra, Borneo, etc. serán
la base del futuro imperio holandés de ultramar en plena línea
ecuatorial.
Luego de zarpar de Java, sin mayores incidentes en su
navegación, llega al puerto de Texel el 1º de Julio de 1617. Había
tardado 2 años, 10 meses y 23 días en dar la quinta vuelta al mundo.
BIBLIOGRAFÍA:
v
MORALES, Ernesto “Exploradores y Piratas en el Sur Argentino”. Editorial
Sociedad amigos del libro rioplatense”. Montevideo ,Uruguay, 1era
Edición; 1936.
v
www.patagoniadixit.com.ar
v
www.tierradelfuego.org.ar
v
www.santillana.cl |