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SUMARIO
La práctica del corso marítimo contra España fue muy intensa
y exitosa durante el conflicto por la emancipación de Hispanoamérica
(1810 – 1824), tal lo demostraron las notables actividades emprendidas
por los corsarios de Buenos Aires.
Entre las campañas corsarias más importantes de la
independencia hispanoamericana merece señalarse la efectuada por
Hipólito Bouchard entre 1817 y 1819 en cumplimiento de instrucciones del
Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, en la
cual se circunnavegó el globo en tenaz persecución del comercio marítimo
español, empresa de extraordinaria envergadura y proyección que provocó
gran alarma y conmoción en todos los dominios ultramarinos de España.
SUMMARY
The practice of the marine privateering against Spain was very intense
and successful during the conflict for the emancipation of the Spaniard
America (1810 - 1824), such demonstrated in the remarkable activities
undertaken by corsairs from Buenos Aires. Among the more important corsair campaigns of the Spanish
American independence it deserves to be pointed out the one made by Hipólito Bouchard between 1817 and 1819, in execution of instructions
from the Supreme Director of the Provincias Unidas del Río de la Plata,
in which one he circumnavigated the world in a tenacious persecution of
the Spaniard shipping trade, enterprise of extraordinary span and
projection that provoked great alarm and shock in all Spain’s
ultramarine domains.
EL ATAQUE
El Sargento Mayor de Marina Hipólito Bouchard era un
valiente y aguerrido marino francés nacido el 15 de enero de 1780 en
Bormes, cerca de Saint Tropez. Llegó a Buenos Aires en 1809,
dedicándose al comercio. Plegado al movimiento de Mayo de 1810, fue
incorporado a la incipiente Marina porteña para comandar sus primeros
buques, con los que se enfrentó a los españoles del Real Apostadero
Naval de Montevideo. Alejado por un tiempo del servicio naval, ingresó
al Regimiento de Granaderos a Caballo creado por el General San Martín,
donde alcanzó el grado de Capitán. Poco después fue Comandante de la
corbeta Halcón durante la campaña corsaria de 1815 - 1816
en el Pacífico, actuando bajo las órdenes del Almirante Guillermo Brown.
Finalizada esta última, se lo designó en 1817 Comandante de la fragata
La Argentina para emprender una nueva campaña de corso.
Años después intervino en la Expedición Libertadora de San Martín al
Perú (1820). Radicado definitivamente en Perú, sirvió en la Marina de
Guerra de este país, donde llegó a ser por poco tiempo Jefe de la
Escuadra. En 1837 murió asesinado por un peón del ingenio azucarero que
poseía en Nazca.
Para la campaña de corso de 1817 – 1819 se eligió a la
fragata La Argentina, la ex fragata española
Consecuencia capturada en enero de 1816 en el Callao y que fue
entregada por el Almirante Brown a Hipólito Bouchard en un reparto de
presas efectuado en las Galápagos. Bouchard llegó a Buenos Aires a
mediados de 1816 y entregó la Consecuencia al
Doctor Vicente Anastasio Echevarría, un gran armador de corsarios, quien
la equipó inmediatamente para el corso y la bautizó con el nuevo nombre
de La Argentina. Su comando fue confiado al
Sargento Mayor de Marina Hipólito Bouchard. La fragata La
Argentina tenía las siguientes dimensiones: eslora, 40m; manga,
6,25m; puntal, 4,85m; calado, 2,10m. Para la campaña de corso se la
artilló con 34 cañones, mientras que su tripulación alcanzó unos 180
hombres.
El 9 julio de 1817 La Argentina zarpó del Río
de la Plata y puso proa hacia el Este, rumbo al Índico. Durante el
transcurso de la travesía, los corsarios de Bouchard lucharon contra
barcos negreros en Madagascar y contra piratas malayos en Macassar; en
Filipinas apresaron y hundieron muchos mercantes españoles; en las
Hawaii lograron rescatar la corbeta corsaria argentina Santa Rosa
(a) Chacabuco,
que había partido de Buenos Aires poco antes que La Argentina
y que tras sublevarse su tripulación en Chile había sido vendida por los
amotinados al Rey aborigen de aquellas islas; realizaron ataques y
bloqueos sobre distintos puntos del litoral Occidental del Virreinato de
Nueva España; y siguiendo siempre la navegación hacia el Sur por las
aguas del Pacífico, La Argentina y la Santa Rosa
extendieron luego sus acciones sobre las costas de la Capitanía General
de Guatemala. En Sonsonate (actual República de El Salvador) capturaron
un bergantín luego de batir las defensas de aquel puerto. Por los
informes obtenidos de la tripulación prisionera, Bouchard se enteró que
en el Realejo, de donde procedía el mencionado bergantín, se hallaban
anclados cuatro buques, lo que impulsó al jefe corsario a dirigirse
hacia allí con la intención de obtener nuevas presas.
El Realejo, importante población, puerto y astillero de la
costa Oeste de la Capitanía General de Guatemala, se hallaba situado en
el territorio de Chinandega (actual Nicaragua) a orillas de un río que
vierte sus aguas en el Pacífico. Por ser un punto clave y de gran
relevancia para el comercio marítimo español, el Realejo debió sufrir en
siglos anteriores repetidos ataques de piratas y corsarios,
circunstancia que determinó la construcción de murallas para mejorar y
reforzar las defensas de la plaza.
Hipólito Bouchard ancló en las afueras del Realejo el 2 de
abril de 1819. El plan que se trazó en aquella oportunidad consistió en
realizar un sorpresivo ataque nocturno sobre el Realejo, para lo cual se
organizó una fuerza sutil con dos lanchones artillados con un cañón de a
4 cada uno, dos botes y 50 hombres de tripulación, que sería comandada
por el mismo Bouchard y por el Teniente 1º José María Píriz,
jefe de la tropa embarcada (Infantería de Marina) de la fragata La
Argentina.
En la noche del día 2, la escuadrilla sutil de Bouchard y
Píriz se internó en el Canal del Realejo y fondeó a corta distancia del
puerto, luego de perder uno de los botes, manteniéndose expectante y en
observación durante todo el 3 de abril.
Como el vigía del Realejo había descubierto oportunamente la
presencia de los corsarios, los españoles se prepararon rápidamente para
la defensa de aquel importante puerto del Pacífico. Para contener y
rechazar el ataque, bloquearon y cortaron el canal de acceso al puerto
con un bergantín y un lugre bien adelantados y una goleta colocada más
atrás en caso de que los invasores superaran aquellas posiciones. Según
Hipólito Bouchard, “…. los tres buques estaban bien armados de
cañones, gente de fusilería y marinería; pero todo lo frustró la
resolución de los argentinos ….”.
El ataque al Realejo se produjo en la madrugada del 4 de
abril de 1819 y fue así relatado por el Sargento Mayor de Marina
Hipólito Bouchard: “…. a las dos y media de la noche empezó el
fuego de ambas armas por ellos y por nosotros; y después de media hora
de fuego invocando a la dulce patria, abordamos al bergantín y lugre.
Huyeron en este momento los más de los enemigos en botes, y echándose al
agua, y sólo hicimos prisioneros a veinte y siete entre españoles y
americanos. Forzado el primer paso, nos dirigimos a la goleta, que fue
tomada con poca resistencia. Fueron apresados en consecuencia en esta
noche los tres buques mencionados y otra goleta más ….”.
Otro importante protagonista de aquella victoriosa y dura
jornada, el Teniente 1º José María Píriz, recordó que
“…. a eso de
las dos de la mañana dimos sobre los buques, que nos esperaban
alarmados. Fuimos sentidos: nos hicieron fuego: nosotros contestamos, y
siempre avanzando hasta que logramos el abordar, y los sacamos del
Puerto ….”.
La operación de asalto al Realejo fue un éxito total, pues
pese a perder el factor sorpresa, Bouchard logró apresar 4 buques bien
armados y tripulados con apenas 2 lanchones y 1 bote. De las presas
obtenidas, los corsarios conservaron la goleta María Sofía
y el lugre San José (a) el Neptuno, éste
último de excelentes cualidades marineras, en tanto que la goleta
Lauretana y el bergantín San Antonio (a) La
Concordia fueron quemados a la vista de la población por
rechazar Bouchard los 4.000 y 6.000 pesos que respectivamente ofrecieron
como rescate los correspondientes dueños, luego de trasladar a los otros
dos buques la artillería, los pertrechos y los prisioneros.
Con la captura de aquellos cuatro buques, los corsarios de
Bouchard lograron debilitar y disminuir las escasas fuerzas navales que
los españoles podían alistar en las costas de la Capitanía General de
Guatemala, quedando en consecuencia todo este territorio cada vez más
expuesto a incursiones procedentes del Pacífico. Por otra parte, el
acontecimiento relatado demostró la notable capacidad de Buenos Aires
para extender sus acciones de corso hacia las regiones más recónditas de
Hispanoamérica y las dificultades que tenía España para brindar una
adecuada protección a sus posesiones del Nuevo Mundo.
FUENTES CONSULTADAS
Bibliográficas
Ø
ARGUINDEGUY, Pablo E. “Apuntes sobre los buques de la Armada
Argentina”, Tomo I. Buenos Aires, Departamento de Estudios
Históricos Navales, 1972.
Ø
CAILLET BOIS, Teodoro. “Historia naval argentina”.
Ø
CARRANZA, Anjel J. “Campañas navales de la República Argentina”,
volumen II, tomos 3 y 4, 2º edición. Buenos Aires, Departamento de
Estudios Históricos Navales, 1962.
Ø
QUARTARUOLO, V. Mario. “Fragata La Argentina”. Su vuelta al mundo
(1817 – 1819). Buenos Aires, Departamento de Estudios Históricos
Navales, 1967.
Documentales
Ø
BOUCHARD, Hipólito. “Relación de los viajes de la fragata Argentina
contra los españoles en la India y otros puntos”. Informe elevado
por el Sargento Mayor de Marina Hipólito Bouchard al Director Supremo de
las Provincias Unidas del Río de la Plata, fechado en el puerto del
Realejo el 6 de abril de 1819. Reproducido por el Doctor Vicente
Anastasio Echevarría. Buenos Aires, Imprenta de la Independencia, 1819.
Museo Mitre, Caja de Hierro Nº 64.
Ø
PIRIZ, José M. “Memoria exacta y puntual de todos los sucesos y
méritos más distinguidos que superamos y labramos el Sr. Comandante de
la fragata de guerra D. Hipólito Bouchard y yo como Comandante de las
tropas de este buque en la expedición que hicimos a los rumbos del Norte
con las patentes correspondientes de nuestro Supremo Directorio de las
Provincias Unidas del Río de la Plata”. Fechada en Santiago de Chile
el 1 de octubre de 1819. Archivo del Museo Mitre, A1 C11 C6 Nº1.
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