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SUMARIO
Francisco de Miranda, caraqueño, ingresó al ejército real de España
donde alcanzó el grado de Capitán de Infantería en el Regimiento de
Aragón. En 1780 fue enviado a Cuba, y como Ayudante del Mariscal
Cajigal, participó de campañas militares contra Pensacola, Jamaica y
Bahamas. En 1783, debido a intrigas palaciegas entre autoridades de
Cádiz, La Habana y el Consejo Supremo de la Inquisición, fue ordenado su
arresto, escapando hacia EEUU en el USS Prudent.
SUMMARY
Francisco de Miranda, born in Caracas, joined Spain Royal Army, where he
became Infantry Captain in the Regiment of Aragon. In 1780 was sent to
Cuba, and as Assistant of the Marshal Cajigal, participated in military
campaigns against Pensacola, Jamaica and Bahamas. In 1783, due to
palatine intrigues among authorities of Cádiz, Havana and the Supreme
Council of the Inquisition, was ordered his arrest, escaping toward USA
in the USS Prudent.
DESARROLLO
Un hecho, conocido por los historiadores, pero quizás no suficientemente
divulgado, lo es la presencia y actividades realizadas, durante casi
tres años, en Cuba, por el precursor de las independencias de
Hispanoamérica, Francisco de Miranda.
Nacido en Caracas, en 1750, Miranda cursó estudios en la Universidad
Real y Pontificia de Santa Rosa (más tarde Universidad de Caracas y,
actualmente, Universidad Central de Venezuela) y en 1771, se trasladó a
España. A fines de 1772, hizo su ingreso en el ejército real. En 1774
era capitán de infantería del primer batallón del regimiento de la
Princesa.
Entre 1776 y la primavera de 1780, Miranda continuó sirviendo en el
mismo regimiento. Permaneció en el batallón acantonado en Cádiz hasta el
verano de 1778 cuando fue enviado a Madrid y asignado permanentemente al
batallón apostado en esa ciudad y que era mandado por el coronel Juan
Manuel de Cagigal nacido este último en Santiago de Cuba, ciudad de la
que su padre fue gobernador general[1].
Al año siguiente, el 29 de julio de 1779, España, aliada de Francia,
declaró la guerra, una vez más, a su tradicional enemiga, Inglaterra, y
se decidió a dar apoyo a las colonias norteamericanas en su lucha contra
la metrópoli. Es cosa segura que esta decisión debe haber sido meditada
cuidadosamente por el gobierno de Madrid.
Poseedora de vastos dominios en América, la Corona española, sin dudas,
consideró que estaba participando de un peligroso juego al ponerse del
lado de una lucha independentista. Sin embargo, dio prioridad a la
posibilidad de beneficiarse de la situación, dañar considerablemente a
su principal adversario y obtener, a costa de este, territorios e
influencias políticas. Entre otros objetivos, la Corona buscaba la
reconquista del Peñón de Gibraltar y de los territorios de Las Floridas,
estos últimos en Norteamérica, de las Islas Bahamas y Jamaica.
Las fuerzas españolas, a las órdenes de Bernardo de Gálvez[2],
partiendo del territorio de la Luisiana, batieron a los británicos en la
región del río Mississippi cercana a Nueva Orleáns y al año siguiente,
el ejército español, con la cooperación de voluntarios norteamericanos,
capturó la fortaleza de Mobile. Simultáneamente, una potente fuerza
naval española, comandada por el almirante José Solano[3],
operó en el Golfo de México y el Mar Caribe. Estudiosos del tema han
señalado que, “si los españoles no hubieran distraído fuerzas británicas
y estas hubieran podido concentrar sus esfuerzos contra las colonias
coaligadas las fuerzas norteamericanas pudieron haber sufrido un fuerte
retroceso que hubiera prolongado la guerra”
[4].
Con el propósito de reforzar su presencia militar en la región e
incrementar su actividad bélica contra los ingleses, el Alto Mando
español envió a Cuba una poderosa escuadra formada por 40 buques de
guerra y transporte. En ellos viajó un cuerpo expedicionario compuesto
por seis regimientos de infantería y caballería que sumaban 7 637
soldados y oficiales y unos 100 artilleros y que era mandado por el
general Victorio de Navia Osorio quien tenía como lugartenientes a los
mariscales de campo Guillermo Wangham y Juan Manuel de Cajigal. El
convoy expedicionario partió de Cádiz el 28 de abril de 1780 y arribó a
La Habana a mediados de agosto notablemente debilitado por las
enfermedades que atacaron a las tropas y tripulantes durante la
travesía.
Formaba parte del cuerpo expedicionario, el Regimiento de Aragón uno de
cuyos oficiales era el entonces capitán Francisco de Miranda quien se
había alistado como voluntario. A poco de su llegada a La Habana, fue
designado como ayudante del mariscal Cajigal.
El 18 de octubre partió de la capital cubana una expedición mandada por
el general Francisco de Saavedra compuesta siete navíos y cinco fragatas
de la escuadra de Solano, que protegían a los 49 transportes que
conducían 3 800 hombres para el desembarco así como artillería de sitio
y los aseguramientos necesarios. El objetivo de la expedición lo era el
puerto de Pensacola que se encontraba en poder de los británicos.
A los tres días de navegación, la agrupación naval fue sorprendida en la
mar por un poderoso huracán que la dispersó y desarboló cuatro navíos.
La mayoría de los buques, no sin grandes esfuerzos, logró regresar a La
Habana, otros fueron a dar a las costas de Luisiana. Después del
desastre ocurrido, la expedición a Pensacola fue reorganizada, no sin
fricciones entre los mandos españoles
“…. hubo choques entre el Ejército y la Marina y entre estas dos fuerzas
armadas y el nuevo comandante de la acción bélica, don Bernardo de
Gálvez, sobrinísimo del ministro de Indias, José de Gálvez ….”[5]
El 28 de febrero de 1781 salió, al fin, el segundo intento
expedicionario contra Pensacola, con 1350 hombres. El 9 de marzo, la
expedición desembarcó y ocupó la isla de Santa Rosa y puso sitio a
Pensacola.
En vista de que la operación de Pensacola se dilataba, se envió un
refuerzo que salió de La Habana el 9 de abril, mandado por Cajigal en el
cual viajó Miranda en calidad de su ayudante de campo. Las tropas de
refuerzo sumaban 3 200 hombres de los cuales 640 pertenecían a la
guarnición de La Habana . Tras dos semanas de navegación, esta segunda
expedición, arribó al lugar del asedio y participó en las acciones.
Pensacola fue tomada por las fuerzas españolas el 11 de mayo. En
recompensa por el éxito alcanzado, Gálvez y Cajigal fueron ascendidos al
grado de teniente general y Miranda al de teniente coronel. Cajigal fue
nombrado Capitán General de Cuba y a Gálvez se le designó como
comandante general del ejército español en el Caribe.
En los primeros días del mes de agosto de 1781, Cajigal decidió enviar a
Miranda a Jamaica, la principal plaza fuerte de los británicos en el
Caribe, con el propósito de que cumpliera allí varias misiones, una de
las cuales era de carácter oficial, en tanto que las otras necesitaban
de la más absoluta discreción, pues tenían que ver con la obtención de
información militar y política y con la compra de barcos ligeros propios
para el aviso y la exploración.
Para el cumplimiento de la primera misión, consistente en negociar un
canje de prisioneros, Miranda fue investido por Cajigal “…. con
plena facultad y órdenes para que por sí, y a mi nombre, pueda estipular
y concluir un Cartel de Canje formal entre esta isla y la de Jamaica ….”.
En Jamaica se encontraban prisioneros ochocientos cincuenta soldados
españoles, así como veintidós oficiales, y en Cuba un número un poco
menor de prisioneros ingleses. Esta misión fue cumplida con todo éxito
por el venezolano.
La misión de inteligencia fue también cumplimentada por Miranda, quien
obtuvo valiosa información sobre el baluarte jamaicano.
Las tercera misión, la de la compra de embarcaciones, a causa de
complicaciones imprevistas, fue fuente de problemas con el entonces
intendente de La Habana, Juan Ignacio Urriza.
Entre tanto, Bernardo de Gálvez, quien tenía el propósito de atacar
Jamaica – pues la capitulación obtenida por el general George Washington
en Yorktown, Virginia, abrió también la posibilidad de desalojar a los
ingleses de la cuenca del Caribe – llegó a Cuba para examinar la
información obtenida por Miranda sobre la posesión británica.
A su regreso a Cabo Francés (hoy Cabo Haitiano) situado en la parte
noroccidental de la isla de Santo Domingo, donde había establecido su
cuartel general, Gálvez llevó consigo a Miranda en calidad de ayudante,
con la misión de colaborar en la planificación del ataque contra
Jamaica.
El plan estratégico de Bernardo de Gálvez consideraba que, previamente a
la invasión de Jamaica, se ocupara la isla de Nueva Providencia en Las
Bahamas donde está situada la capital de ese archipiélago, Nassau, pues
desde allí, los ingleses podían lanzar un contraataque.
Dicha isla había sido capturada por fuerzas estadounidenses mandadas por
John Paul Jones en 1776 y 1778 pero habían sido recuperadas por los
británicos. Tanto corsarios como fuerzas regulares inglesas la
utilizaban como base y desde allí acosaban al tráfico marítimo en el
Canal Viejo de Bahamas, el Océano Atlántico y el Mar Caribe. La
valoración de Miranda es elocuente:
“…. Pocas personas ignoran que la posición de estas islas ofrece a los
corsarios ingleses un fondeadero tranquilo, un retiro seguro, el dominio
de todos los desembarcaderos de todas las flotas que viene del Golfo
de México, La Habana y Santo Domingo ….”[6].
La operación contra Bahamas fue encomendada a Cajigal quien seleccionó a
Miranda como ayudante y comenzó a trabajar inmediatamente en los
preparativos de la expedición.
El primer paso consistió en solucionar el grave problema de la escolta.
Con vistas al ataque a Jamaica, dirección principal de los españoles y
sus aliados franceses, se estaban concentrando en Cabo Francés, en el
noroeste de La Española, potentes fuerzas navales y tropas, bajo el
mando de Gálvez. La escuadra española era mandada por el almirante
Solano y la francesa por el conde de Grasse. Por otra parte, los
británicos habían enviado a la región del Caribe una poderosa escuadra
mandada por uno de los marinos más destacados de la época, el almirante
George Rodney. Estas circunstancias, hacían que España no pudiera
disponer de buques de guerra para apoyar la expedición a las Bahamas.
Los buques de transporte se encontraban listos, las tropas preparadas
para el asalto pero no se contaba con buques de guerra que los
escoltaran durante la travesía y apoyaran el desembarco con el fuego de
sus cañones. Por ello, Cajigal aceptó, en enero de 1782, la oferta del
comodoro estadounidense, Alexander Guillon – que mandaba una flotilla
compuesta por la fragata South Caroline y ocho bergantines
artillados – de cooperar en la empresa. Miranda escribió al respecto
“…. la fragata de Guillon, que es muy hermosa, tiene 28 cañones de 36 y
doce de 12 ….”[7].
De esa manera, Guillon fue designado jefe de la escuadra expedicionaria
mientras Cajigal lo fue de las tropas de invasión.
Ultimados los preparativos, la expedición zarpó de la bahía habanera el
22 de abril de 1782. Estaba compuesta por 9 buques de guerra
norteamericanos (la fragata y los 8 bergantines) y 54 pequeños buques de
transporte españoles a bordo de los cuales iban 2 500 soldados, gran
parte los cuales habían participado en las acciones de Mobile y
Pensacola. En la fuerza invasora había contingentes pertenecientes a los
regimientos Guadalajara, España, Corona, Rey, Príncipe, Soria, Granada,
Navarra, Aragón y Fijo de La Habana así como 202 milicianos
pertenecientes al batallón de pardos y morenos de la capital cubana.
Francisco de Miranda, en calidad de ayudante de campo de Cajigal,
participó en los preparativos expedicionarios y embarcó junto a su jefe
en la fragata South Carolina.
Al encontrar vientos contrarios, la agrupación naval avanzó con
lentitud y arribó a Matanzas al amanecer del 30 de abril. Al cambiar el
viento favorablemente, la velocidad del destacamento aumentó y las islas
Bimini, situadas en el estrecho de la Florida, fueron avistadas el 2 de
mayo. El avance era lento otra vez al día siguiente cuando Guillon
ordenó girar hacia el Este para penetrar en el Canal del Noroeste de
Providencia en demanda de la peligrosa ruta Sureste de Nassau.
Tanto Cajigal como Guillon sabían que si costeaban Las Bahamas por el
Sur corrían el riesgo de encontrarse con las fragatas inglesas que
hacían cruceros de vigilancia en la región. Se decidieron, por tanto, a
navegar por un canal apenas conocido y considerado impracticable. La
pericia marinera de Guillon estuvo a la altura de las circunstancias y
en la mañana del 4 de mayo la flota expedicionaria se presentó frente a
Nassau, puerto que bloqueó inmediatamente, capturando algunas presas.
Miranda reflexionaría sobre aquel momento:
“…. Hasta ahora se creía que el Canal de Providencia era impracticable
para una flota tan considerable, era inclusive la opinión de todos los
marinos, pero el talento prevalece por encima de los prejuicios ….”[8].
El Capitán General británico de Bahamas, vicealmirante John Maxwell no
contaba con fuerzas suficientes para hacer frente a un ataque de gran
envergadura. Conminado a rendirse, dio evasivas y trató de ganar tiempo.
Cajigal envió el 6 de mayo, a Miranda como parlamentario y le dio al
alto oficial británico un ultimátum para rendirse en un plazo de doce
horas.
Miranda regresó al buque insignia South Caroline con la respuesta
de Maxwell a Cajigal en la cual decía que, como oficial de la Marina
Real le resultaba muy difícil rendirse. Al día siguiente, Cagigal le
envió al jefe inglés el pliego de las condiciones preliminares de
capitulación, elaborado por Miranda. Casi simultáneamente, Cajigal hizo
desembarcar sus tropas y el Capitán General británico, considerando que
estaba siendo sitiado por una fuerza de por lo menos 5 ó 6 mil hombres,
aceptó los términos de capitulación la cual fue firmada, el 8 de mayo,
por Miranda y Maxwell. En el documento firmado se estipulaba que los
prisioneros serían enviados hacia cualquier puerto de Inglaterra o de
las posesiones británica, excepto Jamaica o Norteamérica. Esta medida
fue exigida por los vencedores a fin de evitar la reincorporación
inmediata de los prisioneros al ejército inglés que combatía en la
América del Norte, tal como había ocurrido con los prisioneros de
Pensacola, enviados por Bernardo de Gálvez a Nueva York.
Los británicos, junto con la plaza y el archipiélago de Bahamas
rindieron 12 buques de guerra de diverso porte, 159 cañones, 6 obuses,
36 granadas de mano, 868 mosquetes, 31 pistolas y 86 espadas. Se
hicieron 1 412 prisioneros de los cuales 274 eran soldados
pertenecientes a las tropas regulares, 338 milicianos, y 800 marineros
de los buques.
La cantidad de abastecimientos capturada en Nueva Providencia fue
importante y además de los buques mencionados se ocuparon 5 goletas, 2
balandras y alrededor de 65 embarcaciones menores.
La expedición contra Bahamas fue todo un éxito. Sin ni siquiera una
baja, se ocupó una plaza situada en un importante punto estratégico. Sin
embargo, la satisfacción de Miranda y Cagigal por la victoria alcanzada
duró muy poco tiempo. Intrigas y rivalidades a las que no fueron ajenos
el ministro de Indias, José de Gálvez y su sobrino Bernardo[9]
así como el intendente de La Habana, José Ignacio Urriza y el Consejo
Supremo de la Inquisición, hicieron que se dictara orden de arresto
contra el venezolano y que se sustituyera a Cagigal. Ante la situación,
Miranda se escondió y logró embarcarse clandestinamente el 1º de junio
de 1783 en el navío norteamericano Prudent que lo condujo a los
Estados Unidos. En lo adelante se le consideraría un enemigo declarado
del rey y del Estado español.
[1]
Francisco Cagigal de la Vega ocupó los cargos de: gobernador de
Santiago de Cuba (1738 -1746), gobernador y capitán general de
la Isla de Cuba (1747 – 1760) y virrey de Nueva España [México]
(1760).
[2]
Bernardo de Gálvez era hijo de Matías de Gálvez, gobernador y
capitán de Guatemala y sobrino del Ministro de Indias, José de
Gálvez. A pesar de su juventud (nació en 1746), tenía
experiencia combativa. En 1762, había participado en la campaña
de Portugal, había acompañado a su tío José a Nueva España y
peleado allí contra los Apaches. Participó después en la
fracasada expedición de O`Reilly contra Argelia. En 1776 fue
enviado a Nueva Orleáns como coronel del Batallón Fijo y poco
tiempo después fue designado gobernador interino de Luisiana. A
comienzos de 1779 fue ascendido a general de brigada y designado
gobernador de Luisiana en propiedad y en agosto de 1779 se le
nombró comandante de las fuerzas expedicionarias contra la
Florida. En 1785, Bernardo de Gálvez fue gobernador y capitán
general de la Isla de Cuba, con carácter interino.
[3]
José Solano y Bote (1726 -1806). En 1763, siendo capitán de
navío, fue designado gobernador y capitán general de Venezuela,
cargo que ocupó hasta 1770. De 1770 a 1773 fue gobernador y
capitán general de Santo Domingo. En ese año volvió al servicio
en la Armada, fue ascendido a brigadier y promovido a jefe de
escuadra en 1779. En 1782 fue ascendido a teniente general y
designado jefe de la escuadra y del Apostadero de La Habana.
[4]
BERMAN,Eric: The 1782 American – Spanish Expedition en
Proceedings of the U. S. Naval Institute, Newport, Agosto de
1956.
[5]
GARCÍA, Láutico: Francisco de Miranda y el antiguo régimen
español, Academia Nacional de Historia, Caracas, 1961, Tomo
II, p. 196.
[6]
MIRANDA, Francisco de: “Noticias del Cabo” en la recopilación de
obras de Miranda titulada América espera, (Selección,
prólogo y notas de J. L. Salcedo Bastardo), Caracas, Biblioteca
Ayacucho, 1982, p. 53.
[9]
Archivo General de Indias, Audiencia de Santo Domingo,
leg. 2549, Bernardo de Gálvez a José de Gálvez, Guarico, Mayo 18
y Noviembre 30 de 1782 y Abril 27 de 1783. Sobre orden de
arresto a Francisco de Miranda.
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