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Historia y Arqueología Marítima |
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Por TABARÉ BARRIOS DALMAO Publicado en Ciclo de Conferencias año 2009
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RESUMEN El apellido Artigas, esta presente en nuestros anales históricos, antes, durante y después de la consolidación del Estado Oriental. A este Artigas, proveniente de un milenario linaje guerrero, le cupo el honor de ser protagonista de capítulos de la Guerra Grande. Fue esta una etapa bélica de nuestra historia donde se forjo el temple de muchos y bien recordados orientales, que con sus hechos, signaron el destino del naciente Estado. De este Artigas, desconocido para muchos, sabemos que era parco en sus palabras, de hablar exacto y entretenido en sus relatos. No estaba en sus ambiciones ubicarse en el sitial de Gobernador. Aspiraba y pretendía una vida sencilla como hombre de campo, como hacendado. Pero la guerra tiene esas cosas y por los acontecimientos de su época, Santiago Artigas Cuenca debió aceptar el reto de su destino y asumir compromisos y gobernaturas dignas de su estirpe. PURIFICACION DEL HERVIDERO Una vez logrado el brillante triunfo en campos de Guayabos y derrotado el Ejército porteño al mando del Coronel Manuel Dorrego, (Enero 1815) el panorama político rioplatense tuvo un cambio inesperado tanto para el Gobierno de Buenos Aires como para el propio General Artigas. A partir de este brillante hecho de armas, las provincias norteñas vieron aquí la oportunidad de profesar una nueva política de vida sin el yugo porteño. Recordemos que desde Octubre 10 de 1812, José Artigas era sin discusiones el primer Jefe de los Orientales, por no decir el único. Con el triunfo de Guayabos, se afianzo su ascendente, y tanto sus ideales como su doctrina se extendieron más allá de la Mesopotámica. Con su visión de estratega, Artigas deduce que debe abandonar lo que llamo “El centro de mis recursos” o sea su Cuartel General de Arerunguá donde todo su contingente y las huestes aborígenes vivían, al decir de Zorrilla, en su “salvaje primavera”. Las provincias allende el Uruguay, y de mas allá del Paraná, comenzando por Entre Ríos, de pronto se ponen bajo su tutela, reclamado del Jefe Oriental la protección que no habían logrado de la virreynal Buenos Aires. No cabe duda que era un honor altamente merecido. Pero ese detalle, le traería nuevos compromisos y nuevas responsabilidades. Córdoba, Santa Fe, Corrientes, las Misiones (ambas), desconociendo a sus antiguos opresores, solo obedecerían al jefe Oriental adjudicándole a partir de entonces, el honroso titulo de “Protector de los Pueblos Libres”, y bajo cuya égida deseaban cumplir el sueño de una patria grande y libre, consolidándose así la formación de la Liga Federal. Teniendo en cuenta que todas las provincias del ahora Protectorado estaban comunicadas por aguas y, al no ser navegables el Dayman, o el Arapey (los ríos mayores y mas próximos al Cuartel General), el Protector debería desplazarse a un lugar desde donde pudiera ejercer con holgura, su tutelaje, teniendo cerca vías rápidas de comunicación fluvial. De ese modo, agilizaba el nexo con el Paraguay, el Paraná, el Plata y ríos interiores. Tal vez fuera por esto que decide trasladar el Cuartel General de Arerunguá y echar sus reales en la costa Oriental del Río Uruguay. El lugar indicado ya existía, y estaba siendo utilizado como centro de operaciones fluviales desde un tiempo atrás. Y en breve, a consecuencia de este desplazamiento, es que surgiría por necesidad y logística a la vez, un poblado, con detalles de Capital. Ese lugar, en principio era solo una guarnición militar desde y hacia donde convergían las embarcaciones que servían a la causa. Poseemos datos que ya se enviaban Uruguay abajo hasta Colonia y Montevideo algunos embarques de cueros. Y en breve lapso, a raíz de este traslado, a la vez por razones de eficiencia y también de funcionalidad, es que se diera el hecho de la creación de la Armada artiguista, institución madre de nuestra Armada Nacional, el 15 de noviembre de l817. Pero este tema es para desarrollar en otra secuencia. Todos los que compartían con sus ideales de libertad e igualdad de derechos, vieron en este momento la gran oportunidad que tanto les había sido esquiva. Sin dudar, en forma simultanea y de todas partes, comenzaron a arribar los peregrinos. Gente del Sur de la Banda Oriental, del despoblado Desierto del Norte, y de los rincones mas distantes de la naciente Liga Federal, como ser gente de las provincias occidentales quienes rápidamente se incorporaron a la población primigenia de la Villa. Tampoco tenia la Banda Oriental tanta cantidad de habitantes como para destinar parte de ellos a residir en la naciente población. Su nombre: Purificación del Hervidero. Y como hemos apreciado anteriormente, era un asentamiento militar al que, muy factiblemente llegaban, individuos de todas las clases sociales y, por que no, también gentes de otras conductas, los que con penas a cumplir, al no poder ser reinsertos en los pueblos que anhelaban vivir en armonía y sociabilidad, venían a cumplir su purificación bajo la custodia de los soldados del Nuevo Ejercito. El caso es que Purificación de pronto en 1815 hizo eclosión. Purificación del Hervidero tiene como fecha fundacional, el 10 de diciembre de ese mismo año puesto que se tomo como fecha de partida el día de la creación de la Escuela, pero, sabemos que la Villa como tal existia con anterioridad. Entre las tantas familias que arribaron a la Villa, venia Don Gaspar Cuenca y su Señora, Doña Martina Pañera, procedentes del Paraguay pero últimamente residentes en las Misiones. Con ellos, su hija Melchora, nacida en Paraguay, que según los datos que nos han llegado conservaba la belleza de la mujer española y el encanto de la raza guaraní. También las crónicas de entonces nos dicen que ya el Jefe Oriental, conocía a los Cuenca Pañera desde 1813, épocas en que anduvo por otros parajes al frente de sus ejércitos. Por los datos cronológicos, se deduce que la unión amorosa de José y Melchora fue en el mismo 1815. De la unión de José Gervasio y Melchora nacen dos hijos, en 1816 su primer vástago al que bautizaron Santiago. Es lamentable que se carezca de mayor información grafica, la que podemos aseverar que la hubo, tengamos presente que residían allí los padres José Monterroso, José Ignacio Otazúy, Fray Benito Lamas, pero, en razón de haber sido la Villa varias veces presa de las llamas, no cabe dudas que todo aquello que existiera, se hubo extraviado. A partir del año de 1816 la Banda Oriental, como las Misiones Orientales especialmente, sufrieron los embates de las fuerzas invasoras del Imperio de Portugal, por tanto, el Jefe de los Orientales debió dedicar más tiempo a sus actividades políticas y bélicas, que a sus obligaciones de padre de familia. Esto fue motivo de un permanente alejamiento del hogar. Doña Melchora queda en Purificación pero, ante la inminente irrupción del ejército portugués en la zona, se traslada a la zona del Queguay. Por el tiempo transcurrido, es factible que la segunda hija de esta unión, María, nacida en 1819, sea oriunda de ese paraje, del que solo quedan ruinas: Hoy es La casona de Melchora, y la ubicamos en proximidades de la Ciudad de Guichón. Intensa fue la actividad bélica en estos cuatro últimos años para el Protector. LA INFANCIA DE SANTIAGO ARTIGAS A raíz de esto Don Fructuoso Rivera, afectado siempre a las campañas de la frontera Norte, sugiere a Doña Melchora Cuenca que pase a residir en la Capital junto a Doña Bernardina Fragoso, donde ambas damas encaminarían a los niños mientras él y su Jefe, con otro tipo de tranquilidad, se dedicaban a la tarea de hacer Patria. Las cosas se pondrían cada vez peor, hasta que llega la triste jornada de Tacuarembó, 22 de enero de 1820. Retirado definitivamente a su exilio el padre de familia, los Artigas Cuenca comienzan a soportar momentos de angustias y estrecheces económicas. Ante la situación, Don Frutos reitera la protección y tutela de los menores a lo que Doña Melchora responde, “…si se llevan a María, me llevan mi única compañía, es todo lo que tengo…”. En cambio, habría accedido a que Santiago pasara a la tutela de los Rivera - Fragoso. La guerra impuesta por el portugués es cada vez mas cruenta, pronto, se produce la instalación definitiva (según estaban las cosas) y la Villa de Purificación es asediada y mas tarde será presa de las llamas. Para entorpecer las cosas, las fuerzas artiguistas no son las mismas que en tiempos del apogeo, sin recursos, operan muy dispersas y lejanas. Ya no cuentan con un jefe natural y los lugartenientes de José Artigas, lentamente van demostrando sus propias aspiraciones. La pequeña familia pasa por escaso tiempo a la aldea entrerriana de Mandisovi, donde se habían despedido definitivamente José y Melchora. Ella, vuelve al paraje del Queguay radicándose temporalmente en la estancia de los Mundell, que como sabemos con mucha benevolencia, les dan su protección. La patria es, desde hace un tiempo, provincia portuguesa. Allí, en el Queguay Doña Melchora se dedicaba a la confección de ponchos de bayeta, tejía ñandutí, hacia prendas para uniformes, elaboraba velas de cebo, todo era un paliativo a la crítica situación y servia de sustento de sus pequeños. Muy atrás quedaron los acontecimientos, de 1820. Luego del desastre de Tacuarembó vendrá el Tratado del Pilar, la sublevación de Francisco Ramírez y otros desagradables capítulos de la historia que indujeron al exilio del héroe y causa de esto, había tomado su triste decisión de retirarse de escena. Desde las tranqueras de San Miguel, en las Misiones, Don José había enviado dos cartas a diferentes destinos. Una solicitando asilo en el hermano Paraguay y la otra a su hijo Juan Manuel, concebido de su unión con Isabel Sánchez en la que le nombra tutor de los bienes de la familia que había dejado en el Queguay. Existe carta al respecto, y de ella leemos: “… No te encargo mas que me cuides a Santiago y lo mires, que es tu hermano, no permitas que pase necesidades que al fin, poco puede ser…”, y también le indica: “… A Melchora, no la incomodes, ni se le prive de nada de lo que ella tiene … para eso se le dio.... que disponga como le parezca, menos de Santiago…” Por los relatos circulantes en familia, sabemos que Juan Manuel, desoyendo las recomendaciones de su padre, poco después de esto, a causa de su desequilibrada conducta, abandona para siempre aquella casa, trasladándose a Entre Ríos. Desguareciendo a sus familiares de toda protección, dejándoles en incomoda situación, abandonando inclusive a su esposa Doña Juana Isabel de Ayala allá por 1824 o 1825. A consecuencia de esto, y con unos nueve años de edad, el niño Santiago pasa a residir en casa de su padrino bajo la tutela de Doña Bernardina Fragoso, cuyo cariño y proverbial dedicación a los niños desamparados ha quedado registrado en la historia. Y el hijo del Héroe se hizo hombre separado de su madre, Doña Melchora. Además, pronto se desliga del vínculo que mantenía con los Rivera Fragoso. Tenemos dos versiones respecto a lo que ocurrió. Una de estas versiones, nos dice que Santiago, en un acto de rebeldía se fugo del hogar de sus padrinos siendo aun muy joven. Otra versión nos cuenta que Don Frutos opta por llevarlo a su lado, encaminándole en los quehaceres de la guerra. De las dos versiones expuestas, nos inclinamos a creer que la primera fuera la mas acertada, ya que podemos deducir por la fecha y el lugar documentado en el acta de su unión matrimonial, que con el tiempo Santiago regresó, sino al seno hogareño, por lo menos a sus proximidades, y les prodigaba apoyos, ya que no ignoraba la critica situación por la cual pasaba su madre, y el núcleo familiar a pesar de las atenciones y de la protección de los Mundell. De otra manera, los apoyos provendrían de la casa Rivera Fragoso EL HISTORIAL BÉLICO DE SANTIAGO ARTIGAS Heredero de una estirpe de larga tradición guerrera, su vida será, en lo sucesivo, tal como su medio ambiente, el campo del honor. De su foja de servicios extraemos que revista en filas como Sargento 1º en 1832, a los 16 años. A deducciones del autor, podrían haber jugado aquí influencias de su padrino. Su bautismo de fuego fue la batalla de Carpintería ocurrida el 16 de Setiembre de 1836 En ese año de 1836, a la edad de 20 años, el día 7 de abril, Santiago había contraído nupcias con Doña Ana Vallejo Monzón, natural de Paysandú, quien era hija de Roque Vallejo y Doña Gregoria Monzón. Sabemos también que los Vallejo Monzón a su vez tenían establecimiento de campo en Guayabos, hoy, departamento de Salto. Pero volviendo a Carpintería, existe una anécdota circulante que dice que en determinado momento, en el fragor del combate, se encuentran Don Frutos y Santiago y que culminada la contienda se buscan mutuamente y al encontrarse se reanuda el nexo, y ya no se desvincularían. Entre los hechos más destacados tenemos: el Combate de Yucutuja, Salto, el 22 de octubre de 1837; la Batalla del Palmar, el 15 de junio de 1838. El 31 de diciembre de 1839 comparte honores combatiendo a las órdenes de Rivera y derrotando a Echagüe en campos de Cagancha, donde según el parte de guerra, hizo gala del apellido que ostentara. En virtud al desprecio por el peligro en sus jornadas de combate, es promovido a Ayudante Mayor y pasa a servir a las órdenes del Coronel Fortunato Mieres, quien es amigo de la familia de larga data y mas adelante pasará a integrar la familia al unirse en matrimonio con una Artigas, hija de Maria y sobrina de Santiago a la vez. Según Doña Ana, su esposa, Santiago era hombre de poca conversación, hablaba lo necesario y pasaba mucho tiempo callado, lo que no quería decir que su conversación no fuera agradable. Era entretenido hablar con el, y siempre tenia algo para contar, pero eso si, hablaba, solo lo necesario. Doña Ana, fue mujer sumamente longeva y conservaba una muy buena memoria a pesar de su edad. Según Thevenet, en su libro “De la estirpe artiguista”, llego a los 130 años (consta acta de defunción) y legó a sus descendientes sucesos pormenorizados relacionados todos con la vida de su esposo Santiago y su participación en la Guerra Grande. Afirmo con toda propiedad que conoció a todos sus biznietos y a algunos tataranietos, una de ellas, la madre de quien les habla. Nos cuenta Schulkin en “La historia de Paysandú”: “… Desde 1840 en adelante, Artigas está a las ordenes directas de F. Mieres, quien a su vez esta subordinado al Coronel Bernardino Báez, Jefe de las Fuerzas al Norte del Río Negro ...” Estamos hablando ya de capítulos de la Guerra Grande. Por entonces, el pueblo de El Salto era presa codiciada por los contendientes blancos y colorados cuya posesión se disputaban alternativamente. Mas adelante, leemos en nuestra historia: “… El 12 de julio de 1844, el Coronel Bernardino Báez ocupa El Salto, tomando prisionera a toda la guarnición enemiga requisando todo el armamento, el cual sin demora envió al General Rivera quien se aprestaba a atacar la población de Melo …”. Poco después, el General Eugenio Garzón que se encontraba operando en cercanías de Arroyo Grande, Entre Ríos, dispone de una fuerza a las ordenes del Comandante Moreno con el fin de recuperar El Salto, lo que logra sin mucha dificultad, pero al día siguiente, por ordenes del entonces Ministro de Guerra, General Cesar Diaz, lo desaloja llevando a Concordia, Entre Ríos. a las familias que desearon acompañarle, Mieres y Artigas de inmediato retoman la plaza, pero ante la inminente llegada de un fuerte contingente oribista, deciden abandonarla nuevamente retirándose sin combatir del Salto. Así estaban las cosas en esa época. Las crónicas nos cuentan que había momentos en que no había fuerzas ni blancas ni coloradas en maniobras de ocupación y defensa. Es en este momento que el General Urquiza convenció al Coronel Manuel Oribe acerca de que la plaza debía quedar definitivamente en su poder, por ser un punto de singular estrategia, resolviéndose la posesión en forma definitiva en el segundo semestre de 1844. A pesar de la enérgica defensa y resistencia de sus jefes y al ser escasa la guarnición colorada, cesaron momentáneamente las hostilidades. Entre esos jefes empecinados había figuras como Fausto Aguilar, Manuel Caraballo y el propio Santiago Artigas. SANTIAGO ARTIGAS EN MONTEVIDEO El ahora Teniente Coronel Artigas, pasa a revistar en Montevideo. En breve salio a la campaña, donde debió batirse el 27 de marzo de 1845 en la infausta jornada de India Muerta, quien aun con las heridas recibidas pudo eludir a sus perseguidores. Poco después, regresa al Salto, donde es nuevamente designado a las órdenes de su amigo, el Coronel Mieres, quien en varias ocasiones por razones de operaciones de desplazamiento le delegó el comando de la Plaza quedando al Gobierno de Salto. Jefe de las Fuerzas Salteñas “hasta la vuelta” según el propio Mieres, fue la máxima autoridad desde julio de 1846, y en momentos en que el General Giussepe Garibaldi se disponía a dejar la plaza a raiz de los diferendos con los jefes locales. El 6 de octubre, tras largas dolencias fallece el Coronel Fortunato Mieres, quedando confirmado en el mando en el Teniente Coronel Santiago Artigas. Y vaya ironía del destino. Precisamente en setiembre de 1846, a solo dos meses de de la asunción de Santiago Artigas como máxima autoridad en el Salto, en la capital paraguaya fallecía el Doctor Gaspar Rodríguez de Francia, y en consecuencia de ello, el otro Artigas, el forjador de la Naciones, y Protector de los Pueblos Libres, su padre, era injustamente engrillado y trasladado a prisión por disposición de “La juventud dorada”. El Coronel Artigas, por órdenes de Rivera, seria relevado de ese mando a la llegada del Coronel Luciano Blanco, a la sazón operando en cercanías de Uruguayana. El relevo se debía efectuar día 5 de noviembre pero, en virtud de las actividades y desplazamientos del Coronel Blanco, el mismo 13 se leyó un parte ante la tropa donde el General Rivera nombraba oficialmente al Coronel Artigas Cuenca, Comandante del Salto. En una parte de la autobiografía del General Luís A. Reyes leemos: “… Rivera me nombró Jefe de Detall, en la guarnición de Salto, cuyo Jefe debía ser el Coronel Luciano Blanco, quien no se encontraba, pero solo halle allí un escuadrón cuyo personal no pasaba de cien hombres, dispuse a Caraballo y a Aguilar que se me plegaran. Así aumento nuestro contingente. Estaba todo desquiciado, pero era necesario resistir y logre formar e tres escuadrones de caballería y los comandé así: uno a la orden de Fausto Aguilar, otro a las de Manuel Caraballo y el otro a las del Coronel Artigas, más un piquete de setenta infantes. Se distribuyeron las órdenes y nos aprestamos a esperar el ataque del enemigo …”. Sobre este hecho de armas, Thevenet, en su obra “De La estirpe artiguista” agrega: “… El ataque fue violentísimo, no obstante la escasez de hombres y municiones, los cuatrocientos hombres resistieron durante quince horas. El Coronel Luciano Blanco en una de las calles fue alcanzado por un tiro en la cabeza a las ocho de la noche. A las once, los atacantes que eran tres mil, tomaron la plaza. Al escuadrón de Artigas le corresponde, sin éxito, repeler a las fuerzas de Servando Gómez, quienes le superaban casi cinco a uno. Era imposible sostener las posiciones. Con Manuel Caraballo, numerosa tropa y otros jefes, Artigas logra cruzar el Río Uruguay llegando a nado a puerto Palavecino, con tal mala suerte que es apresado por los hombres de Urquiza …”. AL SERVICIO DE URQUIZA Tras ocho meses de prisión, Artigas es puesto en libertad, tal vez por el motivo que Urquiza necesitaba granjearse la colaboración de la mayor cantidad de Oficiales. Según contaba después el General Urdinarrain, Urquiza favoreció a Artigas haciéndole llegar a su Madre, Melchora Cuenca, a su cuñada, Juana Isabel de Ayala, a su hermana Maria y a hijos de esta, quienes peregrinaban por Uruguayana, y los acondiciono a vivir en Concordia en una casa alquilada a tales efectos. Por ser Santiago un hombre atraído a las faenas rurales, aunque no experto, no tardó en reintegrarse a estos menesteres y en poco tiempo comenzaron a verse sus frutos. A raíz de la situación bélica imperante por entonces, se solicitó su participación en el Ejercito Aliado, donde aceptó integrarse, pasando a filas a la orden del Coronel Virosoro.
CORONEL SANTIAGO ARTIGAS CUENCA Nuevamente el campo del honor reclama su presencia ya que le corresponde batirse en la Batalla de Caseros con el grado de Coronel que le fuera reintegrado por el propio Urquiza. En esa confrontación revistó en la Quinta División de Caballería del Grande Ejército Aliado Libertador, donde revistó también su sobrino Pedro Pascual Artigas, hijo de Maria. En 1851, concertada la paz, y pasado un prudencial tiempo, reclama al Estado Oriental La Medalla de Caseros lo cual le fue denegada por no poder justificar con que licencia se Integró al Ejercito Grande. Conjuntamente, solicitó su alta del Ejército, la que fue muy breve ya que fue revocada dicha alta que le había sido concedida el 15 de noviembre de 1853, quedando sin efecto el 27 de enero de 1855, argumentándose por parte del Gobierno Oriental que era motivado por encontrarse al servicio de la Provincia de Entre Rios. Santiago, y sus sobrinos Pascual, y Juan de Dios Artigas, participaron, convocados por Urquiza, en la revista militar realizada en Paraná el 26 de mayo de 1858. Sus nombres figuran entre los Jefes y Oficiales a los cuales se agradeció su heroísmo en el discurso que pronuncio días antes el Presiente de la Confederación Argentina. En ausencia del titular, Coronel Cesáreo Domínguez, y por decreto rubricado por Justo José de Urquiza y su Ministro Luís.C. de la Peña el día 17 de diciembre de 1860, asume la Comandancia de la Plaza Militar de la Concordia. Cumpliendo tan alta investidura, le sorprende la muerte cuando solo contaba 45 años de edad, el día 21 de Enero de 1861. Nos dice Beatriz Bosch en su libro: ”Un hijo de Artigas en Entre Rios”: “…
En un diario de Concepción del Uruguay decía en las neurológicas: Refriéndose a Santiago, decía doña Ana a sus escuchas: “…Creo que estuvo en todas las guerras…”, refiriéndose a la gran cantidad de combates en que participó. Con fecha 26 de enero de 1861, el Gobierno Provincial dispuso entonces las exequias a los Coroneles Santiago Artigas y Doroteo Salazar, también fallecido por aquellos días, cumpliéndose dicha ceremonia en la iglesia capitalina con la asistencia de las mas altas autoridades …”. LA LINEA FAMILIAR El Coronel Santiago Artigas Cuenca, había contraído nupcias, como ya se mencionó, con Doña Ana Vallejo Monzón, a quienes le sobrevivieron dos hijas, Manuela y Fidela. Ambas se casaron y residieron en Salto, de donde derivó numerosa prole. Esto, puede ir en un aparte, pero es dato importante: Del acta matrimonial de Ana y Santiago, hacemos especial énfasis en resaltar las palabras: “…Hijo legítimo del General José Artigas y de Dona Malhora Cuenca…” y dicho acta esta sellada y firmada por Juan Bosco, Vicario de la Iglesia de San Benito de Paysandú, y en la cual ofician de testigos personas de probada honestidad, lo que nos hace aseverar que hubo unión matrimonial entre José y Melchora, sin la cual ningún sacerdote u honorable vecino hubiera estampado su firma en ese documento, asegurando con esto la legitimidad del joven Artigas Cuenca. Doña Manuela, se casó con el Coronel Leandro Leguizamón, y de esa unión existen varias líneas descendentes. Este apellido se desfiguró, figurando entre algunos familiares radicados en las inmediaciones de Arerunguá, como Leguísamo. Doña Fidela, tambien radicada en Salto, contrae nupcias con Donato Dalmao dando origen a una prolifera estirpe la que también llega hasta nuestros días. Gran parte de estas dos descendencias les han sobrevivido y permanecen radicados en el histórico paraje llamado Paso del Parque del Dayman. Sus descendientes se han bifurcado en linajes que llevan apellidos como: Leguizamón, Leites, Grasso, Aranguren y por supuesto el apellido patronímico sigue siendo Dalmao. Los restos del Coronel Santiago Artigas, desde 1950, descansan junto a los de su hermano José Maria Artigas Villagran (hijo de Rosalía prima y primera esposa del General José Artigas) y también junto a los de Doña Melchora Cuenca, en el Panteón de servidores a la Patria en el Cementerio del Buceo. Descansan junto a ellos, algunos integrantes de la familia Artigas que hasta l950 descansaban en el Cementerio de la Recoleta de la Ciudad de Concordia, Entre Ríos. |
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