
Por JOSE LUIS SANGUINETTI Publicado en Ciclo de Conferencias año 2013
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RESUMEN El Uruguay tiene una magnifica costa oceánica, inmejorables playas y traicioneros escollos. Estos han ocasionado innumerables tragedias. Esta es una de ellas, cuando un capitán confunde un faro con otro y termina contra una afloración de piedras. La intrepidez de nuestros paisanos, la inventiva del carpintero de a bordo, otro tanto, y la inmolación de un tripulante lograron salvar el mayor número de pasajeros. Esta es otra de las tragedias en nuestras aguas, poco difundida. EL INCIDENTE El 6 de mayo se cumplieron 106 años del hundimiento del vapor Poitou. En la primera foto podemos ver lo que queda de él a horas del naufragio, en aguas rochenses, en la parte superior su capitán de apellido Ribes. En el año 1907 en la playa de las Garzas, frente a la laguna Garzón, ocurrió uno de los más trágicos naufragios de los ocurridos en la zona rochense: el “Poitou” de origen noruego, antes llamado “Soembing" y luego “Batavia” Con bandera francesa a cargo de la propietaria “Société Générale de Transports Maritimes À Vapeur S.A. (SGTM). Desplazaba 2.900 toneladas, tenía 96 metros de eslora y 12 de manga. Había zarpado del puerto brasileño de Santos, provenía de Marsella Francia) el 3 de mayo, con 59 tripulantes y 235 inmigrantes y carga general. Entre los pasajeros había una uruguaya, Dolores Miguel, y dos argentinos, el estudiante Etchegaray y Antonio de los Reyes, el resto europeos.
En el registro de la hora 18,30 del día lunes 6, figura que fue avistado el faro de la Isla de Lobos (distante a 40 o 50 millas náuticas al Suroeste). Menos de dos horas después, el barco encalló en la costa, a 25 millas de la Isla de Lobos y al menos 43 de donde se registró, se habían confundido con el Faro del Cabo Santa María.
Según versiones de los sobrevivientes, al amanecer del 7 de mayo de 1907, don Ramón Silva, encargado de un establecimiento rural, estancia cercana a la Laguna de Rocha, junto a la playa de Garzón, descubre a unos 60 u 80 metros de la costa, un barco escorado, desde el cual le hacen señales. Silva vuelve a la estancia y regresa prontamente con su hijo Américo y otras personas, llevando consigo caballos, lazos y cuerdas. Casi enseguida llegan los funcionarios de aduana Timoteo Altez y Pedro Maisonave, ya avisados del suceso. Altez sale para el Pueblo Garzón con la noticia y de ahí un hombre montado a caballo (chasque) se desplaza hacia la ciudad de Rocha. El jefe político de Rocha, Sr. Lezama, telegrafía a Montevideo el suceso y pasado el mediodía, el Presidente de la República está en conocimiento del hecho.
Lezama Echegaray y de los Reyes Larroza Los paisanos a caballo trataban de enlazar a los náufragos; el estudiante Etchegaray explica en tierra un sistema ideado por el carpintero de a bordo para intentar salvar el pasaje mediante un cable. Un inglés de apellido Scott llega a la costa con el cable y lo une a una estaca extendiendo una cuerda de la nave a tierra. Entre tanto el inglés intrépido había fallecido ahogado por el esfuerzo realizado. De tal manera, y complementando el esforzado trabajo de los jinetes, comienzan a efectuar rescates de tripulantes y pasajeros, aunque ya se habían perdido casi 20 personas. Con el aerocarril improvisado, el salvamento duró más de un día, siendo los náufragos llevados a la estancia de los hermanos Silva. Se destaca el dramático caso del Dr. Charles Secur, médico de a bordo, quién se había dado por perdido y muchas horas más tarde, apareció aferrado a un madero, a varias millas del lugar. Desde Montevideo, las empresas Lussich y Semaden, mandaron sus remolcadores para acudir al rescate. De acuerdo a las normas vigentes que regían en la época, el que hacía el salvamento cobraba. Fue así que se enviaron los vapores “Huracán”, “Fulton” que aún se encuentra encima de la escollera del puerto de Montevideo, “Ingeniero”, ”Cacique”, y “Atlántico”. Por su parte el Estado Uruguayo envió al vapor “Lavalleja”, con médicos, enfermeros, periodistas y un fotógrafo. Dicho fotógrafo era don José Adami, quién trabajaba en la revista bonaerense “Caras y Caretas”. En esa época Florencio Sanchez era corresponsal del diario “La Nación” y efectuó alguna crónica del salvamento.
Huracán
Powerfull Entre tanto, habían acudido los vecinos Ramón Silva, padre e hijo, el guarda aduanero Altez, Julio Silvera, modesto de la Costa y otros, quienes avanzaron a caballo tratando unos de enlazar Scott, uno de los tripulantes, que se debatía entre las olas intentando alcanzar la costa. Y otros de hacer llegar al buque un aparejo, cuya operación se hacía de la siguiente manera: Los de a caballo se internaban en el mar y lanzaban el aparejo en cuya extremidad iba una pequeña boya. Desde abordo se trataba de pescar la boya que bailoteaba alrededor del buque a merced de las olas. El heroico Scott, que se debatía desesperadamente en el agua, consigue asir la boya, la ata a un cable que él sostenía y establece, por fin, la comunicación con la playa. Entregado a las olas por sí mismo, tras su gran acción, estaba irremisiblemente perdido. Lo sabía, grita algo que no se entiende y desaparece para siempre. Los criollos arrastraron el cable a la cincha, lo amarraron en tierra y comienza el salvamento, pero sin previsión ni sentido práctico. Todo el mundo quería echarse a tierra aferrado al cable sin contar con la fuerza de las olas. Algunos, con salvavidas ceñidos, trataron de deslizarse, pero las olas zangoloteban con tal violencia que no tardaron en soltarse, por el dolor de las mutilaciones, siendo llevado mar adentro por la resaca. Felizmente se suspendió el procedimiento que casi era un suicidio. El mar amainó pero, cuando más seguro se creía el salvamento, el buque se partió. Todos en cubierta intentaban echarse al agua, sin tener en cuenta que los salvavidas para nada servían y que la muerte era segura, no obstante la costa llana y amiga, estaba allí cerquita a cuarenta metros.
Los náufragos fueron alojados en la estancia de los Silva y en las linderas de Federico Silvera y del Dr. Martínez Rodríguez. Posteriormente se realizó su traslado hasta la ciudad de Rocha en carros y carretas, lo que llevó dos días. En dicha ciudad, el Juez Lezama organizó la ubicación de los pasajeros y la tripulación, así como el entierro de los cuerpos que pudieron ser rescatados, en el cementerio local. Pasados algunos días, dichas personas son trasladadas de Rocha hacia la Paloma , para ser finalmente embarcados en los buque “Powerfull”, “Emperador” y “Fulton”, rumbo a Montevideo, y de allí a Buenos Aires. Al año siguiente, las Sociedades Francesas y Españolas de Montevideo, y la Cruz Roja Internacional, otorgaron diplomas y condecoraciones a varios rochenses, en un emotivo acto, llevado a cabo del5 de julio de 1908. Francia otorgó cuatro medallas de oro, a doña Mena Sosa de Silva, por su abnegada ayuda a mujeres y niños en el lugar del naufragio, otras a Ramón y Américo Silva, por las numerosas vidas salvadas muchas de ellas a caballo y enlazando cuerpos en el agua y finalmente al Juez Lezama. Los homenajeados por la Cruz Roja fueron, entre otros, los hermanos Silva, doña Mena Sosa, el Dr. Florencio Martínez Rodríguez, el Dr. Julio Bonnet y el Sr. Federico Silva. Sin embargo no vemos a Larroza, paisano de color que según las crónicas salvó 30 vidas y al médico, (según dicen los brasileños “era un preto”). OTRAS CONSIDERACIONES El barco venía haciendo un promedio de 10 nudos (18Km/h) desde el puerto de Santos, las crónicas dicen que luego de dos horas de reportar que había visto el faro de la Isla de Lobos, (la distancia es de 50 millas náuticas y la luminosidad del faro 26 millas), encalló frente al balneario “Las Garzas”, lo que lleva a suponer que manteniendo esa velocidad había recorrido una distancia de 32/36 kms. Hasta donde embicó.
Suponiendo que el faro que asentaron ver, fuese el de la Isla de Lobos, el rumbo que tomó de 273º.era de locos, debió de haber sido 247º desde esa posición, como para dejar Lobos a estribor. El faro de Lobos ya tenía 50 años, los compases y los capitanes de esa época eran buenos, las cartas náuticas eran minuciosas, los ingleses se habían encargado de marcar bastantes años atrás “hasta los yuyos de la costa”, aunque sin dudas sería una noche poco luminosa, ya había pasado dos días de cuarto menguante.
Mostramos el volante ofertaban el viaje a Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires. Así mismo encontramos la lista de barcos entrados en Buenos Aires desde 1882 a 1920, y allí encontramos al Batavia, nombre anterior del Poitou. También en averiguaciones, encontramos la campana de Poitou, pero con el nombre de Soembing, 1893, primer nombre del barco. Esta según los relatos, fue sacada del buque siniestrado y se encuentra en el despacho del director del hospital de Rocha. Posteriormente, la empresa armadora puso en servicio otro barco con el mismo nombre, en honor a la región francesa con costa en el Atlántico, golfo de Vizcaya.
BIBLIOGRAFÍA Registro de entradas a Puerto de Buenos Aires (desde 1882 a 1920), María T.Biaggioni Familia Rosasari. (Rep. Fed. Del Brasil) www.histamar.com.ar Diario El País. Archivos propios. |
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