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Por Juan Antonio Varese
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Lo que ha dado en llamarse el Siglo de los Descubrimientos por parte de
Portugal representa una progresión constante desde 1415 con la conquista
de Ceuta, en el norte de África, la llegada a la India en 1497, el
descubrimiento del Brasil en 1500, la llegada a Cathay (China) en 1514 y
el desembarco en Japón, el legendario Cipango, en 1543. Fue poco más de
un siglo, con epicentro en la última década del siglo
xv, en que la influencia
comercial y política del imperio portugués llegó a proyectarse sobre
territorios desconocidos y reinos legendarios y ocultos hasta ese
momento para el mundo europeo.
Antecedentes
Avances en el Atlántico y las costas de África
Terminada la reconquista y expulsión de los moros de su territorio, el
rey Dinis se preocupó de fomentar el comercio con los principales
mercados europeos. Una de las primeras medidas fue el establecimiento de
un fondo de seguro marítimo en beneficio de los comerciantes portugueses
que vivían en Flandes y pagaban determinadas cuantías en función del
tonelaje de la exportación de vinos y frutos del Algarve a Flandes e
Inglaterra, así como el envío de sal, cuero y kermes
a países del norte, mientras que los artículos de importación eran
armaduras, municiones, ropa ligera y diversos productos de Flandes e
Italia.
Hacia 1317 el rey Dinis cerró un trato con el navegante genovés Emanuele
Pessagno, nombrándolo almirante de la flota real con privilegios
comerciales a cambio del aporte de navíos y sus tripulaciones, a fin de
defender las costas de los piratas berberiscos y sentar, a la vez, las
bases de una Marina Nacional. Favoreció asimismo el establecimiento de
una comunidad de comerciantes genoveses en Lisboa y Porto, quienes se
habían visto obligados a reducir sus actividades en el mar Mediterráneo.
En
1341 fueron oficialmente descubiertas las islas Canarias con el concurso
de Pessagno. Estas, que eran ya conocidas por los navegantes genoveses,
le fueron disputadas por el reino de Castilla en 1344 en sucesivas
reclamaciones hasta que se quedaron con ellas según el Tratado de
Alcacovas.
En
1353 se firmó un tratado comercial para que los pescadores portugueses
pudieran pescar en las costas inglesas, allanando el camino para el
futuro Tratado de Windsor de 1386. En 1387 varios mercaderes del Algarve
se establecieron en Brujas.
En
1415 tomaron la ciudad norafricana de Ceuta, hecho que es considerado
por los historiadores como el inicio de la expansión portuguesa en el
Atlántico.
Pocos años después, en 1420, comenzó a gravitar la figura de Enrique el
Navegante.
Se
conquistaron varias plazas en el norte de África como Alcazarseguir en
1458, Arzila en 1471 y Tánger, pero la vida de los portugueses en estas
ciudades fortificadas fue siempre difícil debido a los constantes
ataques de los moros. Los alimentos, el agua y otros bienes necesarios
para la vida cotidiana debían venir de Portugal o ser comprados en
tiempo de paz a precios muy elevados. Por este motivo la expansión se
verificó por los caminos del océano.
En
1418 Tristao Vaz Teixeira descubrió la isla de Madeira. En realidad se
habla de un redescubrimiento porque ya había noticias de su hallazgo
desde el siglo xiv según
la cartografía de la época. Se trataba de islas deshabitadas que por su
clima ofrecían posibilidades de poblamiento y cultivo. En 1424 se inicia
la colonización adoptando un sistema de capitanía. El infante Enrique
decidió plantar caña de azúcar en la isla, considerada por entonces una
especia.
En
1427 Diogo de Silves comenzó el contacto con el archipiélago de las
islas Azores. Descubrió el grupo oriental, años después el central y
finalmente el grupo occidental del archipiélago. También deshabitado,
reunía condiciones para la colonización mediante el sistema de
capitanías para la producción de azúcar, vino, trigo y ganado.
De
allí en adelante le tocó el turno a la costa occidental de África. Gil
Eanes dio el gran paso de doblar el cabo Nun, llamado también Bojador.
Por
entonces el príncipe Enrique se había instalado en Sagres, en el cabo
San Vicente, donde fundó una escuela de navegación en la que reunió a
los marinos, cartógrafos y astrónomos más famosos de la época,
encaminando los esfuerzos al descubrimiento de la costa africana por
iniciativa propia y sin intervención de la Corona hasta su muerte en
1460.
En
1441 el marino Nuño Tristán llegó al cabo Blanco, haciendo incursiones
en el llamado Río de Oro. Desde allí se organizaron las visitas anuales
a Guinea y Mina para recoger esclavos y oro, que cambiaban por tejidos y
trigo adquiridos en Madeira. En Lagos comenzó a funcionar un depósito de
esclavos y productos de Guinea, que pasaría a ser conocido como Casa de
la Guinea, luego Casa de Guinea y de Mina y finalmente Casa da India.
Dinis Dias descubrió en 1444 el archipiélago de Cabo Verde, comenzando
la población de las islas con negros provenientes de Guinea Bisau para
cultivar algodón.
En
1455 el papa Nicolás V dictó una bula declarando que las tierras
descubiertas pertenecerían a los reyes de Portugal.
En
1460 Pero de Cintra llegó hasta Sierra Leona. Ese mismo año falleció
Enrique el Navegante. En su lugar se nombró a su sobrino, el infante don
Fernando, hijo del rey Eduardo.
En
1469 Alfonso V entregó la exclusividad del negocio en Guinea a Fernando
Gomes, un mercader de Lisboa, mediante el pago de una renta anual.
En
1471 João de Santarém y Pêro Escobar, al servicio de Gomes, descubrieron
la costa del golfo de Guinea, llamándola «la mina de ouro» de Sama, la
costa de Mina, la de Benín, la de Gabón y las islas de Santo Tomás,
Príncipe y Annobón.
En
1474 Alfonso V entregó a su hijo Juan II, con apenas 19 años, la tarea
de los descubrimientos por tierras africanas. Más tarde, en 1481, le
conferirá nuevo título y más poderes para la política de expansión
ultramarina.
En
1483 Diogo Cao llegó al río Congo.
En
1487 Juan II envió a Alfonso de Paiva y Pero de Covilhá a través del
Mediterráneo y del Mar Rojo en busca del reino del Preste Juan y de
informaciones sobre navegación y comercio en el océano Índico, prueba
del interés prioritario de llegar a la India.

En
1487 Bartolomeu Dias, al mando de una armada de tres carabelas, llegó al
extremo sur de África, el cabo de las Tormentas, bautizado luego de
Buena Esperanza, descubriendo la conexión entre ambos océanos.
En
1492 Abraham Zacuto es expulsado de España por ser judío, se estableció
en Portugal llevando consigo las tablas astronómicas de su invención.
Tras
la llegada de Cristóbal Colón a América se promulgaron
tres bulas papales que concedían a Castilla el dominio de esas tierras.
En
1494 se firmó el Tratado de Tordesillas, un triunfo de la diplomacia de
Juan II que consiguió una conveniente renegociación de los límites entre
ambos estados sin intervención del papa. El mundo quedó dividido en dos
áreas de exploración, la portuguesa y la española, en función del
semimeridiano que debía pasar a 370 leguas de las islas de Cabo Verde.
Llegada
a la India
El 8
de junio de 1497 partió de Restelo una armada al mando de Vasco da Gama
que contaba con cuatro embarcaciones.
El 20 de mayo de 1498 arribó a Calicut, quedando establecido el
descubrimiento de la ruta marítima hasta la India.
Descubrimiento
del Brasil
Expediciones previas
Pocos meses antes del descubrimiento del Brasil por la armada de Pedro
Álvares Cabral habían partido en esa dirección dos expediciones
españolas, la de Vicente Yáñez Pinzón y la de Diego de Lepe.
La
que iba al mando de Yánez Pinzón tocó tierra el 26 de enero del año 1500
a la altura del cabo San Agustín, en Pernambuco.
Yánez Pinzón era un navegante de experiencia, en 1492 había acompañado a
Cristóbal Colón en el primer viaje como comandante de La Niña.
Esta expedición la había financiado de su propio peculio con cuatro
naves y una tripulación de 150 hombres, entre los que se encontraban sus
sobrinos y los renombrados pilotos Juan de Umbría, Juan de Xerez y Juan
Quintero, veteranos de los viajes colombinos. La flota partió el 18 de
noviembre de 1499 en dirección a las islas Canarias, de donde tomaron
rumbo a la isla Santiago, en el archipiélago de Cabo Verde, en la que
permanecieron durante tres semanas. El 13 de enero de 1500 partieron con
rumbo al sudoeste en dirección a las tierras que Colón y Alonso de Ojeda
habían descubierto poco más de un año atrás, al sur de las islas del
Caribe. Por supuesto que, al igual que Colón, Pinzón suponía estar
dirigiéndose al sudeste asiático. La travesía fue rápida, una de las más
breves entre las islas de Cabo Verde y la costa del Brasil, tan solo 13
días para recorrer una distancia superior a las 1400 millas náuticas.
Tocó tierra frente a la punta de Mucuripé, en Ceará.
Poco
después de su retorno a España, Yánez Pinzón narró las vicisitudes de la
expedición al cronista de indias Pedro Mártir de Anglería, con énfasis
en las peripecias con los indígenas de la zona.
La
otra expedición que llegó a la costa del Brasil pocos días antes que la
descubriera oficialmente la armada portuguesa de Álvares Cabral fue la
iba bajo el mando de Diego de Lepe. Mientras que las naves de Yánez
Pinzón remontaban las barrosas aguas del Amazonas, la otra cruzaba la
bahía de Marajó. Se trataba de una flota de tres carabelas que había
partido del puerto de Palos en diciembre de 1499. El recorrido fue más o
menos parecido, partió en dirección a las islas Canarias y de allí
recaló en la isla de Fogo del archipiélago de Cabo Verde. Prosiguió
rumbo al sudeste, cumpliendo un recorrido semejante al del tercer viaje
de Colón.
Al
cabo de 20 días de navegación avistaron tierra a principios de febrero
de 1500. No se tienen datos sobre el lugar, para algunos llegaron cerca
del cabo San Agustín mientras que para otros a las inmediaciones del
cabo San Roque, el punto más cercano a África, al norte de la actual
ciudad de Natal. De allí se dirigió al norte en ruta parecida a la que
Yánez Pinzón había recorrido un mes atrás.
También debe señalarse que el trecho entre Oiapoque y el río Corantijn
(en la actual frontera con Surinam) había sido descubierto menos de un
año atrás por la expedición del español Alonso de Ojeda. Esta había
partido de Sevilla el 14 de mayo de 1499 y se contaban entre la
tripulación el piloto Juan de la Cosa y el cosmógrafo florentino Américo
Vespucio, este último como encargado de las mediciones, es decir de
medir las latitudes y las distancias, en su primer viaje a América. La
flota constaba de tres carabelas y una tripulación de 150 hombres,
muchos de ellos «de baja calaña» al decir del historiador estadounidense
Samuel Eliot Morison que los describía como casi piratas. El escritor
brasileño Eduardo Bueno, autor del libro A viagem do descobrimento,
menciona, como dato anecdótico, que durante la travesía pararon en el
puerto de Safi, en Marruecos, para vender armas y pólvora, pero que
aprovecharon para asaltar una carabela portuguesa y que también
saquearon la casa de la hija de la amante de Colón en las islas
Canarias.
A
finales de junio de 1499 avistaron tierra, probablemente a la altura de
las Guayanas, y continuaron luego por el golfo de Paria hasta pasar por
la isla Margarita y descubrir las islas de Donaire y Curacao.
La
expedición retornó a Cádiz a principios o mediados del 1500.
Descubrimiento oficial
Después de la llegada a la India por parte de Vasco da Gama, se preparó
rápidamente una nueva y más grande expedición, esta vez al mando del
hidalgo Pedro Álvares Cabral. La flota constaba de 12 naves y más de
1500 hombres.
A la
altura del archipiélago del Cabo Verde desvió la ruta hacia el sudoeste
y después de varios días de navegación alcanzó a divisar tierra en el
mes de abril de dicho año. A lo lejos asomaba un cerro al que
denominaron Monte Pascoal, anclaron en el llamado Porto Seguro y
bautizaron la isla que suponían haber descubierto con el nombre de Vera
Cruz, que luego llamaron Tierra de Santa Cruz y finalmente Brasil, en
referencia a la abundante existencia de madera de palo brasil.
Al
respecto queda planteada la polémica entre los historiadores si el
arribo a la costa americana se debió a una trayectoria casual o al
seguimiento de datos y referencias que pudo haber brindado Vasco da Gama
o alguno de los pilotos o cosmógrafos de Lisboa.
De
allí Pedro Álvares Cabral envió una nave de regreso para comunicar el
hallazgo a Lisboa y continuó viaje rumbo a la India, el destino de su
viaje. Llegó a Calicut en 1501 donde, luego de varias desavenencias con
Samorín, se dirigió al sur donde fundó un puesto en Cochin, (Kochin).
Es
importante recalcar que la colonización en Brasil recién se inició más
adelante, durante el reinado de Juan III (1521-1557), en el año 1530 con
la expedición de Martin Afonso Lopes de Sousa y luego con la creación de
las primeras capitanías.

Américo Vespucio y el predescubrimiento
Don Juan II no esperó a recibir noticias sobre las tierras descubiertas
para organizar, en secreto, una nueva expedición que partiría en 1501.
Tal vez impulsado por los rumores despertados por las expediciones
españolas de Vicente Yánez Pinzón o de Diego de Lepe y el temor de que
los castellanos se adelantaran en su búsqueda de nuevas tierras o de un
paso hacia el oriente a través del occidente.
La
misión más probable sería la de explorar los nuevos territorios y
realizar las mediciones pertinentes para determinar si se hallaban
dentro del límite comprendido en las 370 leguas fijadas por el Tratado
de Tordesillas. Para ello era necesario contar, además del concurso de
marinos y cartógrafos, con el de un experto en la medición de latitudes
y distancias. De ahí la convocatoria al florentino Américo Vespucio,
recientemente regresado de un viaje por la zona en el que había
demostrado su competencia en el tema, según método de su propia
invención.
La
propuesta fue clara y los términos ventajosos por lo que el florentino,
en la mitad del camino de su vida, no dudó en aceptarla, embarcándose en
una nueva expedición hacia la tierra allende los mares.
Tan
secreta era la expedición que recién a último momento le fueron
explicados los detalles. Parece mentira, pero solo se conocen los datos
sobre la expedición que fueron proporcionados por Vespucio. No se tiene
claro el carácter en que fue invitado, los nombres de las embarcaciones,
ni la fecha de partida. Tampoco se conoce el nombre del capitán al
mando, pero sobre esto algunos autores han aventurado tres posibles
nombres en función de los pilotos de la época y sus trayectorias:
Gonzalo Coelho: nacido en Florencia aproximadamente en 1451 y fallecido
en Sevilla en 1512, fue un marino y explorador al servicio de la Corona
portuguesa. Estudió en Pisa antes de ofrecer sus servicios a Portugal.
Se cree que Vespucio reconoció que su mal carácter y actitud caprichosa
fueron los causantes del fracaso de la expedición.
Gaspar de Lemos: navegante portugués del siglo
xvi que comandaba uno de
los navíos de suministro de la flota de Álvares Cabral cuando descubrió
el Brasil. Fue designado por este para regresar a Portugal con la
noticia del descubrimiento de la tierra de la Vera Cruz. En tal
circunstancia se supone que, casi pronta la expedición, le correspondió
la suerte y el honor de ser designado por Manuel el Afortunado para ir
al frente de la expedición de 1501.
André Gonçalves: nacido en Portugal en el siglo
xv y fallecido en el siglo
xvi, fue un marino y
explorador recordado por su participación en las primeras expediciones
al Brasil. Para algunos historiadores Gonçalves iba al mando de una de
las naves de suministro que acompañaban a Pedro Álvares Cabral en el
viaje que accidentalmente descubrió Brasil en 1500.
Perfil biográfico
Para conocer sobre la vida y obra de Américo Vespucio existen varias
fuentes, como la biografía del escritor austríaco Stefan Zweig,
Américo Vespucio. Historia de una inmortalidad a la que América debe su
nombre, y artículos monográficos de gran valor como el artículo del
capitán Francisco Valiñas, pero las fuentes directas para el
conocimiento del personaje y de sus viajes y descubrimientos radican en
las cartas que Vespucio mismo escribió.
Amerigo Vespucci, Américo Vespucio en su forma castellana, nació en
Florencia, parroquia de Ognisanti, el 9 de marzo de 1454 en el seno de
una familia acomodada. Tuvo el privilegio de vivir en una época plena de
acontecimientos para la humanidad y la suerte de nacer en la Florencia
de los Medici.
Como
no se trataba del primogénito, pese a recibir una educación esmerada, no
pudo heredar el cargo de notario que detentaba la familia, por lo que su
padre lo dedicó al comercio, a través del cual tomó contacto con el
transporte y la navegación.
Las letteres
De la expedición de 1501-1502, que es la que fundamentalmente nos
interesa porque es la que habría descubierto el Río de la Plata y aún
llegado hasta los 50° de latitud sur, coincidente con las Malvinas, no
se tienen otras noticias que su propio relato contenido en las
letteres (cartas), puesto que la expedición fue una de las tantas
proyectadas y mantenidas en secreto por la Corona de Portugal. La
principal y casi única fuente de datos la constituyen las cinco cartas
de Vespucio dirigidas a personajes florentinos: la escrita en Cabo Verde
el 4 de junio de 1501, la escrita en Lisboa en 1502 y la conocida como
Mondus Novus, impresa en París en 1504, dirigidas a Lorenzo de
Pierfrancesco de Medici, Il Popolano; la Fragmentaria, de
la que no se sabe el destinatario ni la fecha, y la Lettera,
fechada en Lisboa el 4 de septiembre de 1504, dirigida a Piero Soderini,
jefe de Estado de Florencia.
El
problema de la veracidad
La veracidad de los viajes y los datos consignados depende de la
veracidad de las cartas. La reserva de datos oficiales fue tal que, de
no contar con la información contenida en sus cartas, nada se sabría de
la expedición. Fuera de las cartas no hay constancia alguna de los
viajes ni de la presencia de Vespucio a bordo de las naves portuguesas.
Al punto debemos considerar argumentos derivados de los tres tipos de
fuentes: las toponímicas, las epistolares y las cartográficas.
Pero
el problema no solo radica en la falta de fuentes, sino que también
surgen dificultades dada la falta de acuerdo entre las cinco cartas
vespucianas, por lo que resulta de fundamental importancia la tarea de
analizarlas y discriminar las auténticas de las espurias.
Según Laguarda Trías es posible afirmar, a través del análisis de las
cartas y la comparación con otros documentos de Vespucio y de la época,
que las auténticas son las escritas en 1501 en Cabo Verde y en 1502 en
Lisboa.
En
ellas debe seguirse y estudiarse el desarrollo de la expedición, aunque
sin dejar de lado las otras tres para tomar los datos que puedan
estimarse como reales y no contradigan lo dicho en las auténticas.
Partida de la expedición
Si bien en las cartas no existe coincidencia respecto de la fecha de la
partida de la expedición, en base a una de las consideradas auténticas
debe entenderse que tuvo lugar el 13 de mayo de 1501.
La
travesía de la armada, compuesta por tres naves, duró entre 64 y 67
días, plazo excesivo que parece señalar la existencia de dificultades y
mal tiempo, hasta llegar a las costas brasileras el 17 de agosto de
1501, fuera de la línea equinoccial 5° hacia el sur.
Al
bajar a tierra los nativos mataron a tres tripulantes y devoraron a uno
de ellos tras asarlo a la vista de los expedicionarios. La navegación
prosiguió a lo largo de litoral hacia el sur sin nuevos inconvenientes.
Otras tribus de indígenas, a diferencia de las que encontraron al
llegar, los acogieron hospitalariamente.
Hay
discrepancias con respecto al lugar donde se hizo escala para buscar
provisiones. En una de las cartas se dice que fue en la latitud 32°, lo
que vendría a corresponder al territorio del actual Río Grande del Sur,
pero la descripción del lugar no coincide. En base a lo expresado es
posible que el lugar haya correspondido a los 25° de latitud sur.
La
expedición siguió navegando a lo largo del litoral sudamericano, según
la carta, hasta llegar a los 50° de latitud sur. Para algunos autores,
en base al arrastre del error anterior, en realidad debió haber
alcanzado los 45° sur. Algunos defienden que la expedición llegó
efectivamente a los 50°, con lo que Vespucio habría alcanzado la altura
de las islas Malvinas. Sin embargo la descripción de la zona no se
corresponde con la geografía de las islas.
En
la carta Fragmentaria se dijo que al haber llegado a los 32° la
expedición cambió el rumbo y dirigió hacia el este, quedando la costa
fuera de su vista, por lo que incluso podrían haber arribado a las
costas occidentales de África. Pero como se ha comprobado que la
Fragmentaria es falsa, se entiende que la modificación podría
haberse anotado exprofeso para ocultar el hecho a los competidores
europeos.
Ahora bien: ¿Llegó la expedición a la latitud del Río de la Plata? ¿Lo
descubrió? ¿Penetró en el río y lo exploró?
Para
responder estas preguntas Laguarda Trías toma en cuenta dos toponímicos
rioplatenses que parecen provenir del viaje de 1501-1502, el cabo del
Buen Deseo y Monte Vidi, este último meramente hipotético, que considera
fundamentales.
No
hay que olvidar que la expedición, llevada en secreto, no debía
traspasar los límites del Tratado de Tordesillas (que para Vespucio
llegaban hasta el río Cananor, más tarde llamado Cananea) pero como la
verdadera y secreta finalidad del viaje era ir más allá, para evitar
problemas diplomáticos y que el jefe de la expedición quedara libre de
las responsabilidades derivadas de la navegación que le estaba vedada,
el mando de las naves habría sido traspasado a Vespucio bajo el título
de jefe provisorio o accidental, lo que nos permite recalcar el hecho de
que el mérito y la gloria del descubrimiento recayeran en Vespucio.
Laguarda Trías sostiene que Vespucio fue el primero en llegar a la zona,
que descubrió el río que terminaría llamándose «de la Plata», que habría
recorrido parte de la costa y subido al cerro que se eleva junto a la
bahía, donde probablemente haya grabado sobre la roca una inscripción
con su nombre, la que terminaría por dar el nombre a la futura población
que se levantaría en el entorno.
La
pauta se la da la inscripción «Vidi», encontrada en 1519 por hombres de
la expedición de Magallanes en el cerro de Montevideo, en especial por
el cosmógrafo Andrés de San Martín,
quien fuera discípulo de Vespucio:
V
(espucci) i (nvenit) di
(501), es decir, «Vespucio descubrió 501».
Cabe
señalar que los viajeros acostumbran grabar sus nombres y la fecha en
que estuvieron en determinados lugares. En la falda y el cerro de
Montevideo han aparecido y aparecen inscripciones de esa índole.
También es posible considerar las fuentes cartográficas para probar la
existencia del viaje y de los lugares descubiertos. Entre ellas se debe
señalar el mapa Kunstmann II, que para Roberto Levillier
fue inspirado o es obra de Vespucio, puede que en su diseño personal o
al menos como fuente directa de información. Las razones para
considerarlo obra directa o indirecta suya se deben a que en el contorno
donde figura el Brasil aparece dibujado un hombre asado por indígenas
(que corresponde con lo narrado por él al llegar a la costa de Brasil),
que muchos nombres de la nomenclatura del litoral coinciden casi
plenamente con la asignada durante la expedición vespuciana de 1501-1502
y que se trata del primer mapa en que aparece el río Jordán, que según
Roberto Levillier era el nombre asignado por Vespucio al Río de la
Plata.
Otros testimonios cartográficos que ayudan a demostrar que la expedición
a cargo de Vespucio llegó al Río de la Plata son un antiguo mapamundi
conservado en la Biblioteca de Palermo, en el que se lee: «Questo rio
della Plata cioè fiume d'Argento fu scoperto da Amerigo Vespuccio
fiorentino l'anno 1501» («Este Río de la Plata, o también Río Argénteo,
fue descubierto por el florentino Américo Vespucio en el año 1501») y
una probanza posterior al año 1526 que afirma: «Hunc argenteum fluvium
primus Americus Vespuccius intravit anno 1501» («Este río de plata fue
avistado por primera vez por Américo Vespucio en el año 1501»).
El
regreso
La expedición emprendió el retorno el día 7 de abril de 1502 y arribó a
Lisboa el 7 de setiembre de dicho año. La duración total del viaje
habría sido de 15 meses y 26 días.
En
caso de que la expedición se haya realmente realizado no queda claro el
papel que jugó el florentino en esta y el cargo que le tocó desempeñar.
Se descarta el de observador comercial porque los lugares a visitar no
necesitaban de quien cumpliera funciones mercantiles y también se
descarta que haya ido como piloto porque Vespucio no poseía
conocimientos especiales de navegación. Por el texto de las cartas es
dable suponer que su función era la de determinar las coordenadas
geográficas en el Nuevo Mundo, para lo que ideó con ingenio el método de
las distancias lunares, el que trasmitió a su discípulo y apoderado
Andrés de San Martín y que este aplico con éxito en el viaje de
Magallanes.
Es
lógico suponer que el Manuel el Afortunado no haya quedado satisfecho
con las mediciones realizadas. La expedición se aventuró mucho más allá
del límite acordado de las 370 leguas del archipiélago del Cabo Verde.
Vespucio llevó a cabo su tarea objetiva e imparcialmente con lo que no
conformó la voluntad de don Manuel, pues no todos los territorios
descubiertos quedaban bajo su poder.
Vespucio tampoco quedó satisfecho con la paga por los servicios
prestados o por la falta de consideración que le demostrara el monarca
portugués, por cuyo motivo regresó a Sevilla. El rey Fernando reconoció
su probidad en la defensa de la verdad geográfica y por tanto de los
derechos de España, en premio de lo cual le concedió la naturalización
en Castilla y el nombramiento como Piloto Mayor, cargo creado
especialmente para él, lo que le asegurara un buen salario y un papel de
importancia en los futuros viajes de descubrimiento.
Expedición de
Esteban Froes y Juan de Lisboa
La disputa entre los reinos peninsulares de Portugal y Castilla por el
dominio de las tierras descubiertas se verificaba tanto en el terreno de
los hechos como en el campo diplomático, lo que suponía mantener en
secreto la mayor parte de las actuaciones y tener montada una red de
espionaje para manejar datos y comprar conciencias para estar al tanto
de los planes de los reinos vecinos.
Esto
hace que la historia de los descubrimientos difiera según se la mire
desde la corte de Lisboa ―donde se guardaban tan bien los secretos que
hasta los propios cronistas los ignoraban―, desde la corte de Castilla o
desde la sin par Sevilla, a orillas del Guadalquivir, convertida en otro
centro del comercio, la navegación y la cartografía, que contaba la
presencia de marinos de todas partes del mundo, además de los
comerciantes y financistas de los reinos italianos y alemanes como los
Medici o los Fugger.
En
tales circunstancias el rey de Portugal, Manuel el Afortunado, se enteró
del proyecto castellano de enviar una expedición al mando de Juan Díaz
de Solís a las Molucas por el este, traspasando la ruta del océano
Índico hasta más allá de las posesiones portuguesas. De inmediato
planteó una enérgica protesta ante sus suegros Fernando e Isabel, los
Reyes Católicos, ya que la ruta prevista suponía invadir sus dominios.
Al
mismo tiempo Manuel I capituló con Esteban Froes y Juan de Lisboa para
que emprendieran un viaje exploratorio por la ruta de occidente en busca
de un paso interoceánico siguiendo los pasos de la expedición de 1501 en
que viajaba Américo Vespucio.
Se
trataba de dos personajes de consideración. Juan de Lisboa, de quien se
tienen pocos datos, era considerado uno de los mejores pilotos de la
época. Había participado del viaje de Vasco da Gama a la India en 1497 y
participó de la expedición de Gonzalo Coelho y Américo Vespucio en 1501.
Tomando como fuente a la Nova
Gazeta da Terra do Brasil
podemos decir que el financiamiento de la expedición estuvo a cargo de
los comerciantes Nuño Manuel y Cristóbal Haro.
La
flota, compuesta por dos carabelas con 70 tripulantes cada una, partió
de Lisboa en febrero de 1514 con rumbo directo a la costa del Brasil.
No se tiene clara noticia del itinerario de la expedición, pero es
lógico suponer que fuera de descubrimiento tanto como de exploración de
tierras y de busca de un canal cuya existencia se presentía evidente
después del descubrimiento del Mar del Sur por Núñez de Balboa.
Luego de traspasar la Cananea pasaron por la isla de San Francisco del
Sur en Santa Catarina. A partir de entonces la costa se volvió inhóspita
y desierta, máxime sobre el litoral del actual Río Grande del Sur.
En
julio de 1514 llegaron a lo que parecía ser la boca de un estrecho o la
desembocadura de un gran río. La punta fue bautizada con el nombre de
Santa María, sobre los 35° de latitud sur, la actual Punta del Este.
Dentro del estuario penetraron unas 50 leguas, mientras el río se iba
estrechando las aguas se volvían oscuras y peligrosas. Una de las islas,
la de Flores, fue bautizada así en homenaje a Esteban Froes, el primero
en distinguirla. Recorrieron el río y lo bautizaron con el nombre de
Santa María. Trabaron contacto con los indios, «hombres altos de largos
cabellos negros». Eduardo Bueno entiende que de ellos recogieron
indicios de las riquezas existentes en el interior del continente.
En
el viaje de regreso los navíos se separaron. La carabela de Froes quedó
un tiempo en la región dedicada a la recolección de pieles como las que
usaban los indios. La carabela de Juan de Lisboa tomó rumbo a la
factoría existente en Río de Janeiro, cargando la nave con troncos de
palo brasil antes de emprender el regreso. Durante una escala en la isla
de Madeira, Juan de Lisboa encontró un agente comercial de la familia
Fugger a quien le relató de la expedición. Este lo transcribió en un
noticiero que circulaba entre los accionistas de la empresa llamado
Nova Gazeta da Terra do Brasil.
Mientras tanto Froes se encontraba en problemas. Durante el regreso, en
julio de 1514, remontaba la costa con el navío averiado. Antes de caer
atrapado por los indios, que se mostraron belicosos, se dio nuevamente a
la vela hasta terminar arrastrado por la corriente hasta la altura de la
isla de Puerto Rico, en territorio español. En la emergencia fueron
tomados prisioneros de los españoles y trasladados a la isla de Santo
Domingo, donde pese a los apremios no revelaron el verdadero motivo de
la expedición. Quedaron detenidos durante dos años bajo amenaza de
ejecución por haber entrado sin autorización en territorio perteneciente
a la corona castellana.
En
setiembre de 1516 fueron enviados a Sevilla, donde fueron cambiados por
los nueve prisioneros españoles que Cristóvão Jacques había rescatado de
la isla Santa Catalina en su primer viaje a la zona, como luego se verá.
Viajes de
Cristóvão Jacques
La crítica histórica ha establecido que Cristóvão Jacques
realizó tres viajes a las costas del Brasil: el primero comprendido
entre 1516 y 1519, el segundo en el año 1521 y el tercero entre 1526 y
29. Analizando las rutas y los tiempos de viaje es razonable suponer que
solo en el segundo alcanzó el Río de la Plata.
Respecto del primero, cuando se supo en Portugal, a mediados de 1515,
que una expedición española al mando de Juan Díaz de Solís estaba pronta
para partir, se autorizó casi de inmediato la salida de otra al mando de
Cristóvão Jacques, con la finalidad de fundar algunas colonias como la
forma más conveniente de asegurar el dominio de las tierras
descubiertas.
El
escritor Gonzalo Bueno reconoce la escasez de datos respecto de esta
primera expedición de Jacques, fundamentalmente porque se trata de otra
de las tantas tañidas por el secreto. Probablemente haya partido el 21
de agosto de 1516, aunque se trate de una fecha tentativa. La flota
estaba compuesta por tres naves y llevaba cerca de 300 tripulantes,
entre ellos algunos colonos. Además de una misión colonizadora Jacques
detentaba las funciones de comisario del palo brasil.
La
expedición se dirigió primeramente a Cabo Frío, donde la expedición de
Vespucio había fundado una factoría en 1504, pero como la encontró
abandonada tomó rumbo a la factoría carioca. Apenas llegado se enteró
del pasaje de la carabela de Francisco de Torres, cuñado de Solís, de
regreso del descubrimiento oficial del Río de la Plata. La nave iba
abarrotada de palo brasil y esperaba el pasaje de otra carabela que se
encontraba retrasada.
Jacques decidió marchar al sur en su busca, pero al llegar a Santa
Catalina se enteró de que el otro navío había naufragado poco antes y
que habían quedado sobrevivientes viviendo con los indios. Jacques logró
capturar a siete de los náufragos, los que fueron tomados prisioneros.
Por lo tanto se entiende que no pasó de la isla Santa Catalina al sur.
De regreso a la factoría carioca cargó una de las naves con palo brasil
y junto con los prisioneros la envió a Portugal.
Como
ya se dijo, en abril de 1517, tras una compleja negociación diplomática,
los siete náufragos de Solís terminaron por ser cambiados por Esteban
Froes y sus once marineros, presos desde hacía tres años. Mientras tanto
Jacques se dedicó a mudar la factoría de Río hasta Pernambuco puesto que
la distancia era menor. En mayo de 1519 retornó a Lisboa.
Respecto del segundo viaje de Jacques, en el que efectivamente habría
llegado al Río de la Plata, existen varias fuentes documentales que lo
acreditan. La primera, una referencia en la carta de Luís Ramírez
(expedicionario de Caboto), otra en las probanzas de uno de los juicios
entablados contra Caboto al regreso de su viaje y la tercera,
finalmente, una cita en el Islario General de Afonso de Santa
Cruz, cronista de Indias que estuvo en el Río de la Plata.
Según la carta de Ramírez, cuando Caboto se encontraba en el puerto de
Santana, sobre el Alto Paraná, se enteró, por informes de los indios,
que unas naves habían entrado en el río de Solís y se habían juntado con
las suyas; Caboto no creyó la noticia, pero cuando remontaba el río
Paraguay otros indios le dijeron que por el río de Solís habían entrado
tres velas que dijeron estar junto con sus navíos. Estas dos referencias
obligaron a Caboto a dar crédito al hecho de que habían entrado otras
naves en el río. La expedición que había entrado era la de Diego García,
pero como nadie sabía que esta venía «acordó el Señor capitán jeneral
bolver abaxo, por que se temia que en la dicha armada venía Cristobal
Jacques capitan del Rey de Portugal que otra vez como tengo dicho avia
venido a este Río de Solís y prometió al dicho Francisco del Puerto que
alli allamos que volvería, e si fuese quel dicho Cristobal Jacques abia
entrado en el dicho rio nuestras naos estarian en mucho aprieto e la
jente dellas y ansimesmo si hubiesen subido arriba a la fortaleza no
hubiesen recibido algun daño».
En
realidad Francisco del Puerto no fue el único en hablarle de Cristóvão
Jacques. El 7 de junio de 1526, cuando la armada entró en Pernambuco,
encontró a 13 hombres dedicados al corte y acopio del palo brasil,
quienes le dieron informes del río de Solís y de la expedición de
Jacques. Algunas fuentes afirman que de los hombres de la factoría
algunos eran portugueses que habían ido a la zona con la expedición de
Jacques y que fueron abandonados por este.
Por
otra parte, Afonso de Santa Cruz, que estuvo en el Río de la Plata con
Caboto, afirma en su Islario general de todas las islas del mundo
que «antes de entrar en el río de la Plata ay quatro o cinco ysletas las
quales van puestas levante a poniente unas pos de otras apartadas por
una y media legua que se llaman yslas de Rodrigo Alvarez por las aver
descubierto un piloto que con nosotros llevavamos dicho así; al autro
destas ay otras dichas de Jacques que era un portugues llamado asi que
las descubrió viniendo a este rio por capitan de una caravela desde la
costa del Brasil a fama del oro que se dezia aver en el».
Respecto a la fecha en que el viaje se realizó, los documentos hasta
ahora presentados permiten establecer un intervalo. Como al llegar
Caboto a Pernambuco Jorge Gómes y otros hombres de la factoría ya habían
regresado del viaje el Plata con Jacques, se puede afirmar que el 7 de
junio de 1526, fecha de llegada de Caboto, constituye el término ante
quem de viaje de Jacques.
Asimismo Jacques le había prometido al joven Francisco del Puerto
regresar al río; como este grumete de la expedición de Solís se
encontraba en el Plata desde 1516 esa fecha debe considerarse el término
post quem.
La
fecha más probable es que haya llegado a la zona en 1521. Además de los
datos brindados por el genealogista Freire Montarrojo en dos de sus
códices, nos basamos en una carta fechada 27 de junio de 1524 en Evora
dirigida al emperador Carlos V por el embajador español en Portugal,
Juan de Zúñiga. Se trata de un documento excepcional porque proviene de
Portugal, fuente de datos escasa porque los portugueses eran muy
sigilosos y mantenían sus expediciones en secreto. En la carta se habla
de una expedición salida tres años antes, lo que permite ubicar la fecha
en el año 1521.
En
dicha carta no se menciona el nombre del jefe de la expedición
portuguesa ni del río, pero se lo califica de maravilloso por quien lo
exploró. Deducimos que el «río maravilloso» se trataría del Paraná, lo
que convierte a Jacques en su descubridor.
Para
justificar que el capitán de la expedición sea realmente Jacques resulta
buena la comparación de los datos existentes con los resultantes de la
carta de Ramírez. En primer término se aprecia la prioridad en la
difusión de la noticia de que el río de la Plata y el Paraná eran la vía
de acceso a una montaña rica en plata y oro. Respecto a la exploración
del río Paraná, Ramírez dice haber hablado con Melchor Ramírez y Enrique
Montes en el puerto de los Patos, el primero integrante de la expedición
de Jacques. Y en tercer término el expedicionario deja abandonados a su
suerte a los náufragos de Solís, actitud acostumbrada de Jacques.
Estas tres peculiaridades lo individualizan perfectamente, lo alejan de
otros posibles como Magallanes o Caboto y coinciden perfectamente con la
carta de Zúñiga.
Con
respecto a la fecha de partida y la de llegada solo pueden hacerse
simples inferencias. Como el pago de los 100.000 reales que el rey le
otorgó para armar dos navíos se efectuó el 2 de setiembre de 1521, es
razonable suponer que la partida debió ser posterior a esa fecha. Por
otra parte, Freire de Montarroio y Zúñiga coinciden en que Jacques tenía
licencia del rey Manuel y como este falleció el 13 de diciembre de 1521
hay que convenir que la partida tuvo lugar entre setiembre y diciembre
de 1521.
En
la carta de Zúñiga se dice que, en caso de no ser contratado por España,
perdía dos años de incesante gestiones para repetirlo, el hecho
significa que el regreso debió producirse en 1522, en los últimos meses
del año.
En
efecto, tanto en el viaje de ida como en el de vuelta, Jacques debió
aprovechar los vientos generales que soplan en la costa del Brasil. Se
sabe que estos vientos están sometidos a variaciones periódicas soplando
desde el NE al ENE de setiembre a marzo y desde el SSE al ESE en los
otros seis meses.
En
suma, la duración total de la expedición de Jacques puede estimarse en
un año, con una permanencia de tres meses en el río y navegaciones de
cuatro y cinco meses. Estas conclusiones pueden sorprender a los
lectores acostumbrados a las fantasías de ciertos seudoespecialistas
para quienes la duración media de un viaje simple de ida o de regreso
entre España y el Río de la Plata era de tres meses. En realidad solo
durante los siglos xvii y
xviii duraba eso, la
duración del viaje en el siglo
xvi era de cuatro a cinco meses cuando se hacían breves escalas,
pero en caso de que las naves invernaran un simple viaje llegaba a durar
un año.
Expedición
colonizadora
En 1530 partió de Lisboa una nueva expedición a la costa del Brasil y
con destino al Río de la Plata al mando del capitán Martim Afonso Lopes
de Sousa.
Luego del descubrimiento oficial del río en 1516 y del posterior
hallazgo del estrecho de Magallanes que unía ambos océanos y dejaba
abierta la ruta hacia la Especiería, Portugal decidió afirmar la planta
en las tierras descubiertas y fundar poblaciones permanentes en algunos
puntos del litoral atlántico. Entre ellos el que pretendía fijar como
límite sur de sus posesiones, en la margen norte del Río de la Plata.
Para ello organizó en secreto una expedición que iría al
mando de Martim Afonso Lopes de Sousa, nombrado gobernador del Brasil y
con cargo de fundar algunas poblaciones. Su hermano, Pero Lopes de
Sousa, que lo secundaba en el viaje como piloto de la nave Capitana,
terminó por recoger la fama de la expedición por cuanto fue el autor del
Diario de Navegación
convertido en uno de los primeros testimonios escritos que describen con
imparcialidad y sentimiento el escenario americano.

La
partida de Lisboa tuvo lugar el sábado 10 de Noviembre de 1530, con una
flota de cinco naves rumbo a la América del Sur: la nave Capitana,
de 150 toneladas; la nao San Miguel, de 125 toneladas, mandada
por Héctor de Sousa; el galeón San Vicente, también de 125
toneladas, al mando de Pero Lobo Pinheiro, y las carabelas Rosa y
Princesa, piloteadas respectivamente por Diego de Leite y
Baltazar Gonçalves. En total la expedición constaba de 400 personas.
El
28 de diciembre hicieron escala en el puerto de Riveira Grande, de la
isla Santiago del archipiélago del Cabo Verde. El 3 de enero de 1531
siguieron viaje hasta llegar al cabo de San Agustín, donde vieron una
nave francesa dedicada al comercio clandestino del palo brasil, que al
verse cercada por la armada portuguesa fue abandonada por sus
tripulantes que huyeron a tierra para esconderse en la selva. Al sur del
cabo San Agustín se apoderaron de otra nave francesa también cargada de
palo brasil. Martim se enteró de la existencia de otra nao francesa en
la isla de San Alejo y envió a su hermano al frente de dos carabelas a
perseguirla. Fue rebautizada con el nombre de Nossa Senora Das
Candeas y pasó a integrar la expedición.
En
dicho paraje la nao San Miguel perdió la conserva y la armada no
supo más de ella. En Pernanbuco se separaron las dos carabelas, que
fueron a descubrir el río Marañon al mando de Diego Leite, y una de las
naves francesas capturadas que fue enviada a Portugal cargada de palo
brasil
El
1º de marzo de 1531 la nao Capitana, la Nossa Senora Das
Candeas y el galeón San Vicente continuaron viaje hacia el
sur. En la bahía de Todos los Santos incorporaron a la expedición a la
carabela Santa María do Cabo, que se dirigía a Sofala.
El
30 de abril, después de luchar con vientos contrarios y soportar algunas
tempestades, llegaron a Río de Janeiro. Martim Afonso envió cuatro
hombres tierra adentro a explorar y estos volvieron al cabo de dos meses
con novedades de que en el río Paraguay había mucho oro y plata. En Río
pasaron unos tres meses que emplearon en construir dos bergantines para
reconocer el Río de la Plata y acopiar víveres para un año.
El
1º de agosto zarparon de Río de Janeiro y el 12 de agosto fondeaban en
la isla de la Cananea. Ahí se separó un grupo de tripulantes que se
comprometía a recolectar esclavos, oro y plata en un plazo de 10 meses.
Según Fernández de Oviedo, todos fueron muertos por los indios.
El
26 de setiembre continuaron rumbo sur y el 29 avistaron el puerto de Los
Patos, en la costa de Río Grande del Sur, pero los vientos contrarios
les impidieron entrar.
El
domingo primero de octubre uno de los bergantines perdió la conserva,
los vientos nordestes no les permitieron continuar el rumbo hasta que el
7 pudieron retomar el rumbo sur y se aproximaron al Río de la Plata.
El
jueves 12 se encontraron al atardecer entre tres islas de piedra,
actualmente las islas de Torres, donde cazaron lobos marinos. El sábado
14 de octubre Pero bajó a tierra firme, la cual encontró muy hermosa,
con muchos arroyos, yerbas y flores como las de Portugal. Regresaron a
las naves sin ver gente.
El
15 de octubre siguieron camino a lo largo de la costa hasta llegar a lo
que creían era el cabo de Santa María, ahora se sabe que se trataba de
Punta del Este. Al día siguiente fueron a una isla que estaba cerca del
cabo, la isla Gorriti, donde se abastecieron de agua, leña y pesca.
Luego siguieron camino, pero el clima y las tormentas hicieron que la
expedición sufriera pérdidas y que las naves tuvieran daños.
Pero
Lopes de Sousa siguió camino sin la nave Capitana. Recorrió la
costa norte hasta las islas Dos Hermanas, frente a la actual Colonia, y
navegó por el delta del Paraná.
Luego emprendió el regreso para reencontrarse con su hermano y enterarse
de que la Capitana había naufragado en las inmediaciones del
actual balneario Bella Vista, dos leguas al este del arroyo Solís
Grande. Con ella se habían perdido muchos enseres necesarios para la
población que pensaba fundarse.
Martim Afonso decidió, junto con el consejo de pilotos, maestres y todos
lo que eran entendidos, que no debían ir por el río de Santa María
arriba por muchas razones: una era por no tener mantenimientos, pues se
habían perdido al naufragar la Capitana, otra era que las dos
naos que quedaban estaban tan desgastadas que no se podrían sostener y
la tercera era que el río parecía innavegable por los temporales que
había en verano.
Martim Afonso mandó a Pero en un bergantín con 30 hombres a tomar
posesión y poner unos padrones en tierra en nombre de Portugal. Estos
fueron colocados en el estero de Quereandís, sobre el Paraná, y
posiblemente en la isla de Las Palmas o Gorriti, donde Martim Afonso
estuvo más de un mes esperando el regreso de su hermano.
Durante el regreso llegaron a la Cananea el 8 de enero y ahí quedaron
hasta el 16 reparando una vía de agua. El 21 de enero entraron al puerto
de San Vicente y fondearon en la playa de la isla del Sol.
Martim Afonso mandó a construir una casa en tierra para guardar en ella
las velas y las jarcias, luego varó en tierra la nao Nossa Senora Das
Candeas y decidió poblar allí. Hizo una villa en San Vicente y otra
a nueve leguas, a orillas del río Piratininga.
Pero
Lopes fue encargado de volver a Portugal con la nao Nossa Senora Das
Candeas y el galeón San Vicente a fin de dar cuenta del
resultado del viaje.
El
22 de mayo partió en el galeón San Vicente hacia Río de Janeiro,
llegó el 24 y se quedó en espera de la nao Nossa Senora Das Candeas,
que había quedado en San Vicente para repararse, la cual se le incorporó
el 14 de junio.
El 4
de julio de 1532, luego de haber acopiado víveres para 7 meses,
partieron de regreso. El diario termina bruscamente el domingo 24 de
noviembre, en pleno Atlántico septentrional, desconociéndose la causa de
haber quedado interrumpido.
Por
otras fuentes se sabe que Pero Lopes llegó a Algarve a fines de
diciembre del 1532 o principios de enero del 1533, pero que recién en
agosto le fue posible entrar en Lisboa.
Por
último queda por considerar el final de las expediciones portuguesas al
Río de la Plata, que podemos ubicar en el año 1680, con la fundación de
la Colonia del Sacramento. Se trataría de la culminación de un ciclo
comenzado en 1501 con el viaje secreto de exploración que integraba
Américo Vespucio y que luego reforzaron las expediciones de Esteban
Froes, Cristovao Jacques y fundamentalmente la de Martim Afonso de
Sousa, cuyo naufragio de la nave capitana frente a las costas de
Maldonado impidió la fundación de un fuerte en el lugar, circunstancia
que tal vez hubiera cambiado la historia de esta parte del mundo. La
corona de Portugal siempre se consideró con derechos sobre la zona por
considerarla el límite sur de sus fronteras con España. Pero la
fundación de la Colonia del Sacramento y sus fundamentos legales son
otra historia, que seguramente desarrollaremos en otra conferencia en la
Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial.
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― Américo Vespucio.
Historia de una inmortalidad a la que América debe su nombre. Buenos
Aires: Claridad, 1996.
Respecto del nombre Montevideo, Laguarda Trías cita, para
descartarlas, las dos teorías más conocidas sobre su origen:
1.
La de la exclamación del vigía de la expedición de Solís que
gritó «Monte Vide-eu», construcción defectuosa con mezcla de
idiomas, derivada de la variante más reciente del nombre y no de
la primitiva.
2.
La de Monte IV D Este a Oeste, que según Laguarda «más conviene
olvidar que recordar».
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