Historia
y Arqueología Marítima
Anecdotas Militares Argentinas
Guerras de la Independencia - 2
Provistas por: Diego Marré . Publicadas en el Foro de Histarmar-2008
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EL ASISTENTE DE LA MADRID
Después
del combate de Culpina, librado el 31 de enero de 1816, el entonces
Comandante Gregorio Aráoz de La Madrid se ve precisado a retirarse ante
fuerzas superiores cuyo jefe, al verlo alejarse con una veintena de
hombres, pensó que se replegaba sobre mayores efectivos; sin embargo
ordenó que fuera perseguido por un Escuadrón que consiguió hacer
prisionero al asistente del valiente tucumano. Conducido el soldado a
presencia del Tte. Cnel. Eustaquio González —jefe independiente que se
había pasado a los realistas en Potosí— éste le preguntó:
Al oír esa orden, conmovido el oficial patriota
por perder a un soldado tan fiel, dejó oír esta voz de mando: LA PRIMERA VICTIMA DE LA EMANCIPACION
Don José Moldes, que fuera
después guerrero de la Independencia y hombre público de prestigio, se
encontraba en 1809 en la ciudad de Madrid gestionando su ingreso en las
“Reales Guardias de Corps”.
Molesto Moldes por la expresión del francés, terció en la conversación
para decirle:
Y siguiendo sus impetuosos instintos, derribó al insolente general de un
tremendo puñetazo.
EL CORREO DE LA GUERRA GAUCHA Entre la muchas mujeres que se jugaron valerosamente la vida por el porvenir de la Patria, se encontró una salteña llamada María Loreto Sánchez de Frías. Como muchas otras de su sexo que apelaron a todos los más inesperados medios para tener al corriente a Güemes de lo que se hacía o proyectaba en el campo realista, esta salteña decidida, a fin de mantener una segura y continua comunicación entre la plaza la montonera que la cercaba, ideó el más sencillo y original de los correos. En el tronco de un algarrobo que crecía en las afueras de la ciudad a orillas del río Arias, hizo abrir una cavidad lo suficientemente grande para permitir la entrada de una mano y que para disimularla se la cubría con la misma corteza del árbol. Utilizando las criadas que iban a lavar al río, leales a su ama y tan patriotas como ella, hacía colocar los billetes que ella misma escribía y que un gaucho del caudillo Burela retiraba aprovechando las sombras de la noche, colocando a su vez, la comunicación de sus compatriotas que generalmente contenía preguntas que responder o indicaciones de lo que, convenía averiguar. RESPUESTA DE DIAZ VELEZ A UN PERJURO
Dos semanas después de la derrota que
infligieran los españoles a las fuerzas patriotas del General Belgrano,
en Vilcapugio, el i de octubre de 1813, el mayor general Eustaquio Díaz
Vélez se encontraba en Potosí, mientras el insigne vencedor de Salta y
Tucumán reorganizaba su tropa sobre el flanco izquierdo del enemigo que,
desgraciadamente, había de vencerlo nuevamente en Ayohuma el 14 de
noviembre del mismo año. El general realista, dispuesto a reconocer la posición de su adversario, adelantó como exploración a dos destacamentos, uno de ios cuales estaba mandado por el comandante Castro, que siendo coronel y jefe de la vanguardia realista hizo fusilar a uno de los valientes sargentos de Tambo Nuevo y que, por otra parte, fué tomado prisionero en Salta, y dejado en libertad bajo palabra de honor de no volver a tomar las armas.
A mediados del mes de octubre llegó
Castro a Jocalla, y desde allí le dirigió a Díaz Vélez un reto
caballeresco, desafiando con un escuadrón de 100 dragones a toda su
división en el campo que el argentino eligiera. Iracundo Castro por estas palabras, cargó no sólo con sus 100 dragones, sino con todo su destacamento, pero fué rechazado con sangrientas pérdidas MONET Y BRANDSEN El gallardo coronel D. Carlos Federico de Brandsen era francés y había combatido desde sus primeros años a la sombra de los águilas del primer Imperio, siendo condecorado varias veces por Napoleón que, como valiente, sabía premiar a ios bravos con medallas y galones. Después de la caída del vencedor de Arcole, emigró como muchos otros oficiales y ofreció su espada a la causa de los pueblos sud- americanos. Hombre de vasta cultura, ha dejado algunos poemas y unas memorias sumamente interesantes. Como soldado era de valor temerario y tenía un excelente golpe de vista. Uno de sus primeros encuentros con los realistas fué en San Pedrito y allí aprendieron a respetarlo.
Tal era su fama de valiente
que el general Monet, prestigioso jefe español, le preguntó un día al
general Tomás Guido, que se encontraba en Lima, enviado en misión
diplomática ante el virrey del Perú:
No era el caso de sopesar
valores ante el ilustre general realista que, aunque cordial, era
después de todo un adversario, y Guido le respondió: —Me alegro —comentó sonriendo Monet— porque si así no fuera nos enredaría mucho más la madeja. UN CRIOLLO QUE NO SE DEJO APALEAR Cuando el Gran Capitán forjó en la heroica Mendoza la saeta n la cual había de herir al propio corazón del poderío de Su Majestad española en tierras de América, recorría a menudo los alrededores solicitando aquí y allá ayuda y colaboración.
Un día que pasaba por la finca de un
español, vió que éste daba azotes a un peoncito criollo que soportaba el
castigo con pasiva resignación. Mandó llamar San Martín al muchacho y,
como éste le manifestara que su patrón lo golpeaba a menudo, muchas
veces sin razón, le aconsejó: No había transcurrido una semana cuando le informaron que el paisanito estaba preso por haber dado muerte a puñaladas a su patrón, en momentos en que éste le daba una azotaina, a lo que respondió San Martín:
—Que incorporen a ese muchacho al
ejército.
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