Historia
y Arqueología Marítima
Anecdotas Militares Argentinas
Revoluciones y guerras intestinas - 1
Provistas por: Diego Marré . Publicadas en el Foro de Histarmar-2008
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UNA HAZAÑA DEL “TUERTO” MENDEZ El teniente coronel Eusebio José Méndez era un valiente que había nacido en Guaymallén (Mendoza), el 15 de dicimbre de 1848. Poco antes de que se declarase la guerra contra el Paraguay ingresó como soldado distinguido en el Regimiento 6 de línea. Su cuerpo cubierto de heridas decía a las claras que siempre había estado en lo más terrible del entrevero. Sus camaradas le llamaban el “Tuerto Méndez” por un culatazo le había hundido la frente sobre el ojo izquierdo. Terminada la contienda con el Paraguay era ya sargento mayor y ese grado marchó al Chaco con el general Donovan en 1876. En ese año, siendo gobernador de Corrientes el señor Virasoro y vicegobernador D. Juan Ramón Vidal, estalló una revolución encabezada por un mayor de apellido La Rosa. El gobierno sitiado en su sede pidió auxilio a Doriovan, que a la sazón se hallaba en Resistencia, quien, en seguida, mandó al mayor Méndez a la cabeza de 100 hombres a sofocar el movimiento. El cruce del río se hizo en canoa y rio bien desembarcaron, el famoso tuerto se encontró frente a frente con el mayor La Rosa, que lo estaba esperando en el puente para pasarlo a degüello con todas sus fuerzas. Dándose cuenta del peligro y viendo que las tropas insurgentes eran muy superiores a las suyas, Méndez resolvió salvar la situación con un golpe de audacia: —,Así que vos sos el revolucionario? Me parece que sos pura espuma y no te animás a pelear mano a mano conmigo. El mayor La Rosa, que era un verdadero gigante, se le acercó una sonrisa despreciativa y resuelto a darle una lección ejemplar. El veterano del Paraguay tenía un hermoso arriador de mango de plata que manejaba con rara habilidad. En cuanto lo tuvo a La Rosa a tiro lo volteó de un certero golpe y ya en el suelo le dió tantos lonjazos, a la vista misma de su tropa, que le rompió la chaquetilla y dicen que le sacó hasta la piel del cuello. La Rosa, vencido, le rogó que no le pegara más, y el terrible “Tuerto”, poniéndole la bota en el pecho, dió por terminada la revolución. UNA CARTA DE DON AMBROSIO MITRE
A pesar de que en Chascomús las fuerzas
unitarias fueron vencidas y la cabeza de su jefe, el sargento mayor
Castelli, fué colocada en una pica en la plaza de Dolores para
“ejemplo”, las fuerzas de Lavalle y de Rivera empuñaban heroicas las
armas para luchar contra Rosas o morir en la demanda.
“Te considero en los momentos de
una próxima batalla —le decía— que va a decidir la suerte de la patria.
Espero que sabrás llenar tu deber. Si mueres, habrás llenado los míos,
pero cuida de que no te hieran por la espalda. Después de perderte (lo
que puede suceder y para lo que estoy preparado) consolará el resto de
mi vida la memoria honrosa que me legues. Adiós, mi querido hijo:
La victoriosa respuesta fué Cagancha. donde el joven
oficial demostró el empuje de su ideal y la pureza de sus creencias. “La
tumba del valiente No pide débil llanto
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