
Por Julio Astrada, Abril de 2021
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ENCUENTRO CON LUCKY LUCIANO
Corría el mes de octubre de 1956 y yo era uno de los Pilotines embarcados en el buque de pasaje " Salta " que hacía viajes entre Buenos Aires e Italia. El Capitán era Dn. Danilo Vujosevich. Habíamos zarpado de Dársena Norte el 17 de setiembre y tocamos los puertos de Santos, Río de Janeiro, Gran Canaria ( muelle del Generalímo Francisco Franco, caudillo de España por la Gracia de Dios - así rezaba con grandes letras en el muelle de pasaje ), luego Lisboa, Barcelona, Génova, Beyrouth y Nápoles. Allí llegamos un día domingo muy soleado y el Capi nos otorgó franco. Nos faltó tiempo para bajar a tierra y no sé cómo aparecimos un grupito de unos 4 o 5 oficiales en una plaza céntrica, para disfrutar de una tarde hermosa, lejos del mundanal ruido del barco. Pedimos unas cervezas y algo para picar, sentados en una mesa en la vereda de una confitería o bar casi repleto de clientes. Al rato observamos que había quedado libre una mesa muy próxima a la nuestra y casi enseguida se sentó un señor algo anciano, muy bien vestido, reloj con cadena de oro al bolsillo, que nos llamó la atención, porque a los pocos minutos aparecieron dos hermosas criaturas femeninas, calculo que de unos 18 años, buen físico aunque un poco gorditas pero muy dignas de apreciar. Se sentaron cada una en las rodillas del caballero y comenzaron a acariciarlo y tratarlo con notorias manifestaciones galanas. Como se comprenderá nuestras miradas, aunque discretas, se centraron en las " chicas" y no faltó uno que hasta quiso jugarse alguna cháchara. Era " palito " Radaeli, el 3º Oficial de Cubierta, a quien logramos convencer de guardar alguna cordura, ya que el "anciano señor" venía acompañado de tres o cuatro robustos guardaespaldas. Era Lucky Luciano y fuimos advertidos por alguna suerte intuitiva que era mejor pagar y dejar la mesa. Fue así que nos salvamos de vaya a saber qué futuro nos hubiera deparado si nos hubiéramos quedado. De regreso a bordo alguien nos alcanzó un periódico en el que se anunciaba la visita a Nápoles del famoso gangster norteamericano, y por una fotografía publicada en ese diario constatamos que, efectivamente, habíamos estado sentados en la mesa contigua de tan famoso personaje, que por aquellos años de 1956 se encontraba viviendo en Italia. La suerte nos ayudó a que esta anécdota sepa a algo insulso, pero gracias a ello todos logramos seguir viaje en el "Salta", tocando de regreso los puertos de Génova, Barcelona, Vigo, Lisboa, Río de Janeiro, Santos, Montevideo y Buenos Aires. Si sirve de algo, me resta disfrutar de un hecho que muchos no pudieron gozar, el haber estado sentado muy próximo a Lucky Luciano. Vaya mérito.
Julio Augusto Astrada
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