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(Archivo General de la Nación Dpto. Doc. Fotográficos. Buenos Aires. Argentina)

 

Por Julio Astrada, Abril de 2021

 

Un viaje en el Río Belén

 

El empleado de FME oficina de Personal Embarcado Sr. Barthé me otorgó una orden de embarco en el B/M "Río Belén" por lo que el 8 de febrero de 1959 me puse bajo el mando del Capitán Griven, a cargo de dicha unidad.

Dos semanas después zarpamos de Buenos Aires, cargando granos en el puerto de Rosario y regresando a Baires para completar bodegas.

El "Río Belén" era un buque de carga  a granel y general con camarotes para 12 pasajeros, afectado a la línea del Mediterráneo. Comenzamos el viaje el 21 de febrero, tocando el puerto de Santos y fondeando luego frente a Ilheus, donde cargamos café en bolsas desde lanchones.Es aquí donde se desarrolló la anécdota, justamente durante la maniobra de fondeo.

El buque había finalizado la maniobra y el Capitán estaba sobre el alerón de babor del puente, verificando que comenzáramos a dar máquina atrás muy despacio, para tirar el ancla justo en el fondeadero. A proa estaba el 1º Oficial acompañando al Contramaestre y un par de marineros. Yo asistía al Capitán en el puente, quien, megáfono en mano ( no había entonces aún tranceptores ) estaba pronto a dar la orden correspondiente. Y llegó el momento. Gritó " Foond..." y no terminó la frase, porque su prótesis salió volando y cayó a los pies de los pasajeros, que, una cubierta más abajo, disfrutaban del extraordinario clima de ese día.

Ante tal cincunstancia yo tomé el megáfono y completé la orden : Fondo!!! y salí disparado a la cubierta de pasaje a recuperar los postizos de Griven. No voy a detallarles las risas de todos nosotros. Especialmente yo me limité a devolver la dentadura postiza del Capitán, reservando la cháchara para la hora del almuerzo,  que necesariamente se desarrolló en torno del incidente.

No voy a detallar el viaje, que se desarrolló sin mayores incidentes y en un ambiente muy cordial, ya que el Capitán Griven era un hombre como pocos, muy cordial y con un trato ajustado a las normas de convivencia de a bordo. Luego de una corta estadía en Bahía, donde debí bajar a tierra en lancha ( el 3º Oficial era el último orejón del tarro)  comisionado por el Comando para entregar y recibir los bultos de ropa de cama y tohallas mandados al lavadero, regresando  a bordo unas 4 horas después, tiempo que aproveché para cambiar un par de cartones de cigarrillos por dos cajones de langostas adquiridas a pescadores en la playa, las que fueron gratamente recibidas y degustadas en la primer cena que se presentó. Hicimos combustible en el puerto de La Luz de la Isla Gran Canaria y luego seguimos viaje a Génova, Livorno, Rijeka, Trieste y Marsella. Ya de regreso, volvimos por Río, Santos y Buenos Aires, el 27 de abril.

Luego de 16.302 millas navegadas y 100 días embarcado, volví a la Oficina de Personal Embarcado en procura de algún puestito de 3º Oficial. 

 

Julio Augusto Astrada

 

 

 

  

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