| Estando anotado
(durante varios meses) en la oficina de Personal Embarcado de F:M:E:, a
mediados de 1957 fui llamado para embarcar en el Río Chubut. El 5 de
junio de 1957 me presente abordo al Capitán Julio Eugenio Frutos, que me
asignó el pequeño camarote correspondiente al 3º Oficial de cubierta.
Junto conmigo embarcó un compañero maquinista : Alberto Lifraini ( más
conocido como "el abuelo"). Hice guardias de puerto durante los 11 días
que duraron las reparaciones, amarrados frente a Barraca Merlo en La
Boca. Por fin llegó el día de zarpar y el 16 de junio cruzamos bajo el
puente viejo de La Boca con rumbo a Itajaí. Tengo registradas hasta las
millas náuticas, ya que anotaba todo para acceder mediante exámen a un
nuevo escalón en mi carrera.
Navegamos 817 millas hasta Itajaí, donde descargamos los granos y
comenzamos la carga de pino Brasil.
El segundo puerto que San Francisco (siempre Brasil) luego de recorrer
49 millas, donde completamos la carga de madera pino Brasil, inclusive
sobre cubierta. De regreso hicimos 857 millas hasta el puerto de La
Plata. Por último, luego de 30 millas entramos nuevamente a La Boca el
23 de julio, El viaje duró 38 días, con buen tiempo.
Permanecimos en La Boca hasta el día 3 de septiembre, o sean unos 40
días en puerto, donde continuaron las reparaciones, zarpando nuevamente
con destino Itajaí, cargados con granos a granel. Regresamos con madera
pino Brasil a La Boca el 25 de septiembre. El viaje duró 23 días.
El tercer viaje se inició el 14 de octubre y luego de unos 19 días de
guardias en puerto, navegando unas 575 millas hasta Ingeniero White,
donde completando la carga de granos, nos dirijimos a Antonina (1.125
millas) y completamos la descarga en Paranaguá, que queda a 12 millas
del puerto anterior. Volvimos a Itajaí (102 millas) cargando a full
madera pino Brasil y regresamos a La Boca luego de navegar 813 millas,
el 5 de diciembre. Seis meses de reparaciones en La Boca, resistiendo el
ruido de picaretas y el calor de un verano que no podré olvidar. Siempre
bajo el comando del Capitán Frutos, el 5 de junio de 1958 volvimos a
zarpar, esta vez con carga general para YPF y con destino a Comodoro
Rivadavia. Estábamos fondeados a un par de millas del puerto cuando nos
sorprendió una fuerte tormenta, cuyo viento que venía de la costa traía
piedras no muy grandes pero que golpeaban los vidrios del puente y
venían desde el Chenque (un montículo próximo al muelle de YPF) Recuerdo
esto porque el viento fue tan fuerte que de improviso arrancó el eje del
cabrestante de proa y destruyó la máquina, de manera que nos quedamos
sin poder levar las dos anclas. No recuerdo cómo hizo el Capitán para
poder zafar, pasado el mal tiempo, pero de alguna manera tomamos muelle
y completamos la descarga. El cabrestante de proa quedó completamente
destruído. Así regresamos a La Boca el 2 de julio, luego de 28 días que
duró el viaje, habiendo recorrido en total 1.908 millas. Otra vez en
reparaciones, otra vez las picaretas que nos perforaban el cerebro a
diario.
Así estuvimos otros dos meses y medio haciendo guardia en el puerto de
La Boca.
A pesar de lo malo que resultaba este buque ,ninguno de nosotros se nos
ocurrió pedir cambio de destino. Siempre navegamos en equipo y perfecta
armonía. El Capi era de primera, gran persona y buen profesional. Lo
seguía el 1º Oficial , de apellido Vasile y oriundo de Mar del Plata. El
2º Oficial se llamaba Scasso y yo seguí de 3º Oficial, abulonado en mi
puesto, pues en aquella época sobraban oficiales y no era cuestión de
perder el empleo. Pero llegó el momento de volver al mar. El 9 de
octubre zarpamos nuevamente con destino a Ingeniero White (575 millas) y
alli cargamos cereal para Angra Dos Reis ( 1.395 millas). A los pocos
días nos informaron que se había averiado la maquinaria del Molino que
procesaba nuestra carga, de manera que quedamos inactivos casi un mes.
Aprovechamos para bajar un bote y el Capi y yo recorrimos muchas playas.
Con una lata de pintura sin fondo y un repuesto de ojo de buey hice algo
para mirar el fondo y alli descubrimos infinidad de estrellas de mar y
pescamos algunos caballitos de mar. Una aventura inolvidable. Con Frutos
trabamos una hermosa amistad, pero los días de ocio llegaron a su fin.
Descargamos el grano y cargamos madera pino Brasil en Itajaí (335
millas) y regresamos a La Boca (801 millas) el 24 de noviembre .Este
viaje duró 47 días. El Capitán Frutos y yo desembarcamos con licencia el
14 de enero de 1958. Estuvimos abordo en forma contínua 589 días y bien
nos merecíamos unas vacaciones. Mi familia y la de Frutos nos fuimos a
Unquillo, en las sierras de Córdoba, donde reafirmamos nuestra amistad.
No es memoria lo que tengo, sino planillas que yo confeccionaba durante
las largas horas de guardia en el puente. Las hice tomando datos de las
Libretas de Embarco aún en mi poder y de los Libros de Navegación. Las
que debí entregar a la PNA las fotocopié. Un ejemplo: desde que
inicié mis navegaciones fui anotando las millas navegadas. Al desembarco
con licencia del último viaje en el Río Chubut llevaba contabilizadas
65.834 millas náuticas. Si una milla en el Ecuador es 1´ de arco, 1º son
60 millas y 360ª son 21.600 millas, o sea una vuelta al mundo. O sea que
apenas 4 años después de recibido, ya había navegado algo más de 3
vueltas al mundo.
Itajaí: Siempre atracabamos al mismo muelle. No bien ponían la
planchada, ya aparecían 6 o 7 pibes de unos 10 años con sus
correspondientes cajitas de madera y nos lustraban los zapatos. Al
unísono acompañaban alguna zamba con golpecitos rítmicos y de paso nos
vendían plantas: espadas de Sao Gorgio, Conmigo ninguen pode, etc.
Venían abordo sus madres, las lavanderas y retiraban nuestra ropa sucia
para lavar.
En una oportunidad yo regresaba, creo que de Curitiba o de Joinville,
donde había ido a comprar algunas piezas de porcelana pues estaba
próximo a casarme y desde lejor alcanzaba a oir música. Es que el
Capitán Frutos, al atardecer y luego de cerrar las bodegas, aceptando
una sugerencia de la Agencia Maritima, había invitado abordo a todo un
conjunto musical ( 6 o más instrumentos ) y pasaron la medianoche
tocando sambas de moda en aquellos tiempos : "17 y 700", "La chica de
Ipanema", "Brasil" y otras.. Se habían organizado mesas sobre una
bocaescotilla, donde había suficiente asado y empanadas, vaya a saber de
qué procedencia. Yo recuerdo que a medianoche me fui a dormir y no pude,
porque la orquesta ( ¿Sería la de Ary Barroso ?) tocaba a escasos 3
metros de mi camarote. Estaba cansado del viaje en tren y al día
siguiente había que trabajar. El día de la zarpada unos chicos me
trajeron dos cabritos que compré y los traje en un deposito comiendo
maiz y trigo del "barrido de bodegas". Pero lo que más les gustaba eran
las colillas de "charutos" que habían dejado los estibadores sobre
cubierta. Ya en La Boca, los llevé a Lanús, a casa de mis futuros
suegros, dentro de una bolsa, haciendo equilibrio en mi motoneta Siam Di
Tela. No pudimos matarlos. Se los cambié al carnicero del barrio por una
parrillada.
FME me llamó para embarcar nuevamente y esta vez tuve más suerte: me
tocó el Río Belén, bajo el comando del Capitán Griven, otra excelente
persona, Pero mis posteriores viajes son para relatarlos en otra
oportunidad.
Lo cierto es que, estando embarcado en este nuevo buque y ya de regreso
de los 66 días que duró esta navegación, estando yo en puerto nos
enteramos de la varadura que había sufrido el Río Chubut, a 10 Km. al
sur de Cabo Polonio, el día 11 de mayo de 1959. El buque fue abandonado
al asegurador y el 2º oficial Scasso permaneció un tiempo guarecido en
un ranchito mientras una empresa se hizo cargo de bajar a camiones la
carga de pino Brasil. Me contaron que la orilla del mar quedó tan
cerquita del casco, que hicieron una canaleta para llevar agua de mar,
subirla abordo y así alimentar la caldera, de manera de contar con vapor
de agua en los cabrestantes para retirar la carga a los camones. No sé
si esto habrá sido sí. Fue una versión que llegó hasta mí.
Mi vida abordo del Río Chubut me permitió adquirir parte de mi
experiencia. Lo más positivo que guardo de esos años es la mistad y
compañerismo de los cuatro de cubierta, del radiotelegrafista Guaza y de
mi compañero de la ENN el abuelo Lifraini.
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