HISTARMAR · Difusión de la Historia y Arqueología Marítima · [email protected]

RIO PARANA

(Archivo Histarmar)

 

 

 

Fue construido en Alemania en 1927 y navegó con el nombre de Lahn bajo esa bandera hasta 1940. Para evitar ser hundido por los Aliados, el buque quedó internado en el puerto de Buenos Aires ese año y en 1941 lo adquirió el Lloyd Argentino, siendo rebautizado “San Martín”.
El 7 de septiembre de 1942 fue incorporado a FME y rebautizado “Río Paraná”, procediéndose a pintar el casco como lo muestra la foto, ya que un mes y medio antes un submarino alemán había hundido el “Río Tercero”. Originariamente llevaba 60 tripulantes. Su eslora era de 163.40 m. y su manga 19.42 m.
Tenía 9 bodegas y era propulsado por una máquina alternativa de vapor de triple expansión alimentada por cuatro calderas, logrando una velocidad de 12 Nudos.
En la foto puede observarse cómo se pintaban los cascos de los buques de nuestra bandera para evitar ser confundidos con otros pabellones beligerantes. No tengo información de cuándo y dónde fue radiado y desguazado. Era un buque muy bien construido, amplio y cómodo y embarcábamos dos 3º Oficiales de Cubierta y dos 3º Oficiales de Máquinas.

Apenas un mes y días y ya FME me embarcó, prometiéndome que esta vez iría como 3º Oficial “efectivo” o sea que dejaba de navegar haciendo relevos, como había ocurrido en los embarques de los buques Río Belén, Río Quequén y Río Tercero. Recordemos que desde el accidente que había sufrido el Río Chubut, me había quedado sin puesto fijo en FME.
Es así que el día 13 de mayo de 1960 pisé la cubierta del Río Paraná en el puerto de Buenos Aires. No recuerdo si fue un “martes 13” pero seguro que fue un día “13”, desafiando aquello de “no te cases ni te embarques”.Cargamos cereales y también expeller de girasol, durante 20 días y zarpamos el 2 de junio. Capitán: Alfredo C. Pitocco; 1º Oficial Sr. Scietti; 2º Oficial Otto Carlos Sceles y 3º Oficiales Juan Garat y yo. En máquinas recuerdo a Alberto Lifraini ( el abuelo ) y Jorge Garrote, 3º Oficiales maquinistas. Garat era hijo de un oficial de la Marina de Guerra y nos conocíamos desde la escuela primaria de la Base Naval de Puerto Belgrano, allá por los años de 1943. Garat y mi familia teníamos casas en dos de las cuatro esquinas del “palo con camiseta”.Garrote y Lifraini eran compañeros nuestros de la ENN. Dejamos al Práctico del Río de La Plata en Recalada y continuamos viaje hacia el norte a vista de la costa de Uruguay y Brasil.
Luego de navegar 4.594 millas hicimos escala en Puerto La Luz, isla de Gran Canaria y continuamos hasta Hull, Inglaterra. Allí descargamos y comenzamos la carga de carbón mineral, pero se produjo una huelga y quedamos sin operar, a la espera de que se levantara la medida de fuerza. Pasaban los días y dado que éramos dos t
erceros oficiales, gozábamos de suficiente tiempo para bajar a tierra, pero las pocas Libras Esterlinas de divisa pronto se acabaron. Entonces nos organizamos con los maquinistas: el  abuelo tocaba muy bien el piano y Jorge varios instrumentos. Estando Garat de guardia, me fui a una cantina a la salida del puerto y acordé un número “musical” para después de las 22.00, hora en que se dejaba de vender bebidas alcohólicas por lo que mermaba la cantidad de público. La primera noche fue un éxito a medias, pero pronto se corrió la bola y las noches subsiguientes fueron de rotundo éxito. Recuerdo que la pieza que más impactaba era “Jinetes en el cielo”. El dueño del boliche nos mandaba bebida gratis, lo que nos venía muy bien por nuestra falta de “divisas”. En un desarmadero de autos preguntamos precio por un “cigüeñal” de un Morris 1947: 15 Libras. Teníamos un amigo que lo necesitaba para su auto.¿ Y por el motor completo ¿ 15 Libras. Claro. Había que desarmar para retirar el cigüeñal.¿ Y cuánto nos cobraría por el Morris completo?: 15 Libras. Claro, Había que trabajar para retirar el motor. Compramos el auto y todos los ratos libres de guardia íbamos al desarmadero con herramientas de abordo y regresábamos con lo que podíamos. Así nos trajimos medio auto: cigüeñal, embrague,  carburador, la bomba eléctrica de nafta, etc. cosas que disimulamos entre los repuestos en la sala de máquinas. Y también nos compramos una motoneta de paracaidistas de la IIª Guerra Mundial, una “Corgui”. La bajamos a máquinas para recorrerla con idea de posterior uso. Hull nos deparó días de poco aburrimiento. Finalizada la huelga portuaria completamos carga y seguimos viaje hasta Londres. La motoneta quedó lista y le pusimos un asiento rellenado con estopa. Íbamos de a dos y parecíamos dos monos haciendo su show en un circo. Recuerdo que dimos varias vueltas por plaza Picadilly y tuvimos la suerte de que ningún policía nos detuvo. De regreso abordo, organizamos una suerte de “carrera” por la cubierta principal, entre el casillaje del centro y el castillo de proa, con una pista llena de cáncamos soldados difíciles de sortear.

Tomábamos el tiempo de recorrido y nos divertimos mucho…hasta que apareció “pito loco”, al que despertamos de su siesta y todo acabó. Pitocco no era malo con nosotros. Lo que pasaba es que éramos cuatro 3os. Oficiales con nuestras finanzas exhaustas y él no tenía mucha paciencia. Hicimos un trato: podríamos usar la motoneta hasta que el buque zarpara de Londres, pero luego tendríamos que tirarla al agua al salir del Támesis. Los maquinistas reemplazaron el pequeño motor por unas maderas pintadas de negro y el día del fondeo de la motoneta le avisamos al Capitán, quien desde el puente comprobó que el artefacto fue al agua. El motor se transformó en una moderna máquina de cortar césped, que fue rifada entre nosotros cuatro. En este viaje tocamos luego Hamburgo y Dunquerque y de allí directo a Buenos Aires, arribando el 6 de noviembre, luego de 128 días de navegación y 13.559 millas. Lo más importante: el Capi no nos echó a ninguno. Hubo un cambio: bajó Lifraini y embarcó Humberto Saigg.

Finalizó noviembre y el 3 de diciembre zarpamos nuevamente, habiendo cargado cereales y expeller de girasol en el puerto de Buenos Aires, siempre bajo el comando de Alfredo Pitocco.

Nuestro destino: norte de Europa.

Al tercer día observamos que una ligera columnita de humo subía desde el tubo de control de una bodega del centro del barco, sistema Cargocaire ubicado en el puente. El Contramaestre y el 1º Oficial intentaron abrir unos cuarteles de dicha bodega pero el humo resultó tan denso que hubo que cerrar en seguida. Dada la voz de alarma sacaron del pañol de incendio un equipo compuesto por un traje de amianto con máscara y tubos de envío de aire. Este equipo era “prehistórico” y el traje resultó chico para el 1º Oficial, por lo que fui designado para ponérmelo yo. Así me bajaron un par de metros hasta que hice pie en la carga. Ya a oscuras observé reflejos rojo oscuros y llegué a la conclusión que el expeller de girasol ardía. Tiré de la cuerda y me subieron a cubierta. El Capitán dispuso girar 180º y regresar a Buenos Aires, informando de inmediato a las oficinas de FME. Fue así que llegamos “echando humo” y no justamente por la chimenea.
Como el expeller estaba ardiendo como consecuencia de haber sido embarcado húmedo desde algunos camiones que no taparon el cargamento al caer un aguacero y el incendio era en una bodega del centro del buque, fue necesario descargar con grúas la carga incendiada y también algunos cientos de toneladas de una bodega de proa y otra de popa para evitar el quebranto del casco. Luego de un par de días se reembarcó carga hasta completar y volvimos a zarpar. Lástima que nadie con una cámara fotográfica me registró con el traje de amianto. Parecía un “marciano”. Volvimos a Gran Canaria y por fin llegamos a Dunquerque, donde dejamos parte de la carga. Luego seguimos operando en Hamburgo, Bremen y Amberes, para finalizar este segundo viaje en el Río Paraná el día 30 de marzo de 1961. 118 días embarcado y 13.977 millas navegadas.
El 3 de abril de 1961 comenzaron mis vacaciones y francos compensatorios. Cuando éstos terminaron pedí 6 meses sin goce de sueldo porque había comenzado a trabajar con mi padre y estaba aburrido de despachar de 3º Oficial, sin perspectivas de ascenso en FME.

En el comedor del buque

 

                             Julio A. Astrada  con Humberto Saigg en Holanda

  

  

              Alquilamos un auto y fuimos a Volendam y al parque de Keukenhof, en Holanda

 

 Comedor de oficiales del Río Paraná

 

                                Velada musical con arpa y guitarra

 

Este buque, construido originalmente para llevar pasaje, era muy amplio y cómodo. Lifraini tocaba muy bien el piano. Jorge Garrote llevó ese viaje un trombón y en sus horas libres me “castigaba” desde su camarote, que estaba pegado al mío, mamparo por medio. Los dos eran excelentes amigos.

 

 

 

Este sitio es publicado por Histarmar - Argentina

Direccion de e-mail: [email protected]

 
Este sitio usa únicamente cookies técnicas y almacenamiento local para su funcionamiento. No compartimos datos con terceros. Más información