RIO PARANA

(Archivo Histarmar)
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Fue construido en
Alemania en 1927 y navegó con el nombre de Lahn bajo esa
bandera hasta 1940. Para evitar ser hundido por los Aliados,
el buque quedó internado en el puerto de Buenos Aires ese
año y en 1941 lo adquirió el Lloyd Argentino, siendo
rebautizado “San Martín”.
Tomábamos el tiempo de recorrido y nos divertimos mucho…hasta que apareció “pito loco”, al que despertamos de su siesta y todo acabó. Pitocco no era malo con nosotros. Lo que pasaba es que éramos cuatro 3os. Oficiales con nuestras finanzas exhaustas y él no tenía mucha paciencia. Hicimos un trato: podríamos usar la motoneta hasta que el buque zarpara de Londres, pero luego tendríamos que tirarla al agua al salir del Támesis. Los maquinistas reemplazaron el pequeño motor por unas maderas pintadas de negro y el día del fondeo de la motoneta le avisamos al Capitán, quien desde el puente comprobó que el artefacto fue al agua. El motor se transformó en una moderna máquina de cortar césped, que fue rifada entre nosotros cuatro. En este viaje tocamos luego Hamburgo y Dunquerque y de allí directo a Buenos Aires, arribando el 6 de noviembre, luego de 128 días de navegación y 13.559 millas. Lo más importante: el Capi no nos echó a ninguno. Hubo un cambio: bajó Lifraini y embarcó Humberto Saigg. Finalizó noviembre y el 3 de diciembre zarpamos nuevamente, habiendo cargado cereales y expeller de girasol en el puerto de Buenos Aires, siempre bajo el comando de Alfredo Pitocco. Nuestro destino: norte de Europa. Al tercer día observamos que una ligera columnita de humo subía desde el tubo de control de una bodega del centro del barco, sistema Cargocaire ubicado en el puente. El Contramaestre y el 1º Oficial intentaron abrir unos cuarteles de dicha bodega pero el humo resultó tan denso que hubo que cerrar en seguida. Dada la voz de alarma sacaron del pañol de incendio un equipo compuesto por un traje de amianto con máscara y tubos de envío de aire. Este equipo era “prehistórico” y el traje resultó chico para el 1º Oficial, por lo que fui designado para ponérmelo yo. Así me bajaron un par de metros hasta que hice pie en la carga. Ya a oscuras observé reflejos rojo oscuros y llegué a la conclusión que el expeller de girasol ardía. Tiré de la cuerda y me subieron a cubierta. El Capitán dispuso girar 180º y regresar a Buenos Aires, informando de inmediato a las oficinas de FME. Fue así que llegamos “echando humo” y no justamente por la chimenea.Como el expeller estaba ardiendo como consecuencia de haber sido embarcado húmedo desde algunos camiones que no taparon el cargamento al caer un aguacero y el incendio era en una bodega del centro del buque, fue necesario descargar con grúas la carga incendiada y también algunos cientos de toneladas de una bodega de proa y otra de popa para evitar el quebranto del casco. Luego de un par de días se reembarcó carga hasta completar y volvimos a zarpar. Lástima que nadie con una cámara fotográfica me registró con el traje de amianto. Parecía un “marciano”. Volvimos a Gran Canaria y por fin llegamos a Dunquerque, donde dejamos parte de la carga. Luego seguimos operando en Hamburgo, Bremen y Amberes, para finalizar este segundo viaje en el Río Paraná el día 30 de marzo de 1961. 118 días embarcado y 13.977 millas navegadas. El 3 de abril de 1961 comenzaron mis vacaciones y francos compensatorios. Cuando éstos terminaron pedí 6 meses sin goce de sueldo porque había comenzado a trabajar con mi padre y estaba aburrido de despachar de 3º Oficial, sin perspectivas de ascenso en FME.
En el comedor del buque
Julio A. Astrada con Humberto Saigg en Holanda
Alquilamos un auto y fuimos a Volendam y al parque de Keukenhof, en Holanda
Comedor de oficiales del Río Paraná
Velada musical con arpa y guitarra
Este buque, construido originalmente para llevar pasaje, era muy amplio y cómodo. Lifraini tocaba muy bien el piano. Jorge Garrote llevó ese viaje un trombón y en sus horas libres me “castigaba” desde su camarote, que estaba pegado al mío, mamparo por medio. Los dos eran excelentes amigos.
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