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Como PERAST (P. Schliefke-www.7seasvessels.com)

 

Por Julio Astrada, Mayo de 2021

 

Durante mi primer viaje en el buque de Ciamar “ Marbrava” ( viaje Nº11) y habiendo embarcado de 2º Oficial bajo el comando del Capitán Juan Carlos Beltrami, tuve por única vez en mi carrera náutica la oportunidad de ver un “ fuego de San Telmo”.

Para quienes no hayan tenido la ocasión de apreciar esta rara manifestación durante una tormenta eléctrica, les cuento que se trata de un resplandor brillante color blanco-azulado que aparece por espacio de un minuto mas o menos cuando la atmósfera está muy cargada de corriente estática con nubes muy bajas. El “Marbrava”, como todos los buques que navegan los océanos del mundo, tienen en la punta de uno de los palos un pararrayos que descarga  al casco las cargas eléctricas que vulgarmente llamamos rayos.

Habíamos zarpado de Buenos Aires el 11 de agosto de 1973 y tocamos los puertos de Mindelo en la isla de cabo Verde para arribar desde allí directamente a Gdynia, en Polonia. Posteriormente seguimos hasta Kotka ( Finlandia ) y luego cargamos en Domsjö, una fábrica y refinería de celulosa próxima a la ciudad sueca de Öerköldsvik, en el golfo de Botnia.

Navegando ya de regreso con rumbo sur hacia la fábrica de papel de Hallstavik, una noche entre las las 18.00 y 24.00 hs. estaba yo de guardia en el puente con  mar calmo y unas nubes muy bajas, cargadas de electricidad estática. De repente apareció en el tope del palo de proa una luz muy intensa. Avisé y vinieron en seguida el Capitán y el Jefe de Cubierta,  Atilano García  y juntos participamos durante algunos minutos del un “ fuego de San Telmo”.

El acontecimiento no volvió a repetirse y en el resto de mis días de navegación nunca más volví a ver tamaño espectáculo. Al día siguiente el Capi me mandó a la base del palo de proa y allí pude apreciar gran cantidad de residuos de hierro y pintura quemada, similar a la escoria que dejan las soldaduras eléctricas.

La anécdota no pasa casi inadvertida pero cabe destacar que las luces o fuegos de San Telmo fueron vistos desde muy antiguo, mucho antes que Cristóbal Colón lo dejara asentado durante su segundo viaje a América, el 26 de octubre de 1493. También fueron estudiados por Benjamín Franklin en 1749.

El viaje en cuestión culminó en Buenos Aires, luego de operar en Estocolmo, habiendo cruzado el canal de Kiel. Fueron 14.987 millas náuticas llenas de emociones y nuevos conocimientos. Hasta la próxima.

Julio Augusto Astrada  

 

 

 

  

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