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Por Daniel Molina Carranza, Abril de 2021

 

Hoy en día, es totalmente normal encontrar mujeres desempeñando actividades a bordo de los buques españoles, tanto de la Armada, como mercantes, sin ningún tipo de limitación, pero no siempre fue igual. En la Armada española desde que el emperador Carlos I en el mil quinientos prohibió que en su flota de guerra embarcaran mujeres, la mar era dominio de los hombres y oficialmente no se permitía la subida a las naos de féminas "ni públicas ni privadas". Sin embargo, esto no se cumplía y como ejemplo destacado “María la Bailadora” luchó con tanto arrojo en Lepanto, que Juan de Austria le concedió plaza entre los soldados.

Treinta mujeres acompañaron a Cristóbal Colón en su tercer viaje, y más de 300 llegaron a Santo Domingo en el primer cuarto del siglo XVI. La población femenina constituyó casi una tercera parte de los pasajeros embarcados en puertos españoles con destino a América entre 1560 y 1579. Sin embargo, no hubo mujeres en la expedición de Magallanes-El Cano que circunnavegó el planeta.

         Pero en aquella plétora de personajes de leyenda, en la historia de España de los siglos XVI y XVII aparece la figura de una mujer, doña Isabel Barreto, única española en la historia de ese país, que ostentó el título de Almirante, y que en su búsqueda de las bíblicas minas del rey Salomon, descubrió extensas islas en el Pacifico Sur y se ganó el mote de la reina de Saba.

La licenciada Irene Velasco en un comentario que realizara para BBC News Mundo dijo: ‟Hubo una mujer al frente de una expedición naval durante aquellos viajes de descubrimiento y conquista que tuvieron lugar en el siglo XVI: Isabel Barreto. Fue marquesa y adelantada de los mares del Sur y la primera mujer que ostentó el título de almirante en la historia de la navegación española. Protagonizó una hazaña enorme, y la expedición que encabezó navegó unas 3.600 leguas marinas, la mayor distancia recorrida por naves españolas en el siglo XVI.

 

Pontevedra - Galicia –España 1580

Don Nuño Rodríguez Barreto, afortunado marino y explorador, nacido en Portugal, pero residente de Galicia, a las órdenes del rey de España, recibe la orden real de desplazarse al virreinato de Nueva Castilla. Esto define un cambio en su vida aventurera., con su esposa Isabel Castro criaron 9 hijos en su casa de Pontevedra, al lado del mar, donde las olas de la ría parecen golpear los hórreos de Combarro, los cuales aparentan salir del mar.  Pontevedra es una de las principales entradas del mar en las rías Baixas de Galicia y cuna de gente de mar.

Una de sus hijas mujeres, Isabel, disfrutaba y soñaba el mar como su padre, ya tenía catorce años y se había convertido en una joven muy culta cuando la familia decidió partir hacia Perú . Isabel sabía de navegación, matemáticas, y navegaba por la ría con su padre hasta la isla de la Toja, a veces sin hablar, pero soñaban juntos el mar infinito.

Don Nuño también le enseñó a usar las armas, convirtiéndola en una espadachina de temer. Por eso si, bien para el resto de la familia abandonar la comodidad y la confortable vida que disfrutaban en Galicia, era un dolor inmenso, para padre e hija empezaba una aventura.

Debemos recordar que, desde el reinado de Felipe I, Portugal estaba incluido en el reino de España, lo cual fue fructífero para la navegación, por los excelentes pilotos de esa nacionalidad. Don Núñez Barreto viajaba al Perú no tan solo para hacerse cargo de una responsabilidad en Nueva Castilla sino como representante del rey en la india portuguesa, aunque nunca viajo a ellas. Sabía de sobra que su presencia en esas colonias portuguesas no iba a ser bien vista e inteligentemente fue demorando su viaje.

 El tránsito de España hacia Perú se hacía por el Atlántico hasta el Caribe y luego se continuaba por el Pacifico.Era un tránsito de dificultades y peligros naturales sumado a la permanente inseguridad por la presencia de piratas.

Llegado el grupo familiar a Perú sin graves dificultades, se establecieron en una finca en las afueras de Lima y se contactaron con la nobleza ahí gobernante. Lima estaba en pleno crecimiento y se iba conformando en la sociedad española más importante en el Océano Pacifico Sur.  Isabel fue destinada como dama al servicio de Teresa de Castro, primera virreina de Perú tras el nombramiento de su esposo García Hurtado de Mendoza en 1588. Doña Teresa se admiraba de esa niña a su servicio, por su carácter y voluntad.

Lo más impresionante de la personalidad de Isabel es que, en aquel tiempo tan machista, en época de conquistadores, se atrevió a tener los mismos sueños que los hombres, algo posible gracias a que su padre la escogió como su preferida y la educó como a un varón, por lo que pudo tener armas, conocer la geografía y nociones de matemáticas, todo muy importante para navegar y descubrir nuevas tierras.

   Estando en la corte del virrey de Perú, destacándose por su belleza e inteligencia más los oficios casamenteros de Teresa de Castro, conoció a quien sería su esposo Álvaro de Mendaña, natural de Congosto (León) que le duplicaba la edad: diecinueve años ella, cuarenta y cuatro años él.

Álvaro era sobrino del virrey y a sus órdenes había descubierto las Islas Salomón, sitias en el Océano Pacífico, cerca de Filipinas.  Cuando descubrió el archipiélago lo llamo así porque en su búsqueda del Dorado pensaba haber llegado a Ofir.  Se creía que el rey Salomón recibía cada tres años un cargamento de oro  plata, sándalo, y piedras preciosas  de Ofir. En la biblia figura como lugar famoso por su riqueza y en hebreo Ofir significa oro. Si bien no halló tales minas de metales preciosos, el convencimiento que esas eran las tierras de la reina de Saba lo impulsaron a regresar.

Isabel tenia los mismos sueños y ambiciones que Álvaro de Mendaña y pese a la diferencia de edad eran dos almas gemelas. Al casarse, su padre brindó como dote un barco a don Álvaro, el “Santa Isabel”, para ser usado en la expedición.

La pareja de recién casados tuvo enormes dificultades para reunir todos los elementos necesarios para lanzar su segundo viaje, al reencuentro de las Islas Salomón descubiertas por Mendaña. Si no hubiera sido por la intervención de su joven esposa Álvaro solo no lo hubiera logrado, ella supervisaba todo y lo acompañó a España a solicitar financiación al rey para esta nueva aventura. En esta primera oportunidad logró el apoyo económico tan necesario

El conquistador reunió una flota de cuatro barcos con una tripulación de 368 personas, entre las que se integraban hombres, niños y mujeres. Ahí estaba Isabel Barreto y tres de sus hermanos. La expedición partió en 1595 del puerto peruano de Paita y, tras navegar unos 6000 kilómetros, alcanzó islas las desconocidas que bautizó como Marquesas en recuerdo a su tía y el apoyo que le había brindado para esta aventura. Por desconfianza de Álvaro las tropas embarcadas eran poco numerosas. Además, él pensaba que los indígenas tendrían un comportamiento amistoso como en su primer viaje

Se había desviado unos 400 kilómetros de su derrota prevista por lo que no coincidió con el archipiélago descubierto en su viaje anterior. En uno de esas islas, la Santa Cruz, Álvaro de Mendaña enfermó de malaria y falleció. Con su muerte, quedó al mando del gobierno de los barcos el hermano de Isabel Barreto de nombre Lorenzo. En su testamento, Mendaña escribió: "Nombro a doña Isabel Barreto, mi legítima esposa, gobernadora y heredera universal y señora del título del Marquesado que, del Rey, Nuestro Señor, tengo".

La relación con los indígenas fue de mal en peor, dado que las tropas españolas en una confusa situación mataron a un cacique local. La reacción de los nativos fue inmediata y a los pocos días de haber asumido Lorenzo el comando de la flota, fue muerto por una flecha de los indígenas. El mando pasó entonces a su hermana, convirtiéndose en la almirante de la escuadra, y en la primera mujer de la historia española en ostentar este título.

A bordo la llamaban la Reina de Saba, por su obstinada búsqueda del tesoro que supuestamente escondían las islas Salomón. Cuando asume el mando de la flota no era fácil su situación, desordenes a bordo, permanentes ataques de los indígenas por el mal manejo por parte de los españoles de la relación con ellos, le hacen insostenible su estadía en la isla.               Otro   factor que la llevó a zarpar fue que el objetivo de la expedición era buscar las islas Salomón, de las cuales estaban alejados. Zarpan en mala época así que deben afrontar muy malos tiempos. Una de las naves se separa de la flota y ante la imposibilidad de reunirse regresa a la isla Santa Cruz y no vuelven a encontrarla pese la búsqueda. Su tripulación fundará una colonia para poder reconstruir su barco y establecer comunicación con las colonias. Pero esto Isabel lo desconocía.

Pese a todo Isabel logró mantener el mando durante toda la expedición, instaurando medidas como la pena de muerte para todo aquel que desembarcara en tierra firme sin permiso. La medida extrema tenía una lógica, estos desembarques terminaban mal no tan solo por los indígenas sino por las dificultades que presentaban la mayor parte de esas islas, e Isabel no podía seguir perdiendo tripulantes ni soldados.

 Además, durante todo el viaje tuvo que controlar las rivalidades entre sus dos hombres fuertes: Pedro Fernández de Quirós, portugués, un explorador nato, piloto mayor y encargado de la gente de mar; y Pedro Marino Manrique, gallego al mando de los soldados que engrosaban la tripulación.

Pudimos recomponer lo ocurrido por los escritos del poeta y autor teatral Luis Belmonte Bermúdez, que a su vez era el secretario de Fernández de Quirós. Él es quien va levantando actas de todas las cosas que suceden durante el viaje. Se trata de una crónica parcial: el piloto mayor, aunque no llega a rebelarse contra su superiora, muestra su resentimiento a través de las notas de Belmonte. Barreto según estos escritos es "cruel", "déspota" o "autoritaria", epítetos que aparecen en su crónica. El piloto no era un feminista. Pero el gallego Manrique da sustento militar a su almiranta y su lealtad evita la rebelión.

Los días pasan, las minas del rey Salomón no aparecen y la gente está muy nerviosa. Manrique decide hablar con Isabel y le sugiere ir a reabastecerse y tomar nuevas fuerzas en la colonia española de la Filipinas. Isabel sabe que debe confiar en su jefe militar y ordena al piloto Quirós llevar la derrota náutica a Filipinas. La increíble capacidad de este hombre de mar portugués lleva a la flota a buen puerto pese a la poca información náutica existente.

Quirós, navegando rumbo noroeste, llegó a las Carolinas Orientales donde existían unos asentamientos religiosos españoles muy precarios, y después de recoger algunos víveres en Guam, logró fondear la nave en Manila en febrero de 1596.Como comentario sobre la isla Guam y las Marianas, durante la conquista española, la función era ser el oasis donde avituallarse en la ruta a Manila desde Acapulco.

Los primeros asentamientos españoles permanentes en filipinas fueron en la isla de Cebú con la expedición de Miguel López de Legazpi en 1565, el territorio de las Filipinas era gobernado por el Virreinato de Nueva España, desde Acapulco .Al tiempo de la expedición, Manila era la cabeza de la administración española 

Durante el viaje de la flota de Isabel desde las islas marquesas a Manila pasaron muchas penalidades: hambre, sed, enfermedades y muchas muertes a bordo; fue prácticamente una travesía de enfrentamientos entre Isabel Barreto, el piloto Pedro Fernández de Quirós y la tripulación. Pero finalmente llegaron a Manila.

Allí esta incansable mujer encontró una colonia dispuesta a recibirla y un lugar donde estar tranquila. Pero su ambición y sus sueños querían volver a la aventura. Como parte de su plan necesitaba un hombre poderoso a su lado y eligió a Fernando de Castro, caballero de la Orden de Santiago y sobrino del gobernador de Filipinas don Gómez Pérez Dasmariñas con quien se casó. Si bien ella llevaba una vida acomodada como encomendera del rey, puesto muy lucrativo, y Fernando era un hombre de fortuna, logró convencerlo de armar una nueva expedición a las islas Salomón.

Un año después, como primer paso para la nueva expedición, el matrimonio a bordo de su navío San Jerónimo dejaba Manila con destino a Acapulco. En México, Isabel Barreto se presentó a las autoridades por el cargo de gobernadora de las islas Salomón y como tal reconocida. Durante esta estadía su marido fue propuesto como gobernador de Filipinas, de modo que regresaron a Manila, en contra de su voluntad, pero no era muy inteligente desobedecer las órdenes reales.

Reinaba Felipe III de España, llamado «el Piadoso», rey de España y de Portugal​, hijo y sucesor de Felipe II y de Ana de Austria. La relación de España con el papado de Roma era en extremo estrecha, de modo que el papa Clemente VIII, tenía injerencia en muchas de las decisiones del rey. Este Papa es recordado por haber sido un gran estadista en la política europea pero también por haber mandado a hombres y mujeres a la hoguera acusados de herejes.

Mientras tanto el piloto portugués Quirós definitivamente alejado de Isabel Barreto y discutiéndole los títulos logrados en la islas del pacifico Sur, no se quedó quieto. Regresado a España y por sus contactos con la iglesia de Roma obtuvo cédulas reales concedidas por Felipe III —presionado a su vez por el papa Clemente VIII— para continuar las expediciones a las Islas Salomón.

Al enterarse la almirante Isabel regresó a España con su marido, con quien había tenido un hijo, en torno a 1607. Se conoce por diversos documentos que pleitearon en la Corte española para una nueva expedición a las Salomón. Sin embargo, estas reclamaciones no alcanzaron el éxito deseado. Quirós dirigió la expedición para descubrir las Tierras Australes, que le harían famoso.

Isabel Barreto y su esposo solicitaron entonces regresar a Perú y le fue conferido. Fernando de Castro fue nombrado gobernador de Castrovirreyna, cargo que ocupó entre 1612 y 1620. Isabel falleció en esa ciudad el 3 de septiembre de 1612 y su cuerpo fue depositado en la iglesia mayor de Castrovirreyna. En su testamento indicaba que fueran trasladados sus restos al convento de Santa Clara en Lima, donde estaba profesa como monja su hermana Petronila Barreto de Castro.

De visita en Lima hace unos años con mi esposa, quisimos conocer su última morada. Si bien el Monasterio sigue existiendo, por la mano divina de Dios dado el estado en que se encuentra, no pudimos encontrar documentación sobre la tumba de Isabel. Por lo que desconozco si se llevó a cabo su mandato De no ser así, reposarían sus huesos en la iglesia de Castrovirreyna. Hasta ahí no llegamos.

Es extraño que esta fabulosa historia de la llamada Reina de Saba de los Mares del Sur no fuera muy conocida ni utilizada por la literatura española, cuando los componentes reales la hacen muy seductora, sobre todo el hecho de que sea una mujer la que realice esa proeza.

Y es que toda esta historia de Isabel Barreto está atravesada por la idea de un sueño y el ansia de una empresa de conquista. El sueño de una época en la que todo fue posible para España, que dominaba el mundo. Una escritora francesa contemporánea Alexandra Lapierre, hija del célebre escritor y periodista Dominique Lapierre, autor de, ¿Arde París?, entre otros, le dedica una novela con el título original en francés “Je te vois reine des quatre parties du monde”. Lamentablemente no la he leído por culpa de mi lamentable francés aprendido con dificultad en el colegio, pero si alguno de ustedes lo puede leer, le pido me lo comente.

 

Daniel Molina Carranza

 

 

 

 

 

 

  

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