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Buscar nuevos conscriptos
en Catamarca
Durante los años 1972 y 1973 estuve destinado en el portaaviones ARA 25
de Mayo. Este buque y los cruceros eran los mayores contribuyentes con
las guardias de oficiales en el Cine de Flota, en la Pileta, para
custodiar el Tren Escuadra a Buenos Aires o a Córdoba vía Rosario, para
buscar desertores y también buscar a los contingentes de jóvenes que
eran convocados al Servicio Militar Obligatorio.
En febrero de 1973, recién ascendido a Teniente de Corbeta y con 22 años
de edad, se me asignó la misión de ir a buscar 180 conscriptos a la
ciudad de Catamarca. Me acompañaban un Suboficial Segundo (lo volví a
ver el mismo año que pasé a retiro y nos acordábamos de esta aventura),
y tres cabos primeros.
Me entregaron el armamento para los cinco y el dinero para los viáticos
de todos, incluyendo los 180. Viajamos de civil. No recuerdo si salimos
desde la estación Puerto Belgrano o si fuimos hasta Bahía Blanca. En
Buenos Aires pernoctamos en el Arsenal Naval.
Al otro día tomamos el tren Belgrano. Siempre de civil y yo con mis dos
valijas. Una con armamento y otra con mucho dinero y mis pertenencias.
En Recreo cambiamos a un coche motor, eléctrico por supuesto, con muchos
lugareños que incluso transportaban algún animal de corral. Febrero.
Catamarca. Calor. Y mucha tierra volando y entrando al tren.
Llegamos de noche tarde. Tuvimos que preguntar en la estación dónde
alojarnos. Nos llevaron a un hotel, cuya descripción da para un
capítulo. Muy cansado me bañé y me acosté. Mis valijas debajo de la
cama.
En un momento de la noche, me desperté al escuchar ruido de llaves en mi
habitación. Era un segundo ocupante. Las habitaciones eran compartidas y
nadie nos dijo, o yo no entendí. ¿Apariencia de mi cohabitante? No
importan los detalles, sólo que era alto, con sombrero simil cowboy y
barba larga y desprolija. ¿En aquellos años cómo eran categorizados los
barbudos y con es apariencia? Correcto. Guerrillero. Afortunadamente
nunca lo supe.
No volví a dormir preocupado más que nada por el armamento.
Al otro día salimos tempranito y de uniforme para el Distrito Militar.
Allí nos esperaban 180 jóvenes de 20 años de edad o un poco más. Hicimos
los tramites de rutina. Los contamos. Verificamos sus identidades. Me
entregaron los pasajes, aclarándome que no íbamos todos juntos porque no
lo habían logrado. Así que estaríamos distribuidos en todos los vagones.
Los 185 llegamos poco después a la estación para tomar el tren a
Córdoba. ¿Por qué sacaron vía Córdoba? Todavía trato de entenderlo. Los
padres que despedían a sus hijos, que se iban a un lugar llamado Puerto
Belgrano por un término de dos años, si no llegaban a salir de licencia
en ningún “Trozo de Flota”, adoptaban diferentes actitudes. Desde los
que protestaban (sin griterío ni violencia) hasta uno que por allí me
detuvo y luego de preguntarme “¿Ud está a cargo?” y obtener mi respuesta
afirmativa me pidió “Háganlo hombre, que sepa lo que es vivir sin la
mamá, ser ordenado y obediente”. Claro de esto hace casi 50 años.
Zarpamos sobre ruedas y vías. Permanentemente recorriendo el tren
contando a cada uno de los nuevos “colimbas”. Que no se nos escape
ninguno. Comprando en la cantina o bar del tren sándwiches, gaseosa,
alfajores, etc según el horario y distribuyéndolos en varios vagones.
Llegamos a Córdoba. Fui con la PPS a retirar los 185 boletos a la
ventanilla. Mis amigos del Distrito Militar solo habían hecho la
reserva. Cambiamos de tren. Y seguimos todos separados. Hasta ahí no me
faltaba ninguno. El suboficial y los cabos excelentes en todo sentido.
Tren Mitre. Una de las paradas más prolongadas fue Rosario. Con un
detalle muy simpático. No nos dejaban bajar a la estación a hacer tiempo
o comprar algo. No nos dejaban a nosotros, los uniformados y con armas.
La opción era “ponernos pesados” con las probables consecuencias o
ceder. ¿Qué decidí? Ninguno de los 180 se levanta de sus asientos.
Seguimos. Arribo a Retiro. Caminata hasta el ANBA otra vez. ¡La imagen
que debemos haber dado! Un “montón de jóvenes” rodeados de militares
uniformados y armados, cruzando plaza Canadá hacia el puerto. Mientras
ingresábamos al Arsenal, escuché un fuerte grito de GOOOOLLLL. Juagaba
Argentina con Alemania en Múnich. Ganamos 3 a 2 con un golazo de Beto
Alonso. Los otros dos no importan mucho sus autores.
Baño. Rancho. Descanso.
Al otro día otra vez tempranito, de uniforme y con armamento. Todo el
contingente al subte. Allí la Armada había dispuesto algunos vagones
“exclusivos”. Rumbo Constitución. Mientras caminábamos por la estación
hacia los andenes se escuchaba por los parlantes “Miren. Se están
llevando a nuestros hijos. Se los llevaban sin preguntarles nada” o
cosas por el estilo.
Febrero de 1973. En noviembre había sido la sublevación de Urien y el
asesinato del Cabo Contreras. Perón había llegado a la Argentina al día
siguiente de esa sublevación. Atentados terroristas. Asesinato del
almirante Berisso en diciembre. Un contexto nada tranquilizador y
nosotros caminando a tomar el subte. Nosotros 185, digo.
Lo logramos, Llegamos a Constitución y tomamos el tren vía Pringles.
Esta vez todos juntos. Después de lo vivido esta última etapa debe haber
resultado tranquila porque son pocos los recuerdos que tengo.
Y finalmente la querida Base Naval Puerto Belgrano. Nunca me imaginé que
iba a desear tanto estar allí. Los conscriptos a Campo Sarmiento. El
Suboficial y los Cabos franco. Y yo a descansar al POMA. No se nos había
perdido ningún joven, no hubo problemas graves con otras personas,
teníamos todo el armamento. Estaba muy contento. Error.
Al oro día fui a rendir los viáticos. Había juntado todas las boletas,
tickets o lo que se daba en aquel entonces. Tanto en los trenes, como en
Catamarca. Boletas de compras para los 185.
Me faltaron cuatro vales, de la etapa Córdoba-Rosario. Puse lo faltante
de mi acaudalado bolsillo de Teniente de Corbeta joven de 22 años.
La felicidad en la Armada es fantástica. Claro, a veces falla.
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