
RIO CORRIENTES en Koge, Dinamarca, 27.08.1984 (G. Berger)
Por Max Gregorio-Cernadas, Agosto de 2021
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Como homenaje al cumplirse dos años del fallecimiento de mi padre, el Capitán de Ultramar Juan Cristóbal Gregorio, les cuento algunas anécdotas marineras que compartí con él en un viaje que hicimos juntos en el buque que comandaba, el “Río Corrientes” (foto), de la extinta ELMA (Empresa Línea Marítimas Argentinas, la legendaria firma marítima argentina), un carguero mixto (53 tripulantes y 12 pasajeros) de estilizadas formas, con sus imponentes 157 metros de eslora y 20 de manga, 6 bodegas y una capacidad de carga de 10.000 toneladas. Además de la historia que les contaré, una curiosidad me vincula con este buque, aunque producida muchos años después de que fuera desguazado en 1986, y que se refiere a que fue construido y botado en 1962 en Rijeka (ex Yugoslavia), el fantástico puerto de Croacia sobre el Mar Adriático, ciudad a la que siendo Embajador argentino ante este país visité muchas veces y mantuve una estupenda relación con su alcalde. En 1976, cuando tenía sólo 16 años, mi padre me llevó en ese barco por un periplo de lo que se llamaba en ELMA la “Línea al Mar del Norte”, y que incluyó algunos puertos brasileros, Vigo (España), Southampton, Middlesbrough y Kingston-Upon-Hull (Reino Unido), Amberes (Bélgica) y Bremen (Alemania). El “Río Corrientes” era entonces el buque-escuela de la Marina Mercante Argentina, es decir, de la tradicional Escuela Nacional de Náutica 'Manuel Belgrano', fundada ya en 1799 por dicho prócer, donde se forman los marinos mercantes argentinos desde hace más de dos siglos. Por tal motivo, esa nave había tenido el privilegio de ser dotada por primera vez en un buque de ELMA, del entonces revolucionario sistema de GPS, hoy un servicio disponible para cualquier niño, que permitía proveer la ubicación inmediata digital de la nave, que hasta entonces sólo era posible mediante cálculos y recursos más habilidosos y divertidos (mi padre me enseñó a hacerlos) pero primitivos e imprecisos (radio goniómetro, triangulaciones mediante referencias visuales, sextante, etc.). Las anécdotas de aquel viaje son interminables, por lo cual sólo me referiré a una que describe y presta homenaje a la personalidad de mi padre. Siendo un buque-escuela, llevaba a bordo una buena cantidad de cadetes, jóvenes entusiastas de alrededor de 18 años, que tenían apenas dos o tres años más que yo lo cual significaba mucho entonces para mí. Mi padre, enemigo mortal de la holgazanería, temiendo los efectos del tedio que podía producirme la larga navegación (aunque yo llevaba una magnífica provisión de lectura), y también pudoroso de que el hijo del capitán deambulase desocupado, decidió sumarme manu militari a la rutina de los cadetes. De golpe y a pesar de mis infructuosas protestas, mis días se alteraron radicalmente, con horarios y trabajos extremos (picaretear el óxido de la cubierta, mover y trincar bultos, lavar y pintar la cubierta, ordenar calabrones, etc.) a los que sometían a los cadetes de oficiales para familiarizarlos con las arduas labores diarias de los marineros de cubierta. De aquella experiencia, retengo una escena típica de mi padre, observándome desde el elevado puente de mando, mientras yo, entremezclado con los cadetes, cubiertos todos con pilotos de goma, cargábamos bolsas sobre la cubierta, ateridos de frío, sacudidos hasta hacernos trastabillar por el fuerte rolido del buque y rociados por altas y heladas olas, características del inclemente y peligroso Mar del Norte. Siempre y, especialmente hoy, recuerdo de aquel episodio, el contraste entre el odio que entonces me causó y el agradecimiento que hoy me despierta, por la lección de abnegación y esfuerzo que me brindó. Nota de la Fundación Histarmar: El Cap. Gregorio comandó el buque FORMOSA durante el conflicto de Malvinas. Llegó a las islas el 20 de Abril de 1982, y partió de ellas el 1 de Mayo tras haber finalizado la descarga y después de los primeros ataques de ese día. Esa misma tarde y ya en navegación, fue atacado por error por una escuadrilla de la Fuerza Aérea Argentina. Una bomba sin explotar quedó alojada en una de las bodegas del barco.
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