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Juan Severo Fino Elvira a sus 90 años

 

Por Pablo Pereyra, Setiembre de 2020

 

Cuando  la cantidad de piezas del museo formado en 1892 y exhibidas en uno de los salones del Centro Naval de Florida y Córdoba se hizo más numerosa,  el espacio físico disponible resultó inadecuado. Fue entonces que  las autoridades del Ministerio de Marina  decidieron buscar un lugar más apropiado.

Por los años cuarenta, el edificio de los antiguos Talleres Nacionales de Marina en Tigre, se encontraban sin uso. De este modo se decidió su traslado paulatino. Previamente y  durante casi toda la década se acondicionó el lugar. Las piezas museológicas  se trasladaron a partir de 1947.

Fachada del Museo Naval de la Nación en la década de los 50

 

Por esos años se encontraba al frente del Museo Naval y  Biblioteca de Marina, el Capitán de Fragata Héctor Raúl Ratto, uno de los  más reconocidos  historiadores navales que tuvo la Argentina  y gran impulsor del traslado del museo  a Tigre. Era quien  también firmaba con el seudónimo de Teniente Doserres en muchas publicaciones. Lamentablemente en febrero de 1948 falleció de un mal incurable.

Capitán de Fragata Héctor Ratto

 

Fue remplazado entonces por el Capitán de Fragata Ingeniero Naval Hugo Lebán, también historiador, talentoso pintor y exquisito modelista.

En esos primeros años de la década de 1940, también ingresó al museo en Tigre, como aprendiz de carpintero, un joven de quince años llamado Rubén Degiamma, vecino de la zona, fue uno de los primeros que en carácter de personal civil, cumpliría funciones en las nuevas instalaciones. Poco tiempo después, mediante su sugerencia  y también en calidad de aprendiz, pasó a ser personal del museo Juan Severo Elvira.

Fino, apodo con el que hasta hoy a sus 90 años se lo conoce, comenzó sus primeras armas con cepillo, martillo y serrucho. El primer trabajo que tuvieron ambos, consistió, bajo la tutela de un carpintero especializado, en participar de la construcción del piso de parquet que hoy tiene el museo. Además se les asignó la tarea de poner en valor, los pocos cofres de pabellones de combate, que en ese momento se encontraban, pertenecientes  a  los buques de la Armada.

Aplicando  la tradicional técnica del lustrado de goma laca diluida en alcohol y aplicada a muñeca.

Recién instalado  en su nuevo local de Tigre, el museo abría al público solamente los domingos por la tarde. En esa época, Fino cumplía, con sus dieciocho años,  la función de guardián de sala y por su condición de empleado cercano, resultó el encargado de izar y arriar el pabellón todos los días de la semana, a cambio de un franco compensatorio. La bandera se encontraba al tope del frontis del edificio. Y para tal fin, debía subir por varias escaleras que llegaban hasta el techo. Allí alcanzaba el mástil ubicado junto a un grueso pararrayos. Cuenta sonriendo que en invierno a la caída de la tarde, cuando ya era oscuro, invariablemente  iba acompañado de su perro: En el museo siempre había ruidos!

Ya afianzado en el taller de carpintería, fue el encargado de construir todas las cureñas de madera donde hoy se apoyan los cañones navales antiguos y Rubén Degiamma era el que torneaba las ruedas.

En palabras de Fino el Director Hugo Lebán  era un hombre afable,  generoso y considerado,  que orgulloso ostentaba la autoría del óleo de la “Fragata Escuela Presidente Sarmiento a toda vela”, cuya imagen fue usada por la Casa de la Moneda  para realizar el grabado estampado en el reverso del famoso billete de mil pesos apodado  “la fragata”. Tenía un trato paternal con los dos muchachos. Los estimulaba para que progresen laboralmente e incluso intentó enseñarles a pintar con óleo, sin éxito. Como regalo de bodas, obsequió a ambos matrimonios un cuadro de marinas.

Fino también recuerda que cuando el Capitán Lebán, ya anciano, se quedaba en el museo pintando hasta caer la noche,  lo  acompañaban a paso lento  junto con Rubén  hasta su casa cercana al museo.

De izq. a der: El Director del Museo Naval Capitán de Fragata Hugo Lebán, Horacio Sccachi y Juan Severo Fino Elvira (Col. Flia. De Cosio)

 

Como resultado del  traslado  de las piezas desde el Centro Naval hasta su nueva sede, varios modelos de barcos sufrieron deterioros. En esas circunstancias, Fino fue la persona designada para repararlos.

Aunque sin conocimientos previos sobre  modelismo, los primeros rudimentos fueron impartidos por un experimentado  modelista llamado Mario Gandulfo.

Entonces llegó un pedido “oficial”: hacer un modelo de la fragata Presidente Sarmiento de sesenta cm. de eslora por solicitud del Ministerio de Marina, para obsequiárselo al General Perón el día de su cumpleaños.  Gandufo con toda sólida determinación, le propuso a Fino repartir el trabajo.

Recuerda además cuando contra reloj en 1944, varios modelistas tuvieron que construir dos grandes buques que representaban las fragatas Merrimack y Guerriere, para una fugaz escena del film “Su mejor alumno” de Lucas Demare sobre la vida de Sarmiento.

El sanjuanino  volvía en la Merrimack de su  misión diplomática en Estados Unidos, sin saber que había sido elegido presidente de la República, el comandante del Guerriere conocía el resultado de las elecciones pues venía de Buenos Aires. Al cruzarse en alta mar ambos buques, le rindió el homenaje correspondiente a su alta investidura, enterándose así de su nombramiento.

Cuenta Fino que  Enrique Muiño y Angel Magaña, intérpretes de la película, visitaban el taller del museo para ver los adelantos en los trabajos, llevándoles a su vez, algún refrigerio estimulante.

Máximo De Cosio fue  otro hombre comprometido con el museo, había comenzado a trabajar en el Centro Naval, en uno de los dos ascensores, en el otro, otro muchacho que con los años pasó a tener mucha fama: Aristóteles Onassis.  Por propia iniciativa Máximo llevó de a uno por vez,  los dos barcos de casi cuatro metros de largo a la casa y los tuvo en su living,  hasta que su esposa sentada a la máquina de coser, terminó de confeccionar cada vela de lona.

 

Máximo De Cosio y su esposa (Col. Flia. De Cosio)

 

De izq. a der: Jaime Navarro, Rubén Degiamma y Máximo De Cosio. (Col. Flia. De Cosio)

 

Finalmente Fino adquirió los conocimientos necesarios  y destreza para construir enteramente  modelos. Así nacieron por encargo de la Armada, un cúter Luisito: “Que fue a un museo del sur, creo”,  el transporte Saihueque, varias goletas Sarandí, una de ellas es la exhibida en  nuestro  museo, la fragata 25 de Mayo. El último que realizó: la fragata Hércules, siguiendo los planos de un estudio arqueológico del Capitán Juan Carlos Sidders, también director del museo que hoy se encuentra expuesto en el sector dedicado al Almirante Guillermo Brown.

      

Goleta SARANDI y fragata HERCULES (Col. MUNN)

 

Fluyen en su memoria muchos recuerdos vividos con  las visitas de personajes muy  familiares en este ámbito como: Vito Dumas, Manuel Campos o Emilio Biggeri.

La historia oral es una de las valiosas  herramientas que posee el patrimonio intangible y gracias a ello, podemos tener acceso al relato que Fino nos regaló con tanta pasión. Gracias Fino!!

 

   

 

 

 

 

 

  

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