
Lic. Pablo Pereyra, Abril de 2020
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En esta ciudad de Tigre, hoy tan cambiada, pasé mis primeros años entre familia, amigos y sentimientos. Por supuesto que no es un lugar común, quizás único y a veces me da la sensación más valorado por los gringos que por los locales. También atípica en el mundo es la cantidad de clubes de remo que se concentran tan cerca uno de otro, por algo es considerada esta ciudad como la cuna del remo argentino. Fue en alguno de esos clubes donde pasé muchos veranos, aprendí a nadar y a remar, ya adolescente también conocí a mi primer amor. Mi relación con el río y todo lo que pasaba en él fue constante, debe ser por este motivo que siempre me llamaron la atención esas eternas lanchas de madera que transportan gente, que parecen sin tiempo, ni nuevas ni antiguas, si eran autóctonas o foráneas. Y con mi edad creció también mi curiosidad sobre su origen e historia. Al no tener respuestas concretas, me propuse empezar a acopiar información acerca de cualquier cosa que tuviera relación con las lanchas colectivas. Pasaron años y la caja de zapatos que usaba para guardar todo lo que encontraba en diarios, revistas etc. no tuvo más capacidad. Fue una experiencia única en mi vida, contaba a todo el mundo la obsesión que me invadió sobre saber más sobre el tema. Entonces me puse a leer, devorar lo acopiado y me di cuenta que a todos lados adonde iba, hablaba del tema como si se hubiese hecho parte de mi realidad. Y así se formó una cadena interminable de relaciones. Una mañana fui a visitar a Hugo Sturla, un hombre amable, cuya familia se había dedicado por varias generaciones al trabajo del transporte de pasajeros en el Delta. El me dio nombres claves para que visite, como don Luis Fourcade, quien nos ha dejado el viernes 24 de abril a los ciento un años. Era tío de Hugo y también empezó desde chico. Al momento de conocerlo portaba unos ochenta muy bien llevados. En alguna de nuestras entrevistas, me contó que había conocido al escritor Haroldo Conti, quien le pidió le contara detalles técnicos de la navegación por los ríos. A los meses el mismo Conti lo visitó con un ejemplar de Sudeste en las manos, que no solo obsequió con dedicatoria, sino que lo inmortalizó en el personaje del “flaco Fourcade” dentro de la obra. Y como la casualidad no existe la cadena de gente dedicado a las lanchas no terminó nunca. Así aprendí que el primer prototipo de lancha colectiva, que todavía no lo era, fue encargada al astillero Trapeyas en 1928, ubicado en la esquina de Paseo Victorica y la actual Vito Dumas de Tigre. Y los antecedentes de estas habían sido canoas y pequeños barcos a caldera de vapor, que los distintos isleños dedicados a estos menesteres, entablaban encarnizadas competencias para hacerse de clientes, usando como recurso, anunciar a los gritos por cada río y cada casa los beneficios de tomar tal o cual vapor.
Vapor de transporte de pasajeros en el Delta del Paraná, últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX
Lancha de pasajeros del Delta, cuyo casco tiene diseño de canoa isleña
Esto quedó obsoleto con la construcción de la primera lancha rápida de 1928, cuando con un motor más potente y capacidad de pasaje muy superior, la navegación fue mejorando sustancialmente en sus condiciones técnicas. Por los 50 eran muchos los talleres y astilleros de Tigre que construían o reparaban lanchas colectivas, es uno de los motivos concretos por lo que todavía las vemos navegando aún.
Diseños realizados por el astillero Ortholan
Diseño anterior a una lancha colectiva actual
Del astillero de los hermanos Parodi salieron varias, Alfredo hacía un dibujo de las líneas básicas en la tierra con una vara y Lorenzo se encargaba de las finanzas. Su pasión por la construcción naval los hacía pasar presupuestos bajos, por lo que debían tomar otro trabajo para cubrir la deuda. Baader, Ortholan, Miguel Arias, D’Orazio etc. eran solo algunos de los dedicados a la construcción de las lanchas que nos transportan al Delta hoy día. Después de la Segunda Guerra Mundial los talleres de Tigre se unieron para adquirir motores que los estadounidenses habían fabricado en exceso para sus lanchas de desembarco y tanques de guerra, así fueron adaptados a estas embarcaciones. Así se fueron adoptando nuevas tecnologías importadas, como el Telgopor en la década de sesenta traído de Alemania, que pasaba a reemplazar al corcho para construir los salvavidas. Las empresas también se fueron transformando a través de las décadas, y fueron muchos los apellidos que desfilaron entre competencias y convenios para cubrir las distintas rutas del Delta. Azzari, Azurmendi, Pastorino, Ferremi, Urriza, Duvielh, Galofré, Sturla, y muchos más entre los primeros. Delta VI en el río Tigre, década de 1960
Reparación en el taller de la empresa Interisleña
Pero las lanchas indudablemente constituyeron históricamente mucho más que un medio de transporte. Son un puente imaginario entre dos realidades, los isleños se agrupan a bordo según en el río o arroyo en donde viven, comentándose las novedades del barrio. Los chicos van y vuelven de las escuelas haciendo sus tareas o ensayando el acto del 25 de Mayo y las maestras corrigen las pruebas. También llevan y traen la correspondencia, los bultos, el agua potable y muchas veces los medicamentos. En las lanchas se conocen las separaciones y los nuevos amores, se contratan servicios de trabajos etc. Los habitantes del Delta conocen a las lanchas sin necesidad de verlas, solo con escuchar a lo lejos su motor saben cual es. Los patrones son la autoridad y los marineros sueñan con ser patrones. Hasta se han usado como escenario, es común la imagen de Sandro sobre la todilla de la Capitana del Delta, interpretando a “Muchacho” que no es otra que la Angela Madre, la última construida en madera por fines de la década del sesenta.
De este modo conociendo todo lo que no sabía y a partir de estos conocimientos sentí la responsabilidad de transmitirlo a todos los que sientan mi misma curiosidad. Y como la casualidad no existe, apareció un editor que publicó el libro que nunca me propuse escribir.
Interisleña
A la memoria de de don Luis Fourcade (1919-2020). Todas las ilustraciones pertenecen al libro Desde el vapor. Historia de la navegación de pasajeros en el Delta de Pablo Pereyra. Ed. Del Eclipse 2009.
Recuerdos de Abril de 2020: Sr Pereyra, su trabajo y su
descripción del Delta me hicieron volver a mi temprana juventud. En esa
época vivía en Buenos Aires En el caso de Marcelo, es
verdad, no sé tu edad, yo fui adolescente en los 70 y las
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