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Los Avisos son buques imprescindibles en
todas las Armadas. Ellos cumplen las mas diversas funciones. Cuando no
hay un buque especialmente diseñado para cumplir una tarea o misión se
designa un Aviso. Por eso estos buques han sido escuela para los jóvenes
oficiales y tenemos un dicho para calificar a los oficiales muy
estructurados. La frase “a éste le falta Aviso” resume la falta de
experiencia para enfrentar situaciones imprevistas con pocos medios, con
gente poco especializada, a veces con algunos un tanto indisciplinados,
pero en general muy marineros y con gran espíritu de buque. La Plana
Mayor era casi una Plana Menor ya que la integraban un Teniente de Navío
como Segundo, un Jefe de Máquinas que hacía sus primeras armas luego de
la EPONA, un Teniente de Corbeta moderno y dos Michis. Con mal tiempo,
el movimiento del buque hacía rendir tributo a Neptuno a la mayoría y el
rancho lo improvisaban con espíritu solidario los que podían mantenerse
en pié. Cubrir las guardias en esas circunstancias era cuestión de
honor.
Las dotaciones y la fricción
Uno de los primeros en prestar servicio en esos buques fue Sergio Gómez
Roca en el Aviso ARA “Comandante General IRIGOYEN” que tenía apostadero
en Ushuaia y operaba en apoyo de la campaña antártica. En esos años,
existía una Compañía de Disciplina a la cual se enviaban castigados a
los marineros y Conscriptos de muy mala conducta. Vivían en la antigua
cárcel de Ushuaia y la pasaban muy mal. Aquellos que, aunque lo
merecían, no tenía cabida en la citada Compañía de Disciplina eran
destinados al Irigoyen. En el Aviso estos indisciplinados se contagiaban
del espíritu de buque y mejoraban su conducta.
Eran épocas de tensión con Chile por las Islas del Canal de Beagle.
Poníamos en servicio la baliza del Islote Snipe y los chilenos la
reemplazaban por una de su servicio hidrográfico. El Irigoyen se
encargaba de estas tareas además de ir a fondear en Rada Picton,
rechazar la nota de protesta de los chilenos o protestar cuando la que
estaba fondeada era su lancha patrullera Ortiz. Al navegar por el canal
Beagle se producían cruces con los chilenos a corta distancia, a veces
con peligro de abordaje para demostrar cada uno que navegaba por aguas
propias y en ocasiones, con la gente en los montajes cubriendo puestos
de combate.
Una de vacas
Otro “michi” destinado a un Aviso fue Jimmy Barletta en el Chiriguano.
El Comandante lo llamaba “el científico” porque se pasaba el día
preparándose para ir a la facultad, lo que logró finalmente fruto de su
perseverancia para estudiar a pesar del rolido y cabeceo. Estando de
estación en Ushuaia en reemplazo del Irigoyen y como había vacas sueltas
en los barrios militares y la pista de aeronaval, el Jefe de Base ordenó
llevarlas a Isla de los Estados, tarea a cargo del Chiriguano con Jimmy
como “vaquero de mar” que lingaba las vacas y las colgaba de la pluma
para embarcarlas, repitiendo la maniobra inversa en la Bahía Flinders.
El Juez acusó al Jefe de Base de cuatrerismo, por lo que durante algún
tiempo, para evitar conflictos con la policía que tenía órden de
detenerlo, se trasladaba en lancha desde su casa en la zona militar a la
base. (1)
También Carlos Quintana prestó servicios en el “Chiriguano” y
vivió algunos incidentes con las patrulleras y lanchas torpederas en el
Beagle durante el período de estación en Ushuaia que cubrían esos buques
mientras el Irigoyen hacía sus reparaciones en Buenos Aires.
Mas tarde el “Chiriguano” pasó a servir en la Capitanía de Puerto en la
Base Naval de Puerto Belgrano y Raúl Laterrade, Teniente de Navío, fue
su Comandante a Cargo.
Viejo Llano prestó servicios en 1966/7 en el Sanavirón como Jefe de
Navegación y Operaciones. Destaca la solidaridad en los Avisos señalando
que el que no se mareaba, ya fuera Conscripto o Comandante, se hacía
cargo de la cocina.

Buscando petróleo
En nuestros años mozos había dos Avisos grandes, Irigoyen y Zapiola. Dos
robustros ATF de fines de la Segunda Guerra Mundial, diseñados para
sacar a remolque del campo de batalla a los buques averiados, con 1650
toneladas de desplazamiento y una formidable máquina de remolque,
filaban 14 nudos. El Zapiola dependía del Servicio de Hidrografía Naval
y hacía campañas de larga duración en mar abierto. Juan Carlos Castro
fue designado Jefe de Navegación a fines de 1966 mientras el buque
cumplía una campaña geofísica en el Golfo de San Jorge. Al Comandante le
gustaba la pesca y autorizó a Cacho a bajar velocidad y pescar durante
su guardia de 4 a 8, con un gran embudo que largaban con el tangón.
Sacaban mucho pescado y la gente se levantaba para ayudar. Durante esa
campaña se determinó la existencia de petróleo en el Golfo. En otra
campaña midieron la corriente de coriolis frente a Mar del Plata. Fueron
dos años de servicios en ese magnífico buque que se perdió en la
Antártica al quedar montado sobre una gran roca navegando en un paso
poco conocido.

El Grupo Cóndor y las pollas ponedoras
En 1966 fui destinado al Irigoyen como Jefe de Material Naval y
Armamento. Sacábamos la lana de las estancias, llevábamos pobladores a
distintos lugares y manteníamos el balizamiento. Recorríamos la zona
para afirmar la soberanía en esas aguas en permanente disputa. El
“Irigoyen” tenía su apostadero permanente en Ushuaia y durante el verano
hacía el apoyo a la Campaña Antártica. Era el primer buque en llegar
apoyando desde el Drake los vuelos glaciológicos, jugaba de perrito de
los mandados durante toda la campaña y finalmente hacía la última
recorrida retirando rezagados de las bases, cerrando y precintando los
refugios usados durante el verano.
En Ushuaia había un tambo de la Marina que nos proveía de una docena de
huevos por semana y la diversión era ir los miércoles al aterrizaje del
DC-4 de la línea aeronaval para ver quienes llegaban. Algunas veces,
cuando las nubes cubrían la zona, todos colaborábamos escuchando el
ruido del DC-4 tratando de verlo en algún claro y allí, rápidamente el
Jefe de la Estación Aeronaval, micrófono en mano desde la pista, lo
dirigía para hacerlo penetrar. Caso contrario se destacaba a Río Grande
a esperar mejores condiciones. La llegada de un buque de Transportes
Navales brindaba la oportunidad de conseguir una horma de queso fresco,
manjar muy apreciado pero de difícil obtención. Salvo esas dos
“delicatessen” el menú consistía en víveres secos, cholgas hasta que nos
hartamos de comerlas y espantosos ¡ ravioles en lata !
Las reparaciones anuales del buque se hacían en Buenos Aires, en el
Arsenal Naval de Dársena Norte. En una hábil maniobra, nuestro
comandante, cuyo nombre coincidía con el del buque (CC Carlos Lorenzo
Irigoyen, hoy Vicecomodoro del YCA) conocedor como submarinista de las
posibilidades de la Base Naval hizo una escala en Mar del Plata para
desembarcar allí la munición porque debíamos entrar a dique seco con las
santabárbaras vacías. Dos días en “Conga”, indicativo de la base, no
venían nada mal luego meses en Ushuaia.
Al finalizar las reparaciones hicimos nuestra escala en Mar del Plata
para embarcar
la munición. Como Jefe de Material Naval tenía la responsabilidad de la
carga que consistía en innumerables latas de pintura, una chata de
madera, miles de cacharros diversos y nada menos que docientas pollas
ponedoras raza Leghorn. Asigné prioridades; pintura, embarcaciones y
cacharros, bien trincados en cubierta. Las pollas en la bodega 3, la mas
estable, con un cuidadoso procedimiento de alimentación, ventilación y
limpieza diaria de enjaretados. En Mar del Plata improvisé un buen
gallinero para que las blancas pollitas tuvieran su esparcimiento,
picotearan un poco de pasto y juntaran fuerzas para las duras
condiciones de mar que nos esperaban. Hasta allí ninguna baja.
Ya rumbo a Ushuaia, veníamos bastante bien, sin bajas pese al movimiento
de rolido y cabeceo del “Irigoyen” cuando nos enteramos del secuestro
del avión de Aerolíneas por parte del Grupo “Condor” y su aterrizaje en
Malvinas. Tuve un mal presagio, estábamos a tres días de Ushuaia, los
mas duros en cuanto a condiciones de mar cuando dos Leghorn pasaron a
terapia intensiva y las perdimos. Fue muy triste, calculé que tendríamos
mas bajas cuando recibimos el despacho que nos ordenaba permanecer en
zona para apoyar el regreso al continente del avión secuestrado. Como se
demoró el regreso nos fuimos a la Isla de los Estados, bien adentro de
San Juan de Salvamento y ¡GALLINAS A CUBIERTA!, a tomar sol y aire, a
reponerse y esperar. Allí estuvimos desde el 29 de septiembre hasta el 6
de octubre cuando nos destacamos al Norte a nuestra estación de apoyo
entre Malvinas y Río Gallegos. El 8 de octubre seguimos por la
frecuencia de control de aviones el despegue del DC-4 de Aerolíneas y
poco después de las felicitaciones de Ezeiza, muy emocionados
felicitamos a la tripulación del avión, ante la sorpresa de Ezeiza que
preguntó ¿quien es el Aviso Irigoyen? Es así, los Avisos casi nunca
tienen un reconocimiento por sus acciones. Llegamos a Ushuaia con
nuestra valiosa carga de 198 pollas ponedoras, bien amarineradas, con un
fuerte espíritu de Aviso, que harían las delicias de una docena de
huevos por semana para cada familia de allí en adelante.
Las tradiciones y los pingüinos
En toda profesión hay tradiciones que se van aprendiendo a lo largo de
la misma. Recuerdo mi primera campaña antártica a bordo del Irigoyen.
Iniciábamos las tareas acondicionando los destacamentos y refugios que
habían permanecido cerrados durante la invernada. Fui al Destacamento
Tte. Cámara en la lancha grande (cariñosamente llamada “La Tarta”) y al
regresar a bordo, pese al cansancio, advertí un ambiente jocoso entre
los marineros que me llamó la atención. Pensé que habrían realizado
alguna picardía.
Efectivamente, habían embarcado unos pingüinos escondidos en cajones.
Neófito antártico, bisoño en las cosas del mar y sus tradiciones, no di
importancia al asunto y me sumé al almuerzo que compartíamos con el
Comandante en la cámara de oficiales.
Al comentar la picardía de los marineros, el Comandante puso el grito en
el cielo y ordenó tirar de inmediato los pingüinos al agua. Abruptamente
interrumpido el almuerzo, salimos todos precipitadamente a cumplir la
orden que se ejecutó en poco menos de cinco minutos. Fui severamente
reprendido, se me explicó enfáticamente que los pingüinos a bordo (en
cualquiera de sus formas; animal, muñeco, adorno, disfraz, jarra para
vino, etc.) traen mala suerte y provocan desgracias. Pasamos varios días
de vigilia en máxima alerta y ante cualquier problema menor que sucedía
abordo sentía sobre mí las miradas y el callado reproche de los demás
oficiales. Aprendí la lección y la enseñanza se fue reforzando a lo
largo de mi carrera con el conocimiento de muchos casos que justificaban
la reacción rápida y el enojo del Comandante.
A propósito, en su última campaña, el IRIZAR tenía una enorme mascota de
¡¡UN PINGÜINO !! , de dos metros de alto, disfraz con el que se vestía
un cabo y participaba en todas las ceremonias y formaciones, Todo el
mundo se sacaban fotos con la mascota. Espero que el disfraz del
pingüino se haya quemado en el incendio y así agotado su “flujo” y sus
restos se hayan retirado rápidamente del buque. Algunas tradiciones y
enseñanzas han caído en el olvido y eso, en el mar, se paga caro.
Tomando recaudos
Un suboficial tripulante del Irigoyen, cuando era cabo fue el único
sobreviviente de la dotación del Aviso Guaraní que se hundió en La Hoya
prestando apoyo a un vuelo a la Antártida. Se salvó porque estaba
internado en el Hospital y no embarcó. En todas nuestras zarpadas, el
Comandante llamaba a este suboficial al puente y recién entonces
ordenaba sacar planchada y soltar amarras. Una vez alejados del muelle
autorizaba al suboficial a retirarse del puente.
Algo mas que fricción
En el querido Aviso Irigoyen me relevó en 1967, Jorge Marín , futuro
artillero. Ese año entró en erupción el volcán de la isla Decepción y el
Irigoyen se destacó a recuperar al personal del Destacamento Naval cuyo
Jefe era el Gaucho Domenech
La situación con Chile era bastante tensa y durante un ejercicio de
defensa de la base, una lancha torpedera chilena entró a la bahía por el
Paso Chico. Se le ordenó al Irigoyen abrir fuego intimidatorio a proa de
la lancha con las Boffords 40/60. El Flaco tiró una ráfaga bien
apuntada, dos esloras a proa y vio con preocupación varios piques
cortos, rebotes y proyectiles que pasaban exactamente sobre la lancha
mientras varios mas estaban aun en vuelo. Todavía no se explica como no
le pegaron. Fue su bautismo de fuego.
Luego fue 2do Comandante del Aviso YAMANA, que era un Aviso de la Flota
de Mar con estación en Puerto Belgrano. El mismo año, 1972, Rolfi
Hasenbalg fue segundo del Aviso Sanavirón. Navegaban con la Flota,
hacían misiones de apoyo en los fondeaderos, guardia a cuatro horas de
aviso como buques de salvamento y la estación en Ushuaia.
En 1982, Jorge Marín fue Comandante del Aviso Irigoyen y participó de la
Guerra de Malvinas como integrante de la FT 50 de Búsqueda y Rescate.
Tenía apostadero en Mar del Plata, en realidad apostadero virtual,
porque zarparon el 3 de enero y recién volvieron a Mar del Plata el 21
de septiembre para volver a zarpar al día siguiente. Entre las tantas
tareas realizadas, llevaron a la Isla de los Estados a una antropóloga
francesa llamada Anne Chapman, que buscaba elementos de juicio para
demostrar que los indios del archipiélago del Cabo de Hornos navegaban a
través del Le Maire hasta la Bahía de Crossley, teoría que demostró y
publicó con el agradecimiento al Irigoyen y su Comandante.
Un remolque con precauciones
Luis Morgante fue Jefe de Máquinas del Irigoyen como Teniente de Fragata
en 1971 y le tocó remolcar al Dique Flotante Y1 desde Ushuaia hasta
Puerto Belgrano. La navegación fue interminable, colmada de vivencias y
episodios que no tendrían nada que envidiar a la historia de la Plana
Mayor del famoso Destructor Caine de la Segunda Guerra ( “El motín del
Caine”). Fueron tantas las dudas y temores para pasar el Le Maire que
permanecieron varios días haciendo "circuito hipódromo" en las
proximidades. Es comprensible, los indios cruzaban el Le Maire en
canoas, pero nunca remolcando el Dique Flotante Y1. Luego ocurrió lo
mismo antes de cruzar el San Jorge, para rematarla en el trayecto Boya
Faro - Reservado. Luis guarda un gran recuerdo de su Segundo Comandante,
el Teniente De Pirro con quien pensaron escribir un libro.
Luego Luisito fue Comandante del Balizador San Julián en 1977 con el
grado de Teniente de Navío. Fue una buena experiencia, porque el buque
estaba medio desarmado y había que poner en condiciones el canal con
casi todas las boyas apagadas y mucho tráfico mercante debido a una
cosecha extraordinaria.
Luis cambió boyas como nadie y debe ser quien más navegó en la ría.
Canje de servicios
En 1976, Viejo Llano fue Segundo Comandante del Aviso Somellera.
Llegados a Ushuaia a cubrir la estación, advirtió que dos cabos
desembarcaban con cajas de herramientas. Desconfiado y buscafatos,
comenzó el interrogatorio de rigor. Le explicaron que se trataba de una
colaboración, … o apoyo a la comunidad, ya que la Coca que regenteaba
“la Escuelita” no tenía medios, …que en fin “la escuelita” estaba falta
de mantenimiento, ….que había que reparar cosas y como ellos estaban
cortos de plata hacían los trabajos por canje de servicios, es decir,
servicios de “mantenimiento” por servicios “educativos” a cargo de las
pupilas de la Coca.

Remolcando el blanco
Ese año 76, Quique Ballerini estaba en Servicios Marítimos formando un
fuerte trío con el Capitán Goñi y Covas. Era Comandante a Cargo del
Sanavirón que se usaba como remolque de blancos para los tiros de la
Flota en el Rincón. Para el tiro final del año zarpó con mar bastante
picado y en la boya 04 se fue a descansar dejando al Michi a cargo una
vez que cayó al rumbo Sur. Dos horas después al volver al puente el
Michi le informó que se habían roto los pernos de dos telones que se
fueron de garufa. Avisó al Buque Insignia la novedad por F5C1 y escuchó
preocupado el debate por dicho canal de los mas famosos artilleros del
momento debatiendo sobre la posibilidad de hacer o no un tiro ficticio,
sobre si se veía o no el blanco, etc . etc. Finalmente se hizo el tiro
como estaba planeado cuando Quique, lo mas suelto de cuerpo le respondió
al Almirante que necesitaba tres días mínimo para reparar el tren del
blanco. Quique se quedó luego corriendo los telones perdidos y entró a
los cuatro días casi sin comida con el único consuelo de pensar que los
de la Oficina de Análisis de Armas pasarían varios días tratando de
reconstruir el tiro.
Otra de balizas
Como todos los que hemos prestado servicios en Avisos, siento un gran
cariño por el Irigoyen, buque del que fui Segundo Comandante en 1977.
Teníamos apostadero en Mar del Plata y nos convertimos en un eficiente
recuperador de torpedos. Nos destacamos a Ushuaia a cubrir la estación,
ahora rotatoria entre Avisos. En esos años la tensión con Chile había
pasado del islote Snipe a una baliza puesta por nosotros en la isla
Barnebelt que los chilenos destruían o apagaban frecuentemente. En una
de la patrullas advertimos que la baliza estaba apagada y al amanecer
largamos un bote armado a cargo del Michi Gallardo, tripulado con buzos
tácticos que nos habían mandado “en comisión” por una falta de
disciplina cometida en su destino. El Irigoyen seguía nutriéndose con
gente indisciplinada. Pedí directivas al Comandante para instruir a
Gallardo. Las “reglas de empeñamiento” al Michi no fueron muy claras:
“ponga en servicio la baliza y si hay chilenos aplique criterio”. Antes
de ordenarle partir asumí la responsabilidad de decirle lo que pensaba y
como debía obrar en la emergencia. Tenía mucha confianza en Gallardo.
Tras varias horas de tensión, porque no sabíamos con que se podrían
encontrar; sin posibilidad de comunicarnos con los deficientes equipos
de la época y fuera de nuestro campo visual, regresaron a bordo con la
tarea cumplida. Mas tarde, con esos buzos tácticos y los de la estación
de Salvamento de Ushuaia, reparamos la tubería sumergida de las boyas de
carga de combustible en San Sebastián, tarea en la que habían fracasado
dos empresas de buceo.
Sergio en el Sobral
Sergio Gomez Roca fue designado Comandante del Aviso Sobral en 1982 y
cayó en el puente de mando de su buque durante la guerra de Malvinas.
Destacado en misión de rescate de dos tripulantes del avión Canberra
B-110 abatido por los británicos el 1º de mayo, Sergio se internó
profundamente en la zona de exclusión. Continuó con su misión de
salvamento una vez conocido el ataque al Crucero General Belgrano y
alertado sobre la presencia de un fuerte Grupo de Tareas británico a
solo 100 millas de su posición. Sergio era plenamente conciente del
peligro que corría y mostró una gran serenidad y determinación en sus
decisiones. Cuando recibió el primer ataque de un misil que destruyó la
lancha y dejó al buque sin comunicaciones, mandó al personal a cubiertas
bajas y se quedó en su puesto de mando con el personal indispensable.
Sabía por el estado de mar y el impacto ya recibido que en cubiertas
bajas estarían mas protegidos y permaneció en su puesto de mando, el
puente, el lugar mas expuesto ya que el vuelo del misil tendría esa
altura. El segundo ataque, 40 minutos mas tarde destruyó el puente y
causó la muerte de Sergio y siete tripulantes. Su Segundo asumió el
mando y tras muchos esfuerzos consiguió llevar el buque a Puerto Deseado
sofocando incendios, con un timón improvisando en la emergencia y
guiándose por la dirección de las olas y la variación de la fuerza de la
señal de una pequeña radio portátil. La tripulación improvisó un palo,
sacó de su cofre e izó el pabellón de guerra. Reiteramos aquí como dijo
Julio Grosso al despedir sus restos “Permítenos sentir tu gloria como
nuestra” y agregamos, como gloria de todo el pueblo argentino para lo
cual es deber recordar su gesta. Como sucede con la gente de los Avisos,
la gesta de Sergio no ha recibido aún el merecido reconocimiento de la
Armada.
Esta síntesis relata algunas anécdotas de las tantas que he vivido en el
Aviso Irigoyen y otras que me han comentado. Pido disculpas a los que no
han sido nombrados por no recordar o conocer sus actividades. Poco antes
del cierre de este “Rumbo al puerto”, conversando con Randolfo, caímos
en la cuenta que faltaba desarrollar este tema, el de los Avisos con su
espíritu de buque, con el relato de algunas de sus actividades y con el
magnífico ejemplo de Sergio Gómez Roca, hombre de Avisos, que perseveró
en el cumplimiento de su misión y el de sus hombres que consiguieron
salvar el buque sobreponiéndose al infortunio y a la muerte de su
Comandante, con la tenacidad e ingenio propio de esas tripulaciones.

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