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FRANCISCO DE GURRUCHAGA A3 y COMANDANTE GENERAL IRIGOYEN A1 en Mar del Plata

 

Por Carlos Zavalla, Abril de 2020

Leyendo el foro recordé los años que serví en el querido Aviso ARA “Cte Gral IRIGOYEN” los años 1967 –con apostadero fijo en Ushuaia - siendo Tte de Corbeta y luego como 2do. Comandante en 1977 – con apostadero en Mar del PLata.. Cuando cumplimos 50 años de nuestro egreso de la Escuela Naval escribimos entre todos el “Rumbo al puerto” de nuestra promoción, la noventa; capítulos titulados “La 90 en...........” (cada uno de los tipos de actividades) Con el trabajo prácticamente finalizado, advertí avergonzado que faltaba un capìtulo: La 90 en los Avisos y me encargué del grato trabajo que me complazco en poner a disposición de Histarmar en el aniversario del ataque al Aviso ARA SOBRAL.
Son anécdotas de mis compañeros y un homenaje a nuestro querido compañero Sergio Gómez Roca, Comandante del Aviso ARA SOBRAL que murió en el puente de su buque en la Guerra de Malvinas.

Carlos A. Zavalla

 

 

Los Avisos son buques imprescindibles en todas las Armadas. Ellos cumplen las mas diversas funciones. Cuando no hay un buque especialmente diseñado para cumplir una tarea o misión se designa un Aviso. Por eso estos buques han sido escuela para los jóvenes oficiales y tenemos un dicho para calificar a los oficiales muy estructurados. La frase “a éste le falta Aviso” resume la falta de experiencia para enfrentar situaciones imprevistas con pocos medios, con gente poco especializada, a veces con algunos un tanto indisciplinados, pero en general muy marineros y con gran espíritu de buque. La Plana Mayor era casi una Plana Menor ya que la integraban un Teniente de Navío como Segundo, un Jefe de Máquinas que hacía sus primeras armas luego de la EPONA, un Teniente de Corbeta moderno y dos Michis. Con mal tiempo, el movimiento del buque hacía rendir tributo a Neptuno a la mayoría y el rancho lo improvisaban con espíritu solidario los que podían mantenerse en pié. Cubrir las guardias en esas circunstancias era cuestión de honor.

 

Las dotaciones y la fricción
Uno de los primeros en prestar servicio en esos buques fue Sergio Gómez Roca en el Aviso ARA “Comandante General IRIGOYEN” que tenía apostadero en Ushuaia y operaba en apoyo de la campaña antártica. En esos años, existía una Compañía de Disciplina a la cual se enviaban castigados a los marineros y Conscriptos de muy mala conducta. Vivían en la antigua cárcel de Ushuaia y la pasaban muy mal. Aquellos que, aunque lo merecían, no tenía cabida en la citada Compañía de Disciplina eran destinados al Irigoyen. En el Aviso estos indisciplinados se contagiaban del espíritu de buque y mejoraban su conducta.
Eran épocas de tensión con Chile por las Islas del Canal de Beagle. Poníamos en servicio la baliza del Islote Snipe y los chilenos la reemplazaban por una de su servicio hidrográfico. El Irigoyen se encargaba de estas tareas además de ir a fondear en Rada Picton, rechazar la nota de protesta de los chilenos o protestar cuando la que estaba fondeada era su lancha patrullera Ortiz. Al navegar por el canal Beagle se producían cruces con los chilenos a corta distancia, a veces con peligro de abordaje para demostrar cada uno que navegaba por aguas propias y en ocasiones, con la gente en los montajes cubriendo puestos de combate.



Una de vacas
Otro “michi” destinado a un Aviso fue Jimmy Barletta en el Chiriguano. El Comandante lo llamaba “el científico” porque se pasaba el día preparándose para ir a la facultad, lo que logró finalmente fruto de su perseverancia para estudiar a pesar del rolido y cabeceo. Estando de estación en Ushuaia en reemplazo del Irigoyen y como había vacas sueltas en los barrios militares y la pista de aeronaval, el Jefe de Base ordenó llevarlas a Isla de los Estados, tarea a cargo del Chiriguano con Jimmy como “vaquero de mar” que lingaba las vacas y las colgaba de la pluma para embarcarlas, repitiendo la maniobra inversa en la Bahía Flinders. El Juez acusó al Jefe de Base de cuatrerismo, por lo que durante algún tiempo, para evitar conflictos con la policía que tenía órden de detenerlo, se trasladaba en lancha desde su casa en la zona militar a la base. (1)

También Carlos Quintana prestó servicios en el “Chiriguano” y vivió algunos incidentes con las patrulleras y lanchas torpederas en el Beagle durante el período de estación en Ushuaia que cubrían esos buques mientras el Irigoyen hacía sus reparaciones en Buenos Aires.
Mas tarde el “Chiriguano” pasó a servir en la Capitanía de Puerto en la Base Naval de Puerto Belgrano y Raúl Laterrade, Teniente de Navío, fue su Comandante a Cargo.
Viejo Llano prestó servicios en 1966/7 en el Sanavirón como Jefe de Navegación y Operaciones. Destaca la solidaridad en los Avisos señalando que el que no se mareaba, ya fuera Conscripto o Comandante, se hacía cargo de la cocina.

 

Buscando petróleo
En nuestros años mozos había dos Avisos grandes, Irigoyen y Zapiola. Dos robustros ATF de fines de la Segunda Guerra Mundial, diseñados para sacar a remolque del campo de batalla a los buques averiados, con 1650 toneladas de desplazamiento y una formidable máquina de remolque, filaban 14 nudos. El Zapiola dependía del Servicio de Hidrografía Naval y hacía campañas de larga duración en mar abierto. Juan Carlos Castro fue designado Jefe de Navegación a fines de 1966 mientras el buque cumplía una campaña geofísica en el Golfo de San Jorge. Al Comandante le gustaba la pesca y autorizó a Cacho a bajar velocidad y pescar durante su guardia de 4 a 8, con un gran embudo que largaban con el tangón. Sacaban mucho pescado y la gente se levantaba para ayudar. Durante esa campaña se determinó la existencia de petróleo en el Golfo. En otra campaña midieron la corriente de coriolis frente a Mar del Plata. Fueron dos años de servicios en ese magnífico buque que se perdió en la Antártica al quedar montado sobre una gran roca navegando en un paso poco conocido.



El Grupo Cóndor y las pollas ponedoras
En 1966 fui destinado al Irigoyen como Jefe de Material Naval y Armamento. Sacábamos la lana de las estancias, llevábamos pobladores a distintos lugares y manteníamos el balizamiento. Recorríamos la zona para afirmar la soberanía en esas aguas en permanente disputa. El “Irigoyen” tenía su apostadero permanente en Ushuaia y durante el verano hacía el apoyo a la Campaña Antártica. Era el primer buque en llegar apoyando desde el Drake los vuelos glaciológicos, jugaba de perrito de los mandados durante toda la campaña y finalmente hacía la última recorrida retirando rezagados de las bases, cerrando y precintando los refugios usados durante el verano.
En Ushuaia había un tambo de la Marina que nos proveía de una docena de huevos por semana y la diversión era ir los miércoles al aterrizaje del DC-4 de la línea aeronaval para ver quienes llegaban. Algunas veces, cuando las nubes cubrían la zona, todos colaborábamos escuchando el ruido del DC-4 tratando de verlo en algún claro y allí, rápidamente el Jefe de la Estación Aeronaval, micrófono en mano desde la pista, lo dirigía para hacerlo penetrar. Caso contrario se destacaba a Río Grande a esperar mejores condiciones. La llegada de un buque de Transportes Navales brindaba la oportunidad de conseguir una horma de queso fresco, manjar muy apreciado pero de difícil obtención. Salvo esas dos “delicatessen” el menú consistía en víveres secos, cholgas hasta que nos hartamos de comerlas y espantosos ¡ ravioles en lata !
Las reparaciones anuales del buque se hacían en Buenos Aires, en el Arsenal Naval de Dársena Norte. En una hábil maniobra, nuestro comandante, cuyo nombre coincidía con el del buque (CC Carlos Lorenzo Irigoyen, hoy Vicecomodoro del YCA) conocedor como submarinista de las posibilidades de la Base Naval hizo una escala en Mar del Plata para desembarcar allí la munición porque debíamos entrar a dique seco con las santabárbaras vacías. Dos días en “Conga”, indicativo de la base, no venían nada mal luego meses en Ushuaia.
Al finalizar las reparaciones hicimos nuestra escala en Mar del Plata para embarcar
la munición. Como Jefe de Material Naval tenía la responsabilidad de la carga que consistía en innumerables latas de pintura, una chata de madera, miles de cacharros diversos y nada menos que docientas pollas ponedoras raza Leghorn. Asigné prioridades; pintura, embarcaciones y cacharros, bien trincados en cubierta. Las pollas en la bodega 3, la mas estable, con un cuidadoso procedimiento de alimentación, ventilación y limpieza diaria de enjaretados. En Mar del Plata improvisé un buen gallinero para que las blancas pollitas tuvieran su esparcimiento, picotearan un poco de pasto y juntaran fuerzas para las duras condiciones de mar que nos esperaban. Hasta allí ninguna baja.
Ya rumbo a Ushuaia, veníamos bastante bien, sin bajas pese al movimiento de rolido y cabeceo del “Irigoyen” cuando nos enteramos del secuestro del avión de Aerolíneas por parte del Grupo “Condor” y su aterrizaje en Malvinas. Tuve un mal presagio, estábamos a tres días de Ushuaia, los mas duros en cuanto a condiciones de mar cuando dos Leghorn pasaron a terapia intensiva y las perdimos. Fue muy triste, calculé que tendríamos mas bajas cuando recibimos el despacho que nos ordenaba permanecer en zona para apoyar el regreso al continente del avión secuestrado. Como se demoró el regreso nos fuimos a la Isla de los Estados, bien adentro de San Juan de Salvamento y ¡GALLINAS A CUBIERTA!, a tomar sol y aire, a reponerse y esperar. Allí estuvimos desde el 29 de septiembre hasta el 6 de octubre cuando nos destacamos al Norte a nuestra estación de apoyo entre Malvinas y Río Gallegos. El 8 de octubre seguimos por la frecuencia de control de aviones el despegue del DC-4 de Aerolíneas y poco después de las felicitaciones de Ezeiza, muy emocionados felicitamos a la tripulación del avión, ante la sorpresa de Ezeiza que preguntó ¿quien es el Aviso Irigoyen? Es así, los Avisos casi nunca tienen un reconocimiento por sus acciones. Llegamos a Ushuaia con nuestra valiosa carga de 198 pollas ponedoras, bien amarineradas, con un fuerte espíritu de Aviso, que harían las delicias de una docena de huevos por semana para cada familia de allí en adelante.



Las tradiciones y los pingüinos
En toda profesión hay tradiciones que se van aprendiendo a lo largo de la misma. Recuerdo mi primera campaña antártica a bordo del Irigoyen. Iniciábamos las tareas acondicionando los destacamentos y refugios que habían permanecido cerrados durante la invernada. Fui al Destacamento Tte. Cámara en la lancha grande (cariñosamente llamada “La Tarta”) y al regresar a bordo, pese al cansancio, advertí un ambiente jocoso entre los marineros que me llamó la atención. Pensé que habrían realizado alguna picardía.
Efectivamente, habían embarcado unos pingüinos escondidos en cajones. Neófito antártico, bisoño en las cosas del mar y sus tradiciones, no di importancia al asunto y me sumé al almuerzo que compartíamos con el Comandante en la cámara de oficiales.
Al comentar la picardía de los marineros, el Comandante puso el grito en el cielo y ordenó tirar de inmediato los pingüinos al agua. Abruptamente interrumpido el almuerzo, salimos todos precipitadamente a cumplir la orden que se ejecutó en poco menos de cinco minutos. Fui severamente reprendido, se me explicó enfáticamente que los pingüinos a bordo (en cualquiera de sus formas; animal, muñeco, adorno, disfraz, jarra para vino, etc.) traen mala suerte y provocan desgracias. Pasamos varios días de vigilia en máxima alerta y ante cualquier problema menor que sucedía abordo sentía sobre mí las miradas y el callado reproche de los demás oficiales. Aprendí la lección y la enseñanza se fue reforzando a lo largo de mi carrera con el conocimiento de muchos casos que justificaban la reacción rápida y el enojo del Comandante.
A propósito, en su última campaña, el IRIZAR tenía una enorme mascota de ¡¡UN PINGÜINO !! , de dos metros de alto, disfraz con el que se vestía un cabo y participaba en todas las ceremonias y formaciones, Todo el mundo se sacaban fotos con la mascota. Espero que el disfraz del pingüino se haya quemado en el incendio y así agotado su “flujo” y sus restos se hayan retirado rápidamente del buque. Algunas tradiciones y enseñanzas han caído en el olvido y eso, en el mar, se paga caro.



Tomando recaudos
Un suboficial tripulante del Irigoyen, cuando era cabo fue el único sobreviviente de la dotación del Aviso Guaraní que se hundió en La Hoya prestando apoyo a un vuelo a la Antártida. Se salvó porque estaba internado en el Hospital y no embarcó. En todas nuestras zarpadas, el Comandante llamaba a este suboficial al puente y recién entonces ordenaba sacar planchada y soltar amarras. Una vez alejados del muelle autorizaba al suboficial a retirarse del puente.



Algo mas que fricción
En el querido Aviso Irigoyen me relevó en 1967, Jorge Marín , futuro artillero. Ese año entró en erupción el volcán de la isla Decepción y el Irigoyen se destacó a recuperar al personal del Destacamento Naval cuyo Jefe era el Gaucho Domenech
La situación con Chile era bastante tensa y durante un ejercicio de defensa de la base, una lancha torpedera chilena entró a la bahía por el Paso Chico. Se le ordenó al Irigoyen abrir fuego intimidatorio a proa de la lancha con las Boffords 40/60. El Flaco tiró una ráfaga bien apuntada, dos esloras a proa y vio con preocupación varios piques cortos, rebotes y proyectiles que pasaban exactamente sobre la lancha mientras varios mas estaban aun en vuelo. Todavía no se explica como no le pegaron. Fue su bautismo de fuego.
Luego fue 2do Comandante del Aviso YAMANA, que era un Aviso de la Flota de Mar con estación en Puerto Belgrano. El mismo año, 1972, Rolfi Hasenbalg fue segundo del Aviso Sanavirón. Navegaban con la Flota, hacían misiones de apoyo en los fondeaderos, guardia a cuatro horas de aviso como buques de salvamento y la estación en Ushuaia.
En 1982, Jorge Marín fue Comandante del Aviso Irigoyen y participó de la Guerra de Malvinas como integrante de la FT 50 de Búsqueda y Rescate. Tenía apostadero en Mar del Plata, en realidad apostadero virtual, porque zarparon el 3 de enero y recién volvieron a Mar del Plata el 21 de septiembre para volver a zarpar al día siguiente. Entre las tantas tareas realizadas, llevaron a la Isla de los Estados a una antropóloga francesa llamada Anne Chapman, que buscaba elementos de juicio para demostrar que los indios del archipiélago del Cabo de Hornos navegaban a través del Le Maire hasta la Bahía de Crossley, teoría que demostró y publicó con el agradecimiento al Irigoyen y su Comandante.



Un remolque con precauciones
Luis Morgante fue Jefe de Máquinas del Irigoyen como Teniente de Fragata en 1971 y le tocó remolcar al Dique Flotante Y1 desde Ushuaia hasta Puerto Belgrano. La navegación fue interminable, colmada de vivencias y episodios que no tendrían nada que envidiar a la historia de la Plana Mayor del famoso Destructor Caine de la Segunda Guerra ( “El motín del Caine”). Fueron tantas las dudas y temores para pasar el Le Maire que permanecieron varios días haciendo "circuito hipódromo" en las proximidades. Es comprensible, los indios cruzaban el Le Maire en canoas, pero nunca remolcando el Dique Flotante Y1. Luego ocurrió lo mismo antes de cruzar el San Jorge, para rematarla en el trayecto Boya Faro - Reservado. Luis guarda un gran recuerdo de su Segundo Comandante, el Teniente De Pirro con quien pensaron escribir un libro.
Luego Luisito fue Comandante del Balizador San Julián en 1977 con el grado de Teniente de Navío. Fue una buena experiencia, porque el buque estaba medio desarmado y había que poner en condiciones el canal con casi todas las boyas apagadas y mucho tráfico mercante debido a una cosecha extraordinaria.
Luis cambió boyas como nadie y debe ser quien más navegó en la ría.



Canje de servicios
En 1976, Viejo Llano fue Segundo Comandante del Aviso Somellera. Llegados a Ushuaia a cubrir la estación, advirtió que dos cabos desembarcaban con cajas de herramientas. Desconfiado y buscafatos, comenzó el interrogatorio de rigor. Le explicaron que se trataba de una colaboración, … o apoyo a la comunidad, ya que la Coca que regenteaba “la Escuelita” no tenía medios, …que en fin “la escuelita” estaba falta de mantenimiento, ….que había que reparar cosas y como ellos estaban cortos de plata hacían los trabajos por canje de servicios, es decir, servicios de “mantenimiento” por servicios “educativos” a cargo de las pupilas de la Coca.


 


Remolcando el blanco
Ese año 76, Quique Ballerini estaba en Servicios Marítimos formando un fuerte trío con el Capitán Goñi y Covas. Era Comandante a Cargo del Sanavirón que se usaba como remolque de blancos para los tiros de la Flota en el Rincón. Para el tiro final del año zarpó con mar bastante picado y en la boya 04 se fue a descansar dejando al Michi a cargo una vez que cayó al rumbo Sur. Dos horas después al volver al puente el Michi le informó que se habían roto los pernos de dos telones que se fueron de garufa. Avisó al Buque Insignia la novedad por F5C1 y escuchó preocupado el debate por dicho canal de los mas famosos artilleros del momento debatiendo sobre la posibilidad de hacer o no un tiro ficticio, sobre si se veía o no el blanco, etc . etc. Finalmente se hizo el tiro como estaba planeado cuando Quique, lo mas suelto de cuerpo le respondió al Almirante que necesitaba tres días mínimo para reparar el tren del blanco. Quique se quedó luego corriendo los telones perdidos y entró a los cuatro días casi sin comida con el único consuelo de pensar que los de la Oficina de Análisis de Armas pasarían varios días tratando de reconstruir el tiro.



Otra de balizas
Como todos los que hemos prestado servicios en Avisos, siento un gran cariño por el Irigoyen, buque del que fui Segundo Comandante en 1977. Teníamos apostadero en Mar del Plata y nos convertimos en un eficiente recuperador de torpedos. Nos destacamos a Ushuaia a cubrir la estación, ahora rotatoria entre Avisos. En esos años la tensión con Chile había pasado del islote Snipe a una baliza puesta por nosotros en la isla Barnebelt que los chilenos destruían o apagaban frecuentemente. En una de la patrullas advertimos que la baliza estaba apagada y al amanecer largamos un bote armado a cargo del Michi Gallardo, tripulado con buzos tácticos que nos habían mandado “en comisión” por una falta de disciplina cometida en su destino. El Irigoyen seguía nutriéndose con gente indisciplinada. Pedí directivas al Comandante para instruir a Gallardo. Las “reglas de empeñamiento” al Michi no fueron muy claras: “ponga en servicio la baliza y si hay chilenos aplique criterio”. Antes de ordenarle partir asumí la responsabilidad de decirle lo que pensaba y como debía obrar en la emergencia. Tenía mucha confianza en Gallardo. Tras varias horas de tensión, porque no sabíamos con que se podrían encontrar; sin posibilidad de comunicarnos con los deficientes equipos de la época y fuera de nuestro campo visual, regresaron a bordo con la tarea cumplida. Mas tarde, con esos buzos tácticos y los de la estación de Salvamento de Ushuaia, reparamos la tubería sumergida de las boyas de carga de combustible en San Sebastián, tarea en la que habían fracasado dos empresas de buceo.



Sergio en el Sobral
Sergio Gomez Roca fue designado Comandante del Aviso Sobral en 1982 y cayó en el puente de mando de su buque durante la guerra de Malvinas. Destacado en misión de rescate de dos tripulantes del avión Canberra B-110 abatido por los británicos el 1º de mayo, Sergio se internó profundamente en la zona de exclusión. Continuó con su misión de salvamento una vez conocido el ataque al Crucero General Belgrano y alertado sobre la presencia de un fuerte Grupo de Tareas británico a solo 100 millas de su posición. Sergio era plenamente conciente del peligro que corría y mostró una gran serenidad y determinación en sus decisiones. Cuando recibió el primer ataque de un misil que destruyó la lancha y dejó al buque sin comunicaciones, mandó al personal a cubiertas bajas y se quedó en su puesto de mando con el personal indispensable. Sabía por el estado de mar y el impacto ya recibido que en cubiertas bajas estarían mas protegidos y permaneció en su puesto de mando, el puente, el lugar mas expuesto ya que el vuelo del misil tendría esa altura. El segundo ataque, 40 minutos mas tarde destruyó el puente y causó la muerte de Sergio y siete tripulantes. Su Segundo asumió el mando y tras muchos esfuerzos consiguió llevar el buque a Puerto Deseado sofocando incendios, con un timón improvisando en la emergencia y guiándose por la dirección de las olas y la variación de la fuerza de la señal de una pequeña radio portátil. La tripulación improvisó un palo, sacó de su cofre e izó el pabellón de guerra. Reiteramos aquí como dijo Julio Grosso al despedir sus restos “Permítenos sentir tu gloria como nuestra” y agregamos, como gloria de todo el pueblo argentino para lo cual es deber recordar su gesta. Como sucede con la gente de los Avisos, la gesta de Sergio no ha recibido aún el merecido reconocimiento de la Armada.

Esta síntesis relata algunas anécdotas de las tantas que he vivido en el Aviso Irigoyen y otras que me han comentado. Pido disculpas a los que no han sido nombrados por no recordar o conocer sus actividades. Poco antes del cierre de este “Rumbo al puerto”, conversando con Randolfo, caímos en la cuenta que faltaba desarrollar este tema, el de los Avisos con su espíritu de buque, con el relato de algunas de sus actividades y con el magnífico ejemplo de Sergio Gómez Roca, hombre de Avisos, que perseveró en el cumplimiento de su misión y el de sus hombres que consiguieron salvar el buque sobreponiéndose al infortunio y a la muerte de su Comandante, con la tenacidad e ingenio propio de esas tripulaciones.



 

 

 

1. Tendría un montón para agregar. Las vacas eran para Carlos Loncharich que había arrendado la Isla de los Estados. Murio hace poco. Fue el Chofer de Ernesto Campos. - Carlos Vairo

Las vacas a que me refiero en la anécdota andaban sueltas comiendo la ropa tendida y vagando por la pista. Como eran un peligro, despues de varias advertencias el jefe de la Base ordenó llevarlas a la Isla de los Estados. El problema fue traerlas despues, pero esa historia no la conozco. Cuando fui 2do en 1977 le habían permitido a Nemesio Menéndez (creo) llevar ganado a la isla. Fuimos con él a ver como estaban – no vimos ninguna- pero me contaron que se habian vuelto medio salvajes ( ???? No se). En la caleta Policarpo había mucha lana tambien de Nemesio Menendez porque durante muchos años nadie la sacaba, un lugar muy complicado. Ese año nos mandaron a hacer ese trabajo pendiente porque don Nemesio me parece que era el intendente. Fue terrible, mas de 200 fardos, en un galpon, con una EDPV esperabamos afuera de la caleta, los marineros volvieron con sarna y embarcar la EDPV fondeados proa a la corriente, con onda del través fue imposible, la EDPV colgada del gancho se volvía incontrolable y lo hicimos navegando para poder bajar el rolido.
A Carlitos Loncharich y sus hermanas las conocí bastante bien. Cuando murieron sus padres, Campos y familia se hicieron cargo de ellos. Buena gente, una vida complicada de pioneros. Carlitos vivió muchos años en Italia y allí lo vimos en 1971 en un viaje de instrucción en el Crucero La Argentina con los Llano. - Carlos Zavalla

Entonces eran otras vacas
Traer de vuelta fue imposible dado que se asilvestraron y atacaban al hombre.
Claro Nemesio y Carlos Loncharich eran socios. Llevaron hasta frutales, ovejas (las que están ahora son sus descendientes No son las de Piedra Buena. Luis las largo en islotes de las Islas de Año Nuevo para poder agarrarlas luego. Cosa que hizo durante años. Tambien sus encargados (Gardiner) .
Que divertido el operativo de la “lana”. Tenes una buena cantidad de anécdotas. Si las de Policarpo son un peligro. Siempre voy armado y sin comida dado que hay muchas para cazar y sino alguna potranca. Seguido la última vuelta fue en 2015
Pero ojo, son de embestir. Las vacas de la Isla de los Estados tuvieron mucho problemas con los turbales y murieron solas casi todas. En Bahía Crossley mataron las últimas por el 84 aprox. - Carlos Vairo

Navegue en todos los avisos para recuperar el faro, encontrar la Casilla de Eyroa, la de Piedra Buena, También su naufragio en Franklyn (Goleta Nancy) y el astillero donde construyó el Luisito. Policarpo,Thetis, Sloggett , Aguirre, y etc etc.
Que gran colaboración que nos dieron para el Museo. También trajimos los restos del Faro de San Juan de Salvamento. Si entran en el Face del Museo pueden ver un video de 1 minuto con los helicópteros del Irizar haciendo el trabajo con los chinguillos.
Menem lo había regalado a Francia así que nos apuramos y lo armamos en el Museo.
Embarcados los ayudábamos a bajar los tubos de gas con los botes en Buen Suceso y Parry. Operación nada fácil en Buen Suceso dado que nos dabamos vuelta en la rompiente. Allí encontramos el Cuter Patagones y la casa de Fique. (sobre el río lado sur de la bahía). Mil historias mas. - Carlos Vairo


 

 

 

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