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Excursiones por Guipúzcoa - Misa a bordo el 25 de Mayo -En otros puertos europeos

ITINERARIO:
Zarpó el 1 5 de marzo de 1925 y regresó el 4 de
marzo de 1926. Buenos Aires - Mar del Plata - Madryn -
Puerto Belgrano • Bahía - La Guayra - Guantánamo - New York
- Boston - Bermudas - Boulogne Sur Mer - Burdeos - San
Sebastián - Birkenhead - Buenos Aires. Navegó 15.580 millas.
LISTA DE JEFES, OFICIALES Y SUBOFICIALES
Comandante: Capitán de Fragata Francisco Stewart; 2."
Comandante: Capitán de Fragata Domingo Casamayor; Teniente
de Navio Francisco R. Renta; Tenientes de Fragata: Juan C.
Rosas, Héctor R. Ratto, Juan D. Secco, Carlos Saravia,
Enrique Pinero, Aquiles R. Magnoni; Alféreces de Navio:
Adolfo J. Cánepa, Miguel J. Giudice, Ingeniero Maquinista de
1.a; LuisJ. Pertusio; Ingenieros Maquinistas del.tt.-Ramón
Vera, Republicano Marino; Cirujano de l.*: Reynaldo J.
Urcelay; Contador de 1.a: Luís A. Chac; Auxiliar Contador:
Eduardo Falaouerra; Capellán: Dionisio R. Napal;
Aspirantes
a Guardiamarinas del Curso de Aplicación: Arturo H. Ballester, Luis Bello, Lorenzo M. Buasso, Ramón Casanova,
Juan C. Cayró, Carlos M. Cabello, Pedro Cases, Víctor M. Z.
Cirelli, Ignacio C. Chamorro, Roberto Fatni, Heriberto J.
Gambirassi, Benjamín B. Gargiudo, Alfredo Lavalle, Lorenzo
Mukuzábal, Aníbal O. Olivieri, Donato A. Saravia, Luis O.
Strada, Remo J. Tozzini ; Cuerpo de Ingenieros: Aspirantes
del Curso de Aplicación de Ingenieros: Carlos A. Barros,
Enrique Bonetti, Julio C. Coto, Antonio Domínguez, Bernardo
P. Denay, Américo A. Doglia, José M. Esquibel, José M.
Gantzer, Arturo Genole, Pedro Mixndiola, Blas Massimino,
Aníbal C. Pérez Martínez, Óscar P. Penzi, Rodolfo M.
Pourrain, Julio Quinteiro, Arturo V. Sívori, Francisco
Schiaffino, Anselmo J. Valle, Sub-oficial 2." de Mar:Jv\v¡
F. Bulacio; Sub-oficial Maquinista Principal: Alejandro
Casalmorto; Sub-oficial Maquinista de 2.a; Marcos M. Russo;
Sub-oficiales Maquinistas de 2.a; Enrique Battisti, Alfredo
Pagani; Sub-oficial Electricista de 2.a: Américo Allione;
Sub-ofkiales Furrieles de 2.a: Alberto C. Farías, Joaquín
Sf.queira Costa; Maestro de Banda de 1.a: José Segura.

Cadetes
formando fila para salir franco, en San Sebastian el
25-8-1925
CONSCRIPTOS
Albarracín Ramón, Altamiranda Federico, Andrada Epifanio,
Broselasco Felipe, Bianchini Eugenio, Berrendo Pedro, Gaiafa
Nicolás. Docock Carlos L, Frino Juan, García Santos, Garro
Juan B., Galdame Arturo, Giménez Zacarías, Lozano Miguel,
Leiva Ignacio, Le-desma Maximiano, Murphy José, Muñoz José,
Ortiz Urbano, Puchul Miguel, Pacheco Sixto, Ruggiatti
Erasmo, Rojas Pedro, Rosich Carlos, Spanoli Santiago,
Sepúlveda Bartolomé, Silva Eudoro, Silvero Pedro, Traverso
Ricardo, Torres Pablo, Vázquez Hipólito Juan, Barrera
Lorenzo J., Céliz Juan F., Godoy José M., González José,
Puebla Félix, Rebisso Francisco J., Tiese Leandro,
Cafferatta Vicente, Aguirre José, Cruz Gregorio, Díaz
Segundo, Ferreyra Francisco, Fernández José C, Fuentes Abdón
D., Grassi Martín, Gutiérrez Agustín, Gómez Simeón, Kennedy
Snipe Lorenzo, ¡Moyano Ramón I., Monetta Guiilíermo, Schiavo
Vicente, Salas Domingo, Tarabella Félix E., Tossolini
Victorio, Toledo Juan R., Villaseca Agustín, Vázquez
Gregorio, Calvi Alberto, Traverso Ángel P., Andreachio
Humberto, Bianchi Osear José, Leyden Carlos, Correa Justo
Pastor, Di Marco Nicolás, Russo Andrés C, Venturino Ángel,
Luna Juan G., Gauto Claudio, Gómez Eleno, Giménez José A.,
Martínez Santos, Méndez Nicolás, Bussatto Juan B., Díaz
Julián, Ferrí Ramón, Gómez José, Gómez Manuel de Jesús,
González Candelario, Ortega Fabián, Ravanal Francisco,
Rodríguez Ramón, Anachuri Zoilo, Di Cario Domingo, Domínguez
Bruno, Ervctta Victorio, Herrera Marcelino, Insúa Acacio
Marcelino, James Alberto J., Putkkamer Osear Pablo, Rosendo
Eduardo, Raimundo Miguel, Silva Ernesto, San-tillan Arturo,
Tassara Juan J. N, Tartarín Juan, Villalba Pedro H., Zanetti
Juan A. R.
MAR DEL PLATA Y OTROS PUERTOS DEL SUR
La "Sarmiento" partió de la Dársena Norte, para realizar el
2 5° viaje de instrucción de los aspirantes, el 15 de marzo
de 1925, al mando del capitán de fragata D. Francisco
Stewart. El 17 llegó la fragata a Mar del Plata. Al día
siguiente el capellán del buque, Monseñor Dionisio R. Napal,
ofició una misa a bordo y pronunció una oración religiosa. A
la noche, D. José Luis Bustamante y su señora esposa
ofrecieron una comida en el Club Mar del Plata a los marinos
de la "Sarmiento". Los jefes y oficiales de la fragata y los
del guardacosta "Almirante Brown", ocuparon mesas en el
comedor del Club acompañados de las damas más distinguidas
que hacían su temporada balnearia. También hubo fiestas en
el Ocean Club, en el Golf y en otros sitios de atracciones
de la playa.
Reproducimos a continuación uno de los bellos capítulos del
libro de Monseñor Dionisio R. Napal, titulado "Visiones y
Recuerdos del Camino", que se refiere a este viaje.
"Dejamos Mar del Plata en una tarde radiante de sol. Eli
viento es propicio. Se cazan las velas, vibra el cordaje,
palpitan con fuerte gualdrapeo los paños que, una vez
inflados, impelen con energía a la mole flotante. En poco
tiempo, sin desviarse de su rumbo, la fragata se pone a un
largo. Y como la brisa atlántica persiste, entramos en la
noche con el velamen desplegado, habiéndose únicamente recogido el aparejo
en el palo de mesana.
El barco se estremece y adelanta con buena velocidad. Hace
más millas de las que se habían calculado, de acuerdo a su
despacioso andar habitual. La rapidez no impide, sin
embargo, que se mueva bastante. Desde el puente se puede
apreciar muy bien el remontarse y descender de la proa. Pero
estas agitaciones no incomodan mayormente; pasan en cierto
modo inadvertidas, pues habituados a los desniveles del piso
y las oscilaciones de babor a estribor, ya no
experimentamos, como ai principio, la asfixiante sensación
del vacio.
La fragata es un organismo viviente y nervioso, que se
somete con docilidad a la mano experta que lo conduce. Su
alma vive más en los mástiles que en el interno mecanismo de
acero, a pesar de que el rumor acompasado de las máquinas
resuena en sus entrañas como el martilleo característico de
un corazón.
A los buques modernos les falta el encanto propio de los
veleros. Los trasatlánticos, más que navios son castillos de
monstruosa enormidad y de lujo desmedido, que se trasladan
de una parte a otra por el océano, pudiendo sus ocupantes
pasar días enteros sin advertir que el hotel en que viven
tiene su quilla sobre el abismo. En cambio la expedición a
vela hace participar al hombre de sus riesgos y vaivenes, templa el carácter y disciplina el esfuerzo
frente a la infinita soledad del cielo y del mar. ¡Cómo no
evocar las correrías de los nautas osados, valientes y
ambiciosos de antaño! Galeones, carabelas, corbetas y
fragatas de pocas toneladas, por espacio de siglos
merecieron la gloria de figurar en leyendas populares de
heroísmo, a hase de aventuras temerarias, de exploraciones
de corso, de cruceros hazañosos, de abordajes estupendos.
"De la negrura de la sombra que nos envuelve vienen las
ondas que baten los flancos de la nave, deshaciéndose en
espumas. No hay más luces que las establecidas para señalar
la posición y la marcha del buque y las que se escapan de la
casilla de navegación. El silencio sólo es interrumpido por el esquilón
del puente que marca el paso de cada media hora, con un son
que se pierde en el misterio. La tripulación duerme con
sueño profundo, definitivo, sin intermitencias, como reposo
bien ganado. Arriba el inmenso palio está punteado de
diamantes. La Cruz del sur con sus brazos siempre abiertos,
la polvareda brillante de la Vía /láctea, la inefable
claridad de Sirio, Centauro y mil otras constelaciones, por
modo mágico rozan con impalpables hálitos nuestros pensares
y recuerdos que se despiertan y revolotean.
La nave sigue avanzando y con la punta de sus palos parece
desgarrar el ciclo y tocar las estrellas.
"Voy al puente. Allí está la oficialidad de guardia, que
gobierna el barco, dirige y rectifica su rumbo, siguiendo el
camino fijado en la carta por el jefe de derrota. Durante
las cuatro horas que dura su obligación resulta, de hecho,
el comandante efectivo. Cuida la vida del buque, la de los
tripulantes, y por encima de estas responsabilidades
custodia el honor de h patria, representado por la cascara
flotante que rasga las olas con el filo de proa.

Ejercicios prácticos a bordo
"Es mozo joven, de afilado perfil y buena talla. Conversa
con lento hablar. Su palabra pausada gana en exactitud lo
que pierde en celeridad. Ama su carrera y,
consiguientemente, cultiva la conciencia de su
responsabilidad. Lleno de esperanza y de ensueños sabe
olvidar oportunamente el deslumbrante espejismo que la vida
le finge, para cumplir con rigor, de la mejor manera
posible, su deber.
"Al otro día con el aparejo del trinquete y del mayor,
navegamos a once millas por hora. El sol rompe la neblina y
llena el cielo de claridad, transformando las nubes en gasas
de nieve.
"Sobre la toldilla, con las manos en los bolsillos y a paso
airoso, pasea el comandante. Alto y delgado.
de perfil netamente británico, de cutis bermejo un tanto
obscurecido por la pátina del sol y del viento, sólo le
falta la pipa humeante para guardar exacta semejanza con
alguna de esas figuras clásicas de capitanes, que las
estampas inglesas han popularizado. "Después del saludo, la
conversación toca ligeramente diversos puntos, hasta
detenerse en un tema atrayentc para cualquier marino de la
hora actual: la labor hidrográfica llevada a cabo por las
expediciones navales argentinas. Ahora no se avanza por el
mar, recorriendo las costas patagónicas, como hace treinta
años con cartas inglesas y francesas, sino con cartas
nacionales de navegación. Como obra científica y paciente de
la Armada ahí están las cartas, el derrotero, el libro de
faros y señales, y las tablas de mareas. El litoral hasta
Tierra del Fuego queda reconocido totalmente. Aparte de los
trabajos que sobre puntos aislados efectuaron en el pasado
siglo miembros de la institución, los relevamientos
hidrográficos a que nos referimos representan veinticinco
años de labor continuada, prolija y metódica.
¡Cuántas
penurias han ceñido que sobrellevar con generosa valentía
los jóvenes oficiales de la Amada! Sólo quien tenga algún conocimiento del asunto es
capaz de imaginarse lo que supone el estudio puntual de la
extensión costera con sus accidentes y propiedades, de la
profundidad de las aguas y canales, de los bajíos, de los
golfos, bahías y ensenadas, de las mareas, de las
rompientes, de los puntos de referencia, etc. El día que un
artista refleje en páginas cautivantes por el estilo y el
colorido, la penosa y abnegada vida de los marinos de guerra
en los mares australes, en prolongadas estadías, de meses y
hasta de años, luchando con el frío, alguna vez con el
hambre, y sobre todo con la soledad de la tierra, frente a
la soledad del mar, entonces el alto aprecio que la sociedad
les dispensa se acrecerá todavía, porque junto al conquistado rango de científicos,
exhibirán la merecida calificación de austeros en el trabajo
y estoicos en el sufrir.
"Desde el teniente Martín Rivadavia que iniciara, por
decirlo así, sin elementos adecuados, el reconocimiento de
la bahía de San Blas, allá por el 1882, hasta los
contemporáneos (Sáenz Valiente, Fliess, Cánepa, Caillet Bois,
Monti, Stewart), puede afirmarse que todos los oficiales,
casi sin excepción, han colaborado en esta obra grande y
meritoria que redunda en utilidad y en honor de la nación.
"Constituye asimismo un motivo de legítimo orgullo el hecho
de que la Armada no haya contratado nunca peritos civiles
para esta clase de tareas. No ha sido necesario tampoco
formar grupos de técnicos, dentro de la misma, porque sus
miembros, sin excepción, están habilitados para expedirse
con eficiencia
de expertos, según lo ha comprobado en forma brillante la
experiencia.
"Suena el gon. Por la escala de popa desaparece el blanco
uniforme del jefe. Yo me encamino a la cámara, donde la
discreta algazara de la oficialidad, que comenta con
entusiasmo pequeños episodios de la jornada, demuestra la
aceptación de la receta que aconseja, para la conservación
del bienestar físico y moral, abundante acopio de sana
alegría".
RECEPCIÓN EN CARACAS
El 24 de marzo la fragata ancló en Golfo Nuevo. Después de
una excursión a Trelew y Rawson, la "Sarmiento" salió para
Puerto Belgrano, de donde
emprendió viaje para Bahía. Al salir de este puerto el barco
fué sorprendido por un temporal, que con algunos intervalos
tuvo una duración de diez días.

El Embajador Pueyrredón y el Almirante Irízar recibidos a
bordo del "Rivadavia" por los capitanes Fliess y Morixe el 9
de julio
El 15 de mayo fué cruzada la línea ecuatorial, realizándose
con ese motivo las ceremonias que son de práctica y que
fueron celebradas en esa ocasión con justificada animación
después del mal tiempo que se había soportado durante tantos
días.
Navegando en alta mar se festejo el 2 5 de mayo a bordo. La
fragata amaneció engalanada y arreglada especialmente para
realizar los diversos actos rememorativos. Las salvas de
artillería iniciaron los festejos, el saludo al pabellón se
efectuó con patriótico recogimiento. Después vino la misa a
la que asiste toda la tripulación. Las notas del Himno
Nacional, coreadas por los tripulantes conmueven hasta lo
más hondo del alma. La alocución patriótica del capellán entusiasma y retempla el espíritu. Todas las ceremonias,
emocionantes por su misma sencillez, se realizan bajo un sol
espléndido, que pareciera haberse querido asociar a la
celebración.
Poco después la "Sarmiento" llega a La Guayra. Al día
siguiente de haber amarrado los marinos argentinos se
dirigen en tren a Caracas. La recepción que tributaron a los
marinos de la fragata las autoridades y la sociedad de
Caracas fué cordialísima. En la Legación Argentina el
Ministro, Dr. Eduardo Labougle y su señora, D* Susana
Pearson, ofrecieron una recepción que resultó un acto social
muy brillante. Los jefes, oficiales y cadetes rindieron un
homenaje a Bolívar, depositando una corona de flores
naturales en el mausoleo que guarda los restos del
Libertador de América* El capellán Napal pronunció una
elocuente alocución y luego la banda de música militar
venezolana tocó el Himno Argentino. En Cuba los marinos
argentinos fueron objeto de varios agasajos.
EN ESTADOS UNIDOS
De Cuba se pasó a Nueva York, y en la desembocadura del
Hudson la "Sarmiento" hizo el saludo protocolar a la plaza.
Durante la estada en este puerto los aspirantes visitaron
las siguientes fábricas y arsenales: 25 de junio, la Casa
Sperrey, en Brooklyn; 26, Arsenal Naval de Brooklyn; 27,
Casa Bliss Company de Brooklyn; 29, Polígono de Torpedos de
la Casa Bliys en Sag Harbour. El día 3 0 fueron recibidos
los cadetes en la base naval de New London y en la Compañía
eléctrica Boat y Co. El 2 de julio fueron visitadas las
baterías de defensa de New York. Los días 8, 9, 10, 11 y 12,
los guardiamarinas visitaron los acorazadas "Moreno" y
"Rivadavia", en los astilleros en donde se realizaban las
modificaciones que tienen actualmente. El día 13 los
aspirantes visitaron la ciudad de Boston.
En Quincy (Massachusetts), se ofició una misa a bordo a la
que concurrieron además de los oficiales de la "Sarmiento",
los jefes y oficiales y sus respectivas familias de los
acorazadas "Moreno" y "Riva-davia". El encuentro en tierra
extranjera de varios camaradas produjo en los marinos de la
"Sarmiento" una gran alegría, que se tradujo en una reunión
cordial en la que se habló casi exclusivamente de la patria
lejana.
El 15 de julio la fragata zarpó para las islas Bermudas a
donde llegó el 21 dándose franco al personal ese día y el
siguiente, que fueron aprovechados para visitar la ciudad y
el puerto.
HOMENAJE AL GENERAL SAN MARTIN
El 8 de agosto la "Sarmiento" llegó a Boulogne sur Mer, en
donde se realizó un homenaje al General San Martín. Los
cadetes desembarcaron juntamente con varias compañías de
marineros y se dirigieron al monumento erigido en dicha
ciudad, siendo a su paso saludados y aplaudidos por la
población que se había estacionado en las calles para
presenciar la entrada de las tropas argentinas. El
comandante, acompañado de los jefes y oficiales de la misión
militar argentina en Francia presidieron la ceremonia que
fué presenciada por numerosas familias argentinas. Dos
guardia-marinas depositaron una corona de flores en el
monumento y otra el representante consular del Perú en
Boulogne. Después de haber sido tocado el Himno Nacional
Argentino y la Marsellesa, pronunciaron discursos el
Intendente de Boulogne, el Presidente de la Asociación de
Veteranos, el Cónsul del Perú y el Embajador Argentino. El
11 de agosto los aspirantes se trasladaron a París
acompañados por el jefe de estudios.
En la Capital de Francia los marinos argentinos realizaron
diversas visitas a lugares importantes e históricos de la
ciudad.
Fueron recibidos por el Ministro de Marina de Francia, Mr. Chaume], quien les concedió una audiencia
especial, manteniendo con el comandante una cordial
conversación que versó sobre el viaje que realizaba la
"Sarmiento" y acerca del desenvolvimiento de la marina de
guerra argentina.
El Jefe de la fragata-escuela, resolvió rendir en París un
homenaje a la memoria del soldado desconocido, a cuyo efecto
fué organizado un acto al que concurrieron los oficiales,
aspirantes, el Embajador Argentino, el personal de la
embajada y algunos argentinos residentes en París. Los
cadetes depositaron una corona de flores naturales en el
mausoleo, en presencia de las autoridades locales que
concurrieron a la ceremonia.
EXCURSIÓN POR GUIPÚZCOA
Luego de hacer una breve escala en Burdeos, la "Sarmiento"
llegó en medio de una espesa niebla al puerto de San
Sebastián, en donde los marinos argentinos fueron objeto de
un entusiasta recibimiento popular. La "Sarmiento", conocida
de tanto tiempo atrás en esc puerto, fué acogida con gran
simpatía. En tierra, varios españoles vinculados a la
Argentina por intereses comerciales y de otro orden
organizaron una excursión automovilística por la provincia
de Guipúzcoa. Entre los organizadores del paseo figuraban
los Sres. Ciríaco Morea, Feliz Ortiz y San Pelayo, Dionisio
Fernández, Francisco Granmon-tagne, Manuel Escassany, Luis
Samperio, Mendizábal, Córdoba, Romero, Aranguren y Astelarra.
Encabezados por el capitán Stewart y el representante
consular argentino partió la caravana de la Avenida
República Argentina, recorriendo los pueblos de Recalde,
Lasarte, Oria, Andoain, Villabona, Tolosa, Olzarain,
Azpeitía y otros. En todas partes los excursionistas fueron
cordialmente agasajados. Después se regresó por Lasao y
Cestona, Zumaya, Guetaria y otras poblaciones.
Durante la estada en San Sebastián el buque fué visitado por
el Rey Alfonso XIII y la Reina Victoria Eugenia. Para
recibir la visita real se tomaron todas
las medidas que indica el ceremonial. Fué la segunda vez que
el Rey de España visitó la "Sarmiento". Con la habitual
naturalidad que caracteriza al ex monarca saludó a los
oficiales, conversó sencillamente con todos, inquirió datos,
demostrando el gran interés que le despertaba la Argentina,
que quiso visitar oficialmente más de una vez. Al despedirlo
se le rindieron los mismos honores de la recepción, la
formación de los cadetes, los hueras de la tripulación y las
salvas reglamentarias. El 4 de septiembre el barco zarpó
para Birkenhead.
Del 14 al 18 los marinos y
guardiamarinas realizaron una visita a la ciudad de Londres,
recorriendo los lugares y establecimientos más importantes.
Fueron agasajados por las autoridades y los representantes
diplomáticos y consulares.
En Birkenhead la "Sarmiento" quedó en los talleres de la
casa Cammell Laird a fin de ser sometida a nuevas
reparaciones. Los jefes, oficiales, cadetes y tripulación de
la "Sarmiento" regresaron en el "Bahía Blanca", llegando a
Buenos Aires el 4 de marzo de 1926.

La fragata en
reparaciones en Birkenhead y algunos marinos que quedaron
para las mismas.
UN CHUBASCO
Del interesante libro de Monseñor Dionisio R. Napal,
"Visiones y Recuerdos del Camino", en el que ha reunido en
bellas páginas sus impresiones de este viaje, transcribimos
otro de sus capítulos.
Helo aquí:
"A nuestra salida de Bahía, del Brasil, las conversaciones
versaban sobre las características del mar del trópico que
íbamos a atravesar en prolongado crucero a vela.
Navegaríamos sobre un lago tranquilo de seda azul y bajo una
cascada de ardiente luz; y cuando soplase el viento, éste
sería de los alisios, moderado y sostenido, con cuyo impulso
la nave avanzaría suavemente sin cabeceos ni rolidos. Pero
estaba escrito que, al menos por esta vez, la atmósfera
desacreditase por igual a las cartas inglesas y a los
cultores criollos de la meteorología. Los balances del barco y los cambios rápidos del tiempo, lo mismo de
día que de noche, nos hicieron poner en duda la realidad de
las famosas calmas ecuatoriales.
"El ambiente es de brillante transparencia. Sin embargo el
oficial de cuarto, que desde el puente recorre con sus
anteojos el perpetuo redondel del océano, del que es centro
natural la nave, torciendo el gesto murmura:
"—Ya tenemos otro chubasco.
"Allá lejos, una mancha de vapor obscuro flota sobre el
agua. En pocos instantes la cortina de bruma se agranda y en
rápida carrera se aproxima hacia nosotros. La tormenta está
encima. El buque con sus puentes y chimeneas, con su
arboladura y aparejo, se
desvanece embozado en la neblina. En seguida, arrancada por
el peligro, se oye la nota torturante de la bocina.
"Llueve con violencia. El líquido se precipita a lo largo de
la borda y, colmadas las bocas de desagüe, chorrea por las
dos bandas. Entretanto el encargado de la guardia, puesta el
alma en los ojos, en vano intenta escrutar la superficie a
través de la cerrazón. Sólo se percibe el inmediato hervor
de la espuma, al deslizarse chasqueando por los flancos. El
agua pulverizada por las rachas resbala sobre el capote y
las botas enceradas del joven oficial. Esas horas son de
agobiadora tensión,
"Con intermitencias el temporal ha durado semana y media.
"Un día a las doce, sin haberse oído una sola voz de alerta
que contestara al clamor -reiterado de nuestra sirena, de
improviso surge un bulto enorme que viene de proa por la
amura de estribor a cien metros escasos de distancia. El timón maniobra a toda fuerza y
caemos a babor.
"—Así son los riesgos a que nos exponen la neblina y la
imprudencia de los navegantes despreocupados, — me expresa
el oficial del puente. — Envuelto en la bruma puede venir a
chocar con nosotros un vapor, que tenía para elegir mil
rutas diversas de la nuestra en el inconmensurable océano.
En un minuto puede suceder lo que no ha acontecido en dos
meses de navegación.
"De noche todo parece y es en realidad más grave. Los palos
y jarcias cobran contornos de quimera. Si hay que aferrar el
paño, a uno se le estremece la medula con sólo pensar el
zarandeo de los bravos
gavieros, que desaparecen en la obscuridad y de cuya
presencia en las más altas vergas, sólo nos informamos por
los gritos con que responden a las voces del contramaestre.
"Sobre la carta asegurada con pesas de bronce e iluminada
por una lamparilla eléctrica, el jefe de derrota mide y
calcula una vez más el camino que falta recorrer entre un
punto negro de tinta, que es La Guayra, y una pequeña cruz
trazada con lápiz, que marca la exacta posición de la nave.
Un cabo encorvado sobre la brújula rezonga una orden, y los
marineros hacen girar entre sus manos seguras la triple
rueda del timón.
"Las escenas que presencio me hacen evocar la soberbia lucha
de la inteligencia contra la gigantesca mole del océano. El
hombre ha conseguido dominar las resistencias surgidas a su
paso. Recorre la tierra, examina sus entrañas, perfora sus
montes, hiende los aires, surca los mares. Pero ¡cuántas
víctimas ha hecho el piélago implacable! ¡Cuántos hombres, sin lápida
y sin cruz, duermen el eterno sueño en sus abismos!
Reconstruyo en un desfile como de pesadilla, la visión de
velámenes destrozados, de arboladuras truncas, de marinos
desesperados en el agotamiento supremo del esfuerzo inútil.
Pero el pensamiento y la voluntad humanos han sabido
aprovechar el sacrificio acumulado en muchos siglos y han
vencido, en definitiva, a las furias indomables del piélago.
"La cortina gris se desgarra y en un hueco del cielo sonríen
las estrellas. Se ensancha la visibilidad sobre la
superficie líquida. Cesa la tensión de los nervios. El
oficial de guardia avizora el espacio, ostensiblemente
satisfecho.
EL PASAJE DE LA LINEA
"El 15 de mayo cruzamos la línea ecuatorial, acaecimiento de
importancia en los usos de a bordo y cuya celebración en los
buques de guerra argentinos, motiva verdaderas explosiones
de regocijo. La travesía prolongada, naturalmente monótona y
la vida de aislamiento, predisponen el ánimo en favor de
pasatiempos y diversiones que se dirían propias de la niñez.
La infancia nunca desaparece del todo en el hombre adulto.
El estudio, la vida, la experiencia de las cosas, no son
incompatibles, de cuando en cuando, con las bromas y
entretenimientos de la primera edad. No hay alegría más
contagiosa que la experimentada en esos momentos en que uno
vuelve a ser como fué en aquella inolvidable y preciosa
época del vivir. Es lo que se ve a bordo, no sólo entre los
conscriptos, que por definición podrían ser clasificados de
niños grandes, sino entre los más cumplidores y competentes
miembros de las planas mayores.
"Los preparativos comenzaron desde una semana antes. En la
proa — residencia de suboficiales, clases, marineros y
conscriptos, — mientras se planean y distribuyen los
papeles, se van confeccionando los trajes de disfraz.
"Abriendo un paréntesis en la temporada de cielos
achubascados y de mar de fondo, amanece un día claro, de sol
esplendente y calmoso mar. De tarde
en tarde un golpecito de brisa apenas estremece el paño. La
llanura líquida, reverberante de sol, semeja una bruñida
plancha de cristal.
"Junto a la escala de estribor que da acceso a la toldilla,
acompañado de la oficialidad, espera el señor comandante. De
pronto se oye una estruendosa trompetería. Quiere decir que
se inicia el cortejo carnavalesco. Orondos pasan los músicos
con sus faldones ridículos, con sus gorros caprichosos y
tiznado de hollín el rostro. Soplan un aire alegre. Al
frente de sus gendarmes militarizados, sale un comisario de
uniforme, espada y rebenque, montado en un caballo que
parece de verdad. La bestia que en seguida se gana la
admiración y el entusiasmo de la marinería, consciente de su
éxito, agradece los aplausos con escarceos y atropelladas
tan reales, que el público cercano se ve obligado a abrirle
cancha.
"A continuación Neptuno, acompañado de su regia consorte y
seguido de dos esclavos númídas que hacen de caudatarios,
forman un grupo interesante y estrafalario. Un fuerte
palmoteo traduce la grata sorpresa de los espectadores. En
calidad de confidente y ministros del soberano acuático,
marchan asimismo cuatro rapabarbas, trajeados de manera
llamativa y armados del instrumental del oficio.
"La comparsa se detiene. Ceremonioso avanza el supremo señor
del mar. Una espesa y luenga barba rojiza le invade el
rostro y le cae en ondas sobre el pecho. La peluca es de
igual color y está ceñida por una diadema de latón. Viste
túnica y manto de escarlata. Su consorte de blonda
cabellera, también
ostenta su correspondiente corona y se engalana de ropaje y
velo azules. Los negros llevan bermellón en los labios, que
armoniza con el tono de los aros, collares y pulseras.
"Al encontrarse frente al comandante, Neptuno, a pesar de su
poderío, siente una extraña emoción que no alcanza a
disimular. Después de toser comienza a soltar el rollo de su
discurso, mitad verso y mitad en prosa, en el que han colaborado, echando el resto, los
aficionados a las letras que nunca faltan en los sollados de
nuestros barcos. Declara que tiene indiscutible dominio
sobre aquellos tripulantes de la "Sarmiento" que por primera
vez entran en el hemisferio norte, los que deberán someterse
a la prueba del agua prescripta en su ritual. A tal efecto
reclama el mando de la nave. Otorgada la autorización, con
tonante voz exclama: Zafarrancho de pileta!
"Se lee una lista de nombres. No falta en ella ningún
candidato. En el catálogo figuran un oficial, los
aspirantes, un buen porcentaje de clases, conscriptos,
marineros y aprendices. Y como números extraordinarios son
llamados en el recuento "Firulete" y "Madryn", las mascotas.
"La música rompe a tocar una marcha. Se inicia la ceremonia.
Entre dos gendarmes avanza el auxiliar contador. Su actitud,
sin que sea excepcional, es comentada muy favorablemente por
la adhesión que importa a las costumbres festivas de la
familia marinera. Pero no vayan a inferir mis lectores que
todos los candidatos (eran ciento veinte) exteriorizaron tan
buena voluntad. Más de uno huyó a esconderse, con el
propósito de evitar el baño. Pero no hay ardid que les
valga. Los polizontes se largan como sabuesos tras las
huellas de los fugitivos. Sollados, pasadizos, pañoles,
cabinas, botes, son inspeccionados prolijamente hasta dar
con los prófugos. Cuando éstos aparecen escoltados por los
guardias, el público festeja su captura y pide para ellos
una doble inmersión. Los candidatos ocupan sillas sujetas a
la baranda del puente de botes. A metro y medio de altura
están pendientes sobre una enorme piscina que contiene
varias toneladas de agua y que
se alimenta constantemente con un manguero de incendio. Con
sendos escobones llenos de espumante engrudo los peluqueros
rocían y embadurnan la cara y cabeza de sus clientes. En
vano tratan éstos de librar boca y ojos de la caricia
salvaje de la brocha. Los visajes y guiños de protesta para
nada sirven. Los barberos llevan a cabo su operación,
puntuales c inflexibles. Después que las descomunales
navajas han rasurado las fachas ridiculas, un masaje con
polvo negro de humo las vuelve a dejar a la miseria. A una
señal es deslizado el paciente a la piscina, donde cuatro
tritones lo zambullen de cabeza, prolongando todo lo que
pueden la inmersión. Mientras tanto las payasadas de los
fígaros, las contorsiones reales o fingidas de las víctimas,
el chapoteo ruidoso de la pileta, las chanzas, burlas y
piruetas de los circunstantes mantienen vivo el comentario
regocijado de la gente.
"La ceremonia termina en medio de la trompetería de los
músicos y el palmoteo burlesco de la tripulación que, desde
balconajes, batayolas y jarcias, ha presenciado sin perder
detalle, la conmemoración festiva del pasaje ecuatorial".
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