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La lucha contra los elementos - Fiestas exóticas en Nossi-Bé-
El cariño de España
ITINERARIO:
Zarpó el 8 de mayo de 1911 y regresó el 28 de
diciembre de 1911. Madryn - San José - San Antonio - Bahía
Blanca - Capetown - Nossi-Hé - Aden - Alejandría - Malta -
Toillon - Barcelona - Málaga - Gibraltar - Canarias - Río de
Janeiro.
El itinerario inicial que comprendía los puertos de Pola,
Venecia, Spezia no pudo cumplirse por haberse declarado en
ellos la epidemia del cólera.
Navegó 15.096 millas.

LISTA DE JEFES, OFICIALES Y SUBOFICIALES
Comandante: Capitán de Fragata D. Mariano F, Beascoctiea;
2.° Comandante: Teniente de Navio D. Jorge Yalouu; Tenientes
de Fragata: D. Francisco Arnaut, Regino de la Sota,
Francisco Stewart, Carlos Rufino; Alféreces de Navio: D.
Eleazar Videla, Emilio Thalasso, Salvador Ascencio, Juan A.
de Urquiza; Ingeniero Maquinista de ?.*.■ D. Bernardo Rocco;
Ingeniero Maquinista de 2.": D. Juan L. Fernández; Ingeniero
Maquinista de 3.a.' D. Luis Roberto, TemÍstocles Perna;
Cirujano de 1 .".■ D. Carlos A. Quurencio; Contador de 1.a:
D. Juan Ari Lisboa; Capellán: D. Egidio Adoy; Profesor de
Inglés: D. Stanley
C. Hart; Profesor de Fotografía: D. Luis Manterole;
Aspirantes a Guardimnarinas: D. Ramón Pocti, Carlos M.
Sciurano, Francisco Renta, Guillermo Coelho, Raúl E, Lajous,
Juan £. Peífabet, Arturo Saiz, David Qiiayat, Alberto
Grieben, Adolfo Parker, José Zuloaga, Enrique Serantes,
Alberto Teisai-re, Juan C. Riciieri, Conrado del Carril,
Baltasar Lagiiír, Eduardo de la Vega, Carlos Martínez,
Florencio Pastor, Juan Lamarquu, José CastrillÓn;
Contramaestre Principal: D. Benito lmiva; Contramaestres de
2.a.' D. Fermín Ramírez, Pablo Trigo, Horacto Agnesse,
Nemesio C. Silva; Condestable Instructor de 1.a: D. Joaquín
Oytaben; Condestable Torpedista de 1.a: D. Juan Bonzuga;
Mecánico Electricista Principal:
D. Pedro S. Nádale; Mecánico Electricista de 1.a: D.
Guillermo F. Várela; Mecánico Electricista de Ia Kadio-grafista:
D. Carlos Stuckle; Sub-ofkial Armas de 2.a: D. Isidoro
Paniagua; Maestro de Armas de 2.a: D. Carlos Danihla Reyes;
Carpintero de 2.a: D. Leonardo Nenna; M.ae'tro de Banda dt
1.a: D. Lorenzo Fre-sia; Maestro de Banda de 2.a: D. Pascual
Grif.go.
CONSCRIPTOS
Flores Arturo, Gómez Juan G., Yriarte José C, Lastra Sixto,
Maurengi Augusto M., Rothanel Jorge, Burghecti Juan, Córdoba
Carlos, Castro Ángel, González Isauro, Jaime Pedro, M'arega
Pedro, Mansilla Miguel, Macera Domingo M., Moré S. Lucio,
Ovin Francisco, Picotta Francisco, Rcsca Juan P., Torossi
Guido L., Udrizábal Eugenio J., Vcrazain Ramón A., Zabala
Justino, Acuña Pedro Pablo, Bocea Juan Bautista, Bustos
Enrique, Cardoso Juan B., Chiabon Agustín, Catrinay Manuel,
Fació Félix, García Hor-tcnsio, Gómez Juan M., Hernández
Eulalio, Huarte Mariano Ireneo, Mutio José, Peralta Fermín,
Pérez Mariano, Piecot Juan M., Pingé Cirilo Ambrosio,
Rodríguez José A., Quiroga Tomás, Saffores Zacarías Paulino,
Terraza Juan, Vázquez José U., Reinares Tclesforo, Víctor
Juan B., Ceballos Donato S., Chiodi Pedro Juan, Chichani
Saturnino, Llames Manuel, Martínez Lorenzo, Salice Roque E.,
Uriburu Nicolás E., Adkinson Santiago, Galimberti Carlos A.,
Meló Domingo, Martínez Alfonso, Aladro Manuel, Arredondo
Ubaldo, Bordigote Domingo, De-llanea Alberto, D'Iiust
Ernesto, Garay Francisco, Lobos Francisco, Ingle Pedro, Luna
Eustaquio, Mercado Andrés, Pucheta Alberto, Ruarte
Anastasio, Rcyno-so Pedro B., Rodríguez Epifanio A., Ríos
Juan, Sosa Eliseo, Sierra Gregorio, Selli José, Telleiria
Justo, Vi-llalba Juan, Ghensi Luis M., Gazzanego Francisco,
Medina Pedro J.
Escribientes: Sartori Aquilcs, Sirras Prats Alberto.
LA PARTIDA
Ademas de las referencias que contiene el historial
correspondiente al undécimo viaje de la "Sarmiento",
publicamos en este capítulo una reseña sujestiva escrita
recientemente por el comandante de la fragata D. Mariano F.
Beascochca. La interesante narración nos exime de entrar en.
mayores detalles acerca ds los resultados de este viaje.
Cabe, sin embargo, señalar el afectuoso recibimiento que
mereció el buque-escuela en las ciudades españolas que
visitó. España ha querido siempre rendir a la "Sarmiento"
cariñosos homenajes y cada vez que ha tocado sus puertos ha
tenido oportunidad de exteriorizar una gran simpatía para
los marinos argentinos.
En el [jarte oficial y en la narración del comandante
Beascochca se mencionan especialmente los agasajos que se
ricibieron en España.
La "Sarmiento" zarpó de Buenos Aires el 8 de mayo de 1911.
Los oficiales y la tripulación vestidos de gala se disponen
a recibir la visita del Presidente de la República. Al ¡zar
la señal de que «1 Señor Presidente ha salido de la Casa de
Gobierno se empavesa de gala el buque mandando la gente a
los puestos de honores en la cruz de las vergas.
Los oficiales que no tienen puestos destinados
esperan en el portalón la llegada del primer magistrado de
la República.
Los aspirantes forman con armas en la toldilla a babor
frente al portalón y la banda de música ocupa el centro del
alcázar.
Al entrar el coche presidencial en el puente de los diques,
se manda "gente afuera".
Al pisar el Presidente de la República Ja planchada, se iza
su insignia al tope del palo mayor. El segundo comandante da
las voces reglamentarias a las que contesta la tripulación
saludando; los aspirantes presentan las armas y la banda de
música ejecuta el Himno Nacional.
Los mismos honores se rinden en el momento en que el
presidente abandona el buque.
UNA RECIA TEMPESTAD CICLÓNICA
El 8 de julio de 1911 la fragata Sarmiento salió de Puerto
Militar con destino a Capetown, a donde llegó el 30 del
mismo mes, amarrando a uno de los muelles de ese puerto.
"El 19 y 20 de julio — dice el historial — soportamos en las
inmediaciones de Tristán da Cuhna una recia tempestad
ciclónica, clasificadas entre las excepcionales del océano
Atlántico sur. Se notó antes de la tempestad descenso
barométrico, cambio de dirección en los vientos y nubes,
cirrus cúmulus (C. R.).
"Con la baja del barómetro
aumentó la intensidad hasta convertirse en un huracán.
Después de soplar ocho horas cesó el viento totalmente, cayó
una lluvia torrencial e instantáneamente saltó el viento al
S. O. A partir de ese momento empezó a subir rápidamente el
barómetro. Fué, pues, un centro de baja presión que nos
alcanzó y que no fué posible evitar en ninguna forma, porque
su velocidad de traslación llegó a ser aproximadamente de 3
6 millas por hora.
"El l0 de agosto a primera hora zarpó la fragata del puerto
de Capetown con destino a Nossi-Bé. Al encontrarse el buque
a la altura del Cabo de las
Agujas, otro recio temporal del N. E. nos obligó a ponernos
a la capa, y más tarde a correr el tiempo, lo que nos alejó
mucho de la derrota, llevándonos muy al sur.
"Para ganar el camino perdido y alejarnos de los centros de
baja presión que encontré en la derrota hacia Nossi-Bé, me
vi obligado a marchar a una velocidad superior a la indicada
en las instrucciones y navegar siempre a máquina y a vela,
por considerar aventurado apagar los fuegos en una zona
combatida por vientos huracanados y en donde el oleaje asume
pronto proporciones tan inusitadas.
DIVERSAS ATENCIONES
"De Nossi-Be zarpó la fragata, en busca de carbón, para
Diego Suárez., y una vez cargado el combustible se zarpó con
destino a Aden. "Me complace hacer saber a V. E. que todos
los puertos extranjeros donde hemos tocado, fuimos gentilmente atendidos por las autoridades y la sociedad.
"Se han dado en honor de nuestro país con motivo dc nuestra
llegada grandes banquetes y bailes en Capetown, Nossi-Bé y
Diego Suárez. Todas estas fiestas fueron retribuidas a bordo
y estoy seguro que la fragata ha dejado en todas partes un
recuerdo simpático.
"En Capetown los aspirantes, acompañados por el jefe de
estudios y otros oficiales, visitaron el Observatorio
Astronómico y los museos.
"La fragata llegó después a Alejandría, de donde fué a
Gibraltar. El buque zarpó de Alejandría el 29 de septiembre
de 1911 a las 6 de la mañana, llegándose a Valleta a las 1.30 de la tarde del día 3 de
octubre, no habiendo ocurrido novedad alguna en esta
travesía. Fué saludada la plaza de acuerdo con el reglamento
de honores, así como la insignia superior de los buques
surtos en el puerto. Se hizo la visita de cortesía al Señor
Almirante en Jefe de la Escuadra Inglesa y al comandante del
crucero norteamericano "Chester", el cual fué
visitado por los aspirantes en compañía del profesor de la
materia con el fin de conocer sus máquinas a turbinas. A las
órdenes del jefe de estudios visitaron igualmente todas las
dependencias del Arsenal y sus diques de carena.
"Por invitación de los señores oficiales de la escuadra
inglesa se realizó una regata con la falúa de a bordo y una
lancha del acorazado inglés "Triumph", habiendo nuestra
tripulación alcanzado a la meta después de bogar 2.100
yardas con una ventaja de cien metros sobre el bote inglés;
la tripulación inglesa fué obsequiada con 13 libras."Para retribuir las numerosas
atenciones y esplendidas fiestas ofrecidas en tierra se
realizó a bordo una matinée a la cual concurrió lo más
selecto de la sociedad y las autoridades locales.
"El día 8 de octubre a las 6 de la mañana se zarpó de este
puerto con rumbo a Toulon, a donde se llegó a las 5 de la
tarde del día 12. Después de saludar a la plaza y la
insignia superior de la Escuadra Francesa y hechas las
visitas de cortesía fué recibido a bordo el Señor Almirante
en Jefe de la Escuadra. Ese mismo día se ausentó para París
el segundo comandante y varios oficiales; el día 14 bajaron
a esa capital los aspirantes, regresando el 22.
"El que suscribe se ausentó para París por 48 horas para
presentar sus respetos y pedir órdenes al Señor Ministro
Argentino en esa capital.
"El 23 se ofreció a bordo una mitinee de despedida,
asistiendo los Sres. Almirantes de las divisiones francesas,
los jefes del puerto y una selecta concurrencia.
"El día 24 fué nombrada una comisión de la tripulación,
presidida por un suboficial de armas, la que se trasladó en
una lancha a los despojos del "Liberté", donde fué
depositada una corona con la siguiente inscripción: "A los
que murieron en su puesto". I.a comisión fué recibida por un
capitán de fragata de la Armada Francesa en los mismos
restos. Al mismo tiempo Se donaron quinientos francos para
aliviar a las familias de las víctimas.
"Se zarpó de Toulon a las 10 de la mañana del 24 de octubre
con rumbo a Barcelona, llegándose a este puerto a las 5 de
la tarde del 2 5.
En la crónica del comandante Beascochea, que vá al final del
capítulo, hay interesantes referencias de la estada en
España
FIESTAS, BANQUETES Y RECEPCIONES EN BARCELONA
"Saludada la plaza y efectuadas las visitas de cortesía,
vinieron a bordo con el Cónsul Argentino gran número de
personas representativas que se hallaban en el puerto
esperando nuestra llegada. Las autoridades y centros
sociales enviaron invitaciones para las fiestas preparadas,
cuyo programa fué difícil realizar totalmente por su
extensión. Estuvo a bordo el Señor Alcalde de la ciudad, el
Señor Gobernador y el comandante del crucero español "El
Temerario", surto en el puerto.

"En retribución de los innumerables agasajos de que fué
objeto nuestro país por intermedio de la
"Sarmiento", se realizó a bordo una matinée a la que
asistieron todas las autoridades y personalidades de la
ciudad, así como también el cuerpo consular extranjero y
todo lo más selecto de la sociedad barcelonesa.
"Habiendo el Señor Alcalde ofrecido en el "Tibidabo" un
banquete en nombre del Ayuntamiento, con asistencia de los
señores concejales, y en circunstancias de agradecer su
brindis, dediqué algunas palabras a la Infanta Isabel de
Borbón, lo que fué motivo para que recibiese a bordo un
telegrama de S.A.R. agradeciendo muy conceptuosamente los
términos en que le había recordado.
"En la noche del 3 1 se ofreció a bordo un banquete de cien
cubiertos con la concurrencia de todas las autoridades
civiles y militares y personalidades de Barcelona. En esta
ocasión el Señor Manuel Mala-grida, levantando su copa,
dijo: que así como en la República Argentina existía la Casa
de España, él deseaba que en su patria tuviera la suya la
Argentina, y por eso ofrecía para asiento del Consulado
Argentino una casa en Barcelona.
"Fué donado al Asilo Naval,
instalado en un pontón próximo al amarradero de la fragata,
veinte libras esterlinas, las que fueron entregadas a la
señora presidenta, dando motivo esta pequeña donación a
sinceras manifestaciones de gratitud.
REGALOS RECIBIDOS EN MALAGA
"Se zarpó de este puerto el 2 de noviembre con rumbo a
Málaga, a donde se llegó a las 4 de la tarde del día 4.
Inmediatamente después de arribar se recibió a bordo la
visita del Cónsul Argentino, efectuándose al día siguiente
las visitas de cortesía a las autoridades locales.
"Numerosas fueron las demostraciones de afecto y de simpatía
a nuestro país realizadas durante la estada en esta ciudad.
Fué recordado con gratitud el envío de recursos que la
Argentina hizo cuando se produjeron las inundaciones hace
pocos años.
"La Cámara de Comercio ofreció un gran banquete. El
presidente de la institución, al pronunciar un conceptuoso
brindis pidió que la fragata fuese portadora al Excmo. Señor
Presidente de la República de varias muestras de artículos
malagueños, lo que fué aceptado y agradecido.
"Retribuyendo las numerosas fiestas organizadas en tierra en
nuestro honor, fué ofrecida a bordo una matinée el día 8. De
esta fiesta participaron no solamente las autoridades
locales, sino también una nutrida y selecta concurrencia.
"Se trató insistentemente de enviar un telegrama a V. E.
pidiendo autorización para permanecer algunos días más en el
puerto, lo que no se efectuó teniendo en cuenta los
perjuicios que ocasionaría en la instrucción de los
aspirantes y tripulación, razones que fueron atendidas
debidamente.
"Se zarpó del puerto de Málaga el día 9 a las 3 de la mañana
con rumbo a Gibraltar, a donde se llegó a la 1 p. m. del
mismo día, habiéndose efectuado esta corta travesía sin
novedad alguna.
ORDEN DE REGRESO
"El día 11 los aspirantes visitaron las distintas
dependencias del Arsenal y los diques de carena de
Gibraltar.
"Habiéndose recibido orden telegráfica de V. E. de estar el
26 de diciembre a primera hora en la rada de Buenos Aires,
fué arreglado el itinerario de manera de hacer la travesía
entre Gibraltar y Las Palmas a máquina y a vela, y a vela
entre Las Palmas y las costas del Brasil, aprovechando los
alisios y permaneciendo 48 horas en Río Janeiro para hacer
luego rumbo a Santa Catalina con el fin de permanecer en
este puerto una semana y dar así término a la instrucción,
todo lo cual me permitirá estar para la fecha indicada en
Buenos Aires".
Desde Santa Catalina, un nuevo informe del capitán
Beascochea, hace saber que el 12 de noviembre a la 1 p. m.
zarpó la fragata del puerto de Gibraltar con destino a Las
Palmas, efectuando la travesía a vapor y a vela y llegando a
dicho puerto el 15 de noviembre a las 4.30 de la tarde. El
18 de noviembre a las 8 de la mañana se zarpó del puerto
de Las Palmas con destino a Río Janeiro, navegán-dose a
vela. La falta absoluta de viento obligó el día 21 a
utilizar la máquina para ir en busca de los alisios.
"E! día 22 a las 8 de la noche, me informó el cirujano del
buque — dice el parte — que había necesidad urgente e
imprescindible de recalar en el puerto más próximo para
poder salvar la vida del cabo fogis-ta de primera, Eliseo
Ures, que tenía una hernia estrangulada que reclamaba una
operación inmediata, que no era posible efectuar en el
buque. Atendiendo esas razones y encontrándose el buque en
las inmediaciones de San Vicente (Isla de Cabo Verde), hice
rumbo a ese puerto, a donde llegué el día 24, desembarcando
inmediatamente al enfermo, el que fué hospitalizado,
quedando a su cuidado el Cónsul Argentino de la localidad.
"A las 3.3 0 del mismo día zarpé de San Vicente, y como V.
E., en telegrama que remitió a Gibraltar me ordenaba estar
fondeado con el buque de mi mando el día 26 de diciembre en
la rada de Buenos Aires, es decir seis días antes de la
fecha fijada en el primer itinerario, me vi obligado a
navegar a máquina y vela, tratando de hacer el mayor camino
posible a fin de no tener que suprimir ni la estada en Río
de Janeiro, ni disminuir la permanencia en Santa Catalina.
"El día 8 de diciembre se fondeó en Rio de Janeiro. Durante
mi permanencia en esta capital visité, acompañado del Señor
Ministro Argentino, a las principales autoridades.
"Fuimos obsequiados en repetidas y diversas formas por los
oficiales de la Armada Brasileña, quienes tuvieron
expresiones muy afectuosas para el comandante y oficiales
del crucero "Nueve de Julio", lo cual me complazco en
manifestar a V. E.
"Debido a que S. E. el Señor Presidente de la República
designó como día de recepción para los jefes y oficiales del
buque de mi mando el fijado para nuestra partida, me obligó
a prorrogarla un día más. Por la noche del último día, el
Ministro Argentino, acompañado de su familia y relaciones
asistieron a bordo a un banquete ofrecido en su honor.
"Esa misma noche del 13 de noviembre a las 2 a. m.
abandonamos el puerto de Río Janeiro con destino a Santa
Catalina, dándose comienzo al principio de esta navegación
al examen de los aspirantes. F.I día 14 de diciembre
fondeamos en Santa Catalina.
"El 19 de diciembre se zarpó con destino a Buenos Aires, y
el día 23 se fondeó frente al pontón Punta Indio. El 2 5 de
diciembre se zarpó de este puerto con destino a los
malecones de La Plata, fondeándose tres millas al norte de
este lugar ese mismo día a las 12.3 5. El día 2 8 de
diciembre a las 1.45 se zarpó de la rada de La Plata,
haciéndose rumbo al puerto de la Capital. A las 4 se tomó el
canal y a las 5.30 se amarró en la Dársena Norte.
"Durante el viaje — dice el informe final — los señores
jefes y oficiales y aspirantes y la tripulación de la
fragata recibieron continuadas manifestaciones de simpatía
de las autoridades y sociedades de los puertos del itinerario,
destacándose sobre todas las tributadas en los puertos
españoles, cuyos agasajos afectuosos se evidenciaron a cada
instante en la forma más entusiasta.
"Concurrí personalmente a todos los festejos realizados, y
en aquel en que me era materialmente imposible hacerlo por
haber varias fiestas a la vez, nombré comisiones de jefes,
oficiales y aspirantes que me reemplazaron, las que
desempeñaron su cometido con tacto y discreción, rodeándose
de simpatías generales."Las relaciones con las autoridades fueron siempre de la más
cordial armonía.

RESUMEN DE LOS AGASAJOS RECIBIDOS EN EL VIAJE
"Las fiestas principales recibidas y tributadas fueron las
siguientes:
Puerto Madryn—
"Julio 22. — Baile dado por la colectividad inglesa. Durante
el día y a la noche fué engalanada la fragata, asociándose a
los festejos de la referida colectividad con motivo de la
coronación del Rey Jorge V, de Gran Bretaña.
Capetown—
"Agosto 5. — El Cónsul Español dio en su domicilio una
recepción en honor de la "Sarmiento".
"Agosto 6. — En el Mount Nelson's Hotel, el Cónsul Argentino
obsequió a la oficialidad y a los aspirantes de la fragata
con un baile que congregó una nutrida y selecta
concurrencia.
"Agosto 7. — La sociedad de Capetown dio una recepción a los
marinos de la "Sarmiento", que resultó una fiesta
interesante y lucida.
"Agosto 8, — En retribución de la fiesta anterior se
organizó a bordo una recepción, de la que participaron
distinguidas familias de la localidad.
"Agosto 9. — El Dr. Cassalis dio una matinée en honor de los
oficiales y aspirantes, de la que participaron familias de
la sociedad local. La sociedad de Beneficencia de Capetown
organizó un baile en honor de la "Sarmiento", siendo la
fiesta muy concurrida y animada.
Nossi-Bé—
"Agosto 24. — La sociedad local obsequió con una recepción
en el Club Social a la oficialidad y aspirantes.
Concurrieron muchas familias de la ciudad, dando animación a
la fiesta que se desarrolló en un ambiente cordial.
"Agosto 25. — Se dio a bordo una recepción en honor del
Administrador y autoridades locales, concurriendo las
familias de dichos funcionarios y distinguidas damas de la
localidad.
"Agosto 26. — El Administrador de la Isla obsequió con un
baile a los jefes y oficiales de la fragata en su residencia
particular; a la fiesta asistieron la mayor parte de los
aspirantes y numerosas y distinguidas familias de la
sociedad local.
"Agosto 27. — La Reina Binao dio una recepción a los jefes,
oficiales y aspirantes en Ampasi-mena. La fiesta resultó
interesante y característica.
"Agosto 2 8. — La Reina Binao dio otra recepción en honor de
la "Sarmiento", participando de esta fiesta el elemento
indígena, cincunstancia que le dio aspectos novedosos.
"Agosto 2 8. — El Administrador de la Isla obsequió a la
plana mayor del buque con un banquete, del que fueron
comensales la mayor parte de los altos funcionarios de la
Isla.
Diego Slidrez—
"Agosto 31. — El Administrador de la Isla organizó una
recepción en honor de la "Sarmiento". Participaron de la
fiesta las otras autoridades locales y familias de la
localidad.
"Septiembre 1. — En el Club Francés la sociedad de Diego
Suárez dio un baile en honor de los jefes, oficiales y
aspirantes de la "Sarmiento", viéndose la reunión muy
concurrida por las mejores familias,
"Septiembre 3. -— Se dio a bordo un banquete a las
autoridades. A la tarde se organizó una matinée a bordo de
la que participaron con mucho interés las familias de los
principales funcionarios y de la sociedad local.
"Septiembre 4. — La plana mayor del buque obsequió con un
almuerzo a bordo a los oficiales de la guarnición. La
sobremesa se prolongó, manteniéndose en el ambiente cordial
y afectuoso que predominó desde el comienzo del almuerzo.
"El mismo día los suboficiales franceses obsequiaron a los
oficiales de mar de la fragata con un banquete, que se
realizó como el anterior, en un ambiente cordial y de franca
camaradería.
Alejandría —
"Septiembre 25. — El Kedive de Egipto recibió oficialmente
al comandante de la "Sarmiento" con el ceremonial de
práctica.
"Septiembre 27. — La plana mayor del buque dio un banquete a
bordo a las autoridades. Fueron comensales las autoridades
civiles y militares, todas las cuales tuvieron conceptos
honrosos para nuestro país y formularon votos por el feliz
viaje de la "Sarmiento".
Malta—
"Octubre 5. — El Cónsul de Noruega organizó una matinée en
su domicilio en honor de la "Sarmiento". Concurrieron a esa
fiesta los jefes, oficiales y aspirantes.
"Octubre 5. — La Sociedad de Malta fué obsequiada a bordo
con una comida, de la que participaron las autoridades
civiles y militares.
"Octubre 6. — La sociedad de Malta organizó un baile en
honor de la "Sarmiento". Participaron de la fiesta los
jefes, oficiales y aspirantes, los altos funcionarios de la
ciudad y sus familias y miembros representativos de las
actividades sociales de Malta.
"Ese mismo día el Almirante jefe de la Flota obsequió con un
banquete al comando del buque. Fueron comensales altos jefes
y oficiales de la marina.
"Octubre 7. — Para retribuir las atenciones y las
manifestaciones de simpatía de que habían sido objeto los
jefes, oficiales y aspirantes, se dio a bordo una matinée que estuvo muy
concurrida por las principales familias locales y en la que
estuvieron representadas las autoridades civiles y
militares.
"Ese mismo día se organizó por la sociedad de Malta otra
recepción a los marinos de la "Sarmiento", que constituyó
una simpática fiesta de despedida.
Tolden—
"Octubre 20. — El Prefecto Marítimo obsequió a los jefes de
la fragata con un banquete, del que también fueron
comensales las autoridades locales.
"Octubre 23. — Esa comida fué retribuida a bordo, siendo
invitadas todas las autoridades marítimas.
senciar una representación teatral, destinándoseles
ubicaciones especiales.
"Octubre 28. — Se realizó un paseo y un banquete en
Monscrrat, organizado por la comisión de recepciones y las
autoridades.
"Esa noche el Sr. Malagrida obsequió con otro banquete a la
plana mayor del buque. De esta comida fué invitado de honor
el General V. Weylcr.
"Octubre 29. — Con el objeto de retribuir las atenciones que
se habían recibido de parte de las autoridades y de la
sociedad de Barcelona, se dio a bordo una matinée que
resultó concurrida.
El regreso a Buenos Aires.
Barcelona—
"Octubre 26. — En el Consulado Argentino se realizó una
recepción, estando presentes destacadas personalidades de la
ciudad condal.
"Octubre 27. — El Señor Malagrida obsequió con un banquete
al comando del buque, siendo comensales invitados especiales
y caracterizados.
"Ese mismo día se realizó un banquete y un pasco al Tibidabo,
organizado por la comisión especial de festejos que se había
constituido con motivo de la llegada de la fragata.
"El paseo y la comida fueron patrocinados por las
autoridades locales, asociándose en esa forma a los agasajos
que se nos habían preparado. En el mismo día se realizó una
recepción y baile en la Casa de América, de la que
participaron representantes de las autoridades y
distinguidas familias barcelonesas.
"A la noche la tripulación fué invitada a pre-
"La noche de ese mismo día la oficialidad del buque fué
invitada a una función de gala preparada en su honor y que
se realizó en el Teatro Novedades.
"Octubre 30. — La Comisión de Recepciones y las autoridades
organizaron un "garden party" en un paseo de la ciudad.
Esa noche se dio a bordo un banquete a las autoridades, del
que participaron también los miembros de la comisión de
fiestas. También se realizó esa misma noche un interesante
concierto de bandas en el Club Catalán.
"Noviembre 1. — La sociedad de Barcelona ofreció un te a los
marinos de la "Sarmiento", concurriendo a la fiesta
distinguidas familias y representantes del comercio y de la
industria.
"La noche de ese mismo día los jefes y oficiales del buque
fueron obsequiados con un banquete a bordo de "El
Temerario"."También se realizó ese mismo
día una recepción organizada por el Cónsul Chileno en el
local del consulado de ese país.
Málaga—
"Noviembre 5. — Las autoridades de Málaga ofrecieron un
banquete a los jefes y oficiales de la "Sarmiento".
"A la tarde se realizó en honor de los marinos argentinos
una corrida de toros.
"A la noche se realizó una recepción muy concurrida, que
organizó la sociedad de Málaga. Asistieron los jefes,
oficiales y aspirantes.
"Noviembre 7. — La Cámara de Comercio obsequió con un
banquete y organizó un pasco en honor de la "Sarmiento".
"Esa misma tarde se efectuó un concierto musical muy
interesante.
"Noviembre 8. — A bordo se dio una mntinée en honor de las
autoridades y la sociedad de Málaga. La fiesta resultó muy
lucida, habiendo participado de la misma numerosas familias.
"A la noche se dio una función de gala en honor de la
"Sarmiento", de la que participaron jefes, oficiales,
aspirantes y parte de la tripulación.
Río de Janeiro—
"Diciembre 11. — El Presidente de la República recibió en
audiencia especial a los jefes y oficiales de la
"Sarmiento".
"Diciembre 9. — El Club Naval organizó un paseo en obsequio
de los jefes y oficiales del buque.
"Esa misma noche fue servido un banquete en .icl Club Naval
ofrecido por las autoridades de esa institución.
"Diciembre 10. — Por estar el buque ocupado en la carga de
carbón el comando retribuyó las
atenciones recibidas del Centro Naval y de las autoridades
con un banquete que fué servido en el Pabellón Maurisco.
"Diciembre 11. — El ministro Argentino fué obsequiado por el
comando con un banquete, asistiendo la familia del referido
diplomático".
Una
crónica del comandante por Mariano F. Beascochea
Como complemento de la crónica que antecede, publicamos a
continuación una narración del undécimo viaje de la
"Sarmiento" escrita por el contraalmirante D. Mariano F.
Beascochea, y que tomamos de su interesante libro "LA NOVELA
DEL MAR", editado en 1931.
"A la memoria del almirante Juan Pablo Sáenz Valiente, el
más caballeresco de mis amigos en la Escuadra".
RUMBO A PUERTO MADRYN
"Vamos con rumbo a Puerto Madryn. A la distancia y a lo
largo por la banda de estribor, se ven las costas
interminables de la Patagonia, veladas por nubes ligeras de
formas varias y diversamente coloreadas.
El Contraalmirante Beascochea. actual Ministro Atgentino en
el Paraguay, ha sido Jefe de Policía de la Provincia de
Buenos Aires. Jefe Político del Rosario y tiene una
b'illantc foja de servicios en la marina de guerra
argentina.
El undécimo viaje ha comenzado bajo los mejores auspicios.
Todo nos sonríe. El tiempo favorece la navegación y las
tareas de a bordo.
Las velas van a viento y allá en lo alto flamean atrevidos
los sobres y juanetes. La arboladura se presenta
irreprochable. Por todas partes la maniobra bien
distribuida, mecanismo organizado donde cada nervio motor
tiene su nombre, su función y su vida. Cada palo, cada
verga, lleva sus cabos, sus motones, sus elementos de
fijación y manejo en el más perfecto orden. Los obenques,
estáis, burdas, amantillas, brazas, drizas, toda aquella
madeja bien tesa, le dan a la fragata, elegante aspecto
marinero.
Brilla el sol y la sombra de las gavias y mayores que van
desplegadas en toda su altura, se proyectan sobre puentes y
cubiertas. Las velas de estáis, hacen cimbrar los
mastclcrillos; el timón va metido a sotavento, pues la tendencia a
orzar aumenta, con las ráfagas que estremecen el velamen.
El oficial de guardia, observa sin descanso los puños de
barlovento de los sobres y juanetes para derivar a tiempo.
El timbre de la corredera avisa cada cinco minutos el
recorrido de una milla. Las vergas van bien seguras, las
escotas reforzadas y entre tanto la "Sarmiento" vuela sobre
las aguas sin ceder un centímetro de paño a la frescura dé
la brisa!
LOS CONSCRIPTOS
El palo mesana, desde los sobres basta la toldilla se ve
cubierto de grumetes y conscriptos, haciendo los primeros
ejercicios marineros. Los conscriptos! Venidos en su
mayoría del interior de la República jamás vieron el mar; la
mayor cantidad de agua reunida fue tal vez la del jagüel o
la laguna y así de golpe, como caídos del cielo, en
cumplimiento de una ley, se encuentran en medio del océano
del que jamás tuvieron referencia, lejos de su familia, de
su rancho, de su parejero! En vez del mate amargo, te
cocido, en vez 'de la pampa solitaria y serena, el mar
agitado y sin límites. Estancias sin tranqueras, donde en
vez de potros se ven ballenas, delfines, tiburones! Nada de
dormir sobre el recao, una hamaca es su cama! Seguramente
que estos buenos muchachos, hoy, ya intrépidos blue jackets
de nuestra marina, deben creerse al principio en otro
planeta del espacio. Y no es solo diferente el trato,
diferente la cama, diferente la vida, pero si hasta el
lenguaje es diferente! Tesar, izar, gualdrapear, chafaldetes,
escotines, todo un diccionario de mil páginas de frases
jamás escuchadas. Los ganchos se llaman garruchos, las
cuerdas cabos, y los cabos brigadieres!
Miran la arboladura y esa extraordinaria cantidad de
maniobra los confunde y ellos que tal vez creyeron que en
una carpa era en donde había más lona, cómo no van a
admirarse cuando la fragata les despliega más de treinta y
cuatro mil pies cuadrados de velamen!
¡Y los grumetes! Chiquilines de quince años, pichoncitos
arrancados del nido en sus primeros aleteos, en esas noches
frías, crudas, rigurosas, trepando por las jarcias descalzos
sobre el flechaste rígido,
LA NAVEGACIÓN A VELA
Qué gran atracción tiene para el marino, atravesar el mar a
la vela! Nada llena su corazón de tantas emociones, ni
templa mejor su espíritu!
Parece un contrasentido, que en estos tiempos en que la vela
ha desaparecido definitivamente de la marina militar y en
los cuales la estrategia, la táctica y las construcciones
modernas, exigen formar el temperamento del Oficial dentro
del ejercicio de grandes velocidades, hagamos navegar a
nuestros aspirantes en un buque a vela que solo marcha entre
8 y 12 millas. Pero este error es aparente. No es el caso de
formar un chauffeur en una carreta.
En la fragata, los cadetes inician la educación de su
temperamento, manejando el velamen entre los
vientos y las olas. En el destróyer de 3 5 millas, en medio
minuto se altera la velocidad y la dirección y se salva el
escollo, la costa, el peligro, con sencilla rapidez. Pero
cuando se lleva en viento, una superficie de treinta y
cuatro mil pies cuadrados de velamen, un descuido, una
equivocación en la maniobra, puede ocasionar el derrumbe de
toda la arbola-ladura. Cuando para apartarse del peligro hay
que contar con cuartos de hora de anticipación y resolver
in-mente con éxito y rapidez, complicados problemas de
fuerzas y resultantes. Cuando se ordena una maniobra entre
rolidos desordenados y se mandan cientos de hombres a
trabajar a grandes alturas sobre penóles que casi tocan en
las aguas, en horas, de noche y cuando el viento arrecia, el
corazón se educa en la ansiedad, porque esos marineros
pueden ser arrancados por el vaivén o por el huracán y
arrojados al mar, sin salvación posible.
Se aprende a prever, a tener sangre fría y a dominar los
nervios, con más éxito que al mando de esas máquinas que
obedecen al instante la orden impuesta por el imprevisto.
El puente de una fragata, teatro exclusivo de toda actividad
marinera, enseña al aire libre nociones de responsabilidad y
de prudencia, que forman el carácter, templan el espíritu y
avivan el golpe de vista y las maniobras dan agilidad al
cuerpo y familiaridad con el peligro.
La navegación a vela proporciona emociones, inquietudes y
satisfacciones intensas. En ella se aprende a investigar
entre los variados aspectos del cielo, los signos
precursores de la calma o de la tempestad; se aprende a
arrancar a las nubes y a la mar sus secretos.
Y en las horas interminables en que la costa, el bajo fondo,
el huracán y el oleaje, se prestan mutuo concurso para
acrecentar el peligro, el oficia! aprende a dominar las
palpitaciones del corazón, para que estas no perturben la
inteligencia.
El factor económico, entidad muy digna de tenerse en cuenta,
facilita navegando a la vela, las grandes travesías; el
conocimiento de los océanos, mares y puertos del planeta,
permitiendo a nuestros futuros oficiales el estudio de los
usos y costumbres de los diversos países y la práctica de
los idiomas más difundidos y a nuestra república joven y aun
deficientemente conocida, la oportunidad de presentar sus
hijos, que son sin disputa el mejor adorno y el reclame más
elocuente de su grandeza.
El sextante, lo mismo mide la altura del sol o de las
estrellas, desde el puente de una fragata que desde la
cubierta de un acorazado. Los problemas de navegación y
astronomía, los estudios conexos con Ja atmósfera y práctica
de trabajos hidrográficos, no requieren para su exacta
resolución que el buque navegue a 3 5 ó 40 millas. El manejo
de la artillería, dirección de tiro, balanceo y 'lanzamiento
de torpedos, gobiernos de máquinas auxiliares y zafarranchos
de colisión, incendios, etc., se realizan en la "Sarmiento"
con arreglo a las más exageradas exigencias de la teoría y
de la práctica.
Por lo tanto, ninguna razón de fondo aconseja al Gobierno privarse de los
servicios de la fragata en su doble carácter de buque -
escuela y legación flotante!
Pienso que el comercio y el sport náutico, no dejarán jamás
que el viento de los mares se convierta en una fuerza
perdida y aun a pesar del perfeccionamiento constante de los
motores a explosión, la flota de veleros de los Estados
Unidos, no ha de dejar sin aprovechamiento el régimen de los
vientos, cuya fuerza motriz le proporciona diez millones de
unidades de fuerza (H.P.) sin gastos comparativamente
apreciablcs. Y es bueno no olvidar que el Flyng Cloud y el
Andrcw Jackson, realizaron en 89 dias la travesía entre New
York y San Francisco de California y que ésta es una hazaña
siempre posible para clip-pers de líneas finas y velas bien
cortadas que tengan capitanes con nervios de acero y
contramaestres y marineros con mucho alquitrán en las venas.
LAS MANIOBRAS
La fragata con todo su velamen desplegado, bajo la
influencia de una brisa del Este, gobierna para fondear en
Puerto Madryn, dentro de las aguas del inmenso Golfo Nuevo.
La tripulación correctamente alineada en sus puestos de
maniobra, espera con nerviosa atención las voces de mando.
Allá lejos, en el mar y por la popa, una larga línea de
espumas dibuja sobre la superficie lisa, el camino
recientemente recorrido. Sólo se escucha el zumbido confuso
del agua que resbala a lo largo déla carena y el canto
lastimero de las poleas del aparejo, en el balance de los
rolidos cuya amplitud la atenúa la tensión del velamen.
De pronto se rompió el encanto y una voz cuyo eco resonó por
todos los ángulos de aquellas pirámides de lona, ordenó
clara y vibrante que se alistaran las brigadas para cargar
el aparejo y a la voz ejecutiva de las maniobras que se iban
ordenando, subieron los gavieros a sus puestos y el resto de
la gente convenientemente repartida en las brazas,
palanquines, drizas y demás elementos del cordaje, hizo
venir abajo el magnífico edificio de las blancas velas, que
fueron recogiendo sus relingas al compás de los silbatos
estridentes de los pitos cuyas modulaciones traducían en sus
variados toques, todo el lenguaje técnico de las voces de
mando, y mientras los puños bajos de las gavias y mayores
balanceándose como globos, venían suavemente a juntarse en
el centro de las vergas, los grandes foques y las otras
velas de cuchillo se plegaban bulliciosas a lo largo de los
rígidos estáis y entre tanto la "Sarmiento" bajo el efecto
combinado del timón y la cangreja botavara, viraba buscando
el viento, dejando luego caer el ancla en el fondeadero de
Puerto Madryn. Momentos después los marineros con sus
cuellos azules aparecieron a lo largo de las vergas,
alineados, descansando sobre los marcha pies y en breve
tiempo se aferraron las velas, se dejó tesa toda la
cabullería y concluida la maniobra, a la voz de las pitadas,
se despejaron y se cubrieron las jarcias de gente que bajaba
presurosa a ocupar sus puestos en cubierta.
Vamos a iniciar hoy, 8 de julio, la más larga y peligrosa
travesía de nuestro itinerario. De las costas orientales de
Sud America, a las occidentales ^de África, por un mar
desierto en toda su extensión, no frecuentado por ninguna
línea de vapores ni de buques a vela. En el mismo medio de
esta extensión solitaria, se encuentra el pequeño
archipiélago de rocas que se llama Tristán Da Cuaba,
Es la época peor del año; frecuencia extraordinaria de malos
tiempos, fríos rigurosos, mar revuelta y gruesa. Se ha
elegido de exprofeso; sólo en los mares bravos se forjan los
marinos de temple y es lógico que los aspirantes a oficiales
y los aprendices, futuros contramaestres, se inicien
teniendo constantemente el espectáculo soberbio de la
tempestad en sus formas más acentuadas. Así, después, a
cualquier otra tempestad menor, se acostumbran desde jóvenes
a llamarla: viento fresco!
EL 9 DE JULIO A BORDO
Cinco minutos antes de la salida del sol, como ya estaba
ordenado, los jefes, oficiales y aspirantes, vestidos con
traje de parada se encontraban en la toldilla. La
tripulación con traje de pasco, en cubierta, en cuádruple
fila de formación; los suboficiales al frente, la banda de
música en el centro.
El mar, inmenso, soberano, desierto, estaba tranquilo, como
si él también esperara la salida del sol en el día de la
Patria! Era mar argentina, pues aun navegamos dentro del
límite de nuestras aguas territoriales. El alba apenas
blanqueaba el horizonte, de donde se elevaban humos de
bruma. Bajo el cielo pálido, el agua verde obscura se
definía por momentos en la extensión sin limites.
De pronto apareció el primer destello solar, iluminando el
mar y los cielos. En ese mismo instante tronaron los
cañones, millares de banderas engalanaron el buque y la
banda de música acompañada con el canto de los cuatrocientos
tripulantes entonó mar-cialmente las conmovedoras notas de
nuestro himno.
La gran bandera de seda flameaba en su puesto, soberana y
grandiosa, y los innumerables gallardetes del engalanado se
agitaban febriles, como animados de misteriosa vida.
Cuando terminó el himno siguió un momento de solemne
silencio. Todos teníamos las cabezas inclinadas como
buscando tiempo para reponernos de una emoción intensa.
Luego, señalando el sol que ya había dominado aquel inmenso
teatro, tomé la palabra:
"Queridos compatriotas: Ese es el sol de las glorias
argentinas; el mismo que desde que nacimos a la libertad
llevamos estampado y sin mancha entre los colores de la
Patria, El, seguirá ascendiendo en su carrera y dentro de
poco iluminará de lleno toda la República Argentina, desde
los desiertos de Ata-cama hasta el Oliváis en la Tierra del
Fuego y desde el majestuoso Tupungato al linde oriental de
estas aguas territoriales. Marineros:
Allá, tras esa línea difusa del horizonte, muy cerca
todavía, está la tierra donde descansan nuestros antepasados; allí viven
nuestras madres y nuestras esposas, nuestros hijos y
nuestros hermanos; de allí se elevan a Dios por nuestra
felicidad las plegarias más tiernas y de allí han de venir a
flotar entre las velas de nuestra fragata, las bendiciones
de nuestros ancianos padres.
¡Tierra bendita de los argentinos! ¡Quiera Dios que ese sol
que miramos levantarse vaya a iluminarte hoy, mañana y
siempre, feliz, grande y gloriosa, entregada a la labor
fecunda del progreso y resolviendo con éxito los grandes
problemas del porvenir, para orgullo y felicidad de tus
hijos y el bienestar de todos los hombres buenos del planeta
que quieran habitarla!
Marineros:
\Subord'¡nación y ralor\ y todos contestaron conmovidos:
¡Tara defender a la patria!"
Así fué el principio de aquel día que será imperecedero en
nuestros recuerdos y así, sin declinar un momento, continuó
vibrante hasta casi la media noche
Un gran retrato de Sarmiento estaba colocado en la toldilla,
como en un pequeño altar, rodeado de banderas argentinas, y
bajo de él, en grandes letras, leíase estas frases: "La
bandera blanca y celeste, ¡Dios sea loado! jamás ha sido
atada al carro triunfal de ningún vencedor de la tierra".
DE ORIENTE A OCCIDENTE
16 de julio. — Vamos, en plena alta mar, a dos mil millas de
la costa más cercana. Bajo la quilla de nuestra fragata hay
un abismo de cinco mil metros! No es gran cosa! Al Este de
Nueva Zelandia hay profundidades mayores de once mil metros!
19 de julio — Nadie como el marino está obligado a prever y
prevenir. Por eso observa sin cesar, investiga, pregunta con
miradas ansiosas al horizonte, a las nubes, a los más
ligeros celajes, a las diversas coloraciones del mar, al
naciente y al ocaso. Todo para él es un indicio, una
advertencia o una amenaza.
Estamos en las inmediaciones del archipiélago de Tristán da
Cunha. Desde el amanecer sopla viento norte con barómetro en
descenso. El viento refresca, los sobres se cargan. A
mediodía se aferran los juanetes. A la tarde las gavias van
con tres manos de rizos y están abajo los mastelílleros. El
viento sigue refrescando y la curva del barógrafo declina
más y más. El cielo está cubierto de nubes y la coloración
de la luz es difusa v rara. . . El mar algo siente! Las olas
se mueven como si fueran cetáceos que despiertan y se
desperezan.
Para hacer frente a la tempestad que se prepara, se han
tomado todas las medidas que dicta la conciencia del peligro
y la resolución inevitable de afrontarlo.
Antes de la puesta de sol se han cargado las velas mayores y
por último las velas de cuchillo y también la sobremesana
que a pesar de sus tres manos de rizos nos hacía orzar
quince grados!
¿Qué queda de aquella esbelta fragata que al amanecer venía
con todas sus velas desplegadas corriendo
sobre las olas, sacudiendo alegremente los sueltos rizos de
sus gavias!
EN PLENA MAR
La tempestad está formada. La lucha de los elementos va a
comenzar. Una densa bóveda de nubes se va extendiendo rápida
obscureciendo todo. El sol se hunde rojo, y amenazador,
iluminando un mar verdoso esmaltado de espumas.
Las últimas disposiciones para soportar el mal tiempo han
sido ya cumplidas. Las escotillas cubiertas con lonas, van
aseguradas con sus barras de hierro,
La "Sarmiento" se eleva flexible y ligera sobre las olas.
Todo huye por nuestro través hacia el Sur, el viento, el
mar, las nubes! como si estos elementos dominados por el
terror, quisieran alejarse de la escena que prepara la
naturaleza!
Las olas, que parecen más pesadas, se persiguen con sus
crestas lívidas que ruedan en perpetua caída. La gente de a
bordo las contempla sin temor, como que tienen confianza en
su propio vigor y en la solidez de su fragata.
Ya no se ven las aguas. La noche domina. El viento continúa
del Norte, pero ya no es viento, es un huracán cuya
violencia falta mucho para que llegue a su máximo.
El mar que se desenvuelve es gigantesco; la noche le da un
aspecto sombrío; la fragata sigue su rumbo; el viento silba
y las vergas crujen con su eterno quejido; la cabullería
vibra; el casco resuena y los estáis rechinan. . .
A media noche, el espectáculo es amedrantados Desde la
toldilla miro atento los puños de las gavias, porque temo
que los escotines de acero trenzado no resistan más; pero
por si esto sucede, las cangrejas con dos manos de rizos,
están listas para ser cazadas.
Hay dos oficiales de guardia, uno de ellos al mando directo
de los seis marineros que gobiernan las tres ruedas del
timón a mano. El mar se cruza por la cubierta, las olas como
enemigos irreconciliables, parece que se dieran cita en la
crujía del buque, para entrocharse v desahogar sus iras. Hay
momentos que no se ve a bordo, sino espuma. . . pero la
fragata, lejos de abatirse, se levanta como sostenida por
una fuerza extra-poderosa y vuela sobre las crestas
iracundas que la siguen, la rodean, la oprimen y la asaltan
sin cesar.
El huracán acentúa cada vez más su furia; el barómetro baja
sin tregua, un milímetro cada hora. El centro de baja
presión se aproxima constantemente. Estamos dentro de la
zona de una tempestad ciclónica y todavía nos falta mucho
para que este espasmo llegue al límite de su violencia!
¡Qué noche interminable! Aún faltan cuatro horas y media
para que amanezca! Dos largas horas transcurren • el mar
invade el buque... ya la fragata no se levanta sobre las
crestas; los golpes de mar la ahogan, se embarcan unos tras
otros y los imbornales no alcanzan a darles salida.
Ya no es posible continuar a rumbo! No hay más remedio que
derivar y correr a un largo. Todos los contramaestres y todas las
brigadas están de guardia. __Gente a las brazas! Bracear por
estribor! deriva timón! y en un momento propicio, donde se
juega todo, para salvarlo todo, se maniobra en forma
decidida y velas y timón y el mismo oleaje levantan la proa
de la fragata y la abaten a sotavento. . . La mar revienta
por todos los costados, no se ven sino montañas de agua y de
espuma que se desploman en revuelto torbellino . ¿qué
pasa?... Olas tras olas se derrumban bramando sobre la
cubierta; toda la arboladura se estremece; el rugido del
huracán adquiere una tonalidad siniestra; el buque se
inclina, las aguas se levantan, lanzan espuma y mugen. ¡Ay
de nuestra "Sarmiento" si no sabemos manejarla!
Los timoneles, fuertemente amarrados y asidos con sus manos
crispadas a las ruedas del timón, van graves y atentos. Yo
vi a uno de ellos, en un momento, en que el peligro parecía
sin remedio, a causa de una ola inmensa que se desplomó
atrepellando y rompiendo las portas de acero de los cañones,
yo lo vi, a pesar de la oscuridad, agitar sus manos y hacer
la señal de la cruz!
LA LUCHA CON LOS ELEMENTOS
A las 4 de la mañana, en plena noche negra, cesa casi
repentinamente el viento! Es una crisis de la convulsión
atmosférica. Minutos después llueve to-rrcncialmentc. . .
Gente a las brazas! — Los vientos que nos han abandonado por
el Norte, reaparecen por el Sudoeste y Sud. Estamos en el
segundo segmento del círculo del huracán. La violencia de la
tempestad se aproxima! ¡Oh mar inclemente! qué sacudimientos
espantosos te agitan en estas horas interminables!
Con cuánta razón dijo Víctor Hugo, que en una tempestad está
complicado el abismo. Habérselas con una tormenta es
habérsela al mismo tiempo, con todo el mar y con todo el
cielo!
¡Qué extraño y grandioso espectáculo presentaba el océano
sin límites, hirviendo y arrojando en todas direcciones sus
oleadas impetuosas, al resplandor difuso del amanecer!
Girones de nubes, verdaderos andrajos de vapores cubrieron
la alterada superficie del mar, sin dejarnos ver su
curvatura infinita. Nubes negras corrían por los cielos y un
rumor sordo salía de aquel desierto liquido de olas
agitadas.
Los aspirantes y aprendices, mojados y ateridos de frío,
sentían espanto por la causa de sus inauditas fatigas. . .
un grupo de contramaestres, jóvenes pero avezados lobos de
mar, comentaban las peripecias de la noche pasada, ¡una más
en su vida de penurias y sacrificios, tan mal conocida y
peor recompensada! Nada más interesante que las leyes de las
tempestades. ¡Parece increíble que en aquella lucha entre el
océano líquido y el océano atmosférico, lucha de furias,
donde todo es convulsión y espanto, en que ni el cielo, ni
el mar se reconocen, en que se piensa a veces que aquello es
el mundo que se derrumba, parece increíble digo, que
semejante perturbación esté sujeta a leyes precisas e
inmutables! Cuando por ciertas latitudes, desciende la curva
barométrica, varía la temperatura, se altera la dirección y
constan-
cia de los vientos; cuando cambia el color del cielo, la
forma y densidad de las nubes, el aspecto del horizonte y el
brillo de las estrellas, el marino debe de navegar con
cuidado, porque un peligro se acerca. ¡Es un ciclón que se
anuncia! Son corrientes circulares que van a venir a
restablecer el equilibrio, roto por expansiones repentinas
que aligeran el aire allá por las proximidades del Ecuador.
Es la tempestad giratoria, de trayectoria espiral, en cuyo
vórtice se arrastra el desorden espantoso de lo imprevisto y
contra el cual no hay defensa!
En aquellas circunstancias, todos los instrumentos
meteorológicos, barómetros verticales, aneroides,
barógrafos, termómetros y psicrómetros, oxilan — sus más
pequeñas variaciones dan índices inconfundibles. El oficial
entonces, con su ciencia y su experiencia, procede; traza
círculos!, aplica fórmulas, controla y compara, hasta que al
fin los números le dicen ¡cuidado! el centro de baja presión
que te amenaza está en tal orientación y a tantas millas,
corre con tal velocidad y fuerza, tiene dos semicírculos,
uno de peligro y el otro manejable, el marino se dirige
hacia la zona conveniente para salvar su nave y después de
muchas horas de marcha rápida, llega al campo de batalla y
allí casi en hora precisa, los elementos se enfurecen, rugen
los vientos, el mar se desarbola, se abren los abismos, las
olas son montañas; montañas que corren, que se derrumban,
aue se ierguen y que se chocan! y entre aquel cataclismo, a
la luz fugitiva de un relámpago, se ve un punto; es un
buque, es el hombre, débil, pequeño v solo, luchando sin
miedo y seguro, entre las tinieblas contra las fuerzas
ciegas de la naturaleza!
Si está en el semicírculo de la izquierda, capea amuras a
babor, si en el de la derecha, amuras a estribor, pero sin
olvidar la velocidad propia, ni la velocidad de la espiral
que lo envuelve.
Con ciclones y tifones y con todos los miembros de esta
familia detestable, me he encontrado en los mares de China,
en los mares de Bengala, en el océano Indico, en el mar de
Arabia, sobre las costas de Pcrsia, en las islas Filipinas,
en los mares del Japón y por todas las rutas que recorren
sembrando el terror con sus espirales formidables!
22 de julio. — Algo viene flotando a la distancia
Nos aproximamos. Es el mástil de un buque náufrago cubierto
de algas v conchilla. . . ¡Cuántas reflexiones nos sugiere!
;Dónde están los que lo tripulaban; dónde y a qué hora los
sorprendió la tempestad aue los llevó al abismo? ;Quién
presenció la agonía de tantos seres? ¡Nadie! Las olas, el
horizonte; tal ve/ las estrellas. . . .
A fines de julio doblamos el cabo de Buena Esperanza, bajo
uno de esos golpes de viento que desoían tan frecuentemente
esos parajes. Veníamos barajando la costa Sud del África,
con viento v mar por el través de babor, pero al caer la
noche, las ráfagas se hicieron más violentas, la sonda nos
advirtió peligro y como un mar enorme nos cargaba, derivamos
corriendo al Sur hasta el amanecer.
EN UN PAÍS DE HADAS
Agosto 22 — Viene amaneciendo; la fragata apenas impulsada
por una brisa leve, hace proa a tierra.
La carta constantemente a la vista; marcaciones continuas;
mucha prudencia. Hay que aproximarse con precaución a estas
costas y playas encantadoras; hay que temer el escollo y la
piedra escondida bajo estas aguas azules y en apariencia
profundas. Por la superficie de las aguas corren soplos
vivificantes. El calor y la luz se esparcen sin medida. Toda
la extensión del mar brilla y reluce. Los grandes
resplandores del sol que recién sale, caen sobre aquel
inmenso panorama. El fondo del mar es de coral! Una
naturaleza extraña se descubre ante nuestras miradas; bellos
paisajes, graciosas ondulaciones que tienen por fondo
bosques inmensos bajo un cielo sin nubes. Caprichosas curvas
y ensenadas avanzaban hacia nosotros. Al borde de las
playas, una vegetación confusa, hierbas marinas teñidas do
matices obscuros.
La bahía de Pasandara se abre de par en par por nuestra
proa, con toda su magnificencia. Nunca deslizóse la fragata
sobre aguas más tranquilas; jamás un ciclo tan azul brilló
sobre sus mástiles.
La mar de cerca y a lo lejos tenía el brillo y la tersura de
un espejo. Del fondo de las bahías que nos rodeaban, subia
así como un rumor de caricia, como una sensación de lejanías
tranquilas y de suaves profundidades.
Fondeamos en Helville, puerto de la Isla de Nossi-Bé, y de
inmediato, salvas de cañón, y, luego, los actos del
protocolo.
Durante nuestra estada en Nossi-Bé, gracias a la gentileza y
empeño del señor Gobernador que se encargó de la solución de
todos los trámites, pudimos visitar a S. M. la Reina Binao.
Esta visita fué para nostros, de recuerdo imborrable, porque
vimos lo que nunca habíamos visto, lo que creíamos que sólo
podían ver los personajes de Mayne Raid y Julio Vernc.
Una mañana la "Sarmiento", vestida con todas sus velas
avanzaba hacía la bahía de Ampasimen adonde se levanta la
ciudad real. La brisa floja, la inconstante brisa nos hacía
navegar a impulsos irregulares, pero tan apacibles, que
apenas se notaba la marcha. El sol subía en los cielos
haciendo brillar los alrededores cubiertos de montañas y
salpicados de islotes. En el fondo manchones de coral blanco
y rosado a dos y más brazas de la quilla. Millones de aba-Iones,
islas anilladas, bancos y arrecifes, trabajo de aquellos
pólipos fortalecidos por las aguas tibias de la región.
Causaba una emoción extraña ver aquella calma en la
naturaleza, sin una nube, y el mar manso con su uniforme
matiz verdoso.
A bordo gran animación pues nos acompañaban los hombres de
gobierno y sus familias, invitados también para la regia
entrevista. La costa se aproximaba, los detalles se definían
y admirando sin cesar el paisaje de magnífica grandeza que
se desdoblaba, como un ensueño ante nuestras miradas, llegamos a la hora fijada al fondeadero, dejando caer el ancla
dentro de una bahía pequeña y serena como una dársena.
Momentos después, todas las lanchas de a bordo se
desprendieron del costado e hicieron rumbo a tierra,
siguiendo la embarcación que conducía al señor Gobernador y
a mí. Los otros botes venían repletos con damas, oficiales,
aspirantes, músicos, todos cantando con feliz algazara!

Bajo la quilla de nuestros botes, se veía un fondo de coral
de mil colores y entre las aguas, nadar en desbande variados
peces cuyas escamas brillaban a los reflejos de la luz
solar. Al llegar a las proximidades de la playa, donde ya no
era posible que avanzaran los botes, so pena de varar sobre
los bancos de coral, encontramos dos literas enviados por S,
M. la Reina, para el Gobernador y el Comandante.
El comandante Beascochea acompañando a la Reina Binao.
Los tripulantes de las otras lanchas se descalzaron,
cargaron a las damas y bien arremangados se largaron de los
botes, chapaleando entre las aguas, felices y bullangueros.
Recordaré siempre aquel cuadro original. Los ciclos, las
aguas, las montañas doradas por el sol, bosques espesos,
grupos de cocoteros con sus copas inclinadas; allí una choza
de junco, a la orilla del agua, sepultada entre el follaje;
más lejos, cabanas levantadas sobre estacas; lechos de
juncos blancos, bóvedas verdosas de húmeda frescura; y por
todas partes panoramas admirables de colinas y palmeras!
En la playa, grupos numerosos de mujeres jóvenes, envueltas
en largas túnicas de gaza, con los cabellos sueltos y
adornados, bailaban con los pies desnudos, cantando al son
de raros instrumentos. Soldados de curiosa vestimenta y sin
armas movíanse evolucionando al compás de tamboriles y
cornetas. Bajo la selva, grupos silenciosos de indígenas
cubiertos sus cuerpos con hojas de juncos y en medio de
aquel cuadro, la reina en el centro de la playa, bajo un
inmenso quitasol que sostenían sus hermanos, vestidos de
gala con uniformes de generales franceses.
Al pisar tierra, todo lo que me rodeaba me hacía
creer que había puesto el pie en una isla encantada. Nuestra
banda de música ya fuera del agua, entonó la marcha de San
Lorenzo, cuyos acordes arrancó a toda aquella gente
aclamaciones, palmoteos y voces entusiastas. Grupos de
oficiales y aspirantes, libres ya de sus preciosas cargas
avanzaban del brazo de aquellas niñas francesas, cantando en
coro y todo esto en un pais que no se parecía a ningún otro
de la Tierra!
En aquel momento, llegue hasta la Reina y al presentarle mis
homenajes le dije, que su fama de reina justa y respetada,
había llegado hasta mi país y que en su nombre tenía el
honor y la felicidad de inclinarme en su presencia.
Binao, en correcto francés, me respondió que sabía, que
éramos marinos de una gran nación y que nos recibía con
afectuosos sentimientos.

Conversó luego con el Gobernador; contestó los saludos de todos y me
ofreció su brazo y seguido por numerosa comitiva, iniciamos
nuestro camino hacia el palacio, por un sendero en cuyos
bordes se erguían filas espesas de palmas y cocoteros.
Binao, me hizo una impresión agradable. Estaba vestida con
una bata color nuez, con grandes collares de perlas y
brazaletes de oro. Era un poco gruesa, tenía lindos ojos
llenos de expresión y dignidad natural, buena estatura y
rasgos fisonómicos regulares.
El almuerzo resultó otra sorpresa. Un comedor abierto, cuyo
techo formado de ramas, descansaba sostenido por puntales
rígidos y lisos. Infinita cantidad de hojas y arbustos,
caían como cortinas por los diferentes lados. Esteras de
junco, cubrían el suelo. La mesa tendida para cincuenta
personas, con mantel de encaje, y sobre éste vajilla de oro
y plata, porcelanas y cristales, regalo del gobierno
francés.
Tomamos asiento, la Reina, me colocó a su derecha, a la
izquierda el Gobernador y en el resto de la mesa
se distribuyeron los oficiales, las damas de la corte, los
hermanos de S. M. y el resto de la comitiva.
Fuera de allí, se veía el follaje del bosque y los jardines
en riente perspectiva y muchas mujeres jóvenes engalanadas
con trajes vaporosos.
Concluido el almuerzo, la Reina, se embarcó en la
"Sarmiento" con cantidad de mujeres de su corte y regresamos
a Nossi-Bé donde Binao tiene otra residencia real.
Serían las tres de la tarde cuando largamos las velas,
cuando la fragata principió a deslizarse sin ruido entre
aquellas aguas dormidas, dejando tras de sí lentas
ondulaciones, que iban a perderse a la distancia. En
cubierta las mujeres cantaban y sus voces se mezclaban con
los ruidos de los aparejos en un concierto raro.
La fragata sin apuro, se deslizaba con un movimiento
insensible, parecía inmóvil sobre la superficie de aquellas
aguas, unidas y lisas como un espejo.
En las horas del atardecer, el cielo, el mar, los bosques y
las playas se confundieron en una infinita variedad de
colores, luego el crepúsculo imprimió un carácter único a
las lejanías de líneas indecisas saturándolas de una
penumbra llena de misterios y cuando el sol se puso tras las
colinas y sus rayos de oro iluminaron horizontalmente los
bosques y se reflejaron sobre las aguas los picos de las
montañas rojas, aquella decoración adquirió las proporciones
de un espectáculo soberbio!
No hay frase para traducir las impresiones que despiertan
aquellos cuadros!
¡Difícil es hallar clima más dulce y sitio más encantador!
La gente, causa el efecto de vivir feliz, sin luchas, ajenas
al temor y al trabajo! Hijos de la naturaleza, no conocen
las pasiones que dominan el mundo y pasan sobre la Tierra,
como enajenados por un ensueño. Los alimentos asoman a sus
pies o cuelgan de los árboles del bosque. Por eso viven al
final de la vida, sin deplorar los años que pasaron; caen
como las hojas, como las olas que trac la marea sobre las
playas.
EN ARABIA
(Diego Suárez) — Septiembre 3. — Hoy reuní a la hora de
almorzar a las autoridades civiles y militares del puerto.
La Señora del Gobernador visitó mi camarote, y al ver el
retrato de mi esposa, cubierto de flores, me felicitó. Al
día siguiente me envió un ramo de jazmines para el retrato,
acompañado de una gentil tarjeta, que contesté así: Cuando
esas flores hayan perdido su color y su perfume, les
quedare! el encanto de haber venido de sus manos.
Después de dos días de agradables recuerdos, zarpamos y
cruzamos el océano Indico, de Madagascar al Cabo Guardafuí,
con todo el aparejo en viento y el buque escorado bajo un
ángulo constante, Viento y corriente, lo teníamos a favor y
en esos mismos parajes donde en un viaje anterior, la
"Sarmiento", había soportado uno de sus más recios
temporales, solo encontramos mar ri/.ada y cielo claro.
A la altura del golfo de Aden, entre la costa arabe y la isla Socotra y el
África hicimos rumbo al poniente y el 14 de septiembre
fondeamos en Aden, donde recibí la feliz noticia del
nacimiento de mi hija querida María Estela. ¡Quiera Dios,
dije en la intimidad de mis sentimientos, derramar sobre esa
vida todas las felicidades posibles en una larga existencia!
¡Cómo son tiernos los recuerdos del hogar! ¡Cuan distante
andaba entonces, de mi Esther y de mis hijos, de esc
universo mío por el que lucho y vivo, con fuer/as nuevas
cada día!
¡Qué calor! Con razón, se afirma que la Arabia es uno de los
países ardientes de la Tierra. Aden, es un horno de arena y
cuando el viento sopla del desierto un infierno, que hace
subir la columna de mercurio hasta 50 grados sobre el cero!
Se ven en las aguas, millares de peces muertos que las olas
arrojan sobre la costa.
La "Sarmiento" ha fondeado próxima a Sieamer Point, puerto,
desde donde se ven las fortificaciones inglesas, construidas
sobre el cráter de un volcán extinguido y una ciudadela de
rocas en cuya base, se levanta Aden, mostrando sus agrupadas
casas blancas, con techos esféricos.
Ni un solo arbusto! Sólo se ven las grandes cisternas en el
flanco de la montaña, los soldados de la guarnición, los
árabes y los camellos inseparables compañeros de aquellos
hombres.
¡El camello! La leyenda árabe afirma que fué creado por
Dios, en la misma forma que creó el primer hombre. Sobre su
lomo sinuoso proclamó Maho-ma las doctrinas de su credo, de
ese credo que no todos conocemos, pero en el que hay
consejos capaces de hacer la felicidad de los pueblos que
los cumplan.
"El que instruye a un ignorante, es algo así, como un vivo
entre los muertos".
"Si transcurre un día, sin que haya aprendido al go que me
acerque a Dios, que el alba de ese día, no sea bendecido".
"Prohibir la ci"ncia es sacrilegio; pedirla acto de
adoración a Dios; enseñarla es hacer obra de caridad".
"La ciencia, es la vida del Islam y la columna de su fe".
"La ciencia es una religión; la plegaria es otra religión".
"El estudio, es preferible al culto".
"Buscad la instrucción por todas partes, id hasta China, si
para ello, fuera necesario".
Dice la leyenda, que sobre e! lomo de un camello subió
Mahoma a los cielos!
Este animal es como un miembro de la familia del árabe; el
que insulta al camello, insulta a su dueño. Participa de sus
fiestas y está presente en sus ceremonias religiosas; se le
cuida como a un hijo; no se le castiga y le hablan como si
fuera un ca-marada!
El árabe dice: "La mujer es el camello que Dios le ha dado
al hombre, para atravesar el desierto de la vida!"
El árabe! es un tipo especial, todo lo que posee es
excelente, sus dátiles, sus perfumes, su café incomparable!
Su caballo, ningún otro es más elegante en sus formas, más
vivo y más ardiente en la marcha.
Brioso y al mismo tiempo dócil como ninguno a la voz de su
gincte. Lástima que a estos animales admirables, les falte
lo que /les sobra a los nuestros, inmensas planicies de
pastos sabrosos y aguas abundantes.
El caballo árabe, sólo recibe de su dueño caricias y buenas
palabras, lo cuida la familia, es el compañero de los niños,
que juegan entre sus piernas; es un caballo que no se
encabrita jamás y lleno de confianza en el que lo monta, no
se espanta y sin temor se precipita en el peligro, porque va
donde lo llevan!
El árabe! es también como su caballo, un animal de raza.
Sencillo en sus costumbres y en su lenguaje. Es un
aristócrata de sangre azul, nadie lo esclavizó jamás. Es el
más libre de todos los hombres! La soledad y los espacios,
son necesarios a su vida. Gozan de una salud robusta, cabeza
despejada y claridad de espíritu.
Desde niños, aprenden a dormir a la intemperie, a soportar
los calores y a resistir el hambre y el sueño! Por eso
cuando son hombres, ni la fatiga extrema de las largas
jornadas, ni el frío, ni la sed los acobarda. Aman el oro y
tienen avidez- por la fortuna, pero dicen "El dinero perdido
se puede encontrar, pero el honor no se recupera más".
Los deberes de la hospitalidad son allí sagrados.
POR UN MAR DE FUEGO
El 16 de septiembre zarpamos, cruzamos el Estrecho de
Bab-cl-Mandel y entramos en el Mar Rojo, donde encontramos
un calor insoportable. Inútiles los toldos, inútiles las
manguera') mojando puertas, cubiertas y costados. A babor,
fas desiertos de Arabia, a la otra banda, los arenales del
Egipto y allá arriba, sobre un ciclo transparente, el sol,
dándole al aire y al agua esplendor abrumante. En el fondo
de las lejanas perspectivas las formas vagas de algunos
promontorios y de noche la fosforecencia de las aguas y
entre ellas, flotando enormes medusas, rojas como brasas
encendidas y los relámpagos intermitentes en el ciclo.
Siete dias navegamos por aquel mar de fuego, donde el
ambiente, el buque, el mar, el sol, todo ardía. 2200
kilómetros! todo el lar,s>o de aquella inmensa grieta
profunda que se llama el Mar Rojo, y bien profunda por
cierto, pues desde la superficie hasta el fondo de sus
aguas, hay una distancia media de 1000 metros y en algunas
partes, pasa de 2000!
Las grandes profundidades de este mar no son constantes y
cuando por un caso cualquiera se detiene el buque sobre
capas de agua que sólo distan del fondo, 10 o 15 brazas de
agua, la mirada que atraviesa fácilmente su espesor
cristalino, contempla un espectáculo de belleza
incomparable. Praderas submarinas de zoófitos aparecen con
millares de ramas, de correas, de botones y de flores,
irradiando destellos de diamantes, zafiros y rubíes.
A beau mantir qu'il vienne dit loinl dirán algunos, pero
quien esto escribe ha tenido la rara fortuna de contemplar
ese cuadro, ese mundo infinito de formas y colores!
El 22, fondeamos en Suez; pagamos 12000 pesos para atravesar los 162
kilómetros del canal artificial y la "Sarmiento" entró en
aquellas aguas de sesenta a cien metros de ancho, con
reflejos de púrpura sobre todos los extremos de su alta
arboladura!
Al salir del canal, fondeamos en Port Said, puerto de una
ciudad donde flamean todas las banderas de Europa, donde se
hablan todos los idiomas y se mezclan todas las costumbres
de los países más distantes. A la distancia columbramos el
Sinaí, de Moisés.
Al llegar a Ismalia, desembarcó el teniente Tlialas-S0, con
la misión de ir por tren al Cairo y arreglar
allí los detalles protocolares de mi visita al Kedive, a fin
de poder cumplir, al llegar a Alejandría, con esa agradable
obligación de carácter diplomático.
Nadie conocía al Teniente Th.tlasso en el Egipto; pero este
oficial resolvió con tanto éxito los problemas que se le
presentaron, que encontré todo resuelto a mi llegada al
puerto de Alejandría y al Teniente Thalasso convertido en el
amigo predilecto del personaje de más influencia en el
gobierno egipcio! Gracias a la intervención de ese Ministro,
encontramos durante nuestra estada en el Cairo, facilidades
de todo orden y una especial consideración para los
tripulantes de la "Sarmiento".
El mismo día de mi llegada me recibió el Kedive, en tino de
los salones de recepción de su palacio, con guardias
militares vistosamente uniformadas. El Kedive, me hizo la
impresión de un hombre joven y simpático, casi cariñoso. Un
sirviente de etiqueta nos sirvió café en tazas de filigrana
y oro; otro sirviente alcanzó cigarrillos, mientros el
soberano me decía en la breve entrevista: Tuve siempre
grandes deseos de conocer su país, que lo sé grande, rico y
próspero, y pensaba ir cuando tuve la doble desgracia de
perder a mi padre y la de tener que hacerme cargo del
gobierno. Se me aseguró que el Kedive, era el hacendado más
rico del África y Europa!
ANTE UN DESFILE COSMOPOLITA
Pasados diez años, llegaba otra vez al Cairo. Me instale en
el gran Hotel Savoy, donde mi dormitorio daba a un jardín
sembrado de palmeras. Volví a visitar mesquitas, y bazares,
y volví también a visitar las Pirámides, la Esfinge y
monumentos vecinos y encontré el mismo cuadro, con sus
camellos, sus beduinos, sus arenas y el desierto!
En la terraza de mi hotel me reunía con amigos de reciente
data y me resultaba interesante el espectáculo
constantemente variado que me ofrecía aquel desfile
cosmopolita, donde se mezclaban razas, trajes, y costumbres.
En el Chubra, que es el Palerno del Cairo, célebre por sus
sicómoros legendarios me reunía con familias amigas y de
allí miraba el Nilo y contemplaba el fondo de aquellos
jardines y la Dársena donde Mahomet Alí, hacía bañar en
público a sus esclavas predilectas.
Un día antes de partir, al divisar desde el hotel, allá
sobre las cimas del Mokatam los puntiagudos alminares y
cúpulas de la ciudadeia y de la mesquita de Mahomet-Alí, me
decidí a volver a visitar esos lugares. Tomé un coche y por
una cuesta rápida, subí por entre rocas hasta la altura
aquella. De allí,
contemplé a la ciudad del Cairo, inmensa, extendida, por la
verde llanura que limita el desierto. Vi, otra vez, brillar
los alminares de las tres mil mesquitas! En las lejanías del
Norte, las cúpulas de los sepulcros de los sultanes
mamelucos; hacia el Sur y el Oeste, en los últimos límites
visibles casi perdidas entre las brumas de la llanura Las
Pirámides! de pie, sobre el siniestro pedestal que les forma
el desierto. ¡Cuántas reflexiones ofrecieron esos monumentos
a mi espíritu, cuántas miserias se me representaron! El
opresor poderoso y el débil sacrificado. El Faraón y el
Fallan! distancia inconmensurable para la cual, el orgullo
de esos reyes, no encontró nunca la unidad de medida!
¡Oh! Pirámides, recuerdos hasta ahora, inconmovibles del
pasado; los que os hicieron construir, ya no yacen en
vuestros subterráneos, sus ataúdes andan sin tapas y ellos,
desnudos, se ven expuestos a la curiosidad pública! Solo
vosotras permanecéis en el mismo sitio!
¡Oh! Cheops, tú que perseguido por la tenaz inquietud del
más allá, dejaste todo arreglado para que tu momia fuera
escondida en el profundo laberinto que cubre la pirámide, en
cuya construcción sacrificaste la juventud y la vida de
tantos miles de esclavos. ¿Dimc? Te imaginaste alguna vez,
que tus despojos andarían vagando por los muscos, metidos en
una caja de cristal y a cara descubierta!
¡La Esfinge! Los siglos la respetan todavía, pero ya está
vieja, gastada, pero aún luce su melena, a la intemperie
abrasadora del desierto!
A mi regreso de la Ciudadeia, visité el museo donde se
guardan reliquias de un valor inestimable. Todo lo que
encuentro a mi paso, ha existido desde hace cuatro mil,
cinco mil, siete mil años!
En la planta baja, sarcófagos de granito apoyados contra los
muros. En la planta superior aparadores de cristal y allí,
papiros, gcroglíficos; luego momias y máscaras. En otras
dependencias no encuentro sino cadáveres. En sitio aparte
los grandes ataúdes regios, descubiertos.
Sethos I! padre de Sesostris — helo aqui, dormido con la
serenidad de un justo.
Sesostris! ¿Pero es posible, que este espantajo desdentado
que miro cubierto de harapos, sea aquel, que fue el amo de
los reyes y la personificación del saber y la belleza
física! Es este, aquel cuyo nombre formidable, hizo temblar
a todos los pueblos de la Tierra! ¿Para qué te ha servido
Sesostris la faja aquella de fibras de aloe de millares de
metros, que envolvía tu cuerpo! si al breve espacio de unos
cuantos miles de años, que son apenas un segundo, en
comparación a la Eternidad soñada, te ibas a encontrar casi
desnudo, en la sala de un museo!... y sigo mi camino
Ramses III; Ramscs IV! ¿Extrañáis acaso, vuestros laberintos
subterráneos, donde por tantos siglos permanecisteis
escondidos. . .!
Y al alejarme de todas esas cosas que me recordaban un
pasado tan remoto, iba pensando en el eterno caos de las
creencias humanas; en la obra destructora del Tiempo; en ese
más allá que nos espanta; en las variedades de la
vida y en la nada de las grandezas humanas!
ENTRE NIEBLAS GRISES
El 29 de septiembre zarpamos de Alejandría rumbo al Estrecho
de Messina. Antes de llegar al Estrecho, nos envolvió una
espesa niebla que no nos dejó distinguir la costa. Luego
aclaró, un solo instante, lo suficiente para obtener una
situación de confianza, y la "Sarmiento" lanzando de minuto
a minuto, agudos silbidos que resonaban como ecos de alarma
y de peligro, continuó navegando despacio, entre aquel
húmedo sudario de tinieblas grises que no dejaba distinguir
un objeto a cinco metros de distancia. Las aguas, se movían
aletargadas, se escuchaba a babor, a la otra banda, por la
proa y por la popa toques de campana que avisaban buques
fondeados a larga distancia. Todos estaban al ancla; sólo la
"Sarmiento" caminaba arreglando su derrotero por la
dirección e intensidad de las campanadas.
Cuando llegamos al Estrecho, felizmente, principió a
clarear. El velo gris oscuro que nos envolvia se desgarró
por todas partes; girones de niebla se arrastraban al azar,
alejándose, palideciendo y tornándose diáfanos. La claridad
principió y las espumas señalaron las sinuosidades de las
costas próximas y entre tanto por entre aquella atmósfera de
agua, los picos de las catedrales, las chimeneas de las
fábricas, principiaron a asomarse surgiendo más tarde la
ciudad completa, desde los muelles hasta los últimos
contornos de las campañas verdes.
De Messina pusimos proa al Estrecho de Bonifacio y de allí a
Malta, donde corrimos una regata con los ingleses de la
Escuadra de! Mediterráneo ganando por dos cuerpos de bote!
Las autoridades inglesas y la sociedad maltcnse, nos
recibieron afectuosamente y la última noche, la noble
familia Guellcher, dio en nuestro honor un gran baile, en su
tradicional palacio.
No nos fue fácil dejar aquel puerto, pues damas y caballeros
insistían en que la "Sarmiento" postergara su partida.
De Malta hicimos rumbo a Toulón en cuyas aguas fondeamos
próximos a los restos del acorazado "Liberte", convertido en
un escollo de metal, en un montón de fierro viejo. La proa y
la popa bajo el agua, los puentes acorazados soliviantados
por la explosión, asomaban sobre el casco hecho pedazos.
Hacía apenas un mes, que aquel acorazado, una de las más
poderosas unidades de la flota francesa, había hecho
explosión a consecuencia de una mala calidad de las pólvoras
almacenadas en sus Santa-Bárbaras. Fué aquel un drama breve
y terrible. En el amanecer del 25 de septiembre de 1911,
aparecieron humos y llamas sobre la cubierta del "Liberté".
El incendio se inició en el interior de la proa, y minutos
después enormes llamaradas barrían las baterías, volatizando
en su pasaje hombres y material. Luego, un estampido
formidable hizo temblar la ciudad de Toulón, volteando
puertas y ventanas cuyos vidrios volaron hechos añicos. Se
oyó un clamor inmenso! Alta columna de humo se levantó hacia
el cielo. Mi-
les de fragmentos metálicos volaron por los aires. El
"Liberté" había saltado; doscientos muertos y trescientos
heridos graves. Tal fué el resultado de un invisible trabajo
químico; los átomos convertidos en gigantes, por la
deflagración espontánea de pólvora inestable!
Dejamos un recuerdo sobre aquellos restos. Fué una ceremonia
breve e imponente. Cinco almirantes franceses, recibieron la
corona que en cintas argentinas llevaba esta dedicatoria: A
loa que murieron en su puesto! Todos los botes de los
acorazados fondeados en el puerto estuvieron presentes,
tripulados por numerosos oficiales de todas las jerarquías,
UN EX EMIGRANTE AGRADECIDO
Los puertos de Barcelona y Málaga lian dejado en nuestras
almas los más gratos recuerdos. La "Sarmiento" fué durante
su breve estada en aguas españolas, la mimada del pueblo,
del gobierno y de la sociedad más distinguida.
El 24 de octubre fondeamos en Barcelona, en el sitio que se
reserva para la nave que conduce al Rey, V desde el primer
momento se iniciaron las recepciones, los bailes y los
banquetes, en tal forma, que dejamos de pertenecemos para
entregarnos a las amables exigencias de aquella gente, que
con el corazón en la mano, nos brindaba atenciones y
benevolencias inolvidables.
Desde muy temprano nuestra fragata se veía concurrida y
animada en continua fiesta. Las recepciones oficiales, las
visitas a los personajes del gobierno, las delegaciones que
llegaban a presentarnos sus saludos, las comidas, paseos y
otros entretenimientos, nos ocuparon todo el tiempo y muchas
veces hasta altas horas de la noche. Es natural, entonces,
que los días pasaron con la rapidez de las horas, ya que
sólo es lento el andar del tiempo para el dolor o el hastío.
Entre las atenciones recibidas quiero mencionar la de Manuel
Malagrida, uno de los hombres más ricos de Cataluña. Nos
ofreció un banquete en los salones de la Maison Dorée.
Malagrida vino a buscarme para conducirme a la fiesta y
recuerdo que al entrar en su automóvil le hice un
cumplimiento por lo lindo que era, a lo que contestó:
"Señor Comandante: el dueño de este coche, llegó a su país
con billete de emigrante! A la República Argentina le debo
mi felicidad y mi fortuna; allí llegué para emplearme en un
boliche de tabaco y al cabo de varios años de trabajo
activo, me convertí en el hombre de confianza del patrón, y
en el boliche nada se hacía si yo no lo ordenaba. Pero un
día, una tal Doña Francisca, recomendada y amiga de la
patrona, entró como empleada, y desde entonces, me vi
subordinado a iniciativas ajenas v poco a poco, perdí la
influencia conquistada. Tenía muy poco sueldo, y al verme
así tan injustamente desplazado decidí mi salida de la casa.
Como tenía algunas economías y algo entendía del negocio, me
instalé por mi cuenta y labré mi fortuna".
Terminaba el interesante relato en el momento que llegábamos
al lugar de la fiesta. Al descender del coche, le dije:
Bendiga Vd. a esa Doña Francisca señor Malagrida, porque ella fué. tal vez, la ocasión de
su fortuna.
En aquel banquete estuvieron el general Weyler, el
gobernador, varios senadores del Reino, algunos millonarios
de Barcelona y lo más selecto de la sociedad y de la
política.
Mi entrada fué saludada con aplausos y vivas a la República
Argentina. Desde el principio hasta el fin, el entusiasmo y
la alegría no decayeron un instante. Llegó el momento de ios
discursos, y todos ellos fueron himnos a la grandeza de
nuestro país, a sus leyes generosas y a su incalculable
porvenir!
Cuando terminó aquella manifestación, tuve el honor de ser
acompañado hasta mi buque, por la mayoría de los
concurrentes.
Malagrida me visitaba con frecuencia y una vez me habló
sobre los inconvenientes que traía aparecida una gran
fortuna y me contaba casos repetidos, de amigos que sólo lo
rodeaban porque necesitaban de su dinero, y como al día
siguiente de estas expansiones amistosas, me mandara su
retrato, retribuí su atención enviándole el mío con la
siguiente dedicatoria:
"A mi «migo Manuel Malagrida, al que puedo darle este titulo
horaite bo necesito de él sino sv cariño".
Fué tal la impresión que le causó este envío, que sin dejar
pasar una hora, vino a bordo a agradecerme con un abrazo la
dedicatoria del retrato.
UNA EXQUISITA DEMOSTRACIÓN FEMENINA
Como nuesrras amigas no nos encontraban con un momento libre
durante el día, y queriendo ofrecernos una fiesta para
agradecernos, sesrún ellas, nuestras repetidas atenciones,
decidieron darnos una cení, también en los salen ps de la "Maison
Dorée". O'anto puede Imaginar el b»en ?usto para hermosear v
hacer agradable una reunión, fué realizado allí, en aquella
mesa donde estuvieron representadas la juventud, la belleza
y la distinción.
Como el momento de partir se aproximaba dimos a bordo un
banquete de despedida, retribuyendo los agasajos recibidos.
La "Sarmiento" convirtióse en un jardí". ñero en un iardín,
dentro de un bosque. Era difícil saber dónde estaban las
embarcaciones, lis lumbreras, las bitas, tan artísticamente
habían sido alterados sus contornos. Un follaje ligero, '.alpicado
de flores y admirablemente distribuido, por hombres expertos
en la materia, le daba al coniunto una fresca impresión de
primavera. En la cubierta principal, prudentemente
destanciadas, se veían fuentes, arrojando aguas de
diferentes colores v miles de lámoaras eléctricas brillaban
por les mástiles v bordas, dándole una impresión feérica. De
leios, la "Sarmiento" envuelta en tales resplandores,
parecía un buque auc se incendiaba, En la Toldillo una gran
mesa en forma de herradura, daba asiento para cien personas,
y en el centro fuentes de aguas, flores y guirnaldas, bajo
un cielo nítido, tachonado de estrellas.
Nuestra banda de música, tocaba en el Castillete,
y a popa una orquesta de zíngaros hacia oir apagados y
melódicos sones.
Cuando llegaron los invitados no se oían sino exclamaciones
de admiración y aplausos.
Cincuenta damas de la mis aristocrática sociedad madrileña y
catalana, prestigiaron con su presencia aquella fiesta, como
también las entidades del comercio y del gobierno.
A los postres, agradecí en un corto discurso los homenajes
recibidos y dirigiéndome a las damas, les dije: "Pasarán las
horas y otra vez. volveremos a encontrarnos en la mar
inmensa y solitaria. Ya no estaréis vosotras, y en vez de
luces, flores, y armonías, tal vez rugidos de la tempestad
en la terrible obscuridad de la noche! Pero algo flotará
entonces, entre las velas de nuestra fragata, florarán los
recuerdos inolvidables de vuestras gentilezas que vendrán a
acompañarnos para hacer menos dolorosa la distancia y la
ausencia".
Y como todo pasa en la ,r,'da, también terminó aouclla
fiesta, y las primeras horas de la mañana, ' vieron, como
poco a poco la quietud reemplazó al bullicio y ya antes de
izarse el pabellón, ni un adorno quedaba en el buque,
habiendo recobrado el navio de .guerra su aspecto tranquilo
y marcial.
Cerca, como a dos cuerpos de buque de la "Sarmiento", estaba
fondeado un viejo pontón, pobre y obscuro. Era el Asilo
Naval y allí vivían como olvidados, criaturas y muchachos de
diversas edades. Que contraste con la animación de nuestra
feliz y alegre fragata! Pero no pasó un solo día, durante
nuestra permanencia, sin que antes que se iniciaran las
fiestas a bordo, no enviáramos al asilo, masas, bombones y
de ve/, en cuando los traíamos a bordo, donde jefes,
oficiales v marineros nos complacíamos en '"•galarlos y
tratarlos como si fueran los huérfanos de nuestros propios
compañeros de armas.
Una mañana, en los momentos en que aparecía el sol sobre las
aguas del Mideterráneo, la "Sarmiento" levaba sus anclas,
rumbo a Málaga. Al pasar por el costado del buque aquel,
tripulado por los huérfanos, escuchamos los acordes del
Himno Argentino, y el canto de sus estrofas, l.os niños
ejecutaban v cantaban nuestro Himno! Y al pensar que
aquellas notas de la Patria, vibraban a los impulsos
generosos de la smuitud y del cariño, una emoción inmensa
nos llenó el alma y muchas v nobles lágrimas pugnaron por
saltar a las mejillas. Las impresiones de la infancia, que
no se borran jamás, harán aue esos seres miren siemnre con
respeto y cariño la bandera de la noble patria de los
argentinos.
ENTRADA TRIUNFAL EN MALAGA
Hace ya muchos años, tal vez veinte, tal vez más, una gran
inundación, causó grandes perjuicios en la ciudad de Málaga.
Su río, el Gudalmedina que la cruza desde las faldas de sus
montañas hasta el mar, desbordó torrentes de su profundo
cauce y arrastró en sus turbiones, caseríos importantes,
ocasionando muertes y destrozos que llevaron a la miseria a
muchos cientos de sus habitantes. Esta noticia fué conocida
en Buenos Aires el mismo día de la catas-
trofe y el Banco Español, entonces en la plenitud de su
crédito, inició de inmediato una suscripción para socorrer
esta desgracia. El pueblo argentino respondió al instante y
la colonia española con afán patriótico recolectó en pocas
horas, sumas importantes de dinero. Nuestras cámaras votaron
en el día, una donación generosa y con tal rapidez se llevó
a cabo la colecta, que esa noche llegó a Málaga un giro
telegráfico por más de un millón de pesetas. Allí le
llamaron el óbolo argentino, y desde ese tiempo aquella
ciudad, agradecida, pedía ñor intermedio del Ministro
Español en Buenos Aires, que la fragata "Sarmiento" tocara
en Málaga en uno de sus viajes.
El 3 de noviembre a las cuatro de la tarde estábamos frente
a Málaga, con cielo claro y sol radiante. La ciudad, blanca
como una paloma, entre sus montañas y las playas del
mediterráneo, Un grupo numeroso de embarcaciones hizo rumbo
hacia nosotros. Eran guigues del Club de regatas tripulados
por niñas que con blusas azules, vestidos blancos y gorras
marinera?, en cuyas cintas decía Viva la noble Argentina,
venían a traernos el primer saludo, subieron a bordo, entre
aplausos y acordes musicales, y con tan preciosa carga, la
"Sarmiento" que venía con todo su velamen, inició su entrada
al puerto, recogiendo sus velas con tal prontitud y
corrección, que se idi.vKttJ&vct íisÁtaiCTitc tas
sentamientos que accionaban la maniobra, en que cada
marinero desplegaba el máximo de su agilidad y destreza para
que aquella faena que contemplaban miles de espectadores
resultara lucida.
La ciudad estaba embanderada; los balcones con adornos y
flores y el Regimiento Húsares de la Reina, venido
especialmente de Madrid, al mando del Coronel Cayetano de
Alvear, desplegado en orden de batalla, presentaba sus armas
a los acordes de nuestro Himno, que varias bandas de música
hacían oír en aquel momento.
El pueblo con aclamaciones entusiastas, vivaba una y mil
veces a la República Argentina y a sus marinos, a la hija
predilecta de España. Y entre aquel clamoreo que no cesaba
un instante y entre los silbatos de las sirenas de los
buques y las fábricas vecinas, la "Sarmiento" continuaba su
entrada, recogidas ya sus velas y tirando a tierra los cabos
necesarios para amarrarse al malecón que le estaba
destinado.
¡Cómo narrar aquclos días inolvidables en que sus horas
fueron una serie no interrumpida de ovaciones y de fiestas!
Desde mi llegada, avisé a la Comisión de Fiestas que mi
estada en el puerto duraría tres días, aunque eran cuatro
los marcados en el itinerario del viaje. Siempre lo hacía
así en todas partes, porque a última hora, principiaban las
insistencias para que la fragata postergara su salida,
siéndome entonces posible complacerlos sin pedir permiso a!
Ministerio.
En la tarde del tercer día, vinieron a bordo varias damas de
la Sociedad de Beneficencia a decirme que ellas sabían que
debía zarpar a la mañana siguiente, pero a pesar de ello me
pedían en nombre de todas las damas y señoritas de Malaca,
que postergara un
día mi partida, pues se iba a dar una función de gala con
fines caritativos en el teatro "Cervantes" y que ellas
estaban seguras, que si podían anunciar en los carteles que
nosotros íbamos a estar presentes, la fiesta sería todo un
éxito, reportando grandes beneficios para sus pobres
protegidos. Accedí al pedido haciéndoles saber que
sentimientos de esa naturaleza no se invocaban inútilmente
en un buque argentino. Esta noticia corrió pronto por toda
Málaga y cuando en la noche siguiente, nos presentamos en el
adornado palco que nos habían destinado, los concurrentes
del teatro se pusieron de pie y damas y caballeros nos
aplaudieron con cariñoso entusiasmo.
En los entre-actos visitando los palcos de mis amigas, noté
que todas ellas me decían: Ya vtrá Vd. cómo mañana tendremos
todavía la felicidad de tener a la "Sarmiento" en nuestro
puerto y efectivamente así hubiera sucedido, si una cariñosa
indiscreción no hubiera hecho saber a uno de mis oficiales,
que todas las niñas del Rowing Club tenían el propósito de
cerrarnos la salida del puerto, con sus embarcaciones
tripuladas por ellas mismas!
¿Qué comandante, no hubiera dejado caer las anclas de su
navio, ante semejante muralla? Por eso nos fuimos en
silencio, a las dos de la mañana, mientras la ciudad dormía.
E"l 12 de noviembre, después de varios días de permanencia
en Gibraltar, dedicados a una prolija recorrida de toda la
arboladura, hicimos rumbo al Atlántico, en busca de los
alisios del noroeste.
Mandé a Málaga este pensamiento, que, según supe más tarde,
fué publicado en numerosos diarios de España:
A MALAGA
Si las gracias de las malagueñas se derramaran sobre las
cuencas del Gualdamedina, ni el Gualdaqui-vir, ni el Plata,
ni el Amazonas, serian más caudalosos! ¡Adiós, pedazo del
cielo, bañado por el Mediterráneo! ¡Lo terrible es haberte
conocido y tenerte que dejar!
La "Sarmiento"
En Gibraltar recibimos muchas cartas de Barcelona y Málaga.
Copio una de ellas, para dar una idea de las nobles
amistades que dejaba en pos de sí nuestra fragata:
DESPEDIDA
Al saludar y despedir por última vez a los bravos marinos de
la "Sarmiento", después de breve permanencia en Barcelona,
se nos oprime el corazón, asoman lágrimas a nuestros ojos y
afluyen a nuestros labios con tristeza las siguientes
naturales preguntas: ¿Nos volveremos a ver? ¿Dónde? ¿Cuándo?
No lo sabemos... ¡Sólo Dios lo sabe! Pero nos consuela la
idea, a la par que la esperanza, de que nuestras almas, que
han simpatizado y se han confundido en pocos días, que nos
han parecido rápidos instantes, se han de volver a encontrar
en cualquier otra parte de la Tierra y que allí hemos de
poder corresponder a ¡odas las gentilezas de que le somos
deudores!
Firmas de Damas
PESCANDO TIBURONES
29 de noviembre. — Ya estamos fuera de la región de los
alisios. Avanzamos sobre el Ecuador, dentro de la zona de
los nublados y de las lluvias casi continuas.
Las brisas frescas de los días anteriores han cesado por
completo. El aire es un tanto pesado y la atmósfera casi
sofocante. Estamos en la zona de las calmas que se extiende
alrededor de la tierra, como insuperable línea de
demarcación entre los alisios del norte y los del hemisferio
sud. El cielo presenta su eterno cinturón de nubes.
El océano parece un inmenso lago. No hay aire. En todo este
infinito de la mar ecuatorial no hay más que una humedad
caliente. Vamos soportando el excesivo calor de las
tormentas. Las velas van caídas. Nubes negras, preñadas de
cataratas, se reflejan en las aguas.
2 de diciembre. — La vida de a bordo continúa como el primer
día de este viaje. Desde el alba hasta la puesta del sol,
las varias escuelas embarcadas funcionan con rigurosa
exactitud. El buque brilla; los ejercicios, safarranchos y
maniobras, se ejecutan en tal forma que constituyen un
ejemplo para la mejor educación militar de los aspirantes.
En esta travesía en las horas de un alegre amanecer, con el
mar, sin olas y vientos sin rugidos, vimos aparecer por
ambos lados de la línea espumosa de la estela dos grandes
tiburones que nadaban a flor de agua, a corta distancia de
la popa. Veíamos sus aletas emerger en la superficie, los
listones zebru-nos de sus cuerpos enormes, Jos peces pilotos
que flanqueaban su marcha y acto continuo se mandó preparar
anzuelos y aparejos y entre tanto se les entretuvo,
arrojándoles grandes pedazos de tocino y entonces los
veíamos invertirse sobre sus lomos y abrir sus anchas fauces
provistas de triple hilera de dientes y en violenta sacudida
devorarse de un solo golpe el regalado alimento.
Pero pronto estuvo listo el aparejo y el gran anzuelo, cayó
al agua escondido dentro de otro gran pedazo de tocino y
esta vez, como las otras se lanzaron hambrientos y feroces,
sobre la carnada y al sentirse uno de ellos, herido por los
garfios, quiso huir, dio una espantosa sacudida, se hundió,
movióse a derecha c izquierda, apareció otra vez en la
superficie, como queriendo atrepellar el barco, y dejando
trozos de sangre que iban indicando el inquieto derrotero de
su desesperación. Por fin, ya fatigado, fué fácil
suspenderlo y arponearlo y traído a bordo, lo regalamos a la
tripulación, que pronto dio cuenta de aquella fiera,
fraccionándola en pedazos, tradicional costumbre que no
olvidan los hombres de mar.
EL ORGULLO DEL DEBER CUMPLIDO
6 de diciembre. — Las costas del Brasil están a la vista; el
alisio del sureste sopla fresco.
Allá, hacia el sud, tras del horizonte, ya percibimos con
los ojos del alma, las playas de la patria y los techos de
nuestros hogares.
El 8 de diciembre fondeamos en Río de Janeiro, el 14 en
Santa Catalina, y el 26 de diciembre en la rada de Buenos
Aires. Terminó el viaje, sólo su recuerdo no terminará
jamás, el ¡amas relativo de la vida. Nos parece que fuera
ayer, que nos abríamos de los malecones de la Dársena, para
emprender el undécimo viaje, y sin embargo han pasado ya
muchos meses y durante ellos hemos cruzado el Atlántico Sud,
de este a oeste, en pleno invierno y por sus más temidas
latitudes, fiemos montado sobre huracanes, el Cabo de Buena
Esperanza. Cruzado de Sud a Norte el Océano Indico y el
Canal de Mozanbique, atravesado el Golfo de Aden, el Mir
Rojo, el Mediterráneo, bajando de Norte a Sud por ese
Atlántico que cruzamos al principio de Oriente a Occidente.
¡Oh! ¡la Patria! Reunión de todos los hogares, de todas las
caricias, de todas las ilusiones; grato nos fué volver a su
seno, con la conciencia de haberla representado dignamente,
lo mismo en las soledades tempestuosas, que en las fiestas
de los gobiernos y de la sociedad.
Orgullosos volvimos de la misión cumplida, porque la bandera
que nos fué confiada, regresaba flameando al tope, con todos
sus prestigios, y con la altivez con que está acostumbrada a
pasearse en los campos de batalla!
En la Armada, se dio a conocer la siguiente orden del día:
"El Ministro de Marina se complace en felicitar al señor
Comandante, Oficiales y tripulación de la "Fragata
Sarmiento" haciendo constar su satisfacción por la brillante
conducta y preparación demostrada durante su reciente
viaje".
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