Historia
y Arqueologia Marítima
Trabajos de Investigacion Historica del
DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISTORICOS NAVALES
Proyectar hacia el futuro. Adquisiciones y modernización naval.
Por TN Mauro Figueroa
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El 5 de octubre de 1926 fue promulgada la ley Nº 11.378 por el presidente de la Nación Marcelo T. de Alvear, que permitió al Poder Ejecutivo invertir una importante suma de dinero para la modernización y renovación de los medios navales. Habían pasado dieciocho años desde la última vez que el Estado dictaminaba una normativa que permitía el desarrollo y actualización de la Armada Argentina. Aquel hecho se configuraba como corolario de un proceso iniciado a principios de 1923, con la realización de un minucioso informe que daba cuenta del estado general de la Marina y de los graves problemas que atravesaba el material a su cargo. La crisis económica y la compleja situación derivada de la conflagración mundial habían acentuado el deterioro, impidiendo el cumplimiento efectivo de las tareas encomendadas a la fuerza naval. Este difícil escenario fue descripto por el presidente en reiteradas oportunidades ante el Parlamento, que prolongó el tratamiento de la cuestión en manos de otras urgencias. En el mes de julio de 1926, luego de sortear las instancias legislativas, ingresó a la Cámara de Diputados un proyecto de ley en el cual se establecía un plan naval coordinado y armónico a diez años, teniendo en cuenta el reemplazo del material flotante que se encontraba en malas condiciones, la reposición de los elementos auxiliares que atendían trabajos de balizamiento, cuidado de faros, vigilancia de la costa marítima y relevamientos hidrográficos. Asimismo, en vista a los adelantos tecnológicos y por los cambios internacionales operados en la organización naval, se respaldaba el fortalecimiento de la aviación y a la creación del componente submarino en la Armada Argentina. Estos objetivos estaban en sintonía con la concepción geopolítica y estratégica que había fijado el gobierno nacional: favorecer el desarrollo de la actividad pesquera, impulsar el crecimiento de la Marina Mercante y promover la construcción de transportes navales al servicio de la explotación y traslado de los recursos marinos del amplio litoral marítimo. El desarrollo económico requería el acompañamiento del componente militar para proteger las actividades marítimas del país. Por ello era necesario que el país contara con una fuerza naval que contemplara adquisiciones y actualización del material flotante, atendiendo además la disposición y mantenimiento de las bases y destacamentos navales a lo largo de la costa marítima, para otorgar un soporte estratégico destinado a la flota mercante y la de guerra. El gobierno de Alvear propiciaba entonces, en términos del vicealmirante Segundo Storni, la consolidación y fortalecimiento del Poder Naval Argentino. La sanción y posterior promulgación de la Ley de Renovación de Material Naval (Nº 11.378) indicaba la clara convicción del presidente y de los altos mandos navales en ese sentido.
Navegación del Crucero 25 de Mayo Al cabo de numerosos estudios, fines de febrero de 1927 se autorizó la contratación del astillero italiano Odero Terni Orlando para la construcción de los cruceros, que recibieron el nombre de Almirante Brown y 25 de Mayo, que tenían capacidad para operar con aviones embarcados. La ley preveía la adquisición de cinco torpederos: la construcción de tres de ellos estuvo a cargo de astilleros ingleses, siendo bautizados luego con los nombres: Mendoza, La Rioja y Tucumán; los otros dos restantes fueron adquiridos a España, recibiendo los nombres de: Cervantes y Garay. La construcción de los primeros submarinos argentinos, Santa Fe, Santiago del Estero y Salta quedó en manos de la firma italiana Franco Tosi, de Taranto.
Zarpada de los Tarantinos Los fondos destinados permitieron además, el mejoramiento de algunos destinos en tierra y la edificación de la base de apoyo para los “Tarantinos”, asentada en la ciudad de Mar del Plata.
Construcción de la Base de Submarinos Mar del Plata La concreción del ansiado reequipamiento de la Marina involucró un salto cuantitativo y cualitativo de grandes proporciones que mantuvo a nuestro país entre las diez marinas más poderosas del mundo en cuanto a tonelaje y poder de fuego. La sanción de la ley de Renovación de Material Naval, junto con otras importantes decisiones, fue el resultado de un trabajo coordinado y exhaustivo por parte de la alta oficialidad naval, que diseñaron y pusieron en marcha un proyecto a largo alcance que le permitió a la Armada cumplir con su misión al servicio de los intereses del país.
Crucero Alte Brown - 1931 Teniente de Navío Mauro Figueroa
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