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Historia y Arqueologia Marítima

Trabajos de Investigacion Historica del

DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISTORICOS NAVALES

La Escuela de Náutica del Real Consulado de Buenos Aires

 

Por Suboficial Principal Benicio Ahumada

 Las reformas económicas producidas durante el reinado de Carlos III de España (1759-1788) llevaron a un mayor intercambio comercial entre los puertos de la Corona. El aumento del tráfico marítimo dio lugar a la necesidad de incorporar un mayor número de pilotos, los cuales debían estar altamente capacitados para llevar a cabo la misión de conducir los buques a los puertos sin naufragar o encallar. Es por este motivo que el puesto revestía una gran importancia para la navegación y por ello se hacía hincapié en la instrucción, motivando la creación de diversas “Escuelas de Pilotos”.

La creciente necesidad de navegantes experimentados y la importancia que adquiría la ciudad de Buenos Aires, que por entonces superaba a Montevideo, llevó a la creación de una Escuela de Náutica en 1799. La medida fue dispuesta por el Real Consulado de Industria y Comercio del Virreynato del Río de la Plata (creado en 1794), a instancias de su secretario Manuel Belgrano y con la autorización del virrey. Así, se ordenó la distribución de un cartel informativo en Buenos Aires y Montevideo, donde se convocaba a aquellos individuos que quisieran presentarse en concurso de oposición para cubrir el cargo de director. Si bien el consulado contaba con la facultad de crear la escuela y la distribución del bando estaba autorizada por el virrey, necesariamente se debía informar al Comandante de Marina del Río de la Plata y Jefe del Apostadero de Montevideo, por entonces el Brigadier de Marina José Bustamante y Guerra. A su vez, la autoridad naval del Río de la Plata debía informar al Director de la Real Armada en España ya que todas las escuelas de náutica estaban bajo esa jurisdicción.

El 25 de noviembre de 1799 se llevó a cabo la apertura oficial de la escuela en el mismo edificio del Consulado de Buenos Aires, pese a no contar todavía con la autorización de la Real Orden.

En el primer reglamento de la Escuela, se perseguía fomentar los estudios de las ciencias náuticas con el fin de que sus egresados lograsen una carrera honrosa y lucrativa. El ingreso estaba abierto a españoles e indios netos, agregándose cuatro plazas destinadas a niños expósitos (infantes abandonados que eran educados por parte de instituciones que recibían huérfanos), pero debían poseer un memorial que certificara el conocimiento de lectura y escritura. Se enseñaba, además, matemáticas, geometría, trigonometría, hidrografía, dibujo, álgebra, cosmografía y geografía.

Enteradas las autoridades reales de la creación de la Escuela de Náutica del  Real Consulado, enviaron al virrey una Real Orden expedida el 8 de febrero de 1800, donde se prevenía a las autoridades de Buenos Aires que, una vez confeccionado el plan de estudios y antes de llevarlo a la práctica, debía ser elevado para la aprobación real; siendo previamente consultado el Comandante General del Río de la Plata, Brigadier de Marina José Bustamante y Guerra. Esta Real Orden fue expedida nuevamente en 1802 aunque ya la escuela tenía más de dos años de funcionamiento.

Sin embargo, en ese mismo año, Bustamante y Guerra envió a Manuel Godoy, secretario de Estado y generalísimo del Gobierno de España, una correspondencia informando sobre la ilegalidad de la Escuela de Náutica del consulado de Buenos Aires. En la misma, señalaba la supuesta autonomía del instituto con respecto a la Marina, a pesar de que se había prevenido al virrey de dispensar al rey los programas de estudios y estatutos vía la autoridad naval situada en Montevideo.

Según dicha jurisdicción, allí debía erigirse la escuela de náutica, ya que en esta plaza se encontraba el puerto principal y el apostadero de las naves de la Real Armada; mientras que sus oficiales y pilotos particulares acreditaban superioridad en la vida marinera respecto a los conocimientos de los maestros de la escuela de Buenos Aires.

El 31 de agosto de 1806, Fray Francisco Gil y Lemos, miembro del Cabildo de Buenos Aires, le señaló al virrey que el monarca español Carlos IV desaprobaba lo hecho en la Escuela de Náutica y que las actividades eran tomadas como un incumplimiento a las reales órdenes del 8 de febrero de 1800 y 6 de agosto de 1802.

Las invasiones inglesas (1806 – 1807) provocaron definitivamente la suspensión de clases. En octubre de 1806, la Junta del Consulado ordenó a su director la entrega de llaves de la escuela. A mediados de 1807, se recibió en Buenos Aires la Real Orden de fecha 22 de enero de 1807 que disponía el cierre definitivo del establecimiento.

La clausura de la Escuela de Náutica del Real Consulado de Buenos Aires impidió la posibilidad de formar pilotos locales con amplios conocimientos de la zona del Río de la Plata y sus afluentes. A pesar de esto, la navegación por el río y la entrada al puerto de Montevideo se siguió realizando con marinos experimentados de estación del Apostadero de esa plaza y con prácticos de a bordo de las naves arribadas, sin disminuir los naufragios ni las pérdidas materiales.

Suboficial Principal Benicio Ahumada

 Ingeniero Pedro Cervino, primer director de la Escuela de Náutica

 

 

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