Historia
y Arqueologia Marítima
Trabajos de Investigacion Historica del
DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISTORICOS NAVALES
21 de marzo de 1901: Onofre Betbeder fue designado ministro de Marina.
El recuerdo de una destacada figura naval

Capitán de Fragata Onofre Betbeder. Ministro de Marina. Caras y Caretas
Por el Teniente de Navío Mauro Figueroa
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El 14 de febrero de 1901, el entonces ministro de Marina comodoro Martín Rivadavia fallecía en su domicilio a raíz de un accidente doméstico. Su desaparición física sumió a la fuerza naval en un estado de desconcierto y de profunda congoja. A pocos días de cumplirse un mes de aquel desafortunado hecho, el 21 de marzo, el capitán de navío Onofre Betbeder asumió el cargo con la misión de continuar con los planes trazados por su infortunado antecesor, fortaleciendo el desarrollo de la Marina de Guerra. Betbeder había nacido en la ciudad de Mendoza el 12 de junio de 1860, ingresando a la Escuela Naval Militar –que tenía asiento en la corbeta Uruguay- a los 18 años. Durante su instrucción en aquel buque participó de la expedición encabezada por el comodoro Luis Py hacia Santa Cruz que perseguía como objetivo terminar con las incursiones chilenas en aquella región. Sus primeros años como oficial de marina, transcurrieron en los navíos de mayor importancia de la flota argentina. Mientras transcurría el año 1891 formó parte de la primera dotación que navegó en el crucero 25 de Mayo. Aquel antecedente, lo meritorio de su trabajo y el reconocimiento de sus jefes fueron los elementos que lo impulsaron a ocupar el cargo de segundo comandante del flamante crucero 9 de Julio, que se encontraba en las instancias finales de su construcción en la ciudad británica de Newcastle. Profundo conocedor de las problemáticas de la organización naval fue designado para conformar la Comisión Permanente de Artillería creada para la elaboración de los reglamentos para los ejercicios de tiro; estudio y proyecto para fortificaciones y organización del cuerpo de Artillería de Costas. Ésta, debía además, asesorar al Estado Mayor General Naval sobre todos los asuntos vinculados a la artillería, almacenado, y conservación de pólvoras y proyectiles. Dos años después, en 1897 siendo ya capitán de fragata fue destinado a la flamante fragata Sarmiento, en principio como segundo. Por su destacada tarea y el conocimiento que tenía sobre el navío, fue designado después en el cargo de comandante del buque de instrucción. El primer viaje fue el 1 de enero de 1899, cuando zarpaba desde el puerto de Buenos Aires ante la atenta mirada de las principales autoridades nacionales y una multitud que se hizo presente en el lugar, lo que daba cuenta de la trascendencia del evento. Su regreso, también en un marco de absoluta festividad, se concretó el 30 de setiembre de 1900 después de circunnavegar el planeta.
En 1901 se encontraba colaborando activamente con el primer ministro de Marina comodoro Martín Rivadavia, en el cargo de Jefe del Estado Mayor General Naval. En esas circunstancias se enteró del accidente y posterior fallecimiento del marino, y al poco tiempo fue designado como su reemplazante.
Primer Viaje de la Fragata Presidente Sarmiento. La Guayra, Venezuela. 20-5-1900 Lúcidamente continuó con el rumbo adoptado, demostrando que los criterios consumados podían ser aplicados con independencia de los nombres, indicando sin dudas el final de aquella etapa de personalismos que tanto había trabado el desarrollo naval. Betbeder apuntaba a un crecimiento regular y progresivo de la fuerza al servicio de la custodia del amplio litoral marítimo del país. Prosiguió con el impulso a la educación y al perfeccionamiento naval; con el comodoro Manuel García Mansilla delineó el perfil académico y profesional que se necesitaba para los futuros oficiales navales, y asesoró al presidente Julio Argentino Roca en las negociaciones para evitar el enfrentamiento bélico con Chile que culminaron en los conocidos Pactos de Mayo de 1902. Como ministro tuvo a su cargo el proceso de desarme naval, expresando que los principio rectores de la Marina de Guerra Argentina se orientaban a constituirla como garante de paz y justicia en América del Sur en el marco del equilibrio continental. Con este esquema fue que este marino continuó con la histórica oportunidad para consolidar lo alcanzado y elaborar una certera planificación de nuevos objetivos que fortalecieran el camino emprendido años atrás. Betdeber permaneció como ministro hasta 1904, cuando terminó el mandato de Julio Argentino Roca. La nueva administración ubicó en la conducción de la Marina al entonces capitán de navío Juan Martin, quien se mantuvo hasta el fallecimiento del primer mandatario, Manuel Quintana, ocurrido el 12 de marzo de 1906. José Figueroa Alcorta, su reemplazante, designó a Onofre Betbeder para ocupar nuevamente el cargo. Fue en este período cuando, a raíz del plan de adquisiciones de armamento naval diseñado por Brasil, Argentina impulsó la construcción de los acorazados Moreno y Rivadavia, los que se constituyeron como las unidades más poderosas de Sudamérica durante más de treinta años. Con el objetivo de renovar el material flotante, que databa de los años de Domingo F. Sarmiento, se firmaron contratos con astilleros alemanes para la compra de cuatro destructores, que fueron bautizados: Córdoba, Catamarca, Jujuy y La Plata. Al cabo de años de incansable trabajo, fue reemplazado por el capitán de navío Juan Pablo Sáenz Valiente, quien lo designó como Jefe de la Comisión Naval en Estados Unidos, para supervisar la construcción de los acorazados. Allí falleció, el 24 de enero de 1914, inmerso en el celo de su trabajo y controlando las últimas instancias de fabricación de aquellos imponentes buques. Con Onofre Betbeder desaparecía uno de los máximos exponentes de aquella generación de marinos que tuvieron la misión de edificar los sólidos cimientos sobre los cuales se construyó la Marina de Guerra Argentina. Su entrega y dedicación para el crecimiento de la institución se resume en unas pocas palabras, suyas, pronunciadas ante el Congreso Nacional con motivo de la lectura de la memoria del ministerio en 1903: “Nada se ha hecho mientras quede algo por hacer y no hay derecho a descansar cuando nos solicitan nuevas y crecientes necesidades”. Teniente de Navío Mauro Figueroa |
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