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Nota: Se transcribe exactamente como fue
escrito y publicado en la revista. La numeracion de cada párrafo es del
original. (Mey)
Espedicion de navegación del Bermejo realizado por el Padre Fr,
Francisco Murillo
1 Desde la fundación de nuestras provincias o mejor dicho desde el descubrimiento del Rio Bermejo
originariamente llamado el "Grande”, muchas espediciones se armáron sucesivamente
para esplorar sus costas y emprender su navegación; lo primero se
consiguió por varios en diferentes épocas, lo segundo en cierto modo.
2. La suerte y gloria de ser el primero
que realizó la navegación de este río le cupo al Padre Francisco Murillo
de la orden Franciscana; este, acompañado de cuatro individuos mas en
una pequeña embarcación entoldada de cuero por toda defensa á la flecha
de los indios, se arrojó á las corrientes del Bermejo en la embocadura
del Senta, navegando sin
inconveniente ni fracaso alguno hasta el punto San Bernardo de Vertiz
donde bajó el día l9 de Diciembre de 1780.
3. En este punto se encontró con su correligionario el Padre Antonio
Lapa conmisionero del Dr. D. Lorenzo Suarez Cantillana Arcedean de la
Catedral de Córdoba y Capellan del Comandante General D. Francisco
Gabino Arias que se ocupaba de un pueblo de misiones del que tratarémos
á su vez.
4. El Padre Murillo hacía la navegación del Bermejo para esta capital de
Buenos Aires por orden de sus superiores; mas por los interesados
empeños del Coronel Arias y de sus principales compañeros de espedicion
suspendió su navegación, para continuarla como lo hizo el dia 25 de
Enero de 1781 (acompañado del Comandante General, del P. Lapa, del
Auditor Dr. D. José Antonio Arias Idalgo, del Mayor de órdenes D. Jaime
Nadal y Guardia; del médico cirujano Dr. D. Antonio Gutierres del
Castillo y dos remeros, (de los que uno era el Práctico) hasta el dia 27
delmismo mes, en que se detuviéron en las tolderías de los Mocobís hasta
formar aquí otro pueblo de misiones.
5. El dia 9 de Febrero del mismo año, despues de bendecir una gran canoa
mandada fabricar por el
Comandante General, el Padre Murillo se dió a la vela acompañado de
aquél, de su conmisionero el P. Lapa, del Auditor Dr. Arias, del Mayor
de órdenes Nadal, del Secretario D. Gerónimo Tomas de Matorras, del
Protector de Indios D. Juan Antonio Caro, del médico Doctor Castillo, y
otros varios subalternos y sirvientes del Comandante General inclusive
dos prácticos por agua, dos baqueanos por tierra y dos lenguaraces ó
intérpretes.
6. Con este solemne séquito y distinguido acompañamiento el Padre
Murillo continuó su navegación del Bermejo hasta llegar á su destino.
Sensible es ciertamente que no se haya trasmitido á la posteridad el
diario de navegación y demas estudios manuscritos por el recomendable
espedi-cionario primer navegante del Bermejo.
Espedicion de navegación del Bermejo realizada por el Coronel D. Adrián
F. Cornejo
1. La segunda espedicion de navegación del Bermejo fué la emprendida por
el Coronel D. Adrián Fernandes Cornejo, vecino de la ciudad de Salta.
2. El Coronel Cornejo sabía que el Coronel D. Francisco Gabino Arias
habia atravesado las impenetrables montañas del Gran Chaco Gua-lamba con
el perseverante propósito de emprender la navegación del Bermejo para
dar á los pueblos interiores una fácil, económica y mas pronta
comunicación con los pueblos litorales del Plata, y por esta vía, con
las naciones de ultramar.
3. Animado talvez del mismo propósito, é inspirado menos quizá en la
ambición á tanta gloria, el Coronel Cornejo emprendió la navegación
del Bermejo á su costa en un barco pequeño y dos canoas mandadas
trabajar por él mismo en las Juntas del río de Ledezma con el Rio Grande
(aquí Rio Negro) de donde sarpó en el mes de Diciembre de 1780, haciendo
una dificultosa navegación hasta cerca de las Juntas del San
Francisco con el Bermejo, donde amarró su embarcación por causa de haber
encontrado muchos bancos y palizadas en este trayecto del rio; dejando
dueño de esta gloriosa iniciativa á su colega el Coronel Arias, de cuya
espedicion hemos hablado en otra página, como incidente á la del P.
Murillo.
4. Pasó el tiempo sin que el Coronel Cornejo prosiguiese su empresa; mas
los empeños del General Arredondo que se hallaba en Salta de paso á
recibirse del virreinato de Buenos Aires el año 1789, lo decidiéron á
emprender con todo interés la navegación del Bermejo.
5. Resuelto á ello el Coronel Cornejo el año 1789 concentró todos los
elementos necesarios en el antiguo presidio de Centa, á la rivera sud
del rio de este nombre, donde hizo construir un mediano barco, que
concluido hizo bajar por las abundantes corrientes del Senta hasta las
Juntas con el Bermejo el 16 de Mayo del mismo año.
6. Aquí organizó su espedicion el Coronel llevando á bordo del barquillo
una selecta tripulación entre la que figuraban sus dos hijos los
Capitanes D. Antonino y D. Juan José Cornejo, Don Lorenzo Doncel Mayor
de Ordenes, y D. José Acevedo Intérprete muy conocedor del Chaco y
relacionado con los indios, con los qué, haciendo él de Gefe de la
Espedicion, se dió á la vela por las caprichosas corrientes del Bermejo
el 27 de Junio de 1 790.
7. El Coronel Cornejo llevó un prolijo diario de su navegación, por el
que nos avisa no con poca minuciosidad. I9 “Lo que era entonces el
“Bermejo. 29 El grado de reducción en que aún “permanecían las distintas
tolderías de indios. 39 “El estado en que se encontraban los pueblos y
“misiones de San Bernardo y de la Gangayé. 49 “Que en este último pueblo
encontró de Pastor ó “Misionero voluntario al Apostólico y venerable
“anciano Arcedean de Córdova Dr. D. Lorenzo “Suares Cantillana el dia 5
de Agosto del mismo “año. 59 Que en este tiempo se hallaba en
Corrientes el P. Lapa, Pastor ó Doctrinero de la misión “de San
Bernardo. 69 Que había tomado las distancias de los puntos mas conocidos.
79 Que no “encontró en todo el trayecto de la navegación “ningún
obstáculo invencible. 89 Que hizo su navegacion en 53 dias. 99 Que
según su itinerario “el Bermejo tiene un canal de 300 leguas de las
“Juntas de San Francisco á las Juntas con el Paraguay. 109 Que el
Bermejo es navegable en todo tiempo”.
8. Como consecuencia de su espedicion el Coronel Cornejo pasó al
Superior Gobierno de Buenos Aires un informe sobre la reconstrucción y
ubicación de los Fuertes á su juicio requeridos entonces, y sobre la
existencia del trozo ó mina de fierro enterrada en el Chaco. Por lo
demás, ningún
otro conocimiento de importancia nos dá aquel diario de navegación.
.jpg)
Espedicion del Bermejo por O. Pablo Soria
1. La tercera espedicion de navegación del Bermejo fué la que realizó
el ciudadano D. Pablo Soria vecino de la Provincia de Jujuy y
propietario de uno de los mejores establecimientos planteados hasta
entonces en las márjenes del Rio San Francisco.
2. El año de 1824 se organizó por un selecto grupo de capitalistas (hijos
todos de la benemérita pero desafortunada provincia de Salta) una
asociación con 30,000 $ de capital, á propósito de habrir la
navegación del Bermejo y colonizar los estremos mas importantes del
Chaco.
3. El citado D. Pablo Soria era uno de los consocios y encargado por
la sociedad para la realizacion de aquella empresa, que desde muchos años atrás venía escitando
la ambición de gloria I personal en unos, y de progreso nacional en
otros.
4. Hasta tanto fué despachada por el Gobierno General de Buenos Aires
la solicitud de privilegios recaída en la patente dada por el
Gobierno de Salta á D. Pablo Soria para la navegación del Bermejo, pasáron álgunos meses.
5. Soria no perdió tiempo, y en el mes de Enero de 1826 ya tenía
construida en las Juntas del San Francisco una chata de dos proas con cincuenta y dos pies de quilla, dieziseis de manga y tres y medio
de puntal, con calado de veintidós pul gadas medida francesa.
6. Como en aquél mes era el de mayor crecíente, era necesario ó mas
conveniente á la seguridad y buen resultado de la espedicion esperar el
mes de la decreciente ó mayor baja del San Francisco, y especialmente
del Bermejo, para poderlo reconocer en sus condiciones mas naturales.
7. En este ínterin el Señor Soria mandó construir dos buenas canoas
en la costa oriental del Rio Negro, no muy arriba de la embocadura de
este con el Grande de Jujuy; y en ellas bajó desde estas juntas hasta
los del Bermejo, que llamó él mismo “Palca de Soria”, por un canal
fondo de arena, de dos pies de agua y trecientos metros de ancho en
partes y en otras cincuenta metros de ancho y doce pies de agua, sin
otro obstáculo de condicion alguna en todo este trayecto.
8. Una vez aquí Soria con tres canoas y un barco listos, aunque sin
velas ni remos, subió a bordo de una liviana embarcación haciendo de
Gefe de la espedicion, y echóse por las corrientes del Bermejo entre las
mas pintorescas y atractivas riveras, llevando por toda tripulación á D.
Nicolás Descalzi Piloto; á Don Lucas Crecen pasage-ro; un individuo mas
voluntario; un indio mo-taco intérprete; un individuo mas sirviente, y
quince peones sacados de la cárcel para este objeto.
9. Con tal comitiva emprendió su navegación el valiente espedicionario
el dia 15 de Junio del mismo año, época no ciertamente de la mayor
decreciente del no, como lo espresó en su comento el Señor Arenales; por
que la época de mayor bajante del Bermejo es en los meses de Agosto,
Setiembre y Octubre, según lo hemos esperimentado en nuestra espedicion
de 1872.
10. Él supo realizar su difícil empresa sin inconveniente alguno en todo
el trayecto de su navegación llevando de ella un prolijo diario,
formando un itinerario de las distancias, haciendo un reconocimiento
trancitorio de las riveras y costas del rio y levantando un croquis ó
plano de él y de lo que encontró y pudo reconocer mas importante en su
espedicion.
11. En la mañana del 12 de Agosto del mismo año Soria fué llevado por
las mansas y rojizas aguas del Bermejo hasta lo mas alto de las
descoloridas corrientes del Profundo Paraguay hasta enfrentar á una
vivienda paraguaya levantada un tanto abajo de la Boca del Bermejo sobre
la barranca oriental del Paraguay.
12. Esta vivienda era la “Guardia del Talli” mandada colocar en este
punto por el dictador Francia al objeto de vijilar los que osaran subir o
bajar las aguas del Paraguay sin permiso ó consentimiento del Señor del
territorio.
13. Soria, sin apercibirse de la terrible y arbitraria responsabilidad á
que fuera condenado, osó llevar la quilla de su pacífico barco sobre las
canales custodiadas y por un rumbo que habia sido siempre el ensueño de
las políticas ambiciones del Dictador Francia, ó á lo menos la pesadilla
de sus recelos y temores-—por ser la boca del Bermejo uno de los puntos
estratéjicos de ofensiva ó defensiva que miraba á su frente en el
territorio
argentino.
14. La vijía paraguaya intimó á Soria bajar á tierra; el candoroso ó
intrépido espedicionario obedeció sin tardanza; y desde el momento
de haber dado su nombre, el punto de su partida, la ruta de su
navegación, el móvil de su espedicion, el objeto que tenia y el punto á
donde se dirigía, fué notificado en pricion con entrega incontinenti y
absoluta de los demás individuos de su tripulación, de su embarcación
toda, y de cuanto en ella conducía, sin reservarle ni la mas
insignificante oja escrita.
15. Este criminal abuso contra el derecho internacional á la vez que
contra el derecho de gentes cometido por el Gobierno Paraguayo, privó de
la buena conclusión de su importante propósito á la Sociedad de
Navegación fundada en Salta por el ilustre cautivo, y al comercio
estranjero tanto como al nacional del conjunto arreglado de todos los
preciosos conocimientos, estudios y manuscritos hechos por el Señor
Soria sobre la navegación del Bermejo y colonizacion del Chaco.
16. El 27 de Agosto de 1831 el Señor Soria despues de cinco años de
cautiverio bajó por el Paraná continuando su viaje hasta esta capital de
Buenos Aires, desde donde dirigió á sus consocios un detallado informe
de los estudios que habia hecho y de la fatalidad de que fué víctima en
la Guardia del Talli; acompañando una carta geográfica que de memoria ó
por recuerdos había hecho litografiar en esta ciudad.
17. De estos documentos, que fueron publicados en esta capital y
comentados por el Teniente Coronel D. José Arenales, hé recogido los
datos espresados y estos mas—“lo que el Bermejo es navegable en su
estado actual (quiere decir en sus “condiciones naturales) sin contar
con ninguna “de las mejoras de mano facilísimas de aplicar.— “29 que
siendo un hecho la navegación de otros “rios con trasporte de mas de
cien toneladas, catando de 12 á 16 pulgadas (como en NorteAmérica),
este (el Bermejo) no solo es navegable en algunas estaciones del año,
sino que lo “es en todo tiempo; siendo cierto que ni en Agosto, Setiembre y Octubre puede bajar á menos de
20 pulgadas en ninguno de sus esplayados.—V “que el río tiene ciento
y pico de leguas (geográficas debe entenderse, por que es ya un hecho
“bien y bastantemente estudiado que tiene 311 “leguas poco mas ó menos)
de las Juntas de San “Francisco á las del Paraguay”.
18. Todos los demás datos que contiene no son contrarios, ni aun
diferentes, ántes si conformes, con los que yo presento en la linea
derrotera de navegación, eceptuando tal cual incidente ocurrido al Señor
Soria con los indios, que nosotros felizmente no hemos sufrido, habiendo
estado en peores condiciones que él ante aquellos; eceptuando también la
diferencia de condiciones naturales en que al presente corre el Bermejo
respecto de lo que corría cuando lo navegó el Señor Soria.
19. En aquél tiempo el río corría haciendo una isla frente á la costa
azul (que no demarcaba en su plano por no tener puntos señalados de
donde arrancase sus demarcaciones) es decir, que corriendo un tanto por
donde hoy corre, otro volumen de agua corría por la cañada seca ó
antiguo madré-jon que se reconoce aun á la costa occidental, y que se
abre del otro canal cerca del Arroyo Azul; pues entonces iba por aquel
canal de la costa azul el cuérpo fuerte de agua que al presente toma el
“Teuco” y que se propone concentrar Roldan, como despues se demostrará.
Espedicion de navegación al Bermejo por N. Lavarello
1. El año 1854 D. N. Lavarello se interesó con el Coronel Don Evaristo
Uriburu, vecino de los principales de la ciudad de Salta y propietario
de Orán, en que le confiara los elementos necesarios para hacer una
espedicion de navegación por el Bermejo, prometiendo corresponder con
buen éxito á la iniciativa hecha por él mismo.
2. El Sr. Uriburu accedió á las instancias de Lavarello, y desde luego
mandó construir un vapor “El Senta”, á la rivera del río de este nombre,
bajo la dirección de aquél; quien recibido del vapor bajó el Senta y
subió el Bermejo por distancia de nueve leguas encontrando una
facilísima navegación.
3. Desde aquí Lavarello bajó por el Bermejo en su vapor cargado de
zuelas, de lana y de piedras muestras de los ricos minerales de Santa
Victoria, habiendo llegado al Paraná sin la menor novedad; pero sin
mostrar á sus comitentes el verdadero resultado de la espedicion, de lo
que no hemos podido conseguir mas pormenores que los espresados en los
números anteriores.
4. Es verdad que Lavarello repitió su espedicion de navegación del
Bermejo, pero fué bajo otra combinación diferente, de la que trataremos
á su vez.
Espedicion de navegación de D. Tomás J.Page realizada por orden del
Gobierno de Estados Unidos
1. Por esta misma época el señor D. Tomás
J. Page subió por el Bermejo en un vaporcito “El Yerua” en el que llegó
con toda felicidad hasta la Pampa Blanca, es decir, como 25 leguas por tierra
mas abajo de Orán.
2. Este subió despues de haberse dirigido oficiales recomendaciones á favor de su espedicion ante el Gobierno de
Salta, comunicadas al Te niente Gobernador de Orán, que era entonces
el Sr. D. Benjamín Villafañe.
3. Como el Señor Page hasta el punto donde habia subido no encontrase
indicio alguno de la protección que esperaba, y además le hubiesen
escaseado los víveres hasta el extremo de recurrir á las influencias del
malogrado misionero Sr. José Berenguela, tuvo que regresarse desde
aquel punto inutilizando la mejor parte de su navegación; lo que dió
motivo á que el Gobierno Norte-Americano dirigiese una comunicación
oficial al Sr. Coronel Uriburu dándole las gracias al generoso Padre que habia socorrido al súbdito espedicionariol norteamericano.
4. Con este acto de agradecimiento del Gobierno de los Estados Unidos,
dirigido al benemérito Padre José Berenguela (misionero rescatador de
cautivos en el Chaco, hombre de notables virtudes, que por cumplir su
deber fué asesinado en el | Chaco por un indio sirviente suyo; y cuyo
cadaver recogieron con trabajo los Padres Franciscanos de la
ciudad de Corrientes) por órgano del Gobierno Argentino, terminó la espedicion de Page-
Espedicion de navegación del Bermejo realizada por Lavarello
1. En la ciudad de Salta el año 1855 el Coro-nel D. Evaristo Uriburu
inició nuevamente otra sociedad de navegación del Bermejo entre sujetos
distinguidos y abonados del comercio de aquella Provincia; para lo qué
encargó un vapor á Uvera pool por comision dada á Lavarello con tal objeto.
2. Este compró el vapor en treinta mil pesos fuertes, con calado de
siete pies, debiendo ser de dos, y con dimensiones absolutamente
desproporcionadas á las condiciones del rio, como para osbtar ó
estorbar la navegación, en vez de facilitarla.
3. Sin preocuparse Lavarello de las responsabilidades á que se
comprometiera con sus comitentes, se dió por recibido del tal vapor y se
lanzó al Bermejo en el mes de Abril de aquel año; subió hasta la Caugaye,
y de allí se regresó.
por Don José Ramón Nabea
1. Apercibida la Sociedad de Navegación del Bermejo del mal
comportamiento de Lavarello, comisionó al Sr. D. José Ramón Nabea que se
apoderase del vapor y dos chatas mas de fierro mal tenidos en poder de
Lavarello, y que dispusiese con jsta embarcación una nueva espedicion
por el Bermejo.
2. En cumplimiento de su comision el Sr. Nabea, exijió á Lavarello la
entrega del vapor y chafas. que, recibidas por aquel en esta capital,
tripuló con gente toda nueva y á su satisfacción.
3. No anduvo el Sr. Nabea en este cambio de tripulación con toda la
suerte que la empresa requería; pues no apercibió que en ella llevaba el
germen de la rebelión en uno de sus principales empleados, cuyo
siniestro plan debia estallar en un punto preconcebido y combinado por
el resentido Lavarello.
4. El Sr. Nabea subió el Bermejo á fines del año 1854, ó á principios
del año 1855; sin apercibirse del siniestro fatal que le había preparado
su antecesor en tal espedicion.
5. Habían subido hasta cerca del Palo Santo (Senda de Maconúta) y cuando
menos recelo de inconveniente grave presentaba el rio, dijo el práctico—“No
tenemos agua en el canal” haciendo comprender al Sr. Nabea que de allí
no debia pasar el vapor.
6. El Sr. Nabea admirado de tal afirmación al
frente de un canal tan abundante y profundo como el que había vencido,
bajó a cerciorarse del dicho del Práctico, procurando sondar el rio con
otros dos compañeros que llevaba.
7. Mientras Nabea y sus compañeros se aseguraban de la verdad, el
Práctico se hizo tiempo para armar la tripulación y sublevarla con fusil
en mano y bala en boca contra el Sr. Nabea y sus compañeros si osaban
acercar su bote á la embarcación— (cuestión ruidosa que se tramitó ante
los tribunales).
8. Sin apercibirse de lo que pasaba á bordo en su tripulación Nabea se
acercó al vapor haciendo notar al práctico “que habia suficiente canal
para continuar la navegación; el Práctico le impuso no pasar adelante,
só pena de sufrir la descarga de bala, que veía preparada á bordo.
9. Nabea sin darse por notificado de tan alevosa traición y ruda amenaza,
intentaba acercarse al vapor y subir á bordo; mas los compañeros le
impidiéron, viendo el grave peligro que todos tres corrían.
10. El Práctico tomó aguas abajo del Bermejo apoderado de la tripulación,
de la embarcación y de cuantos intereses esta contenía, dejando en este
punto del Chaco á Nabea y sus compañeros sin mas recurso de ropa y de
alimentos que los que habia llevado á sondar el río.
11. Nabea y sus compañeros mandáron aviso con un indio de lo que les
sucedia al Sr. D. Vicente Uriburu, quien mandó incontinenti á ellos 25
hombres y un fraile franciscano con los recursos necesarios para salvarles la vida; lo que felizmente se consiguió,
mientras que el Práctico conseguía también bajar el Bermejo á dar cuenta
de su infame combinación á quien interesára.
Espedicion de navegación del Bermejo por D. Emilio Palacios
1. El año 1862 el Sr. Don Emilio Palacios, Argentino, comerciante,
vecino de la ciudad de Salta, acompañado del Ingeniero Moneta y otros,
bajó en un vapor á su costa por el rio Bermejo.
2. Ningún detalle importante nos ofrece esta navegación, á no ser el
patriotismo con que la realizó el Señor Palacios y la convicción que se
formó de ser navegable el Bermejo en todo tiempo en vapores de
dimensiones correspondientes al canal del rio.
Otra espedicion de navegación del Bermejo realizada por Lavarello
1. El año 1863 volvió á subir Lavarello al Bermejo en el vapor “Gran
Chaco”, tomado en sociedad con el Sr. D. Angel Baso; llegáron hasta el
pueblo de Rivadavia donde estuvo el vapor anclado como cinco meses.
2. En este tiempo Lavarello se presentó al Juez de comercio de la
Provincia de Salta pidiendo embargo del vapor y arraigo de la persona de
su propietario D. Angel Baso.
3. Mas la autoridad que se apercibió de la verdadera condicion del
contrato, de la conducta y miras de Lavarello, y de la legitimidad con
que obraba Baso, ordenó en tiempo que se pusiese en franquía el vapor
bajo las órdenes del Sr. Baso.
4. Esta emergencia dió por resultado la quedada de Lavarello en la
ciudad de Salta y el regreso de Baso á Buenos Aires en su vapor,
recorriendo el Bermejo aguas abajo con mas libertad y eficacia de lo que
habia hecho aguas arriba.
Espedicion de navegación del Bermejo por el Señor Isman
1. Entre otros muchos hombres empresarios y laboriosos que en silencio y
sin bombo de ningún género se lanzaron á esplorar la navegación del
Bermejo, sacrificando para ello quizás su for- . tuna toda, recordamos
al Señor Isman, inglés.
2. Este bajó las corrientes del Bermejo, con mejores propósitos, con mas
conocimientos, aunque con menos recursos, y con mucha menos suerte
que Lavarello; y si no me equivoco, hizo una espedicion rio abajo en
época ó tiempo intermedio : á los de Lavarello.
3. Desgraciadamente, no hemos podido conseguir documento alguno de
los que podíamos estraer datos ó pormenores de esta espedicion, lo
que ciertamente es sensible atendido el patriotismo y conocimientos del
sugeto sobre la materia.
4. Completaremos la historia de la navegacion del Bermejo,
recordando que uno de los intrépidos espedicionarios y esploradores
de este rio : fué el Señor Fontau, quien el año 1862 hizo los trabajos
de iniciativa para la colonizacion de Rivadavia, pero dando á la
colonia el nombre de “Nueva Palmira” que se omitió para darle el de “Rivadavia”.
Espedicion de navegación del Bermejo realizada por el Señor Vinei
1. Entre esos muchos silenciosos y arrojados esploradores de la
navegación del Bermejo, de los que unos.han dejado entre sus canales su
vida y su fortuna, otros su fortuna y mil fatigas, viene figurando muy
meritoriamente un Señor Vinei.
2. Por informe de personas competentes sabemos que este sugeto, después
de trabajar un canal que al presente lleva ese nombre, para sacar por él
los importantes cortes de madera que habia hecho mas arriba de la Piedra
Grande, navegó en canoas el Bermejo aguas abajo.
3. Estas y semejantes operaciones se refieren tradicionalmente de muchos
que en angadas (tegido de palos) han esplorado los canales del Bermejo,
y cuyos nombres ignoramos.
Espedicion de navegación del Bermejo realizada por Don Felipe Saravia
1. El Señor Don Felipe Saravia, argentino, es uno de los espedicionarios
del Bermejo, cuyos estudios no se nos han trasmitido, siendo, como sé
que son, no de poca importancia en la historia de navegación del Bermejo.
Espedicion de navegación del Bermejo realizada por Don Prudencio
Palacios
1. El mismo año en que el Señor Don Emilio Palacios había navegado el
Bermejo aguas abajo, Don Prudencio Palacios, hermano de aquél, volvió á
emprender con mayor entusiasmo la misma navegación.
2. No hemos podido, por mas que lo hemos procurado, recoger de este
espedicionario, otros datos de tal navegación hecha aguas abajo, que los
que generalmente han dado los demas espedicionarios, y que los hemos
consignado en los capítulos anteriores.
3. Sin embargo, la insistencia de esta “Sociedad Palacios” en gastar sus
capitales en la empresa de “la navegación del Bermejo”, nos comprueba que esta es posible,
fácil y ventajosa cualquiera que sea la especulación á que se aplique.-
2. Este sugeto en mejores condiciones que otro alguno con los indios,
por haber vivido entre ellos muchos años, y conocedor de las mejores
costas del Bermejo, emprendió su navegación bajando por uno de los
principales canales de aquél, que los indios denominan “Téuco”.
3. Según esplicaciones que me dió personalmente un hermano de Saravia,
el Teuco venía á caer á una estensa laguna donde los diversos desagües
del Bermejo y del Pilcomayo hacen centro común, saliendo de allí en
diversos brazos paralelamente hácia el Sud, y formando todos estos
canales una línea convexa hacia el Bermejo; viniendo á salir al punto
denominado Las Tres Bocas el brazo principal, y mas abajo sucesivamente
los demás brazos; de los que se supone forman parte del Arroyo del
Yacaré y el del Carpincho. Nada mas de importancia sabemos de esta
espedición.
Espedicion de navegación del Bermejo realizada por Page y Roldan
1. Bajo la tenáz iniciativa del ciudadano Don Natalio Roldan, argentino
y vecino comerciante de esta ciudad, el año 1870 se organizó la
“Sociedad Navegación del Bermejo” que al fin vino á componerse de los
vecinos D. Francisco G. Molina, D. Cárlos Casares, D. Agustín Cará, D.
Claudio Benites, D. Juan R. Sosa y el mismo D. Natalio Roldan.
2. Una vez organizada la sociedad bajo la presidencia del Sr. D.
Francisco G. Molina (que á decir con propiedad es la Sociedad misma por
los sacrificios personales y fuertes desembolsos de dinero que há hecho
en circunstancias en que la fiebre amarilla habia dispersado á todos los
miembros de la Sociedad, y por su constancia en sostenerla) encargáron
la esploracion del Rio Bermejo al señor D. Tomás J. Page, ingeniero
ingles, quien para el efecto salió de esta ciudad el 26 de Febrero de
1871, regresando el 22 de Febrero de 1872.
3. En este viage iba á bordo del “Sol” Don Natalio Roldan, como
Representante de la Empresa para mirar por sus intereses en los estudios
ó esploraciones que se hicieran del Bermejo, y en todos los casos que
necesario fuera.
4. Sea que las dimensiones y demasiado calado de aquel vapor no fueron
adecuados ó correspondientes á las condiciones naturales del Bermejo (aunque
en Febrero y Abril el rio lleva siempre suficiente agua para vapores del
calado de “El Sol”), ó sea por alguna otra causa estraña y contraria á
los intereses de la empresa, esta espedicion tardó demasiado tiempo y no
trajo mas resultado positivo ó favorable que un plano Corográfíco del
Bermejo trabajado por el capitan Page, y
la canalización abierta por el Señor Roldan en el Pozo de la Oreja (25
leguas por tierra mas arriba del Pueblo Rivadavia, y 2 del pueblito de
Los Sauces) á propósito de hechar al seco canal del Bermejo las aguas
que habían abierto canal por los bañados del Teuco.
5. Regresados á esta capital el Sr. Roldan Representante de la Empresa y
el Sr. Page comandante del vapor, el primero acusó al segundo ante la
Sociedad, de mal gobierno en la dirección de la expedición, y por
consiguiente de gran perjuicio causado á los intereses de la navegación
del Bermejo.
6. Esta ú otras consideraciones de alta conveniencia á la urjente,
segura y económica realización de la navegación del Bermejo (problema
cuya solucion han venido persiguiendo tantas empresas desde el tiempo de
la conquista y que ha cabido la suerte de resolverlo á la sociedad
presidida por el señor D. Francisco G. Molina) determinó á la Sociedad á
retirar de la comandancia y dirección espedicionaria de navegación del
Bermejo á Don Tomás J. Page encargándola al Sr. Don Natalio Roldan.
7. De esta espedicion nos vamos á ocupar en el capítulo siguiente bajo
la convicción de que es esta la espedicion mas formal, de mas costo y de
mejores resultados de todas cuantas se han hecho hasta el presente. Bien
podemos decir que es la espedicion verdaderamente esploradora del
Bermejo y de sus territorios y adyacentes bajo toda su importancia.
Espedicion de navegación del Bermejo realizada por el ciudadano
argentino D. Natalio Roldan acompañado del Doctor Emilio Castro Boedo
.jpg)
1. La compañía de navegación del Bermejo no satisfecha con los
resultados de la expedición producidos bajo el comando de Page, dispuso
inmediatamente una nueva esploracion del Bermejo bajo el comando y
dirección de D. Natalio Roldan, entregándosele para el efecto un vapor
de 110 píés de quilla, 16 de manga y 4 piés de puntal; nó á
propósito por cierto para las condiciones del Bermejo, aunque el de
menos calado que se pudo conseguir en las radas de los puertos del
Plata.
2. El mismo Sr. Roldan en persona, colocado el vapor en el canal del
Riachuelo, le mandó hacer las reformas mas urjentes que requeria,
poniéndole á la próa la denominación “Gobernador Leguizamon”; terminada
su compostura puso en él la carga de 80 toneladas; lo tripuló, armó y
proveyó como le pareció conveniente, llevando por empleados á bordo un
Práctico, D. Manuel Cabo de Vila, español; un comisario, D. Guillermo
Araoz, argentino; un 29 D. Juan Barbosa, Oriental; un maquinista, D.
Cárlos N., Inglés; un 29 maquinista herrero, dos foguistas, herrero uno de ellos; un carpintero, un
cocinero, un mozo de cámara, un auxiliar de este, ocho marineros y un
contramaestre.
3. A mas de este cuerpo de tripulación, iban en calidad de dependientes
del Señor Roldan dos jóvenes, un hijo de Barbosa y D. Miguel Raimun-din,
español de conducta recomendable, y en calidad de pasageros un joven
Motorras, jugeño, Teniente de línea; un joven Roberto Días, sirviente de
mano del autor de este libro, y él mismo que habla (con cuyo objeto
único marché voluntaria y libremente en esta espedicion, sin compromiso
alguno con nadie en nada) haciendo de capitan á bordo de esta comitiva,
de Patrón del Vapor y de Representante de la Compañía de navegación el
Sr. D. Natalio Roldan, con cuya persona se completaba el número de 26
individuos.
4. Toda la tripulación á bordo en el muelle del Riachuelo, el dia 5 de
Mayo de 1872, el Maquinista hizo seña de vapor, el capitan dió la orden
de levantar ancla, y el Práctico dirigió la próa del buque hácia fuera
de las estrechas riveras del Riachuelo; una vez que este puso la quilla
del vapor sobre el manso oleaje del magestuoso Plata, á la altura del
muelle principal, hizo converger la próa del vapor con habilidad y
maestría, dando el frente á la gran ciudad del Sud.
5. Hizada nuestra bandera nacional, el Práctico soltó áncla para recibir
á bordo los cumplidos de despedida de la “Compañía de Navegación del
Bermejo”, y el abrazo de Adiós... de nuestros deudos y amigos, cuyos
corazones inspirados de nuestro dudoso porvenir pasaban como los
nuestros por la terrible y amarga lucha de dos impresiones diferentes,
la de contarnos perdidos para siempre!... por las penetrantes, agudas y
certeras flechas de un millar de bárbaros, sinó entre las boraces y
activas llamas de las espantables quemazones que un instante levantan
los indios, y qué como especísima montaña de fuego se suspenden sobre
las nubes, dejando en la tierra devorado todo; sinó bajo el rigor de un
invencible siniestro; sinó en el abismo de una incalculable fatalidad...
ó vernos regresar al seno de nuestras familias triunfantes de aquellos
positivos é inmediatos peligros, trayendo en la presencia real de
nuestras personas eneanecidas por el sufrir
y envejecidas por el trabajo la enseña de la mas feliz y gloriosa
conquista á que pudimos aspirar significada en esta evidente é
indiscutible solucion—la fácil y positiva navegación del Bermejo, el
prolijo reconocimiesto de las riquezas naturales del Chaco y sus mejores
puntos para colonizar, y la asequebilidad de las principales tolderías
de los indios para someterse á una nueva y generosa civilización.
6. Inclinado ya el Sol y reflejando sus rayos por sobre las hondas de
nuestra bandera, el sonoro silvato de nuestro vapor nos anunció la
partida mostrándonos con la próa el lejano rumbo del Bermejo, hácia
donde nos conducía el rápido tornéo de la élises, que con su bullicioso
movimiento nos hacían volver la vista hácia la popa, donde mirábamos los
altos torreones y las elevadas bóbedas bajo cuya tranquila y cómoda
sombra formamos el solemne y voluntario compromiso de nó volver... sin
traer la indudable noticia y evidente prueba de haber entrado dejando
abiertos los puertos de un pais ignoto, acumulado de inmensa y variáda
riqueza, habitado desde siglos por un numeroso y desdichado pueblo de
gentiles, que se brinda al celo de los génios de la cristiana
civilización, como un nuevo mundo de precioso porvenir para los hombres
de toda nación.
7. Separando al fin nuestras miradas de la ciudad “Pelicano del Plata”
las llevamos hácia el N. O. preocupándonos desde luego en los esfuerzos
y sacrificios que nos habíamos impuesto ir á sembrar en aquellas
selváticas y silenciosas regiones en provecho de generaciones humanas
fatalmente desheredadas de los derechos y bienes que con nosotros
debieran poseer y gozar.
8. Así continuámos nuestra navegación hasta Corrientes sin otra novedad
de importancia que la rotura de una de las bombas, cuya compostura nos
obligó á demorar algunos dias en aquel puerto.
9. Reparada aquella averia como mejor se pudo, continuámos nuestra
navegación procurando ponernos cuanto mas ántes pudiéramos en el canal
del Bermejo, haciendo carrera como seis millas por hora, á 60 y hasta 70
libras de vapor.
Eran las tres y tres cuarto de la tarde, diesiciete del corriente Mayo,
cuando nos vimos trasportados al centro de un bellísimo panorama; el
manso y serpenteado Bermejo, buscando hacia el oriente un declive mas
pendiente donde soltarse, ha encontrado con el anchuroso y profundo
canal del Paraguay, en cuyas corpulentas y aperladas corrientes viene
suavemente á engolfarse como si fuese su natural tributario;
comunicándose así recíprocamente los infinitos secretos de una riquísima
variedad de tesoros minerales, vegetales y animales que han creado y
alimentado siglos y siglos desde sus más escondidas y arrugadas
vertientes en las dilatadas y diferentes regiones que cada cual ha
recorrido hasta juntarse aquí; formando una ancha y preciosa faja
bicolor matizada en sus orillas por verdorosos cordones de frondosas
montañas entretegidas de colorosas y aromáticas enredaderas, por cuyos
altos y espesos copos se nos escapa un sol tropical, hácia cuyo ocaso
nuestro vapor disminuyendo un tanto en fuerza nos induce mostrándonos el
canal del caprichoso y serpenteado Bermejo.
11. Continúamos desde aquella hora la entretenida y preciosa navegación
por un curboso canal que nos llevaba en sus variantes con rumbo al Oeste
por entre dilatadas, verdorosas y bajas riveras; no encontrámos cosa
alguna particular que anotar hasta la hora de perderse el Sol, á no ser
la diferencia gradual en que se venían presentando el terreno, los
pastos, las florestas, las arboledas y la temperatura.
12. Todas estas cosas comienzan á mostrar una muy distinta naturaleza de
la que nos presentan las pampas por el Sud, las faldas de la Sierra de
Córdova por el Oeste, las húmedas y calorosas riveras del Paraguay por
el Este, y las altas Sierras del Alumbre de Santa Bárbara y del Senta
por el NO. y N.
13. Sin que por esto dejen de producirse en este estremo angular del
Chaco todas las plantas que se producen en cada una de aquellas regiones,
entre la infinita y esquisita variedad de otras que solo aquí se
producen, ó que son propias esclusi-vamente de este feracísimo suelo;
caminamos así algunas leguas.
14. El segundo día de nuestra navegación continuamos por un canal uniforme al del día anterior; todos los elementos
aparecen mejorando de calidad y de condicion; aun las riveras mas
estrechas, y las costas mas altas, y mas próximas las barrancas del
lecho común del rio; los terrenos menos húmedos, las montañas mas
corpulentas, entre estas grandes palmares á ambas costas; los pastos mas
variados, animales mas estraños y aves mas raras y preciosas.
15. Desde aquí se encuentran entre las aves de clase fina pabas del
monte; y entre los animales de raza cuadrumana unos monos bayos,
pequeños no mas de un pié de alto, y otra de monos negros de dos piés de
alto; estos parecían ser de la raza de los micos, ó por lo menos de la
de los maquis.
16. Lo más notable que nos presentó la navegación de este dia fué la
importante bajo toda apreciación Isla de Ñacurutú; hermoso promontorio
de riquísima tierra vegetal en figura de un gran navio, de popa á próa
de casi una milla de longitud, y tres cuadras de latitud con 12 metros
de alto sobre el nivel del agua; afianzada por una liga de greda fuerte
sobre un pedestal de tosca que por épocas miliarias la fuerza de las
aguas y el aborde de las crecientes han respetado.
17. Continuando nuestra navegación encontramos en este dia varios puntos
á ambas costas que se conoce son transitados por los indios
frecuentemente, y á propósito para grandes pastoreos de ganados de toda
especie, sin peligro de anegación; bajíos lindísimos para cementeras de
toda clase, hai á la vista vestigios de las que cosechan los indios.
18. Tenemos en estas inmediaciones varias lagunas; cuyos desagües sirven
de fortificación contra los indios, y de comodidad para numerosas
poblaciones de cualquiera especulación.
19. Hemos llegado á una ranchería de indios; estos, en chusma como de
150 personas, han bajado muy de mañana á pescar en uno de estos desagües;
cuando ellos quisieron huir, ya oyeron que les llamábamos amigablemente;
tranquilizándose volvieron hácia nosotros pidiéndonos tabaco; los
obsequiamos con algunas galletas y tabaco; no pude conseguir que me
dijesen el nombre de su cacique ni la raza á que pertenecían, pero por
su acento y dialecto conocí que eran Tobas.
20. A pocas leguas de nuestra partida, se nos presentó por la costa
occidental un fuerte número de indios, todos de pelea y perfectamente
armados de lanza, flecha, cuchillo y garrote (una especie de salva-vida
de palo de lanza labrado á cuchillo con un nudo redondo á un estremo), y
dos ó tres de rifles en mano.
21. Entre estos estaba un famoso salteador y capitanejo de las
pacotillas asoladoras de las haciendas ó estancias de las fronteras;
este era cristiano, fugitivo entre los indios, muy querido entre ellos,
se llamaba Fortunato, es natural de Santiago del Estero; y según pública
voz y fama entre los chaquinos fué el que capitaneó con otros dos
caciques el robo de una gran tropa de mulas que hicieron á D. Melecio
Frias (hoy coronel de Guardias nacionales del Departamento de Rivadavia)
atravesando de Corrientes á Salta por la costa del Bermejo.
22. Como estos nos esperasen emboscados sobre una barranca por cuyo pié
estaba lo mas hondo del canal, en el acto de avistarnos se ocultaron;
pero estando á nuestra vista sus tolderías, así que nos acercamos,
corrieron preparando sus arcos para lanzar sus flechas sobre nosotros.
23. A esta actitud amenazante dos de los de á bordo tomaron sus rifles
presurosamente para romper el fuego sobre los indios; mas yo, que desde
que se movía el vapor hasta que paraba iba siempre sobre cubierta,
apercibiéndome del inoportuno combate que se armaba, y comprendiendo los
malísimos resultados que inevitablemente traería á la continuación de
nuestra espedicion un combate indiscreto y anticipadamente iniciado de
nuestra parte, interpuse una enérgica y terminante oposición,
consiguiendo en el acto calmar á los armados de á bordo, y haciendo á
los indios botar sus armas y presentarse á nosotros amigablemente;
reiterándoles de mi parte á los indios generosas reflexiones seguidas de
severas amenazas si volvían á levantar sus armas contra nosotros;
evitando con mi enérgica actitud un combate estéril, perjudicial y
lamentable siempre.
24. El Teniente Matorras me hizo notar al indio Fortunato mostrándomelo
uno de los que corrían mas cerca de nosotros por el pié de la barranca;
le llamé de su nombre, le hablé brevemente sobre la imprudencia de los
indios que nos hacían armas, ó nos salían al encuentro armados, y le
mandé previniera de esto á sus compañeros; les tiramos tabaco y galletas
sin detener nosotros nuestra marcha.
25. Tranquilizados los indios, nos seguían en gran chusma (entre los que
vi indios que bien podrían tener un centenar y pico de años por el color
amarillento que había tomado ya su cana y fuerte cabellera) recibiendo
los obsequios que les arrojábamos á la rivera, y peleándose entre ellos
por cada pequeñez de lo que recibían; así continuaron lo menos unas tres
millas por la costa del río, saltando barrancos y penetrando los montes
con una avidez, actividad y curiosidad estraordinaria, quedándose atrás
reunidos como en consejo todos los grupos de armas llevar, que á lo
lejos se mostraron numerosos y escogidos todos.
26. Regularmente navegabamos hasta el anochecer, parando donde era
necesario, y continuando al amanecer. Estábamos á 21 de Mayo por la
mañana, quinto dia de nuestra entrada al Bermejo, cuando aparecieron por
sobre las montañosas barrancas de la costa occidental cuatro indios
montados en gordas mulas; sin duda estos se habían apercibido de nuestro
tránsito por avisos recibidos de los indios de abajo, é inciertos del
objeto de nuestra entrada en sus posesiones, observaban parados á lo
lejos nuestros movimientos.
27. Habían bajado dos de nuestros marineros en el bote (traíamos para
servicio del vapor una lancha y un bote) á actos del servicio; por
esperarlos para recibirlos á bordo, fué necesario detener la marcha del
vapor; los cuatro indios entretanto, dejando sus mulas; venían hácia
nosotros por entre el monte en actitud de observación; entonces les
gritamos llamándolos con acciones y palabras amistosas, á que ellos no
se hicieron esperar.
28. Antes de pocos minutos se presentó á la rivera en actitud recelarosa
y desconfiada uno de ellos; intiméle acercarse á nosotros con confianza,
asegurándole de nuestra pacífica y amistosa misión en favor de todos los
indios que no nos estorbasen ni hostilizasen nuestro tránsito; lo que
tranquilizó al indio comprometiéndolo á llamar á sus tres compañeros,
que uno tras otro venían.
29. Reunidos todos cuatro á la rivera del rio, acordaron prestarse dos á
venir á bordo, traidos en la canoa por dos marineros que hablaban en
tierra con ellos hacía un momento; uno de ellos dijo llamarse Manuel, y
ser hijo del cacique Juan José (ó cacique Bamba) Gran cacique de todas
las tolderías desde la boca del Bermejo hasta el Teuco (Tres Bocas, de
aquí algunas leguas mas arriba).
30. Manuel, desde sus primeros movimientos, en todas sus maneras
perfectamente bien acomodadas á sus palabras, hizo conocer las mas
superiores dotes naturales de un génio; vivo, fogoso, activo, noble,
penetrante y sagaz en su mirar, en la mímica de su acento y de su estilo
para espresarnos las protestas de amistad y buena intención de él y de
su gente para con nosotros, demostraba ser uno de los mejores oradores ó
políticos ó diplomáticos ó guerreros entre los de su raza; las
condiciones naturalmente superiores de este indio venían á demostrar que
el arte de la guerra, la diplomacia, la política, la oratoria son dones
naturales y comunes á todas las razas, cualquiera que sea la lengua que
hablen, el culto que profesen, la condicion en que viven y el clima en
que nacen, como son naturales y comunes los dones de la poesía y de la
música; todo esto desde luego bajo la ley de la perfectibilidad por
medio de la educación.

31. Indio de elevada estatura y lindo tipo, de organización robusta, de
talento despejado, tuvo demasiada gracia y facilidad para significarnos
“que había sabido de nuestra venida; que tenían desconfianza de los que
venían á sus tierras; que ellos estaban dispuestos á la paz y amistad
con los cristianos; que su gente era numerosa; que eran Tobas; que
tenían sus tolderías allí cerca (el pueblo arruinado de la Concepción,)
y que no nos ofenderían;” agregando repetidamente con mas gracioso
esfuerzo —“¡Indio de bueno nomás! — ¡No peleando á cristiano amigo! ¡No
peleando! ¡Indio de bueno nomás!... — continuando con estas sentidas y
animadas palabras, abrazándome para despedirse, decia — “¡Adiós Tata! ¡Adiós!
¡Adiós!...”.
32. El otro compañero que trajo consigo venia con un sombrero de oja de
palma; pintado el rostro de colorado, y con su medio plumaje de adorno
en el sombrero; achiripado de un arapo de gerga á la cintura, como venia
también el cacique Manuel.
33. Este indio era de color cobrizo, blanco quemado del Sol, nariz un
tanto aguileña, de modales y estilo de raza culta, de estatura mediana,
barba llena, pelo crespo; hablaba algunas palabras del castellano, pero
se reservaba mucho delante de su compañero; sin embargo, en un descuido
de aquel se dió tiempo para decirme que era cristiano, cautivo de la
costa de Tucuman con otro hermano que estaba en las tolderías; que muy
pequeños habían sido robados por los indios; que él se llamaba el
cacique Tucman (pronunciaba como está escrito) ; que ambos tenían mujer
y familia; que vivían ya acostumbrados entre los indios, y que no
pensaban salir de sus tolderías.
34. Este cacique, cristiano cautivo, hizo también de su parte todo
esfuerzo para asegurarnos, que aunque habían estado dispuestos á
pelearnos, por no saber de cierto quienes éramos, ni á que entrábamos á
sus tierras, quedaban convencidos de nuestra amistad y buena disposición
para con ellos; y que se iban contentos de habernos hablado.
35. De los otros dos indios que habían quedado á la rivera del rio
observando nuestros movimientos, y atendiendo nuestros coloquios con sus
compañeros, nos diieron estos que esos también eran caciques, compañeros
todos; pero aquellos rejunjuñando de vez en cuando á la conducta
amistosa de Manuel y Tucmán, dejaban conocer su mal carácter y depravada
intención.
36. Llevados los primeros á tierra donde estaban sus compañeros, nos
despedimos, repitiendo de nuevo Manuel sus espresivas y cristianas
palabras ¡Adiós Tata! (así llaman ellos á los sacerdotes, y desde luego
se comprende que los conocen, distinguen y respetan) ; el vapor, así que
levantó ancla, emprendió su marcha, llevándonos preocupados de la
situación y condicion de tantos millares de gentiles que campean estas
silenciosas selvas; de las simpáticas y malogradas condiciones del
cacique Manuel, y de la resignación de los dos cristianos cautivos, para
vivir de tal suerte.
37. Continuamos navegando el dia 21, seguimos todo el dia 22, y á medio
dia del 23 llegamos á las “Tres Bocas”; aquí hace el rio un pequeño
archipiélago circular que tendrá de 3 á 4 cuadras de estension, formado
por el Teuco, que entrando del E., comienza en este punto á devolver al
Bermejo las aguas que le arrebata al alejarse de las faldas orientales
de la Sierra de Santa Bárbara.
38. El Teuco desemboca encajonado entre barrancas de mediana altura y
sin monte inmediato de ninguna clase; al parecer trae mas volúmen de
agua que el Bermejo ó Teutájj, como le llaman los indios, en toda la
estension que forma desde su separación hasta su incorporacion en estos
parajes.
39. Este punto es indudablemente uno de los mas estratéjicos para la
navegación del Bermejo, y aun para la colonizacion del Chaco, como se
hará ver en el tratado que corresponde; en la barranca occidental del
Bermejo que hace frente al desemboque del Teuco, encontramos situada
como de avanzada general una bien armada toldería, cuya indiada estaba
oculta en observación de nuestra marcha, ó en alguna de las correrías á
que salen diariamente; porque al parecer les habíamos sorprendido, pues
solo aparecieron saliendo de sus toldos al ruido de la máquina, algunos
chicos y muchachos, de quienes no pudimos tomar dato alguno; el vapor
continuaba su carrera por ser este tránsito muy peligroso para nosotros,
y muy apropósito para un ventajoso y efectivo ataque de parte de los
indios, que felizmente nos permitieron pasar sin novedad, tirándoles
nosotros alguna galleta y tabaco á los chicos y mujeres, que luego se
acercaron.
40. El 23 terminamos nuestra jornada con felicidad; continuámos la
navegación todo el dia 24 hasta las 6 de la tarde, hora en que anclamos
cerca de los potreros de San Bernardo; demorando en este punto hasta las
3 1/2 de la tarde del dia
27, con el objeto de componer algunas piezas de la máquina.
.jpg)
41. Seguimos navegando las pocas horas que nos faltaban del dia 27;
desde la mañana del dia 28, en que continuamos nuestra navegación, hasta las 7 de la mañana
del dia 30, tuvimos algunas paradas por causa de un prolongado banco de
300 y pico de metros, sin mas que 3 á 4 pies de agua en todo este
trayecto.
42. Desde el dia 27 veníamos mirando una variedad preciosísima de aves,
entre las que encontramos tres clases particulares, el Faizan
propiamente: la segunda era una ave de cráneo, pico y ojos de loro;
patas, uña y cola de urraca, de color plomizo tornasol, copete celeste
claro, pecho azul, codos de las alas lácres, puntas de la cola y de las
alas azul; y la tercera especie era una ave toda café; de cabeza, pico,
ojos y patitas semejantes al mirlo, de copete como el Faizan y cola
convexa de tres plumas iguales de 18 á 20 pulgadas de largo; el canto le
oímos tan dulce, variado y sostenido como el de la Alondra; también hay
aquí loros habladores poco menos grandes que un Papagallo, y de colores
preciosos, muy superiores á los que se sacan del Paraguay.
44. Entre aquella preciosa variedad de aves, viene á formar contraste
una multitud de vámpi-ros (especie muy grande de murciélagos, del mismo
tamaño, forma y color que el Ataja-camino, ave nocturna) que
revoloteando en idas y venidas á inmediaciones del vapor, se ocupaban en
cazar insectos y residuos vejetales que trae el rio en el espumara je de
sus corrientes; notable especie de queirópteros insectívoros mucho mas
grandes que los que por enjambres se crian entre brechas de las riscosas
montañas de los valles de la Provincia de Salta; los indios me dijeron
que estos vámpiros (o Sanigüeejj, que ellos llaman) mordían de noche á
sus caballos, y aun á ellos mismos, sacándoles mucha sangre hasta
enfermarlos.
45. Es esto lo mas notable que se ha presentado á nuestro prolijo
estudio en las jornadas que acabamos de redactar hasta la mañana del dia
30; continuamos navegando sin novedad todo este dia y el 31 de Mayo; con
la misma regularidad y sin tener cosa alguna notable de que ocuparnos,
hicimos la navegación del dia P de Junio, y la primera hora del dia 2
anclamos aquí á las 7 de la mañana para destruir un banco de arena de 3
pies de agua.
46. En esta tarea lo pasamos desde aquel momento hasta las 7 112 de la
mañana del dia 3, hora en que continuamos nuestra navegación,
encontrando frecuentemente en estos trayectos gruesas y enramadas vetas
de tosca (goyetes de piedra arenosa de color rojo) subterráneas que
cortan las corrientes del río, y que se muestran como cadenas que vienen
ligando las serranías occidentales del Paraguay con las faldas
orientales de las Sierras de La Lumbrera, del Alumbre y de Santa Bárbara,
que en las fronteras de la Provincia de Salta forman los últimos
pedestales de la Cordillera de los Andes.
47. Sin mas particularidades que traer á estudio, pasamos el dia 3, con
algunas horas de parada para hacer leña y para disolver algunos bancos
de arena, continuámos la navegación hasta la 1 y 15 minutos de la tarde
del dia 7 de Junio, hora en que al subir un remanso en una curba
estrechada por un banco de arena, la fuerza de la corriente rompió un
cable con que en ese momento había sido amarrado en unos sauces de la
rivera oriental el vapor, y retrocedió este converjiendo la proa por la
izquierda aguas abajo, dando la popa contra la barranca un golpe que
tronchó el eje de la élise derecha, quedando esta dentro del agua un
tanto al pié de la barranca, y el vapor sin la fuerza necesaria para
subir ni bajar sin peligro de la otra élise.
48. Este fatal incidente, muy bastante por derto para inmortalizar allí
el recuerdo de la desastrosa terminación de nuestra espedicion, nos
obligó á retroceder algunas cuadras para procurar reparar una avería de
tanta magnitud, y que solo podia salvarse con un éje nuevo (que no
teníamos) ó con los auxilios y elementos de una maestranza á propósito
para estas obras (de la que estábamos tan distantes...).
49. Mas el poder de la íntelijencía combinado con la fuerza de la
voluntad son suficientes para resolver muchas veces los mas difíciles
problemas en el orden físico-natural; aquí recuerdo esta idea que he
repetido siempre como un axioma á los pueblos mas cultos ante quienes he
hablado — la necesidad es el principio de toda ciencia y de todo arte;
como es el origen de toda leí.
50. En estas críticas y acobardables circunstancias, D. Natalio Roldan,
sobre cuya responsabilidad pesaba principalmente el resultado de esta
espedicion, se dejó ver con toda la actividad personal y con todo el
esfuerzo de sacrificios que exijiera el mas brillante, pronto y seguro
vencimiento de tan peligrosa y desesperante situación.
51. Tan apercibido estaba Roldan de sus compromisos en el momento del
siniestro, que sin tardanza elijió los hombres mas á propósito de su
tripulación, y arrojándose con ellos al remanso, no salió del agua hasta
no ver la élise á bordo del bote en que fué conducida al tren de nuestra
parada.
52. Desde la 1 de la tarde del dia 7 hasta la mañana del día 10, en que
pudimos venciendo el
mal paso con una sola élise pasar un bancoso trayecto hasta llegar á un
paraje cómodo donde pudiese efectuarse fácilmente la compostura del éje,
hasta poder colocar la élise en su centro de acción, permanecimos
preparando en este sitio aquella operacion.
53. En las varias conferencias á que llamó Roldan al primero y segundo
maquinista, concurriendo también el aventajado primer foguista Eugenio
N., y un marinero muy práctico en la carrera naval de alta mar, este
último reveló haber estado de servicio á bordo de un gran vapor de
hélises, en que alguna vez sucedió un siniestro semejante, y que él vió
reparada la avería por medio de un empalme; espresándose muy vagamente
sobre el modo como lo habia visto efectuar.
54. Esta idea tan imperfecta y vaga como la espresó el marinero francés,
fué atentamente recojida por el primero y segundo maquinista; quienes
esforzando su ingenio, discurrieron un ensamble de las dos partes mismas
del éje quebrado, y los medios de realizarlo; lo que presentaron
formulado en un breve proyecto á Roldan, quien lo aceptó y mandó poner
en ejecución.
55. Inmediatamente de recibir tal orden del capitan, los maquinistas, el
primer foguista y un otro foguista auxiliar, encendieron su frágua sobre
la barranca occidental (estábamos una milla mas abajo del palmar que hay
ántes de llegar á los Potreros de San Bernardo,) y emprendieron el
trabajo, sin mas herramienta á propósito que limas y corta-fierros
trabajados y templados por el mismo segundo maquinista (que era el
herrero del vapor), dando perfectamente terminada tan difícil compostura,
y colocada la élise en su centro el dia 3 de Julio.
56. El talento, habilidad, maestría y solidez con que estos hombres cumplieron este dificilísimo trabajo, es digno no
solo de generoso elojio, sino de un premio distinguido que estimule para
iguales casos su talento y su voluntad; súbditos ingleses los tres
operarios principales, han respondido bien en este raro caso á la
reputación de adelantados en ciencias mecánicas; la compostura fué tan
bien trabajada, que el eje quedó tan fuerte y seguro como si hubiese
sido sacado de la fábrica.
57. El dia 3 de Julio, alistado el vapor, continuamos nuestra navegación;
a una milla de camino enfrentamos en un elevado y hermosísimo palmar á
la costa occidental, por entro del que vá la ancha huella del camino de
Corrientes á Salta, traficado por tropas de muías; el palmar es
estrechísimo, está como una milla distante del rio, cuya estension
intermedia con la rivera del rio hace un hermosísimo campo como un
potrero, encapullado todo él de limpia, fina y alta gramilla; se conoce
que aquí en algún tiempo hubo manga de cerco por la rivera del rio, pues
se ven los vestijios de ranchos de palo parado, y arboleda descopada en
circunsferencia del campo.
58. Aquí encontré un gran paso de indios, señalado por un grueso árbol
de palo santo en la bajada al bordo de la barranca; en el viaje anterior
de Page, habían cortado leña en esta rivera, y las primeras palmas
habían sido señaladas por Don Guillermo Araos; operacion que repitió
yendo conmigo á reconocer el campo; también encontré en este monte
espinas de árbol de vinal, tan largas de mas de un pié, cóncabas por
dentro, de madera sólida, utilizable para muchos objetos delicados de
uso manual.
59. A la costa oriental, en este mismo paso, hay algunos árboles de
Pacará corpulentos y frondosos; entro del rio, de los agujeros de las
barrancas, sacamos una especie de cangrejos tan grandes, que mas
parecían camarones; encontramos también una madriguera de tigres, de los
que un cachorro se les escapó herido á los marineros; desde este punto
comienza á ostentarse la inmensa riqueza animal y vejetal del Chaco, y
la preciosura de sus campos y terrenos.
60. Navegamos todo el dia 3, y el 4 á las 10 de la mañana nos salió al
encuentro una indiada; hacía el rio aquí un anchuroso esplayado, ó
archipiélago acorralado por todas direcciones, en donde encontramos
muchas canoas de yuchán perfectamente trabajadas por los mismos indios á
cuchillo y con pequeños fierros.
61. Como ellos venían constantemente en observación de nuestra marcha,
comunicándose nuestro tránsito de toldería á toldería, los espías de las
inmediatas se aproximaron tanto á la rivera, que á pesar de venir
ocultos por entre los pajonales ó cañaverales, se dejaron sentir y ver
de nosotros; pero no venían con tanto coraje que no
huyeron asegurando en mano sus armas al oír nuestras voces, ó ver bajar
á tierra á alguno de los de á bordo, que les llamaba cariñoso.
62. Uno de estos espías se sorprendió tanto, que mucho costó persuadirlo
venir á bordo, escusándose en estremo dar razón de su toldería y de
su tribu; al fin con mil halagos pudimos conseguir que fuese á
mostrar á sus hermanos los obsequios recibidos de nuestra mano, y
persuadirlos venir á nosotros, que veníamos amigablemente pasando por
favorecerlos.
63. A esta altura se nos habían agotado en mucho los víveres,
especialmente la carne salada; no nos quedaba ya otro alimento de
carne que la caza de charatas, carne de calidad tan buena o mejor que la
de gallina; era en esta circunstancia que deseábamos encontrar indios,
para procurarnos por medio de ellos algunos animales, de los muchos que
á toda hora cazan con sus flechas, para nuestro alimento.
64. En esos momentos, el vapor atracado á la costa occidental del canal,
esperábamos a los indios; á poco estar; aparecieron tres que avanzaron
confiadamente su paso hácia nosotros; era el mismo indio enviado á ellos,
un cacique, y otro hijo de este; todos tres, pero especialmente el
cacique traía sus miradas ansiosamente fijadas en cada una de las
personas que veía á bordo, sin poder disimular la alegría que le causaba
nuestra visita, y la sorpresa que le imponía el conjunto del vapor, ó
casa-chata, como ellos le llaman literalmente.
65. Así que sus ávidas, variantes y curiosas miradas distinguieron la
diferencia de mi traje negro todo como era, votó sus armas, y puesta una
rodilla en tierra, levantando hácia el cielo sus manos y volviéndolas
juntas sobre el pecho, en acción consecutiva esclamaba con todo fervor y
entusiasmo — ¡Tata! ¡Tata! ¡Gracias á Dios, Tata!... haciéndonos
comprender que estaba iniciado tradicionalmente por sus padres en el
conocimiento del ministerio cristiano, ó por lo menos, del hábito
clerical; y que en ese instante se habia avivado en su corazon el
olvidado recuerdo que sus inmediatos ascendientes le habían transmitido,
ó de los sacerdotes misioneros que habían conocido en remotos tiempos,
como el venerable Dr. D. Lorenzo Suarez Cantillana, clérigo secular,
Arcedean de la Catedral de Córdoba, misionero de las tribus de la
Caugayé (donde precisamente nos encontramos á esta hora).
66. Después de estas espresivas y conmoventes demostraciones, bien
correspondidas de nuestra parte, se retiró, avisándonos que su familia habia
venido á pescar; que habían sentado sus toldos á corta distancia mas
arriba de nuestra parada; que iba á anunciar nuestro amistoso y pacífico
tránsito; que se retiraba para volver luego, señalándonos con el mayor comedimiento lo mas profundo del canal por
donde debíamos dirijir el vapor.
67. No tenia este cacique menos de sesenta y cinco años de edad; era de
robusta y alta estatura, tipo amulatado y tutado de viruela, y por esto
quizá algo tosca fisonomía; de carácter festivo, y mas que festivo
franco, y mas que franco resuelto, y mas que resuelto verídico, y como
verídico era humano, generoso y valiente.
68. No tardó este en aparecer por el punto donde nos habia señalado
estaba su familia, y bien parado en una canoa de yuchan, con un solo
remo (pedazo de palo bruto de sauce) manejado por su hijo, que traia por
toda escolta ó séquito, se venía corriente abajo hácia la próa de
nuestro vapor muy tranquilo y satisfecho, haciéndonos comprender al
descuido y con cuidado, que él era propio señor de los dominios en que
habíamos penetrado, legítimo dominador y diestro práctico del rio, cuyo
canal íbamos transitando.
69. En actitud admirablemente satisfecha y tranquila, atracó á la
nuestra por la próa su rústica y pequeña embarcación de dos proas; subió
á bordo sobre cubierta, y arrobado en alegría, en confianza y cariño nos
abrazaba sin cesar, repitiéndome las cristianas palabras de ¡Tata, de
Gracias á Dios!... con que me saludó al mirarnos por primera vez desde
tierra.
70. Este cacique es el mas acreedor á los buenos recuerdos de que en
este viage se han hecho dignos los indios por su sumisa, prudente y
generosa conducta con nosotros, si no tubiese otros materiales que
acomular en este libro, habría dedicado mas de una página á los méritos
y apreciables condiciones de este cacique, cuyo nombre era Fermín, por
el que prefirió gustoso y agradecido el de Pedro, que le puse en vez de
aquél.
71. Desde luego, á él, á su hijo, y otros dos individuos mas que
pidiéron subir á bordo, los vestí, y después de regalados cumplidamente
por cada uno de nosotros, continuaron á bordo hasta el punto inmediato á
la toldería, donde paró el vapor á levantar leña; taréa en que ayudáron
los indios voluntarios y diligentes.
72. Esta indiada realmente era una sola familia, que componían el número
como de sesenta por todo chusma; inmediatamente de atracar el vapor,
salté á tierra, y penetrando á la ranchería, que estaba como á 300
metros de distancia, encontré que tenían allí una sementera de sandías,
zapallos, calabazas, porongos y una estraña clase de poroto; habían
cosechado todo yá, y con algunas de estas cosas nos obsequiáron;
llegando la benevolencia y generosidad de estos infelices al estremo de
no reservarnos en cambio de ropa unas pocas cabras y obejas que habían
traído para su alimento.
73. No puede ser mas discreta, mas humanitaria y amable la conducta de
estos ejemplares gentiles; ellos se mostraban compitiendo con nosotros
en gratitud y alegría, sin dejar de comprender nuestra crítica situación.
¡Cuantas veces me preocupó el fuerte y vivo pensamiento de quedarme
entre ellos para sacrificar mis esfuerzos, mi tiempo y mi vida al
mejoramiento general de la condicion de almas tan predispuestas al bien!
y de veras que lo hubiera ejecutado, á no ser refleccio-nes de honor
para mí... sin que ninguna otra causa me lo impidiera.
74. No se perdonaron estos el deber ó la conveniencia de acompañarnos
casi todo el frente ó estension territorial de la Gaugayé; aumentándose
el número de familias, que de distancia en distancia salían con sus
caciques á saludarnos pacíficamente; resultado lógico, y necesario, á no
dudarlo, de haber evitado combates, y de haber economizado balas con las
primeras indiadas que encontramos, y á cuyo favor me interpuse, como en
otra página lo expreso; y adviértase que estamos en el centro de las mas
numerosas tolderías y mas bravas indiadas, los Tobas.
75. Antes de despedirnos, el cacique Pedro nos presentó á su padre,
quien dijo llamarse “JUAN JOSE” y reconoció por sus hijos propiamente á
Pedro y á Manuel; (aquel compañero de Tucmán que retratámos en página
anterior); este indio, aunque robusto, fuerte y activo no debia tener
menos de un centenar y cerca de una veintena mas de años de edad, como
otros dos indios de estraordinaria longevidad y robustes; estos
caciques me pronunciaron de suyo los nombres, ya bien conocido por su
figura en la historia de las espediciones al Chaco, de los caciques Colompotóp, Lachiriquin y Pasain, de quien me aseguraron que vivía un
hijo, cacique principal también; aqui, en los momentos de nuestras
paradas D. Guillermo Araoz sacó vistas fotográficas de estos grupos, y
retratos especiales del cacique Pedro.
76. Admirable fué el sentimiento de gratitud que las indias de este
cacique, agrupadas en torno mió, me significaban por la ropa que les
daba, por los lienzos que regalaba á sus chicas y por los paños en que
envolvía sus chiquillos, entregándoselos perfectamente enmantillados en
sus brazos, como nunca esperáron verlos, según la absoluta desnudez en
que los crian.
77. También me confirmaron estos indios, que allí cerca de donde ellos
habitaban habia una gran Laguna con mucho pescado, de donde sacaban
siempre en gran cantidad hermosísimas conchas de nacar y caracoles
estremosos, cuyas madres eran para ellos un alimento de preferencia
cocidas á brazas; asegurándome, que á la orilla de esa laguna era la
casa de palo parado; queriendo decir sin duda la capilla ó la habitación
del Dr. Cantillana, abandonada en los últimos años del siglo dieziocho, ó en los
primeros del diesinueve; puesto que hasta la espedicion de Cornejo aún
continuaba allí de misionero voluntario.
78. Era la mañana del 8 de Julio; un temporal de lluvia nos había
molestado un poco, pero aún no se hacia sentir el invierno del Chaco;
habíamos pasado ya la Caugayé, según el conforme testimonio de los
caciques y ladinos (casi todos los indios que habitaban la costa
occidental del Bermejo hablan algo del castellano) y los estudios
personales que hemos hecho de estos trayectos; parecía que la lluvia
anterior habia reconcentrado á los indios: ninguno había ya con nosotros.
79. Estábamos demorados hasta la mañana del dia 9 por causa de un
prolongado banco de 3 piés de agua, y por levantar leña para el vapor;
aquí se presentaron como de observación, ó espías tres indios jóvenes,
entre los que venían uno muy ladino, tipo de cristiano, conocedor de las
haciendas de Oran y Campo santo; dijo llamarse Juan-cito y ser “Capitán
Chino”, nos habló mucho del movimiento general de las indiadas costeñas
del Bermejo, del recelo que inspiraba nuestro tránsito á algunos indios,
como alegría á otros; nos dió razón de personas de Salta y Jujuy; y al
fin se comprometió á marchar de chasque á los Fuertes de Rivadavia,
haciendo notar dificultades y peligros en su tránsito, por la variedad
de propiedades ó cacicados que tenia que atravesar, lo que no podia
hacer sin previo permiso ó acuerdo de los respectivos caciques.
80. Resuelto por fin á marchar, recibió nuestra correspondencia en
pliegos, y abonado de la mitad del importe de su viage, se despidió para
estar de regreso en diez dias; las observaciones de peligros y dificultades
que nos espuso, disminuyeron en mucho la esperanza de que este cumpliera
su compromiso, y que llevara noticia de nosotros á Rivadavia.
81. Realmente, Juancito había ido á dar cuenta á su toldería ó á sus
indios camaradas de la misión que le habíamos confiado, y de cuanto
había visto en su permanencia con nosotros; habíamos demorado hasta el dia 11 nuestra navegación sin adelantar mucho en estos dias, cuando se
nos presentó Juancito acompañado del ladino Pascual, cacique de
talla, tipo, lenguaje y maneras notables, y tras estos una indiada que
venía aglomerándose de más á más hasta el número de mas de trecientos
por toda chusma.
82. Pascual estendió una penetrante y general mirada sobre nosotros,
botando su sombrero, arrojando sus armas é invitándoles esto mismo á
todos los demás, pidió venir á bordo con Juancito; puestos entre
nosotros, se disculpó Juancito de su demora, espresando con propiedad el
paso que había dado antes de partir á Rivadavia, presentando la
correspondencia como se la habíamos entregado, y significándonos que el
cacique con quien venia era hombre de consejo entre ellos; y que creía
conveniente arreglásemos con él el despacho de la correspondencia á
Rivadavia.
83. Volvióse á tratar el asunto, y quedó de nuevo convenido en que fuese
de chasque Juancito bajo la garantía del cacique Pascual que se
comprometió acompañarnos hasta el regreso de aquél; se dió por bien
abonado Juancito y partió con la correspondencia (pero no para Rivadavia,
sino para el punto y el objeto combinado estratéjicamente por ellos
mismos).- Pascual que seguía con nosotros á bordo, aparentaba una conducta tan
juiciosa, franca y comedida que me obligaba á repetir cada momento esta estremosa disyuntiva — “Este indio es otro Colompotóp, ó es el mas
hábil facineroso de las tribus del Chaco, que nos prepara de asalto una
alevosa traición” si para el primer juicio me fijaba en su parte
ostensible con toda nuestra tripulación, para el segundo juicio me
fijaba en su porte reservado con sus indios, con quienes pude apercibir
acciones, reseñas y palabras que recogí, y tuve siempre presentes, como
sospechosas de deslealtad y traición.
85. - Era la mañana del dia 12 y hasta aquí nos había acompañado por la
costa la indiada de Pascual con cuatro caciques mas, casi todos de la
banda occidental, vecinos de la Caugayé; estos no se despidiéron sin
vendernos obejas y cabras para algunos dias, y recibir de nosotros
vestidos y obsequios abundantes para ellos, y para las familias que
habían dejado en sus tolderías, con lo que se retiraron contentos y
satisfechos.
86. - Desde aquí se hace mas notable la frecuencia de bordos poblables,
y en su contorno la belleza de los campos cubiertos de toda especie de
pastos, emboscados de preciosa montaña de diferente y rica madera;
puntos inmejorables para toda clase de poblacion; hasta aquí nos
acompañaba el cacique Pascual, hablándome siempre de la casa de Palo
Parado, ó Reducción de San Bernardo que habíamos pasado el dia anterior.
87. - Nos alumbraba suavemente el sol de la mañana del dia 21 de Julio;
continuábamos nuestra laboriosa y difícil navegación; morosa, no por
causa del rio, sino por causa de las malas condiciones del vapor; el
cacique Pascual hasta esta hora venía aún á bordo perfectamente cuidado;
ya invitado por mí, ó voluntariamente, me acompañaba á tierra
internándonos solos largas distancias en mis esploraciones y estudios,
respondiendo siempre cariñoso y comedido á mis preguntas de escrutinio
respecto de las costumbres de los indios, y demás estudios que me
preocupaban.
88. - Derrepente le observábamos inquieto, fastidioso, impaciente y
desvelado; constantemente me hablaba de grandes rancherías que dia por
dia debíamos encontrar y no encontrábamos; me
aseguraba que su familia y otros amigos debían salir á encontrarnos á
poco andar con muchas obejas y cabras para vendernos, pero nadie parecía;
algunas veces me decía como descuidado y con fisonomía tristona “los
indios malos del Teuco (costa oriental) ñas van á pelear”; y
ciertamente que esta última noche habíamos sentido rumor de gente y
movimiento estraño entre los carrizales y cañaverales de esa costa.
89. - Habíamos parado para cortar leña, y en ese ínterin saltamos á
tierra con el Teniente Matorras, siguiéndonos el cacique, que momentos ántes no quiso bajar; no pocas veces me hizo sospechar este que venia en
combinación con los suyos, y que solo esperaba un momento oportuno para
llamarlos de asalto sobre nosotros; juntos los tres, él, Matorras y yó,
nos habíamos alejado como dos millas del vapor; preocupado yo de mi
esploracion por un lado, y de cazar el Teniente por otro; confiados,
descuidámos al cacique, que momento ántes me habia dicho que le dolia
mucho la cabeza, comidiéndose sin embargo á bajar de un árbol unas
charatas muertas á corta distancia de nosotros; mas cuando le buscámos
antes de cinco minutos, no le encontrámos ni las pisadas.
90. - Este dia, convencidos de la mala quedada del cacique, continuámos
nuestra navegación en la alternativa frecuente de mal y buen canal hasta
la mañana del 22, en que fué necesario proveernos de mas leña: á este
objeto atracó el vapor á una barranca de la costa oriental; saltáron los
marineros al corte de leña en una reja de monte muy inmediata; por ella
entráron en busca de caza Araos, Barbosa y el Práctico; Roldan y demás
tripulantes en el vapor, y yo me aparté solo como de costumbre á mis
esploraciones, tomando campo adentro hácia el Este.
91. - Habia penetrado como unas quince cuadras, atravesando un despejado
campo en figura circunsferente, quemado el dia ántes por los indios; al
bajar yo un antiguo madrejon por cuya costa iba, advertí que desfilaban
por la ceja de la montaña interior, rodeándonos á tomarnos de sorpresa,
un grupo de mas de sesenta indios de talla, robustez y edad escojida,
bien armados de lanza, flecha, garrote y cuchillos, con algunos indios
jóvenes por detrás cargados de flechas
92. - Al mirarlos, detuve precaucivamente mi
paso, como mirando á un
costado inverso indiferentemente otros objetos; reflexionando en la
quelada de Pascual, y en la coincidente salida de esos, continué
caminando sin darme por apercibilo de ellos, inclinando mis pasos
avanzadamente en conversión hácia el rumbo donde ellos se dirijian;
después que avanzé algunas cuadras y me puse á vista del vapor, me
detuve, y acompañanlo á mi palabra mi acción, les llamé en su lengua, nstándoles que se acercaran con confianza para
regalarles tabaco; ellos á
mis voces se detuviéron un momento, habláron entre sí, y sin variar de rumbo,
ni de modo, continuáron su tranquila narcha.
93. - Yo entonces volvíles á llamar con halago, sin detener mi regreso,
dándome tiempo para llegar oportunamente á los trabajadores y
prevenirles á la defensa en caso de ser amagados por aquellos; los
trabajadores armados de sus rifles y leí valor necesario saliéron al
encuentro á los indlios en un punto de esperada; entre tanto yo,
previniendo también á los de á bordo, hice llamar con silvato de alarma
á los tres cazadores que iban, dispersos por entre el monte, corriendo
un verdaiero é inminente peligro.
94. - La prevenida y valiente actitud de los marineros que se pusieron
de avanzada acobardó a los indios, imponiéndoles botar sus armas, rendirse y portarse amigablemente, si no querían ser
tratados con el
rigor que merecía su armada y amenazante actitud; los indios no tardáron
en soltar todas sus armas, protestando que andaban cazando; que no
venían á ofendernos; que sabian del chasque que habíamos hecho al Fuerte;
que se portarían como amigos-, salió de entre melio de ellos uno que
dijo llamarse Ramón y ser pariente del cacique Granadero, (viejo é imporante
cacique trasladado con su indiada, trabajadora toda, al Departamento de
Rivadavia), cacique principal entre las tribus cuyos caciques y
capitanes venían comandados por Ramoncito.
95. - Indudablemente estos fueron mandados reunir por el cacique Pascual
con este objeto; y hiendo él que su propósito era imposible, se quedó á
escondidas; y sus enviados viéndose rodeados y sorprendidos por nosotros,
se rindiéron; lo cierto es qué, si ellos intentáron darnos un malón, quedáron
burlados en su intentona, sacando de ella por toda ventaja el darnos un
buen susto y ser obsequiados con tabaco y abalorios; separándonos de
ellos con amistoso saludos.
96. - Continuándo nuestra navegación, teniendo ya á la vista los grandes
palmares de la Hacha Quebrada (que desde hoy mas propiamente debemos
llamar “el Palmar de los Perdidos”) y como nueve leguas de navegación
mas abajo del Tren de Espinosa, encontrámos el rio muy esplayado entre dos begas de barranca de arena á un lado, y de arcilla al
otro; dividido el canal en tres brazos de agua, el mas profundo de
entrada angosta, el mas ancho de 2 112 piés de agua; de manera qué, el
vapor no podía pasar por el mas hondo sin atracarse á la entrada, ni
podia pasar por el mas ancho sin varar.
97. - En esta alternativa, se tomó el de la costa oriental, que al
parecer daba mejor canal; pero así que subimos algunas cuadras nos
encontrámos embolsados en un pozo, sin otro recurso que destruir un alto
banco de arena para pasar al canal principal; entretanto el rio bajaba
rápidamente; la situación que se nos presentaba esta vez era demasiado
crítica, pero vencible; el tiempo avanzaba y los víveres con que
contábamos eran la caza y la pesca.
98. - Ni rastros de indios encontrámos cerca de nosotros, por mas que yo
les buscaba á todas direcciones, para comprometerlos á traer obejas, al
mismo tiempo que á trabajar en destruir el banco con los demás de la
tripulación, que tuviéron que echarse al agua con pala en mano,
inspirados del buen éxito de la espedicion y el cumplimiento de sus
graves compromisos.
99. - Como la frialdad del dia no permitía trabajar en el agua, era
necesario que algunos saliesen en busca de caza, mientras otros quedaban
pescando, y otro calia á su estudio de esploracion, y de observación á
los indios; pues que cada dia que parábamos en aquella situación, mas
necesitábamos el concurso y comunicación de aquellos.
100. - Con el primer objeto salió muy de mañana Barbosa, acompañado de
otro marinero, debiendo aquél mandar á este con las primeras aves que
cazaran; tomó cada uno sus armas y mas municiones que ningún otro dia,
saliendo ambos juntos hácia el N. E. por la costa oriental.
101. - Como llegase la hora del almuerzo y no pareciese ninguno de ellos,
y como no se oyesen mas tiros despues de los que hiciéron luego de su
salida, sospeché que alguno de ellos ó los dos habían sido víctimas de
algún siniestro; y sin llamar la atención de los demás compañeros,
invité á D. Miguel Reimundin (español, joven, dependiente de Roldan) que
me acompañase á tierra con su escopeta.
102. - Era la 1 de la tarde cuando salimos por la misma costa oriental
rio arriba, penetrando á las tres millas en lo mas grueso de la montaña
hácia el Noreste, rumbo en que debia salir necesariamente de regreso
Barbosa ó el marinero; penetré largas distancias por sendas de indios y
por distintos puntos del bosque, sin encontrar ni pisadas de ninguno de
los dos cazadores, pero ni de indios ; solo sí frescos rastros de muy
grandes tigres de los que andan por tropillas á la costa del río; ni se
oían mas tiros que los que hacían en el
vapor llamándonos para orientarnos.
103. - Estos tiros me obligáron á salir de la montaña y buscar á
Reimundin, que me esperaba en lo despejado de la costa; volvimos hácia
el vapor, y á una cuadra ántes de llegar encontrámos á los jóvenes
Teniente Matorra y al hijo de Barbosa; interrogándoles yo con qué objeto
salían por ese rumbo á esas horas (eran las 4 y 50 minutos de la tarde,
me contestáron que iban en busca de Barbosa y su compañero, de quien
hasta esa hora nada se sabía, por mas que él (hijo) habia buscádolos
haciendo tiros por esos rumbos en la montaña.
104. - Me persuadí, sin mas dudar, que aquellos se habían estraviado en
el monte, ó que los tigres los habían devorado, ó los indios
recalcitrantes de esa costa los habían tomado; y sin demorar mas
momento, les dije á los jóvenes “no irán ustedes sin mí; yo iré con
ustedes hasta encontrar á los perdidos, ó tomarles sus pisadas;
—Reimundin no tardó en decirme— “y yo también iré con usted, señor”
(adviértase que este joven era en estremo pusilánime para el monte, y
miedoso para los indios).
105. - Emprendimos incontinenti nuestra marcha, no sin dejar aviso á
Roldan del objeto y rumbo de nuestra arrojada espedicion; tomámos desde
luego las primeras pisadas de partida de los estraviados, que perdimos
al salir en los pastales; seguimos buscando una llanura que nos condujo
unas seis ú ocho millas hácia el oriente; y encontrándonos tan lejos del
vapor al cerrar la noche, tuve la suerte de tomar las pisadas de uno de
aquellos y seguirlas, no á la vista, sino á rumbo, pues era ya de noche,
y no veíamos ni por donde salir de tan espesísima montaña.
106. - En lo mas espeso de ella, encontrámos medio loco y casi para
morir de sed, de susto y de desesperación al marinero, á quien con
grandísimo trabajo pude sacar de un estrechísimo ralar de la montaña,
sin darse cuenta de su estravío, ni darnos noticia alguna de Barbosa, de
quien solo sabía que se habia internado hácia los palmares (los palmares
no estaban á mas de 3 millas al N.) pero se estendían interminablemente
y con uniformidad tanta, que solo con un certero y talentudo rumbeador
podíase salir de ellos una vez entrando.
107. - Pero mientras triunfábamos de un mal relativo, caíamos víctimas
de un mal absoluto; porque la tenebrosidad de la noche me habia hecho
perder el rumbo, y la espesura del monte no permitía dar un paso
adelante ni atrás, ni á los cos-
tados, ni de modo alguno, y sin poder calmar aún el susto y la sed del
marinero, resueltos yá á trepar cada uno al árbol que tuviese mas
inmediato á sí para pasar la noche, y buscar rumbo al vapor en el dia
siguiente.
108. - La Providencia quiso que á esa hora de la noche se armase una
gran tormenta; y si bien con su densa y negra capa de nubarrones, hacía
mas tenebrosa la noche, el choque de esos nubarrones enviáron
repentinamente sobre nuestras cabezas luminosos relámpagos, que
penetrando hasta lo mas espeso de las enramadas, nos invitában á buscar
alguna ralura para salvarnos todos cinco, espuestos á perecer por salvar
á dos.
109. - A este tiempo pude apercibir la apagada y tardía repercucion de
los tiros á rifle, y el débil chasquido de los cohetes voladores que
tiraban del vapor mostrándonos el punto de conversión; con este eventual
y lejano derrotero, al favor de los relámpagos, pude tomar de nuevo el
rumbo que me habia arrebatado el oscurecer de la noche; y reanimando el
desfallecido espíritu de mis jóvenes compañeros, mas aun del moribundo
perdido, á emprender con mas esforzado valor nuestra espantosa y
terrible travesía, espuestos de instante á momentó á la voracidad de las hambrientas fieras, escurriéndonos aquí,
ó arrastrándonos allí por sobre encopullados espinales, buscando el
escape de tanto mal que en torno nuestro de cielo y de tierra nos
amenazaban.
110. - Después de media hora de así trabajar sufriendo, lamentando aún
la situación del otro estraviado, vi cumplirse las esperanzas de
salvación en que habia podido inspirar á mis conducidos, sacándolos de
improviso á la rivera del rio, en un punto yá reconocido por mí el dia
anterior, no mas lejos que una legua arriba del vapor, cuando nos
suponíamos estar dos leguas mas abajo.
111.- Reanimados por el contento de vernos ya libres de tan funesta
espedicion, y escapados á los mil peligros de una noche desastrosa,
tanto como consolados por haber salvado uno de los estraviados, y por
la esperanza de encontrar al otro salvo ya entre los tripulantes,
impresionados todos cinco de nuestra salvación como del hallazgo de uno
de los perdidos, nos apresuramos á llegar al vapor, temerosos al mismo
tiempo de no escapar al descargo de la tormenta.
112. - Nos aproximábamos al vapor siguiendo por la rivera misma del río,
y tuvimos tiempo de subir á bordo un momento ántes que la tormenta
abriendo las cataratas de su negroso entoldado soltara sobre nosotros
sus raudales, y sin que nos hiriéran con su eléctrico fuego los
atronantes rayos que entretegiendo el aire iluminaban á momentos la
espesura de las montañas; empero si bien dábamos á aquellos el grande
consuelo de presentarles sano y salvo á uno de sus compañeros, ellos y
nosotros quedábamos con la amargura de no haber aún encontrado al otro
perdido.
113. - Esta amargura se nos hizo mas amarga desde el momento que
descargando la tormenta y anegados un tanto los campos, la fuerza del
agua borraría esa noche las pisadas del estraviado y aún las nuestras,
privándole á aquél de ver nuestras huellas, y á nosotros encontrar las
de él; aunque por otra parte ese aguacero le conviniera para proveerlo
de agua, si se encontrara distante del río, ó lejos de las lagunas.
114. - Que esto fuera adverso ó favorable, esa misma noche acordámos con
Roldan que saliesen tres espediciones en diferentes rumbos por esa misma
costa, consignándose entre sí los trayectos que debían recorrer, el
punto y hora en que debían encontrarse para regresar al vapor; acordando
las señas y contraseñas que fueran posibles de ellos á nosotros y de
nosotros á ellos en un caso de asalto de indios.
115. - Al siguiente dia ejecutóse la espedicion acordada con prevención
de todos los recursos que podían tomarse; cada un grupo espedicionario
recorrió en ese dia las distancia ó trayectos por sus propios medios
aquellos, uno seguidamente de otro, no nos traían mas que la
desesperante noticia de no encontrar ni leves vestigios de que planta
humana alguna hubiese atravesado en muchos meses de tiempo aquellos
desolados y atimidantes bosques, escepto nuestras pisadas de la noche
anterior.
116. - Con tan desconsoladores desengaños respecto del buscado, y en una
situación rodeada de fatalidad, en esta segunda noche acordámos otra
espedicion de proporciones mas formales, y encabezada por nosotros dos,
á fin de que diera consecuencias producentes; para cuya ejecución ordenó
Roldan que se preparasen para ir en nuestra campaña catorce de los de la
tripulación, el mozo de cámara y un sirviente de mano; entre aquellos
saliéron también el hijo de Barbosa, el 1° y 2° maquinistas con los dos
foguistas, mas el contramaestre; quedando á bordo el práctico, el
comisario, Reimundin y demas gente necesaria allí para el servicio de
artillería, (estaba puesto un cañón en tierra y otro á bordo), en caso
de asalto por los indios ó para darnos el rumbo á la vez que cualquiera
noticia alarmante hasta donde pudiese esta seña ser apercibida por
nosotros.
117. - El tercero día, alistada que estuvo la espedicion, marchámos
hácia el Noreste cortando la espesura de las montañas y de los palmares,
cuya interminable tronquería parecia una impenetrable estacada de palo á
pique; y haciendo una semicurba hácia la costa del rio, á cuya ribera
llegamos al anochecer; como hubiésemos dado tantas vueltas rastreando al
perdido, caminando á pié de siete á ocho leguas mas que fatigosas
resolvimos pasar la noche en ese punto; ya por el recurso del agua, como
por soltar desde allí algunos cohetes voladores y hacer algunos tiros
para atraér á Barbosa, si se encontraba cerca, y llamar la atención de
los Indios, de quienes ni vestigios encontrámos.
118. - Habíamos salido todos sin mas ropa que la puesta, ni mas alimento
que unos panes y unas pocas cajas de sardinas, atenidos á la caza de
charatas en último caso; pasando la noche bajo la enramada de un grupo
de aromos que encontré inmediatos al rio, tomando por buena cama unas
cañas estendidas, y por almohada un rollo de paja seca; la preocupación
que nos absorvía el alma no nos permitió reconciliar un momento el sueño,
á parte el temor de un asalto improvisado por los indios que se hubiesen
alarmado (como fuéron, aun que sin tiempo para alcanzarnos) saliendo
casi tras de nosotros.
119. - Muy de mañana emprendimos la marcha hácia el rumbo donde
suponíamos perdido á Barbosa; me ocurrió en la marcha apartarme de los
demás, alguna distancia hácia el oriente, estimulado por un estenso
campo en cuyo centro me parecía mirar una laguna, donde era fácil que el
extraviado hubiese llegado caminando- Alli hallé felizmente una honda y vieja senda de indios que
atravesaba hácia el Teúco; caminé por ella, y al acercarme á lo que parecía aguna, (era un hondo madrejon con un tanto de agua) distinguí en la huella un rayado delgado, como si
hubiese llevado arrastrada por el cañón una escopeta, pero sinnotarse cerca el mas débil vestigio de pisada alguna, menos de la alpargata de que me acordé habia
salido calzado Barbosa.
120. - No satisfecho del testimonio de mis
ojos, llamé á los que venían mas inmediatos á mi y les mostré aquella
rastrillada; con este dudoso indicio segui este mismo rumbo hasta llegar á uno
de los mas espesos montes de palma, y só pretexto de sacar un cogollo,
mandé hachar una de las mas
altas; no tardó esta en caér por tierra, y su tremendo chasquido, que en
mil estampidos de repercucion interrumpió el silencio de aquella
melancólica palmera, alcanzó á herir el oído y el corazon de Barbosa (quien habia oido también los
tiros y cohetes de la noche anterior, dándole el rumbo perdido y tomando
él á correr y mas correr).
121. - Dejé este rumbo y recostéme hacia
río, para reunimos con el grupo de Roldan, sin sospechar siquiera que el
perdido estuviera tan cerca de nosotros; reunidos todos en un solo
cuerpo, dejámos la costa del rio y
tomámos al oriente, descabezando los palmares y las montañas (en cuyo
centro encontrámos la rastrilladas de
grandes tropas de mulas, caballos y bacas encorralados por los indios no
de mucho tiempo), dejando señales al perdido que en sus andadas y desandadas pudiera
tomar para seguirnos, como al fin felizmente sucedió
122. - Sin recurso para pasar una noche mas
entre las montañas, y por reflexiones de circunstanciastancias, inclinámos la
espedición en regreso hácia el vapor; despues de mucho montear, salimos á la costa del rio; allí descansamos una hora y
continuámos nuestro
regreso, no sin dejar dos de los marineros de mas confianza á cazar en
el mismo punto por donde yo pude sacar al otro perdido; los cazadores
con sus tiros continuaban llamando rumbo á Barbosa, que habia tenido la
felicidad de tomar nuestros rastros á las inmediaciones de la palma
hachada.
123. - No hacía mucho tiempo á que con Roldan habíamos subido á bordo, en momentos en que nos ocupábamos de proyectar otra espedición
hácia el Teuco, cuando se
presentaron por la ri vera de este suceso los dos marineros que habíamos dejado cazando, mostrando en las
manos la escopeta de
Barbosa, lo que nos fué anunciado por alguien de á bordo, avisándo la venida de aquel;
salimos en el momento
sobre cubierta, y nos presentaron del brazo al desventuradop infeliz.
124. - ¡Cuánto sería nuestro gozo al ver
el término de una de las fatalidades que en este trayecto del rio nos había hecho sufrir tanta afliccion, muy particularmente á Roldan, en
quien recaía el mayor
peso de las consecuencias de aquel siniestro, y por ser Barbosa el personal más útil -á
las órdenes de Roldan, como su segundo.
125. - Transformada así nuestra funesta situacion, vuelta á
nuestro corazon la alegría perdida, y la
tranquilidad á la tripulación, esta con su capitan á la cabeza solo
pensó y se ocupó en procurar la destrucción del banco que allí nos
detenía; obra que realmente puso á brillante prueba Ia constancia,
actividad y esfuerzo de toda la tripulacion, por salvar los intereses de
la empresa y Ia continuación de la
navegación.
Nota: El N°126 no figura en la narracion.
127. - A esta difícil y morosa taréa estaba consagrada toda la
tripulación, repetiré justamente, reanimada por la esperanza de que
nuestro inevitable silencio de casi
cuatro meses, esplicára suficientemente nuestra situación tanto al Gobierno de Salta, que estaba préviamente avisado de
nues tro arribo por el
Bermejo, y comprometido á salir por Rivadavia á encontrar el
vapor, como á los de la Sociedad de la navegación del Bermejo; bajo es ta
necesaria y natural convicción, esperábamos ver aparecer va por una rivera, ya por otra,
sea de parte de la
Empresa, sea de parte del Gobierno, alguna espedición en busca nuestra, como realmente
sucedió, debido á la buena disposición y actividad del Presidente de aquella, el señor D. Francisco G. Molina.
128. - Al siguiente dia
del hallazgo de Barbo sa notámos á la rivera occidental, á pocas cuadras
- del vapor, que repentinamente se levantaba unagran quemazón que
devoraba la montaña; aun-ue esto hacían los indios
frecuentemente para telegrafiarse sus movimientos ó los del enemigo, ge-neralmente se creyó á bordo que aquél fuego
lo ha-bían hecho los que_
venían en comision á encon-tramos; bajo esta impresión se hizo un
disparocañón, á cuvo estampido contestó un
grito de aplauso al
estilo del aaucho fronterizo: mstantáneamente algunos de á bordo se persuadieron que o era la gente de la comision
aue esperábamos en á
nuestro auxilio, v correspondieron con otra gri-dtería de alegría, acompañando otro
disparo.
129. - Despues de un momento de silencio, sin
saber la gente que realmente
era, vimos aparecer por el río, á pocas cuadras
de la próa, unos pocos
indios que observando cuidadosos nuestra condición y actitud, se acercaban confiados hácia
nosotros, y á quienes
llamámos desde luego con el mayor cariño v franqueza, instándoles venir á bordo, significándoles
que hacia dias les
buscábamos amablemente para obsequiarlos y ponerlos en obraje, haciéndolos ganar vestidos y tabaco.
130. - Ellos, sin hacerse
esperar, viniéron á bordo, arrobados de admiración y alegría; entre
estos se distinguió un joven tipo de cristiano, de porte y maneras muy
aventajadas entre los suyos, de 24 años á lo mas, muy espédito en el
hablar español; decia haberse educado en las haciendas de Campo Santo,
donde sus patrones le diéron el nombre de Juan Pablo; nos presentó por
caciques á Luis y á su suegro Juandela, que viniéron con él; se
mostráron dispuestos á aceptar todas las taréas que les impusiéramos, en
cambio de tabaco y de ropas que quisiéramos darles — todos, desde chicos,
saben fumar.
131. - Desde el momento cuidaron de despachar aviso á sus tolderías
participando lo que sucedía; pues éllos habían venido enviados á
descubrir el oríjen, punto y causa de los tiros incesantes que habían
apercibido á larga distancia de donde vivían; no nos ocultáron esta
personal correspondencia, ántes nos participáron que era necesario y
conveniente pasar estos avisos á los caciques de arriba, tanto para
sacarlos de la alarma en que quedaban, como para que trasmitiesen aviso
de nuestro arribo á los caciques inmediatos á los fuertes.
132. - Desde ese momento sucesivamente comenzáron á reunirse las
indiadas en torno del vapor como enjambre de abejas que se agrupan á
cosechar la miel de una colmena; y ántes de tres días veíamos á ambas
riveras del rio improvisado un numeroso pueblo de desnudas y hambrientas,
á la vez que dóciles, asequibles y comunicativas chusmas de nómadas de
toda edad; acojidos al débil abrigo de transparentes enramadas, que
entretejidas por su cogollo llaman ellos toldos, obra esclusiva de las
indias.
133. - Estas tribus tan menesterosas de todo elemento de abrigo, de
subsistencia y de civilización, de la fuente misma de su lastimera
pobresa sacáron ovejas, cabras y varios otros animales hervívoros de
raza selvática, esquisita y abundante miel, y otras varias cosas
producidas en el Chaco, de buen sabor y nutritivas, que ellos utilizan
para su alimentación anuária, y nos las traían, ofreciéndonoslas en
cambio de lo que pudiéramos darles por todo ello.
134. - Mas aún, mientras los indios se ocupaban entre sus taréas
díuturnas de traer leña de todo grosor hábilmente destrozada sin otro
instrumento que sus forzudas manos, los indios se ocupaban á pala y
asada en mano entre los demás marineros de disolver el banco que nos
tenía detenidos; trabajando con todo agrado, y dándonos satisfactorias
pruebas de su robusta naturaleza para toda intemperie, y de una superior
predisposición para todo traba jo, para toda educación y para todo bien,
sin otro estímulo que el de un trato benévolo, discreto y persuasivo;
sin otra exijen-cía que la justa é inmediata compensación de sus taréas,
de cuya realidad son celosos.
135. - Indudablemente esta concurrencia de brazos, que tanto
necesitábamos, y que habíamos buscado ansiosos dia por dia para el
auxilio de los marineros en el trabajo hidrográfico, aunque por su
muchedumbre fuéra una poderosa y descomu: nal armada de peligros en
constante amenaza contra nuestras vidas, venían á ser oportunamente un
fuerte elemento que Roldan podía aplicar á los supremos esfuerzos con
que valientemente supimos abrir hondo paso al desproporcionado calado
del vapor, vencer incidentes invencibles, y burlar las farsáicas burlas
. . . de los que maliciosa ó neciamente nos supusiéran débiles para
sufrir y cobardes para luchar é ineptos para vencer... de los que nos
pregonaban sumerjidos por el agua ó consumidos por las llamas, ó
devorados por los indios cuando esos mismos indios, puestos á las
órdenes de Roldan, bajo mi persuacion y vijilancia constante, nos
ayudaron a conquistar uno de esos triunfos que inmortalizarían nuestros
nombres, presentándonos ante nuestros compatriotas como los mas
meritorios espedicionarios de la navegación del Bermejo.
136. - Al hacerse dueño de esta grande gloria Roldan, heroicamente
correspondido por sus compañeros de viaje en todo momento, y
perfectamente servido por toda su tripulación, rodeándonos á bordo mas
de treinta caciques y capitanes rivereños del Bermejo; esperando por
momentos de Rivadavia la contestación de nuestra correspondencia, que
habíamos mandado con un indio hermano del cacique Pepe Grande,
continuando lentamente nuestra navegación, se presentó el indio chasque
con una tarjeta del Comandante General de las Fronteras del Norte
Teniente Coronel D. Napoleon Uriburu dando aviso de su aproximación en
busca del vapor “Gobernador Leguizamon”.
137. - Hablando estaba aún el indio chasque del cumplimiento de su
compromiso, cuando, al levantarse el sol del dia 5 de Setiembre, los
clarines del comandante Uriburu nos convencieron de su inmediata
aproximación, que abreviamos bajando á tierra y recibiéndo á brazos al
intrépido, honrado é inteliiente Gefe, que con su presencia armada y
proveído de todo recurso vino en la circunstancia mas solemne á hacerse
también ante toda la tripulación, ante la Empresa y ante el Gobierno
Nacional, dueño de tanta gloria y de merecimiento tanto, cuantos
intereses representan nuestras vidas salvadas y la continuación de
nuestra espedición garantida en su tránsito v facilitada hasta el
estremo de realización en que hoy puede encontrarse.
138. - Acompañaban al Comandante Uriburu el Coronel de Guardias
Nacionales del Departamento de Rivadavia D. Melecio Frias natural de
Salta, el Sargento Mayor de Línea Ingeniero Na-ional D. Francisco Host,
y un distinguido cuerpo de oficíales de línea con 50 soldados salteños
muy merecedores también de nuestros recuerdos, especialmente el activo y
generoso Coronel Frias por la participación que tuvieran en esta
honorable campaña.
139. - Nos hallábamos dos leguas mas arriba del Tren de Espinosa; por
ser conveniente á los intereses de la navegación, bajámos á tierra el
dia 7 de Setiembre, y continuámos á caballo nuestra espedicion con el
capitan Roldan, quién llevaba de su tripulación un joven dependiente, un
carpintero y dos marineros; á precaución, el Comandante Uriburu mandó
para nuestra compaña al recomendable Teniente Alvarado, natural de Jujuy,
y á sus órdenes algunos soldados para la custodia de la carga que se
conducia á Rivadavia por un arriero de mulas.
140. - Dejando el vapor como á 52 leguas por tierra del pueblo de
Rivadavia emprendimos nuestra marcha por la costa oriental á camino
estrecho pero andable, hicimos ese dia una jornada como de 12 leguas; á
las 2 leguas dimos con la toldería de Pepe Grande, cacique que el
Comandante Uriburu llevó consigo en su regreso por el Teuco; á medio dia
llegámos á la toldería del cacique Facundo, que nos sirvió
distinguidamente en el rebaje del banco; al anochecer llegamos á la gran
fortaleza de tolderías del cacique Manco, indio prestijioso y de averías;
esta situación á la rivera del rio, cerca de una hermosa laguna, á la
costa de una elevada montaña, con preciosos bajíos para sementeras, punto que los indios llaman
“Pescado Flaco”, es la mas apropósito para una gran ciudad; y no está
lejano el dia en que por este punto atraviese también una línea férrea ó
un cordon de Fuertes, desde Villa Occidental hasta Salta, Tucuman y
Jujuy.
141.- Alcanzámos á hacer noche sobre el mismo paso del río, como una
legua mas arriba de la Grande Toldería, cuya indiada sorprendimos en
gran divertimiento, y que nos recibió con el mayor cariño; al dia
siguiente muy de mañana emprendimos la marcha, pasando el río á la costa
occidental, donde dias ántes habia acampado el Comandante Uriburu,
salvándose él, su gente y su tren todo de una tremenda quemazón que en
la noche le habían prendido los indios para estorbarle su espedicion;
razón por la que muy propiamente este punto debía denominarse el “Tren
de Uriburu”.
142. - En este punto, muy inmediato al rio, hay hermosísimas posiciones
para importantes y valiosas poblaciones, protegidas por hondos madrejones
de agua permanente y por toda clase de ricos elementos vegetales,
terrenales (por no decir impropiamente minerales) y animales; caminámos
este dia como doce leguas hasta el madrejon de Pescado Blanco, frente á
la toldería del cacique Marianito; en todo el trayecto que hicimos este
dia hemos atravesado importantísimas planicies de rica tierra, y muy
humedosos bajíos para sementeras de todo ceréal.
143. - Salimos del Pescado Blanco el dia 9 muy de madrugada atravesando
un trayecto mas seco, no tan precioso y fértil como el anterior; desde
aquí se muestran de mas importancia general las costas orientales, no
obstante tener la otra costa la hermosísima laguna, y alto bordo del
“Pelicano Colgado”, situación no menos importante que el Pescado Flaco
para un gran centro de población; por que el agua de esta profunda
laguna es renovada en las crecientes con el concurso directo del rio;
este dia habíamos caminado como diez leguas hasta el renombrado punto
“Senda de Mácomita” ó Palo Santo, posicion tan ventajosa y cómoda como
las otras anteriores para la creación del punto central de encrucijadas
y poblaciones fronterizas del Chaco.
144. - Desde aquí marchámos ya por el limpio y ancho carril mandado
abrir á hacha por el comandante Uriburu; nada de particular encontramos
en este trayecto, á no ser el interminable y elevadísimo palmar de la
“Luna Muerta” por cuyas cenegozas sombras viene empujando sus desagües
el rio del Valle, siendo una notable equivocación suponer que estos
desagües salen por el arroyo del Caíman, lo que debe tenerse por exacto
é indiscutible; pues bien sabido es que cuando el Sr. Arias Rengel
descubrió la Senda de Mácomita, trajo su ruta por la costa sud de estos
cenegosos palmares, dejando no muy lejos el Fuerte de San Simón, como
lo demostrarémos en otra página.
145. - Esta jornada la hizo Roldan de trasnochada hasta Rivadavia,
quedándome yo con el Teniente Alvarado, para hacerla mas estudiosa hasta
el Fuerte de Gorriti, á donde alcancé á hacer noche, pasando á media
tarde por el Fuerte Güemes, ántes “Carreta Quebrada” (la carretilla del
doctor Cantillana en su víage con el Gobernador Mato-rras); este dia
caminámos como catorce leguas, no sin ser burlados al entrarse el sol
por un venado estraordinariamente grande (de los muchísimos que abundan
en el Chaco) que nos atravesó el camino espantándonos los caballos.
146. - El dia 10 de Setiembre, quedándose en este Fuerte de Gorriti (que
será trasportado como el anterior á puntos mas avanzados por el
comandante Uriburu) el Teniente Alvarado, pasé al pueblo de Rivadavia
haciendo un camino de cuatro leguas por la costa oriental, en cuyo
trayecto encontré los vestigios del primer Fuerte Belgrano,
á cuyas inmediaciones los indios habían dado un feroz y memorable avance
en años anteriores, logrando hacer algunas víctimas.
147. - Despues de descansar en el pueblo de Rivadavia algunos dias,
hasta que Roldan comenzára sus trabajos de canalización, continué mi
espedicion á caballo por las costas del rio acompañado de un baqueano, y
haciendo un esmerado estudio de todo lo mas importante que hubiera en
estos puntos, poblados de estancias, de ganaderos y de sementeras á cada
legua, ó a lo más cada dos leguas sobre las mismas riveras de una y otra
van-da del rio á favor de hondos y permanentes ma-drejones de muy buena
agua, que el rio purifica y renueva en sus crecientes.
148. - Llegué al Pueblito del Sausal, valiosa y productiva propiedad del
Sr. Oliva, distante 22 leguas de Rivadavia, y situada sobre una
inmejorable y arcillosa llanura salubréada por estensos sausales á la
rivera occidental del canal del Bermejo; mas valiosa seria esta finca, y
las mas predispuesta á ser el centro de una linda ciudad, si no
estuviese espuesta al desborde anual de las crecientes, que desde este
punto hasta unas quince leguas mas arriba invaden esos campos dejándolos
como archipiélagos.
149. - Pasé en seco el actual canal del Bermejo labrado por las
crecientes de la época de Soria, según como él los encontró rompiendo
hácia este rumbo, y dejando al occidente el primitivo canal (que en todo
tiempo seria el mas recto y seguro para la navegación, si se consiguiera
hechar por él las aguas que han tomado hácia el Este formando el Teuco),
llegué al Pozo de la Oreja, donde se hizo el año pasado la canalización;
observe esta interesadamente, y advertí que ninguna localidad del
Bermejo puede ser menos á propósito para encajonar sus aguas; todo
estaba perdido.
150. - Pasé á los nuevos trabajos establecidos por el señor Roldan y
encontré que estos eran planteados en una localidad mejor que la
anterior, y bajo un sistema de trabajo mas efectivo, aunque siempre en
terreno delesnable y destructible á la acción violenta de las crecientes,
que en todo ese trayecto no encuentran suelo fírme que las contenga,
sirviendo ántes para desparramarlas mucho mas un interminable almácigo
de sauces creados sobre pura arena por los ilimitados reval-ces del rio,
que en una creciente obstruye aquí el canal que en otra abrió allí, ó
viceversa.
151. — Como “en años anteriores había estudiado todo el Lavayen hasta
las Juntas con el Bermejo y desde allí hasta el arroyo do la Pampa
Blanca, regresé de Rivadavia á estudiar mejor el punto de la Esquina
Grande, donde hay el oportuno y bien calculado proyecto de hacer el
puerto principal y levantar las oficinas de aduana nacional y
administración de correos; atendida la superioridad de un alto y estenso
territorio plano que avanza uniforme hasta la rivera del río, es
inmejorable localidad; tenien-dose la conveniencia y facilidad de un
centro do comercio y de comunicación nacional con las fronteras Sud de
Bolivia, el punto no puede ser mas competente.
152. — De aquí salí en busca de las Juntas del Rio del Valle con el
Dorado, y ántes de dos leguas de camino pasé el arroyo del Caímna en una
poca y mansa corriente de agua salada; este corre aquí de Oeste á Este;
pero continuando mi marcha ántes de una legua lo volví á pasar en las
mismas condiciones corriendo de N. á Sud; continuando mi camino hácia el S. O. y á las diez leguas de la Esquina Grande
encontré poi' la izquierda, los totorales ó lagunas to-torosas
inmediatas al Fuerte de San Simón, que realmente bajan al Bermejo
regando el estenso palmar de la Luna Muerta, corriendo de Oeste á Este.
153. — Mas adelante, siguiendo por las mismas riveras de estas lagunas
por entre palmares, y saliendo después por la misma costa á tierra firme
por riveras secas, di cor. las Juntas del Rio del Valle con el Dorado;
encontré este con bastante agua, pero enteramente seco el del Valle,
cuyas corrientes se infiltran pocas leguas mas abajo del Fuerte mismo de
San Femando, quedande las poblaciones de esa costa sin otras aguadas que las lagunas
saladas, ó los jagüeles, ó pozos de valde.
154. — Estamos á 15 de Octubre, dia en que he terminado en este punto
(Fuerte de San Fernando del Rio del Valle) mis estudios sobre la
navegación del Rio Bermejo, que hé practicado personalmente con toda la proligidad y esmero merecido, sin perdonarse sacrificio alguno á fin de
esponer los hechos y las cosas con toda la propiedad y en las verdaderas
condiciones y distancias en que las he encontrado y examinado, habiendo
practicado no con menos Ínteres este mismo estudio pocos años há en las
otras cabeceras del Bermejo.

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