- Una larga historia

Revista Neptunia 1936 y 1939
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Queche casco de Acero Una nueva e importante unidad viene a sumarse a la ya gran flota argentina de yacthing. Vendrá navegando desde Europa tripulada por su propietario señor Hugo Stunz a quien acompaña su esposa y dos marineros. El "Achernar" fué dibujado y construido con el propósito de navegar por las islas del Pacífico, en el astillero Amsterdamsche Scheep Swerf di I G. de Vries Leutsch Júnior y demuestra la alta capacidad técnica basada en la experiencia de su autor que también lo es del queche "Maybe" cuyas condiciones fueron oportunamente apreciadas en los centros de yachting europeo. Nuestro compatriota que fué propietario del doble proa "Fram" con fondeadero en La Plata y con el cual realizó numerosos cruceros a traves del Estuario hasta Punta del Este, es el actual! capitán y propietario del "Achernar" cuyo desplazamiento de 30 toneladas, casco de acero soldado sin remaches y aparejo moderado de queche tendremos el placer de contemplar en estas aguas una vez cumplida la empresa en que está empeñado, con la que al mismo tiempo viene a enriquecer el haber del historial marino del nuestro yachting en el renglón de viajes de mar. El departamento de máquina está completamente aislado de los destinados a la distribución interna de sus comodidades por tabiques estancos de acero soldado y en él se encuentra el motor Diesel R.N. de 20 h.p. Su velamen es de 1.000 pies cuadrados confeccionado con tela inglesa, el que trabaja sobreun aparejo Bermuda, que le permitirá a la ves el uso de velas cuadras y un par de spinnakers como las que usaron el capitán Waller y Alain Gerbault. Las comodidades de su interior así como el aspecto del mismo visto de perfil permiten aprecia en conjunto la importancia de este nuevo yacht que también viene a demostrarnos con la travesia a cargo de su propietario, el valor que tiene el progreso náutico de nuestros aficionados capacitados ya muchos de ellos como lo han demostrado, para emprender la navegación de rutas que hasta no hace muchos años creíamos solo eran capaces de realizarla profesionales del mar. Auguramos al "Acuernar" un feliz viaje y presentamos a su propietario nuestras felicitaciones.
LA TRAVESIA DEL YACHT ARGENTINO "ACHERNAR" Neptunia 1939
La navegación oceánica a través del Atlántico que acaba de efectuar el
queche «Achernar» a las órdenes de su propietario el Ingeniero Hugo
Stunz constituye una nueva demostración del progreso adquirido tanto
desde el punto de vista de la mejora e importancia del material como del
atractivo que ha despertado la navegación de altura entre nuestros
aficionados, quienes miran cada vez con mayor interés la posibilidad de
iniciar empresas de esa naturaleza.
7.— El «Achernar» izó
su empavesado el 9 de Julio, en Marstrand, Suecia.
Véase de izquierda a derecha y de arriba a abajo 1.—
El aficionado Hans Biorklund, miembro del Real Yacht Club de Suecia y
experto mecánico, quien condujo la marcha de los motores del «Achernar».
Al fondo el «cabín boy» Avelino Ferreyra.— 2.— Fernando
Stunz sonríe satisfecho ante la perspectiva de un exquisito desayuno a
base de peces voladores fritos. 8.— Un detalle de la maniobra en
que puede apreciarse la gallardía con que el veterano marinero Vicente
Mallol lleva, sus 67 años de edad. 4-— El capitán, Hugo F. Stunz,
en el momento de abandonar Madeira. 5.— Oscar A. Marino entregado
a la confección de una filástica destinada a proteger las velas de los
obenques de acero. 6.— Michel
Le Corre, bretón, marinero y pescador emérito. A las travesías oceánicas del «Nemo», «Edelweiss,
«Ingrid», «Legh», «Fram», «Fjord
8.— Lisio para zarpar de Madeira. Nótese el redondo aferrado al mástil y la verga y el «Blue Peter» izado. Acaba de terminarse el crucero del queche «Achernar» y está aún pendiente la del «Kristian» otro queche que tripulado por aficionados se ha lanzado desde las costas europeas a una navegación transoceánica que desarrollarán cuatro emprendedores nautas argentinos. El «Achernar» es un queche auxiliar casco de acero de 14.50 metros de eslora total, 12 metros en flotación y 2.16 metros de calado, que desplaza 29,5 toneladas del Tamesis provisto de motor Diesel «R.N.» de dos cilindros 18 h.p. a 800 r.p.m. alimentado por 1 tanque de 700 kilos de gas oil y fué construido en Holanda en el astillero De Vries, el mismo que' tiene a su cargo varias otras construcciones de importancia y botó también el Zeearend que alcanzó el cuarto puesto en la reciente regata Olímpica —Bermuda-Cuxhaven. El «Achernar» una vez realizada su adquisición fué equipado como correspondía para la navegación que emprendería hasta Sud América y partió de Holanda el 18 de Abril último con destino a Ramsgate Inglaterra, cruzando el Canal de la Mancha, con el objeto de complementar algunos accesorios entre ellos la instalación de una estación de radio, receptora y trasmisora, recorrer la máquina de fabricación inglesa, cementar el tanque de 2.000 litros para agua dulce y regular los cronómetros.
9.— Una mascota que cumplió eficazmente con su deber, el mono Joko. Una vez terminados estos trabajos emprendió un crucero dirigiéndose nuevamente a Amsterdam donde en el Instituto Metereológico fueron compensados los compases de las desviaciones propias de un barco con casco de acero, continuando luego la navegación hacia Kiel-Alemania, donde después de breve permanencia se trasladó a Istad-Suecia, en cuya ciudad el ingeniero Stunz se sometió a una operación quirúrgica tendiente a eliminar la afección de asma que padecía, empleando un nuevo método que parece haber dado en este caso también el resultado feliz esperado o sea la cura completa del mal.
10.— Michel Le Corre presenta satisfecho un buen ejemplar de wahoo, pescado voraz de aguas cálidas.
Véase de izquierda a derecha y de arriba a abajo. 11.— A la altura de Cabo San Vicente, viento fuerte, en popa y con rizos. Nótese el detalle de la contra-escota. 12.— En la región ecuatorial, Cumulo-nimbos. 13.—Navegar en el océano es un verdadero placer. Con viento fresco favorable el barco devora las millas. 14-— Solo gracias a una superposición fotográfica puede encontrarse uno en el agua en un país donde no la hay en absoluto como San Vicente. 15.— Las ventajas de la popa canoa se aprecian en todo su valor cuando el mar comienza a romper. 16.— En aguas ecuatoriales a menudo bandadas de delfines vienen a juguetear en la ruta del barco. 17.— Momentos de belleza indescriptible que compensan cualquier fatiga 18.— El personal del diario «El Día» de la Plata, en pleno da la bienvenida a su Director el Sr. Hugo Stunz, propietario y capitán del «Achernar». Desde Istad, el «Achernar» se dirigió a Copenhagen-Dinamarca, luego a la isla de Huen, después a Marstrand y de allí por el Skagerrack, cruzando el Mar del Norte en un trayecto de 548 millas regresó a Ramsgate, pasando luego a Plymouth, El 29 Julio pasado a las 5.50 horas provisto de agua de consumo para 120 días y provisiones para 7 semanas, tripulado por su capitán el ingeniero Stunz, su hermano Fernando, su cuñado Hans Bjorklund joven experto en mecánica, el Dr. Oscar Marino abogado argentino que se hallaba en Europa en viaje de estudio profesional y dos tripulantes Vicente Mayor, Valenciano, buen marinero y Miguel Le Corre, bretón, pescador de mar afuera, frecuentador del banco de Terranova en ejercicio de su profesión y hábil maniobrista velero. En Madeira embarcó después al marinero Avelino Ferreyra que deseaba trabajar en el Río de la Plata. La superficie vélica normal del «Achernar» —trinquetilla, mayor y mesana— es de 90 metros cuadrados y sus velas de trabajo están confeccionadas con tela Flax N. 73, la misma que empleó en 1921 el yacht «Frida» en su viaje de circunnavegación, las que por su calidad trabajaron casi durante todo el viaje, pues recién al regreso por el oriente tuvo que cambiarlas en el puerto de Suez. Un juego nuevo de velamen confeccionado por Mackensie en Escocia con algodón egipcio, serviría para repuesto en el caso de averiarse, el de trabajo, el que no fué necesario utilizar. En el Canal de la Mancha soplaron por lo general vientos fuertes y contrarios consiguiéndose sin embargo tener por el través a estribor el faro del Cabo Lizard a las 12.20 horas y desde allí con proa al W.S.W. navegó en demanda del del meridiano 12" W., realizándose en esta primera singladura 192 millas es decir alrededor de 8 millas por hora que fué la máxima de todo el viaje.
19.— Entrando a La Plata. Parte de la escolta de embarcaciones que presagia a los navegantes la cordiallsima recepción que les espera.
20.— El capitán Stunz, que fuera un distinguido remero y atleta, sonríe satisfecho al terminar un crucero que lo coloca entre nuestros yachtsman más caracterizados. Desde el meridiano 12° W comenzaron a soplar vientos a la cuadra del N.N.W. que permitieron recorrer la distancia de 1257 millas hasta Madeira en solo 7 días, con el impulso de vientos alisios muy fuertes del N.E. reinantes en los últimos días de esta parte del viaje, arribando a este puerto el 6 de Agosto, donde hubo que confeccionar un accesorio consistente en un manchón metálico para aplicarlo al mástil en el punto donde apoya la verga del redondo, que izada con collar de cable aunque metálico provisto de vertellos, se cortaba por su fricción constante sobre el riel por el cual se iza la mayor Bermuda. Este manchón dispone de una garganta longitudinal por donde pasa el riel,, de modo que estando izado el redondo su adrizamiento no lo toca evitándose así que desgaste el collar y los vertellos. De este puerto zarpó el 14 de Agosto con rumbo a San Vicente de Cabo Verde, una distancia de 1050 millas que recorrió con alisios suaves del N.E. en 10 días, fondeando el 24 de Agosto a la noche. El objeto de esta nueva escala era recoger correspondencia. Desde Plymouth hasta este último puerto la navegación se llevó a cabo exclusivamente a vela, funcionando diariamente el motor solo para mantenerlo a punto y recargar baterías. A bordo del «Achernar» se traen además del combustible en el tanque (700 kilos) otra cantidad igual estibada en 40 latas que fueron de kerosene, embarcadas en Madeira, es decir otros 700 kilos o sea un total de 1.400 kilos, consumiendo el motor 4 kilos por hora aproximadamente a 800 r.p.m. De Cabo Verde zarpó al día siguiente 25 a la noche, comportándose su aparejo de queche con todas las ventajas que sobre cualquier otro demuestra siempre en las travesías oceánicas. El Sr. Stunz expresa que este aparejo si algún inconveniente tiene sería solo el de no poder ceñir tan cerrado al viento, pero esta desventaja carece de importancia en el océano, porque el asunto no consiste en poder ceñir, sino en no deber ceñir en las circunstancias en que el mar por encontrarse agitado impone una navegación más franca pese al barlovento que se pierde. A 120 millas al S. de Cabo Verde, navegando con mar arbolada, un paquete embarcado por la proa cayó sobre la trinquetilla quebrando su botavara como si fuera un escarbadiente, única averia ocurrida en todo el viaje y que obligó a utilizar escotas por ambas bandas. Treinta días de navegación fuera de la vista de costa le permitieron recalar a las 22.15 horas exactamente en el Cabo Polonio. situado en el paralelo 34", habiendo establecido una ruta abierta a 200 millas al E. del Golfo de Santa Catalina, utilizando durante esta larga travesía los métodos astronómicos para situarse con la altura meridiana del Sol para la latitud, la que apesar de su simplicidad en las inmediaciones del Ecuador está coordenada es más complicada hallarla por la verticalidad del astro, circunstancia que dificulta tomar la altura porque esta aparece ser la misma aún observándola a cualquier rumbo. Para la latitud y longitud se usó también el método del almirante norteamericano Marc Saint Hilaire con marcaciones del Sol y Venus y Alfa del Centauro. La derrota seguida por el «Archenar» fué la aconsejada por la American Pilot Chart. El 25 de Sep. arribó a Punta del Este y al día siguiente 26 a Montevideo de donde zarpó dos horas después, para dar fondo el 27 del mismo en La Plata pueito de destino, realizando la entrada en compañía de una escolta de embarcaciones tripuladas por aficionados ansiosos de saludar a los navegantes y conocer detalles del viaje. El capitán del «Achernar» expresa que realizó el viaje sin otra novedad interesante para el yachting que las suscintamente expresadas y que dejamos anotadas, agregando solamente que las emociones que la vida de mar producen,, son de una índole especial porque una vez pasadas por más fuertes que ellas hayan sido, dejan recuerdos imborrables y abierta la puerta para perseguir otras del mismo género en futuras travesías por rutas que se desconocen y par ello animan a que su incógnita desaparezca. «NEPTUNIA» ha dado un fuerte apretón de manos al capitán Stunz como la manifestación más evidente de la simpatía con que ha acogido su empresa deportiva de 55 días de navegación de mar. El queche "ACHERNAR" y un Crucero Perfecto de Mar por J. MARTÍNEZ VÁZQUEZ
Su popa está considerada como la mejor para correr un mal tiempo. Habíamos pasado una noche de perros en Punta del Este, donde estábamos fondeados, soportando un pampero acompañado de mucha lluvia. Los relámpagos y truenos junto con la preocupación de que se cortaran las amarras, no permitieron dormir. Cuando se hizo el día, el tiempo todavía estaba amenazante, por lo menos, grandes nubes de aspecto nada tranquilizador se veían en el tercer cuadrante, mientras que el E. bastante limpio, permitió la aparición de un sol, prometedor de' buen día, que encarnó las nubes y por complemento, reavivó los tonos del agua llevándolos a un fuertísimo azul de ultramar salpicado con verde esmeralda en las cumbres de las olas. Mi temperamento de pintor, absorbido por tan radiante escena, había caído en un estado contemplativo cuando fui llamado a la realidad por una nota luminosa que apareció detrás de la farola de la escollera. Era un magnífico yacht blanco, dorado por el sol nacíente que entraba a todo paño en él puerto. Por momentos creí que se trataba de una visión. Parecía imposible que barco alguno hubiera navegado esa noche y menos a todo paño. ¿Qué demonio de barco era ese? Los anteojos denunciaron un queche moderno,' armado a dos bermudas y una trinquetilla, con proa de poco lanzamiento, terminada por un corto; botalón y popa canoa. ¡El Achernar! exclamé. No podía ser otro. ¡Solamente el Achernar era capaz de navegar tranquilamente a todo paño con semejante tiempo! Conociendo a su propietario y capitán, Ing. Hugo F. Stunz no se podía dudar. En cuanto al barco, su travesía Atlántica y cruceros por el norte de Europa eran antecedentes más que suficientes para justificar tal entrada. Por la tarde fui a visitar a Stunz y al abordarlo le largué el siguiente pistoletazo: ¿Qué tal, como lo trató el mal tiempo?. —¿Qué mal tiempo?, me preguntó Stunz. —El de anoche, aquí la pasamos bastante preocupados, me imagino lo que habrá sido afuera. —Pero si no hubo mal tiempo. Solamente lluvia, me replicó Stunz con extrañeza. —¡La madonna si hubo viento! insistí, tal vez el Achernar no lo habrá sentido. ¿Porqué no lo prueba? me contesta Stunz. Así sabrá si el Achernar siente o no el viento. Mañana parto para Montevideo. Voy al puerto del Buceo. Véngase, después puede volver por tierra. —Aceptado Esa noche me embarque, con mi bolsa de marinero, en el chinchorro y me fui al queche, feliz de pensar que podría pisar su amplia cubierta y probar sus cualidades. Me costó algún trabajo dar con él, pues había más de veinte grandes yachts que se hamacaban plácidamente en el fondeadero.
Ante mí ¡ ooohhhl del Achernar, el ooohhh no lo dije, solo me lo imaginé, apareció una sombra por el «companion-way» en la que reconocí a la de Stunz. Este, que a bordo es de pocas palabras y en oportunidades bastante seco, me largó un: «Entre». Y desapareció escalera abajo. Considerándome en mi casa salté a cubierta y me zambullí por el «companión-way». A tientas porque estaba todo oscuro, rumbee al saloncito donde se veía luz, convencido de ser el único huésped. Al ir a entrar me pare en la puerta sorprendido. Allí no estaba Stunz Allí había cinco fantasmas, colorados y de ojos muy brillantes. Los fantasmas que al verme parecieron tan sorprendidos comó yo, reaccionaron rápidamente y se empezaron a reir haciéndome blanco de un bombardeo de pullas. En cuanto a Stunz? Ni la sombra! Pronto me convencí que con los fantasmas había demasiado espiritualismo. Tres botellas de whisky vacías y una cuarta por terminar, lo ponían de manifiesto. A todo esto Stunz continuaba invisible. Yo estaba varado en situación difícil ante cinco fantasmas agresivos que no sabían quien era el inesperado intruso, ni poco les importaba. Había encontrado la plaza tomada por gente desconocida e iniciaba una retirada para zafarme de tan mala situación, cuando apareció Stunz en la misma forma que había desaparecido, como por milagro. ¡Venía con la quinta botella de whisky en la mano, todavía sin destapar! ¡Que expresivas me parecieron las botella de whisky esa noche! —Son los muchachos del «Aweigh»-, me dijo por toda presentación — Acaban de llegar de Necochea y estamos festejando su feliz arribada. —Veo que hay bastante alegría y bien a la marinera, contesté. Con la llegada de Stunz, los fantasmas se quedaron más tranquilos. Luego se pusieron a cantar,, pero pronto cosas de fantasmas, pasaron a un estado más belicoso, peleándose entre ellos con grave peligro para un risoto que estaban preparando colectivamente, aportando cada uno una dosis de consejos, que luego querían sostener por la fuerza contra la opinión de los restantes. Como el asunto iba largo, me retiré a la cucheta que me asignó Stunz y este que es muy amplio para dejar en plena libertad de acción a los fantasmas, subió a cubierta para pasear acompañado de su pipa y las estrellas. Los fantasmas abandonaron el barco con grandes cantos y risa a las 3 a.m. pues el risoto a pesar de la diversidad de opiniones, salió bien y los puso contentos, confirmando una vez más aquel refrán de a barriga llena .... Cuando se perdieron sus voces en lontananza, recién reinó la tranquilidad a bordo y se pudo dormir. Aparte de eso, el asunto resultó una escena interesante y altamente marinera que dio una nota de especial vida de crucero.
La botavara de la mayor descansa en un burro original. El pie de la vela corre en un riel y se ateza el puño con aparejo. A la mañana siguiente el «Aweigh» zarpaba a motor con una calma chicha y poco antes de medio día lo hacíamos nosotros, también a motor, después de esperar varias horas el viento. Cuando salíamos por la Boca Chica se presentó una brisa y Stunz mandó izar el paño. Tengo treinta y tantos años de navegación. He andado en toda clase de barcos, pero nunca he visto en mi vida una maniobra que se hubiera realizado más rápidamente y con más nitidez que la efectuada en ese momento. ¡Antes del minuto estaban izadas todas las velas! ¡EL ACHERNAR ES UN FENÓMENO! Recibida la orden no hay más que dar vuelta las manijas de los guinches y las velas corren para arriba a buena velocidad.
Los guinches son de una sencillez y eficacia extraordinaria. La manija se saca y se coloca invertida para que no incomode. Un marinero atendió el guinche de la mayor, otro el de la trinquetilla y un aficionado el de la mesana. Las tres drizas son de cable de acero y se repican con el mismo guinche. Jamás he visto una maniobra tan sencilla y eficaz. Nada de esa cuerdería inútil y absurda que convierten los aparejos en arpas y que solamente sirven para aumentar la deriva, complicar las maniobras y hasta poner en peligro la vida de los tripulantes y materiales con sus galletas, que siempre se forman en los momentos de apuro. Es verdad, aquí corresponde decir, que el «Achernar» es el crucero más científicamente proyectado que he conocido, donde se ha aplicado la última palabra del progreso, para hacer un barco práctico y seguro, destinado a navegar en alta mar. Tiene popa canoa, considerada como la más apropiada para correr un mal tiempo, una proa de poco lanzamiento para que no golpee contra las olas, formidables guinches para izar el ancla, una buena borda para resguardo de los tripulantes, una soberbia instalación eléctrica, un cuarto de navegación estupendo, con todo el instrumental necesario y radio telefonía para recibir el tope de la hora. En el saloncito que hace de comedor hay dos cuchetas y en el cuarto de navegación otras dos que se pueden aislar completamente. El motor que es un Diesel, de poca fuerza para aumentar su radio de acción, 18 h.p., no se ve y es muy difícil encontrarlo. En cuanto a su funcionamiento es tan extraordinario, que a mi me producía gran preocupación y hasta malestar la forma descuidada en que se le atendía. El marinero que lo tiene a su cargo, cuando le hice notar que nadie pensaba en el motor, se limitó a decirme: Si al darle manija veo que la bomba de aceite funciona ya no lo miro más, hasta ahora nunca ha pasado nada. ¿Para que más comentarios sobre lo que es un Diesel moderno? ¿Quisiera que nuestro amigo chileno Scipión Cortés que no cree en los Diesel hiciera un crucero con el «Achernar».Tengo la seguridad de que cambiaría de opinión. Cuando estábamos esperando el viento antes de zarpar, me puse a mirar por el interior. Miré y remiré por todos lados, por arriba, por abajo, por delanr te y por detrás y volví a mirar nuevamente. ¿Qué busca? me preguntó Stunz, algo intrigado.Busco las goteras que dicen i tienen los barcos de hierro al sudar. i Puede seguir buscándolas, me replicó Stunz. ¿Y el calor, que dá tan mala fama a los barcos de hierro?—Búsquelo, tal vez lo encuentre donde están las goteras.
Las pantallas y las luces de navegación están sostenidas por soportes, así se evitan que se apaguen con las cimbradas del palo. En realidad era más agradable la temperatura de la cabina que la de afuera. Evidentemente, materiales aisladores, instalados en el interior se encargaban de protegerlo del frío y calor. Cuando estuvimos afuera, la virazón fué en aumento, los corderitos cada vez más grandes, pero excepto esas señales exteriores, en nuestro barco no notábamos nada y continuábamos tranquilamente paseando por la cubierta.El «Achernar» tiene un rolido agradable y eso de poder pasear por una cubierta sin experimentar algún temor, resulta extraño para un yachtsman acostumbrado a ir siempre prendido cuando hay viento, si no quiere convertirse en «hombre al agua». Piriápolis, Solís, Isla Flores, fueron pasadas sin novedad. La noche se presentó con bastante fresco imponiendo ir a resguardarse a sotavento del bote, donde en agradable charla forjamos algunos planes. Por último la boya roja de «Buen Viaje» estuvo a la cuadra. Como había una serie de boyas nuevas, de las cuales nadie de los de a bordo estaba en antecedentes y que se confundían con el enjambre de luces de la ciudad, cuyos letreros luminosos parecen también boyas, decidimos tomar como referencia el gran hotel recientemente construido frente a Pocitos. Con mucha audacia, buena suerte, gran cantidad de precauciones, más algunos julepes, logramos pasar los bajos de piedras, sin cartas ni referencias y entrar al puerto todavía en construcción. De vuelta en Punta del Este me encontré con un conocido yachtsman quién me dijo. ¿Como les fué con el viento? —;Qué viento?. Pregunté. —El de ayer, un viento del E. fuertísimo. —Pero si no hubo viento, repliqué! solamente habían corderitos, al menos el Achernar no lo sintió.
El molinete de las anclas es formidable. Tiene doble freno, dos seguros y piñón de multiplicación.
La cubierta es solamente interrumpida por la carroza que da altura al cuarto de navegación. Sobre ella hay cuatro respiraderos que dan ventilación necesaria. También se encuentra el compás patrón y en su frente la cornamusa de la" mayor. Final de su vida. Por Carlos Mey En Octubre del 2014 estuve en Montevideo, Uruguay, para el Congreso de Historiadores Antárticos. Durante esos días hicimos una visita al Museo Naval de Montevideo, que siempre nos tiene reservadas algunas sorpresas, ademas de la cordialidad con que siempre nos reciben. Al ver los salones y tomar fotos me encontré con este modelo de un queche:
Y el siguiente cartel:
Casualidades de la historia. Hugo Stunz era un tío mío,(Casado con Victoria Murdoch, hermana de mi madre) a quien conoci bien cuando yo era chico; jamás me imaginé que fuera un navegante de altura y mucho menos que el Achernar hubiera sido suyo, asi que fué una muy agradable sorpresa encontrarme con esta historia, que ahora esta resguardada del paso del tiempo por el Museo Naval y su proa como monumento y recuerdo de sus navegantes.
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