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Carguero de bandera argentina de casco de acero, construido en el año 1920 en el astillero Kalundborg Skibsvaerft de Kalundborg, Noruega (Casco nº 12) con el nombre de AGDESTEIN para un armador noruego. Sus dimensiones eran: 45,65 x 9,47 x 3,85 metros, tenía un registro de 333 toneladas y estaba propulsado por dos motores diesel Atlas Imperial de 6 cilindros (10’ x 13’) de 200 CV. En el año 1923 fue vendido a Donitz Wit & Co., y rebautizado SONDERBURG. En el año 1925 fue vendido a A. Dones. Rebautizado ELETTRA. En el año 1941 fue vendido a Falcon & Co., Buenos Aires. Rebautizado MANLY. En el año 1950 fue vendido a Navemar Sociedad Anónima de Navegación, Buenos Aires y estaba arrendado a la firma José Peisci S. A. De Navegación. Rebautizado LUCHO IV. El 13 de junio de 1952 zarpó de Puerto San Julián con un cargamento de caolín y lana, con destino a los puertos del Norte. A 5 millas al este del faro Pingüino lanzó un pedido de auxilio, informando que estaba capeando un temporal y que la fuerte escora que sufría debido a la inundación de la bodega de popa los obligaba a detener la máquina propulsora. Carguero de bandera argentina de casco de acero, construido en el año 1920 en el astillero Kalundborg Skibsvaerft de Kalundborg, Noruega (Casco nº 12) con el nombre de AGDESTEIN para un armador noruego. Sus dimensiones eran: 45,65 x 9,47 x 3,85 metros, tenía un registro de 333 toneladas y estaba propulsado por dos motores diesel Atlas Imperial de 6 cilindros (10’ x 13’) de 200 CV. En el año 1923 fue vendido a Donitz Wit & Co., y rebautizado SONDERBURG. En el año 1925 fue vendido a A. Dones. Rebautizado ELETTRA. En el año 1941 fue vendido a Falcon & Co., Buenos Aires. Rebautizado MANLY. En el año 1950 fue vendido a Navemar Sociedad Anónima de Navegación, Buenos Aires y estaba arrendado a la firma José Peisci S. A. De Navegación. Rebautizado LUCHO IV. El 13 de junio de 1952 zarpó de Puerto San Julián con un cargamento de caolín y lana, con destino a los puertos del Norte. A 5 millas al este del faro Pingüino lanzó un pedido de auxilio, informando que estaba capeando un temporal y que la fuerte escora que sufría debido a la inundación de la bodega de popa los obligaba a detener la máquina propulsora. La búsqueda efectuada por las naves argentinas SAN JORGE y LES ECLAIREURS no produjo resultados y posteriormente se encontraron restos pertenecientes a la nave esparcidos por las playas desde Cabo Blanco hacia el Sur. Se estima que naufragó en las proximidades del faro de la Isla Pingüino, en la posición 47° 50’ S y 065° 20’ W. En el accidente perdieron la vida sus 18 tripulantes.
Relato de Graciela Seró Mantero, Julio de 2020: Soy Graciela Seró Mantero, hija y viuda de marinos mercantes. Estoy retirada de toda actividad profesional y dedicada en estos últimos tiempos a escribir literatura de ficción basada en la propia historia familiar, apoyándome en recuerdos sueltos, fragmentos y lo que tenga a mi alcance para completarla. Tanto mi padre como mi marido navegaron a la Patagonia entre los años 1944 y 1969 aproximadamente. Si bien papá tenía una fuerte vocación y fue un alumno brillante de la ENN, mejor alumno, medalla de oro y fue capitán muy jóven (compañía Peisci, Lucho IV y otros), tuvo una desgracia en su vida, de la que se culpó hasta su muerte y lo llevó a abandonar su carrera tempranamente. Esta situación fue la siguiente: Él era el capitán titular del Lucho IV y, en determinado momento necesitó quedarse en tierra, presentó en la empresa a su compañero de los años de escuela e íntimo amigo, E. Martínez Carranza, para que lo reemplazara en el comando durante ese viaje. Estaba feliz creyendo que le estaba ofreciendo una gran oportunidad, su primer comando aunque no definitivo y así es que EC partió al mando del Lucho IV. Como todos sabemos, el barco se hundió, murieron todos sus tripulantes y papá estaba convencido de que él era responsable por todas esas muertes porque él era el capitán de ese barco... y no voy a abundar en detalles, entiendo que ustedes imaginan cómo es esa sensación y, aunque no fuera estrictamente así lo que él creía, la culpa lo persiguió hasta su último día, literalmente dicho esto. Años después, mi marido, 12 años más jóven que papá, hizo el mismo itinerario y fue rastreando información acerca del naufragio; llegó a la conclusión de que la situación de la tormenta y tipo carga del barco habían configurado las peores circunstancias para la nave y sus tripulantes. Trató de explicárselo a papá, aún con detalles técnicos que apoyaban su convencimiento y él nunca quiso escucharlo. Eligió llevar las muertes de "su" tripulación y su amigo en su conciencia, sin piedad alguna para sí mismo. Bueno, esta presentación preliminar es sólo un bocadillo de la historia detrás de la historia. Lo que a mí me preocupa consultar es lo que expongo a continuación: Mi marido, Capitán Bernardo Pereiro, comandó, no recuerdo qué números de Luchos y si mi memoria no me engaña, él le contaba a nuestros hijos que ese barco era una barcaza de desembarco de tanques, BDT, rezago de guerra, modificada, habían encontrado mochilas de máscaras antigás y otras vituallas de equipo para soldados en las sentinas del barco. Esto es un dato más que atractivo para incorporar en una ficción de los años ´40 y ´50, pero no logro corroborar esta información. Pereiro no sólo navegó estos barcos, también estuvo en el Pampamar, alguna línea a Brasil y más no recuerdo.
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Carlos J. Mey / Miguel A. Galdeano Este sitio es publicado por HISTARMAR - Argentina Dirección de e-mail: [email protected] |

