Excavación arqueológica subacuática Santa
Fe del 28/03 al 12/04 1998
El "Proyecto Santa Fe - Albenga - UNR", es
la primera excavación arqueológica subacuática que se
realiza en la Argentina. Es el resultado de combinar los
esfuerzos de distintas instituciones y especialistas
nacionales, que se unen para un propósito sin fines de lucro
y con resultados de valor para el bien común de nuestro
país.
La Universidad de Rosario a través de su
Departamento de Arqueología, perteneciente a la Escuela de
Antropología de la Facultad de Humanidades y Artes; la
Fundación Albenga para la preservación del Patrimonio
Cultural Subacuático; y el Instituto de Arte Americano de la
Facultad de Arquitectura Diseño y Urbanismo de la
Universidad de Buenos Aires; trabajan unidos en pos de este
proyecto. Ambos organismos comparten sus recursos humanos y
materiales para llevar adelante este trabajo pionero.
Albenga posee las herramientas y las personas con el
conocimiento requeridos para montar una excavación
subacuática en aguas sin visibilidad.

Mapa del Continente, la
región y la localización de las Ruinas de Santa Fe la Vieja.
Todas estas actividades se realizan en el
marco del Programa de Arqueología Histórica de Santa Fe La
Vieja, de la Universidad Nacional de Rosario y del Museo
Etnográfico de Santa Fe, dependiente de la Subsecretaría de
Cultura de la Provincia de santa Fe y del Departamento de
Estudios Etnográficos y Coloniales.
En el lecho del río San Javier, yacen los
restos de la 1/3 parte de lo que fuera la fundación hecha
por Juan de Garay en 1573, Santa Fe. Luego de sucesivas
inundaciones y hacia 1660, sus pobladores migraron hacia el
sur, al sitio donde hoy se encuentra la ciudad capital de la
provincia de nombre Santa Fe de la Veracruz.
Bajo el agua han permanecido los restos de
las casas de los pobladores más influyentes, así como parte
de la plaza y tres de las iglesias. En diciembre de 1995, en
una campaña exploratoria realizada por ambos organismos;
fragmentos de tejas de los techos y restos de cerámica
indígena y de contacto fueron rescatados.
En Junio de 1996 se excavaron y
recuperaron 1889 fragmentos de cerámica, vidrio, metal hueso
y madera.

Planta general del sitio y
localización de transectas y trincheras de ambas campaña
A la nueva campaña concurrieron
estudiantes según el proyecto de "escuela de campo" para la
formación de especialistas en arqueología subacuática en Sud
América. Los estudiantes provenientes de: Universidad
Nacional de Rosario, Universidad de Buenos Aires,
Universidad de la República (Uruguay), y Universidad
Nacional de Ciencia y Técnica (Noruega); participaron en
distintas tareas en el sitio, cubriendo todas las
actividades bajo el agua como en tierra de apoyo.
Los extranjeros concurrieron con el
objetivo de aprender las técnicas de trabajo que se utilizan
en este tipo de sitio con aguas sin visibilidad y fuertes
corrientes.
En esta ocasión se abrieron 13 trincheras
en dos lugares diferentes, ambos en el sector norte del área
más densamente ocupada del sitio. A pesar del creciente
nivel del río San Javier (como resultado del fenómeno de "El
Niño") se realizó una tarea de precisión en sectores más
alejados de la costa de lo hecho en las campañas anteriores.

Mapa de la
excavación, format PDF/Acrobat Reader
Los restos de Santa Fe La Vieja se
encuentran a 80 Km de la actual capital santafesina, sobre
la ruta provincial Nº 1 y a orillas del río San Javier,
antes denominado "río de los Quiloazas" (brazo del río
Paraná). Las excavaciones comenzaron en 1949, bajo la
dirección de quien fuera su descubridor, el Dr. Agustín
Zapata Gollán. Durante más de 45 años se desarrollaron
investigaciones que pusieron a la luz a la primera población
fundada como ciudad, con una traza urbana que correspondía a
la práctica fundacional española en las Indias. Este sitio
adquiere gran importancia ya que sus restos son de singular
valor para el conocimiento de las ciudades hispanoamericanas
de los siglos XVI y XVII.
En el año de 1536 Don Pedro de Mendoza
estableció el primer emplazamiento de "Santa María de los
Buenos Aires" sobre la costa sur del río del la Plata. Uno
de los principales propósitos expresados en las
capitulaciones firmadas entre la corona y Mendoza era la de
abrirse camino por el río Paraná, buscando una ruta hacia la
"Sierra del Plata". A principios de 1537 el Adelantado envió
a Juan de Ayolas y Domingo Martínez de Irala en primer
lugar, y a Juan Zalazar de Espinosa en una segunda etapa, a
bordo de bergantines construidos en Buenos Aires, a remontar
el río Paraná. El viaje de estos expedicionarios culminaría
con la fundación de Asunción en las márgenes del río
Paraguay. Hacia 1541 Domingo de Irala despobló Buenos Aires
y los habitantes, ante la escasez y el hambre, se
trasladaron al norte, al poblado de Asunción.
Esquema del
"Sistema de posicionamiento por triangulación".
El 15 de noviembre de 1573 Juan de Garay
funda Santa Fe, a orillas del río de los Quiloazas (actual
río San Javier). Su expedición, proveniente de Asunción del
Paraguay, ubicó estratégicamente en el mapa de la época el
futuro emplazamiento urbano.
Respondiendo al mandato de Juan Ortiz de
Zárate, Adelantado y Gobernador del Río de la Plata, y a la
necesidad expresada por el mismo Garay de "abrir puertas a
la tierra". La fundación de Santa Fe forma parte de una
etapa de la conquista del Río de la Plata, la cual tiene que
ver con una nueva política para la ocupación y población del
territorio. Era esencial asegurar una comunicación más
fluida con el Alto Perú (por la ruta de Córdoba y el
Tucumán) y la apertura del Paraguay hacia el Río de la
Plata. Esto significaba la conexión atlántica con España y,
a la vez, una nueva y más segura ruta al Potosí ya que el
cruce por el área chaqueña era de difícil tránsito por las
parcialidades indígenas hostiles que la habitaban.
Sponsors
La campaña se desarrolló gracias al aporte
de donaciones privadas provenientes de empresas y personas
obtenidas por la Fundación Albenga, quien finalmente
financió el costo completo de los trabajos. A todos aquellos
que ayudaron a la realización de esta campaña, nuestro
agradecimiento.
Personas que participaron en el trabajo de
campo:
Adrián Escofet; Adrián Pifferetti;
Alejandro De Losa; Carlos Iguri Degano; Damián Tornari;
Daniel Martinengo; David Tuddenham; Fabián Pierri; Federico
Orbuch; Gisela Daniela Beltrami; Gonzalo Cuestas Acosta;
Hugo Sorbille; Javier García Cano; Jostein Gundersen; Juan
Pablo Guagliardo; Lorena Salvatelli; Mónica Patricia
Valentini; Orlando Anselmi; Paola Susana Sportelli; Renato
De Losa; Rodolfo Schenone; Ulises De La Orden; Vicente José
Bondi; Víctor Sebastián Fernández.
English: Santa Fe la Vieja – a project
from Fundación Albenga
During March / April 1998 the third field
work season took place by the River San Javier (Santa Fe
Province, Argentina, South America). The project is
excavating the remains of the city occupied by Spanish
people in the end of the 17th century.
Santa Fe La Vieja was founded by Don Juan
de Garay during 1573, and abandoned in 1660. Part of the
remains were erosioned and submerged by the river. This
project intends to develop three subjects:
- The research collects information
about the river's possibilities to move archaeological
material, as well as the deposition points underwater.
It intends to precise the process held that collapsed
the disappeared areas of the original settlement.
- Special techniques were designed to
work according to the very particular conditions of the
site and the local technological possibilities.
- Including students and amateur divers,
it is desired to expand the experience into the
education of human resources on underwater archaeology.
The projects is organized by:
The National University of Rosario, Department of
Archaeology; the National University of Buenos Aires,
Institute of American Art "Mario J. Buschiazzo", and the
Fundación Albenga.
The conditions of this site are quite
interesting for the development of studies on techniques
underwater. The visibility is zero and the strong currents
of the river are combined a very difficult place for work.
In spite of this, the site is safe, and it gives the
opportunity to teach students.
In the last season, students from Norway
and Uruguay came to the site, toghether with Argentinians.
This was the first time in Argentina with students and
archaeologists coming to work on underwater archaeology.
Campaña de "Santa
Fe la Vieja"
Estudio de la porción
sumergida de una FUNDACIÓN ESPAÑOLA DEL SIGLO XVI.
Arqueología Subacuática de las Ruinas de Santa Fe La Vieja,
un enfoque metodológico.
Autor: Javier García Cano
Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas
“Mario J. Buschiazzo” – Facultad de Arquitectura, Diseño y
Urbanismo; Universidad de Buenos Aires - y Fundación Albenga.
Introducción
Este trabajo forma parte del Proyecto Arqueología
Subacuática en la Región Nordeste, radicado en el
Departamento de Arqueología de la Escuela de Antropología de
la Universidad Nacional de Rosario. El mismo propone
complementar a través de la metodología en Arqueología
Subacuática, las investigaciones arqueológicas e históricas
de la zona. Específicamente es parte del Proyecto de
arqueología histórica de Santa Fe La Vieja, que dirige la
Profesora María Teresa Carrara, de la Universidad Nacional
de Rosario, y se desarrolla a cargo del autor y la
Licenciada Mónica Patricia Valentini, ambos en su rol de
coordinadores de los trabajos subacuáticos.
La denominación de Arqueología Subacuática tiene que ver con
la caracterización del ambiente donde se desarrollan las
tareas y no como indicador de una disciplina diferente. La
misma ha experimentado en los últimos años un gran
desarrollo y expansión en todo el mundo. Esto ha contribuido
a la toma de conciencia y preocupación por la protección y
preservación del Patrimonio Cultural Sumergido. Abogar por
ello es imperioso y urgente, siendo necesaria la
optimización de recursos culturales que tiendan a la
conservación y puesta en valor de estos bienes. Actualmente
la Arqueología Subacuática está en condiciones de diseñar
estrategias de investigación y técnicas auxiliares para
obtener el mayor rédito posible a la evidencia arqueológica
que ha sobrevivido hasta hoy1.
El trabajo del arqueólogo no consiste en la simple acción de
recuperar objetos interesantes como piezas aisladas. El
significado de los objetos culturales que se sacan a la
superficie se puede determinar, únicamente, en el contexto
de una investigación completa.
Teniendo en cuenta esto y a pedido del equipo de
Arqueología, dirigido por la Profesora María Teresa Carrara,
se organizó un plan de trabajos subacuáticos en las Ruinas
de Santa Fe La Vieja. Hasta la fecha se realizaron tres
campañas. Durante la primera se llevaron a cabo tareas de
prospección y recuperación superficial con el objetivo de
obtener muestreos y medir el potencial del sitio. En la
segunda se completaron los trabajos de reconocimiento y
sondeo y se planteó la primera excavación subacuática en
aguas sin visibilidad en Sudamérica. Finalmente en la
tercera se continuó con los trabajos de excavación
subacuática, montando por segunda vez una escuela de campo
para la formación de recursos humanos especializados en el
trabajo subacuático sin visibilidad. En la tercera campaña
se contó con la presencia de estudiantes y profesionales
extranjeros, que viajaron a tomar el curso de la escuela de
campo en el Río San Javier.
Ruinas de Santa Fe La Vieja
Los restos de Santa Fe La Vieja
se encuentran a 80 Km al norte de la actual capital
santafesina, sobre la ruta provincial Nº 1 y a orillas del
río San Javier, antes denominado “río de los Quiloazas”. (fig.
1)
Las excavaciones comenzaron en 1949, bajo la dirección de
quien fuera su descubridor, el Dr. Agustín Zapata Gollán.
Durante más de 45 años se desarrollaron investigaciones que
pusieron a la luz a la primera población fundada como
ciudad, con una traza urbana que correspondía a la práctica
fundacional española en las Indias. Este sitio adquiere gran
importancia ya que sus restos son de singular valor para el
conocimiento de las ciudades hispanoamericanas de los siglos
XVI y XVII. (fig.2)
En el año de 1536 Don Pedro de Mendoza establece el primer
emplazamiento de “Santa María de los Buenos Aires” sobre la
costa sur del río del la Plata. Uno de los principales
propósitos expresados en las capitulaciones firmadas entre
la corona y Mendoza era la de abrirse camino por el río
Paraná, buscando una ruta hacia la “Sierra del Plata”. A
principios de 1537 el Adelantado envió a Juan de Ayolas y
Domingo Martínez de Irala en primer lugar, y a Juan Zalazar
de Espinosa en una segunda etapa, a bordo de bergantines
construidos en Buenos Aires, a remontar el río Paraná. El
viaje de estos expedicionarios culminaría con la fundación
de Asunción en las márgenes del río Paraguay. Hacia 1541
Domingo de Irala despobló Buenos Aires y los habitantes,
ante la escasez y el hambre, se trasladaron al norte, al
poblado de Asunción.
El 15 de noviembre de 1573 Juan de Garay funda Santa Fe, a
orillas del río de los Quiloazas (actual río San Javier). Su
expedición, proveniente de Asunción del Paraguay, ubicó
estratégicamente en el mapa de la época el futuro
emplazamiento urbano.
Respondiendo al mandato de Juan Ortiz de Zárate, Adelantado
y Gobernador del Río de la Plata, y a la necesidad expresada
por el mismo Garay de “abrir puertas a la tierra”, la
fundación de Santa Fe forma parte de una etapa de la
conquista del Río de la Plata, la cual tiene que ver con una
nueva política para la ocupación y poblamiento del
territorio. Era esencial asegurar una comunicación más
fluida con el Alto Perú (por la ruta de Córdoba y el
Tucumán) y la apertura del Paraguay hacia el Río de la
Plata. Esto significaba la conexión atlántica con España y,
a la vez, una nueva y más segura ruta al Potosí ya que el
cruce por el área chaqueña era de difícil tránsito por las
parcialidades indígenas hostiles que la habitaban.
Santa Fe se constituye, entonces, en un área de articulación
del espacio, convirtiéndose en uno de los centros
preponderantes de este período de la conquista,
complementándose luego con Buenos Aires, fundada por el
mismo Garay en 1580. Esta situación de cierto privilegio
posibilitó “tempranamente el desarrollo de actividades
lucrativas ligadas al comercio y circulación de mercancías,
lo que permitió el afianzamiento de la ciudad”2.
Es necesario destacar, también, que en el proceso de
expansión colonizadora, los españoles no entraron a tierras
deshabitadas. En su avance por el denominado Corredor
Paranaense (en relación con la cuenca hídrica del río
Paraná), se introdujeron en territorios ocupados por
sociedades indígenas pescadoras, cazadoras y recolectoras.
El grupo chaná-timbú habitaba las zonas adyacentes al
Paraná, tierras anegadizas, arroyos, riachos y lagunas.
Desde la arqueología, teniendo en cuenta las tipologías
cerámicas, se puede delimitar el área de dispersión de esta
cultura a la que definimos como Goya-Malabrigo, equivalente
a la denominación de Ribereños Plásticos planteada por
Serrano. El grupo Guaraní que representa una penetración
cultural más reciente en esta región, trae un modelo
característico de agricultores y horticultores, que migran
utilizando las vías fluviales llegando, incluso, al delta
inferior. Santa Fe se convirtió, también, en un punto
estratégico de avanzada sobre el territorio fronterizo, como
cabecera de un amplio espacio geográfico, desde donde
irremediablemente la sociedad indígena quedó compulsivamente
incorporada al dominio blanco3.
El primitivo emplazamiento se
ubicó sobre un albardón natural, el cual proveyó a los
conquistadores de tierras altas y fértiles4.
La distribución de la ciudad contó con once manzanas de
Norte a Sur y seis de Este a Oeste. Utilizando las Leyes de
Indias en forma básica las manzanas cuadradas y todas
iguales, en el reparto se dividieron en cuartos y cada parte
constituyó un solar. Las que ocupaban el sector periférico
fueron utilizadas para disponer de viñedos, naranjales y
otros árboles. Las chacras, destinadas al cultivo de
cereales, se distribuyeron hasta una legua de la ciudad,
hacia el N-O y S en ambas márgenes del río. Garay repartió
tierras para la crianza de ganado.
“En Santa Fe La Vieja, como en cualquier ciudad
hispanoamericana, el espacio urbano aparece punteado por
aquellas obras que por su carácter y jerarquía, califican su
entorno con la significación que las trasciende. Aún en su
modestia, las iglesias, el cabildo, y el hospital
constituyen elementos que juegan un papel preponderante en
el paisaje de la ciudad”5.
Al principio Santa Fe tuvo su iglesia Matriz, ubicada frente
a la plaza (centro de la ciudad sobre la costa del río). Más
tarde se radicaron otras ordenes religiosas: franciscanos,
dominicos, jesuitas y mercedarios. La última iglesia en
construirse fue la de San Roque, destinada a la doctrina de
los “naturales”. “Las ordenanzas de Felipe II del 13 de
julio de 1573 comprendían las disposiciones legales sobre la
construcción de ciudades en América. Plazas, calles y
solares debían ser trazados en línea recta, para lo cual
había que empezar con la delimitación de la Plaza Mayor y a
partir de allí construir la red de calles. A cada poblador
se le asignaba un solar, en el cual debía construir su casa.
Se le adjudicaban a la vez, en las afueras de la ciudad,
parcelas menores para cultivos de huerta y chacra y mantener
algún ganado”6.
Españoles, portugueses, grupos indígenas y más tarde negros
esclavos convivieron en Santa Fe. Es imposible ignorar las
consecuencias negativas del encuentro de estos dos mundos en
1492, tales como las nuevas formas de esclavitud y dominio,
así como la sorprendente velocidad con que fueron
aniquiladas muchas de las comunidades indígenas americanas.
Pero, no se puede ignorar tampoco, que la presencia europea
fue el germen de la conformación de una nueva sociedad. El
registro arqueológico de Santa Fe La Vieja confirma la
presencia de estos componentes sociales: europeos,
americanos y africanos.
En las excavaciones terrestres el material recuperado en
casi su totalidad es cerámica aunque aparece también
materiales como vidrio, metal y lítico pero en proporciones
mínimas. Utilizando la cerámica como indicador se han
identificado las etnias blanca, indígena y negra.
El material cerámico puede clasificarse en dos grandes
grupos:
Cerámica importada
Cerámica local
Dentro del grupo local:
1.Hispano-indígena (pasta y manufactura indígena, forma y
función española)
2.Española local o criolla (técnicas de fabricación, formas
y función española)
3.Tradición indígena:
a)Guaraní
b)Goya – Malabrigo
Teniendo en cuenta estos indicadores se pudo constatar que
“en el área céntrica (alrededor de la plaza) se dan los
mayores porcentajes de cerámica Hispano-indígena respecto a
la de tradición Guaraní, mientras que ésta relación se
invierte en el área perimetral”.7
Las constantes inundaciones provocadas por el río Paraná,
dejaban casi totalmente incomunicada a la ciudad, y
ocasionaban continuos derrumbes de la barranca. La acción
erosiva del río provocó la pérdida de un gran número de
manzanas costeras del trazado original. A ese sector
pertenecían las más importantes y densamente pobladas.
A mediados de 1649 comienzan los pedidos de los vecinos para
trasladar la ciudad, hecho que se concreta a partir de 1660
al pago de la Vera Cruz, su actual emplazamiento. Pero es
hasta 1670 ó 71 que no queda totalmente despoblada.
Ecosistema
“El hombre no existe más que en la naturaleza, ella lo rodea
con un sistema del que puede escapar. Toda investigación
sobre la especie humana está incluida necesariamente en las
investigaciones sobre las relaciones entre los seres
vivientes y su medio...”. 8
El espacio santafesino forma parte de la llanura
chacopampeana, caracterizándose por la horizontalidad de su
relieve. Se define, fundamentalmente, en torno a su
colector, el río Paraná y sus afluentes, la denominada
“Cuenca del Plata”.
Sus aguas son marcadamente turbias, en gran medida debido a
los materiales que aportan los ríos Paraguay, Pilcomayo y
Bermejo como resultado del trabajo erosivo del suelo. Estos
200 millones de toneladas de material en suspensión9
determinan la formación de la llanura aluvial del valle del
Paraná, producto de la deposición de los elementos
acarreados. La formación de islas constituye verdaderos
laberintos de riachos, canales y lagunas que dificultan su
recorrido. Esta llanura aluvial se originó a partir del
adosamiento irregular de bancos de arena en las márgenes del
cauce y en la formación de las islas permanentes, una vez
que la vegetación y los sedimentos en suspensión se fijaron.
Con respecto a la vegetación del área, desde el punto de
vista fitogeográfico, corresponde el denominado bosque en
galería. “Esta constituye una formación arbórea que se
extiende desde Misiones hasta la desembocadura en el Río de
la Plata, siguiendo ambas orillas de la arteria fluvial”10.
Se destacan el timbó blanco y colorado, el inga, tala,
amarillo y pindó entre otros. En los albardones más jóvenes,
arenosos, se presentan comunidades de sauces y alisos. Los
terrenos anegadizos son ocupados por los pajonales
compuestos de paja brava. Asociada a ella puede encontrarse
junco, verdolaga, totora y canutillares. Las áreas
semisumergidas están cubiertas por el pajonal típico. En las
lagunas interiores proliferan los camalotales.
En el corredor de islas es posible encontrar pato crespudo,
venteveo, avispa camoatí, víboras de cascabel y culebras.
Entre los peces, quizás la riqueza faunística más notable,
se encuentra una gran cantidad de especies. Los mamíferos se
hallan en un número muy reducido, producto de la acción
humana. En la actualidad se pueden observar a la comadreja,
carpincho, cuis, nutria y rata de bañado. Se cuentan también
quelonios y moluscos y más de 350 especies de aves.
El río Paraná y los ecosistemas que éste generó constituyen
un “elemento determinante a la articulación del espacio, sin
el cual no puede considerarse la dinámica histórica del
Litoral”11.
Los pueblos que lo ocuparon no sólo usaban las vías
fluviales como movilidad, sino también, como fuente de
recursos. La vida junto al río y a los ambientes acuáticos
es lo que, justamente le da especificidad a estos grupos
respecto de otras formas socio-culturales.
Las ruinas se encuentran a orillas del río San Javier.
Considerando que éste es un brazo del Paraná, comparte todas
las características antes descriptas. Recorre de norte a sur
257 Km. y tiene un ancho promedio de 100 metros. La
profundidad oscila entre los 0 a 10,50 metros
aproximadamente (según registros recabados en nuestras
inmersiones), presentando variantes de acuerdo a las
crecientes. Sus costas están formadas por playas arenosas en
casi toda su extensión. A la altura de las ruinas presenta
barrancas de 10 metros de altura, especialmente sobre la
margen derecha y costas bajas, anegadizas y con pajonales en
la margen izquierda.
Objetivos
En un primer momento se plantea desarrollar cuatro campos
temáticos:
1.Conocimiento de la dinámica del río y destrucción de la
barranca: frente al desconocimiento total del medio ambiente
subacuático y la falta de registro de información precisa,
se determinó la necesidad de formular un modelo a analizar
sobre este problema que provocó, entre otros, el traslado de
la ciudad.
2.Conocimiento de los sectores de la ciudad que se
encuentran sumergidos: si bien no existen bajo la misma
forma que los solares que permanecen en tierra, se considera
que el material arqueológico sumergido es el resto del
asentamiento, de modo tal de comprender al sitio como uno
continuo con sectores en diferentes estados y
localizaciones, por lo que se propone contrastar la
información obtenida en las excavaciones en tierra con la
recuperada del agua y poder definir cuestiones relativas a
la porción sumergida del sitio.
3.Metodología arqueológica en aguas sin visibilidad y con
corriente: ante un medio acuático con estas características,
se diseñaron algunas técnicas de trabajo de campo adecuadas
a las condiciones del sitio y la disponibilidad técnica
local.
4.Formación de recursos humanos: como resultado de la
necesidad de disponer de personal especializado, se montó un
programa que permitirá la formación de personas en la
especialidad.
Hasta el momento, como fue expuesto en un principio, se
realizaron tres campañas en el sitio (fig. 3). En diciembre
de 1995, se hizo un reconocimiento del lugar con los
siguientes objetivos:
a-Aproximarse al conocimiento de la dinámica del río, a la
conformación del lecho, profundidades y niveles de
sedimentación.
b-Corroborar la existencia de restos arqueológicos en el río
San Javier.
c-Evaluar el potencial del lugar en restos arqueológicos
subacuáticos.
La segunda campaña se llevó a cabo en junio de 1996, a
partir de los datos obtenidos anteriormente, se
establecieron los objetivos de:
a.Obtener información para evaluar la capacidad de arrastre
de material arqueológico y material natural que tiene el
agua.
b.Detectar los puntos de depositación del material
arqueológico.
c.Elaborar un modelo de deterioro de la barranca que pudiera
precisar el proceso de colapso de las áreas erosionadas del
asentamiento original.
La tercera campaña, durante los meses de marzo y abril de
1998, se organizó según los siguientes objetivos:
a.Excavar los sectores supuestamente relativos a las
manzanas periféricas de la plaza.
b.Definir patrones de distribución del material arqueológico
en áreas de importante densidad de ocupación original.
c.Definir un modelo de comportamiento micro del material
arqueológico afectado por los factores postdeposicionales
acuáticos.
Marco Teórico
El río fue un condicionante muy importante, tanto en la
fundación de la ciudad como en la decisión de su traslado.
La evidencia arqueológica depende, de acuerdo a la
distinción descripta por Schiffer (1987), de dos factores:
Los procesos postdeposicionales culturales (transformaciones
- C)
Los procesos postdeposicionales naturales (transformaciones
- N)
Los que interesan a este trabajo son los procesos
postdeposicionales naturales. Entendiendo a éstos
como aquellos que han conservado o destruido la
supervivencia del registro arqueológico, como por ejemplo
las transformaciones del suelo, del clima, la acción del
agua, las modificaciones producidas por el viento y hasta
las actividades de los animales. En el caso que nos ocupa,
la actividad del río San Javier, como proceso
postdeposicional natural, alteró y destruyó el contexto
primario del material arqueológico de una importante parte
del sitio.
Como sitio arqueológico costero, la relación de éste con el
cuerpo de agua junto al cual se localiza, ha ido cambiando y
actualmente una tercera parte del mismo (aproximadamente) se
halla bajo el agua.
En los últimos años este tipo de preguntas están siendo
respondidas desde diversas ramas de la arqueología. La
geoarqueología, ha dedicado una importante cantidad de
trabajo a estudiar los procesos de cambio en los paisajes,
tanto a manos del hombre como de la naturaleza misma.
Recientemente se ha desarrollado una especialidad denominada
geoarqueología de llanuras inundables o
geoarqueología aluvional.12
Desde ella se ha comenzado a trabajar como tema específico
las zonas ribereñas, especialmente las ubicadas en cuencas
fluviales de llanuras, con recurrentes cambios de nivel y
por lo tanto provocando anegamientos de terreno
mayoritariamente seco. Abordar el caso de Santa Fe La Vieja,
con el apoyo teórico de esta especialidad permite concebir
al sitio como un problema más completo y complejo. Ya no es
el caso de un sitio definido por su existencia en tierra y/o
en agua, sino que se estudia su condición original (al
momento de su ocupación) a partir del comportamiento del
material arqueológico sometido a los cambios del medio
ambiente fluvial. La forma de utilizar este marco teórico
ayuda a definir como preocupación central del trabajo al
estudio de los procesos de cambio en la porción sumergida
del sitio arqueológico de Santa Fe La Vieja, desde lo cual
interesa completar la visión del asentamiento definida por
la arqueología terrestre. Este estudio obliga a revisar lo
sucedido con el material arqueológico tanto como el
sedimento y los elementos naturales (incluyendo el curso del
río y la dinámica hídrica). (fig. 4)
La integridad del registro arqueológico de los
sitios costeros, fue definida a partir de los
trabajos subacuáticos que permitieron reconocer que los
sitios tradicionalmente estudiados en tierra tenían algún
tipo de continuidad bajo el espejo de agua adjunto del cual
se encontraban13.
A partir de allí, la noción de límite de un sitio fue
modificada y no estuvo asociada a al existencia o no de una
cuenca de agua. Se conforma así un marco teórico
metodológico entendido como concepto de completitud de un
sitio. El mismo propone que para poder construir un modelo
completo sobre un sitio, deberá estudiarse en todas sus
faces, refiriéndose a la localización, tanto las terrestres
como las sumergidas14.
Teniendo en cuenta las transformaciones-N, que el límite del
sitio está más allá de lo visible y que en la construcción
integral del registro arqueológico no se puede excluir el
sector sumergido del mismo, es que fueron planteados los
trabajos subacuáticos.
Es claro que Santa Fe La Vieja se presenta como un caso
testigo para utilizar estos marcos teóricos, y son a la vez
éstos los que permiten formularse preguntas acordes al
problema de un sitio alterado por el río. Sin el río no
hubiera tenido sentido su existencia, y sin el río no puede
formularse un conocimiento actual de su pasado.
Metodología
Sin existir antecedentes de trabajos en similares
condiciones en nuestro país, y teniendo en cuenta la
metodología establecida por el Dr. Thijs Maarleveld,
director de la oficina Estatal de Arqueología Subacuática
del Reino de los Países Bajos, donde las condiciones de
visibilidad y tipo de suelos en los lechos de las cuencas
fluviales holandesas poseen grandes similitudes con las del
Nordeste Argentino, se diseñaron algunas técnicas de trabajo
para responder a los problemas y condiciones que presenta el
sitio de Santa Fe La Vieja.
En necesario afirmar que la aplicación de determinadas
metodologías debió acomodarse al medio en que se
desarrollaron los trabajos, en este caso bajo el agua y con
visibilidad nula. Pero esto no debe significar perder el
rigor científico que todo trabajo arqueológico implica.
Las técnicas de trabajo utilizadas fueron las de:
1-Prospección
sistemática: documentación, reconocimiento y sondeos
recurriendo a la materialización de transectas de muestreo.
2-Excavación: recolección superficial y apertura de
cuadrículas.
3-Relevamiento y Registro: de datos durante la inmersión a
través de medición, dibujo, fotografía y videograbación
(estas dos últimas solamente aplicadas en superficie).
4-Conservación: tratamiento y estabilización del material
arqueológico.
5-Análisis e interpretación de la evidencia.
6-Contrastación de hipótesis originales.
La base de toda la labor se afirmó en el desarrollo del
tacto de cada buzo. La total ausencia de visibilidad (fig.
5) obligó a trabajar con relación a la disminución de un
sentido (la vista) y la potencialidad de otros (el tacto y
el oído). Trabajar bajo el agua en oscuridad plena propone
depender de lo que se puede palpar y de lo que se puede oír.
Los métodos para posicionar y mensurar al buzo o a los
objetos requieren de la colocación de elementos
referenciales de fácil identificación al tacto. Cabos o
caños se convierten en las guías de aquellos que prospectan
o excavan y permiten cumplir con el rigor de las tareas de
registro bajo el agua. La regla ineludible en estas
condiciones es permanecer en contacto con los elementos de
referencia. El tacto es la vía de asimilación de
información, ya sea por razones del trabajo arqueológico
como por razones de seguridad y supervivencia en el buceo.
Siendo uno de los objetivos primordiales la recuperación de
datos, todas las tareas se planificaron buscando su
cumplimentación. Sabiendo que es inviable la escritura bajo
el agua con visibilidad nula (0 centímetros), se
establecieron tiempos de buceo que permitieran recordar en
forma precisa los datos que serían registrados en la
superficie. De esta manera se planificaron tiempos breves
bajo el agua (15 minutos) lo que permitía al buzo transmitir
lo sucedido para ser registrado adecuadamente. Luego un
segundo buceo de igual tiempo al anterior seguido del mismo
procedimiento de transmisión de datos y registro. En estos
términos, un buceo que normalmente tendría una hora de
duración, pasó a convertirse en tres o cuatro sucesivos de
15 minutos cada uno. La limitación de la memoria y lo
sucedido en el lecho es lo que modifica el tiempo de buceo.
Este sistema es factible dadas las profundidades menores que
se registraron en el San Javier, las que no superaron los 10
metros.
El oído complementó el sistema al ser la única vía de
comunicación del buzo con la superficie. Así como es
imposible escribir, lo es leer y por lo tanto el uso del
reloj en forma convencional es inútil. Por medio de alarmas
en relojes digitales o de sonidos producidos en la
superficie, cada operario bajo el agua fue avisado de la
finalización de su tiempo de trabajo.
En algunos casos, y por medio de sonidos en clave,
transmitidos por el golpeteo de martillos u otros elementos
metálicos en el espejo de agua, se comunicaron mensajes
particulares relacionados a la seguridad o la interrupción
anticipada de la tarea subacuática.
La mejor manera de operar con las corrientes fue plantear la
posición de cada buzo de modo de no establecer oposición al
agua. De esta forma cada persona se colocó longitudinalmente
con relación al sentido Norte-Sur del torrente. Con el
cuerpo estirado y con la cabeza siempre orientada al norte y
sus aletas al sur, lo que favoreció la posibilidad de
controlar el movimiento de las extremidades superiores y
evitó las posibilidades de ser arrastrado por la corriente.
No hubo una velocidad constante en el desplazamiento del
agua. En una franja de 20 metros desde la costa hacia el
centro del río la velocidad fue menor, no provocando mayores
inconvenientes. Desde los 20 metros en adelante la velocidad
se incrementó superando los 3 nudos y en algunos casos
impidiendo la ejecución de las tareas de excavación. En los
casos de velocidad importantes, con posible arrastre de los
buzos, las herramientas básicas que permitieron el trabajo
fueron los elementos de referencia. Los cabos o los cuadros
de caño fijos en el fondo fueron una medida de seguridad que
evitó accidentes por arrastre bajo el agua.
Abrir trincheras bajo el agua con alto nivel de depositación
de material natural y con la presencia de la corriente del
río obligó a utilizar las manos como las herramientas casi
únicas de excavación. A pesar de los ensayos recientes de la
D. R. A. S. M. (Direction des Recherches Archeologiques Sous-Marines-Francia)
en tecnología robot para excavar bajo el agua, según el Dr.
Gerge Bass (INA-Texas A&M University) sostiene que las
mejores herramientas para excavar en el agua son las manos
de un buzo entrenado15.
Por experiencias propias anteriores, el autor comparte la
afirmación del Dr. Bass, y sobre esta premisa se decidió
cómo trabajar. Frente a la ausencia de visibilidad y por
ende la dependencia del tacto, el correcto uso de las manos
es lo único que garantiza el correcto manejo del material.
En lo posible se promovió trabajar sin guantes, bajo el
presupuesto de no tener limitaciones en el tacto. De todos
modos en el momento en que la temperatura del agua descendió
a 10ºC (en la segunda campaña – 1996) se hizo imposible
continuar el trabajo sin guantes. Todos los miembros del
equipo debieron utilizar guantes de neoprene de 1/8 de
pulgada de espesor.
Como apoyo al trabajo manual se contó con la asistencia de
una draga de agua (transportadora de limo). Actúa mediante
una pequeña motobomba localizada en superficie, tomando agua
del mismo río provoca una corriente continua por presión
hasta la manga en el fondo. La manga consiste en un caño de
P.V.C. de 4 pulgadas de diámetro y un largo de 4 metros.
Este dispositivo se usó solamente para retirar del área de
excavación el sedimento. Como la corriente de agua que
produce es leve, el procedimiento se controla con la mano y
permite separar el material arqueológico lavándolo en el
interior del caño. Se tuvo en cuenta la corriente del río y
se la colocó de manera de que alejara río abajo los
desechos, evitando que cubrieran las trincheras nuevamente.
Los elementos referenciales de fácil afirmación en el lecho
(cuadros de grilla de caños de hierro) no sólo cumplieron su
cometido de limitar el área de excavación sino que además
permitieron que la draga de agua y los buzos fueran
asegurados a ellos y así evitar el arrastre de la corriente.
Los cuadros utilizados fueron construidos con caños de 1”1/2
de diámetro de hierro, unidos por nudos metálicos de
andamios con ángulos fijos de 90º y ajustados por bulones
con tuercas. La dimensión definida de cada cuadro estuvo
condicionada por el tamaño de los brazos de los buzos,
tomándose como medida útil 70 centímetros de lado. Así cada
cuadro excavado cubrió un área de 70x70 centímetros (fig.
6).
Las técnicas de relevamiento y registro fueron diseñadas
especialmente para ser aplicables al medio acuático ya
descripto. Como patrones de medición se utilizaron las
partes del cuerpo del buzo (referencia antropométrica) o
algún objeto de dimensión fija conocida (cabo guía, grilla,
jabalina). Por el conteo de unidades de medición (pulgadas,
dedos, largos de brazo, largos de una barra rígida) se puede
reconstruir una medida en un dibujo. Lo único requerido es
conocer el código de traducción del dato básico (Cantidad de
unidades) al código métrico y transmitirlo en las fichas de
registro correspondientes. En la excavación con grilla se
tomaron como referencia los lados de la misma en al caso de
tener hallazgos. Con los datos traducidos se reconstruyó la
información y resultó en planimetría y perfiles de cada zona
de trabajo (fig. 7). Para ordenar y registrar la información
que interesó a los fines del trabajo, se diseñó un sistema
de fichas. En las mismas ciertos datos debieron ser volcados
adecuadamente: gráficos, mediciones, descripciones del tipo
de material del lecho, capacidad de sedimentación, espesor,
hallazgos, ubicación de los mismos, etc. Cada ficha está
dedicada a distintas tareas e información. Debido a la
imposibilidad de corroborar visualmente la información in
situ, el minucioso registro de los materiales recuperados y
su testimonio se convierte en la única herramienta de
trabajo a posteriori de cada campaña. En este sentido las
fichas completadas en el campo son la memoria de información
establecida, y de allí el acento está puesto en la ejecución
y calidad de registro (fig. 8).
En la campaña de 1998 se incorporó tecnología que permitió
desarrollar nuevos métodos. Combinando equipos de lunetas
faciales conectadas a radios UHF diseñadas para el uso bajo
el agua con computadoras de buceo, se diseñó un sistema de
registro que logra factores de error menores a los 5
centímetros (fig. 9). Esto permitió que los relevamientos
fueran de mayor precisión y que se pudiera optimizar el
tiempo y resultados de cada buceo. Los buzos ya no
dependieron de su memoria y del corto tiempo bajo el agua,
sino que estando conectados a una estación de radio en
superficie fueron grabados en cintas magnetofónicas.
Logrando permanencias bajo el agua de hasta una hora, este
método aumentó la cantidad y la especificidad del
relevamiento logrado. Mientras la computadora midió alturas
o profundidades (quedando los datos en su memoria), el buzo
se dedicó exclusivamente a medir distancias referidas a su
cabo guía o cuadrícula y a describir el material. Es claro
que no se evitó la dependencia del tacto como medio para
obtener una “imagen” relatada de la situación del lecho,
pero se desechó la necesidad de depender de la memoria, con
lo que aumentó la calidad y cantidad de información
registrada. Al salir a superficie, el buzo pudo desgravar su
trabajo, volcándolo a fichas de registro (similares a las
utilizadas en otras campañas), y la memoria de la
computadora de buceo se descargó en una computadora
personal, que mediante un programa específico permite
interpretar los datos numéricos y convertirlos en
imágenes.16 Si bien no hay otros antecedentes más que los
locales utilizados por este mismo grupo de personas en otros
trabajos, el sistema fue puesto a prueba con las personas
invitadas del extranjero y luego de sus evaluaciones fue
adoptado para este tipo de circunstancias en otros lugares
del mundo.
Prospección y Excavación
“Podríamos con validez trasladar a la excavación subacuática
el famoso símil de que hacer una excavación arqueológica es
como leer un libro de historia, en el que cuando levantamos
un objeto es como si rompiéramos la hoja del libro, de tal
manera que si no hemos asimilado correcta y exhaustivamente
toda la información contenida en ella, nunca más nadie
podría saber qué decía. (...) la carencia de conocimientos,
medios o método nos impiden tener un volumen de datos tal
que justifique la destrucción del yacimiento, lo que estamos
haciendo no puede llamarse arqueología y es solo un acto que
atenta contra nuestro patrimonio cultural y que debe ser
evitado por todos los medios a nuestro alcance”.17
De modo de cumplir con los objetivos planteados para la
prospección y teniendo en cuenta que esta operación no
provoque deterioro al potencial del sitio, se recurrió a la
selección de lugares en los cuales se observaron, en una
primera aproximación, condiciones particulares o
significativas en la margen oeste del río. El recorrido de
la corriente a simple vista en la superficie determinó qué
peculiaridades tener en cuenta. Los puntos en los cuales el
agua golpea directamente contra la barranca, así como los
lugares donde se desplazaba paralelamente a la costa, fueron
algunas de las características buscadas. Se consideró
también la planimetría como fuente primaria de información y
las referencias hechas por los arqueólogos terrestres. En
éstos términos se determinó la posición de una transecta por
cada lugar. El resultado fue el relevamiento de 5 transectas
(fig. 3):
1 - Las Gringas, límite sur del sitio en la desembocadura
del arroyo Las Gringas.
2 - San Francisco Sur, en referencia a la ubicación en el
sitio terrestre del Convento de San Francisco.
3 - San Francisco Norte, (ídem anterior).
4 - Cabildo Norte, en relación con el solar del Cabildo
5 - El Último, en referencia al solar 26 B en tierra
Todas las rectas se ubicaron perpendiculares a la costa y
fueron relevadas por triangulación. Se refirieron las
medidas a puntos fijos ya ubicados en la planimetría
existente. Se completó la medición con compás para
determinar la dirección del cabo que materializó la
transecta. En términos de trabajo subacuático se recurrió al
uso de cabos de 1”1/2 de diámetro de sección como elemento
constructivo de la recta. En cada extremo de los cabos se
armaron gasas con pasacabos y prensa-cabos de metal, de modo
de asegurar su firmeza en puntos fijos en la costa y el
lecho. El conjunto formado por el cabo y las terminaciones
logra suficiente peso para que la transecta quede
perfectamente ubicada bajo el agua y facilite el tendido de
la misma. Los cabos se fijaron en sus extremos al suelo por
medio de jabalinas metálicas de 1 metro de largo que se
clavaron, una en el lecho y la otra en la línea de agua en
la costa. El extremo Este fijado al fondo fue señalizado en
superficie mediante una boya de modo de permitir su medición
con compás, y a su vez cumplir con las medidas de seguridad.
La referencia establecida por la boya permitió conocer la
posición relativa del buzo mientras desarrollaba su
actividad a través de la observación de las burbujas,
producto de la exhalación de aire. Cada transecta fue
revisada por tres buzos como mínimo. Cada uno de ellos
efectuó el recorrido de la misma utilizando el cabo
instalado como guía, tanto para medir como para no perder el
rumbo.
Los datos obtenidos se tradujeron a plantas y perfiles y
junto con los registros obtenidos se pudo armar un grupo de
herramientas que permitió plantear un modelo de trabajo
básico en la Segunda Campaña (figs. 6; 7 y 10).
En junio de 1996 se realizaron tareas de prospección de dos
lugares y de excavación de otros tres. Con una planificación
diaria se alternaron las tareas específicas arqueológicas y
las técnicas de buceo. Sobre un mismo sistema se organizó el
trabajo técnico de montaje, control, seguridad y
mantenimiento de los equipos. El concepto básico de
organización fue coordinar personas con distintas
formaciones, oficios y habilidades. El acento estuvo
colocado en el registro de la información y el conocimiento
de todo lo sucedido durante la campaña por parte de todos
los integrantes del grupo.
Con el objetivo de completar el frente ribereño Oeste hacia
el norte del sitio, se prospectaron dos transectas, las que
fueron denominadas (fig. 3):
1 - El Museo, ubicada en línea recta con el edificio del
Museo, a 90º Oeste.
2 - Beethoven, localizada fuera del límite norte actual de
las ruinas.
Las técnicas de prospección puestas en práctica fueron las
mismas que en la campaña de diciembre de 1995. La razón de
la ubicación de las dos nuevas transectas fue obtener mayor
cantidad de datos, completando el desarrollo longitudinal de
la barranca en el caso de “El Museo”. En el de “Beethoven”,
se buscó tener un registro del lecho del río en lo que se
propone como un lugar “sin registro arqueológico” y que
estando río arriba no podría tener, por depositación o
arrastre, material arqueológico de las Ruinas. La decisión,
entonces, pasó por obtener datos para contrastar con las
otras 6 transectas. En “El Museo” la longitud del cabo, y
por lo tanto del sector prospectado, fue de 50 metros, en
“Beethoven” fue de 40 metros. En ambos casos se debió luchar
denodadamente con la corriente, la cual se presentó en forma
importante. El mayor problema fue la imposibilidad de tensar
en forma recta el cabo. Para realizar un registro preciso se
midió la deriva del cabo en su sector mayor, lo cual permite
calcular el recorrido exacto que cada buzo hizo del lecho.
Es interesante destacar que en el sector de mayor densidad
arqueológica, los 20 metros más cercanos de la costa, la
influencia del movimiento del agua fue menor. El área más
afectada fue la de mayor profundidad (6,20 metros), donde no
se registraron hallazgos.
Las transectas excavadas fueron (fig. 3):
1 - Las Gringas
2 - San Francisco Sur
3 - El Último
La elección estuvo ligada al interés de abrir trincheras en
lugares con resultados muy distintos, determinados por la
prospección de diciembre de 1995. Así se optó por la de
menor rendimiento (las Gringas), la de mayor (el Último) y
la de resultados cuantitativamente medianos. En las
trincheras abiertas se procedió a realizar una recolección
superficial como primera tarea. De esta manera se levantó
material arqueológico en un área de 1m. de ancho a cada lado
del cabo guía y con una longitud variable según cada lugar.
Acto seguido se fondearon cuadros metálicos de caño (ya
descriptos) y se inició la secuencia de apertura de las
trincheras, comenzando siempre por el lado norte. La
longitud de la excavación en Las Gringas fue de 15 metros
continuos por 0,70 metros al Norte del cabo. En San
Francisco se abrió un área de 17,50 metros por 0,70 metros
al Norte. Finalmente en El Último se excavó a lo largo de 14
metros por 1,40 metros de ancho tomados axialmente al cabo.
La última trinchera fue la de mayor densidad de hallazgos (figs.
6 y 7).
En tierra se conformó una base de datos con especificaciones
a tener en cuenta categorías y variables para el
procesamiento del material. Este registro permitió realizar
un análisis informático posterior mucho más completo y
detallado. El primer rédito fue tener datos estadísticos en
forma inmediata durante la campaña.
Los riesgos de retirar material saturado en agua de su
contexto son muy elevados. Esto hace que en la mayoría de
los casos no pueda evitarse la aplicación de tratamientos de
conservación posteriores a la excavación. En Santa Fe La
Vieja el 94% del material extraído es cerámica. Normalmente
la cerámica es uno de los materiales que requiere de menores
precauciones. Si la misma es conocida, y permaneció en aguas
dulces, prácticamente requiere solamente de lavarla y luego
someterla a un secado controlado (no-exposición directa a
una fuente de calor importante). Colin Renfrew dice al
respecto: “La arcilla cocida como la cerámica es casi
indestructible si ha sido correctamente elaborada. Los
suelos ácidos pueden deteriorar la superficie de la arcilla
cocida de barro poroso, o sometido a una mala cochura,
pueden volverse frágiles en medios húmedos”.18 La cerámica,
junto con los materiales líticos y los óseos, bajo el agua
pueden conservarse en un 100% estables. Con estas
consideraciones, el material retirado del lecho recibió un
lavado y luego un secado controlado como únicas aplicaciones
de tratamiento de conservación.
Los problemas de posicionamiento de transectas
experimentados en 1996, fueron resueltos en la última
campaña durante 1998. Utilizando conceptos básicos de
geometría y aprovechando la dinámica de las corrientes del
río, las transectas se montaron con tres jabalinas, dos en
tierra y una en el agua, formando un triángulo. Con este
procedimiento se buscó explotar la característica del
triángulo como figura indeformable, lo cual redituó en dos
planos: la posición y tensado de los cabos era totalmente
controlada y predecible; y se colocaron dos transectas
simultáneamente. (fig. 11).
La ventaja para el trabajo de los buzos es que permitió
montar un sistema de relevos continuo en el cual el ingreso
al agua se realizó por el cabo colocado al norte y la salida
por el cabo colocado al sur. La posición de los cabos
favoreció el movimiento de los buzos. El cabo norte se
colocó con un ángulo que combinado con la corriente del río
facilita que una persona se desplace hacia el extremo en el
que se encuentra la jabalina que define el final del cabo.
En una posición inversa, el cabo sur ayuda a que un buzo
transportando una pesada bolsa con material, nade con menor
esfuerzo hacia la costa y por ende a la superficie.
Agregando un último factor se incrementó el índice de
seguridad bajo el agua. El cabo con el que se montaron las
dos transectas fue continuo, lo cual significó que un buzo
aún en caso de accidente nunca pudiera soltarse del cabo
guía y por lo tanto se lo rescatara del agua con sólo
recuperar el cabo.
La mayor de las ventajas es que por trigonometría, el punto
fijo bajo el agua es ubicable con alta precisión. Conociendo
la posición y distancia entre las jabalinas colocadas en
tierra, y sabiendo cuál es la medida de los cabos (definida
antes de ser colocados en el agua) se está en condiciones de
definir matemáticamente y gráficamente la ubicación del
punto que quedará bajo el agua. En el caso de las transectas
montadas en el año 1998, los puntos fijos en la costa fueron
medidos por sistemas tradicionales referidos a solares ya
relevados en tierra y por medio del Sistema de
Posicionamiento Global (GPS).
Tanto los cuadros para la excavación como el relevamiento de
los perfiles se realizó en ambos sectores de las nuevas
transectas “triangulares”. Esto permitió cubrir áreas más
amplias y obtener muestreos de suelo y material arqueológico
más abundantes, aumentando la densidad cuantitativa de la
información recuperada. Al tener mejor posicionamiento y
reducir los factores de error, aumentó la densidad
cualitativa de la información obtenida.
Se trabajó en dos grandes áreas denominadas:
1 - Vikingos
2 - Charrúas
En cada una se montó y excavó un número variado de
trincheras, las que se denominaron con un código numérico
referido al de identificación del lugar.
Vikingos se ubicó en el sector que supuestamente formó parte
del límite norte de la manzana de la plaza. Su posición,
referida a los restos de la plaza en tierra se definió según
el borde de la misma y el objetivo fue determinar qué
variación en la potencia del sitio podía establecer dicha
posición respecto de las estudiadas años anteriores. Era de
suponer que en el sector de mayor densidad de ocupación de
la ciudad y con la población de mayor poder adquisitivo
viviendo allí, la cantidad y la diversidad de material fuera
máxima. A su vez en esa posición se debió haber encontrado
la Iglesia Matriz, lo cual también determinaría un tipo
peculiar de material claramente identificable.
Charrúas se localizó contigua y al norte de Vikingos. Esta
decisión se tomó intentando cumplir con los objetivos de:
Definir patrones de distribución del material arqueológico
en áreas de importante densidad de ocupación original
Definir un modelo de comportamiento micro del material
arqueológico afectado por los factores postdeposicionales
acuáticos
establecidos para esta última campaña.
En Vikingos se realizaron 7 trincheras de excavación y en
Charrúas 4. La superficie total excavada de cada trinchera
es similar a las abiertas en 1996, aumentando claramente la
superficie total con la suma de las 11 de 1998. Los métodos
no fueron modificados respecto de lo practicado en 1996,
excepto por el sistema de relevamiento y registro con
equipos de radio ya explicado. Gracias al sistema de
posicionamiento por triangulación se pudo trabajar y colocar
puntos fijos más allá de los límites hacia el centro del río
definidos en 1996. Los cabos tuvieron largos de hasta 38
metros, superando los 20 metros de las campañas anteriores.
(fig. 12)
Recuperando material sin discriminar bajo el agua se asegura
disminuir al máximo la posible pérdida de restos. Ello
requiere que una vez retirados del lecho, en tierra un
equipo de personas clasifique básicamente el material y lo
valorice. Para cumplir con esta etapa, el equipo de personas
dedicadas a esta tarea trabajó en una estación contigua a la
zona de excavación, siendo estudiantes de antropología y
arqueología de la Universidad Nacional de Rosario los que en
su mayoría realizaron este trabajo. (fig. 13)
Escuela de Campo
Considerando que un área temática como esta, en la que no
existe una formación específica en el país y el trabajo en
el agua requiere de ciertos conocimientos y experiencia, los
responsables del proyecto creímos necesario pensar en la
formación de recursos humanos para el desarrollo de la
disciplina. Las condiciones tan limitadas y especiales del
medio subacuático del San Javier ofrecen simultáneamente
poco riesgo de buceo y sencillo trabajo arqueológico. Esto
permitió considerar al sitio genérico en la zona paranaense
y desarrollar una actividad de “Escuela de Campo”, donde los
integrantes del grupo obtuvieran adecuada experiencia. El
inicio de gente en la especialidad a su vez permitiría
desarrollar mayores planes de futuros trabajos en el sitio y
en la región.
En 1996 se ensayó por primera vez esta modalidad. La segunda
oportunidad para que esta escuela tuviera lugar fue durante
la campaña de 1998. Con los mismo objetivos que en 1996, se
montó el trabajo con personal experimentado, que obró como
guía para los estudiantes que se incorporaban por primera
vez. Debido a las condiciones tan particulares del trabajo
en este sitio, viajaron a Santa Fe tres estudiantes
extranjeros (uno uruguayo y dos noruegos). Su objetivo fue
aprender las técnicas desarrolladas para este caso, de modo
de poder aplicarlas en condiciones similares en sus países.
b-El canal con mayor corriente se encuentra entre los 20 y
30 metros, comprobándose que la correntada lava el sedimento
blando y presenta una fuerte capacidad de arrastre.
c-La dinámica de erosión de la barranca, desde abajo hacia
arriba, posibilita que el material caiga lentamente y su
recorrido no le permita rodar hacia el centro del río.
d-En 14 de las transectas efectuadas el material se presenta
en menor cantidad entre los 0 y 8 metros. En ese sector el
lecho se presenta en declive y con un sedimento de grava
granulada, lo que podría facilitar el deslizamiento del
mismo hacia la zona más plana con sedimento blando.
El material recostado sobre el lecho, levantado en
recolección superficial, presentaba adherido en la cara
expuesta mejillín de río y micro algas. La presencia de
estas especies estaría denotando la ausencia de rolido bajo
el agua y por lo tanto cierta inexistencia de cambios en la
posición del objeto.
Las zonas consideradas como de depositación no presentaron
localizaciones coincidentes con las esperadas en un primer
momento. De acuerdo con la información obtenida a través de
los lugareños en época de bajante, se encontraba gran
cantidad de fragmentos cerámicos en la desembocadura del
arroyo Las Gringas. Los primeros resultados indicaron que la
zona de mayor concentración de material es la que
corresponde al centro del sitio. Las transectas de
prospección realizadas al norte (El museo y Beethoven) no
arrojaron material en superficie. De los 3162 fragmentos de
cerámica, solo 4 fueron extraídos en las transectas
localizadas al sur (Las Gringas y San Francisco Sur). El
resto proviene de “El Ultimo”, “Vikingos” y “Charrúas”,
transectas ubicadas al norte de la plaza (centro norte del
emplazamiento original). Este alto número se presenta
asociado a las manzanas más densamente ocupadas en tierra.
Probablemente este dato podría estar indicando una baja
capacidad de arrastre del río.
La poca densidad o ausencia de material en el sector sur de
las ruinas podría evaluarse teniendo en cuenta que:
a-El límite sur (sobre el arroyo Las Gringas) era un sector
de huertas, y si el río tiene baja capacidad de arrastre es
factible no encontrar material (ya que debería provenir del
norte).
b-La dinámica fluvial en ese sector desvía el flujo de agua
hacia el este, ayudado por el caudal que arrastra el arroyo,
el material puede ser depositado sobre el canal y trasladado
con fuerza por la corriente.
c-En las prospecciones realizadas se halló una primera capa
de arena más gruesa. Esto nos plantea dos problemas: que el
río tiene más fuerza de corriente en ese sector y retira el
sedimento blando, o que es un lugar de depositación y las
capas antes diferenciadas están por debajo de esta capa de
arena.
La orilla Este es más baja y de formación aluvional.
Presenta depositación de material en una gruesa capa de
fango con una penetración superior a los 75 centímetros. El
lugar es de acceso difícil, tanto por agua como por tierra.
Por las características que presenta y sabiendo que el río
erosiona una la orilla Oeste y deposita en la otra, es
posible que la costa Este sea un área de depositación
natural de objetos provenientes del sitio. (fig. 14)
Este último planteo deberá ser confirmado o desestimado en
futuras campañas.
La distribución del material arqueológico establece una
fuerte correspondencia con lo sucedido en tierra. Los
sectores asociados a los solares con mayor ocupación
presentan el mayor número de fragmentos recuperados. El
análisis morfológico del material determina que hay una gran
diversidad de materiales, no permitiéndose diferenciar
exactamente los lugares en tierra de los que provienen. Esta
concentración y mezcla de material es tomada como el mejor
indicador de la poca capacidad de transporte de material que
tiene el río, asociado a que en esta zona de la ciudad se
depositó en los solares la mayor producción de material de
desperdicio (producto de la capacidad de producción y
adquisición de bienes de los sectores sociales de mayor
poder). No existen límites muy claramente definidos para la
extensión de las zonas en las que se encuentra el material.
Es claro que al sur no hay casi material, y que hacia el
centro del río no se han podido ubicar ejemplares de ningún
material. Pero esto no responde todavía a la pregunta de la
completa distribución y la posibilidad de transporte en la
zona de corrientes más fuertes y su decantación en los
bolsones de mayor depositación. Es importante recordar que
el proceso erosivo del río continúa, y que existe la
posibilidad que el material esté siendo sometido a constante
redepositación, aun cuando la misma sea lenta y no afecte
los patrones de distribución en forma muy visible.
Eso implica que ante un modelo de “río migratorio” como el
que nos toca estudiar, el proceso de “formación del sitio”
es absolutamente dinámico por razones naturales, y que está
modificando constantemente la situación del sitio (entendido
en su integridad en tierra y en agua). (fig. 15)
La información obtenida hasta la fecha nos propone un modelo
de varias etapas de desarrollo del traslado lateral del río.
Según la escala de 5 etapas o estadios, el San Javier se
encontraría en la número 4, en la que los desplazamientos no
han sido mayores aún, y el nivel de modificación de las
barrancas afectó parcialmente la situación de la porción
terrestre del sitio. Esta etapa sería una de las de mayor
acción erosiva. Es posible presuponer que de continuar el
proceso, en la quinta etapa, la velocidad e intensidad de la
erosión debería disminuir, producto de lo complejo que se
volvería el movimiento del agua en un recorrido
extremadamente meandroso.
Para evaluar este factor, es que se vuelven completamente
necesarios estudios acerca del movimiento de las masas de
agua. La velocidad y los volúmenes de agua que se desplazan
en el río no son uniformes. Las corrientes presentan
variaciones que ya fueron explicadas brevemente al hablar de
los factores que permitieron decidir dónde comenzar a
prospectar. La información obtenida permite construir un
modelo genérico acerca del tipo de dinámica fluvial con la
que estamos trabajando. (fig. 16)
Existe un canal o sector central en el que la velocidad y
volumen de agua que se desplaza es mayor que en ningún otro
sector del río. Su ancho es variable (de 10 a 30 metros) y
es el elemento que más afecta al sistema de corrientes
menores laterales. La velocidad del agua en el canal parece
ser uniforme y llega a 3 nudos, en momentos de crecida. Las
corrientes menores varían mucho en su intensidad (llegan a
los 0 nudos), volumen y velocidad, lo que determina que
tienen diverso impacto en la erosión del lecho y las
barrancas, así como en la decantación del material. Los
lugares más afectados son aquellos en los que las corrientes
menores golpean frontalmente las barrancas y donde luego
generan pequeñas olas laterales. En estos lugares es casi
imposible hallar material arqueológico (aun cuando estén
asociados a solares de alta densidad ocupacional de origen).
En lugares como “El último”, Vikingos y Charrúas”, las
corrientes son paralelas a la costa y menores en su
velocidad. El potencial es muy alto y la capacidad de
transporte es mínima. En éstos puntos sería más factible
realizar lecturas cruzadas con los resultados de las
excavaciones en tierra. No se han observado puntos de
redepositación de material. Las corrientes menores
estudiadas no parecen tener la fuerza suficiente para
retirar material de un lugar y transportarlo a otro.
En futuras campañas debería estudiarse la relación entre la
corriente mayor del canal y las menores, definiendo si es
que existe cierta capacidad de transporte de una orilla a la
otra.
Con respecto al procesamiento del material arqueológico,
teniendo en cuenta la metodología utilizada en las
excavaciones terrestres, en una primera instancia y para el
registro en el campo, se consideraron los siguientes ítems
para la organización de la base de datos:
Cantidad y porcentaje de objetos recuperados por recolección
superficial por cuadrícula.
Cantidad y porcentaje de objetos recuperados por excavación
por cuadrícula.
Cantidad y porcentaje de objetos por tipo de material.
Estos datos nos permitieron la construcción de mapas de
distribución de los distintos materiales. Los porcentajes de
presencia de materiales muestran claramente la división
entre la cerámica y los otros. En la campaña de 1996 el 94%
del material fue cerámica, en 1998 el 68% del material fue
cerámica.
En tanto que la cerámica representa el porcentaje
mayoritario del material total recuperado, sobre ella se
consideraron los ítems siguientes:
Cantidad y porcentaje por diferencia de espesor. (este
factor se tomó como indicador para medir la capacidad de
transporte del material en el agua)
Cantidad y porcentaje de fragmentos con y sin decoración.
Cantidad y porcentaje por morfología:
Bordes
Bases
Asas
Cuellos
Cuerpos
La existencia de mayor cantidad de cerámica se corresponde
con los resultados de las excavaciones en tierra, y está
asociado a que la ciudad fue abandonada en el momento de la
mudanza, con lo que lo que fue dejado era material que no
tenía valor o posibilidad de reutilización en la nueva
localización.
Existe una clara tendencia en las transectas excavadas a
incrementar la cantidad de material en el sector norte del
sitio, sin alejarse de las manzanas que rodean a la plaza.
En “Vikingos” (contiguo a la plaza) es notable la menor
cantidad de material que en “Charrúas” (19% a 81%), lo cual
indicaría esta tendencia que se presenta de igual forma si
se compara “Charrúas” con “El último”. Si se considera la
organización y distribución interna de los solares, es
lógico pensar que al no tener transporte de material por
efecto del agua, las concentraciones de material de
desperdicio están asociadas a posiciones “traseras” respecto
de cada lote. Esto explicaría el resultado de la
distribución creciente hacia el norte. Por otro lado, la
plaza no debería presentar mayor existencia de material, al
menos no en concentraciones como basureros o talleres.
Existe una notable diferencia entre los materiales no
cerámicos recuperados en “El último” (6%) y “Charrúas” –
“Vikingos” (32%). En el segundo grupo de transectas aumenta
claramente la existencia de madera, hueso y metal. Los datos
estadísticos obtenidos se trasladaron a expresiones
gráficas. (fig. 17)
Consideraciones Finales
Desde los análisis realizados podría decirse hoy que si bien
el proceso de erosión de las barrancas modifica la situación
del sitio y lo convierte en dinámico, existe una clara
relación entre su situación original en tierra y su estado
actual bajo el agua. De poder afirmar completamente esta
idea, sería posible seguir definiendo los detalles acerca de
cómo era el asentamiento en los sectores jamás estudiados en
tierra. En principio, aún cuando no quedan restos de
estructuras arquitectónicas sumergidas, los patrones de
distribución del material, cruzados con la información
proveniente de los documentos históricos permiten trabajar
sobre el conocimiento de la porción sumergida de los restos
de la ciudad. Para optimizar este proyecto, deberá
trabajarse con objetivos muy definidos, previendo qué
indicadores tomar y cómo registrar esa información.
En futuras campañas será necesario corroborar cierta
problemática planteada en esta primera instancia. Es
necesario también tomar muestras del agua y de los
sedimentos para realizar un análisis de PH, de modo de
precisar la estabilidad de los materiales en este medio
(cerámica y otros materiales).
Para poder prever con más claridad las futuras
transformaciones postdeposicionales naturales provocadas por
el río, es primordial estudiar la costa Este, y realizar
sondeos para medir la potencia de esa costa. A su vez,
debería trabajarse más ampliamente en el frente de la
barranca, excavando en la boca del arroyo Las Gringas (en
ambas márgenes) y en los sitios intermedios no revisados
aún.
El cruce de información con los trabajos de Arqueología
Terrestre y el análisis de los materiales recuperados, es
una tarea que se está desarrollando entre los equipos.
A través de la Arqueología Subacuática se presenta un
enfoque teórico-metodológico diferente que no solo
complementa el trabajo terrestre sino que también otorga un
nuevo encuadre del sitio, el cual se continúa debajo del
agua. Intentamos con esto agotar la descripción general del
mismo por medio de todos los elementos a nuestro alcance,
obteniendo un modelo de distribución arqueológico específico
para un sitio de ubicación litoral. Llevando la Arqueología
Subacuática a otra dimensión, más allá de la profundidad de
los mares y del registro de los pecios, puesta a funcionar,
en este caso para explicar la completitud de un sitio.
Participaron en los Trabajos de Campo
Adrián Escofet; Alejandro De Losa; Carlos Iguri, Damián
Tornari; Daniel Martinengo; David Tuddenham; Fabián Pierri;
Federico Orbuch; Gisela Daniela Beltrami; Gisela Gagliolo;
Gonzalo Cuestas Acosta; Guillermo Cavagnaro; Hugo Sorbille;
Javier García Cano; Javier Novaro; Jostein Gundersen; Juan
José Rodríguez; Juan Pablo Guagliardo; Lorena Salvatelli;
Mónica Valentini; Nelly De Grandis; Orlando Anselmi; Paola
Susana Sportelli; Renato De Losa; Rodolfo Schenone; Sergio
Massaro; Susana Carballo; Ulises De La Orden; Vicente José
Bondi; Víctor Sebastián Fernández y Adrián A.Pifferetti.
Agradecimiento
Este trabajo y el desarrollo profesional y humano que me
significa no hubiera sido posible sin haber tenido la
invitación de la Licenciada Mónica Patricia Valentini, con
quién juntos estamos a cargo del proyecto. Gracias a ella he
podido abrir más las fronteras de la preocupación de esta
especialidad, y hemos organizado una estructura en la cual
lo más valorado es la generación y circulación democrática y
abierta del conocimiento. Estaré siempre agradecido por su
enorme confianza y apoyo con iniciativas que se han
presentado ante nosotros y la comunidad científica argentina
como problemas sin precedentes y por lo tanto de gran
desafío y riesgo.
Resumen
Santa Fe La Vieja fue fundada en 1573 por Don Juan de Garay
y abandonada en 1660. Parte de los restos fueron erosionados
y sumergidos por el río San Javier.
El proyecto plantea desarrollar tres campos temáticos: La
información buscada es la capacidad de arrastre de material
arqueológico que tiene el agua, así como a la detección de
los puntos de depositación de los mismos. Se pretende
precisar el proceso de colapso de las áreas sumergidas del
asentamiento original.
Se diseñaron técnicas de trabajo de campo adecuadas a las
condiciones del sitio y la disponibilidad técnica local.
Con las tareas arqueológicas y la inclusión de buzos
(estudiantes universitarios y aficionados) se montó una
experiencia de formación de especialistas en el trabajo
subacuático.
1 Renfrew y Bahn. (1993)
2 Areces, López y Regis
(1992), pág. 155
3 Carrara, M.T. (1995)
4 Konetzke, R. (1978),
pág 40.
5 Calvo, L. M. (1990),
pág. 35
6 Konetzke, R (1978),
pág. 40
7 Carrara, M. T. (1995)
pág. 7
8 Moberg, C. (1991)
pág. 165
9 Iriondo, M. (1985)
10 Carrara, Carballo y
Valentini (1995) pág. 3
11 Tarragó, G. (1990)
pág. 70
12 Brown, A. G. (1997)
13 Austral A., y García
Cano J. (1997)
14 Rocchietti, A.M.
(1998)
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