En el mes de Agosto de 1934, navegábamos con
Claudio Bincaz en el Fjord II, tirando bordes en el Estrecho de Santa
Catalina en el Brasil.
Había una buena brisa del Norte que levantaba una marejadilla escarpada
como la de nuestro Río de la Plata, pero de color más alegre y de gusto
más salado. Llevábamos a bordo a Mr. William-son, ya fallecido, que era
entonces dueño de la "ilhota do Francés", paraíso en miniatura, visitado
posteriormente por los yachts argentinos: Ingrid, Ci-ppino y Temen.
Mr. Williamson había sido yachtman, había navegado mucho en el Hunber en
sus mocedades, y por eso tomaba con indulgencia y hasta con complacencia,
las peripecias de un almuerzo accidentado por la fuerte escora del
Fjord, tratando de sos-ener sobre
la mesa, con típica flema británica, una frondosa fuente de ensalada que
al fin terminó desgraciadamente sobre sus faldas. No dejaba de
extrañarme la conducta del timonel que hubiera podido aflojar la escota
o ponerse un poco al pairo en las rachas más frescas en honor a nuestro
huésped, pero la explicación la tuve muy pronto al sacar la cabeza por
la escotilla. Estábamos rodeados de velas de barcos que ceñían en
nuestra misma dilección, y lo que era grave, de barcos que nos pasaban
fácilmente por ambas bandas.
Bincaz que había empuñado esa misma caña en miles de regatas cruceros,
no podía sufrir ese vejamen, y trataba de hostigar al viejo Fjord para
que mostrara su "pasta", a pesar de las barbas, las velas chicas de
crucero y de la considerable carga que llevábamos. Pero los barcos que
eran las famosas balleneras o "balleiras" de la bahía de Ti-jucas nos
pasaban sin merced, con una acción liviana y suave de ave marina, que no
dejaba de impresionarme. Sus velas eran harapos, pero eficientes, los
mástiles cortos, no llevaban obenques, ni crucetas, ni todas las
complicaciones que los navegantes civilizados colgamos de nuestros
aparejos, aumentando las resistencias pasivas.

Una tipica "balleira"
navegando de ceñida. Obsérvese la superposición de las dos velas en
forma completamente "moderna".
Cuando el Fjord le "metía hombro" a las
olas
verdes y las hacía estallar en explosiones de espuma blanca, las ágiles
"balleiras" se desentendían de esta tarea poco apropiada para su
fragilidad y parecían estar siempre en las crestas cortando pequeñas
tajadas transparentes de agua calada. Eran la versión primitiva del
yacht ultramoderno.
Llegados a la "ilhota do francés", tuvimos la oportunidad de presenciar
la llegada de una docena de estas embarcaciones que venían a íaenar el
producto de la pesca en la playa, y de verlas en seco, mientras los
pescadores causaban gran alboroto en la caleta, del que participaban los
perros, las mujeres juntadoras de café, y los urubús y "pájaros fragatas"
que venían a rapiñar los restos en continuas picadas verticales.
El origen de las "balleiras" se remonta a varios siglos. En 1700 se
establecieron en Santa Catalina varias compañías portuguesas y
norteamericanas de pesca de ballenas, que aprovechaban de la abundancia
de esos cetáceos en las proximidades y que pescaban como es natural a la
usanza antigua, arponeando los animales desde botes apropiados llamados
balleneras.
Uno de los tipos más clásicos de estas embarcaciones eran las de New
Bedford, de cuyo puerto partían continuamente enormes flotas de veleros,
en cruceros de pesca que duraban hasta tres años.
De sus pescantes pendían estos famosos botes, cu-
ya forma había llegado a obtenerse por evolución en un trabajo por demás
duro, en el que era indispensable inmejorables condiciones marinas,
agilidad de maniobra a remo y facilidad de botadura.

En esta fotografía se
puede apreciar la elegancia y finura de esta proa de "balleira".
Hoy en día en muchas características de
las "balleiras" brasileñas, pueden distinguirse sin lugar a dudas la
fisonomía de aquellas embarcaciones.
Con todo este tesoro documental, al alcance de la mano, decidí trazar
las líneas de una de ellas, la "Boa Sorté" y con medios escasos, dediqué
un día entero de trabajo, tomando medidas que luego reuní en dibujos
hechos en la cabina de Fjord a la luz de un farol.
El plano de líneas que aquí se publica es un resumen de aquel trabajo y
permite apreciar la belleza de sus formas.
De poco desplazamiento, sus verticales y
horizontales son magníficas y dan impresión de fácil avance y poca
resistencia.

La reserva de flotación es muy grande y
las líneas cambian poco con el bote bien cargado.
La sección maestra es de pantoque muy suave con mucho fiare y con un
poco de S en los fondos, recordando los barcos Vikings.
Comparando con las líneas de las balleneras de New Bredford es
interesante observar cómo se ha ido evolucionando hacia un barco más
velero, de más calado y de extremos más afilados. Las dimensiones
principales se conservan iguales. El calado mayor y el pantoque más
levantado los hará más difíciles para abordar las playas, pero aunque
esto sucede a diario, lo hacen en lugares de relativo reparo y con cinco
o seis tripulantes sobre los rodillos de madera.
El aparejo de dos tarquinas (y tres en los raros días de regatas) es de
una sencillez extrema; la característica más notable consiste en que la
vela de proa pasa muy a popa del palo de la mayor, exactamente como con
los foques genoas modernos.
Esto es notable, los pescadores de Ti-jucas han inventado el genoa o más
bien dicho, la utilización de velas que se superponen, muchos años y
talvez siglos antes que los yachtsmen, y esto es más curioso aún,
conociendo su carácter conservador y rutinario.
El rodillo de la proa para la línea del arpón se conserva todavía,
aunque como simple portaespía probablemente.
Los mástiles son de una madera muy resistente llamada "loro" y no llevan
ningún sostén arriba del barco.
Los cascos son algunos construidos en tingladillo y otros lisos, que son
los más veloces; estos fondos son de GARUVA con cuadernos de
construcción de "Canela Preta" quilla de "perova" y remos de PINDABU,
maderas desconocidas entre nosotros pero usadas con éxito en la
construcción naval en el Brasil.
Un detalle curioso es el ancla, que consta de dos uñas de madera que se
cruzan, tomando un grampín y cuatro pequeños troncos que forman una
pirámide apoyada sobre la cruz y haciendo de mango. Esta pirámide
contiene dos o tres balas de cañón, esféricas para dar peso, de las
tantas que se encuentran tiradas en las playas y ruinas de la costa
desde la época colonial.

La "Boa Sorté", fué construida en el
pintoresco puerto de pesca de GANCHOS en la Bahía de Tijucas donde hay
inscriptas más de 200 de estas embarcaciones. Allí fuimos con el "Fjord
II" con el solo propósito de visitar los constructores. Quedamos
atónitos ante el espectáculo de tantos botes en tierra, cuidados con
esmero bajo sus tinglados especiales de techo de teja, pero en cambio
fuimos decepcionados, en cuanto a documentación de los constructores. Ni
un modelo, ni un molde, ni un rastro por donde comenzar la búsqueda.
Esta casta de carpinteros de ribera parece comunicarse la ciencia en el
oído, de padres a hijos, y estas "balleiras" son el producto de una
técnica de simplicidad tan encantadora que tiene algo de misteriosa.
Como detalle curioso del ambiente de la Bahía de Tijucas, según
informaciones de Mr. Williamson, se conservan muchas familias de tipo
rubio y ojos celestes, con nombres netamente ingleses, que a pesar de no
hablar el idioma, muestran bien patente que descienden de aquellos
balleneros establecidos en la isla Santa Catalina.
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