Historia y Arqueologia Marítima

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CIEN AÑOS DE CIENCIA ARGENTINA EN LA ANTARTIDA

CAPITULO X

CRONOLOGÍA ORCADENSE DE LA CORBETA URUGUAY - 2

La corbeta “ Uruguay” es el buque más antiguo a flote de la Marina Argentina, y hoy se ha convertido en museo de sus propias glorias, luego de una larga e intensa vida marinera en los mares más difíciles del mundo. Botada el 6 de marzo 1874 en Birkenhead, Inglaterra, sirvió en las tareas hidrográficas de las costas australes, fue usada en asonadas militares y también como sede de la Escuela Naval Militar. Pero surge a la gloria en el año 1903, cuando rescata sanos y salvos a todos los miembros de la Expedición Polar Sueca del doctor Otto Nordenskjöld, aislados en las islas Cerro Nevado (Snow Hill) y Paulet, a raíz del naufragio del buque expedicionario “Antarctic” ocurrido en febrero de 1903 en el mar de Weddell.

La vieja cañonera, un sloop de casco de hierro de tres palos arbolados con aparejo cangrejo y de excelentes condiciones marineras, con una eslora de 46,36 metros, 7.63 metros de manga, 5,40 metros de puntal y un calado de 3,50 metros, había sido transformada en buque polar en aquel año, en los diques de Arsenal de Marina que dirigía el contralmirante Atilio Barilari. Se protegió la obra muerta con chapa de acero de tres milímetros, y el casco fue forrado interiormente con una capa de corcho aguantada por tablazón de madera que mejoraba las condiciones térmicas de habitabilidad. Para evitar embarcar agua en los tempestuosos mares australes, la cubierta fue cerrada a proa y popa, con sendos lomos de ballena y el viejo puente fue sustituido por uno cerrado a prueba de chubascos. La arboladura, de la que se respetaron los palos machos, se reforzó y fue provista de gavias dobles para velas cuadradas.

En lugar de las calderas fueron instaladas las máquinas mas potentes del recientemente hundido destroyer “Santa Fe”, que con menor peso y consumo desarrollaban idéntica velocidad. Los compartimentos internos fueron divididos en siete estancos, para aumentar la flotabilidad en caso de colisión con los hielos. El pañol de víveres fue provisto con subsistencias para tres años. Es bueno rescatar que los autores directos de la hazaña técnica fueron los ingenieros Jacinto Caminos y Sundbland Rosetti.

El 8 de octubre de 1903 el presidente Julio Argentino Roca dio la orden zarpada a la remozada corbeta, viaje que culminó el 2 de diciembre de ese año, con la entrada al puerto de zarpada llevando a su bordo a todos los integrantes de la expedición sueca, rescatados después de un año de aislamiento e invernada forzosa.

A fines de 1904 la corbeta fue destinada para una nueva expedición austral, esta vez con un doble objetivo: el relevo del personal del observatorio meteorológico y magnético de la isla Laurie, y la búsqueda de la expedición francesa del doctor Juan Bautista Charcot, que se suponía en dificultades en un lugar de la costa occidental de la península antártica. Así el 10 de diciembre zarpó del puerto de Buenos Aires al mando del capitán de fragata Ismael Galíndez, y llevando como segundo al teniente de fragata Jorge Yalour, veterano de la campaña antártica anterior. El 23 recaló en Ushuaia donde completó combustible y el 27 zarpó con destino a la isla Laurie. El primer encuentro con las hielos se produce tres días después: un gigantesco témpano tabular de cincuenta metros de alto por cerca de los dos kilómetros de extensión, los recibe en el mar Antártico. Ya cerca de su primer destino avistan otro témpano de la misma altura que el anterior, pero de treinta kilómetros de largo por ocho de ancho, dimensiones que sorprenden a la mayoría de los tripulantes, de los que sólo los tenientes Yalour y Caillet Bois tenían experiencia en navegación polar.

La “Uruguay” fondeó en la bahía cuyo nombre hoy la recuerda, y en medio de la trajinada descarga de víveres y elementos, celebraron el advenimiento del nuevo año. Zarparon el mismo día primero de enero con mal tiempo, viento, nevadas, neblinas y mucho hielo de mar, en demanda de las islas Shetland del Sur para cumplir con el segundo objetivo, la búsqueda de la expedición francesa. Avistaron la isla Decepción, y el ocho de enero ingresaron en la bahía interior, donde realizaron levantamientos expeditivos que publicó luego el Boletín del Centro Naval  de Buenos Aires.

No encontraron señales de la expedición francesa, por lo que dejaron las Shetland y se dirigieron hacía el sur, a la búsqueda de la isla Wiencke, donde el doctor Charcot había prometido dejar un cairn o señal, el que tampoco hallaron. Afortunadamente a esta expedición no le había ocurrido ningún contratiempo, simplemente aprovechando circunstancias favorables, se habían internado hacía el sudoeste, en el mar de Bellingshausen. Dando por agotada la búsqueda se puso rumbo al norte, arribando al puerto de Ushuaia el día 17, donde se repostó carbón para continuar el viaje de regreso.

Generoso en conocimientos geográficos fue el resultado de esta segunda campaña antártica de la corbeta, que aportó significativos cambios en información hidrográfica, fondeaderos, así como un relevamiento de parte del estrecho de De Gerlache, que figuraba en blanco en las cartas de navegación. Un mensaje para el doctor Charcot había quedado en la isla Decepción, mensaje que el científico francés encontró recién en su segunda expedición de los años  1908-1910. 

El 13 de diciembre de 1906 en la Dársena Norte del puerto de Buenos Aires emprende su tercer viaje a la Antártida, y segundo a la islas Orcadas del Sur, comandada ahora por el teniente de navío Ricardo Hermelo, que había sido segundo comandante en la expedición de rescate  a la expedición sueca del doctor Nordenskjöld. Navegaron directamente desde cabo San Antonio hacía las islas Orcadas, donde el hielo presentó grandes dificultades, produciendo incluso la avería del eje del timón. A la bahía Uruguay la encuentran cerrada por los hielos, por lo que, abriéndose paso con dificultades, arriban a la bahía Escocia, aprovechando esta derrota para ajustar perfiles de la costa y sondajes. Fondea amarrada al pack (hielo marino) que constituye una placa sólida hasta la costa, por lo que realiza la descarga y transporte de víveres y personas por medio de trineos desde el borde del pack hasta el observatorio. El dos de enero se inicia el viaje de regreso, recala en Ushuaia y luego pone rumbo al puerto de Buenos Aires. 

A principios de 1907 “El Austral”, ex “Le Francais” que fuera del doctor Charcot, realiza el viaje de relevo de personal de isla Laurie. 

El naufragio de “El Austral” en diciembre de 1907 (ver información mas arriba) obliga alistar nuevamente a la corbeta “Uruguay” para realizar el relevo del observatorio mas austral. Al mando del ya veterano teniente de navío Jorge Yalour, zarpa del puerto de Buenos Aires el 15 de enero de 1908. Emboca el estrecho de Magallanes y recala en el puerto de Punta Arenas, desde donde se dirige a Ushuaia. Allí refresca víveres, aguada y completa carbón en el pontón “Tiempo”. El 8 de febrero, navegando a estima en una densa niebla, arriba a la isla Laurie donde realiza las tareas que ya se han convertido en una rutina para nuestros marinos. El 13 de febrero, concluida la tarea, pone rumbo al norte, recala en Puerto Cook de isla de los Estados, luego Ushuaia, y nuevamente Punta Arenas, arribando al puerto de Buenos Aires el 19 de marzo, después de haber navegado 5.150 millas y completado información hidrográfica de toda la derrota. 

El 14 de enero de 1909 suelta amarras en el puerto de Buenos Aires al mando del teniente de navío Carlos S. Somoza. Este viaje tiene objetivos más amplios porque debe, además del habitual relevo y reaprovisionamiento del observatorio de islas Orcadas, inspeccionar las instalaciones de la Compañía Argentina de Pesca fundada en 1904 por el capitán Larsen, que fuera comandante del “Antartic” de la expedición Nordenskjöld, en las islas de San Pedro (Georgias del Sur). Debe además, trasladar a bahía Moltke de ése archipiélago, una comisión científica que realizara observaciones magnéticas en el mismo sitio donde tiene su asiento la factoría ballenera de la Compañía Argentina de Pesca, e instalar tres faros para facilitar los accesos al fondeadero. El comandante recibe importante información hidrográfica de la zona, proporcionada por el mismo capitán Larsen. El 11 de marzo toma amarras en el puerto de Buenos Aires. 

El 23 de enero 1910, bajo el mando ahora del teniente de navío César Maranga,  hace un viaje directo a Orcadas del Sur, arribando a bahía Uruguay el 4 de febrero. Con la comisión saliente a bordo, pone rumbo a islas de San Pedro (Georgias del Sur) donde repostó carbón y luego emprendió el regreso a Buenos Aires. Con relación a las observaciones meteorológicas reunidas durante los seis años de actividad del observatorio de Laurie, en los “Anales de la Dirección de Meteorología” el director, señor Gualterio Davis dice : 

“ De la combinación de las observaciones de las islas Orcadas con las de Georgias del Sur, relacionadas con las practicadas en tierra firma, se han palpado ya los resultados, pues en estos últimos años, desde que las estaciones han sido organizadas allí, se pueden estudiar la formación y la propagación de los disturbios atmosféricos que se originan en la región antártica y se mueven hacia las zonas ecuatoriales, donde sus reflejos están observados por las estaciones situadas en las regiones templadas” 

El 27 de enero de 1911 zarpa la “Uruguay” del puerto de Buenos Aires en un viaje a Orcadas del Sur. Va al mando del teniente de navío Guillermo Llosa. El 14 de febrero fondea en bahía Uruguay. El 17 abandona Orcadas para dirigirse a islas San Pedro de Georgias del Sur, donde permanece entre los días 20 de febrero y dos de marzo, en que inicia su retorno a Buenos Aires, puerto al que arriba el día 15 de ése mes. 

Luego de un paréntesis de tres años en que es destinada a trabajos hidrográficos en las costas patagónicas y fueguinas. Los relevos del observatorio son realizados  por balleneros desde las islas de San Pedro (Georgias del Sur). El 29 de enero de 1915, siempre en el programa de apoyo al Ministerio de Agricultura, del que dependía el Servicio Meteorológico Nacional, zarpa del puerto de Buenos Aires al mando del teniente de navío Ignacio Espíndola. Va como segundo el teniente de fragata Heraclio Fraga, padre del contralmirante Jorge Alberto Fraga, quien fuera Director Nacional del Antártico en las postrimerías del siglo veinte. Esta expedición tiene especial importancia, por el aporte de estudios hidrográficos y cartográficos que dieron origen a la carta número 31 de la Oficina de Hidrografía titulada “Reconocimiento de Fondeaderos de la Gobernación de Tierra del Fuego”. El 15 de febrero la “Uruguay” fondeó en la rada de Ushuaia, completando carbón en el pontón “Tiempo” y repostando agua y víveres. El día 20 recalaron en isla Coronación de Orcadas del Sur, iniciando la labor cartográfica, que entre otros resultados, reconoció el menor tamaño de ésta conforme la carta inglesa hasta entonces en uso. Luego de completar los estudios de la isla mayor se dirigió a la bahía Scotia, donde fondeó para reaprovisionar el observatorio y relevar al personal del mismo. Estando fondeados llegó a la misma rada el ballenero noruego “Palmers” al mando del capitán Peter Sörlle, quien facilitó al teniente Espíndola sus trabajos de relevamiento realizados en la zona, y que contribuyeron al perfeccionamiento de la cartografía. El día 25 zarparon en medio de fuertes vientos y pusieron rumbo a las islas de San Pedro. El 10 de marzo, la corbeta “Uruguay” fondeaba en la rada del puerto de La Plata, y el 11 tomaba amarras en el puerto de Buenos Aires.

            Durante los dos años siguientes, los relevos se realizan por medio de los balleneros de isla de San Pedro, y en 1918, al mando del teniente de navío Eleazar Videla, retoma el servicio de Orcadas del Sur. En 1919 al mando de Jorge Games y aguantando en el mar austral uno de los más duros temporales de su larga vida  marinera, repite la comisión. El 12 de  febrero de 1920, al mando de Daniel Capanegra Davel suelta amarras en Buenos Aires y realiza el relevo de la dotación, regresando a puerto el 18 de marzo. En 1921 realiza su penúltimo viaje polar y en 1922, con 48 años de servicio activo para la marina, la corbeta “Uruguay” al mando del teniente de navío Francisco Lajous, cumple su última derrota antártica, cerrando con este viaje, su largo e intenso quehacer polar.            

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