Historia y Arqueologia Marítima

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A Tablas de Calibres Indice Artilleria de Marina

LA ARTILLERIA DE MARINA ENTRE 1800 Y 1826

CALIBRE

Suele decirse que el calibre de los cañones antiguos se medía por el peso, en libras, de la bala que podían disparar; como veremos, esta generalización es una verdad a medias que induce a errores. En realidad, el calibre se expresaba por el peso supuesto de la bala a la que estaba destinado, pero se medía por el diámetro de su ánima en la boca. 

Establecidos los diferentes pesos de las balas de distintos tipos con que se deseaba contar, se calculaban los diámetros que dichas balas habían de tener en función del peso específico del hierro fundido con que se las fabricaba. Construidos los respectivos rnoldes e iniciada la fabricación, el control de entrega se efectuaba por el vitolado y no por el peso que, en la práctica, sufría importantes variaciones. EI.diámetro de la bala, más un incremento destinado a dejar el viento necesario para facilitar la carga y evitar explosiones, daba el diámetro del ánima en cuestión. Por efectos de la erosión producida por los diaparos, el diámetro del ánima aumentaba y, por tal razón, la medida más confiable del calibre era el diámetro de la bala a la que estaba destinado. 

Hemos dicho que la medida confiable del calibre era el diámetro de la bala y no su peso. Este habría sido el criterio de D. Andrés de Espinosa, artillero de su Majestad que en 1576 escribió una "Cartilla" para enseñar su oficio. En dicha Cartilla explicaba que, para determinar el calibre adecuado de las balas, debía cobrarse un palito del tamaño del diámetro de la pieza y medir tres veces dicho palito con una hebra de hilo: la longitud de la hebra resultante (3d, algo menos PiD) representaba el perímetro que debía tener la bala correspondiente. De acuerdo a lo anterior, el diámetro de la bala debía ser el 95 % del del ánima, valor igual al que surge de las medidas reglamentarias para los cañones ingleses del año 1817 (95,2%). El procedimiento inverso, para conocer el diámetro del ánima partiendo del de la bala, consistía en medir con una hebra el perímetro de ésta y dívidirlo por tres. De cualquier manera, las variaciones del calibre en la boca, producidas por la erosión, hacían necesario que los cañones tuvieren grabado su calibre en la faja alta o, a veces, en el muñón. 

Volviendo al peso de la bala como expresión del ca libre, explicaremos por qué hemos dicho que esa generalización es una verdad a medias que induce a errores. En primer lugar debemos tener en cuenta que el peso absoluto de una bala de 12 libras inglesas, no era el mismo que el de 12 libras españolas o francesas, y la diferencia aumenta con el número de libras de la bala que tomemos como ejemplo; en la tabla de equivalencias (Tabla Nº 2) veremos que, por ejemplo, a 32 "punds" corresponden 30 "Iivres". 

En segundo lugar, debemos considerar que el cálculo teórico del diámetro que habrían de tener las balas, debió efectuarse en función de un peso específico determinado: el que surge de las tablas inglesas, aplicando las fórmulas derivadas de la del peso de una esfera es de 7,42 g/c3; el del hierro fundido de las antiguas balas de la CAVADA era de 7,39, aunque para el Cálculo Rovira usaba 7,36. Sin embargo, una vez construidos los moldes de las balas y construidos los cañones adecuados para su disparo, no siempre la calidad del hierro fundido se mantuvo. Rovira se quejaba de que una partida de bombas y balas nuevas (1789), de la CAVADA tenía un peso específico de sólo 7,01 con lo que se fracturaban por el sólo impacto al caer sobre peña "y parece conveniente que no sea tan agrio su metal". Pese a la opinión de tal autoridad, las cosas no habrían cambiado: en un artículo publicado en 1856 leemos que "la densidad media del hierro empleado en los proyectiles que se funden en la fábrica de TRUBIA..." era de 6,985. Pues bien, tal variación del peso específico haría que una bala inglesa de a 14 pounds pesase sólo 22.-2 o sea 774 gramos menos. El tercer factor importante de incidencia en el peso de las balas era el óxido al que estaban expuestas dada su materia prima y la humedad de los lugares de estiba a bordo. Por efectos de la oxidación las balas aumentan inicialmente de diámetro, lo que dificultaba su carga en el cañón, pero luego parte de esa película externa se desprendía produciendo la consiguiente disminución de peso: una bala inglesa de a 24, que por efectos del óxido perdiese una película de 2 rnm, pesaría 22 "pounds" y no 24. En los siguientes párrafos veremos confirmado todo lo dicho hasta aquí.  

Según lo definía Rovira en 1787 "Por calibre se entiende el diámetro del globo o masa que se arroja con una pieza de Artillería, y también el de la boca de la misma pieza." (Ob. cit. pág. 54) Más adelante (pág. 240) agregaba "En los calibres de nuestra artillería se nota la impropiedad de que indicándose por aquel el peso de las balas, ninguna de las que usamos pesa lo que expresa el título. Los franceses, de quíen hemos tomado los diámetros de las balas actualmente establecidas en España, expresan los calibres en los mismos términos que nosotros; pero el verdadero peso de las balas es muy distinto, así respecto al marco de Francia, como al de Castilla"... "Respecto de que el peso de nuestras balas no concuerda con lo que indica el titulo de su calibre, como se acaba de notar, hubiera sido mejor determinarlos por oulgadas, y distinguirlos por el número que de estas tuviera el diámetro de cada una, al modo que se distinguen en el ejército los morteros y obuses, excediéndose unos calibres a otros en medía pulgada, que era lo suficiente para no confundir las balas..." (Ob. Cit. pág. 241). "Los diámetros de las piezas deben tener una sensible diferencia para distinguír facilmente sus balas y evitar el riesgo de tomar unas por otras en la confusión de un combate, de que puede resultar hacerse inservible una pieza, si se le atora una bala por no ser de su calibre: pues no siempre se consigue que la arroge, como se dirá en su lugar, pudiendo contribuir a este incidente el acrecentamiento del diámetro de la pieza en su boca, lo que es consiguiente a su uso"... "En los calibre desde 36 hasta 8 inclusive no tiene lugar este riesgo; mas podrá tenerlo en los de 8, 6, 4 y 3, por lo que es conveniente que en un mismo buque no se lleven cañones de dos de dichos calibres inmediatos" (Ob.cit.pág.240) 

Vigón, hablando de los cañones españoles, concuerda con Rovira en que "El calibre de los cañones (españoles) se refería siempre al peso de la bala que arrojaban, en libras francesas... ". Esta modalidad implantada por una Ordenanza de 1743, fue confirmada por otra de 1765 que se mantenía aún vigente en 1849, según decía entonces Don José Martínez de Espinosa y Tacón, Comandante General de Artillería de Marina. "... por el reglamento del 31 de julio de 1765 está mandado que los calibres de nuestra artillería se ajusten a la medida francesa o pie de rey... ". En realidad, esta disposición se habría mantenido en vigencia sólo en el ejército; Rovira, al escribir en 1787 y 1789 los tomos IV y V de su tratado, daba las medidas de los cañones en pies burgaleses, explicando que lo hacía en cumplimiento "de la Real órden de 26 de marzo de 1783, que prescribe el uso del pie de Castilla para todas las dimensiones de la Artillería de Marina". Pese a ello también daba las equivalencias al pie de Rey (francés) pero, para evitar confusiones aclaraba "adviértase que siempre en el discurso de esta obra se nombren pies, pulgadas ó líneas, sin alguna otra expresión, han de entenderse de medida de Castilla, mandada usar por Real órden de 26 de Marzo de 1783, para las dimensiones del ramo de Artillería. " (Ob. cit. Torno IV pág. 57). Como vemos, las confusiones eran posibles y debemos estar muy atentos para evitarlas. De cualquier manera, queda claro que España usaba para los distintos calibres las mismas denominaciones y diámetros que Francia, aunque el peso de las balas difería del que expresaba su título, "así respecto al marco de Francia, como al de Castilla." 

En las Tablas correspondientes, el lector encontrará los diámetros de las balas y ánimas de diferentes modelos y calibres españoles, franceses e ingleses, pero si bien la cantidad de calibres de estos cañones reglamentarios era limitada, existían además otras piezas de "calibres irregulares" sobre las que no se da información. Esto nos decidió a construir nuestras propias Tablas, de la siguiente manera. 

Con el peso teórico y el diámetro reglamentario de algunas balas francesas e inglesas, obtuvimos el peso específico supuesto para las mismas: 7,42 g/c3 para las inglesas y 7 g/c3 para las francesas. Introduciendo estos valores en la fórmula de la esfera, y con la inestimable colaboración de nuestro amigo el capitán Alfredo Benavídez, construimos sendas tablas de diámetros para balas cuyo peso variamos de "pound" en "pound"y de "Iivre" en "Iivre". Como era de esperar, los calibres reglamentarios coinciden con los correspondientes de estas tablas teóricas que, además, nos permiten conocer los valores de los calibres irregulares que pudieran existir. Del análisis de estas tablas teóricas surgen dos evidencias que llaman la atención: la notable diferencia entre los pesos específicos de las balas francesas e inglesas, y la también notable diferencia en el viento o huelgo, entre las balas y el ánima, dejado por unos y otros. 

Ante la posibilidad de un error, que no lo hubo, estudiamos el origen histórico de los diámetros reglamentados por ingleses, franceses y españoles, llegando a las siguientes conclusiones: 

El método seguido entonces consistió en pesar y medir cuidadosamente el diámetro de una bala existente, tomada como patrón, y a partir de ella calcular los diámetros correspondientes a los calibres seleccionados reglamentariamente, aplicando la proporcionalidad existente entre el peso de las esferas, de un mismo material, y el cubo de sus respectivos diámetros. 

En España, los reglamentos de 1728 y 1752 se calcularon en base a una bala de una "Iivre" de peso y 50,64 mm de diámetro, cuyo Pe debió ser 7,2 g/c3. Para los reglamentos posteriores se empleó el criterio difundido en los tratados franceses, según el cual una bala de 4 "Iivres" medía 81,18 mm de diámetro, lo que implicaba un Pe de 6,95 g/c3, y un mayor diámetro para un mismo peso.* ( Rovira. Ob. cit. pág. 58 y 241).

En opinión de Rovira, los valores franceses eran incorrectos. Las cuidadosas mediciones efectuadas en España por Ybañez Barela, daban un Pe de 7,36; las experiencias del propio Rovira con balas de la Cavada, 7,39; las de Mr. Moor en Inglaterra, 7,49. El hecho es que franceses y españoles mantuvieron en sus cálculos un Pe, supuesto, de 7 g/e3 y los ingleses 7,42; el tiempo habría dado la razón a los primeros pues ya en 1789 las balas de la Cavada tenían un Pe inferior a 7,1 y, en 1856, la densidad media del hierro empleado en los proyectiles que se fundían en la fábrica de Trubia era de sólo 6,985. 

La conclusión práctica de todo esto es que, siendo mayor el peso de la libra francesa que el de la inglesa, y menor el Pe supuesto para las balas francesas y españolas, a igualdad de "título" una bala inglesa era más pequeña que su equivalente francés o español. Si graficamos los diámetros de dichas balas, en función de su peso, veremos que la curva  inglesa y la franco-española se cortan en un punto que corresponde a las 8 "Iivres" y las 9 "pounds". Esto significa que los cañones de á 8 y los "9 pounders" ingleses podían intercambiar su munición. Esta interesante conveniencia logística pudo ser la razón de la preferencia que los corsarios tenían por estos calibres. 

Hasta aquí, hemos hablado del diámetro o calibre de las balas; pasemos ahora al viento o huelgo que las relacionaba con el diámetro del ánima a la que estaban destinadas. Viento ("vent" o "windage"), corno ya dijimos, era la diferencia de diámetro que debía existir entre el ánima de una pieza y el de la bala que le estaba destinada. Un ajuste excesivo entre ambas podía dificultar la carga o producir la explosión del cañón. El viento usado por los ingleses era igual al 4,6 % del ánima o 4,8 % de la bala. En opinión de Rovira (Ob. cit. pág. 63), el viento debía ser el 3,8 % del ánima, o 4 .% de la bala; de acuerdo a las medidas reglamentarias de los cañones españoles, en la práctica dicho viento variaba entre el 3,3 y el 4 % de la bala. Según Bonnefoux & Paris (DICTIONAIRE DE LA MARINA A VOILE - ver Boulet), el viento dejado a las balas macizas, cuyo deficiente almacenamiento las exponían a la formación de capas de herrumbre que aumentaban su diámetro, era de cuatro o cinco milímetros; para las balas huecas, mejor conservadas, el viento podía reducirse a dos o tres milímetros. 


VER TABLAS EN HOJA APARTE 

 

  1 - Calibre   2 - Largo   3 - Espesor
  4 -  Cañones   5 -  Cureñas   6 -  Gonadas
 7 -  Carronadas   8 - Obuseros 9 - Bomberos
10 - Pedreros y Falconetes  11 - Perriers y Swivel Guns 12 -Puntería y Alcance